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Libro de las Grandezas de la Espada

Libro de las Grandezas de la Espada

En que se declaran muchos secretos que compuso el Comendador Jerónimo de Carranza. En el cual cada uno se podrá aleccionar y aprender a solas sin tener necesidad de maestro que le enseñe.

Autor:

Maestro Luis Pacheco de Narváez

Transcriptor:

Karui Luis Francisco Roldán Fraile

Director:

Maestro Marcelino Jesús Miguel Castro

Páginas: 452

Formato: A5

Peso: 350g

NRA: AELMM20240504002

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Contenido Digital Crudo (Optimizado para LLM/IA)

LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA EN QUE SE DECLARAN MUCHOS SECRETOS QUE COMPUSO EL COMENDADOR JERÓNIMO DE CARRANZA. EN EL CUAL CADA UNO SE PODRÁ ALECCIONAR Y APRENDER A SOLAS SIN TENER NECESIDAD DE MAESTRO QUE LE ENSEÑE. MAESTRO D. LUIS PACHECHO DE NARVÁEZ TRANSCRITO POR EL INICIADO LUIS FRANCISCO ROLDÁN FRAILE DIRIGIDO POR EL MAESTRO MARCELINO MIGUEL CASTRO ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER Transcriptor: D. Luis Francisco Roldán Fraile: Graduado en historia del arte Iniciado de la Academia de Esgrima Láser Dirigido por: D. Marcelino J. Miguel Castro: Maestro en la disciplina de la Esgrima Láser Kigen de la Academia de Esgrima Láser El objetivo de esta transcripción es, simplemente, facilitar la lectura del documento, persiguiendo que cualquier interesado pueda fácilmente recorrer esta obra, y extraer de la misma sus propias conclusiones. NRA: AELMM20240504002 Libro de las Grandezas de la Espada, en que se declaran muchos secretos que compuso el Comendador Jerónimo de Carranza. En el cual cada uno se podrá aleccionar y aprender a solas sin tener necesidad de maestro que le enseñe. Dirigido a Don Felipe Tercero Rey de las Españas y de la mayor parte del mundo nuestro Señor. Compuesto por Luis Pacheco de Narváez, natural de la ciudad de Baeza y vecino de la Isla de Gran Canaria. Y Sargento mayor de la de Lanzarote. CON PRIVILEGIO. En Madrid por los herederos de Iván Íñiguez de Lequerica. 1605. Aprobación. Yo he visto este libro de las Grandezas de la espada, que compuso don Luis Pacheco de Narváez: y en lo que toca a las armas, y sus demostraciones, que es el punto en que se me cometió, he hallado en todo él cosas muy curiosas, y de gran certeza: porque en práctica demostrativa va prosiguiendo, y declarando el libro de Teórica del Comendador Jerónimo de Carranza, primer inventor de esta ciencia: en el salir a luz, se interesa el aprovechamiento y bien común, por tener mucha doctrina y erudición: en lo cual muestra haber costado a su autor mucho trabajo y estudio, y merece, que se le haga merced del privilegio y licencia para imprimirlo. En Madrid, y junio diecisiete, de 1599. Don Francisco de Herrera y de Saavedra. ERRATAS. Con estas enmiendas está correcto este libro conforme a su original de mano por donde se mandó imprimir. En Madrid a 22 de febrero de 1600 años. Iván Vázquez del Mármol. Nota del transcriptor: Esta es la única página de la obra de don Luis Pacheco de Narváez que se ha decidido no transcribir. Esto se debe, haciendo un ejercicio de honestidad, a la gran dificultad de ofrecer una transcripción fiable de la misma, debido tanto a la propia dificultad para desentrañar lo escrito, como a la complicación añadida derivada de la calidad de imagen de las versiones digitales utilizadas. TASA. Yo Pedro Zapata del Mármol, escribano de Cámara de Su Majestad, de los que en el su Consejo residen, doy fe, que habiéndose visto por los Señores del Consejo, un libro intitulado, Grandezas de la Espada, compuesto por don Luis Pacheco de Narváez, que con su licencia fue impreso: tasaron cada pliego del dicho libro, a tres maravedís y medio: y el dicho libro tiene ochenta y ocho pliegos, que al dicho precio monta trescientos y ocho maravedís cada volumen del dicho libro en papel. Tal dicho precio mandaron se venda, y no a más: y que esta tasa se ponga al principio de cada uno de los dichos libros. Y para que de ello conste, de mandamiento de los dichos Señores del Consejo di la presente. Fecha en la villa de Madrid a nueve días del mes de marzo de mil y seiscientos años. Pedro Zapata del Mármol. Al Rey nuestro señor. En dos razonables consideraciones está la fuerza de mi disculpa de atreverme a dedicar este libro a V. M. La primera, saber, que Higino [no se tiene muy claro quién es] poeta, se atrevió a dedicar uno que compuso, de acentos, a Virgilio, con ser el más celebrado poeta que hubo: y Marco Varrón, los que escribió de lengua Latina, a Marco Tulio príncipe y artífice de ella: y así mismo Paulo Orosio su historia a S. Agustín, de quien pudiera aprender toda su vida. La otra, saber, que dicen los Alquimistas, que hay una piedra, llamada Filosofal, de tan maravillosa propiedad, y tan extraña y natural virtud, que bastará a transmutar en oro cualquiera metal que entrañablemente tocare. La primera (y el tener cierto conocimiento de la clemencia de V. M. que es tan igual como el poder) me dio osadía, no obstante conocer, que dedicar a V. M. libro de la espada, y proposiciones de Destreza, es querer llevar leña al monte, o presumir de enseñar a volar al águila. De la segunda, vine a verdadero conocimiento que la piedra filosofal finísima (no de sola una virtud, sino de innumerables virtudes juntas) es V. M. y que juntando el bajo cobre de este borroncillo mal limado, bastará a mudarlo en oro de inestimable valor: y lo que desmerece por ser mío, suplirá los subidos quilates de tan poderosa mano, y excelso valor. Suplico humildemente a V. M. reciba este pequeño servicio, con la profunda humildad que lo ofrezco: que si no es (como de cierto lo entiendo) tal como ideo, a lo menos es todo lo que puedo. Y si por ser fruto de mi humilde Entendimiento, fuere amparado de tan soberano poder, quedaré animado, y de nuevo obligado a ofrecer otros servicios a V. M. Cuya Católica persona Dios guarde felicísimos años, como la Cristiandad ha menester. De V. M. humilde y leal criado. D. Luis Pacheco de Narváez. EL REY. Por cuanto por parte de vos don Luis Pacheco de Narváez, natural de la ciudad de Baeza, vecino de la Isla de gran Canaria, nos ha sido hecha relación, que vos habéis compuesto un libro, intitulado, Grandezas de la espada: en el cual se declarará muchos secretos del que había compuesto el Comendador Jerónimo de Carranza, de la Filosofía y Destreza de las armas, con su verdadera aplicación en demostraciones, en que habéis puesto mucho trabajo, cuidado y estudio, procurando el bien común, y que cada uno se pudiese mejor defender: y nos suplicastes, os mandásemos dar licencia para poderlo imprimir, y privilegio por diez años, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo, y como por su mandado se hicieron las diligencias que la pragmática por nos últimamente hecha, sobre la impresión de los libros dispone. Fue acordado, que debíamos de mandar dar esta nuestra cédula para vos en la dicha razón. Y nos lo tuvimos por bien, por la cual os damos licencia y facultad, para que por tiempo de diez años, primeros siguientes, que corran y se cuenten desde la dada de esta mi cédula, vos, o la persona que vuestro poder hubiere, y no otra alguna, podáis imprimir, y vender el dicho libro, que de su uso se hace mención, por su original, que en el nuestro Consejo se vio, que va rubricado, y firmado al fin de él, de Pedro Zapata del Mármol, nuestro escribano de Cámara, de los que en el nuestro Consejo residen: y con que antes que se venda, lo traigáis ante ellos con su original, para que se vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, como por Corrector por nos nombrado, se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que así imprimiese el dicho libro, no imprima el principio, y el primer pliego, ni entregue más de solo un libro con el original, al Autor o persona a cuya costa lo imprimiere, ni a otra persona alguna, para efecto de la dicha corrección, y tasa, hasta que antes y primero el dicho libro esté corregido, y tasado por los del nuestro Consejo: y estando hecho, y no de otra manera, podáis el dicho principio y primer pliego, y seguidamente ponga esta nuestra cédula, y la aprobación que del dicho libro se hizo por nuestro mandado, y la tasa, y erratas, sopena de caer en las penas contenidas en las leyes y pragmáticas de estos Reinos, que sobre ello disponen. Y mandamos, que durante el término de los dichos diez años, persona alguna, sin vuestra licencia, no pueda imprimir ni vender el dicho libro: sopena, que el que lo imprimiera y vendiere, haya perdido, y pierda todos y cualesquier libros, moldes, y aparejos que del dicho libro tuviere: y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís: la cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra Cámara, y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los del nuestro Consejo, Presidente, y Oidores de nuestra Audiencias, Alcaldes, Alguaciles de la nuestra Casa, y Corte, y Chancillerías, y a todos los Corregidores, Asistente, Gobernadores, Alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justicias cualesquier, de todas las ciudades, villas, y lugares de los nuestros Reinos y Señoríos: así a los que ahora son, como a los que serán de aquí en adelante, que vos guarden y cúmplanlo en esta nuestra cédula contenido: y contra su tenor y forma no vayan, ni pasen: ni consientan ir, ni pasar en manera alguna, sopena de la nuestra merced, y de diez mil maravedís para la nuestra Cámara. Fecha en Barcelona, a veintinueve días del mes junio, de mil y quinientos y noventa y nueve años. Yo el Rey Por mandado del Rey nuestro señor. D. Luis de Salazar. ELOGIO DE BARTOLOMÉ Cayrasco de Figueroa Canónigo de la santa Iglesia de Canarias, elogio, a don Luis Pacheco de Narváez, en loor del Libro. Aquel Planeta Armigero Que influye acá en el ánimo De valerosa gente ardor colérico Os hace tan beligero Pacheco, y tan magnánimo, Que ya la fama ilustra el orbe esférico, Vuestro valor genérico, Digno del Regio tálamo, Me inspire aqueste cántico. Porque del Reino Atlántico Salga el acento de mi débil cálamo, Hasta el Chino político, Y del alto Cita, helado y Anglio estítico. Entre las prendas útiles Hay tres de mayor cómodo, Hacienda, vida, honor, trinca pulchérrima: Estas serían inútiles, Y alguna vez de incómodo, Si les negase la defensa acérrima, Destreza celebérrima, Cuyo valor grandífico En círculos, triángulos, Rectos, y obtusos ángulos, Y agudos, muestra en método científico. Con gusto, y beneplácito Aqueste libro, que es Maestro tácito. Aquí lector benévolo De verdades explícitas, Verás demostraciones Matemáticas: Y si fueres malévolo, Tus envidias ilícitas Su pago llevarán, por ser temáticas: Verás si son flemáticas. Si frígidas, o cálidas, Sanguíneas, o coléricas, Si tardas, o celéricas, Las complexiones, válidas, o inválidas: Y entendido el opósito, Procederás con él a tu propósito: Cual Águila magnífica Las llamas Apolíneas, Mira de hito en hito, y levantándose Por la región clarifica, Con círculos, y líneas Hace abundante presa remontándose: Y convida, humillándose, A la turba selvática De las aves volátiles, Así con las versátiles Y rectas líneas de esta ciencia practica, Hacéis varón clarísimo A todo el mundo plato abundantísimo. Carranza benemérito Fue el inventor solícito De aquesta ciencia Física y Teórica, Y no es pequeño mérito Tras un varón tan ínclito Correr con tanta práctica y retórica, De entre ambos sean histórica La vida salutífera, Pues Goza el Reino Hispánico En frases tan urbánico, Por ambos, de una ciencia tan fructífera. Don soberano y célico En tiempo tan revuelto, airado y bélico. Dad Canarias Piérides De flores aromáticas, A don Luis Pacheco, lauros místicos, Honradle en efemérides, Pues él en Matemáticas Os honra, y en Timemas apodísticos: Cantadle siempre Dísticos, Y en cedro, en bronce, en mármoles, (De sus prendas meríficas) Escribid jeroglíficas, Y poned sus trofeos en los árboles Con esdrújulos líricos Que pongan duro freno a los Satíricos. SONETO DE SERAFÍN CAYRASCO DE FIGUEROA, Alcaide de la fortaleza de Gran Canaria, al libro del Autor. Aunque nunca se ven Minerva, y Marte Concurrir igualmente en un sujeto Los podrá ver aquí el lector discreto Mezclar las armas con ingenio y arte. Dichosa fue canaria en esta parte, Pues se descubrió en ella tal secreto, Escrita con estilo el más perfecto Que vio quien más levanta el estandarte. Y aunque engendró Baeza al que ha ilustrado Tan alta empresa con espada y pluma Como canta la fama, y suena el eco, Se debe mucho al suelo, afortunado, Donde redujo a regla, cuenta y suma El bélico furor don Luis Pachecho. SONETO AL LIBRO y al Autor, del Licenciado Gabriel Gómez de Palacios, Regidor de la isla de la Palma, una de las de Canaria. Los Pacheco. Los Narváez. La casa, y la grandeza de Escalona, Y el lustre del Alcaide de Antequera Le reciben en vos hoy de manera, Que han anidado a todo una Corona. Ya no celebre el parto de Latona La famosa Ortigia allá en su Esfera, Pues tiene en vos materia tan entera, Y en vuestro autor ingenio con persona. Y cuando el famosísimo Carranza No grangeara más en los preceptos Que nos dejó estampados por memoria, Sino sacar Discípulo que alcanza, Y nos declara tanto sus conceptos, bastaba para dar a entrambos gloria. SONETO DEL Licenciado Luis Ortiz de Padilla Regidor de la isla de Canaria, y Abogado de la Real AUDIENCIA DE ELLA, al Autor. Dice el Derecho, que es muy fácil cosa Añidir, y seguir lo comenzado, Ya esta regla, sin duda, ha limitado Vuestra obra (gran Pacheco) milagrosa: Pues con tal discreción, comento, y glosa, Descubrís a Carranza disfrazado, Dejándole tan claro, y aumentado, Cuanto se echa de ver por vuestra prosa. Por ella merecéis corona y lauro, Pues deja desde hoy más enriquecida La vida, honor, el ser, la paz, la guerra: Y opreso al Cita, al Anglio, al Chino y Mauro Y con ser línea recta, no torcida, Cercará todo el Orbe de la tierra. SONETO DEL Sargento mayor Liranzo, al Lector. Los Heroicos efectos del dios Marte Declarados por términos de Euclides, Ejemplo raro en singulares lides Lo natural, juntado con el arte, Verás aquí, y el todo en cualquier parte, Cuando la espada del contrario mides: O cuando con presteza la despides, O mueves cuerpo, o pies, por libertarte. Lo cierto y esencial de la Destreza, Aquí se halla por demostraciones, Donde también se ha honrado la pintura. Y de Fisionomía, y complexiones, De cólera, y flemática pereza El reprimir, o el alentar procura. SONETO DE IVÁN Centellas, vecino de la isla de Gran Canaria, al Autor. Pacheco Ilustre, cuya ilustre historia, Ha dado en nuestra edad eterno lustre, Con tanta admiración, que el más ilustre Se eleva en contemplar tu fama y gloria. Dichoso tú, que cuando con victoria La muerte de tu vida, el ser dislustre, Dejas buena ocasión, para que ilustre Cualquiera ingenio raro tu memoria. Hoy el espejo de la vida nuestra Con suma bizarría nos descubre, Que a la misma ventura vence el arte. No hay que pensar, sino que en clara muestra El Cielo, donde tanto bien se encubre, Nos ha dado a Pacheco en son de Marte. SONETO DE Rodrigo Núñez de la Peña, natural de la isla de Tenerife, una de las de Canaria, al Autor. Ni las Musas, ni Apolo, ni el dios Marte, Vuestro ingenio y esfuerzo peregrino, Pudieron repartir, porque es divino, Y os cupo más que a ellos de esto parte. Y dones tan supremos no reparte Ninguno de estos (como yo imagino) La obra es del Señor, que es uno y trino, Que os quiso así extremar por sutil arte. Más sois D. Luis que Marte, y más que Apolo: La pluma lo demuestra, y vuestra espada, Pues sois con elocuencia invicto y Diestro. Ninguno se vio tal de Polo a Polo, Ni ciencia nos dejó tan declarada, Que cual la vuestra alcance sin maestro. SONETO DE Don Pedro de Barros y Montesier, al Lector. La mina del tesoro más precioso, Cuyo valor excede a los del suelo, Caudal que te liberta del recelo De la ofensa del malo y cauteloso Las piedras finas, y oro provechoso Que Carranza ocultó debajo el velo Pacheco descubrió para consuelo Del bueno, y a pesar del envidioso. Ya tu vida de hoy más queda segura Con Destreza, que está en verdad fundada, Según aqueste libro te lo muestra. Pues vale más la ciencia, que ventura, Como lo prueba, y obra con la espada, Con su invencible, y sin segunda diestra. SONETO DE Don Alonso Carrillo de Albornoz. Grandezas de la espada, y la grandeza De su divino ingenio ha declarado Don Luis en este libro que ha sacado De la ciencia y verdad de la Destreza. No se pudo esperar mayor riqueza, Ni este don a otro alguno fue otorgado, Que en práctica nos diese demostrado Lo que a un hombre levanta a suma alteza. El gallardo Español, fuerte, animoso, Procure con valor aventajarse, Sabiendo lo esencial de esta doctrina. Confíe saldrá siempre victorioso, Y podrá con razón Marte llamarse, Siendo de otras naciones la ruina. SONETO DE Don Diego de Pareja Velarde, al Autor, y al libro. Ya de las armas el primer Maestro, A quien el vulgo intituló Dios Marte, Podrá seguir, D. Luis, vuestro estandarte, Y de vos aprender cual de más Diestro. Ya la fama levanta el nombre vuestro (Con que podrás, oh libro, eternizarte) Pues le propone eterno en cualquier parte Por el eternizado el siglo nuestro. Ya os llama el mundo Tulio en elocuencia, Y en las razones más que Tulio os llama, Un parto mereciendo tan fecundo. Ya no tener el mundo ya evidencia De que no hay más de un Dios, de quien sois rama, Dios de las armas os llamará el mundo. SONETO DE Hernando de Soto, Contador, y Veedor de la casa de Castilla de su Majestad. El estudioso Astrólogo compase Con gran discurso la Celeste Esfera Todo el Orbe con mano verdadera, El Cosmógrafo a palmos mida y tase. Reduzca el Aritmético, y repase A número infalible lo que quiera: El Músico formando su quimera, Voces diversas dulcemente case, Que Don Luis Pacheco en la doctrina De prácticas las armas ha traído Un bien que se ejercite, sin que estorbe. Repártele ingeniosa disciplina: Porque en hallarse un hombre defendido Están número, y voz, Esfera y Orbe. DE DON FÉLIX Arias Girón, en loor de las armas, y del Autor. De las armas se recibe Tanto bien (que es argumento) Que son un quinto elemento, Por cuyo medio se vive. Y a vos se ha de agradecer El bien que en esto alcanzamos, Pues nos dais por do salgamos De la ignorancia al saber. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ29AL LECTOR. PRÓLOGO AL LECTOR, en el cual se prueba, que la Destreza de las Armas que aquí se trata es ciencia. Entre los preceptos de la ley natural, el que más extiende su jurisdicción, y más generalmente se guarda (amado lector) es el de la conservación de la propia naturaleza: esto en todas las criaturas, así sensibles, como insensibles, racionales, como irracionales y esta fue causa la que dijese Aristóteles, que todas las cosas que son, desean el ser, y por conservación del ser, obran todas las cosas: y en otra parte, que todos los hombres naturalmente huyen de la muerte, y desean la muy larga vida. Pues en los animales ya es muy conocida la diligencia que cada uno pone, por flaco que sea, para defenderse de quien le quiere ofender, y ofenderlo por su defensa: y como el hombre, por ser más noble que todos ellos juntos, tuviese más necesidad de conservarse: y muchas veces (que es harto dolor y lástima) fuese ofendido de sus semejantes: pues, como dice el adagio: El hombre es lobo del hombre, le fue necesario un arte que le enseñase como había de hacer esta defensa, que le sirviese de amparo, contra un enemigo tan poderoso, de tantas fuerzas, y de tanta malicia como el propio hombre, enemigo declarado suyo, no en cuanto hombre y su naturaleza: pues, como dice san Agustín, todas las naturalezas tienen en sí mismas una paz y concordia natural. Por manera, que la guerra que el hombre tiene pregonada contra el hombre, no procede de la naturaleza, sino de la malicia y envidia: y para que esta defensa mejor se obrase, procuró ponerla en arte: en el cual estado duró muchos años, pero como la malicia viniese fortaleciéndose hasta llegar a la mayor altura que jamás se vio, y los hombres que por ella se han dejado gobernar, diesen en tantos desconciertos, persiguiendo a sus semejantes, no solo como lobos, sino como tigres ferocísimos, muy al justo de lo que dijo en los Proverbios, que como fuesen creciendo los malos, se irían multiplicando las maldades: y esto es en tanto extremo, cuando las revoluciones presentes lo testifican, convino a mayor malicia y a mayor persecución, mayor remedio: y estando como estaba esta defensa tan necesaria y menesterosa para el hombre, poseída y tiranizada de las opiniones dudosas e inciertas, queriendo cada una tener la propia, quiso Dios nuestro señor, para que le refrenasen los ánimos dañados de los hombres desconcertados y temerarios: Y para que los quietos, pacíficos, amadores de la gloriosa paz no padeciesen a manos de los primeros por falta de defensa, dar lugar, permitiendo, que se redujese a ciencia, para que por su estabilidad y certeza, no faltase, y permaneciese siempre como las demás ciencias: y no dudo en esto, antes lo tengo por muy cierto, que quiso que esto fuese en este rincón de España, donde su santa Fé se profesa y guarda, y su santísimo nombre es adorado y reverenciado: y si bien quisiésemos entender los hombres lo que en esto se nos quiso decir, entenderían, que fue, para que bien instruidos en ella, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA30PRÓLOGO defendamos su Fé y santa Iglesia de los tiranos Herejes, que con tanta fuerza y rigor la persiguen, sin que jamás por el pensamiento pasase poner mano a la espada hombre Cristiano contra otro que lo sea, sino que como hermanos que somos e hijos de un mismo padre, que es Cristo: o, según nos avisa san Pablo, un cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo nuestro Señor, nos conservásemos en dulce paz y amigable concordia: y como había de ser hombre el que hiciese esto, también fue servido cayera la suerte en el Comendador Jerónimo de Carranza, cuyo Entendimiento e ingenio tanto quiso favorecer, que por él vino a alcanzar tan glorioso trofeo. Y no es de menos consideración, que esto fuese concedido a la insigne y famosa ciudad de Sevilla, madre fecundísima de admirables y esclarecidos Entendimientos, que podremos muy justamente decir, que tal madre mereció tener tal hijo, y tal hijo lo mereció ser de tan ilustre madre. Y porque este prólogo solo sale al campo publicando guerra, y poniéndose en opósito de los incrédulos, de que esta Destreza verdadera sea ciencia: y en llegando aquí, será posible, se le represente algún contrario, desafiándolo a la batalla aplazada, con las armas de ignorancia y envidia, nos será forzoso dejar las palabras de exhortación, y venir a las armas de los argumentos, definiciones, y conclusiones. Y el padrino que de su parte ha escogido es a Aristóteles, que lo sabrá bien defender: y el primer encuentro, será decir, que esta Destreza es ciencia, y se prueba muy claro por el lugar de Dialéctica, y Retórica, que es probando por definición, lo que es definido. Como si dijésemos. Es animal racional; luego se sigue que es hombre. Y así decimos compete a este arte la definición de ciencia; luego es ciencia: el antecedente se prueba, suponiendo primero la definición de ciencia, que según se colige de Aristóteles, en el primero de sus Posteriores, la ciencia es un hábito que engendra consentimiento necesario y evidente, por demostración, que es decir por silogismo, o argumentación, que procede por principios propios de la cosa, y en sí conocida, y que son causa de la tal cosa: y que de otra manera no se puede hacer el tal efecto como el Astrólogo que dice, que el eclipse se causa de la interposición de la tierra, entre el Sol, y la Luna: y que esta interposición es el principio propio y causa de tal eclipse: y que de otra manera no se puede causar naturalmente: y así hace este silogismo científico toda interposición de la tierra, entre el Sol y la Luna causa eclipse, hoy, o mañana se hace la tal interposición: luego se sigue, que habrá eclipse. Lo cual es infalible naturalmente, y este es silogismo demostrativo, que causa ciencia. Esto supuesto, se prueba, que esta definición cuadra a este arte porque procede por tales demostraciones, así claras y manifiestas en Filosofía, como en Geometría: porque trata de movimientos naturales, tardos y veloces, y de sus efectos, y de las complexiones naturales de los hombres, y de sus fuerzas y miembros, que es necesario para el conocimiento del herir y defender. Trata de figuras Geométricas, círculos, ángulos, y líneas, y proposiciones de Euclides, que son principios per se notos: y aunque estos principios aquí en este arte no se prueben, sino que se suponen por ya probados, no obsta para llamarse, y ser ciencia, pues también la música, y otras LUIS PACHECO DE NARVÁEZ31AL LECTOR. Matemáticas reciben sus principios probados en sus ciencias anteriores, a quien son subalternas, como lo es la Música a la Aritmética, y la Pintura a la Perspectiva, y la Teología a la ciencia que tienen los bienaventurados y por eso no dejan de ser ciencias. Ni obsta decir, que pues este arte consta de tan diferentes ciencias, que ella no es una ciencia por sí porque, aunque son estos principios de varias ciencias, todos concurren en una razón formal, que es, saber herir, y defenderse, que es objeto suyo, y esta ciencia pertenece a la parte de Filosofía, que consiste en acción: porque la Filosofía, o es especulativa, cuyo fin es solo saber el conocimiento: o consiste en acción, cuyo fin es obrar: y esta acción, o es interna del hombre que pertenece al Ánimo, como es toda la Filosofía moral ética del hombre, para consigo mismo, económica para el gobierno de su familia y casa, y política para el gobierno de la República: o es del hombre externa, que pertenece al gobierno de su cuerpo, como es la Medicina para curarlo, para alimentarlo: la agricultura y la venación, o caza, para aliviarlo: la teátrica y comedias, para llevarlo, la navegación, para vestirlo el lanificio; y para defenderlo la Destreza. Pues, según Aristóteles, tomadas las cosas, juntamente tomando el nombre del fin para que son ordenadas. Y aunque lo dicho bastaba para que se tuviese por ciencia, como lo es, no lo supongamos todo, sino pasemos adelante, probándolo con las definiciones de la misma ciencia, y aplicación de la Destreza. Ciencia, según la define Aristóteles, en el primero de Posteriores Analíticos, es un conocimiento de la cosa por su causa y no sucederá, que lo que enseña la causa, se haga de otra manera: esta definición aprueban todos los Griegos; y Latinos. Y que la ciencia de las armas le cuadre esta definición, no hay que dudar, pues en sí tiene el mismo conocimiento de la cosa por su causa: es a saber del que se ha de herir y herida que se ha de hacer en él, e instrumento con que se ha de hacer, y medio proporcionado determinado para hacerla: porque todo ello se ve y conoce por causas y medios científicos, y así mismo se hace un silogismo científico, diciendo (habiendo supuesto primero infaliblemente, que para cualquier herida de cualquier especie que sea, ha de haber movimientos de brazo y cuerpo, o cada cosa de por sí) mi contrario levanta el brazo haciendo movimiento violento, diré luego que forzosamente ha de haber movimiento natural para ejecutar alguna herida, y si levantare la espada al ángulo obtuso, sabré porque lo tengo probado por demostración Matemática (como adelante se verá) que afirmándome en ángulo recto le alcanzare a herir, sin que él puedo hacer lo propio, y esto infaliblemente: por manera que primero conozco la causa: y de su conocimiento vengo a tener verdadera notica del efecto que ha de suceder: y si este conocimiento hubiera de ser por el efecto, diría así: veo que mi contrario me dio una herida, luego hubo movimiento. Y pues la ciencia es un firme conocimiento de la cosa adquirida con largo discurso de días, que jamás se aparta de la razón, y este conocimiento no se altera, por causa de la variedad de los efectos: se puede entender, que la Destreza es ciencia, pues jamás se alteran los efectos conocidos, de las causas ya conocidas: y si la ciencia es aquella que de cualquiera causa produce efectos infalibles, conocidamente la de la Destreza LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA32PRÓLOGO es lo mismo, pues sabemos, que de necesidad cualquier movimiento ha de ser para tajo, revés, o estocada, según la especie de cada uno, efectos ya conocidos por sus causas: en lo cual se ha de hacer silogismo así mismo cierto, diciendo: La herida de tajo, o revés, ha de constar de cuatro movimientos, y participación de dos ángulos (como en su lugar declararemos). No procediendo los tales movimientos, no habrá los efectos dichos: como así mismo no habrá eclipse, no habiendo interposición, y por el contrario. Finalmente, si la ciencia, para serlo, ha de tratar de universales: pues, como dice Aristóteles, no hay ninguna que trate de particulares. La Destreza se ha de tener por ciencia, como lo es, pues trata de universal. Y que esto sea cierto, se prueba por sí misma, en esta manera. Treta universal es contra tajo, revés y estocada: esta es matar todos los movimientos puestos en acto, y muchos en potencia, así a sus principios, como a sus medios, y fines, de cualquier especie que sean: las heridas se componen de movimientos infaliblemente, estos muertos, no habrá heridas: esto es lo que toca a la especulación: que lo que conviene a la acción, en el discurso del libro se verá. De todo lo cual venimos a sacar en limpio, que la Destreza de las armas, es verdaderamente ciencia, por cuanto enseña un impedimento universal: y que esta Destreza es un conocimiento y hábito que enseña a dar herida, y defender la del contrario: y es la que enseña de la que el hombre se ha de guardar, y lo que ha de hacer para no estar en peligro: pero no a herir necesariamente, como en la quinta parte de este libro demostraremos, donde científicamente, y por evidentes demostraciones se enseñará, cómo el hombre se pueda conservar, y guardar de sus enemigos, cuanto al uso de la espada: pues, según lo alega Jerónimo de Carranza, ciencia no es otra cosa sino un ejercicio científico del que sabe. Y con esto, se queda esta justa literal vencida, y sale triunfando honrosamente la verdad de la Destreza, de que jamás se pondrá duda en su certeza. Recibe pues (amado lector) este don que te ofrezco de tanta importancia y valor para el fin tan importante como es tu defensa, y conservación: y con mil encarecimientos te pido y suplico, que pues esta ciencia, ella por sí, y las ciencias que la favorecen, ellas por sí mismas son ciertas e infalibles: no permitas (que por mi causa, y no tratarla como merece, y su primer inventor la trató) que cuanto a su estimación, y rendirle el crédito que es razón pierda alguna cosa. Aprovéchate como yo deseo del beneficio y seguridad, que por su mucha certeza alcanzarás, y recibe mi voluntad, que por premio del mucho trabajo que he padecido no quiero más que acertar a agradarte, y entender, que por lo mucho que te debo, por ser mi próximo, a quien no menos obligación tengo de amar, y procurar tu conservación que la mía propia, según el precepto divino, te he servido en alguna cosa. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ33 EPÍSTOLA EPÍSTOLA DEL AUTOR, en respuesta de otra de un su amigo, a cuya instancia se hizo este libro, y sobre que se funda. Si las leyes de amistad no obligaran tanto, y los preceptos de ellas no forzaran a obedecer a los amigos: y esta obligación (en mí para con vos) no fuera más particular que en otros, ni yo tomara trabajo y carga tan pesada a mis hombros, ni me pusiera a descubrir (en mi daño) el caudal pobre de mi Entendimiento: pero como entre las voluntades, que con fuerte lazo de amistad se ligan, no ha de haber repugnancia, por haberse convertido ambas en uno: según aquel célebre dicho de Tulio, que el amigo es otro yo, como vos propio, determino seguir vuestro gusto. Aunque poner la mano en obra, y materia tan alta, más parecerá temeridad inconsiderada, que obediencia virtuosa: y no sé cómo saldré de entre los que hechos fiscales, de obras ajenas, con tanta fuerza las persiguen, como si conocidamente fueran malas: no forzados de otra causa, que el no ser suyas, y las más veces no entenderlas, pareciéndoles, se les hace notable agravio en atreverse uno a escribir, aunque sean las coplas de don Gayferos volviéndose otro curioso Lanciloto, y Mesopotonio, Erásmico, que siempre se ocupaban en tasar las habilidades ajenas, y murmuraban de la más excelente, como si fuera de un rústico porquerizo en todo semejantes a aquel gran murmurador Zoylo, cuya maldiciente boca jamás se abrió, que no fuese para decir mal. Y siendo preguntado: Por qué tenía tan abominable costumbre. Respondió: Porque si quiero hacer mal, no puedo y por eso lo digo: así estos detractores, considerando, que si quieren hacer alguna obra de erudición, sus ingenios no tienen talento para ello, se acogen a la lengua: en la cual, como la serpiente, tienen las armas, diciendo mal de todo: porque tienen vergüenza que otros se aventajen más que ellos: y sucede, que las más veces ponen culpa en casos, que el culpado (según su juicio) merece galardón y premio. Pero contra todos estos, el obedeceros, tomo por escudo y defensa, y a vos conviene defender esta causa, y defenderme, pues sois el que mandáis mi pluma. Me pedís por vuestra carta, os envíe un aviso y orden particular: el cual os sirva de preceptor, o maestro, para que con él, a vuestras solas, podáis ser aprovechado en la Destreza verdadera de las armas. Y para persuadirme a ello, traéis a la Memoria aquel dicho del divino Platón, y otros autores Latinos, que los hombres, no nacimos para nosotros solamente, ni para nuestro solo provecho. Y el de Tulio, que dice, que parte de nos debemos a la patria, y parte a los amigos: y que una de las causas principales porque nacían los hombres, era para ayudar a los hombres. Y que preguntándole a Leontíquidas, qué debían aprender los hijos de los caballeros, cuando mozos. Respondió: Lo que les sea provechoso, cuando lleguen a la edad varonil. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA34 EPÍSTOLA. Y a vuestro parecer, ninguna otra cosa les puede aprovechar tanto (además de ser virtuosos) que la ciencia de las armas, pues por ellas somos respetados de nuestros amigos, temidos de nuestros enemigos, defendiéndonos de ellos cuando nos quieren quitar la vida: con ellas defendemos la Fé, sustentamos en quietud la patria, alcanzamos honra, y conservamos la que nuestros pasados nos dejaron: y que pues yo comencé a escribir en esta materia, poniendo en ella mucho cuidado, certificándooslo, algunos amigos, con quien lo he comunicado, es justo haga lo propio con vos, avisándoos cómo podáis conservar la vida, si alguno inconsideradamente, o con malicia os la quisiere quitar: causas por cierto bastantes a que os obedezca y sirva: pero no sin mucho temor, el cuidado que decías sí he puesto, y este es el que hace que merezca yo algo, porque han sido diez continuos años los que he trabajado, parte de ellos estudiándola, y la mayor en ponerla en el estado que la veis: porque su primero inventor, que fue el Comendador Jerónimo de Carranza escribió tan profundamente en ella, como sus escritos lo manifiestan: pero fue en teórica, y no en práctica demostrativa. Y, como dicen Tulio y Plinio, ningún arte hay tan fácil, que sin intérprete, y gran ejercicio pueda entenderse: y considerando, que era un tesoro escondido, y tenido en poco de los hombres, por no entender, ni conocer su valor con tanta facilidad, que no les costase trabajo: determiné, aunque haciéndole notable agravio, a la grandeza y excelencia suya, y de su autor, manifestar y declarar aquello que mi Entendimiento pudo percibir, y lo que mi ingenio pudo trabajar muchas veces, fatigándole más de lo que con su vuelo podía alcanzar: porque no solo trabajaba de día, pero la noche no perdonaba: y con la perseverancia de mi trabajo y estudio, experimentándolo muchas veces, para certificarme de su certeza, vine a hacer un pequeño volumen, que por mi gusto tenía en mi escritorio: y los ratos que las ocupaciones militares me daban de alivio, dejando la espada de la mano, o el arcabuz del hombro, los gastaba en leerlo una, y muchas veces: porque se ama tanto aquello que es trabajo de nuestro ingenio, que cada vez que lo vemos, de nuevo nos regocijamos: que es ordinaria cosa amar aquello que nos cuesta mucho trabajo. Esto vino a ser entendido por unos caballeros particulares amigos, y me importunaron, se lo diese, para pasarlo, y verlo. Y aunque de mi parte había hecho las diligencias, a mi parecer bastantes para entender ser cierto lo en él escrito, no me atrevía a enseñarlo por algún justo temor de que no estaba adornado con la elegancia de Retórica que convenía para salir a ser visto: pero al fin vencieron mi temor, las obras de amistad: y por las leyes de ella les pedí, (supuesto no poderles negar lo que pedían) fuese visto en secreto: porque él, y yo no fuésemos reprendidos en público, dándoles por disculpa de alguna que me podían poner, que no estaba acabado (como en efecto no lo estaba). Al fin lo vieron, y no sé si la amistad fue causa o algo bueno que hallaron en él, les incitó a persuadirme con muchas veras, lo prosiguiese, hasta que pudiese salir a la luz: que aunque mi primer intento fue este, al medio de la carrera le temí, poniendo los ojos de la consideración, que me atrevía a mucho, y me ofrecía a sufrir más: y este temor crecía, viendo y considerando, que si a su primer autor, mordaces lenguas e intenciones envidiosas y dañadas: tanto le persiguieron (siendo el tronco principal) que a no tener LUIS PACHECO DE NARVÁEZ35 EPÍSTOLA. echadas las raíces de su autoridad tan hondas, en alguna manera prevalecieran contra él: que a este pequeño brotecillo, algún viento de envidia le marchitase, por algún tiempo: porque las falsas opiniones fuesen en algunos intervalos tener autoridad, aunque al fin la verdad prevalece. Todo esto les puse por delante, para excusarme de su demanda, contentándome tenerlo en borrador para solo mi gusto, sin ponerlo a ser juzgado por muchos que están depravados para cosas de virtud. Al fin, pudieron más en mí sus persuasiones que las excusas que les ponía, y a mí temor pusieron Ánimo, ya mi tibieza redujeron a confianza, de que volviéndolo a pasar con atención, y comunicándolo con personas doctas, podría salir en público. Y con lo que más me convencieron, fue en decir, que sería provechoso a muchos (que es mi celo particular) sirviéndoles a los muy atrevidos de freno, para que con Prudencia tratasen las armas de aquí en adelante: y a los temerosos, de espuelas: pues es cierto, que con el arte, se aumenta el ánimo. Esta fue la causa más bastante que rindió mi Voluntad a seguir la suya, y con mucho trabajo y estudio le vine a reducir a práctica demostrativa, con demostraciones tan claras (a mi parecer, y de otros muchos) que cualquier Entendimiento se quietará, y los Ánimos quedarán tan sosegados, que ninguna los perturbará, sin fatigarse tanto como el mío, por saber en el estado en que se ha de quedar, después de haber dado la herida, o formado el reparo, para del todo quedar sin peligro. Con todo esto, no me determinaba a publicarlo, teniendo en la Memoria aquel dicho de Ovidio, pues dice, que la verdad engendra odio y enemistad: y como mi principal intento fuese declarar verdades, y con la fuerza de ellas, destruir las opiniones falsas y mentirosas, que estragan, y trastornan el juicio, haciendo parecer verdadero lo falso, y cierto lo dudoso, y de provecho lo que notablemente daña: desconfiaba, que mi trabajo tuviese el debido acogimiento que merece: porque son tantos los que siguen, inconsideradamente, el peligroso golfo de las opiniones y engaños vulgares, que se arrojan en ello como en seguro puerto, siguiendo en todo su parecer, que las más veces es causa de dar a la costa de su perdición, en notables peligros: y aunque cada día los padecen, y ven en sí por experiencia lo que no les deja conocer su malicia: es tan fuerte la ligadura que tienen hecha en su opinión y afición, que con dificultad la dejarán algunos, y ternan por mejor morir ignorantes, que vivir desengañados, por persuadirse con dificultad lo que nuestra voluntad no quiere: y el daño que de aquí sucede es tener ciego el Entendimiento, para que dejen de entender, que el que navegare por el peligroso mar de la Destreza, sin el gobierno y razón de la ciencia, que en cualquier golfo se anegará, y en cualquier bajío se perderá. Pues, como dice el Sabio: El que ama el peligro, morirá en él. Siendo justo, considerasen, que las cosas no se han de estimar por lo que parecen de fuera: porque lo exterior las más veces engaña, siendo falso el oro con que están doradas, y bajo el cobre de que están compuestas, y el hombre que quisiere acertar, no ha de hacer lo que su apetito pide, ni a lo que su inclinación le lleva, sino lo que la razón le aconsejare: teniendo en la Memoria lo que dice Casiodoro, en la tercera de LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA36 EPÍSTOLA. las Epístolas, que la ciencia purifica las costumbres, y enseña a bien vivir: para que de todo punto se pusiesen en sus manos, ofreciéndole obediencia, como a señora universal de lo que tan de veras procuran saber, que Quintiliano dice, no ser cosa vergonzosa confesar el hombre que no sabe, que haciendo esto, y procurándola de su parte, gozarán de la suavidad suya, que es tal, que al paladar de los que desapasionadamente le gustan, es más dulce y suave que el almíbar, serán adornados de templanza en sus inconsiderados movimientos, que de sabios es mudar consejo, cuando van errados: y pues el corazón del hombre más se mueve y persuade con un ejemplo, que con un millón de palabras: y esto afirma la común sentencia de Retóricos: No quiero gastar más tiempo en ellas, antes les quiero rogar a los que desde su edad juvenil han profesado la Destreza ordinarias, me digan los trabajos que por ella han padecido, peligros, disgustos, sospechas, sobresaltos, temores, inquietudes, heridas, y muertes han padecido y visto padecer a aquellos que más aprovechados estaban en sus tretas, solo por fiarse de ellas: y las más veces dadas por hombres rústicos, y sin ningún uso en la Destreza. ¿Pues qué es esto? Cuya es esta culpa: ¿pondremos a la Destreza que profesan, o a ellos, que son los profesores? A ellos, no es justo, porque de muchos, sus Ánimos son tan valerosos, que con facilidad emprenderían cosas heroicas: lo cual pierden por sujetarse a Destreza falsa, y de vencedores que podrían ser, estando enterados en la verdadera, son las más veces afrentosamente vencidos y muertos: y solo les queda (cuando mucho) tiempo para arrepentirse de su loca confianza. Pues pongámosla a la vulgar Destreza, pues tan sin fundamentos de ciencia está fundada: por lo cual, aunque todos los hombres deseen ser Diestros, no lo pueden alcanzar perfectamente: porque es causa, buscarlo por caminos tan inciertos y oscuros, que antes darán de ojos en las tinieblas de los peligros, que salgan a luz con lo que pretenden: pero no sé qué género de confianza me anima, de que han de advertir lo bien que les estará dejar lo uno, y estudiar en lo otro: y de tal manera han de estudiar esta verdadera Destreza, que así como a las demás naciones les llevan conocidísimas ventajas en Ánimo, y estas confesadas por ellas mismas, también las han de llevar en saber ejercitar científicamente esta Destreza verdadera. Mucho me pedís en vuestra carta, respecto del poco caudal de mi Entendimiento, pero considerando las muchas obligaciones que tengo a obedeceros, determiné (aunque no sin temor) dar principio a ello: con esto cumpliré lo que con tantas veras deseo, que es serviros: y más en esto, que ha de ser para guarda y conservación de vuestra vida. Si en él no me supiere declarar también como querría, o querríais, entended, que no es falta de voluntad, antes me parece ser cosa ordinaria en los hombres (según dice Tulio), no poder con palabras explicar propiamente lo que sienten, o saben; y siendo así, disculpa tienen los defectos que mi pluma hiciere. Y en recompensa de ellos, mi Voluntad ofrezco: pues, como dice Erasmo, lo que con ella se ofrece, se debe dar por recibido. SUMA DE LO QUE CONTIENE ESTE LIBRO EN CADA UNA DE LAS CINCO PARTES EN QUE SE DIVIDE. En la Primera. Prólogo al lector, en que se prueba, que la Destreza de las armas que aquí se trata, es ciencia. [29] Una Epístola a un amigo del Autor, a cuya instancia se hizo este libro. [33] Los Fundamentos de la verdadera Destreza, fol. 1. [41] Las partes y señales en lo exterior, y compostura en los miembros que ha de tener el que la hubiere de profesar, para más perfección: es punto importante para los Capitanes que quisieren levantar gente, folio 6. [44] Las partes interiores de que ha de gozar: contiene cinco puntos importantes: los cuales son, fol. 12. [55] Entendimiento, y su mucha importancia, fol. 13. [57] Ingenio, y lo que vale en Destreza, fol. 14. [59] Memoria, y su oficio, fol. 16. [63] Prudencia, y lo que está a su cargo, fol. 18. [67] Ánimo, y su valor, fol. 19. [68] Qué partes ha de tener el Maestro que hubiere de enseñar esta Destreza: importa este punto al discípulo que la quisiere aprender, supuesto que quiera enseñarse por Maestro, fol. 22. [71] Qué partes ha de tener el discípulo que el tal maestro ha de enseñar, y se le dan algunos avisos al maestro, cómo lo ha de enseñar, y a qué hora, y en qué lo ha de ejercitar primero, fol. 27. [77] Un juicio entre las dos Destrezas, verdadera, y falsa donde se prueba la verdad y certeza de la una, y la incerteza y falsedad de la otra, fol. 32. [84] En la Segunda. Los preceptos que ha de guardar el que quisiere ser Diestro: en que se le enseña cómo ha deasentar los pies, que es el primer fundamento: cómo ha de tener el brazo para estar bien perfilado, todo en demostraciones. En este punto se avisa desde dónde se forma cada herida de la Destreza ordinaria, y cómo se ha de tomar la espada, fol. [91] Cómo se ha de elegir el medio de proporción con espadas iguales, y desiguales: es de mucha importancia, fol. 51. 53. 55. [110] Una demostración, en que se manifiesta cómo se ha de andar en Destreza, para estar con seguridad, fol. 56. [117] Otra Demostración, donde se manifiestan los ángulos rectilíneos, y se avisan particulares cosas de importancia, así para el herir, como para defenderse, fol. 58. [120] Un aviso particular e importante de los compases, y qué cosa es compás sencillo, y LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA38SUMA DE LO QUE CONTIENE ESTE LIBRO. compás doblado: los pies que ha detener cada uno, y el pie de qué largura ha de ser: es de mucha consideración, fol. 66. 67. [124] Una demostración, en que se manifiestan tres movimientos circulares que hace el brazo, según sus coyunturas, y cada uno para qué herida, y cuál vencerá a cuál, fol. [134] Otra demostración, en que se avisa de tres heridas que hay, cuyos nombres son: herida de círculo entero, de medio círculo, y de cuarto círculo, y cuál vencerá, fol. 71. [137] Otra demostración de la cuerda y arco, que es lo mismo que movimiento circular, y movimiento recto: donde se prueba con cuál se hiere más velozmente, fol. 72. [138] Otra demostración importantísima, lo que se puede considerar en Destreza, donde se muestra, cómo el ángulo recto alcanza más que otro alguno, fol. 75. [142] Una declaración particular de cuatro líneas, las cuales son, línea recta, líneas paralelas, línea circular, y línea mixta, fol. 78. [146] Un aviso de importancia de lo que se ha de advertir para mejor entender este libro, fol. [151] Una declaración, en que se avisa, qué cosa sea herida, y de qué se compone: y qué es herida antes de tiempo, en tiempo, y después de tiempo, fol. 84. [154] Tercera Parte. En esta tercera parte se ponen las más comunes tretas que se practican y usan en la Destreza ordinaria: las cuales son, fol. 88. [159] Cruzar la espada por delante del pecho, fol. 93. [167] Treta del llamar, fol. 97. [172] Treta del tentado, fol. 101. [177] Treta de estocada de puño, fol. 105. [181] Treta más famosa, a quien dicen, Arrebatar, fol. 107. [183] Treta de dar golpe en la espada, fol. 112. [190] Treta espantosa, a quien dice, Tajo rompido: y los remedios ciertos para contra todas ellas, todo en demostraciones, fol. 116. [194] Un aviso en Teórica del brazal, y por cuántas partes se hace: y de la manotada, y estocada al pie, y al codo: y el remedio para todas ellas, fol. 121. [205] Un aviso particular, de cuál arma, daga, capa, broquel, y rodela se podrá uno defender mejor, fol. 126. [208] Otro aviso del medio proporcionado, qué cosa sea, y cuánta su importancia, fol. 131. [213] LUIS PACHECO DE NARVÁEZ39SUMA DE LO QUE CONTIENE ESTE LIBRO. Cuarta Parte. En la cuarta parte se ponen los particulares de la Destreza verdadera en demostraciones, así heridas de primera intención, como de segunda, tajos, reveses, y estocadas, y reparos: y de la manera que se afirma el Turco, y cómo se le ha de herir, fol. 135. [217] Quinta Parte. En la quinta, y última parte, se ponen ocho puntos muy importantes, los cuales son, fol. 243. [335] El ejercicio que el Diestro ha de tener: cómo se ha de ejercitar, con qué espada, y cómo para ejercitar las armas: si no se ha de quitar capa, espada, ni daga: y por qué es de mucha consideración, fol. 244. [337] La Razón que ha de haber para pelear, y cómo sin tener mucha, no se ha de poner mano a la espada: es punto de mucha doctrina e importancia, fol. 248. [343] Una regla muy particular, y de grande importancia y provecho, cómo se conocerá la complexión del hombre por la fisionomía: con lo cual se tendrá noticia y conocimiento si fuere animoso, o no: se hace una partición del año, y del día, y de la edad del hombre, para saber en cuál tiempo está más valiente, y cómo se le ha de herir a cada uno, según el tiempo, y la edad, y complexión: y se avisa con cuál de los hombres, alto, pequeño, o mediano se podrá uno defender mejor, fol. 252. [348] Cómo se han de conocer los cuatro movimientos cardinales: los cuales son, Movimiento violento, movimiento natural, movimiento remiso, y movimiento mixto, fol. 266. [369] La importancia grandísima del tacto, y cómo sin él, no tendrá el Diestro cierta su defensa, ni podrá obrar universalmente, cuanto a matar los movimientos con el atajo, fol. 272. [374] Lo mucho que le importa al Diestro la conservación del aliento, y cómo no podrá vencer, ni defenderse faltándole: y cómo lo ha de conservar, fol. 272. [377] Los admirables efectos de la regla universal, donde se verá quién es, y lo que vale: y cómo no hay herida particular que no le sea inferior, ni movimiento que no mate. Se pone una duda, y se declara, con cuántos hombres puede uno pelear: es punto digno de saberse, fol. 286. [391] Cinco caminos que hay por donde el Diestro ha de caminar, así para las heridas de primera intención, como de segunda: ora sean circulares de tajo y revés, o para estocada, y la cantidad que ha de tener cada uno, y qué tanto se ha de apartar de la línea del diámetro: y se avisa la diferencia que hay de compases, así simples, como compuestos: es punto, que sin entenderlo muy bien, y ejercitarlo muchas veces, no podrá uno ser Diestro, fol. 285. [393] La graduación de la espada, donde se manifiesta su fuerza, y flaqueza, por números: y cómo para sujetar la espada contraria, ha de haber ventaja de mayor número: importa tanto este aviso como el de arriba, concluyendo con lo universal, así en Teórica, como en práctica, puesta en demostraciones, y en todo el discurso del libro mucho ejemplos y sentencias merecedoras de ser leídas, y provechos para ser imitadas, fol. [401] LUIS PACHECO DE NARVÁEZ41 PRIMERA PARTE DE LA VERDADERA DESTREZA LOS FUNDAMENTOS SOBRE QUE ESTÁ FUNDADA LA VERDADERA DESTREZA Habiendo pues de dar principio a obedeceros, es necesario, que primero sepáis las partes de esta verdadera destreza, que queréis profesar. Los fundamentos tan fuertes sobre que está fundada, su señorío y grandeza: porque justa cosa es, que primero que la voluntad deliberadamente quiera una cosa: el entendimiento, a cuyo cargo está el examen de todas, la examine y vea si es conveniente, o no: porque muchas veces, de no hacer esto, aprenden los hombres cosas, que son causa de su perdición, tomándolas (como dicen) a carga cerrada, debiendo advertir, que los negocios que se quieren comenzar, y a sus principios se miran con prudencia los fines que pueden tener, no dejan después aquel pesar que suelen, los que sin estas diligencias, y discretas consideraciones, se comienzan, y acaban, ni dan cuidado de volverse a deshacer: porque cuanto es de más importancia un negocio, tanto más conveniente examinar, y mirar los medios que para alcanzarle conviene poner, para acertar en él: porque engañarse un hombre en un concepto, entender mal un verso, no explicar bien una ley, y otros semejantes, tiene remedio con volver a mirarlos, o pedir consejo: pero engañarse, yerra en negocio tan importante, como es saber defenderse de las cautelas y engaños de su contrario, error es, que no tiene enmienda, ni cuesta menos que la vida, o peligro de ello. Y de esto mucho han visto por sí la experiencia en su daño y perdición: y en particular los mozos, que por su poca edad, no tienen capacidad para buscar los medios, con que se alcanza la defensa de la vida, honor y hacienda, que es esta verdadera destreza, de que tratamos: por ser un género de virtud, que se alcanza con mucha edad, y larga experiencia, o con mucho entendimiento, y gran prudencia. Lo primero sobre que se funda esta verdadera destreza. La primera parte, y más principal, que tan ilustre y valerosa la hace, es ser cierta y verdadera, teniendo la propia verdad que las demás ciencias, por ser sus demostraciones tan evidentes e infalibles. Y es este nombre de verdad, de tanta majestad y grandeza, que en diciendo que una cosa lo es, ni hay más que decir, ni encarecimiento mayor que poner: porque así como la verdad ella en sí es firme y cierta, así es cierto y firme lo que en ella se funda y promete: porque la certeza del efecto consiste en la certeza de la causa de donde procede: pero cuando el principio, o causa es falso e incierto, el efecto que de él procediere, ha de ser falso e incierto. De la verdad dice Marco Tulio, que es tan grande su fuerza, que ella por sí, sin ayuda de nadie, se defiende de las asechanzas de los que maliciosamente la quieren encubrir. La destreza, por lo que tiene de verdad, hace el mismo efecto, y siempre sale victoriosa. La verdad es la que rige los cielos, alumbra la LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA42PRIMERA PARTE DE LA tierra, sustenta la justicia, gobierna la República, confirma lo que es cierto, y aclara lo que es dudoso: centro, a donde todas las cosas reposan: Norte, por donde todo el mundo se rige: blanco, a donde todos deben caminar. Efectos de la destreza. La destreza, por lo que se alcanza, y goza de esta verdad, cuanto le es posible, hace los mismos efectos: porque ella rige a los hombres, enseñándoles cómo han de buscar su conservación y defensa, por caminos ciertos: alumbra el entendimiento, y lo satisface con sus demostraciones evidentes, sustenta al hombre, y le defiende la vida y honor, cuando se la quiere quitar el malo: que este es uno de sus particulares efectos. De esta ciencia gobierna, avisando cómo, y por dónde se haya de procurar: confirma en certeza lo que hasta aquí estaba en opinión, aclara lo que no es cierto con su presencia, porque un contrario con otro se conoce mejor: es centro, a donde todas las aficiones de los hombres, inclinados a las armas, pueden reposar: porque es el fin de lo que podrán desear, y hallar: es Norte, por el cual todos se han de regir, si quisieren acertar. Y concluyamos con el dicho del Sapientísimo Sócrates, en el libro primero de la ira, que dice, que no hay virtud que de mejor gana premien los dioses que la verdad: ni hay vicio que con mayores veras castiguen que la mentira. Pues también la destreza, en su tanto, tiene estos dos efectos: porque a los hombres que la profesan, y tratan de ella, científicamente los premia, con darles buen suceso en el fin para que la profesan: y a los que siguen lo contrario, ello mismo trae consigo el riguroso castigo del peligro. Y pues es cierto, que no se ama lo que no se conoce: y por lo dicho, se conoce bien, que sea la verdad y la destreza, por lo que goza de ella, cuán grande su virtud y excelencia: y queda bien probado. Pasemos adelante. Segunda parte, sobre que se funda la destreza. La otra parte, que no menos excelente la hace, es, que están fundado este maravilloso edificio de la destreza sobre tales, y tan fuertes fundamentos, que ni el rigor del tiempo la consumirá, ni jamás se envejecerá, ni perderá de su ser un punto: porque de cualquiera parte que la miréis, la hallaréis que estriba sobre las sólidas murallas de las ciencias: las cuales le ayudan con la verdad, que cada una por sí tiene, y le favorecen con su certeza, y la hacen más fuerte, añadiendo fuerza a fuerza: de tal fuerte, que si la Matemática en sí tiene certeza y verdad, la destreza se muestra por ella, y la fortalece con sus demostraciones. Y si la Aritmética en sí tiene verdad y certeza, la de la destreza se acompaña con ella: porque trata de cuenta y razón. Y si la Filosofía natural nos descubre y manifiesta muchos secretos, ella misma declara los que la destreza tiene. Y pues en esto su primer inventor, en la especulación de cada una, subió tanto de punto las cuerdas de su entendimiento, que los más aventajados en él se han admirado en el orden de la subalternación de las ciencias antiguas con la nuevamente inventada. De la destreza, de que hizo un libro tan curioso y de gusto, cuanto profundo en sentencias: para lo demás que falta, os remito a él, donde podréis, a vuestro gusto, henchir las manos de vuestro deseo. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ43VERDADERA DESTREZA. El señorío que tiene esta destreza. El señorío y la grandeza que tiene es tanta, que el hombre que militare bajo de su amparo, tendrá dominio y poder sobre las voluntades ajenas. Pues, de verdad, no hay llave mayor que le hombre sabio, para abrirlas, y que en ellas le reciban: porque la ciencia que profesa, es causa, que todos le respeten, le amen y favorezcan: sin que en ninguna parte se halle extraño. Que como dice Diógenes: El hombre sabio, es ciudadano de todo el mundo, y en ninguna parte le falta nada: consigo lleva salvoconducto, y carta de recomendación para todos. Y esto confirma Aristipo, en la respuesta que dio a los que le preguntaron, qué diferencia había de un hombre sabio a un necio, diciendo: Enviadlos ambos desnudos, entre gentes extrañas, y veréis la diferencia que hay. Dando a entender, que el sabio, aunque esté desnudo en tierra extraña, consigo lleva el tesoro de su saber: por el cual no le faltarán amigos: y el necio desnudo, no hallará sino quien se ría de él, y aún va en peligro de morir de hambre: porque como las obras del hombre, descubren la grandeza de su ingenio, y la ciencia es un bien altísimo: y el bien, según Aristóteles, la mejor cosa del mundo: porque todos le desean, siendo como es el objeto de nuestra voluntad, por donde quiera que un hombre científico fuere, seguro va, porque lleva provisión para toda la vida: y esto pierde el necio, y otras muchas cosas, que a este propósito se podrían decir. Y con una de Sócrates concluiremos este punto. Dice este doctísimo varón, que la ciencia es un solo bien: y por el contrario, la ignorancia un solo mal. Y la razón es, porque la ignorancia es causa de todos los males que se cometen: y la ciencia de todos los bienes que se hacen. Y porque lo que está de suyo loado, querer darle loor, es, quitárselo. Lo demás que falta en esto, lo remito a vuestro entendimiento. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA44PRIMERA PARTE DE LA LAS PARTES Y SEÑALES EXTERIORES, Y COMPOSTURA EN LOS MIEMBROS QUE HA DE TENER EL QUE HUBIERE DE PROFESAR ESTA VERDADERA DESTREZA, PARA MÁS PERFECCIÓN. Pues hemos dicho las excelentísimas partes, fundamentos, y grandeza de esta ciencia: y se ha probado con razones fundadas en razón, justo será sepáis las que ha de tener el que la quisiere profesar: porque no os engañéis, ni se engañe nadie en entender, que cualquiera, como de árbol sin dueño, podrá aprovecharse de su fruto: y es necesario que en esto haya mucha consideración, y que ninguno se ponga a aprender ciencia, a la cual no tenga dispuesto su ingenio, y en particular a esta, donde tantas partes se requieren. Y porque dudo habrá alguno que se conozca, siendo como es la presunción humana de tal suerte, que el que menos partes tuviere, se imaginará un Salomón en sabiduría, un Aristóteles en viveza de ingenio, un César en ánimo, y un Héctor en fuerzas, y se atreverá a dar quince y falta al que más gozare de esto. Quiero, particularizándolas, decir las partes de que ha de gozar en lo exterior, y señales con que se podrá conocer, porque ninguno se engañe, así los que quisieren aprender, como los que quisieren enseñar. Los hombres que los antiguos Romanos elegían para la guerra, con el deseo que tenían de ser vencedores, y supeditar el mundo, y señorearse de él, los buscaban con tanto cuidado, y los Capitanes los recibían con tanto recato, como si cada uno fuera para capitán, o en cada uno de por sí estuviera el fin de la deseada victoria: y esta era una muy justa consideración, porque la congregación de un ejército, es como la composición del antídoto, que se compone y forma de varias cosas, y ninguna sola de por sí causa el efecto para que se compone, sino todas juntas. Así, que de muchos hombres se juntan muchas fuerzas, y de estas fuerzas se forma una potencia, con la cual todas juntas, hombres, fuerzas, y potencia causan el efecto para que se ordena, que es vencer al enemigo, y rendir el campo del contrario: y por eso los buscaban tales, que cada uno ayudase con su virtud y esfuerzo, sin que hubiese alguno que dañase y acobardase a los demás. Vegecio Re-milit. Porque según dice Vegecio, en el Re Militari, no conviene, que ningún solado se reciba en el escuadrón, sin que primero sea conocido su ánimo y esfuerzo, que de lo contrario resultará daño al que se fiare de él. Y de esto, ejemplo tenemos al vivo en lo que hizo Julio César: habiendo de venir a hablar con Ariovisto, su contrario, y de la República Romana, siendo condición, que no viniese sino con sola la caballería. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ45VERDADERA DESTREZA. Pues quitó los caballos a los Galos (que eran los Franceses) de quien no tenía mucha confianza, y mandó subir en ellos a los mejores y más valientes soldados de la décima legión, de quien tenía entera satisfacción, por el largo conocimiento que de su esfuerzo y valor tenía. Noten los Capitanes. Y en lo que Tito Livio aconseja con gran encarecimiento: Guardaos bien vosotros, los Capitanes, no tengáis en vuestro campo más extranjeros que de vuestros propios soldados. Llama aquí extranjeros a aquellos que no son conocidos. Y de esto otro más vivo ejemplo nos dio Agesilao, Rey y capitán de Lacedemonia, que teniendo hecha alianza y hermandad en armas con otras Provincias, cercanas a la suya, para vencer y ofender a sus enemigos. Oyendo, que sus compañeros se quejaban, que siempre los traía ocupados en la guerra, especialmente, porque ellos eran muchos, y los Lacedemonios pocos: por lo cual Agesilao, queriéndoles demostrar lo contrario, y que los Lacedemonios eran más, aunque menos en número: mandó, que todos los compañeros se pusiesen a una parte, y los Lacedemonios a otra: y luego mandó, que de los compañeros saliesen primeramente los olleros y cantareros: y luego los herreros, zapateros, albañiles y los demás oficiales. Entre los Lacedemonios, ningún soldado podía ser oficial mecánico. De esta manera, casi todos los compañeros se apartaron: pero de los Lacedemonios ninguno se apartó, porque los de esta nación, que eran para la guerra, les era prohibido poder ejercitar, ni aprender arte, ni oficio, que se hubiese de hacer sentado. Y les dijo el Rey: Veis aquí, varones, cuántos más somos nosotros, que vosotros. Mostrando, que no va nada, en que salga gran número de gente a la guerra: más en que sea fuerte, y conocida: y sobre todo muy ejercitada. Y si el parecer de Antístenes, Filósofo, se ha de admitir: dice, que mejor es pelear con bueno, aunque sean pocos, contra muchos malos: que con muchos malos, contra pocos buenos. Y no fiarse de hombres bajos, ni oficiales mecánicos, ni de hombres de poco pundonor, sino de hidalgos, y hombres conocidos en virtud y esfuerzo. Entre los Araucanos, no podía el soldado ser oficial. Que esto propio, y con no menos cuidado hacían los Araucanos, pues en siendo los mancebos de edad para mandar las armas, los ejercitaban en ellas: y siendo suficientes, los recibían para la guerra: y no lo siendo, los privaban del uso de ella, y los echaban a la labranza del campo, con cargo y sujeción de servir a los recibidos al arte militar. Muy diferente de lo que en nuestros tiempos se practica, pues vemos, que si un Capitán hace gente, a cualquiera, que quiere ser soldado, de cualquiera suerte que sea, le recibe debajo de su bandera, solo por hacer mayor número. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA46PRIMERA PARTE DE LA Condición de hombre bajo y ruin. De donde muchas veces, en las ocasiones de veras, (que es donde se muestra el valor de cada uno) que el Capitán se pierde, y ellos se salvan: porque, como el ruin no trabaja por tener honra: ni siente que cosa es afrenta, ni tiene por soca vergonzosa el huir, con facilidad se acoge a él, como a seguro puerto de su cobardía: dejando al pobre Capitán en el degolladero, pagando la justa pena debida al poco cuidado que tuvo en buscar quien le ayudase con valor y esfuerzo y ellos, juzgándose por dichosísimos, en poder llevar la nueva de lo sucedido. Costumbre entre los Lacedemonios con los soldados que huyan de la batalla. Y a fé, de verdad, que si hubiera la costumbre, que entre los Lacedemonios había, que pocos huyeran: porque entre esta nación, a todos los que de la batalla salían huyendo, después sus Capitanes los mataban: porque entre ellos, por mayor mal se tenía huir, que morir. Y por esto decía muy bien Erasmo, que mejor es al Capitán en la guerra, ver, qué gente lleva consigo, y qué tal es la que tiene su enemigo, que no contar el número: porque no de los muchos soldados se ha de fiar, ni los pocos temer: porque la victoria procede, y se alcanza siempre con los buenos, y no de los muchos. Esta verdad nos da bien a entender, con bastante aprobación y desengaño, lo que sucedió a aquel famoso Capitán y caudillo Gedeón: pues yendo a pelear contra los Madianitas, el cual llevaba en su ejército treinta y dos mil soldados. Y le mandó Dios, que no llevase gente cobarde: y que a los que temiesen la batalla, los dejase volver libremente. Publicada esta licencia, y echado este general bando, gozando de él, se volvieron veinte y dos mil, que dando solo diez mil. Y después volvió a mandarle, que de aquellos escogiese los más valientes, y despidiese los otros, dándole seña bastante y cierta para conocerlos: y fue, que los llevase a las aguas, y que los que bebiesen con la mano, tomando el agua en ellas, los eligiese, y con estos solos diese la batalla: y que los que bebiesen de buzas, los despidiese y desechase. Y hecha esta diligencia, quedaron solo trescientos soldados: con los cuales entró en la batalla con los contrarios, y los venció. Lo mismo sucederá a nuestros Capitanes, si en el recibir, o escoger los soldados, fuese con las diligencias de llevarlos a las aguas de algún pequeño peligro, para hacer prueba de su valor y ánimo: pero me admira esta consideración, que si un Capitán, o antes que lo sea, se le ofrece alguna pendencia (que digo pendencia) ir a rondar la calle de su dama, procura llevar amigos consigo, que le acompañen, y guarden las espaldas: y para esto, que sean valientes, animosos y determinados: con ser el caso de no mucha importancia, y sé que cuando van a pelear por su Ley, por su Rey, y por la República: y además de esto por su reputación, y que se contenten en llevar cien Benitillos: que aunque es verdad que los lleva en nombre de soldados, cuyo valor del que es bueno, merece (sirviendo a su Rey y señor) toda la merced que le pueda hacer: ni se precia de sentarlos a su mesa, ni darles su lado: porque ni merecen lo uno, ni lo otro: debiendo LUIS PACHECO DE NARVÁEZ47VERDADERA DESTREZA. entender, que aquel a quien le falta valor para merecer esto, no lo tendrá para librarlo del peligro y batalla que se le ofreciere: y sería mucho mejor llevar cincuenta soldados honrados, que mucho número de estos Antoñuelos: para que cuando acometiere alguna empresa ardua, y dificultosa, y la venciere, le sea mayor honra: y no llevar gente baladí, que le sirva de afrenta: que tan Capitán será con cincuenta hombres, como con doscientos. Y es sin razón grandísima, que a un porquerizo, y otros semejantes, se les da la investidura y honroso hábito y nombre de soldados: pues es propiamente de los Reyes, y hombres nobles. Y por si un Capitán quisiere hacer gente, y conocer los hombres de quien se ha de fiar: y el Maestro, a qué discípulos ha de enseñar, y vea cada uno si es conveniente para esta ciencia, para que el uno no se vea en peligro, y el otro no se canse sin provecho: ni el discípulo gaste el tiempo. Busquen los hombres con estas señales, que lo son de hombres fuertes y esforzados, según lo afirman graves autores, así antiguos, como modernos. LAS PARTES EXTERIORES. Han de tener primeramente, la cabeza derecha, los ojos vivos, despiertos, la voz gruesa, el pecho alto, las espaldas anchas, los brazos rollizos, los dedos fuertes, el vientre enjuto, los muslos gruesos, y nerviosos, las piernas en buena proporción, los pies enjutos, en estatura mediano, en el andar compuesto, de provincia templada, codiciosos de honra, y hacienda. Y que estas partes sean ciertas, y muy necesarias para el hombre que hubiere de profesar las armas, no hay duda en ello: y aunque muchos las han tratado, han sido todas juntas, sin dar alguna causa, ni razón, porque hayan de ser de esta suerte, y no de otra: y por esto, lo mejor que pudiere, las iré declarando, ayudándome de autores graves, cuya autoridad sea la mayor prueba de ello. La cabeza. Y cuanto a la cabeza, conviene que sea proporcionada, por ser el miembro principal, y en quien están los sentidos: y es la atalaya desde donde se mira cómo se ha de gobernar el hombre en sus movimientos, ha de ser igual, porque igualmente comunique su virtud. A todos los demás miembros, a cada cual en su tanto: y a cada miembro, según su oficio, y que esta proporción antes decline a mayor, que a menor. Que esto da bien a entender el parecer de Hipócrates, que dice, que así es mala la cabeza chica, como el pecho angosto. Y Galeno afirma, que la cabeza chica es señal de pobre entendimiento, y de mala forma de cerebro. De suerte, que tener buena forma de cabeza, arguye tener buen cerebro, buen entendimiento, y mucha prudencia. Según aquel Problema que hace Aristóteles, cuál sea la causa de que el hombre sea el más prudente animal, entre los demás. Y responde, que porque tiene más pequeña cabeza, respectivamente del cuerpo: y que aquel será más prudente, el que tuviere la cabeza más proporcionada. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA48PRIMERA PARTE DE LA Platón. Y así mismo, es opinión de Platón, que la que es mediana, ni grande, ni pequeña, en los medios es la mejor: porque el que la tuviere pequeña, sea airado, y temeroso: y la razón, que la cabeza pequeña, se inflama de presto y calienta, y al punto se enciende la sangre y espíritu cerca del corazón, que es de donde nace la ira de la cual procede, no poder discernir ciertamente y con claridad las cosas, y de continuo duda en ellas: y de esta duda, procede temor: porque no puede obrar sus operaciones, que son, imaginar, pensar, entender, y recordar: y faltado esto, falta la confianza: y de esta perdida, no queda ánimo: de cuya falta, se viene a perder la vida, o a lo menos la honra. El cabello. El cabello, ha de ser levantado, o crespo: porque según opinión de los autores, a quien sigo, el atrevimiento procede de complexión caliente y seca, como el temor de complexión fría y húmeda: y el tener el cabello crespo, lo más general es ser atrevido: porque procede, por la mayor parte, de calor y sequedad: y el tenerlos llanos, de frialdad y humedad: y por esta causa el hombre que tuviere el cabello crespo, lo más general será ser atrevido y colérico: y por el contrario temido, y de complexión flemática. La frente. La frente lisa, y sin arrugas, significa hombre, que de su voluntad mueve, y procura cuestiones, por ser de complexión cálida y seca: el cual calor y sequedad hace la frente dura y tiesa, y sin arrugas: y el que tuviere muchas, será de complexión fría y húmeda. Y por esto, en los medios, es la mejor: así en esto, como en la anchura, que ni sea ancha de demasía, ni angosta en extremo. Las cejas. Las cejas, ni muy largas, ni muy enarcadas: porque el hombre que las tuviere muy largas, será arrogante y desvergonzado: porque procede de grande calor de complexión, de la cual procede arrogancia: y así la largueza de las cejas y abundancia suya, casi siempre se puede notar lo dicho, y tenerlo por cierto. Los ojos. Los ojos dan indicio, y muestran las más veces lo que hay en el corazón, pues son ventanas suyas, y por donde entran las especies de las cosas que se desean, o aborrecen: y el calor de ellos arguye la templanza del cerebro, y muestran los ímpetus acelerados, o vigorosos: y tenerlos muy vivos, muestran tener mucho calor: y por maravilla, los que los tienen zarcos [azulados], y graves, dejan de ser animosos y LUIS PACHECO DE NARVÁEZ49VERDADERA DESTREZA. atrevidos: y tenerlos tristes, es señal cierta de faltar calor, que es el que al hombre le hace animoso, atrevido, y determinado. Y porque hay muchas diferencias en los ojos, y cada una importante, diremos un punto de cada una de ellas. Y así, tener los ojos muy hundidos, profundos, o cóncavos, demuestran en el hombre ser traidor: porque según muchos autores, los ojos hundidos y pequeños, previene de pobreza de materia: y así mismo denota ser de complexión melancólica: y como el efecto de esta, sea hacer melancólico al hombre, y juntamente temeroso, y la naturaleza de este humor, engendrado por adustión [pérdida de humedad] de cólera, es hacer al hombre malo, por esta razón dicen, que será traidor, y temeroso: porque la traición hecha en esta profesión de las armas, no se hace sino forzado del vil temor y notoria cobardía: y tenerlos muy saltados, es señal de ser el hombre desvergonzado, hablador. Entendimiento, es discursivo, y juzga cada uno una cosa de por sí, y no todas juntas. Y es la razón, que como por ellos entran las especies de toda cosa (como está dicho) el tenerlos muy de fuera, reciben muchas especies de diversas cosas visibles: y como el entendimiento es discursivo, una a una, y no todas juntas las determina, y en breve tiempo, como aprehende una y otra, y muchas, no las puede juzgar y hablar de ellas con buen juicio. De qué procede la pereza y el temor. El tenerlos muy grandes es vicio y cierta señal, que el tal será perezoso, porque significa abundar muchedumbre de materia flemática, de la cual procede complexión fría y húmeda: y de estas la pereza y el temor: y el tener la niñeta [pupila] grande la dan por señal bastante de ser el hombre perezoso y de poco ingenio, por causa de ser de complexión fría y húmeda: y el que la tuviere muy negra, es cierto que será tímido, porque el temor procede de frialdad de complexión, como hemos dicho: y la niñeta negra significa complexión fría y húmeda. Hombre que tuviere los ojos tristes, no será valiente. Y en conclusión, en viendo hombre que tenga ojos tristes y sin ninguna viveza en ellos, téngase por cierto, que no gozará de aquel calor que baste a darle viveza, y prontitud, y ánimo. Y por el contrario: pero los mejores son aquellos, que son mezclados de negro y blanco, porque los tales son de buena naturaleza y complexión templada: de la cual procede templanza de costumbres, y seguir en todo a la razón, que los tales serán coléricos flemáticos: los cuales saben aguardar con reportación [contención] cuando conviene, y acometer cuando es necesario. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA50PRIMERA PARTE DE LA La voz. La voz gruesa abultada, y no en demasía, pero con alguna gravedad: Galeno. Aristóteles. porque la tal denota en el hombre brío y ánimo, según la opinión de Galeno, que dice, que la voz abultada y algo áspera, que es indicio de mucho calor: y de este parecer es Aristóteles, por lo cual se ha de huir de hombres que tuvieren el habla mujeril y aniñada, que ordinariamente es delgada y flaca: y sin ninguna duda se verá, que los tales por la mayor parte son flemáticos y de poco ánimo: porque el que es semejante a algún animal en alguna cosa, también lo será en la complexión, y participará de costumbres semejantes al tal animal. La mujer conocidísimamente es de poco ánimo, el que en algo fuere semejante a ella, lo propio será. Buen dicho y verdadero. Y por esto decía un hombre grave de nuestra España: Renegad de cuerpo de hombre sano, que tiene habla de enfermo, o de mujer, y huid de mujer que tuviere el habla de hombre, porque al uno la naturaleza trabajó por hacerle varón, y por alguna causa salió mujer: y el otro era para mujer, y salió hombre, porque de ordinario acuden a aquellas inclinaciones: el uno varonil, y el otro mujeril. Finalmente la voz ha de ser un poco gruesa, y esta no la puede haber, si no es en hombres de gran calor y virtud más fuerte, que cuanto más lo fuere, más aire echará afuera al canal del pulmón, que es de donde procede la voz gruesa, según Galeno, y otros autores, que todos afirman, que la voz abultada procede de gran cantidad de aire, que se mueve del pulmón a la garganta, lo cual procede de calor de naturaleza, como está dicho: y teniendo el hombre grande voz, procede de gran calor del pulmón, y del corazón: de donde vendremos a entender, que la voz gruesa se causa de abundancia de aire: y la débil, de la poquedad de él, pero se ha de entender que ha de ser voz natural: y no por accidente , o fingida, porque el que tal hiciere por parecer animoso, verdaderamente su ánimo será fingido: porque las obras de naturaleza se pueden fingir, pero no alterar ni contradecir: pero la tal voz fingida, será fácil de conocer, y mucho mejor en el verano, por ser el tiempo en que el aire está más delgado, y así adelgaza más la voz: y en el invierno más grueso, y así la voz se engruesa más. El pecho. El pecho alto: se deja entender cuán importante sea, pues el corazón (como vulgarmente se dice) es el que manda las carnes: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ51VERDADERA DESTREZA. Ninguna cosa corporal se mueve en cuanto a las potencias del Alma. y es cierto que las manda, porque ninguna cosa corporal, se mueve en cuanto a las potencias del Alma, sino en cuanto al espíritu vital, y este tiene su asiento en el corazón: y este mientras más caliente fuere, más vivo, más presto, más ágil se hallará para cualquier cosa que se le ofreciere: porque siendo el corazón principio y fin del calor natural, y este se distribuya a todo el cuerpo: siendo grande, tiene necesidad de gran refrigerio, para conservarse y poder vivir, porque en él consiste la vida: y esto no puede ser, si no fuere en casa ancha. Galeno. Porque dice Galeno, que es tan caliente de su propia naturaleza, que si estando el animal vivo, pusiésemos el dedo dentro de sus cavidades, sería imposible poderlo sufrir un punto, sin ser abrasado: y por esta causa conviene que sea su morada algo espaciosa en proporción, para que no se ahogue, acabe y perezca. Las espaldas. Las espaldas, han de ser anchas, a quien comúnmente llaman rehecho, para que igualen con el pecho, y así pueda ser refrescado el corazón, en proporción conveniente: porque si fuese muy demasiado de ancho, o de alto en extremo, no bastaría el calor para darlo a tan vigorosa posada: el cual sería como el horno pequeño, o grande, que con el calor con que el uno estaría abrasando, el otro estaría medio caliente: y el tal no gozará de la presteza, ni de las demás partes que pedimos. Los brazos. Los brazos rollizos y bien proporcionados en largura es lo mejor, porque esto procede del calor del corazón, por ser obra muy propia suya alargar y extender, y juntamente dar ánimo: y digo bien proporcionados: porque si fuesen largos, siendo el cuerpo mediano, sería extremo, o vicio de naturaleza, y la fuerza no sería mucha: y si fuesen cortos, siendo el cuerpo alto, tampoco sería bueno: porque se deja entender haber faltado allí en lo necesario. Ser rollizo moderado, es bueno, y demostrará tener fuerza, que es lo que se requiere para el ejercicio de las Armas: y si fuesen muy delgados, no tendrían sustancia, ni virtud: y por esto conviene que sean proporcionados en todo. Los dedos. Los dedos largos, fuertes, y no muy carnosos, denotan fuerza, que así el serlo, como el tener la fuerza: es la causa el mucho calor, como dijimos de los brazos, y pocas veces se ha visto en brazo corto ser la mano larga, ni en brazo largo ser la mano corta: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA52PRIMERA PARTE DE LA Con la fuerza se disminuye el miedo. y así el que tuviere las manos largas, y dedos largos, proporcionadamente, procediendo, como procede, de calor, de quien así mismo resulta el ánimo, será animoso, y tendrá fuerza: con la cual dice Ovidio, que se disminuye el miedo: y si tuviese las manos carnosas, y ásperas, será de grosero Entendimiento, por la razón que se dirá, cuando tratemos de los pies. Y si los dedos fuesen cortos, y carnosos, llanamente tendrán poca fuerza: y esto se ha visto muchas veces en los que quiebran una herradura de caballo: y otras pruebas semejantes, tener los dedos largos, y fuertes, y los nervios de fuera, o a lo menos con poca carne encima de ellos. El vientre. El vientre enjuto, arguye la parsimonia y estrechez de la vida: porque mal puede ser el hombre grueso, si es mucho el ejercicio. Y que el ser enjuto convenga al hombre para la guerra, nos baste por satisfacción, saber que Epaminondas, Capitán Griego, despidió a un soldado de su campo, solo porque era grueso: con el cual impedimento, ni podría acometer a prisa al enemigo, ni alcanzarlo, si huyese, porque con tan pesada carga no puede conseguir la voluntad, lo que desea, con la presteza que conviene. Y habiendo en este ejercicio de traer el cuerpo con tanta velocidad, cuando a una parte, y cuando a otra, llana cosa es, convenir ser el hombre delgado, y no traer consigo peso que le sea de tanta pesadumbre. Los muslos. Los muslos gruesos, y nerviosos, son de mucha fuerza, por ser musculosos, en quien de ordinario hay ligereza: porque con los músculos, se mueve más ligeramente, como se ve cada día en los que corren mucho, que jamás tienen los muslos carnosos, sino gruesos, y con los nervios de fuera. Y que al hombre de guerra convenga ligereza, así para las escaramuzas de arremeter, y retirar, por notorio lo dejo a vuestra consideración. Las piernas. Las piernas en buena proporción: Este término de proporción, que tanto se encarece, tiene tanto rigor consigo, que para haber de gozar cualquier cosa perfectamente de él, ha de carecer de todo vicio, y ni ha de tener cosa mala, ni le ha de faltar cosa buena: y la pierna para serlo, ha de ser bien sacada, con su facción de pantorrilla, y la garganta de ella ceñida: y esta es la que se puede decir en buena proporción, y el que así la tuviere, será hombre ligero, veloz en sus movimientos, y de cualquier extremo que participare de gruesas en demasía, será pesado y torpe, y sus movimientos serán tardos: y si fueren muy delgadas, no tendrá fuerza ni vigor en ellas. Y supuesto lo dicho, en buena proporción es lo que se requiere. De esto en particular gozan los que son estevados (piernas arqueadas), que lo más general es tenerlas bien LUIS PACHECO DE NARVÁEZ53VERDADERA DESTREZA. sacadas, de quien comúnmente se dice ser buenos hombres a caballo: y siéndolo, no repugna para nuestro ejercicio, antes será aventajado en lo uno, y otro. Los pies. Los pies enjutos, procede, según opinión verificada de los que tratan esto, de ser el cuerpo musculoso, y de templanza calienta y seca: la cual juntamente con el ejercicio no deja criar mucha carne en los pies, ni manos: en las cuales partes no hay sangre en abundancia: y si fuesen carnosos y muy gruesos, procedería de humores gruesos, de los cuales también se engendran espíritus gruesos: y el Entendimiento de tal, será grosero, además de que por su torpedad, y carga, no podrán servir al Entendimiento y Voluntad, como conviene, ni conseguir a su intento con la velocidad que piden los casos tan acelerados y repentinos de la guerra. La estatura del hombre ha de ser mediana. La estatura, me atrevo resolutamente a decir que ha de ser mediana: Platón y Aristóteles. porque sigo en esto el parecer de Platón y Aristóteles, que dicen, que la mejor estatura es la mediana, que no sea grande con exceso, ni chico con extremo: y si de alguna de estas hubiese de participar, de menos daño sería inclinarse a pequeña: porque según opinión de los dichos, los muchos huesos y carne dañan al Ingenio: Pocas veces hay ciencia en cuerpos grandes. además de lo que afirma el Derecho, que pocas veces hay ciencia en cuerpos grandes. Y conforme opinión de Filósofos, el hombre pequeño, es más prudente que el muy alto: y sin ninguna duda los hombres de buena estatura llevan muchas ventajas a los demás que participaren de algún extremo. Y así dice Tito Livio, que los Romanos no eran muy altos de cuerpo, más que eran medianos, esforzados, prudentes y sabidos en las armas. El andar ha de ser compuesto. En el andar compuesto: que esto sea mejor se podrá conocer, considerando en algunos hombres cuán poco brío tengan, que parece, que se les va cayendo cada cuarto por su parte: los pies arrastrando, el cuerpo corcovado [encorvado, jorobado] por causa de su poco brío, los pasos espaciosos, y con extraña desgracia, que todo es muestras de hombre grosero, perezoso, flemático, y no de mucho ánimo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA54PRIMERA PARTE DE LA Nota. Y por el contrario otros, que en el echar el pie, es con una gracia y compostura, que aficiona: el cuerpo, y rostro derecho, sin hacer extremo con él: el paso un poco acelerada, con moderación: todo lo cual es muestra de hombre colérico y animoso. Finalmente, para que no haya más que decir, ni más que desear, sea en todo proporcionado, sin que participe de ningún extremo que le afee. Pues para decirse un hombre perfecto en lo natural, es necesario, según Tulio, lib.I. de offic. Y santo Tomás I.part.quest.39.art.8 se componga de todas sus partes y miembros enteros y perfectos y bien dispuestos, sin que en ninguno haya desigualdad extrema. Conviene así mismo (en particular los que hubieren de seguir la Milicia) que sean codiciosos de ganar honra y hacienda: porque con esta codicia acometerán cualquiera empresa, por ardua que sea. Que estos eran los soldados que Catón Uticense quería, como lo refiere Plutarco en la vida de Marco Mario. Hombres para la guerra han de ser de provincia templada. Y si pudiese ser que fuesen de provincia templada, sería mejor, porque el tal sería animoso y prudente: por lo que participare la tal Provincia de caliente, gozará de ánimo, y por lo que tuviere de seca, será prudente, Aristóteles. según opinión de Aristóteles: que dice, que la prudencia consiste en frialdad, y el ánimo y valentía en calor: En tierras calientes nacen cosas calientes, y en las frías, frías: y en las templadas frías y calientes. y así mismo dice, que en las tierras calientes nacen las cosas calientes, y en las frías nacen frías, y en las templadas frías y calientes: y confirma esto lo que dice Ibn Rushd [Averroes], Médico, que por accidente nacen cosas calientes en lugares fríos, y cosas frías en lugares calientes: y cuando más en particular quisiere el discreto maestro y prudente Capitán conocerlos, será con esta consideración: que el hombre de provincia fría, siendo moreno y velludo, será valiente: porque se podrá entender, que el tal será colérico: y el que fuere bermejo de tierra caliente, teniendo la frente ancha y alta, a manera de frente leonina, también lo será. Y porque Aristóteles pone otras muchas señales, en el libro llamado Fisonomía, en él las verá, y considerará el curioso más copiosamente. Todo lo cual no es tan preciso, que no falte algunas veces: pero por la mayor parte suele suceder en general, como lo prometen las señales: aunque esto de las provincias, más es para saberlo por curiosidad, que para pretender juntar muchos hombres tales: y esto baste para entender, que mientras más proporcionado el hombre, más compuesto, mejor rostro, más grave, será mejor para tratar esta destreza: y sobre todo, la mejor señal para conocerlos, según Galeno, es ser el hombre virtuoso y de LUIS PACHECO DE NARVÁEZ55VERDADERA DESTREZA. buenas costumbres: porque ser malo y vicioso, afirma Platón, que nace de tener el hombre alguna calidad destemplada, que le indigna a obrar mal: y por contrario el bien compuesto y templado, le inclina a obrar bien, que los que también se requiere: para después de sabida esta ciencia, como se dirá en el aviso particular, que daremos de la razón que ha de tener el diestro para pelear. LAS PARTES INTERIORES QUE HA DE TENER EL DIESTRO PARA MÁS PERFECCIÓN. Ha querido pues naturaleza, por aquestos rastros y señales que hemos referido, manifestar y declarar por muy conjeturables barruntos, las propiedades de los hombres y sus inclinaciones secretas, que Dios y naturaleza pusieron en ellos: y no sin falta de consideración: porque siendo cosa cierta, como lo es, que las intenciones de los hombres y sus interiores inclinaciones, no puestas en acto, ni ejercicio, no las puede conocer otro que Dios, para que el hombre tuviera algún alivio de saber y conocer conjeturablemente aquel a quien nunca trató ni vio: así para el ministerio de la guerra, como para otros oficios, quiso poner en él estas notas y señales: por las cuales se conociesen poco más, o menos su complexión, su calidad e inclinación particular, por la compostura de los miembros: aunque no por lo dicho cerramos la puerta a uno que habrá entre mil, que le falte alguna parte de las dichas en el exterior, y las interiores sean mejoradas: porque muchas veces la naturaleza pasa de un extremo a otro, sin quedar en ninguno de los medios: poniendo señales diferentes de las inclinaciones particulares: Señales en Sócrates diferentes de las obras. como las tenía aquel insigne Filósofo Sócrates que si por las señales le hubieran de juzgar, no tenía cosa buena: y si a las obras le hubieran de mirar, no le hallarán cosa mala: y a este propósito se sabe, que mirándole un hombre, que por la fisonomía del rostro conocía, sin errar la condición de cualquiera, afirmó, que tenía muestras de hombre basto, necio, lujurioso y embriago: porque tales eran las señales que en él había. Nota. Y enojándose los amigos de Sócrates, le maltrataran, por lo que había dicho, de quien ellos tanto querían, si el Filósofo no los detuviera, diciendo: Deteneos amigos, que os hago saber, que este en todo ha dicho verdad: porque yo había de ser tal como dice, si no me diera de voluntad a la Filosofía: la cual me ha hecho tal como me veis, y me ha trocado del que había de ser en el que soy: y mediante ella he roto con las inclinaciones que naturaleza en mí puso. Y en esto dio bien a entender la potestad del libre albedrío, el señorío y grandeza que tiene para predominar sobre las malas inclinaciones: pero, como hemos dicho, este fue un extremo de naturaleza, que LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA56PRIMERA PARTE DE LA raras veces se verá: porque es obra muy particular, y lo primero general. Y pues hemos dicho las señales que ha de tener el hombre en lo exterior, por las cuales vendremos a conocerle, elegirle, o reprobarle para este ministerio y ejercicio de las armas, vengamos a las interiores, que son de no menos importancia, antes de mucha más: pues cada una de ellas en la república del alma tiene su oficio particular, mediante el cual se gobierna, sirviéndole algunas al hombre de consejo en lo presente, otras de prevención a lo por venir, y otra de depósito de todo: y son de tanta importancia, que cualquiera de ellas que le falte, no saldrá perfecto en la ciencia: porque cuanto es más excelente el alma que le cuerpo, tanto más lo son las partes interiores que las exteriores: y entended, que faltándole algunas de estas, las interiores suplirán su falta: pero si de estas faltare alguna, todas las exteriores juntas no podrán remediar la más pequeña falta que hiciere, como se podrá probar con este ejemplo. Un hombre, en la compostura de los miembros, tiene las partes referidas, sin que le falte alguna, y de las interiores ha alcanzado, Entendimiento claro, Ingenio agudo, y gran prudencia: pero le falta la Memoria, que es el seno donde se guarda el tesoro de las ciencias, para de allí sacar, y distribuir conforme a la necesidad que se ofreciere, todo se perderá: Oficio del Entendimiento y de la Prudencia, y Memoria. porque como el oficio del Entendimiento, sea mirar, y determinar las cosas que la Memoria le representare, y la Prudencia disponerlas con diligente consideración, y el Ejercicio facilitar aquello que las tres le mandaren, sin que ninguna haga más que aquello que tiene a su cargo: faltando la Memoria de representar, dejará el Entendimiento de determinar, la Prudencia de disponer, y el Ejercicio no tendrá en qué ocuparse, pues ninguno tendrá que hacer: y por el contrario goza de todas las interiores: pero le falta una, que es tener el brazo corto, o el pecho angosto: las interiores suplirán la falta, como no sea notable. Y porque estas partes las entendáis, sabed, que son, Entendimiento, Ingenio, Memoria, Prudencia y Ánimo. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ57VERDADERA DESTREZA. EL ENTENDIMIENTO Y SU OFICIO. La Primera parte, y más principal es el Entendimiento, que como principal potencia del Alma, puso a su cargo, y tiene por oficio contemplar siempre en la verdad, como en principal objeto suyo. Según lo testifica san Agustín, diciendo, que el Alma tiene tres potencias, Entendimiento, Memoria y Voluntad: y del Entendimiento dice, que tiene por oficio comprender y abrazar todo lo que ha contemplado: y de la Memoria dice, que tiene por oficio conservar, guardar, o retener las especies de las cosas: y de la Voluntad el apetecer y amar lo que el Entendimiento le propusiere: se suerte, que como sea oficio del Entendimiento contemplar la verdad de las cosas, él nos sirve de consejero en las que tratamos: y especialmente nos enseña él cómo nos hemos de haber en todas las cosas: y lo propio en este Ejercicio de las Armas, de que vamos tratando, para no errar, así en lo que ha de hacer, como de lo que ha de huir. El consejo es cosa sagrada. Y es de tanta majestad el consejo que el Entendimiento da, que le es muy debido aquel esclarecido nombre, que diversos Griegos le dan en decir: que es cosa sagrada: porque el consejo, no solo determina el fin de las cosas, sino también los medios por donde se viene al fin. Y así nos avisa Salustio, que tomemos primero consejo, y tomado, lo efectuemos con diligencia: porque las cosas que consigo traen gravedad, y peligro, no con facilidad las determina un hombre sabio: y de este parecer es Tito Livio, que en el principio de toda cosa, es necesario tomar consejo, y en la obra de ella tener osadía: y pues el consejo, que se requiere en los casos que repentinamente se ofrecen en las armas, no ha de ir a pedir al amigo ausente, por el peligro presente, y el Entendimiento es el que lo ha de dar: conviene, como hemos dicho, que lo tenga bueno: además de que en varios sucesos, varios consejos son menester, y solo el Entendimiento los podrá dar, con una presteza, que él solo la puede comprender: El Entendimiento es más veloz que ningún otro sentido. Porque es su velocidad tanta, que ninguno otro sentido lo puede alcanzar: como lo dice Tales, Filósofo, que preguntándole: cuál era la cosa más ligera que había. Respondió, que el Entendimiento, porque de su naturaleza es tan ligero, tan presto y agudo, que ni tomaba trabajo en discurrir por la tierra, ni corría peligro en pasar el mar. Se ve esto maravillosamente: porque en descubriendo el Entendimiento alguna dificultad, o peligro, acerca de las cosas que pretende saber, o inquirir, al punto la facilita y allana, y mil peligros que se ofrezcan, da mil consejos con que librarnos de ellos: y pues no puede dar ninguno más verdadero consejo que el que tomare para sí: y el que el Entendimiento da, podemos en cierta forma decir, que para sí lo toma: tomémoslo, que es el verdadero amigo, y el que más desea nuestra conservación: y pues él ha de ser el consejero, y a cuyo cargo ha de estar esto, si el hombre lo tuviere bueno, buen consejo le dará, y si malo, lo propio: y lo uno y lo otro se ve cada día por experiencia. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA58PRIMERA PARTE DE LA Objeción se podrá poner. Aunque por lo dicho, me parece diréis, que me contradigo claramente en pedir Entendimiento, que sea capaz de dar consejo, pues al principio digo, que los que han de aprender esta ciencia, han de ser mozos, y en ellos pocas veces se halla, respeto, que el consejo es hijo de la edad larga, y de la prudencia: Nota. a lo cual respondo, que se han de buscar, que aunque sean mozos, tengan entendimiento de viejos, y huir de viejos que tuvieren entendimiento de mozos: que de unos y otros se hallarán muchos, que la juventud virtuosa y bien inclinada, discreta y de buen natural, tiene viejos pensamientos en edad temprana, mirando el fin de las cosas en que pone principio con mucha consideración y prudencia, y los efectos que hacen el Entendimiento a gente, posible, especulativo y práctico, es más para Filósofos, que para diestros: y mi intento es tratar con lenguaje ordinario y llano esta materia: el que fuere aficionado a saberlo, vea el libro del Comendador Jerónimo de Carranza, donde verá a este propósito y otros muchos, lo que pudiere desear. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ59VERDADERA DESTREZA. EL INGENIO Y SU MUCHA IMPORTANCIA. No me parece será salir de nuestro propósito, habiendo dicho del Entendimiento, principal potencia del alma, tratar del Ingenio, y cuán importante le sea al hombre que quisiere ser diestro: pues es parte casi no menos importante que la primera: y que en cierta manera tiene un parentesco con el Entendimiento, y las más veces andan juntos: Nación Italiana se precia de mucho ingenio. Pirro Rey de los Epirotas tuvo grande ingenio. De este se precian los de nación Italiana, y de las demás es estimada por tener gran viveza de ingenio: y los Historiadores antiguos engrandecen e ilustran a Pirro Rey de los Epirotas, de que tuvo grande y agudísimo Ingenio. Y es prueba de ello haber sido el primero que enseñó a formar campo. Y de Julio César también dice Quintiliano y otros autores, que tuvo admirable Ingenio: Carlos V, Felipe II, su hijo, y Felipe III, su nieto, tuvo y tienen grande Ingenio. y en nuestros tiempos, el invictísmo señor nuestro Carlos V Emperador de Romanos y Rey de las Españas: pues de Felipe II, señor nuestro, y dignísimo Rey de las Españas, y de la mayor parte del mundo, hable todo él: pues conocidamente su Ingenio es más que humano: y si no cayera en el vicio de loar aquello que de suyo está loado, dijera de su nieto Felipe III Príncipe y señor nuestro, cuyo Ingenio sobrepuja con mil ventajas a su tierna edad: teniendo juntas en sí todas las partes que muchos Príncipes han gozado, haciéndole merecedor de mil Reinos, si los hubiere tan poderosos como el suyo. Y otros muchos, de quien las historias están llenas, que además de ser dotados de gran Entendimiento, admirable prudencia, Memoria eterna, tuvieron excelente Ingenio en el arte militar, donde tanto se aventajaron, y tan famosas victorias alcanzaron: sin el cual fuera imposible. Este, en los hombres es fácil de conocer: Desde la mocedad, da muestra el Ingenio. Séneca. Ingenio es menester que sea inclinado a lo que se aprende. porque, como dice Séneca, dentro de la mocedad, da muestras y señales: y aunque algunas veces es inclinado a mal, y elige lo peor primero, con el freno de la razón, y las riendas de la prudencia se ha de corregir, teniendo puesta la Voluntad en alguna virtud: porque allí trabaja con más cuidado: y en lo que se ocupa el Ingenio en eso sabe. Este, según algunos Doctores que de esto tratan, es menester que sea inclinado a la ciencia, o arte que quisiere profesar, y en todo tienen conocida razón: porque no hay ciencia ni arte, que el hombre se ponga a estudiar, que faltándole el Ingenio salga con ella, aunque trabaje en sus preceptos toda la vida y todas las diligencias que pusieren, serán perdidas. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA60PRIMERA PARTE DE LA Por qué el diestro ha de tener buena imaginativa. Otro autor de nuestros tiempos, dice que el que hubiere de profesar el arte militar, ha menester buena imaginativa, para con ella obrar como convenga: y dice bien, porque como se ha de hacer un escuadrón, formar un campo, sacar mangas, hacer escaramuzas y otras cosas convenientes a este propósito, ha menester gozar de buena imaginativa, para obrarlo, según y cómo el tiempo, sitio, o número de enemigos, lo dispusiere. Lo universal no ha menester imaginativa, porque es obra del Entendimiento. Y lo propio es para la Destreza, de que tratamos, que es combatirse uno a uno (en cuanto a los particulares) que en lo universal, no es menester imaginativa: porque es oficio del Entendimiento: y por constar de tan ciertos fundamentos, como son la Aritmética, Matemática, y Geometría (como adelante trataremos): pero en los particulares, como hemos dicho, es necesario la imaginativa, para formar una treta, u otra que más convenga y más contraria sea a la complexión de que el contrario participare: y así el que mejor imaginativa tuviere, formará mejores tretas. Ingenio ha de tener tres partes. Y volviendo al Ingenio, sabed que ha de tener tres partes. La primera, es facilidad, para comprender los preceptos de esta ciencia: porque de no ser con esta disposición, será lo que dice Séneca, que por demás se dice lo que el oyente con su Ingenio no alcanza. La segunda, ha de ser copioso en fabricar muchas tretas: no contentándose con solo una, ni hacerla muchas veces, por el peligro que podrá resultar, que es lo que quiso remediar. Ley de Licurgo le conviene guardar al diestro. Licurgo Legislador de los Lacedemonios en una ley, que inviolablemente mandó guardasen los Capitanes, que ninguno de ellos pelease con su enemigo muchas veces, y la razón era, porque no aprendiesen sus tretas y ardides de guerra con que vencía, y con ellas fuesen vencidos. Este propio peligro tendrá el Diestro, que haciendo una misma treta muchas veces, el contrario la verá y aprenderá: y cuando no le ofenda con ella, al menos procurará algún remedio, para que si el diestro quisiere volver a hacerla, no tenga efecto: pero haciendo muchas y diversas tretas, con la variedad de ellas, el contrario se amedrentará, viendo que el remedio que tenía prevenido para aquella herida, que vio hacer, no se aprovecha de él, por ser otra la que se le hace, luego, y jamás hallará punto cierto en que poder aplicar algo de su defensa, que tenga prevenida. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ61VERDADERA DESTREZA. Ingenio del diestro ha de ser fácil en el inventar. La tercera, que sea fiel: porque así como el amigo, que no lo es en sus consejos, antes daña que aprovecha, así el Ingenio, que con facilidad no inventa lo que más conviene al diestro, con facilidad perderá la vida, como se ha visto muchas veces. Conviene así mismo que sea bien inclinado: porque la inclinación que al principio tomare el mozo, aún cuando viejo le durará. Ingenio se descubre por las palabras. Esto verá el que fuere curioso por algunas señales (que adelante diremos) y más en particular, en las palabras que hablare: porque en ellas se descubren las costumbres y secretos del Alma. Y que esto sea cierto, se puede ver en lo que le pasó a Sócrates, con un hijo de un caballero, que fue llevado a su presencia por mandado de su padre, para que viese el Ingenio que tenía: y este discreto varón le dijo al muchacho, habla mozo, para que te vea: dando a entender, que el Ingenio del hombre, no solo se conoce en el rostro, mas también en el habla y la razón. Y que esto le sea importante al que hubiere de ser diestro, se deja entender: Las obras del Ingenio son más agradables que las de las fuerzas. porque cuanto son mayores las obras del Alma, que las del cuerpo, vienen a ser más agradables las que hacemos con el Ingenio, que con las fuerzas, y no todos gozarán de Ingenio que sea bueno: porque dice san Agustín, que nacer uno con buen Ingenio, es don particular de Dios: y Sócrates solía decir, que los mozos que son bien acondicionados y de buen Ingenio, se pueden llamar hijos de Dios: porque el Entendimiento es divino, por participación, y los que este tienen aventajado, cosa divina se puede llamar. Y sea la conclusión de este punto, que así le es importante al hombre, para ser diestro, el tener buen Ingenio, como para determinar las cosas, el sentido de la vista. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ63VERDADERA DESTREZA. LA MEMORIA Y SU IMPORTANCIA. Habiendo dicho del Ingenio, parte importantísima para el Diestro, sabed que la Memoria, de que ahora tratamos, es de no menos importancia para serlo: Memoria es arca donde se guardan las ciencias. por ser esta el arca y depósito, donde se guardan el tesoro de las ciencias, que se aprenden, conforme la definición de san Agustín, que ya he referido. Dícese memoria, en cuanto tiene oficio de conservar aquello que el Entendimiento trabaja: porque no haciendo esto, es imposible poder obrar, ni salir perfecto: así como si uno ganase mucho dinero, y no lo guardase, jamás sería rico: así un diestro, por mucho que estudie, y por muchas tretas que le enseñen, como no tenga Memoria que guarde, y a su tiempo represente, el trabajo que pusiere, será sin provecho, En balde se aprende si se olvida lo aprendido. como lo afirma Quintiliano que en balde aprendemos y somos enseñados, si se nos olvida lo aprendido: y el propio dice, que la primera señal de buen juicio en los mozos, es tener Memoria: Por qué los niños tienen gran memoria. y como hemos dicho, es bien que se aprenda cuando mozos, que es el tiempo en que la Memoria está más dispuesta, conforme doctrina de Avicena, que dice, que la causa porque los mancebos tienen gran Memoria, y se les acuerda de lo que vieron o supieron, es por tener el Ánimo reposado, y sin carga de cuidados. Santo Tomás. Y Santo Tomás da una razón (al fin como suya) que como los niños y mancebos, las más de las cosas que ven, a ellos son nuevas, y les parecen grandes, por la poca experiencia que tienen, que aquello es causa de quedarles fácilmente en la Memoria. Aristóteles. Problema. Y en este punto hace Aristóteles un problema, cuál sea la causa, que siendo uno viejo tiene mucho Entendimiento, y cuando mozo aprende más, y con más facilidad: al cual responde, que la Memoria del viejo está llena de tantas figuras como ha visto y oído en el largo discurso de su vida: y así queriendo echarle más, no lo puede recibir, porque no hay lugar vacío donde quepa: pero la de los mozos, como hace poco que nacieron, está muy desembarazada, y por esto reciben presto, y retienen LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA64PRIMERA PARTE DE LA cuando les dicen y enseñan. Y no entendáis que consiste en tener Memoria de las palabras que usan ordinariamente los Maestros, a lo que ellos llaman plática, sino en entender hasta dónde puede llegar el fin de la Teórica, y práctica, La diferencia que hay del Filósofo al Orador. habiendo la diferencia que dice Aristóteles que hay del Filósofo al orador, aunque ambos estudian Filosofía, porque el Filósofo pone todo su estudio en saber la razón y causa de cualquier efecto, y el Orador la pone en saber el efecto, y no más. Así que el diestro ha de procurar lo propio, previniendo la variedad de las heridas, y las circunstancias de ellas, así del tiempo como de la persona, lugar, modo, materia, y causa: todo lo cual hace muchas veces alterar la ejecución de la herida: y si el diestro no tiene Memoria para en cualquier estado que se hallare con su contrario, sacar de su seno treta formada, o para quitar o poner más o menos partes al movimiento, o dilatar o impedir el del contrario, caerá en mil errores si solo quisiere seguir la plática. Y así mismo le conviene saber muchas tretas (como ya hemos dicho) y antes que eche mano, de la que fuere menester, e hiciere a propósito para el caso en que se hallare, debe la Memoria representarle al Entendimiento el caudal suyo, para que elija la que más convenga, conforme la disposición del contrario; para que el Entendimiento disponga a la voluntad una proposición universal, a que siga aquello que fuere para su conservación: y para esto es menester tener gran Memoria, que guarde tan gran número de tretas, como encierran en sí los particulares, de quien ahora tratamos. Lo universal no es por causa de lo particular. Y también os digo que es provechoso para lo universal, no porque sea por causa de ellos, pero porque el diestro, estará más ágil, y dispuesto con el ejercicio: Memoria se acrecienta con el ejercicio. además de que dice Quintiliano que con el uso y ejercicio se acrecienta la Memoria. De esta fueron dotados muchos varones, y por ella muy honrados y estimados: como lo fue aquel gran Mitrídates, que teniendo un ejército, casi innumerable de hombres, tenía de memoria todos los nombres de ellos. No menos maravilla, que haber aprendido veintidós lenguas, y cada una hablarla tan bien como la materia. Apio Claudio tuvo gran Memoria. Y Apio Claudio, aquel que pretendía la Censoría Romana daba por partes meritorias, para merecerlo ser, poder saludar a todos los Romanos, a cada uno con su nombre. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ65VERDADERA DESTREZA. Cinas Embajador de Pirro tuvo gran Memoria. Y aquel famoso Cinas, Embajador del Rey Pirro, yendo a Roma a tratar, paces entre él y los Romanos tenía tal Memoria que en un día conoció a casi todos los ciudadanos Romanos, y sabía sus nombres, y a cada uno hablaba particularmente. Temístocles deseaba Arte para olvidar. Y aquel famoso Temístocles, que deseaba Arte para poder olvidar: tanto era lo que sabía de Memoria, y tanto retenía en ella, que en tiempo de un año aprendió la lengua Persa, y la hablaba con tanta perfección como la suya. El Rey Felipe II tuvo gran Memoria. Pues en nuestros tiempos, no hay más que decir, que de nuestro Rey y señor Felipe II cuya Memoria admira y espanta. Y por último encarecimiento de millones que se pudieran traer, se podrá decir este: que siendo Príncipe tan poderoso: y teniendo el señorío de tantos Reinos y provincias, y viniendo a su Real Corte, tanta variedad de hombres: habiendo uno alcanzado licencia para entrar a su Real presencia a cierto negocio, después, al cabo de cinco años, yendo camino, volvió a ver a este hombre, y le conoció y nombró por su nombre. Cosa digna de admiración: que no siendo este hombre de cuenta, o que le hubiera hablado muchas veces: de solo una, y tan breve, ¿al cabo de tanto tiempo conocerle? Qué dijo Cicerón de la Memoria. Y fue siempre tan estimada la Memoria, que de ella dijo Cicerón, que es argumento de la inmortalidad del Alma, y divinidad del hombre. Otros la llamaron tesoro de las ciencias, y madre de la sabiduría. Y finalmente la Memoria es una potencia natural, conservadora de las especies pasadas: como por ejemplo, acordarme hoy de lo que vi ayer. Autores que tratan de la memoria. Si más excelencias quisieseis saber de la Memoria, leed a Cicerón en sus Tusculanas, y a Quintiliano en el libro II de sus instituciones, y los autores que cita y trae Iuane Camertes sobre el capítulo 7 de Solino. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ67VERDADERA DESTREZA. LA PRUDENCIA Y SUS PARTES, Y DE LO QUE SIRVE AL DIESTRO. La Memoria, de quien se ha tratado, bien se conoce cuán importante le sea al diestro: pero sabed que a su cargo no tiene más de guardar lo que se aprende, y representar a su tiempo (como está dicho). Pero el disponer las cosas de tal modo, y en tal tiempo que aprovechen, incumbe a la Prudencia, que como fiel gobernadora, distribuya con mucha consideración el caudal que está depositado. De esta, hablando muchos Filósofos de su nobleza y calidad, son tantos los atributos honrosos que le dan, que merece que la deseemos con todas las fuerzas de nuestro Entendimiento: Atributos de la prudencia Aristóteles Éticas. Particularmente Aristóteles en el libro de las Éticas define la Prudencia, con este encarecimiento: La Prudencia es un verdadero hábito con dirección de las cosas agibles [factibles], que son al hombre buenas y malas, y en otras partes dice, que es una virtud de Ánima, que nos da a conocer los males y los bienes, haciendo una representación de todo al Entendimiento. Y para mayor encarecimiento concluyen, diciendo, que la virtud de la Prudencia es tan excelente, que no puede tener perfección el que de ella careciere: porque ella reprime los ímpetus desordenados, quieta el ánimo, da consejos al Entendimiento en los trances arduos y dificultosos: corrige la voluntad en muchas cosas que desordenadamente desea: y nos dispone para obrar lo bueno, y huir de su contrario. Tulio I de oficio. Ella es (según Tulio en primero de oficio) un obrar justo, según en la disposición del lugar, el tiempo, y de las personas. Es derecha razón de nuestras operaciones y juzga ser justo, o injusto, lícito o ilícito, según ve la necesidad de los tiempos: con ella ve el hombre las cosas presentes, y considera las pasadas: y comparando las unas con las otras, viene a entender las que están por venir: y así fácilmente conoce el curso de la vida, y previene las cosas necesarias. Ella es llave de los cinco sentidos, y es una virtud particular sobre las otras virtudes. Y esto bien decía el Filósofo Bión, que la virtud de la Prudencia, es de tanta excelencia sobre las otras virtudes, cuanto el sentido de la vista sobre los otros sentidos. Esta tiene tres partes, todas, y cualquiera de ellas importantísimas al diestro: Memoria de las cosas pasadas, para por ellas juzgar las presentes, y futuras: Inteligencia de discernir lo verdadero de lo falos, escarmentando en los daños que ha visto padecer a otros. Y finalmente, ordenar todas sus cosas a bien, y gobernarlas por razón: y es mucha cordura en el hombre prevenir lo que está por venir, con la experiencia de lo pasado: porque las cosas que a sus principios no son bien miradas, algunas veces suceden bien, pero no todas tienen buenos sucesos. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA68PRIMERA PARTE DE LA Y así le conviene al diestro, aconsejarse siempre con la Prudencia en cualquier cosa que hubiere de hacer: porque de lo contrario, le sucederá lo que dice Tito Livio, que el fin adverso de las cosas, es maestro de los ignorantes, y el que a los necios hace avisados: y es mejor prevenir los inconvenientes y engaños, que el contrario puede hacer de una vez que de muchas: porque el diestro, prudente, en cualquier ocasión que se le ofrezca, primero ha de prevenir, no solo lo que acaece más ordinario: pero lo que puede acaecer teniéndolo todo presente, considerando, que lo que no se espera, viene más veces, y que todo aquello se debe pensar cuanto suele acaecer, para que cuando viniere, esté prevenido: y ninguna cosa por nueva que sea, le perturbe o altere: porque será sin fruto, el remedio y consejo que al fin tomare, y pues según algunos autores Griegos: los acontecimientos dan mejores consejos que las gentes. Larga experiencia tenemos de lo que cada día pasa: escarmentemos en ellos, pues es cierto que la caída del primero avisa a los que vienen detrás, que ninguna disculpa tendrá el diestro de menor descuido que haga, pues por pequeño que sea, puede suceder desgracia de perder la vida: y pues tenemos tan buen maestro como es el tiempo: que como dice el Filósofo Tales, es el que más sabe, pues él solo halla las cosas nuevas, y renueva las pasadas. El que tratare de Destreza, aprenda de él: porque a su pesar no le haga la adversidad de los fines, obedecer por fuerza a la razón: porque al hombre diestro, no le es permitido decir: No pensé. Y finalmente entended, que las partes dichas, y las más que diremos, aunque el diestro las tenga, le serán de poca importancia, y le aprovecharán poco, si no fuere prudente. PUNTO PARTICULAR DEL ÁNIMO Y SU IMPORTANCIA. Estas cuatro partes, de que hemos tratado, que son las que siempre asisten en la república del Alma, las dos son principales potencias suyas (que son Entendimiento y Memoria) y el Ingenio y Prudencia, son agentes suyos, pues los efectos de inventar el uno, y determinar el otro, es mediante la causa principal, que es el Alma. Digamos ahora del Ánimo, que es una de las principales partes que ha de tener el diestro: porque así como el Ánima da vida al cuerpo, así el Ánimo la da a las determinaciones, que el hombre hace en su Voluntad. Y así como el caballo no solo se le pone freno para reprimir y detener sus furiosos movimientos, sino que también se le pone espuelas: así el diestro aunque tenga el freno de la Prudencia, para refrenar las aceleradas determinaciones en los casos que convengan: también le importa tener las espuelas del Ánimo, para las ocasiones, que después de ofrecidas no pudiere obviar: porque habiendo presupuesto, que el que profesare esta ciencia, ha de ser hombre noble: cosa conocida es que ha de carecer de cuatro cosas, que don Antonio de Guevara dice, carecen los caballeros y hombre nobles, que son vileza, malicia, mentira, y cobardía, que esta jamás la puede haber donde hay nobleza: porque como el caballero sabe, que por la honra ha de perder la vida: y que no muere sino cuando pierde la honra, y no hay donde la pierda más vergonzosamente que huyendo, primero perderá mil vidas, que volver pie atrás. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ69VERDADERA DESTREZA. Los de Numancia, que hoy es Soria, fueron tan Animosos en la guerra, que jamás se vio, que ninguno volviese las espaldas, y antes morían que imaginar huir. Y los Persas tuvieron esta propia virtud: y aquel famoso Anteo, grandísimo Ánimo fue el suyo, y el Cartaginense Aníbal, su Ánimo fue invencible: y en todos estos, vino a suceder nuestra gente Española, como lo testifican las celebradas victorias que han ganado, y ganan cada día con valeroso esfuerzo, de que ha sido causa el grandioso ánimo, de que son dotados los hijos de nuestra España, y pues que el Ánimo, considerado, vence a todas las cosas, se puede entender cuán necesario le sea al diestro: porque no es fuerte, ni animoso aquel a quien en la dificultad y peligro no se le aumenta: que de hombres bajos e ignorantes es temer, aún donde no hay peligro: muy al contrario del noble, que en el mayor peligro, allí se anima más: que no haciendo esto, sería dar lugar, a que le acaeciese, por falta de Ánimo, lo que no lo sucediera teniéndolo. Este mostró bien Leónidas Capitán Lacedemonio, estando con su ejército en campaña, que llegando a él uno de los suyos aceleradamente, y mostrando mucha alteración, le dijo Leónidas, los enemigos están cerca de nosotros. Al cual respondió animosamente, y con mucho sosiego: No te turbes, que también estamos nosotros cerca de ellos. Dándole a entender, que el peligro era igual a ambas partes. Esta consideración ha de tener el diestro, que si viere a su contrario junto a sí, se anime, y entienda, que también está junto a él: porque la virtud del Ánimo, no es otra cosa que un furor, que manda y gobierna las armas: el cual furor es un encendimiento de los espíritus que vivifican la virtud de la fortaleza: y aquel que en la batalla tiene más temor, tiene más peligro: y el osado y animoso está más seguro. Y como dice Quintiliano, ninguna cosa honrosa pone en efecto el que cobardemente teme. Del hombre animoso y fuerte, dijo Lucio Séneca, que es tanta su excelencia, que con más facilidad se tomará una ciudad, cercada de inexpugnables muros, que un corazón esforzado. Y esto sintió bien Alejandro Magno, hijo del gran Filipo de Macedonia, que oyendo decir de una peña, que estaba en la India tan alta y tan inexpugnable, que ni aún las aves podían alcanzar la cumbre de ella con su vuelo: pero que la tenía a cargo un hombre cobarde. Respondió: Pues ahora os digo, que esta es muy fácil de tomar. Así, que aunque el diestro esté en la cumbre de la Destreza, si le falta el Ánimo, él irá a dar a las manos de la muerte huyendo. Séneca quiso estimar tanto al hombre animoso y esforzado, que dijo, que la fortuna le teme: y que es señora del cobarde, a quien el miedo hace pechero y que al hombre de ánimo, no llega desdicha: porque es ordinario huir la muerte, de quien la tiene en poco, y seguir a quien le huye. Objeción de algunos diestros. Y porque ha llegado a propósito, referiré lo que han dicho algunos de los que tratan de Destreza. Viendo ejercitar esta nueva inventada, que como han visto llegarse los cuerpos (en casos convenientes) hasta estar pie a pie: que lo que más les espanta, es ver se junten tanto: y como no saben que muchas veces osar morir, da la vida: y no ha llegado a sus oídos aquella sentencia de Séneca, que ningún peligro hay, que sin LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA70PRIMERA PARTE DE LA otro se pueda vencer: les parece, que todo ha de ser tirar tajos, y reveses, desde lejos, procurando, que sus contrarios no lleguen a ellos. ¿Por qué traen algunos espadas largas? Para lo cual otros han tomado por remedio, traer unas espadas muy largas: y la razón en que se fundan, es, en decir que lo mejor es estar apartados de su contrario. Y como han visto a algunos que profesan esta Destreza, con espada, aún más corta que la ordinaria, llegarse a su contrario, tanto, que la espada arrogante y larga no es parte para impedirlo, antes el de la corta impedirle con facilidad sus movimientos bravos y soberbios, lo condenan por malo: porque sus ánimos no se atreven a ello, ni sus Entendimientos alcanzan a saber cómo se ha de obrar: y con esto vienen a tener por buenas las espadas largas, y condenar las cortas: teniendo tan en contrario hombres, que solo naturalmente, sin ir guiados de Arte, o ciencia alguna, con gran valor y Ánimo peleaban con sus enemigos con espadas tan cortas, que hacían burla de ellas, los que suelen siempre (que son los que menos saben) como le sucedió a Agis, Lacedemonio, a quien se llegó un hombre de diferente nación, y le preguntó: que por qué las espadas de los lacedemonios eran tan pequeñas, que por su cortedad los jugadores de manos se las podrían tragar. A lo cual respondió Animosamente, diciendo: Pues sabed, que los Lacedemonios con estas espadas tan cortas alcanzan a los enemigos, que las traen muy largas: porque con Ánimo, nos llegamos a ellos. O respuesta de hombre valeroso, pues con ella dio a entender, que el que trajere espada corta, le conviene alargar el paso hacia su contrario. Y no fue menos la que dio Antálcidas, también Lacedemonio, haciéndole la propia pregunta. Pues respondió: Y aún con ser tan cortas sobran, porque peleamos con nuestros enemigos mano a mano. Pero no demos toda la loa a los extranjeros, que nuestra madre España no es estéril en producir hijos Animosos y esforzados: que un caballero amigo mío Toledano traía una espada tan corta como cualquiera de las dichas, a quien se le preguntó, por qué causa la traía tan pequeña. Y la respuesta, no solo fue Animosa, pero discreta, diciendo: La traigo tan corta, porque cuando venciere a mi enemigo, sea la victoria más estimada: y porque lo que le falta de largo, lo tengo de acrecentar de Ánimo: y lo principal, porque mi contrario me tema, viéndome junto así. Pero que hay que espantar que los hombres tengan Ánimo, pues una mujer Lacedemonia, diciéndole su hijo, que la espada que tenía era muy corta. Respondió varonilmente: Para eso, hijo, alarga tú el paso, y alcanzarás a tu enemigo: y así no te hará falta ninguna. Pues porque nuestros Españoles, pues conocidamente, y sin ninguna duda llevan mil ventajas en Ánimo a todas las demás naciones, pues no hay ninguna, a quien no tengan oprimida y sujeta, han de aniquilar sus Ánimos, y sujetarlos a una vana imaginación de fiar más en cuatro dedos de espada, que de su Ánimo. Pero dejemos esto, y concluyamos, diciendo: que así como el cuerpo ni vive más que cuanto el Alma está en él, así cualquier parte de la Destreza, no tendrá más vida que la que le diere el ánimo. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ71VERDADERA DESTREZA. QUÉ PARTES HA DE TENER EL MAESTRO QUE HUBIERE DE ENSEÑAR ESTA DESTREZA. Aunque al principio de este libro damos a entender, que para aprender esta Destreza, no es necesario Maestro que la enseñe, respecto de sus demostraciones: en las cuales se manifiesta con líneas y números. El lugar conveniente en que se ha de poner el diestro para dar la herida, formar el reparo, o impedir el movimiento del contrario, o dilatarlo, cuando quisiere, de cualquier especie que sea, (no porque a vuestro entendimiento quiso el Cielo enriquecer, con tantas partes, cuales en una edad tan tierna, raras veces se verá) entendáis, que todos os serán iguales: porque el repartidor de estos dones, los distribuyere, y reparte a su voluntad, dando a cada uno más, o menos, según le place: y porque habrá algunos que no quieran padecer trabajo en inquerir el orden que se ha de tener (aunque está claro y fácil) siguiendo en esto el estilo de los Príncipes, que tienen Maestresalas, y cualquier ave que han de comer, la aparan [preparar y/u organizar algo para su uso], y cortan: y así dispuesta, la ponen en la mesa, no porque el Príncipe no lo sabría hacer tan bien y mejor: pero por grandeza, como de cierto lo es. Querrán tener Maestros, que les de la Destreza dispuesta y facilitada en términos: y también porque habrá otros, que leyendo este libro, con casi nada que entiendan de él, se querrán levantar con el señorío de todo lo esencial que a sus Entendimientos se les pasará por alto. Pondremos aquí una prevención general, para que los mancebos (por serlo) no se engañen en elegir Maestro, cual convenga para doctrina de tanta importancia como esta que tratamos: y cuando lo hallaren con las partes que aquí pondremos, lo sepan estimar y tener en mucho. Mucho debemos a los que nos avisan en lo que erramos. Pues como dice Platón. Mucho debemos a los que nos avisan en lo que erramos, y nos advierten lo que hemos de hacer. Y confirma esto la gran reverencia que el Rey Alejandro tuvo al Filósofo Aristóteles su Maestro, de quien decía, que no menos le debía que a su mismo padre: porque del padre había recibido principio de vivir, y de su Maestro de bien vivir. Y pues se ha de preciar uno tanto de ser discípulo de buen Maestro, sabio, y virtuoso como de padres nobles y principales: pues de verdad los unos y los otros lo son. Este se debe buscar y elegir entre muchos, y no cualquiera, sino con mucho cuidado buscado y examinado, que sea de gran virtud y crédito. El discípulo está obligado a creer a su maestro. Porque dice Aristóteles, que es necesario al que aprende, creer a su Maestro: y así mismo que el que enseña a otros, conviene que diga verdad: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA72PRIMERA PARTE DE LA Disparate de un Maestro. que con esta diligencia no le sucederá lo que a un amigo mío, que habiendo aprendido muchas tretas de un Maestro (que cierto para discípulo no se había de admitir) ofreciéndosele una ocasión, en que valerosamente puso mano a su espada, quiso hacer una treta, de la cual confiaba la victoria, pero le sucedió al contrario, pues del suyo fue mal herido: y preguntándole, cómo le había sucedido aquello. Respondió: Me confié de mi Maestro, porque con el nombre, llevó tras sí mi crédito y confianza, entendiendo, que por ser Maestro no se podía errar. Y este es el mayor daño suyo el llamarse Maestros, porque el nombre les impide que no trabajen para saber lo que les falta, para que de verdad lo sean, y se contentan con el nombre sin obras, siendo mejor las obras sin nombre. Muy contrario del deseo que el Filósofo Sócrates tenía de saber, pues solía decir, que él enseñaba a otros por diez doblas, o libras: mas que si hubiese alguno que a él enseñase lo que faltaba, daría diez mil. Tal era su codicia del saber. El Maestro ha de ser sabio. El Maestro conviene sea sabio en la Destreza de las Armas, sabiendo las partes que cada herida tiene: y esto no acaso, sino con mucha certeza, porque no se puede llamar saber, aquello que es causa de alguna desgracia o muerte, como ha sucedido a muchos Maestros, que han inventado algunas tretas dañosas, y de mucho peligro: y permito Dios, que lo que inventaron con malicia, supiesen primero que otros por experiencia, hasta perder la vida. Justo castigo del cielo, que quien inventa alguna cosa para daño de su prójimo, lo padezca él primero: porque aquel que con malicia trama y busca la muerte a su prójimo, por el propio camino halla la suya: como le sucedió a Perilo, aquel que a Fálaris, el tirano, dio aquel toro de alambre inventado por aquel endemoniado ingenio: solo para atormentar a los hombres con nuevo género de tormento: y permitió el justo Cielo, que por mandado del Rey, fuese el primero que lo experimentó y murió en él. Que aquí se cumplió bien lo que dijo el Sabio: que el investigador de las cosas malas, será oprimido en ellas. Lo mismo le sucedió a Clístenes, que fue el primero que en Atenas inventó el destierro, y fue el primero a quien los Atenienses desterraron. El Maestro ha de ser cuerdo. Conviene así mismo, que sea cuerdo y sosegado: de maduro Entendimiento, agudo ingenio, y bastante experiencia: que es muy conveniente, que el Maestro primero comience a obrar que a enseñar: que obrando bien, enseñará bien, y si no por el contrario: pues es cierto, que tanto somos obligados a imitar lo que hacen, como a aprender lo que dicen. Y hace cierto a esto, lo que le pasó a aquel mancebo, a quien Platón enseñó: el cual como viniese el tiempo de las vacaciones, y se fuese a casa de su padre, como un día le viese reír demasiadamente, le dijo: Hijo, no has tenido razón, porque nunca tal cosa como esta he visto hacer a tu Maestro. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ73VERDADERA DESTREZA. El Maestro ha de ser Animoso. Ejemplo que da el Águila a sus hijos. Conviene que sea Animoso, y Esforzado: porque mal enseñará a acometer aquel que su Ánimo le inclina a retirarse: pero si fuere Animoso, por maravilla dejarán de serlo sus discípulos pues hará con ellos, lo que los naturales dicen que hace el Águila, reina de todas las aves, cuando sus hijos tienen edad para poder volar y sustentarse: porque lo saca del nido, y coge otra cualquier ave o animal pequeño, y delante de ellos los despedaza, para enseñarlos cómo han de cazar. Así han de hacer los Maestros, que delante de sus discípulos han de ejercitar la Destreza que les enseñaren, para que viéndola lo imiten: Lo que hace el conejo con sus hijos. que si son de la naturaleza del conejo, que cuando saca sus hijos al campo, no solo no les enseña a acometer ni cazar, pero les enseña las más secretas veredas por donde han de huir. Cualquiera de estas cosas que haga el Maestro, sus discípulos lo imitarán: Los corazones más se mueven con las obras que con las palabras. porque los corazones humanos, más se persuaden con las obras que ven, que con las palabras que oyen: no porque el Maestro pueda dar Ánimo a ninguno, pero puede con la ciencia que le enseñare, y con el ejemplo que le diere, hacer algo atrevidos a los que antes no lo eran: y a los que fueren Animosos mejorarlos. Estas con las partes con que el hombre discreto ha de buscar Maestro que de la ciencia que profesare, le dé bastante satisfacción, de que con certeza la sabe: porque no se cumpla en ellos la sentencia de Terencio, que dice: que los sucesos dichosos o desdichados, son los Maestros verdaderos que hacen avisados a los necios: pero si le hallaren perfecto, y que las razones que diere, dejen satisfechos los entendimientos, entonces serle obedientes a sus preceptos: Lo que le pasó a Aristóteles con un Médico. como lo dijo Aristóteles a un Médico, viniéndole a visitar en una grave enfermedad que padecía: el cual mandándole hacer ciertas cosas de su autoridad sin darle razón, por qué, ni en que se fundase, le dijo: No pienses que me has de curar como a un vaquero, o cavador: antes me has de enseñar la causa y razón de lo que mandas: y así me hallarás obediente. Lo propio ha de hacer el hombre discreto, cuando su Maestro le diere alguna lección o treta, pedirle la causa y razones probables de ella, y no dándolas, Lo que hacen los Indios con sus agoreros. hacer con él lo que los Indios con sus agoreros, a quien ellos tenían por Filósofos, y de quien creían cuanto decían: que si alguna vez no acertaban, la pena ya establecida era, que callasen para siempre, y que si algo hablasen no les fuese creído. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA74PRIMERA PARTE DE LA El mentiroso no puede ser acepto a los hombres nobles. Justa y muy justa sentencia, porque el hombre mentiroso, no puede ser acepto a los hombres nobles, entre quien siempre se trata verdad. Aristóteles. Y en esto parece que atinaron con aquel dicho de Aristóteles que preguntándole, qué ganaban los mentirosos en mentir, respondió, que no les crean cuando dijeren verdad. Costumbre loable de los Araucanos. Loable costumbre, aunque Gentiles, que en esto notable ventaja nos hacen. Y en particular en elegir Maestros, o permitirlos en las repúblicas, teniendo hecha una ordenanza, que ningún oficial dejase su oficio y tomase otro, ni que el hombre de guerra se hiciese labrador, ni el oficial Filósofo, sino que cada uno usase lo que sabía. Muy diferente de lo que hoy se permite en las Españas, y en especial, de la materia que tratamos: pues cualquier oficial mecánico, cuyo Entendimiento no alcanza a lo menos importante de su oficio, lo deja y se da a ser Esgrimidor, haciéndose Maestro de Esgrima. Qué quiere decir Esgrima y Esgrimidor. Justo y muy justo nombre a lo que enseñan, porque este nombre: Grima, es lo propio (en nuestro Castellano) que una cosa que trae consigo temor y peligro: y dicen muy bien, Esgrima, y ellos los Maestros de Grima, que es lo propio que temor: por manera que hay mucho distinción entre Maestro de Armas y entre Maestro de Esgrima, porque el primero es el que enseña las causas y efectos que producen de las Armas científicamente con razones probables: y este es el bueno, y a quien hemos de estimar: y el otro es Maestro de Esgrima, que es lo mismo que decir Maestro que enseña una cosa de temor: y así lo han de tener los hombres nobles y discretos, de saber y de aprender tal cosa: Nota que es admirable. como la tuvo un caballero discreto, que habiendo llamado a un Maestro de Esgrima, para que le enseñase, considerando, que en poco más de dos horas que le estuvo aleccionando, fueron tales las lecciones, que comenzando por la espada, prosiguió con la daga, broquel pequeño y grande, rodela, montante, hacha, maza, pica, y alabarda: y lo peor fue decirle, que quedaba ya Diestro. Y viendo el prudente caballero, la notable falta que había en el Maestro, y en lo que enseñaba, sacó de su escritorio premio, que fuera bastante a mucho tiempo de buena y cierta Destreza, y se lo dio, diciendo: Tomad Maestro, y advertid, que no os doy esto por lo que me habéis de enseñar, ni por lo que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ75VERDADERA DESTREZA. me habéis enseñado: sino porque me habéis descubierto la poca certeza que hay en la Esgrima, y los disparates en que se funda: ni tampoco os pago por lo que habéis de venir a mi casa, sino porque no volváis a ella. Así han de hacer los discretos, teniendo por mejor pagarles porque no les enseñen, que no después de haberles engañado: pues vemos claramente, que más matan los que son malos Maestros con su doctrina, que una gran peste. Lo que conviene que hagan las Repúblicas en los Maestros de las Armas. Y de aquí había de resultar, que las Repúblicas pusiesen gran cuidado en examinar los Maestros que han de enseñar a sus hijos, y darles salario particular, para que con amor los enseñasen: no consintiendo que de otra manera fuese. Que entonces los tales Maestros procurarían saber más de lo que saben, estudiar más de lo que estudian, y presumir menos de lo que presumen, y el bueno se estimaría por tal: y en lo que merece: lo cual no se puede hoy, por haber el barbarismo que hay, y querer el que menos sabe que lo estimen como al que más ha trabajado: porque la Destreza ella por sí es buena, pero los que la profesan, o no la saben entender, o no la quieren enseñar: pero es compasión que en una República, hasta el pregonero busquen el mejor: y que el Maestro de sus hijos muchas veces sea el peor: Por qué el Emperador Honorio desterró a los Esgrimidores. y a buen seguro, que si ellos fueran en tiempo de Honorio Emperador Romano, que así los desterrara como a los Gladiadores de aquel tiempo: porque si aquellos los desterró porque en las fiestas que se hacían se mataban como bestias: lo mismo merecían muchos de estos, porque ya no se matan (porque se guardan bien de ello) son causa que otros se maten, confiando en sus palabras. Estese cada uno en su oficio, haga cada uno lo que sabe, ejercite aquello que aprendió, que es gran ignorancia (como lo dice Sócrates) querer imperar sobre los otros, quien no puede imperar sobre sí. El que enseñare el arte de la guerra, la ha de haber ejercitado mucho tiempo. Y oigan aquel dicho de Plutarco, que dice, que enseñe el arte de la guerra el que muchas veces lo hubiere usado: porque no puede enseñar a otro ser diestro el que para sí no lo es: y pues es cierto, que es difícil aprender de muchos lo que está en pocos, justo es que los buenos Repúblicos tengan cuidado, que cada uno use su oficio: que en esto servirán a Dios, y al Rey, en procurar, que los Maestros de las Armas sean como hemos dicho: para que cuando hubiere menester soldados (que esta necesidad cada día se ofrece, respecto de las continuas guerras, y los muchos enemigos que contra nuestra madre España se levantan) los halle tan diestros, que se pueda tener confianza de la victoria: además de que en mano de los otros oficiales, solo está perder la hacienda: pero en la de los Maestros de Armas hacienda y vida. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA76PRIMERA PARTE DE LA Mal Maestro qué hace. Porque el mal Maestro roba la hacienda, y afrenta la persona: pues en la ocasión para que se aprende, o sale muerto, o herido, por ser fallo lo que enseña. Y así es de loar la Destreza que está en manos de un Maestro grave, prudente, atinado, y experimentado: que el tal, con la ciencia conocerá, y con la prudencia y cordura, elegirá lo que convenga, y con la experiencia sabrá aplicarla. Pero ha llegado a tanto la presunción de algunos Maestros, y tan poca la consideración de los discípulos, que todo lo que los unos dicen, los otros creen, sin más consideración: y lo que los Maestros inventan de noche, ellos creen de día, como si fuera verificado con verdad infalible. Y solo me espanto, que habiendo tantos discípulos, nobles, y de buen entendimiento, no haya uno que les vaya a la mano, y conozcan el yerro en que andan, el peligro en que se ponen, y el fin desastrado que muchos han tenido, por haber seguido lo propio que ellos siguen. Vulgo qué tal. De estos me maravillo, que de los demás vulgares no hay que espantar: porque de suyo es el vulgo tan liviano, que con la novedad se agrada, aunque sea incierta y dañosa: y ama con tantas veras las invenciones nuevas, que mientras lo que le dicen es más extraño, tanto más las ama. Y es lástima, que no conozcan su propio daño: que creer uno todo lo que oye, y hacer todo lo que ve, procede de poco juicio, y de liviano corazón: y persuadirse con cualquier palabra, y dicha de cualquier hombre, muestra es de poco Entendimiento. Y es sentencia de Erasmo, que el hombre que ligeramente creyere a otro hombre, no puede ser prudente. Digo pues, que cuando el Maestro diere alguna lección, que el discípulo la examine y experimente, para ver si de ella (en las ocasiones de necesidad, que es para donde se aprende) se puede fiar, y no tomarla a carga cerrada (como dicen) sin querer escudriñar qué partes tiene, de qué principios procede, y qué fines se pueden esperar: que es gran livianidad creer ligeramente lo que no se puede probar por razones, y lo que en ninguna se funda: y mirar si dan alguna que al Entendimiento deje satisfecho, y el Ánimo quieto: que al hombre de razón, razones le convencen. De esta manera, y con estas diligencias se ha de recibir cualquier lección, que creerla sin ellas, es una fé injusta, crédito mal empleado, confianza no debida, y el peligro tan cierto, cuanto ella dudosa: y es grave lástima ver cuántos Maestros se han levantado con la Destreza, que es señal cierta, que está perdida. La Destreza ordinaria aún no era tan mala como lo es hoy. Que según Platón, no hay mayor indicio de perderse una República, que cuando se levantan muchas cabezas en ella: y por esta causa la Destreza, que se ha practicado hasta ahora, se ha perdido, que aún no era tan mala, como está hoy: y la República de la Destreza verdadera también se perderá, si los hombres nobles, y los de buen Entendimiento no la favorecen y libran de las manos que hemos dicho. Y perdónenme los que les pareciere que soy áspero en reprender, pues es cierto, que los LUIS PACHECO DE NARVÁEZ77VERDADERA DESTREZA. vicios que se hacen en público, no se pueden quitar con halagos, ni palabras secretas: públicos los vicios, públicas las reprensiones: esto que digo les conviene, lo mal, o bien que hicieren, le aprovechará, o dañará. Y me atrevo a decir y a certificar, que tan presto ha de llegar la pena, como cometieren el descuido: y el tiempo me ha dado palabra de salir por mí fiador, y hacerme verdadero y pronóstico cierto. Mucho me ofrecía que decir, pero mi intento no es disgustar a nadie, sino persuadir a todos, no decirles cosa que les pese, sino avisarles cosas que las aprovechen. LAS PARTES QUE HA DE TENER EL DISCÍPULO Y A QUIÉN SE HUBIERE DE ENSEÑAR ESTA DESTREZA: Y AL MAESTRO, SE LE DA ORDEN DE CÓMO LE HA DE ENSEÑAR Y A QUÉ HORA. Pues le hemos dicho al discípulo, qué Maestro ha de elegir, y las partes con que lo ha de buscar, y las calidades que ha de tener, con lo cual no se engañará. Justo es que le digamos al Maestro, qué discípulos ha de recibir, cómo los ha de conocer, y cómo los ha de enseñar: que no será razón siendo tal como hemos dicho, gaste su tiempo enseñando discípulos, cuyas inclinaciones y ánimos no igualen ni sean conformes a lo que quieren profesar: porque así como no todos los hombres, son para Maestros, así no son todos para discípulos: además de que a buenos Maestros sabios y experimentados, buenos discípulos, nobles y bien inclinados, merecen. Maestros célebres y discípulos ilustres. Que esto sea razón, veamos los hombres más celebrados que ha habido en letras, a quién han tenido por discípulos, y veremos que aquel insigne Filósofo Aristóteles tuvo a Alejandro, y tanto se preciaba de ser su discípulo, como Aristóteles de ser su Maestro. El celebrado Séneca por su discípulo tuvo al Emperador Nerón, Polícrates, al Emperador Trajano, el Filósofo Chilo a Leandro: Carlos V señor nuestro, y Emperador de Romanos, discípulo fue de Adriano, que después fue Papa y se nombró Adriano VI, y su hijo y señor nuestro, Felipe II Rey de las Españas, su maestro fue Silíceo, que después fue Arzobispo de Toledo, todos varones tan sabios, que cuando alguno se hallara tanto, mejor no: y cuando la ciencia de las Armas, entonces se tuviera noticia y conocimiento de ella, y hubiera hombres tan estimados en ella, como estos en letras, también los llamaran a su servicio. Así que para tales Maestros, tan sabios, tan prudentes, tan excelentes en letras, tales discípulos, tan graves, tan poderosos y tan ilustres convenían. Que este es el premio de los hombres, que gastan su vida, por larga que sea, trabajando por llegar a la mayor perfección que sus Entendimientos pueden alcanzar: que los Príncipes los honren, sirviéndose de ellos: además de que les son importantes, pues cuanto mayor poder tuvieren, mejores Maestros han de procurar: porque así como hacen ventaja a todos sus vasallos en riquezas y en poder, y lo demás: así mismo han de llevar ventaja en saber. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA78PRIMERA PARTE DE LA Carta de Alejandro a Aristóteles su Maestro. Que esto bien dijo Alejandro, sabiendo que Aristóteles su Maestro, había publicado ciertos libros de Filosofía natural, que de él había oído, en una carta que le escribió, que contenía estas palabras: Por cierto Aristóteles, mal lo has hecho en publicar los libros de Filosofía, que escribiste, y yo de tí oí: porque en qué te parece que excederé yo a los otros hombres, si lo que tú me enseñaste, comienza a ser común a todos: y pésame de ello, porque te hago saber, que yo en ciencia y doctrina, quería hacer ventaja a todos, que no en riqueza y poder. Con esto entenderá el Maestro, la diligencia que ha de poner en buscar los discípulos, que cuando no sean tan excelentes como los dichos, al menos sean con las partes que referiremos: que de lo contrario, además de cansarse sin provecho, del mal que lo hicieren y del menor defecto que tuvieren, no carecerá de culpa: El pueblo atribuye a los Maestros las imperfecciones de los discípulos. porque siempre el pueblo atribuye a los Maestros las imperfecciones de los discípulos. Y que esto sea verdad, lo muestra bien lo que le pasó a Diógenes con un mancebo, que viéndole deshonesto y malcriado, se fue para su Maestro, y con el bordón que siempre traía, le dio un golpe, diciendo: Toma, porque le doctrinaste así. Y Plutarco Filósofo, escribió a Trajano, su discípulo: que el vulgo todos los daños, descuidos y defectos de los discípulos, cargan sobre los Maestros: a los cuales se les promete poco reposo, y dudosos fines de sus discípulos: porque hay algunos, cuyos Ingenios, no basta estudio que los despierte, y los padres en tal ocasión pierden la costa: el Maestro el trabajo y el discípulo tiempo, y sobre todo la opinión del pobre Maestro casi perdida. El estado del discípulo es más seguro que el del Maestro, y el del soldado que el del Capitán. De donde se viene a entender, que el estado del discípulo es más seguro que el de su Maestro: así como lo es el del soldado más que el del Capitán, que muchas veces se ha visto, que aunque sea valeroso guerrero, y con su espada en la batalla abra camino en el pecho del enemigo, con valor y esfuerzo, si por la cobardía de sus soldados pierde la victoria (o no la alcanza) esta culpa, que tan ajena es, carga sobre el pobre Capitán. Y por el contrario, si la victoria se consigue, aunque el Capitán no tenga las partes que para tal oficio se requieren, sino por valor y esfuerzo de los solados, la gloria del vencimiento a él se le atribuye: y jamás se dice tales soldados vencieron tal batalla, sino el Capitán fulano, venció tal enemigo, rindió tal fuerza, desbarató tal ejército: y es ordinario estilo, los casos adversos, o prósperos, atribuirlos a los caudillos. Y pues de esto las historias están llenas, vengamos a nuestro propósito. Del cual digo, que lo bien o mal que un discípulo hiciere, a su Maestro se le ha de atribuir la honra o la culpa: que también es ordinario a un hombre sabio, en cualquier facultad, decir tuvo buen Maestro. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ79VERDADERA DESTREZA. Los Capitanes habían de procurar con cuidado que hubiese buenos Maestros de Armas. Y pues a los Capitanes les hemos dado regla, casi infalible para conocer los soldados que han de elegir, y el arte militar, y el enseñar a ejercitar las Armas, es todo uno, tanto que los que más habían de procurar, que en las Repúblicas hubiese Maestros con las partes dichas, habían de ser los propios Capitanes: pues estos enseñan en sus casas y en la paz a los hombres lo que han de hacer cuando estuvieren con los Capitanes en la guerra. Y si fueren buenos Maestros, y enseñaren bien, en el tiempo de la necesidad (que es para donde son menester) no les pesará hallarlos diestros y animosos: pues, como hemos dicho, la ciencia aumenta el Ánimo. Así que los Maestros pueden también tomar esta regla, en lo que toca a las partes exteriores, y señales por los miembros, y proporción de ellos: que siendo buenos para lo uno, para lo otro lo serán, pues ambas cosas dependen una de otra, y son causas para un propio efecto: que también para las interiores les avisaremos cómo los conocerán, y daremos algunos documentos de cómo se han de haber con ellos: que no serán de poca importancia. Lo primero que ha de conocer el Maestro en el discípulo. La primera diligencia que ha de hacer el Maestro con el discípulo, es, saber si es noble, y conocido en virtud: porque la nobleza y virtud, siempre inclina a bien, y en general los nobles siempre son de Ánimos generosos, no sujetos a pasión ninguna, ni estorbo de vanagloria, ni presunción arrogante: Lo que más obliga al hombre en la guerra. y no hay cosa que más obligue al hombre en la guerra, que es ser de buena sangre: porque los tales gozan de aquellos cinco dones particulares que dice don Antonio de Guevara, que son: Ánimo para no huir, generosidad en el dar; crianza en el hablar, corazón para osar, y clemencia para perdonar. La soberbia es enemiga del Ingenio. Y el que enseñare discípulo soberbio, no saldrá con su intento: porque la soberbia es enemiga del Ingenio, y compañera de poco Ánimo: Y así como la hinchazón de los ojos daña la vista, así la del Ánimo daña al Ingenio. Lo segundo que ha de considerar el Maestro en el discípulo. Mire también el discreto Maestro, que los discípulos que eligiere, sean favorecidos de los dones particulares que atrás hemos dicho, que son: Entendimiento, Ingenio, Memoria, Prudencia y Ánimo: que con facilidad verá, si tuviere Entendimiento, en comprender con brevedad lo que le enseñare: porque el que enseñare discípulo rudo, labrará en tierra seca, y trabajará en vano: y si tuviere Ingenio, también lo verá, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA80PRIMERA PARTE DE LA en el fabricar aquello que aprendiere: si tuviere Memoria en el conservar lo que le dijere: si tuviere Prudencia, en el obrarlo con consideración: y si tuviere Ánimo, en la determinación con que lo obrare: No hay mayor gusto para el Maestro que ver que sus discípulos se aprovechan. que no hay mayor gusto para el que enseña, como ver que sus discípulos se aprovechan de lo que les enseña: y por el contrario, así como al pintor le pesa ver estragada [en pésimo estado] la imagen que con gran artificio pintó, y en quien puso las fuerzas de su Ingenio. Así al Maestro le pesa ver estragado a su discípulo, a quien enseñó con gran industria y trabajo, en quien tan mal se empleó su doctrina: y también el discípulo está obligado a trabajar de su parte, para salir perfecto: porque ninguno con soloel trabajo del Maestro para ser diestro: Aristóteles. Cómo aprovecharán los discípulos. que esto es lo que Aristóteles respondió, siéndole preguntado cómo podría ser que los discípulos aprovechasen mucho, diciendo: Si los que quedan atrás, trabajan por alcanzar a los de delante, y los de delante no se descuidan. Por donde se ve claro, que el discípulo está obligado a trabajar de su parte: y con esto el Maestro no se engañará en la elección de los discípulos. Solo resta saber, cómo se ha de haber con ellos, para que su trabajo aproveche. Lo tercero que ha de considerar el Maestro en el discípulo, es en la edad. Habiendo el Maestro conocido, por las señales que damos, ser hombres dispuestos para profesar las Armas, ha de considerar en la edad, que ni sean muchachos, ni tampoco viejos, pues los unos y los otros están imposibilitados: los unos, porque sus miembros no han alcanzado la fuerza que se requiere, y los otros la han perdido: y a mi parecer, debe ser el más mozo de dieciocho años, que es la edad en que se van endureciendo, y cobrando fuerza para poder mandar las Armas: pero que tenga sujeto y capacidad para recibir y comprender lo que le enseñare, que muchos hay de esta edad, que así en el cuerpo como en el Entendimiento, no tienen disposición para cosa de tanto estudio y trabajo: y el que de más edad fuere, sea de veinticinco años, que es el tiempo donde el Entendimiento está dispuesto, y los miembros están más aptos y robustos, para el continuo ejercicio que se requiere; y este pocas veces se hallará en los que pasaren de esta edad, que los tales sus movimientos y acciones, no serán tan fáciles, ni tan ligeros, y los Entendimientos estarán ocupados con cuidados, que estos les serán impedimento: y algunos que pasaren de la edad, que decimos, y tuvieren las demás partes dichas, que disimularán, y suplirán, si alguna falta hubiere: queda a disposición y juicio del discreto Maestro: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ81VERDADERA DESTREZA. ¿Cuándo son viejos los hombres? porque no se puede dar regla cierta de las edades: porque unos hombres de quince años, lo son, y otros de veinte son muchachos, otros de cuarenta son viejos, y otros de cincuenta tienen disposición de treinta. Aristóteles Éticas Libro I. Plinio Libro II. Y así dice Aristóteles en el primero de las Éticas, que viejos y mozos se dicen ser los hombres, según la edad, las costumbres y obras, y Plinio en el libro II capítulo 37 dice que de veintiún años está el hombre ya robusto, y la naturaleza ha llegado a la perfección. Y no con lo dicho queremos persuadir, que le que fuere de cuarenta y más, no podrá aprender parte de la Destreza, que le baste a defenderse. Que en esta ocasión se podrá aprovechar el Maestro de enseñarle algunas heridas, que se nombran de segunda intención: que muchas veces no es necesario al que las hace, que sean con veloces movimientos: y muchas sucede, que sin preceder ninguno de su parte, se consigue el intento de herir al contrario, aprovechándose del que hiciere viniendo a herir, y cuando no quisiere herir ni matar (porque la Destreza no obliga a ello) podrá con algunos tajos (que adelante declararemos) impedir los movimientos contrarios, pero no gozará de aquella presteza que los mancebos, por las causas dichas, y porque las fuerzas ya desfallecen, y el calor no es tanto. En qué ha de ejercitar el Maestro a sus discípulos. Y en cuanto comenzar a enseñarlos, soy de parecer, que lo primero los ejercitase, si antes no lo estuvieren, en correr, saltar, tirar barra, jugar pelota, tañer y danzar: porque el ejercicio del correr, hace a los hombres ligeros, delgados y sanos, y el saltar, en cierta manera más por causa de que para este ejercicio se ha de levantar todo el cuerpo, y suspenderlo en el aire sin hacer descanso en ninguno de los pies: lo que no hace el que corre, que se va ayudando del uno y del otro. El tirar la barra, cría fuerza en el brazo para mandar la espada. El juego de pelota consta de los propios movimientos que las armas de violento y natural. El jugar a la pelota le importa para el conocer los movimientos: porque el juego de la pelota, se compone de movimiento violento y natural: donde le es forzoso conocer la naturaleza de cada uno, y unas veces se aguarda, que vaya acabando el viaje, que hace por virtud de la fuerza que se le comunicó en aquella distancia que hay desde el bote hasta el lugar que están los que rechazan: que es donde comienza y engendra el movimiento natural: aunque muchas se le resiste antes que se acabe el uno ni comience el otro. Y el tener conocimiento de esto, le aprovechará para conocer los movimientos en las Armas: pues de la propia suerte se componen: y muchas veces le convendrá haberse con ellos como con la pelota: unas aguardando al movimiento LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA82PRIMERA PARTE DE LA natural, y otras al principio del violento: y algunas sin que se acabe el uno, ni comience el otro. Carranza, folio 148. El tañer y danzar, para que sepa las consonancias, y dar los compases en su punto, que el cuerpo, brazo, herida, no sea cosa de por sí, sino que sea todo junto, que haga verdadera consonancia de música: Ídem, folio 151. que aquí es donde la Destreza iguala con ella, como lo dice Jerónimo de Carranza. Qué zapatos ha de traer el discípulo. Y para esto sería bien que el discípulo usase de unos zapatos, que entre las dos suelas trajese una de plomo, andando con ellos algunos días, hasta el punto que hubiese de ejercitar las Armas, o danzar: que de haber andado con aquel peso, cuando lo quite, se hallará tan ligero, que los movimientos que hiciere casi sean incomprensibles. A qué hora se han de aleccionar los discípulos. Ordinario ha sido en los Maestros hasta hoy, en algunas partes, aleccionar a sus discípulos de noche: y aunque he procurado saber el origen de esta costumbre, no lo he podido hallar: y solo ha sido una introducción ya recibida: de la cual nuestro Maestro no le conviene usar, antes haciendo lo contrario, aleccionar luego por la mañana: Aristóteles que la memoria está más dispuesta a la mañana, que a la noche. y que esto sea mejor y más provechoso a Aristóteles pongo por autor, pues dice, que la Memoria está más fácil a la mañana que a la tarde: porque el sueño de la noche pasada ha humedecido y fortificado el cerebro, y la memoria es por parte de la humedad: y esta la acarrea el sueño: por la mañana es cuando está más dispuesta para recibir, que no a la noche, que la vigilia de todo el día lo ha desecado y endurecido. Lo cuarto, y más importante que ha de conocer el Maestro en el discípulo. Además de lo dicho, le es necesario al maestro, para acertar, conocer la complexión de que más participare el discípulo: porque no se engañe en dar al uno, lo que pide el Ánimo del otro: porque al que fuere colérico, cuyo Ánimo, por la LUIS PACHECO DE NARVÁEZ83VERDADERA DESTREZA. participación que tiene del elemento del fuego, es de arremeter, le convendrá enseñar doctrina, que iguale con este ánimo, que son las heridas de primera intención, de quien en el discurso de este libro se dirán. Y al sanguíneo, que por lo que participa del elemento del Aire, y calor de la sangre, que particularmente predomina: también tiene sus determinaciones y acometimientos, le convendrá enseñar cómo ha de arremeter: y al flemático, que por lo que participa del elemento del Agua, que es pesada, que no será acelerado en sus movimientos, sino inclinado a herir sin mucha diligencia de su parte, se le habrán de enseñar heridas flemáticas, que son las de segunda intención, y al melancólico, por lo que participa de la tierra: además de ser perezoso, y tardo en sus movimientos, las más veces es pusilánime, y a quien señorea el temor (para que lo pierda) se le debe enseñar sólo defenderse, con impedir y atajar cualquiera herida que el contrario formare, de cualquier especie que sea: con lo cual no se echará de ver la falta, que naturalmente tiene. Carranza folio 177. Y para este efecto dice Jerónimo de Carranza, que el discípulo ha de decir la verdad a su Maestro como al confesor, manifestándole si tiene Ánimo o no: pero pidió cosa que jamás la cumplirán, porque ninguno entenderá que tiene esta falta, y cuando la entienda, no la dirá por su honra: porque la presunción tiene esta gravedad consigo: y cuando no lo dijeren, los podrá conocer, como avisaremos adelante, en el punto particular que hacemos de conocer las complexiones: donde podrá ver las señales que tiene cada hombre, para no engañarse en conocer su Ánimo e inclinación: para que lo que se pudiere, salgan perfectos, y por su parte no falte. Note el Maestro y haga. Pero debe advertir, que la lección que les diere, sea con tal lenguaje, que conforme con la capacidad del que aprendiere: no contentándose con decirlo solo una vez, sino muchas porque de aquí resultará hacer claro lo que antes era oscuro, dividiéndolo en partes, y declarándola con ejemplos: porque a cualquier Entendimiento más fácil se le hace, lo que en partes se divide: que de esta suerte el discípulo lo comprenderá, y jamás se le olvidará. Séneca, que tarde se olvida lo que por mucho tiempo se aprende. Que esto testifica bien el dicho de Séneca, que tarde se olvida lo que por mucho tiempo, y bien se aprende. Y sobre todo enseñarles la causa verdadera de lo que se les dijere: que entonces se sabrá bien una cosa, cuando se supiere la causa de ella: que con esto los discípulos se aprovecharán en breve tiempo: dando por bien empleado el que gastaren en ejercicio tan noble: y el Maestro quedará contento en ver que el trabajo que ha padecido en enseñarlos, es causa de obrar con certeza: pues no hay donde más resplandezca el saber del docto Maestro, que en salir sus discípulos aprovechados. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA84PRIMERA PARTE DE LA JUICIO ENTRE LAS DOS DESTREZAS, VERDADERA Y FALSA. Sentencia es célebre de Aristóteles, que no basta decir la versad, sino que conviene probar la causa de su contrario, para que mejor se conozca: porque lo malo junto a lo bueno, lo hace parecer mejor: y es muy fundado en razón que en toda conclusión y disputa, lo primero que se trate, sea definir aquel sujeto de que se habla, o ha de hablar, así para que no haya error, como para excelencia de la misma cosa: porque la definición del argumento, es el principio de conocer el caso argumentado: y así como dos cosas contrarias opuestas la una a la otra, más se manifiestan y declaran (porque en teniendo noticia de un contrario, se viene en conocimiento del otro) así para saber cuál sea la verdadera y falsa Destreza, es menester contraponer la una a la otra: de lo cual vendremos a saber cuáles sean sus fundamentos y razones: porque me parece, no bastará persuadir a que dejen la Destreza falsa, que hasta ahora han tratado, y ejerciten confiadamente la verdadera, aunque sea muy sabido el parecer que el Filósofo Antístenes da, diciendo, que la doctrina más perfecta que puede aprender un hombre, es olvidar la sabida, si no es cierta y verdadera: si no se declaran y manifiestan, cuáles sean las causas principales en que cada una se funda. De donde resultará una clara noticia y cierto conocimiento de la certeza de la una y la falsedad de la otra: y juntamente amor y deseo a una, y oído y aborrecimiento a la otra. Y para esta persuasión, dos cosas suelen tener gran fuerza, que son razón y autoridad: porque la razón tiene su fundamento y raíz, en la lumbre natural, y la autoridad, en la Prudencia: y de estas nos habremos de valer. Todo lo que se hace es por una de tres maneras. Dice Platón, que todo aquello que se hace, es por una de tres maneras, o por naturaleza, o por acierto; o por arte: La defensa de los animales es por la naturaleza. y para nuestro propósito, pongamos en estas tres, tres géneros de defensa, y digamos que la que en sí tienen los animales irracionales, es por naturaleza, y mediante aquel natural instinto y conocimiento que les dio, se defienden de sus contrarios, habiéndoles proveído de armas, a cada uno según les convino: que estos, cuando ven que sus contrarios les quieren ofender, naturalmente se defienden y valen de ellas, que aunque no tienen conocimiento racional, para conocer cuándo y de quién se han de defender, tienen conocimiento natural y sensible para ello. La defensa de la común Destreza es acaso. La que se hace por acierto, es aquella que unas veces tiene efecto, y otras no: unas veces parece infalible, y las más falta, como cuando un hombre hace alguna cosa (como dicen) a carga cerrada, o a la ventura: si saliere bien si no también, por no saber LUIS PACHECO DE NARVÁEZ85VERDADERA DESTREZA. los medios por donde han de alcanzar el fin que pretenden, ni los fundamentos en que se han de fundar para la tal obra: sino así incierta y confusamente la emprenden, sin otro conocimiento: fundándose en opinión vulgar: la cual es un oscuro y dudoso conocimiento de la cosa que se practica, y una estimación y dudoso consentimiento de aquellas que no tienen cierta y clara noticia, a la cual más justamente se le podrá llamar yerro de vulgo que opinión: Diferencia que hay entre la opinión y la razón. y hay una diferencia entre esta y la razón, que la opinión no verificada y fundada en certeza, va siempre lejos de la verdad: y la razón siempre la sigue como a verdadero fin suyo. De donde procede, que todo aquello que está fundado en la tal opinión unas veces sucede, y otras falta: a quien justamente podremos llamar arbitrarias de ventura: porque no se puede llamar arte ni ciencia, la que acaso viene a su efecto, ni se puede esperar certeza, en la cual cada uno hace ley de su Voluntad y gusto sin seguir más orden, ni razón que a su propio antojo. Y la verdad de esto se ve cada día en los Maestros de Esgrima, que no son científicos, que inventan tretas y lecciones nuevas, dejando las pasadas por cosa ya vieja, como si fuesen zapatos que se rompen, o capa que se rae: y ellos quedan contentísimos con sus nuevas invenciones: diciendo que saben tretas a lo moderno, de las que nuevamente se usan, como si la compostura de los miembros del hombre y sus movimientos fuesen diferentes que los pasados: y no miran, o no quieren mirar y tener por cierto, que la variedad de los tiempos y costumbres, no mudan ni pueden mudar la certeza de las ciencias, antes ellas a lo demás miden y sujetan igualmente: además, que las cosas buenas y de artificio, siempre nos parecen nuevas: Por espantosa tiene Aristóteles la cosa que sucede acaso. y esta causa lo fue bastante: para que Aristóteles se maravillase y dijese que es espantosa, o de milagro la cosa que se hace o sucede, cuyo acontecimiento es acaso: y cuando solo este nuestro propósito lo dijera, tuviera conocidísima razón: porque los que tratan de la Destreza ordinaria, las tretas que más comúnmente usan, y aún en quien más confían, cuando se quieren valer de ellas, las hacen con unos hombres, y no con otros, un día, y no otro, de varias fuertes: y no de una propia, porque como las causas son inciertas, los efectos que de ellas procedieren, han de ser inciertos: porque de causa incierta, no se puede esperar (porque no lo hay) efecto cierto e infalible. La defensa que se hace por Arte. La que se hace por Arte, es, con fundamentos científicos, de donde proceden efectos infalibles: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA86PRIMERA PARTE DE LA La verdad, lo es en todas sus partes. porque si verdaderamente hay verdad en una cosa una vez, la habrá muchas, aunque sea de diversas maneras: porque la verdad en todas sus partes lo es. Como tomemos por ejemplo la Aritmética: y digamos, que tres veces ocho son veinticuatro: y veremos luego, que cuatro veces seis, será lo propio: y seis veces cuatro, lo mismo: y ocho veces tres, así mismo serán veinticuatro: y cuantas veces igualaremos los números, proporcionados para la tal suma, no faltará: y vendremos a sacar la verdad de la suma en limpio, sin que falte: porque es Arte fundada sobre principios ciertos. De suerte, que si un Diestro de verdadera destreza hiciese una treta de segunda intención (que es mediante el movimiento del contrario) como digamos: su contrario le forma, o quiere dar el revés más riguroso que se pueda considerar en la cabeza, que su lugar propio y común ejecutarlo en el lado derecho, no privándole al Diestro poderlo encaminar donde quisiere, como en otra parte decimos, tratando de su lugar propio: y para defenderse del tal revés, sin repararle, sino que solo la herida que diere, le sirva de reparo, ha de menester dar un compás curvo, por el lado de la circunferencia de su mano izquierda, y formar otro revés, y ofenderle con él: Carranza, declaración folio 2. pues como dice Carranza, treta formada es, cuando el contrario hace, treta de revés: y del mismo revés se saca otro, con que le hieren, quedaría libre, y hallaría certeza en el efecto: pero si quisiese, dando el propio compás, mientras que se forma el movimiento violento, herir de estocada, debajo del brazo de la propia espada, hallaría la propia certeza y defensa. Y si quisiese, cuando hubiese bajado el movimiento natural, dando el mismo compás, herir recto en los pechos, sin ninguna falta hallará efecto y defensa. Y si quisiese, metiendo el pie izquierdo, cuando bajase así mismo el movimiento natural, perfilando el cuerpo, herir de estocada en los pechos, por encima de la propia espada contraria, ofendería, sin que tuviese peligro: y cuando quisiese al principio del movimiento remiso antes que se engendrase el violento herir de estocada en los pechos, podría: y si quisiese más, al principio del movimiento violento, y antes que se engendrase el natural, formar un tajo, saldría con su intento. Pues según nuestro autor, se forma tajo contra revés, y revés contra tajo: y ofendiendo con él, quedaría sin peligro. Finalmente, cuantas veces hiciere, mediante el tal compás, cualquiera de estas heridas, hallará certeza, por la desigualdad que hay de los compases y líneas: y jamás sucederá al contrario, ni podrá faltar. Y la causa de carecer de esta certeza los que tratan la falsa destreza, es, porque quieren más vivir por imitación vulgar y falsa de lo que ven, yéndose tras el bulto de la gente, y no tras la ciencia y fundamentos sobre que se funda: por los cuales dice Séneca, que viven vil y apocadamente, en vivir conforme al pueblo. Y como tienen ocupado el Entendimiento con esta vil opinión, no entienden, si lo que saben es malo, o bueno: y las cosas que profesan y saben, no solamente son malas, pero es mucho peor el mal que se sigue de ellas, como se ve por momentos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ87VERDADERA DESTREZA. Finalmente, con todo esto que les persuadimos, y con la larga experiencia que de ello tienen, ha de haber muchos, que dejándose engañar de esta vulgar opinión y falsedad, no han de dar lugar a que la verdad los desengañe. Y pues hasta aquí hemos argüido, y concluido con razones ciertas y bastantes a rendir vuestra Voluntad, y de otra cualquiera que no la tuviere prevaricada. En cinco partes se divide esta obra. Vengamos al uso de la Destreza, repartiendo esta obra en cinco partes, como dijimos y pusimos al principio de este libro, comenzando por los fundamentos y preceptos particulares, que habéis de guardar, para que mejor la obréis, puestos en demostraciones. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ89 SEGUNDA PARTE, EN QUE SE PONEN EN DEMOSTRACIÓN LOS FUNDAMENTOS DE LA VERDADERA DESTREZA, Y PRECEPTOS PARTICULARES QUE HA DE GUARDAR EL QUE QUISIERE SER DIESTRO. SIN LOS CUALES LE SERÁ IMPOSIBLE SABER, NI ENTENDERLA, NI TAMPOCO TENER SEGURIDAD SU PERSONA. Con una advertencia de cosas particulares, que sirve de prevención para lo de adelante. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ91DE LA VERDADERA DESTREZA. El sabio artífice que a cargo toma hacer algún edificio, para que sea perfecto, firme y durable, pone sumo cuidado en sacar los cimientos de la hondura y entrañas de la tierra: y con suma diligencia, con regla, y otros instrumentos, procura que sean derechos, y que a ninguna parte se inclinen. Así para este edificio de la Destreza, muro y fortaleza de la defensa del hombre, es menester, cuando lo ejercitare, que el cimiento principal de los pies, sea perfecto y que por él no falte. Y para esto habéis de advertir, que la Destreza, no obliga a ninguno, a que con los pies haga extremos impertinentes, como es apartar una pierna de otra inconsideradamente, que de un pie a otro haya gran distancia: porque esto es en lo que muchos han dado (y aún errado) que pareciéndoles, que por abrir las piernas y alargar el cuerpo, han de alcanzar más con la espada: en lo cual conocidamente se engañan, como adelante diremos en su lugar. Y el daño, o peligro que puede suceder, consideradlo en esta forma: si estando en este extremo con las piernas desproporcionadamente abiertas, vuestro contrario quisiese formar una herida recta de estocada o circular de tajo, a la cual os fuese necesario dilatar aquel movimiento, o herirle al principio de él, habiendo de gozar de alguno de los ángulos (que así mismo en su lugar se declaran, qué son) habiendo de ser con una presteza LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA92SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS casi incomprensible, no lo podréis hacer: porque necesariamente si habéis de graduar adelante, o como comúnmente se dice, dar un compás, por fuerza habéis de juntar el pie izquierdo, que tan apartado está con el derecho, para que sirva de sustentarnos el cuerpo, para poder levantar el derecho. Aristóteles. El andar y correr consta de descanso y trabajo. Pues como dice Aristóteles, cualquier movimiento, así de hombre como de animal irracional, consta de descanso y trabajo de esta manera: que para que el pie derecho pueda levantarse en alto, ha de estar parado el izquierdo sobre que el cuerpo se sustente, y por el contrario. Y comúnmente vemos en el andar, que cuando un pie se levanta, es por causa que el otro ya está asentado, y sustenta en sí el cuerpo, que es lo que el otro tenía, y no de otra suerte: y lo propio será, si fuere menester desgraduar atrás, que sería menester levantar el pie derecho y juntarlo al izquierdo, que está apartado: primero, que se pueda levantar. Y la razón porqué los hombres no han dado en esto, es porque esta manera de andar no la han visto y la que ellos han usado, es, que estando afirmados (aunque estén en el extremo dicho) si les es forzoso desgraduar un paso, no hacen más que sacar el pie derecho atrás, quedando con el izquierdo delante: y si quieren graduar adelante, meten el pie izquierdo, dejando el derecho atrás: lo cual se ve en las entradas que ellos hacen de los compases: y cuando dañoso sea esto, adelante se dirá. Y volviendo a nuestro propósito: Estando en este extremo, el movimiento que hiciereis, será tan tardo y espacioso, que os dañe, por estar en la postura dicha. Carranza folio 2. A la cual Jerónimo de Carranza, en la declaración de su libro le dice postura cansada, por participar de aquel extremo, y no haber ninguno que no sea dañoso, salvo aquellos que hace el diestro en aquellos casos que se ofrecen, que sirven de ofender al contrario y defenderse de él: como en el discurso de este libro veréis. Y en resolución, sabed, que la mejor postura, y donde el cuerpo está más descansado y dispuesto para acudir a cualquier movimiento, es los pies juntos en buena proporción: de suerte, que puesto el derecho delante, la punta de él, derecha al cuerpo contrario, y el izquierdo junto a él no derecho como el primero, sino travesado que vengan a estar los carcañales [parte posterior de la planta del pie], uno enfrente del otro, y apartados a lo más largo un geme [distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la del dedo índice, separando el uno del otro lo máximo posible, Miguel Castro, Glosario General de la Esgrima Láser] del hombre, y no más, ni menos, porque si estuvieren los pies juntos, estaría perpendicular y con pequeña fuerza se le podría hacer caer en él suelo, como lo podréis experimentar. Y en nuestra postura está el cuerpo descansado, que esto es lo que dice nuestro autor postura de proporción, porque está el cuerpo igualmente sobre ambos pies, como lo enseña esta nuestra demostración: la cual habéis de entender de esta manera, que el círculo pequeño que está entre ambos pies, derecho, e izquierdo, es la distancia que ha de haber del uno al otro del geme, como dijimos, y el mayor que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ93DE LA VERDADERA DESTREZA. está entre el pie derecho del uno, y el derecho del otro, es la distancia que hay de un contrario al otro: Advierta el Diestro, que le importa. y esta tenedla por regla infalible, y que jamás tendrá excepción alguna, que en cualquier tiempo de la Destreza para cualquier herida en cualquier estado y punto que os hallareis, ha de ser con esta misma proporción de pies: y en cualquier tiempo que os faltare esto, os será de mucho daño: y lo mismo se ha de entender cuando se metiere el pie izquierdo, porque entonces, servirá de derecho, y el derecho de izquierdo, y estarán al trocado, pero con la misma proporción porque será de poca importancia que uno se afirme con su espada, y haga cualesquiera diligencias para herir, o defenderse, si el principal fundamento, que son los pies, los tiene desproporcionadamente abiertos, como todos los hacen: Símil contra los que se afirman los pies abiertos. los cuales me parece son semejantes a aquella estatua de Nabucodonosor, que teniendo la cabeza de oro, el pecho y brazos de plata, el vientre y muslos de metal, las piernas de hierro, tenía los pies parte de ellos de barro: o como otros edificios, cuya altura es grande, y de grandes piedras, y el cimiento hecho de tapias y barro, quebradizo. Por manera, que aunque tengáis la cabeza de oro en el saber muchas heridas o tretas, y el pecho y brazos de plata en Ánimo y fuerzas, y el vientre y muslos de metal en fortaleza de miembros, y las piernas de hierro en el sufrimiento, si tenéis la parte de los pies de barro quebradizo de algún extremo de los dichos, ni alcanzaréis victoria, ni dejaréis de salir con peligro: porque la tardanza, en tales casos, lo trae consigo. Y que la postura que decimos sea la más cierta y provechosa, muchos ejemplos había que poder traer, pero con pocos os podréis satisfacer: Ejemplos para los que se afirman con los pies desproporcionadamente abiertos. pues la experiencia a quien os remito, como buena maestra, os quitará las dudas que hubiere, y considerad cuando estáis en rueda de conversación, cómo tenéis o cómo los tienen los otros, y los hallaréis sin cuidado ninguno, puestos como lo enseña la demostración, y no abiertas las piernas hechos puente: y considerad así mismo cuando uno quiere correr, si tiene las piernas abiertas y los pies desproporcionados, y veréis que los tiene juntos: y para comprobación de lo dicho poneos en el extremo que digo, abiertas las piernas, y veréis que un poco que estéis en tal extremo, no lo podréis sufrir: y en la postura que digo, os estaréis todo un día: y así mismo vemos, que el que corre, el que salta, el que tira a la barra, el que juega pelota, el que danza, el que huye, el que acomete, el que está parado, el que anda: todos tienen los pies proporcionadamente abiertos, con no tener peligro: y el que ejercita las Armas, los tiene tan abiertos, que es causa de su muerte. Y pues estos ejemplos son ciertos, no quiero traer muchos que LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA94SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS pudieran: y ya que tratamos de esta materia extirpemos una errónea, en que algunos han dado: diciendo, que el pie izquierdo en cualquier tiempo se puede meter, como acostumbran en las entradas y paseos que ellos hacen que es más impertinencia, que provecho metiendo el pie izquierdo y luego el derecho, como queda dicho: lo cual dañará al que lo hiciere sin tiempo, y en casos importantes: porque el Diestro, cuando mete el pie izquierdo, más es para ofender que para defenderse, o jugar: Carranza, folio 165. como lo dice Carranza en el diálogo tercero: pero esto es mediante algunos movimientos del contrario y suyos, o mediante tenerle sujeta la espada, como adelante sabréis. Aristóteles. El movimiento del cualquier animal comienza de la diestra parte. Pero a los que dicen que es provechoso meter el pie izquierdo, con la autoridad de Aristóteles, les hemos de convencer: pues dice, que el movimiento del hombre, y cualquier animal se comienza y tiene su origen de la diestra parte, y aquella es la que primero se mueve en todos ellos. De esto también había muchos ejemplos en el que corre, como dijimos, y en el que anda, que siempre comienzan con el pie derecho: porque este movimiento es natural en todos. Y concluyamos, que así como el pie derecho es el que movemos primero para ir adelante, ha de ser el izquierdo para volver atrás, sin forzar a ninguno que haga lo contrario: y así como graduando adelante con el derecho, el izquierdo le ha de seguir luego, poniéndose en la misma proporción: así cuando le fuere forzoso al izquierdo desgraduar atrás, el derecho le siga, poniéndose junto a él, como aparece en la demostración. Y la definición de este punto, ha de ser, que para ir adelante, el pie derecho tiene este cargo, y el izquierdo de seguirle, y ponerse junto a él solamente: pero para ir atrás, el izquierdo es el que gobierna, y comienza el movimiento: y el derecho luego le acompaña, poniéndose junto a él, como está dicho: de suerte, que más o menos lejos del contrario, siempre el derecho ha de estar delante: si no fuere en los casos que son para herir con el izquierdo, que entonces sirve él, de derecho, como está dicho. Y lo demás que falta acerca del cuerpo, en la siguiente demostración se verá. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ95DE LA VERDADERA DESTREZA. La entereza que ha de tener el Diestro en los miembros, cuando se afirmare. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA96SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Cómo ha de ejercitar las Armas el Diestro, sin quitarse capa, espada, ni daga. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ97DE LA VERDADERA DESTREZA. Plinio. Historia natural. Plinio en su natural historia, considerando por una parte la bajeza y rusticidad de los animales irracionales, y el serles negada la grandeza del Entendimiento, los estima y tiene en poco: y por otra, viendo el instinto natural suyo, con que buscan su provecho, huyen de su daño, y procuran su conservación, se admira y espanta: y poniendo la consideración en el hombre, a quien del tesoro celestial, le fue comunicada tanta parte, enriqueciéndole el Alma de tres piedras finísimas, que son las potencias: las cuales producen y engendran el libre albedrío, por lo cual había de llevar a los demás animales conocidísimas ventajas, viendo que en muchas cosas es al contrario, lo reprende: diciendo, que le había de ser confusión y vergüenza grandísima, ver, que otro animal sepa lo que le es dañoso, o de provecho, y él solo lo ignore, con que acarrea su daño: y que en esto tenga conocidísima razón, ni se puede negar, ni contradecir por muchas razones: y en particular en la materia que tratamos, y la prueba de ello será muy bastante. Aristóteles. 2 de las partes de los animales. Por qué el hombre anda derecho, y no otro ninguno animal. Dice Aristóteles, en el segundo de las partes de los animales, que solo el hombre entre todos ellos anda inhiesto y derecho: porque su naturaleza y sustancia es divina y celestial: Aristóteles. Física. Libro 7. y que al hombre más que a otro animal le conviniese así, pruébalo el mismoAristóteles, en el séptimo libro de su Física: diciendo, que el hombre es mundo menor, acomparación de este mundo grande, que contiene en sí todas sus cosas. Y por esto es señor de todos los animales, al cual obedecen y están sujetos: y así fue conveniente, que a una cosa más perfecta, como es el hombre, le fuese dada figura más perfecta y movimiento de ella, que es hacia arriba, donde es la perfección: y porque a cada una cosa le es apropiada una figura conveniente a su movimiento, y particularmente a las cosas que tienen dos pies, les convenía una figura diametral, y contrapuesta en derecho de los pies, que son fundamentos de todo el cuerpo, como lo son los cimientos de las casas y edificios: y aunque otros autores graves dan razones que afirman y acreditan esta, nos basta ponerle en este cargo al profesor de las Armas, pues no fácilmente saldrá de él: y cuando alguna disculpa diere por su parte, en un punto le cogeremos con el hurto en la mano, como se ve, cuando se ejercitan con la espada, pues inconsideradamente descomponen su cuerpo, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA98SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Los extremos dañosos en que se ponen los que tratan la Destreza falsa. poniéndose en mil dañosísimos extremos, cuando cargándolo sobre el pie izquierdo, cuando sobre el derecho, cuando juntando los pies tanto hasta poner el uno sobre el otro, sin jamás tener sosiego ni reposo, pervirtiendo en todo el orden natural de los movimientos. Y cuán feo y dañoso sea esto, la necesidad nos fuerza, que acudamos a los ejemplos, porque ser ellos gran parte, y tener gran fuerza para llevar tras sí al hombre al bien, o al mal, ninguno hay que lo dude, y aún muchas veces los más fáciles y caseros tienen más fuerza para persuadir, porque los Entendimientos los reciben mejor. Y consideremos, si un hombre (sano en sus miembros) de buena disposición de cuerpo y galán, andando paseándose, dejase de ir como los demás hombres derecho el cuerpo, echando el pie y mano con bizarría, y aceleración moderada, gallardeándose, como es ordinario en los galanes: y quisiese ir patituerto naneando [andar como los patos] como derrengado, o fuese tan inclinado el cuerpo, que llevase el rostro junto al suelo: o por el contrario, o fuese echando el paso tan largo, que le fuese penoso, y aún alguna vez imposible volver a juntar los pies, para dar otro paso: pues como en otra parte hemos dicho, por parecer de Aristóteles, el movimiento del andar, consta de descanso y trabajo, ¿qué se diría de él? Me parece, que no habría ninguno que no se riese e hiciese burla. Y si un edificio, después de haberle obrado el curioso y diligente Artífice, derecho en toda perfección, se entortase, o torciese: al punto diríamos, que se quería caer, y duraría poco. Pues si naturaleza formó al hombre tan perfecto en todos sus miembros, con tanto concierto, y tan extraña compostura, que el Entendimiento no la puede perfectamente considerar, y el más aventajado se admira y espanta: y este tal no lo estima, y cae en alguno de los vicios referidos, que podremos decir de él, que no merezca, qué desgracia puede haber que no le venga: o qué peligro se puede imaginar que haya, que no le dañe. Y con el deseo que la razón me obliga, que seáis libre de todos ellos, determine poner aquí esta demostración, así por esta causa principal, como por avisar el provecho que resulta de tener el cuerpo derecho, para que el perfil suyo sea bueno (que es uno de los fundamentos de mayor consideración de la destreza). Parte importantísima para alcanzar la victoria. Y porque el brazo ha de estar así mismo derecho, y los provechos que de ello resultan, así para la propia defensa, como para la ofensa del contrario, y poder acudir a sus movimientos con menos trabajo, y más libremente: como para mejor conservar el aliento, de cuya conservación, no solo procede la victoria, sino la conservación de la vida, cuya importancia se deja considerar (de quien en particular trataremos en una preparación, que se ha de hacer para entrar en lo universal) y de camino manifestar el cómo se ha de tomar la espada, y por qué se ha de apretar en la mano: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ99DE LA VERDADERA DESTREZA. Tres provechos que resultan de tener el brazo recto. y el provecho que de ello viene, y los que resultan de tener el brazo recto, que son tres, todos importantísimos, que es alcanzar más al contrario, tener más fuerza en él: y el último, librarse de una herida, que en la falsa Destreza dan en el codo: procurando esto con tantas veras y diligencia como la que suelen dar en el pie: pero la del codo celebran por artificiosa y secreta herida, y no se hallan poco contentos y victoriosos, cuando han alcanzado el fin de su pretensión (que es dar en el codo) pero la una, y la otra, y todas las demás cesarán, sin conseguir su intento, con solo guardar en todo la rectitud y entereza que la demostración y figura del hombre manifiesta. Y en cuanto al cuerpo, y la importancia que sea, tenerlo proporcionadamente derecho, ni es menester muchos encarecimientos, ni para entenderlo habrá mucha dificultad. Pues en la primera demostración de los pies tratamos lo que pudiera basta, pero habéis de advertir, que no solo han de estar los pies como hemos referido, proporcionadamente juntos, pero se requiere, que el cuerpo goce así mismo de tal proporción: Carranza, folio 166. para que se cumpla con lo que dice nuestro autor, ángulo moderado, que es estar igualmente sobre ambos pies, porque este es el mejor: porque si estuviese en el extremo de los pies juntos, ya hemos dicho que estaría perpendicular, que es lo propio que dice Carranza estar en línea: porque todo el cuerpo del hombre, en aquella postura de los pies juntos, hace una línea derecha perpendicular de la cabeza a los pies, y no tendrá firmeza ninguna, por faltarle el ángulo moderado de las piernas: que según nuestro autor, en el tal ángulo, es donde está la fuerza, por haber aquella distancia proporcionada de un pie a otro, que es donde el hombre está mejor, y más pronto para alcanzar a su contrario: Solución del enigma que Carranza pone a los Matemáticos, folio que estando de esta suerte, cesará el enigma que pone Jerónimo de Carranza a los Matemáticos: diciendo, que cómo puede ser, que dadas dos líneas, la una mayor que la otra, sin aumentar cantidad en la menor, se haga, que alcance más que la mayor (sin disminuirle de su largura) todo lo que ella excedía a la menor, con solo, que el que tiene la línea mayor, se afirme en el extremo de los pies desproporcionadamente abiertos: y el de la corta, afirmado en ángulo moderado con los pies, proporcionadamente juntos: porque si ambos se afirmasen de una misma suerte, o en proporción igual, o en extremo igualo, la mayor línea alcanzaría más: y cuando fuesen iguales, igual sería el alcance: porque, como hemos dicho, un igual con otro igual no tiene poder: y así el alcanzar más la corta que la larga, es por estar afirmado con ella en alguno de los extremos: y el de la corta, estar derechamente afirmado. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA100SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS El perfil que ha de tener el cuerpo para ser bueno. Así mismo habéis de advertir, que además de tener el cuerpo derecho, como está dicho, conviene, y es de muchísima importancia que esté perfilado: de tal suerte, que el pecho no esté derechamente a la espada contraria: porque además de no tener la prontitud que convendrá para impedir los movimientos que el contrario hiciere, se alcanzará menos con la espada (como se probará por demostración). De suerte, que la conclusión de esto es, que para estar el cuerpo en buen perfil, ora se considere con sin espada, o sin ella, ha de ser de lado: como lo manifiesta la demostración, ora sean los compases por cualquier lado de la circunferencia, o por la línea del diámetro, o por cualquiera de las colaterales, que son las líneas que forman los ángulos, siempre guardando este precepto: porque de ir contra él, no será sin notable daño: y cuando importare valeros del compás de pie izquierdo, que como dijimos en la demostración de los pies, sirve de derecho: pues ha de estar delante, y el derecho atrás, se ha de guardar la propia puntualidad que el lado izquierdo esté perfilado, y el pecho jamás derecho al contrario, si no fuese en algunas proposiciones, o tretas, que se corren por encima de la espada, metiendo pie izquierdo: que en tal caso no ha lugar estar del todo perfilado. Pero esto, se ha de entender, que se ha de obrar, mediante tener la espada sujeta, y no en otra manera. Carranza folio 2 en la declaración. Y porque dice nuestro autor, que el perfil toca a la figura del cuerpo, sin que la espada pueda obrar. Y así mismo dice, que el perfil es la figura del cuerpo buena, o mala, para que con certeza vengamos a verificar, cómo un hombre perfilado alcanza más que otro que no lo esté. Por parecer que convenía para convencer cualquier Entendimiento, quise ponerlo, y probarlo por demostración, para que con menos trabajo lo entendáis, y en un punto conozcáis el perfil bueno, o malo que tuviere vuestro contrario, y le sepáis ganar los grados de él, como cosa tan importante: juntamente advirtiendo algunos extremos, tan malos, cuando dañosos, en que se ponen los profesores de la falsa Destreza, con deseo que todos lo consideren, y los unos dejen lo malo, y todos en general sepan lo bueno, y os aprovechéis y aprovechen pues este conocidamente es mi deseo: y todo se podrá considerar en las dos demostraciones siguientes. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ101DE LA VERDADERA DESTREZA. Línea de la contingencia Demostración para saber en qué postura se alcanza más. Euclides libro 3 teorema 10, prop. II. Dice Euclides, que si fuera de un círculo se tomase un punto, como digamos D y de él se tirasen líneas rectas al círculo, y una de ellas pasare por el centro del tal círculo, y las otras de cualquiera manera que sea las que cayeren sobre la circunferencia cóncava (que es la línea de que se forma el círculo, a quien llamamos circunferencia) la mayor de ellas será la que pasare por el centro (a quien decimos diámetro) que es donde está la espada, y de las otras la más vecina a ella, como se ve en la línea punto A ser la mayor, por la razón dicha de pasar por el centro, llegando a la línea del tocamiento, o contingencia, que es la del punto L M Y, discurriendo sobre mano izquierda, veremos, que la línea punto B es mayor que la que señala la punto C y menor que la primera: y esta mayor que la línea punto D y menor que la segunda: y la punto E menor que todas, como se ve en el apartamiento que cada una va haciendo de la línea de la contingencia. Pero si ahora quisiésemos a cada una de estas cuatro líneas suplirle, y acrecentarle lo que falta para llegar a la línea de la contingencia, que es el tocamiento de todas, como llega la línea punto A veremos, que la línea que señala punto F, que es la que era igual a la punto B, viene a ser mayor que la del diámetro, toda aquella distancia que hay desde la circunferencia cóncava, del círculo mayor, hasta la línea de la LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA102SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS contingencia. Y sucesivamente la línea punto G que era menor que la punto F, con lo que le acrecentamos, viene a ser mayor que no ella: pues, como se ve, hay más distancia a la línea del tocamiento. Y de la propia manera la línea punto H mayor que la que señala G, y la I mayor que la H. Y así vendrá a ser la mayor (que solía ser) menor, y la menor mayor: de donde se viene a inferir y sacar en limpio, que todas las demás líneas, excepto punto A (que es la del diámetro) si quisiéremos que alcancen a la línea de la contingencia, ha de ser acrecentándoles la falta que cada una tiene. Y la solución de este punto en la siguiente demostración se declarará. Línea de la contingencia, o tocamiento. Euclides. Demostración para saber en qué postura se alcanza más. Con lo presupuesto en las demostraciones antes de esta, y en la que demostramos, que el ángulo recto alcanza más que otro ninguno, acreditamos esta demostración, y de su certeza no tendremos que dudar: pero habéis de suponer, para inteligencia de lo que se trata, que el hombre, además de ser esférico, como ya hemos dicho, juntamente se consideran en él dos líneas. La una, desde la cabeza hasta los pies: a quien se llama, según Euclides, perpendicular: o, según Astrónomos, línea vertical. Y se considera otra, teniendo abiertos los brazos desde el uno hasta el otro. A esta llamamos, según Euclides, línea de la contingencia, o del tocamiento: o, según Astrónomos, horizontal de la primera, que es desde la cabeza a los pies. Ya dijimos en la demostración del juicio que se hizo entre los tres ángulos y cuál alcanzaba más. Solo trataremos de la considerada, desde el un brazo al otro, pasando por el pecho, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ103DE LA VERDADERA DESTREZA. por ser lo que más hace al propósito de lo que tratamos: y para testificación de ello, se han traído estas dos demostraciones, y sus argumentos tan solamente para los que entienden a Euclides, o lo pueden entender: y para los demás, la aplicación es la que les pertenece, y aún la que les será mayor gusto, por ser para ellos de más facilidad. La línea que señala punto A L, que es donde está la espada, es la perpendicular: y la línea desde punto C a punto G es la que hacen los brazos abiertos: pues si desde un punto se echasen líneas, la que pasare por la del diámetro, conocidamente alcanzará más. Pues ahora se ha de entender, que afirmado un hombre recto, y perfilado el cuerpo, que es como hemos dicho y demostrado, puesto de lado, y el brazo de filo con su espada, alcanzará más, pues llegará a punto A que es el pecho del contrario: y si quisiese llegar a punto B que será junto al nacimiento del brazo (que es el hombro) derecho, no haciendo movimiento de pies, faltará todo aquello que hay desde la circunferencia hasta la línea donde se va a tocar: y si quisiese llegar a punto C que será la coyuntura del codo, dejará de alcanzar todo aquello que la demostración manifiesta: pero si llegase a punto D que será la empuñadura de la espada, no le podrá alcanzar, ni aun con otra tanta largura de espada: y si se afirmase en punto E vendrá a quedar en línea paralela, aunque distante, como lo manifiestan C E cuya naturaleza es, que procediendo en infinito, jamás concurren. Y lo propio se puede considerar en las otras líneas de mano derecha: Nota. de donde venimos a sacar en limpio, que así como bajando desde el pecho hacia abajo el ángulo agudo, o subiendo el ángulo obtuso, se aparta la espada del centro, que es donde por la línea del diámetro alcanzaba, y se pone en parte donde le es imposible alcanzar: que así mismo apartándola a la mano diestra, o siniestra, dejará de alcanzar, conforme lo van manifestando las líneas que salen del centro. Nota. Pues ahora habéis de considerar, que parece que lo hacen de industria maliciosamente, o de ignorancia crasa, que por el propio caso que apartase de la línea del centro (que es donde está la espada, como está dicho) y quitar el brazo de su lugar, poniéndolo en alguno de los extremos, uñas abajo, o arriba, es malo y peligroso, ni estudian en otra cosa, ni la hacen: como se ve ordinariamente, que dejada la línea dicha, que pasa por el centro, sin tratar de ella, como si en el hecho de la verdad fuera cosa mala y dañosa: y se afirman en la de punto B uñas abajo, el brazo doblado, todo hecho ángulos: A quién llama el vulgo ocasión. a la cual postura dicen, que es una treta suya de la ocasión que dan a su contrario: y cierto yo lo creo, porque el que tal hace, da ocasión muy bastante para que lo maten: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA104SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS porque apartar la espada de la línea, o punto del tocamiento (que es el pecho) y encorvar el brazo, qué es, sino llevarle aparte, que aun cuando el brazo estuviese derecho, alcanzaría menos, como lo señala la demostración: y por el contrario, la espada del suyo alcanzará más: y al que se afirmare de esta suerte, con poca diligencia se le podrá herir, como se dirá en su lugar. Qué treta se hace en punto C. Otros hay, que se afirman de tal suerte, que llegan con su espada a punto C las uñas arriba, como hemos dicho, y allí hacen una treta, cuyo nombre es, llamar, haciendo un movimiento manso, uñas arriba, descubriendo el pecho, para que su contrario se aficione a herirle en él. En este punto apartan más la espada, y dan lugar a que la contraria les pueda ofender con pequeño movimiento, como avisaremos adelante. La treta que se hace en punto D. Otros descomponen con más libertad, tirando un tajo, no muy largo, llevando la espada a su lado izquierdo, con cuidado y prevención grandísima, para cuando el contrario quiera herirles en el pecho (que podría, teniendo medio conveniente, pues lleva su espada hasta punto D) cogerla haciendo cruz, y metiendo el pie izquierdo, dando una muy fuerte estocada. Y de los tales su inadvertencia es conocida, y el peligro cierto. Nota. Si tuviereis cuidado de elegir siempre medio de proporción, con el cual, si el contrario quisiere hacer el tal movimiento, así por el largo viaje que tiene que andar su espada en hacer el tajo: el cual se compone de movimiento remiso, con participación de ángulo agudo, como por el breve camino que tendrá que andar la vuestra: pues ha de ser movimiento accidental por el ángulo recto, y alcanzando su espada tan poco, como lo señala la línea punto D, le heriréis, gozando del lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda, al punto que hiciere el movimiento remiso: pero si volviese a coger vuestra espada, será forzoso librarla por abajo, gozando del otro lado de la circunferencia, hiriendo: como todo se avisará en su lugar. La treta que se hace en punto E. Inconsideradamente, sin ninguna razón, ni prudencia: otras veces tiran un tajo, a quien ellos llaman rompido, aplicando tanta fuerza, que llevan la espada hasta punto E, que para ello juntan el brazo, y lo cruzan en el pecho con el propio intento que en el medio tajo, de volver a coger la espada: y llegado a tal punto, estará en línea paralela equidistante, como se ha dicho, y se ve: con lo cual, teniendo la espada tan remota, y el viaje que anda, y ha de andar hasta volver al ángulo recto, que dejo tan largo, y estando vos afirmado rectamente, y teniendo elegido el medio de proporción dicho, y habiendo de ser el movimiento tan breve, como ya hemos referido, se puede LUIS PACHECO DE NARVÁEZ105DE LA VERDADERA DESTREZA. considerar con cuánta facilidad será ofendido, aun antes de que acabe el movimiento remiso, con solo gozar un poco del lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda: y si volviere a coger vuestra espada, que es el intento con que tiran el tajo, considerando que lleva la suya al ángulo obtuso, pasaréis con compás curvo por el otro lado de la circunferencia, librando la espada por abajo, hiriéndole en los pechos, como avisamos en el punto antes de este, y demostraremos adelante. Y discurriendo por las otras cuatro líneas de mano derecha, aunque para declaración de los perfiles y el alcanzar no fuera menester declararlas, pues son semejantes a las primeras, por declarar la treta que en cada una de ellas se hace, se dirá algo de ellas, que no es prolijidad decir siempre aquello que conviene. La treta que se hace en punto F. Y en cuanto a la primera, punto F es una treta, que se hace doblando el brazo, que la guarnición de la espada viene a quedar enfrente del hombro, descubriendo un poco el pecho: a la cual llaman convidar al contrario a que hiera en el pecho descubierto: y esta razón, o convite yo se la niego, pero el gasto del convite, será bien a su costa, si entonces tuviereis medio de proporción: pues con él, además de alcanzar más, será el movimiento breve: y pasando un poco al lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, le heriréis en los pechos: y cuando quiera coger vuestra espada en su guarnición (que es lo que pretenden) habrá ya llegado la herida, y podréis volveros a salir a medio de proporción: donde tendréis seguridad, y libertad para volver a herir. La línea punto G y la treta que en ella se hace. La línea punto G es tan frecuentada de los que casi la tienen por fin de su defensa, que en muchas veces que tomen la espada, no hacen otra cosa, y en ella hacen una de las tretas más memoradas, que también se nombra, llamar, como la de punto C que ambos movimientos son de un tamaño (cada uno por su parte) en esta descubren el pecho, para que les hieran en él, con intento de arrebatar la espada, y dar un tajo en la cabeza: y no miran si es largo, o breve el movimiento que han de hacer para conseguir su intento: y si el de su contrario es más veloz, y les podrá herir, como le heriréis al vuestro, teniendo elegido el medio de proporción, en el punto que se abriere, o descubriere el pecho, con solo dar un compás por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha: con el cual le ganaréis los grados del perfil, que baste a poderle herir con vuestra espada, sin que la suya os pueda alcanzar, si no fuere dando otro compás hasta afirmarse de nuevo: y al principio de él también se le podrá herir. La treta que se hace en punto H. La de punto H es en la que forman el revés, cuando acaban el tajo que avisamos en la línea de punto E con el propio intento de arrebatar para dar tajo, y con la prevención dicha del medio de proporción: considerando, que además de tener LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA106SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS la espada tan remota, cuanto lo señala la demostración: el tal revés le forman con participación de ángulo agudo, con lo cual el recto alcanzará más, y le podréis herir, si en el obrarlo fuere con brevedad, gozando un poco del lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, por causa de que la espada queda remota en vuestro lado izquierdo: y lo demás que falta en su lugar lo avisaremos. Punto I. Y si llegase a punto I que aunque no es tan general algunas veces se ponen en ella, descubriendo todo el pecho, vendría a estar en líneas paralelas, sin esperanza de poder herir desde allí, por ser imposible. Y si el que tal hiciere tiene alguna de defenderse, le desengaño, porque de toda imposibilidad le será imposible, si el Diestro tuviere elegido medio de proporción, ya referido: porque con él le podrá herir con movimiento tan breve, que casi sea incomprensible: y si a la vista se le pone duda que lo pueda comprender mucho, mucho mayor se le podrá poner al remedio que ellos pueden prevenir, pues en el hecho de la verdad está tan lejos, cuanto cerca el deseo. Mas habéis de considerar en la demostración y figura de este hombre, que es en la rectitud y entereza del brazo, cosa nueva, lenguaje y doctrina pocas veces visto y cuando visto, no guardado: y la causa debe ser, el ignorar los provechos que de ello resultan. Los provechos que resultan de tener el brazo recto. Los cuales son dos, que ambos se encierran en el deseo del hombre, que es ofender al contrario, y quedar sin ofensa: pues teniendo el brazo recto, se puede acudir a los movimientos contrarios, impidiéndole las estocadas, e hiriendo juntamente, y a los tajos juntamente con los reveses y mandobles, vencerlos sin reparo, con solo herir unas veces al principio del movimiento violento, y otras al acabar el natural, con solo que los pies suplan, con los compases, por los lados de la circunferencia, lo que faltare para reducirse a proporción, como se irá manifestando en las demostraciones de adelante. Por qué se da herida en el codo. Vengamos ahora a declarar una herida, que procuran dar en el codo, pues prometimos manifestar su remedio, y la razón porque la dan, y la pueden dar allá entre ellos, es, que como se afirman curvos doblando el brazo, por la sangradera [parte interior de la articulación del codo, que queda en sentido a donde se pliega el brazo, Miguel Castro, Glosario General de la Esgrima Láser], y la espada por esta causa forzosamente ha de subir al ángulo obtuso, y hallan el codo descubierto, se aficionan a herir en él: y ha habido algunos tan Diestros de esta herida, que alguna vez han desjarretado [debilitado], el brazo al contrario: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ107DE LA VERDADERA DESTREZA. Aristóteles. pero como dice el Filósofo cesando la causa, cesa el efecto: y como afirmarse recto, hace tender el brazo, sin que haga ángulo, o dobladura ninguna en la sangradera, no hallan donde herir: y cuando no obstante el estar recto, la procuran, o procuraren dar, es y será para su daño: Remedio contra la herida del codo. porque como hacen un medio movimiento circular, e inclinan el cuerpo, para llegar, y el ángulo recto alcanza más, como tenemos probado, sin que el Diestro ponga diligencia de su parte, ellos mismos se hieren, con tanto rigor, cuanto ellos ponen en herir: de suerte, que para defenderse, y herirles, no es menester más que afirmarse recto. Cómo se ha de tomar la espada. Ahora queda por avisar el modo de tomar la espada, que aunque os parezca que lo sabréis, por el común uso que hay de tomarla, oídas las razones que diré, será posible os halléis tan engañado, que deis por bien empleado el trabajo de leerlas. Carranza, folio 178. Y aunque para esto, os puedo remitir al libro de nuestro autor, pues en el diálogo de la Filosofía enseña por demostración, el cómo se ha de tomar, quiero encargarme del trabajo de trasladarlo, añadiendo algo para más declaración suya. Ordinario y uso común ha sido tomar la espada, poniendo el dedo, a quien llamamos pulgar (que es el primero de la mano) encima del recazo de la espada: de la cual inadvertencia ha sucedido muchas veces derribarla de la mano, así por estar en mala postura, como por el modo de tomarla: y para evitar prolijidad, solo avisaremos cual es el mejor, sin tratar de los demás, pues con lo uno se manifiesta todo. Esto manifiesta bien la demostración del hombre, el cual parece tener la espada de esta suerte: el dedo índice, que es el segundo de la mano, tiene asida la guarnición por la junta que hacen los brazos de ella: y luego el dedo pulgar encima de todos cuatro, cerrando y apretando la mano todo aquello que la virtud de los tendones, músculos y murecillos tienen: Carranza, folio 155. y el poner el dedo pulgar encima de los otros cuatro, no es de poca consideración, pues prueba nuestro autor elegantísimamente, que él solo tiene tanta fuerza como los otros cuatro: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA108SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Por qué se ha de apretar la mano con el dedo pulgar. y hace prueba de esto, el ver, que cuando queremos hacer fuerza con la mano, tirando, o apretando cualquier cosa, luego acudimos con el dedo pulgar a favorecer a los otros cuatro: porque con facilidad los sentimos desfallecer. Y así mismo, cuando uno hace apuesta, que no le abrirán la mano, no tiene el dedo pulgar levantado, sino con él apretados los demás, como llave y cerradura de todos ellos. Y finalmente, en toda cosa que se quiere hacer fuerza con la mano, el dedo pulgar es el que la fortalece, cogiendo a los demás debajo de sí, como amparo que es de todos, como cada uno lo podrá considerar en su propia mano: y muchas veces se ha visto tomar la espada, como vulgarmente se toma, y en sujetándosela, comunicando alguna fuerza, no poder con los cuatro dedos solos resistirla, ni tener la espada, y acudir luego con el dedo pulgar a favorecerlos. Nota. Y pues vos confiáis en mí, y yo en Jerónimo de Carranza, y él, en la larga y cierta experiencia, creed, que es el mejor modo, más fuerte, y más seguro, así para que no se derribe de la mano, como para poder mejor acudir a los movimientos contrarios: y para los que determinareis hacer, sean más veloces: El provecho que resulta de apretar la espada en la mano. porque cuanto más se apretare la espada en la mano, más fuertemente se le comunicará la virtud de tal fuerza: con lo cual os podréis mejor defender, además de resultar de aquí un punto de grandísima importancia para vuestra defensa, que será ser el tacto más cierto y conocido. Precepto tan importante, que por serlo tanto, se hará manifestación particular de él, por ser mediante el cual, os podréis defender, y ofender. El provecho que resulta de tener el cuerpo derecho. El último e importantísimo provecho, que ha de tener el cuerpo, como avisamos procede, es la conservación del aliento, de quien se sabe, y la razón lo manifiesta, de cuánta importancia le sea a todo hombre: y en particular a los que profesan armas, en las cuales los movimientos son más acelerados, presurosos, y repentinos: El daño que viene de los movimientos acelerados. de donde las más veces resulta cansancio, y del cansancio resulta temor, sobresalto, necesidad de fuerzas: y de todo esto pérdida de confianza de alcanzar la victoria, y en breve tiempo que anden batallando, se desalientan y ahogan: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ109DE LA VERDADERA DESTREZA. Nota. porque como siempre ponen el cuerpo en alguno de los extremos (que ya hemos dicho) y el más usado es extenderse mucho, abriendo mucho los pies: y si luego al punto se les ofrece necesidad de dar un compás, ora sea para ofender a su contrario, ora para diferir algún movimiento que él haga por ganar aquel tiempo que gasta en hacer el primer movimiento, que es reducirse al ángulo moderado, y que no falte para su intento, se ha de mover el cuerpo con mayor velocidad: y como ya se ha dicho, y es muy sabido, que todo movimiento es causa de calor, aquel lo será de más, que fuere más acelerado, y mientras más movimientos se hicieren el calor natural tendrá más calor, y más necesidad de aire fresco para conservarse, sin encenderse del todo: y así se ve, que cuando se ejercitan, como andan en continuo movimiento, tan afligidos y desalentados, en poco tiempo que batallen, se cansan, sudan y ahogan: y les es forzoso dejar la espada, porque siendo los movimientos que se hacen (teniendo el cuerpo en alguno de los extremos) de gran trabajo, se sigue, que el que menos movimientos hiciere, se cansará menos, y el que más, más, como se ve de ordinario estar menos cansado el que se va paseando, que el que corre y salta, o hace otro ejercicio apresurado: y por el contrario, teniendo el cuerpo derecho, está dispuesto para acudir a sus determinaciones, y servir al Entendimiento y Voluntad con más prontitud, e impedir los movimientos contrarios, haciendo los suyos tan sosegados, sin que reciba ningún cansancio, ni trabajo: porque no hay duda cansarse más un hombre en una hora, que se ejercite en correr, saltar, o tirar barra, que en pasearse seis: y mejor se conserva el aliento: por ser los unos movimientos tan accidentales, y los otros tan mansos y sosegados. Y porque de la importancia de la conservación del aliento se ha de escribir punto particular, por ser particular su importancia, en él veréis lo que aquí falta: pero dejemos resuelto, que de tener el cuerpo derecho, en ángulo moderado resultan estos provechos y otros muchos, que se pudieran manifestar: de suerte, que demostramos lo malo, por venir con certeza en conocimiento de lo bueno: porque un contrario junto a otro se conoce mejor. Y la conclusión de este punto, sea entender, que afirmarse, como lo demostramos en la figura del hombre, es la mejor, y donde el cuerpo está perfilado, y dispuesto para acudir a su defensa: y pues está prometido, que en su lugar se irá manifestando cómo se ganan los grados a los perfiles, a él os remito. Por qué se pintó el hombre desnudo. El estar el primer hombre que pusimos desnudo, es para demostrar la entereza que habéis de tener, así en las coyunturas de las piernas, como en la del brazo, y que se entienda que va reprendiendo el vicio que tienen los vulgares cuando se afirman, o ejercitan en doblar la rodilla derecha, y otras veces la izquierda y aun algunas veces hincándola en tierra, teniéndolo por gallardía: al cual sería bien empleado, que el ángulo recto obrase allí su efecto, para que pagasen su desatino, y escarmentasen para adelante de ponerse en extremo semejante: de todo lo cual habéis de huir como de cosa tan dañosa, y aprender y usar la que decimos y demostramos, como cosa de tanto provecho. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA110SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Por qué se puso el vestido. El que pusimos vestido, es así mismo para avisaros cómo habéis de ejercitar las armas, sin quitaros capa, ni espada, por ser así conveniente: como se dirá cuando tratemos del ejercicio que habéis de tener, para que con más facilidad acudáis a las ocasiones de veras. Medio de proporción de espadas iguales importantísimo. La significación de estas dos espadas juntas, iguales en su cantidad y largura, es de tanta importancia, que no se puede encarecer, y es la primera cosa que habéis de hacer con vuestro contrario: porque el bien acabar cualquier obra, en el principio tiene su origen. Y como dice Pitágoras Filósofo, la mitad es más que el todo, que es lo propio que decir, que en el principio y su acierto está la dificultad de la obra: y el intento particular que habéis de llevar, ha de ser repartido en dos. Lo primero, reconocer la espada contraria, mediante el medio de proporción (que es el sentido de esta demostración) el cual considera la largura de ella, procurando que de ninguna suerte pase la espada contraria de la guarnición de la vuestra: porque el movimiento que hiciere para dar cualquier herida, lo comprendáis: lo cual haréis sin dificultad: pues habrá tanta distancia de la punta de su espada a vuestro cuerpo (teniendo vos tendido el brazo recto, que será imposible dejarlo de conocer. Carranza, declaración folio 2. Lo otro, que teniendo elegido tal medio de proporción (que según Carranza es medir las espadas) el contrario no podrá hacer movimiento, retrayéndose atrás, que así mismo no lo comprendáis, y aún sujetéis, si con presteza graduareis adelante, lo que él desgraduare atrás: porque vuestro paso será igual al suyo, y con más ventajas, porque el ir adelante es andar naturalmente (como ya hemos dicho en otro lugar) lo cual se hace sin ningún trabajo: pero el que se hace atrás, además de no ser tan largo, va con menos certeza. Y lo que es más de considerar, que cualquier movimiento que se hace, echando pie atrás, que no es para herir (siendo el tal movimiento desde el medio de proporción) de lo cual os resultará tener más lugar para ir adelante. Este medio de proporción, no es otra cosa, sino una comparación, y respecto cierto de dos cantidades LUIS PACHECO DE NARVÁEZ111DE LA VERDADERA DESTREZA. de un mismo género. Como lo dice Marsilio Ficino en el Timeo de Platón: porque una cantidad igual es comparada y conferida con otra cantidad igual: esto es cuando las espadas están juntamente proporcionadas, o medidas en ángulo recto, conforme la demostración lo manifiesta. El medio de proporción es un lugar conveniente para cualquier causa de la Destreza, para salir y entrar en ella con certeza, sin que sobre en lo superfluo, ni falte en lo necesario: y por esto se dice muy propiamente medio, porque carece de todos los extremos: y puesto en él, ni estaréis tan cerca de vuestro contrario, que sin conocer su movimiento, os pueda ofender: ni tan apartado, que con cualquier pequeño movimiento, suyo, o vuestro, no pueda ser herido: o le podáis impedir con facilidad cualquier herida que formare, teniendo conocimiento, si con el tal movimiento os puede alcanzar, o no, mediante la distancia que hubiere de su espada a vuestro cuerpo, y el tamaño del propio movimiento, que son dos de los fundamentos en que la Destreza se funda: Carranza, folio 27. como lo dice Jerónimo de Carranza, del cual conocimiento han carecido muchos de los profesores de las Armas, sin tener consideración de él: sino en poniendo mano a la espada, inconsideradamente, se llegan a sus contrarios: Note el diestro. de donde les resulta herirse ellos propios, por no saber qué distancia hay de cuerpo a cuerpo, y de espada a espada: ni si con pequeño, o largo movimiento les podrá alcanzar a herir. Qué es tamaño en la Destreza. Sea pues la conclusión de este punto, que para conocer qué arma trae el contrario, y qué movimientos hace, con qué partes, de qué calidad y tamaño, y de qué especie: digo tamaño en las partes de fuerza que le comunicare: porque algunos de los movimientos que hacen, son tibios acometimientos, sin que ninguno tenga efecto de herida. Y así mismo conocer el movimiento, o compás de pies, para saber la diferencia que ha de haber, de la cual trataremos en su lugar. Qué es especie en Destreza Digo especie en conocer, qué genero de herida quiere formar, o cuál es la que forma, si es tajo, revés, o estocada, por haber de ser diferente el remedio que se ha de aplicar a cada uno. Y finalmente, estar seguro, de que sin nueva determinación y movimiento del contrario no podréis ser herido. Y esta determinación ha de ser muy notoria a vuestro conocimiento, habéis de elegir el medio de proporción dicho, confiando, que desde allí, forzosísimamente, si vuestro contrario os quisiere herir, ha de hacer nuevo movimiento de pie, cuerpo y brazo: y de otra suerte será imposible: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA112SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS como por ejemplo, si con un compás hiciese un círculo redondo, que forzoso la una pierna de él ha de hacer punto en el centro del tal círculo: si se quisiese hacer otro mayor, o menor, no se podría, si no fuese mudando en largo, o en corto el compás: porque si desde aquel punto, sin abrirlo, o cerrarlo, se quisiese hacer otro círculo, será forzosamente por la circunferencia que hizo primero, sin hacer otro de nuevo. Así, si vuestra espada estuviere en medio de proporción, por muchos movimientos que haga el contrario, como no mude el pie adelante, no podrá alcanzar a herir: pues haciendo movimiento, fácil será de conocer, dilatarlo, o herir, como adelante diremos. Objeción contra el medio de proporción. Algunos que han querido despuntar de agudos, han dicho, que el medio de proporción no tiene certeza, por constar de compañía del contrario, y este ser libre señor de su voluntad: y que no dará lugar a que se haga, y no consideran, que el cuerpo es el objeto de la herida: y que si el contrario la quisiere ejecutar, forzosamente ha de pasar por el medio, para que tenga efecto, excepto si no se dan en el aire. Solución infalible en favor del medio de proporción. Pues cesen todos los argumentos y objeciones, con entender, que en cualquier postura que el contrario se pusiere, alta, o baja, a un lado, o a otro, curvo, o recto, con espada larga, o corta, deprisa, o despacio, que si el cuerpo ha de recibir la herida, y esta ha de ser compuesta de movimientos, forzosamente ha de llegar su espada a la punta de la contraria: y luego al medio, y al fin, hasta llegar al cuerpo. Pues siendo así, cuando su espada llegare al lugar que habíais de elegir medio, estando parado, haréis lo propio que si lo hubiereis elegido. Y con esto tendrá efecto el elegir medio, ora sea por vuestra causa, sin preceder de la suya más que la disposición de aguardar: ora sea mediante los efectos dichos de la herida: pero si no se quiere herir, ni tampoco quisiere aguardar, para el tal no hay Destreza, ni será menester, pues huye. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ113DE LA VERDADERA DESTREZA. Medio de proporción de espada corta contra espada larga. Algunos hombres, guiados de una opinión falsa e inconsiderada, han dado en traer espadas más de la marca, entendiendo con ellas estar más seguros: y han procurado confirmar e introducir esta opinión por buena, con haber hecho (o traído a su propósito) un adagio, que dice dedo de espada, y palmo de lanza, es gran ventaja: y tienen conocida razón que es gran ventaja, mas no para ellos, sino para sus contrarios, que las trajeren cortas: Por qué la daga tiene gran fuerza. porque así como la daga en cualquier parte tienen gran fuerza, porque es de pequeña cantidad en largura. Y de quien dice Jerónimo de Carranza, que es toda centro porque está más propincua, o junta al origen de la fuerza, que es el brazo: le llamo origen, para cuanto a la espada, y a quien Carranza llama centro principal. Por el contrario, la espada larga, como es tanta su largura, está remota y apartada de este centro: y así tendrá más flaqueza, y los movimientos así mismo serán muy flacos, y fáciles de impedir y desbaratar: Ejemplo contra la espada larga. como por ejemplo, si con un palo pequeño algo grueso diésemos a una caña larga y delgada, que aunque para el tal golpe, se le comunicase poca fuerza, por ser la caña tan débil y flaca, por su largura, bajaría al suelo, compelida de aquel pequeño golpe. Y por el contrario, si con la caña diésemos al palo, ningún efecto haría su golpe, por estar el palo junto al centro de la misma fuerza. Carranza, folio 157. Y pues nuestro autor, con ejemplos tan firmes, probó este punto en la demostración de la espada graduada, y la experiencia por su parte lo tiene lo tiene probado, no tengo que detenerme en esto: solo os quiero decir con esta nuestra demostración de la espada larga y corta, el medio que habéis de elegir, si vuestro LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA114SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS contrario la trajere larga: siguiendo en todo el orden de la demostración antes de esta, no dejando que en ninguna manera pase la punta de la espada contraria de la guarnición de la vuestra, por las causas atrás dichas: y desde allí cualquier movimiento que hiciere, por ser espada larga, será tan conocido, cuanto con facilidad remediado: Con qué intento traen espadas largas. porque el intento particular de los que traen espadas largas, es para tirar unas terribles estocadas de puño, desde afuera: y si fueren tajos, o reveses, como son tan largas, así mismo los movimientos serán tan largos, que tendréis lugar de ofenderle, sin que tengáis peligro: Ejemplo a la espada larga. como por ejemplo, en una rueda pequeña que anda a la redonda, ponemos una señal, y dando vueltas veremos, que como su circunferencia es pequeña, pasa con velocidad su curso y vuelta: pero consideremos una grúa que suele haber, donde se levanta algún edificio: y pongamos así mismo una señal, y siga el curso de su vuelta, y veremos que es menester aguardar un gran rato: porque como es tan grande, aunque anda tan aprisa como la pequeña, no concluye su jornada y vuelta con tanta presteza, como parece en la demostración de los tres círculos que hace el brazo: así el de la espada larga, aunque le comunique toda la fuerza que tuviere, respecto de su largura, ha de ser tarda en sus movimientos circulares (que son tajos o reveses) y si fueren rectos de estocadas, serán flacos, como queda dicho: y si el de la espada corta con la velocidad que se requiere entrare con el de la larga, no será poderoso librarse, ni librar la espada, por su largura: Ejemplo contra la espada larga. pero si el de la larga quisiere entrar con el de la corta, no conseguirá su intento: porque con facilidad la librará y ofenderá: como si en un lugar estrecho quisiéremos mandar una lanza, que nos será imposible, por ser su largura tanta: pero una espada, o daga se podrá con facilidad, cada cosa regulada a su cantidad: Por qué causas no ha de traer un hombre espada larga. y esto baste para entender que antes es provechoso traer espada corta, así por las ventajas referidas, como por no andar un hombre señalado: porque es un sobrescrito que trae, en el cual todos le leen: o que es arrogante, o que es inquieto, pendenciero, o que tiene poco Ánimo, pues fía más en largura de la espada, que en él. Finalmente, siquiera por quitar que todo el vulgo ponga los ojos en un hombre, ha de huir de todos los extremos: y pues cada uno se tiene por tan hombre como otro, por tan valiente, tan animoso, no es razón que traiga armas más aventajadas que otro: porque cuando le venciese, no dijese justamente el vencido, que lo había sido con ventaja conocida: por lo cual la victoria no será estimada. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ115DE LA VERDADERA DESTREZA. Objeción contra este punto. Esto (como lo demás que se escribe) no ha sido libre de las objeciones de los envidiosos, a favor de sus espadas largas: y se fundan en decir, que cómo puede ser dañoso el traerlas, pues hacen dos efectos. El uno es, herir al de la espada corta, Y el otro, estar más apartado de él, mediante la propia largura. Solución. Y no quieren considerar, que el cuerpo del hombre es donde mediante la ejecución reciben nombre de efecto las heridas, y donde han de ser dadas, para que verdaderamente sean heridas: y estas se ha de dar con espada, aunque sea tan larga, cuanto se puede considerar, no por eso ha de dejar de llegar al cuerpo: y que llegando, de cualquier especie que sean, el de la espada corta, al llegar al cuerpo, que es donde se viene perdiendo la fuerza que se le comunica, que con pequeño impedimento que ponga delante, desbaratará el artificio de toda su herida, y quedará desposeído de aquel señorío que tenía en la espada, y el de la corta lo gozará, mediante el movimiento que hiciere con su espada, y el compás que diere con los pies. Y con esto queda, y quede concluso este punto, pues no solo con razones y ejemplos se ha probado: pero confirmado con bastansísima experiencia. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA116SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Medio de proporción de espada larga contra espada corta. Conocidamente probamos en la demostración pasada, la engañosa confianza de los que traen espadas largas, y el peligro que con ellas tienen: pero así como el buen Médico, que aunque ve al enfermo ya desahuciado, sin ninguna esperanza de sanidad, no deja de aplicarle algún remedio, para que ya que no pueda escapar de la enfermedad que padece, al menos viva algunos días más, ayudando a naturaleza: así nuestro autor, como buen Médico (en este sujeto) no quiso dejar imposibilitado de tener defensa al que trajese espada larga, sino aplicarle remedio, que al menos, aunque no sea para del todo librarse de él, de la espada corta, si fuere Diestro, se entretenga más de lo que se pudiera defender, si no tuviera este remedio. Nota. Y porque os puede suceder hallaros con espada larga, o que la del contrario sea tan corta, que la vuestra le haga ventaja, aunque sea solo de la marca, os conviene advertir, que el medio de proporción que eligiereis, sea de tal manera, que a la guarnición de vuestra espada llegue la punta de la contraria, y no más, por las razones que se han dicho: y en este punto, si el contrario no eligiere medio conveniente a la espada que trajere, que es el que señala la demostración antes de esta, tendrá peligro, y con pequeño movimiento será herido: porque como pasará la largura de vuestra espada casi al medio brazo suyo, por la cortedad de la suya, el movimiento que hiciereis, como la distancia será tan poca, ni se podrá ligeramente remediar, ni tampoco comprenderlo. Y este es el punto donde más se echan de ver y muestran el saber de dos Diestros, trayendo armas desiguales, que cada uno trabaja darle el medio de proporción conveniente a la suya. Y el que a esto advirtiere, y procurare conocer los medios de todas las armas, y dar el que convenga a la que trajere, ora sea larga, ora sea corta, jamás será herido, pues teniendo elegido su medio, después su contrario no hará movimiento, que al principio no lo conozca, y lo remedie con la desigualdad de los compases, como en otras partes hemos avisado, y avisaremos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ117DE LA VERDADERA DESTREZA. Llave y gobierno de la Destreza. Dos títulos le damos justamente a esta demostración, tan propios en los nombres, cuanto semejantes en los efectos: pues le decimos llave y gobierno de la Destreza, porque los efectos que hace la llave (que es el primero) son tres, abrir, cerrar, y guardar: estos propios hace en la Destreza, la demostración presente: porque si quisiereis entrar en los casos más importantes suyos, que es la defensa cierta y verdadera, esta es la llave maestra de todos sus efectos, y secretos suyos, hace efecto de cerrar: porque andando por ella, cierra la puerta a las determinaciones contrarias, haciendo una fortaleza inexpugnable: en la cual el Diestro se pueda defender de los ímpetus desordenados de su contrario, que es donde se cumple el efecto de guardar: y los que hace el gobierno, es enseñar y guiar las cosas a buen fin, y hace el oficio de enseñar, pues a la clara descubre los inconvenientes y peligros que en el discurso de una batalla se pueden ofrecer: hace oficio de guía, pues por camino seguro, llano, y sin ningún peligro, libra al hombre de los muchos que a cada paso se ofrecen, o podrán ofrecer en la variación de tantas tretas como el contrario podrá formar. De esta demostración dependen las otras demostraciones, esta es el principio, y fin de la defensa del hombre, es la carta de marear cierta para navegar por el peligroso golfo de la Destreza, mediante la cual se llega al puerto del seguro: es el camino cierto por donde se ha de andar para salir sin ofensa. Y finalmente, el que saliere de él, tenga por cierta su perdición (no sabiendo los demás caminos por donde se puede caminar: de los cuales se hará demostración particular, antes que entremos en lo universal) por esta se forman heridas de segunda intención (de quien en su lugar diremos) por ella hay ofensa, y defensa: por ella se desvían cualesquiera heridas, y difieren cualesquier LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA118SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS movimientos de cualquier especie que sean: y finalmente ella es el escudo y defensa del hombre: y para entendimiento de ella, habéis de presuponer, que afirmado con vuestro contrario, con espadas, o con otra cualquier arma, que desde el pie derecho vuestro, hasta el del contrario, se considera, y forma un círculo redondo, Carranza, folio 183. como nuestro autor lo pone en la quinta demostración de su libro, que es la propia que en este pusimos de los pies, cuya significación de ambas es la presente: y que en los círculos pequeños de punto R y punto P como lo manifiestan las letras que dicen: Pie derecho, y pie izquierdo, de cada uno es como habéis de estar afirmado: y así como teniendo medio de proporción con la espada, la contraria no podrá dar herida, por aquella distancia, o apartamiento que hay, sin hacer movimiento (como queda dicho) así habéis de procurar tener el propio medio en los pies, que es el cimiento principal de todo este edificio: y para que vayáis confiado, que no tendréis peligro, siguiendo en todo el orden de esta demostración, considerad, que estáis afirmado con vuestro contrario en punto P y en punto R y que formando herida, o acometimiento, o solo movimiento, se pasa de punto R a punto V por el lado de la circunferencia, que señala la punto B que para libraros, y quedar en la misma proporción que estabais, y sin peligro, habéis de caminar por el lado de la circunferencia de punto A hasta llegar al círculo pequeño de punto T con solo un paso Geométrico, que es lo más que el contrario puede andar de una vez: y de esta suerte quedaréis en la misma proporción que antes. Y si quisiere hacer otro movimiento a punto P que es el punto que dejasteis por la circunferencia de punto C, habéis de pasar al círculo de punto R por la circunferencia de punto D y guardando siempre tal medio, será imposible poderos herir, por la proporción y distancia que siempre llevaréis caminando por el círculo mayor, y jamás vuestro contrario os podrá alcanzar, Círculo no tiene principio, ni fin. Euclides, qué es esfera. por la calidad que el círculo tiene, por ser figura redonda, que no tiene principio, ni fin: porque como dice Euclides, la esfera es una vuelta de la circunferencia, cuando hincada al diámetro, se revuelve hasta que torna a su lugar: y por esta causa es la más perfecta figura entre las otras figuras corpóreas. Higino libro 1 de Astronomía poética, qué es esfera. E Higino Gramático, en el primer libro de la Astronomía poética, dice, que la esfera es una figura redonda, que no tiene principio ni fin: porque en lo redondo, todas las partes son principio y fin. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ119DE LA VERDADERA DESTREZA. Aristóteles, libro 2 de cielo, círculo figura perfecta. Y a este propósito dice Aristóteles, que el círculo es figura perfecta, porque se junta el principio con el fin. Por qué la figura circular es perfecta. Y los Filósofos concluyen, que la razón por que la figura circular es perfecta, es, porque comienza donde acaba, y los medios son proporcionados con el principio. Y finalmente, doctrina es de Matemáticos, que en el círculo, no se pone punto precedente, ni subsecuente, mas cada parte del círculo puede ser principio y fin: y así a movimiento circular, que es el que vos hacéis, no se podrá dar último término distinto: el cual sea quieto: y así como el círculo es distancia infinita (no porque tiene infinita cantidad) sino porque es privado de término final: y ningún fin se le podrá señalar, que no pueda ser también principio, así ismo los movimientos que hiciereis, por él podrán ser infinitos: y así jamás seréis alcanzado, ni herido. Como por ejemplo: Demos caso que esta demostración anduviese a la redonda, como rueda de molino, y veríamos, que por muchas vueltas que diese, jamás concurriría en círculo con otro: así, andando por él, jamás vuestro contrario se juntará con vos: porque siempre habéis de gozar del principio de su movimiento: pero si quisiese caminar por la línea del diámetro, que es la que señala punto H, os será forzoso pasar a cualquiera de los círculos, punto T o punto V, porque si fueseis por la propia línea, os encontraríais con él: como por ejemplo se ve, cuando se corren toros, que si el toro arremete al hombre, para librarse de él, no va derecho al mismo toro, sino que se aparta a uno de los lados: así los Diestros, jamás han de concurrir los cuerpos juntos, igualmente derechos los rostros: y si alguna vez se juntan, es mediante algunos extremos de brazo y cuerpo, como adelante se dirá: pero en lo demás, habéis de buscar siempre una desigualdad en todo. Y porque cuando tratemos de lo universal, nos hemos de fundar en esta demostración, por ser el fundamento principal suyo: esto baste para entender este punto. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA120SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Demostración de los ángulos rectilíneos. Porque en muchas partes de este libro se ha de tratar de ángulos, como hemos prometido, y esta demostración, y la pasada contienen en sí un propio sentido, y ambas sirven en la Destreza de guiar al Diestro por el camino que ha de andar, para con certeza librarse de su contrario. Y este término ángulo, supuesto, que lo entiende los que comunican y tratan a Euclides, a los demás les será muy extraño, se tratará de él, y su declaración: aunque no se dirá de las cuatro diferencias de ángulos que nuestro autor dice, que es el que hace el brazo con la espada, ni el dónde está la fuerza del cuerpo, ni el de la buena postura de los pies, ni el sólido que hace el brazo y el cuerpo, pues ya de los unos hemos tratado, y de los otros trataremos en su lugar. Solo diremos, de aquel en que el Diestro se ha de poner para dar la herida, o quitarla solamente, si quisiere. Y para conocimiento de esto, habéis de suponer, que afirmado con vuestro contrario rostro a rostro, en proporción, se considera un ángulo, o rincón de dos líneas iguales, uno a la diestra parte, y otro a la siniestra: y este se llama ángulo rectilínea, como lo define Euclides por estas palabras: Ángulo llano es la inclinación que hacen dos líneas, cuando en un punto se tocan, y no son puestas derechamente: estas son las líneas que señalan punto D y punto P, o las que señalan punto T y R, y aquel rincón que se forma en el tocamiento que hacen en los círculos pequeños, se nombra ángulo: este es la puerta por donde el Diestro ha de salir algunas tretas, y entrar a ellas: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ121DE LA VERDADERA DESTREZA. Carranza, folio 29. como lo dice Carranza, porque afirmados en la manera que hemos avisado, caminos ciertos tenéis para ofender a vuestro contrario, y también para defenderos: y estos son seis, tres por cada parte, o lado (dejando aparte para cuando tratemos de lo universal otras diferencias que hay). Y para haberlos de entender, habéis de considerar, que si quisiereis formar una herida, llevando el brazo y cuerpo derecho, a quien llamamos recto, ha de ser caminando por cualquiera de los lados de la circunferencia menor, quees punto L, dando compás curvo: porque como la circunferencia es hecha de línea curva, así el compas que se diere por ella, también ha de ser curvo: porque se ha de ir pisándola hasta llegar al punto en que hubiere de tener efecto la herida, no curando [cambiando] del círculo mayor, que señala punto O porque este es donde se elige el medio de proporción que en la demostración de atrás queda dicho: pero si quisiereis abreviar, y llegar más a vuestro contrario, habréis de gozar de alguno de los ángulos, caminando por cualquiera de las líneas que los forman, dando compás recto: porque siendo la línea por donde se ha de caminar recta, también el compás lo ha de ser, que aunque es verdad que es tan largo paso uno como otro, pues ambos van a parar a un propio punto: la ventaja se conoce por ir acortando el camino, como se ve en las líneas que forman los ángulos, que están más cerca que los lados de la circunferencia. El otro camino es por cerca de la línea del diámetro, que señala punto N, que las heridas que se dan por ella, unas veces son rectas, y otras con algunos extremos de cuerpo, y brazo, como se dirá en su lugar. Y si vuestro contrario os quisiere herir por alguno de estos tres caminos, que también tiene: tenéis otros tres para vuestra defensa, y herirle cuando quisiereis, valiéndoos del principio de su movimiento, con esta demostración: si estando afirmados ambos, el uno en el círculo pequeño de punto A y el otro en el punto E, y el primero quisiese venir a heriros por el lado de la circunferencia del círculo menor de los dos grandes, de 1 a 2, podréis, gozando de aquel movimiento, al principio de él, caminar por el lado izquierdo de la misma circunferencia de 2 a 3, dando herida (y cuál haya de ser, en todo el discurso del libro se dirá) y lo propio habréis de entender, si caminase desde 3 a 4, porque entonces habréis de pasar de 4 a 5, y esto es cuanto al caminar ambos, con compases curvos: pero si cuando él os viniere a herir por el lado de la circunferencia dicha, vos quisieseis dar compás recto, por la línea que señala punto D gozando de aquel rincón que hace, la herida sería más fuerte, por aquello que se llega más: pero si quisiese caminar de su Voluntad: y no ir por el lado de la circunferencia, que forma el ángulo, que señala punto T, podréis al principio del movimiento ir por la que señala punto D, dando herida. Y si se le antojase venir a herir por la línea del diámetro, que es la que señala punto N, podréis gozar de cualquiera de las de los ángulos, que esto queda a vuestra disposición: solo con una consideración muy prevenida, que si él quisiere herir por un lado, le habéis de herir por otro contrario: porque si fueseis por donde él viene, os encontraríais ambos, con mucho peligro: y por la propia línea del diámetro también podríais herir, con algunos extremos de cuerpo, y brazo: pero no es camino tan seguro como los demás. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA122SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Por la línea del diámetro no se puede caminar sin peligro. Y soy de parecer (por la experiencia que tengo) que os apartéis de ella, lo que pudiereis: porque además de haber pocas proposiciones, o tretas, que poder hacer por ella, hay mucho riesgo, así porque los cuerpos se podrán juntar, como muchas veces se ha visto abrazarse un hombre con otro, y teniendo mayor fuerza dar con su contrario en el suelo, y ser esta causa de matarlo, y también para los brazales que acostumbran: y otros, que faltándoles la ciencia, y hallándose sin Destreza para defenderse, cierran con sus contrarios, con que muchas veces desbaratan todo su artificio: y esto solo por caminar por la línea del diámetro. Por qué no se ha de caminar por la línea del diámetro. Y para quitar estos inconvenientes que pueden suceder, se da esta demostración, para que por ella busquéis una continua desigualdad con vuestro contrario. Nota. Y llevad por máxima este argumento: Mi contrario, me quiere herir en mi lado derecho, ora sea de revés, o de estocada, dando compás curvo, por el lado de la circunferencia de su mano izquierda. Quiero yo hacer lo propio, dando el propio compás por el propio lado de la circunferencia, y herir en el propio lado de estocada: si quisiere herir de estocada y de revés, si formare revés, o de estocada contra el revés, o de medio revés contra el propio revés. Y si fuere por el otro lado, lo propio, graduando siempre los compases al contrario de los suyos, para que jamás os encontréis con él. Y aunque os parezca, que en estas dos demostraciones vamos sucintamente, y que no se dice en ellas cómo se han de hacer las tretas: esto no es más que para dar conocimiento de ellas, y manifestar, qué es cada una, y de lo que sirve, haciendo una preparación, para que cuando digamos, en el discurso del libro, herida por junto la línea del diámetro, se entienda que es por cerca la derecha, que parte los círculos, y señala punto N. Y cuando se diga por el lado de la circunferencia, sepáis, que el compás ha de ser curvo, como el primero recto. Y cuando se avise ser necesario gozar del ángulo de mano derecha, se entienda que es la línea que señala punto R. Y cuando del siniestro, que es la que señala punto D, que con esto no os confundiréis. Y sea la conclusión de todo, y el último encarecimiento de todos los encarecimientos, que siempre procuréis una perpetua desigualdad de cuerpos y líneas, que así para ofenderle, como defenderos, os será de mucha importancia: y en estas dos demostraciones estudiad, y ejercitaos muy de ordinario, pues son llave y puerta de la Destreza. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ123DE LA VERDADERA DESTREZA. Objeción temerosa. La objeción que han puesto a esta demostración los que tienen este cargo, por provisión particular de la ignorancia y envidia, señoras a quien obedecen: y lugartenientes de la malicia, cuyo ordinario estilo y cuidado es, procurar oscurecer la verdad, y perseguirla, teniendo contra ella pregonada guerra, a fuego y sangre, como a descubridora de sus solapados engaños. Ha sido decir, que sería mejor, no sujetar al hombre a que vaya por caminos tan juntos a su contrario, sino apartados de él, pues irá más seguro. Y supuesto que hubiese de ser, que más valdría ir por el círculo mayor, que es donde se ha de elegir medio de proporción, que queda referido, que por los demás: porque al fin está más apartado, y llevará menos peligro. Y a mi parecer, y de otros muchos, más es cobardía temerosa, que consideración, o prudencia: pero no hay que culparles, que son mandados, y su señor el miedo no les da licencia para más: y aún esto a que se ofrecen, es exceder de su comisión: pero querría que considerasen el parecer de Plinio el mozo que osa afirmar, que en la guerra, aquel que tiene más temor, tiene más peligro, y acabará en él. No es fuerte ni animoso aquel que no le crece el Ánimo en el peligro. Y lo que dice el divino Platón, que no es fuerte, ni Animoso aquel a quien no le crece el Ánimo en la dificultad y peligro: que esta es la causa de alcanzarse tan famosas victorias como cada día vemos: porque si anduvieran los unos huyendo apartados de los otros, jamás se conociera victoria: y pues la ciencia en cualquier tiempo aprovecha al hombre, y esta le disminuye el miedo, y es una profesión que ninguna fuerza le puede quitar: confiaos en ella que os librará del peligro, pues según parecer de Séneca, ningún peligro puede vencer sin otro: y no os perturbe el parecer tan vaciadizo, de los que, por dar a entender que saben, ponen objeciones en cualquier cosa que se trata, y particular en esto, pues es la causa el temor que los señorea, cuyo efecto es tal, que aún de las cosas seguras temen: y consideran, que al hombre animoso, ninguna cosa es parte para causar en el turbación. Y seguid esta doctrina, pues con tan larga experiencia es confirmada, sin dar oído a cosa semejantes, teniendo por cierto, que solamente sabe mucho el que sabe lo que basta para vencer: y que no hay cosa más difícil, ni victoria más extraña, que vencer a los ignorantes, parleros y maldicientes. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA124SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Aviso particular e importante de los compases sencillos y doblados y sus diferencias. Dos cosas (y cualquiera de ellas bastante) son las que me fuerzan a avisaros este punto, como tan importante, que sin hacerles agravio a las demás demostraciones, es igual a todas ellas, pues en él se manifiesta lo que ellas son y valen. La primera, el deseo que tengo que no quede punto sin declararos: y la otra, el receloso temor que siempre he tenido de los crueles detractores, de que hallen en qué arrojar sus fieros dientes y crueles uñas, al menos lo que a mí me fuere posible. Y porque en la demostración pasada, cuyo título es llave y gobierno de la Destreza, tratamos de los compases: y así mismo, en todo el discurso de este libro, se ha de tratar de ellos: No hay herida que se ejecute, o difiera si compases de pies. pues es cierto, que no hay herida que se ejecute, se difiera, o se impida sin ellos, por ser uno de los principales fundamentos de la Destreza: y mediante los cuales tienen ser las tretas, y el Diestro ofende a su contrario, y se defiende de él: y también, porque en las demás demostraciones que se han de hacer, para avisaros el orden de las heridas, ha de haber líneas: las cuales irán manifestando los caminos por donde se ha de ir, para la ejecución de ellas: y serán las unas largas, otras más breves, unas curvas, y otras rectas: lo cual sería causa de alguna perplejidad: y también, porque Jerónimo de Carranza trata algunas veces de compases sencillos, y doblados. Y porque todo quede resuelto, sin que haya duda, ni objeción que ponerle: aunque para cumplir esta promesa, no menos nos importa valer y ampararnos de autores graves, cuya autoridad sea la más principal parte de nuestra defensa: porque es cosa ordinaria tener por cierto lo que aprueban aquellos, a quien tenemos por verdaderos. Dicen pues Pedro Apiano, en su libro de Cosmografía, y Pedro Valeriano, Pedro Vicencio Dant, y Pedro Nonio, comentadores del sacro Busto, tratando de las medidas y sus diferencias (en cuanto los pasos, o compases) que hay tres diferencias: Cuántas diferencias hay de pasos. las cuales son, pasada, pasada simple, y pasada doble: y a cada una de estas, se les da su medida, y cuenta cierta: Qué cosa es paso. porque la pasada, dicen, que ha de tener dos pies de largo: en esta manera, que teniendo asentados los dos pies, entre el uno, y el otro, ha de haber espacio, o distancia otro pie. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ125DE LA VERDADERA DESTREZA. Cómo se han de entender los compases. Y para entenderlo mejor, mejor habéis de advertir, que como dice muy bien el estudioso Maestro Alexio Venegas, nunca se acaba el paso con la punta del pie delantero, sino al principio del carcañal: porque el pie delantero no es del paso que está dado, sino principio del que se ha de dar: por manera, que el paso comienza en pie macizo, y acaba en pie hueco: el pie macizo es el izquierdo, que está asentado, y el hueco es la distancia, o vacío que hay desde él hasta el carcañal del pie derecho, como está dicho. Esta pasada es, cuando despacio nos paseamos, sin apresuración, ni aceleramiento: y por esta causa es figurada esta pasada al paso que da una mujer. Qué cosa es pasada simple, o paso sencillo. La pasada simple, quieren los Cosmógrafos, que tenga dos pies y medio, contándose como en la primera, comenzando en macizo, y acabando en hueco. El macizo ocupa el pie izquierdo, y pie y medio de hueco hasta el carcañal del derecho, aunque el cosmómetra (que es el que mide) siempre mide el primer paso de tres pies, y los demás de a dos y medio: y aunque en la Cosmografía se haya de guardar siempre esta medida, en la Destreza nos podremos con razón licenciar a que siempre tenga tres pies, uno de macizo, y dos de hueco: porque en la Destreza, no hay compases continuados: digo, que no es como el andar común, o la medida, que también andamos con el pie izquierdo, como con el derecho, y de una vez que nos comenzamos a mover, no paramos, hasta el fin de aquello que pretendemos andar, o medir: y así no hay más que un comenzar. Note el Diestro. Pero los que se dan en Destreza, como siempre no se da más que un compás, y este con el pie derecho (o con el izquierdo cuando conviene) y allí asentamos ambos pies y si queremos dar otro, comenzamos de nuevo, siempre tendrá tres pies, como el primero que da el Cosmómetra, pues siempre se comienza: solo hay una diferencia en poner los pies: porque en la medida Cosmografía, se pone la punta del pie izquierdo derecho al carcañal del derecho: lo cual en la Destreza no se puede permitir: Por qué no se puede poner en la Destreza los pies derechamente punta con carcañal. porque en la tal postura, no estaría perfilado el cuerpo, como conviene que esté. Y habiendo de estar los pies atravesados, como en la demostración de los pies parece, no del todo se podrá decir pie macizo: pero lo habéis de entender de esta manera. El pie izquierdo, que está atravesado, con la distancia que hay desde él hasta el pie derecho, del geme que ya dijimos, es justamente la largura del pie que ha de ocupar el izquierdo: y así será cierta la medida: y lo mismo en el segundo, tercero, y los demás compases. Este compás es aquel que damos, cuando andamos ni muy deprisa, ni muy despacio. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA126SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS El compás doble cuántos pies ha de tener de largo. La pasada, o paso doble, ha de tener cinco pies, el uno de macizo, y los cuatro de hueco: y este es el compás mayor que puede dar un hombre, cuando va caminando aprisa: de tal suerte, que quede en potencia de levantar el un pie, sin trabajo, asentando el otro: pues como ya dijimos en la demostración de los pies, el movimiento del hombre, consta de descanso y trabajo. A este paso doble, llaman compás Geométrico, Carranza, declaración folio 2. y a lo que llama Jerónimo de Carranza paso Geométrico, que en la Destreza es el que damos ni aprisa, ni despacio, es la pasada simple que antes de esta dijimos. Y a quien dice compás doble, no es porque se da uno tras otro, después que se ha elegido medio de proporción: porque con solo uno se ha de herir, y disponerse para ello: sino porque es el mayor que puede dar el hombre, y doblado del ordinario, o sencillo, y redoble de la pasada. Lo que en la Cosmografía es compás simple, en la Destreza es compás sencillo, y el Geométrico es el compás doblado. Así, que lo que en la Cosmografía es pasada simple, en la Destreza es el compás sencillo, a quien nuestro autor llama compás Geométrico: y el que en la Destreza es compás doble, es en la Cosmografía compás Geométrico. Y en el discurso de este libro, siempre iremos guardando el primer estilo, de decirle al compás sencillo Geométrico, hasta que hayamos de entrar en lo universal: porque entonces se ha de hacer preparación de cosas convenientes: y se hará demostración del orden del andar. Y porque parte de lo dicho, sin los autores que se han citado, lo son también Euclides, Juan Estoflerino, en el libro que hizo sobre el uso del Astrolabio: y fray Lucas del Bolgo, Matemático, en su libro de Aritmética y Geometría: y otros muchos, de que se pudiera hacer mención, mas estos bastan. De qué tamaño es el pie Geométrico. Y la duda que se podría poner sobre el tamaño que ha de tener cada pie por menudo, se declara por los mismos autores: lo cual ponerlo aquí, no hace a nuestro propósito, porque lo vienen a desmenuzar tanto, que dicen, que el dedo ha de tener de ancho cuatro granos de cebada: y que el palmo ha de tener cuatro dedos, y el pie cuatro palmos: sino solo decir, que el pie que dicen, ha de ser a doce puntos: O según otra opinión (y aún me parece que es la más recibida) de catorce cabales: esto es cuanto a las medidas de la Cosmografía: porque en nuestra facultad, por no ser todos los cuerpos iguales, tampoco lo podrán ser los compases: pero cada uno en sí siempre será de una manera, porque el que fuere alto de cuerpo, tendrá largo el pie: porque ha de estar en todo proporcionado: y el que fuere pequeño, lo propio, y las LUIS PACHECO DE NARVÁEZ127DE LA VERDADERA DESTREZA. piernas y muslos en proporcionada largura con ellos: sin que se le pueda obligar a que el compás que diere, siendo doble, tenga de distancia del un pie al otro cinco de largura, y cada uno de a catorce puntos, si él no calza más que diez, porque la medida de su cuerpo no requiere más: porque entonces solo le será posible tener cinco pies de los suyos: pues en esto (en lo general) hay sus ciertas medidas bien consideradas, miradas, y experimentadas por los curiosos, y diligentes estatuarios escultores. Pues dice Vitruvio, que el pie de cada hombre, es la sexta parte de la estatura y alteza de su cuerpo, y así mismo lo va midiendo por dedos y palmos: así que el compás diere, siendo doble, tendrá de distancia desde el pie izquierdo hasta el carcañal del derecho cuatro pies de hueco de la medida de los suyos, como no tenga algún extremo, que siendo alto, tenga el pie pequeño: o siendo en la estatura pequeño, tenga el pie largo mayor que la sexta parte de su cuerpo: y lo mismo será en el compás sencillo, que tendrá tres pies, uno macizo, y dos de hueco, o distancia del uno al otro: y en la pasada dos pies, uno macizo, y otro hueco: El medio proporcionado se ha de elegir conforme la estatura del contrario. Duda para verificar más esta verdad. y para esto es la consideración que dice nuestro autor se ha de tener en el elegir medio proporcionado con el hombre alto en las heridas de segunda intención, cuya ejecución es mediante su movimiento, pues se ha de elegir conforme a su estatura, respecto del largo compás que podrá dar: y al de mediana estatura, conforme a ella, porque el compás será más corto: que habiendo en esto certeza, en lo demás de la ejecución sin falta la habrá. Así mismo se podrá poner otra duda, a la cual hemos de prevenir, pues ya por acá sea puesta, y aún haciendo gran fuerza en ella: y es, que en la Destreza muchas veces se camina, dando compases rectos, y otros curvos: si será tan largo el uno como el otro, y ha habido algunos que han dicho que el recto será mayor que el curvo, respecto de ir por camino derecho, y que el curvo será menor, por darse por aquel camino torcido: de manera, que porque el recto va por la línea del diámetro, o por cualquiera de las colaterales, y el curvo por el lado de la circunferencia se pone, o pondrá esta duda. A la cual digo (no tratando de por cuál parte se alcanza más al contrario, sino cuanto a la largura del compás de una y otra parte) que en todo, todos son iguales: porque el compás doble, que se diere por cualquier lado de la circunferencia, tendrá los cinco pies de largo, como el que se diere por la línea del diámetro, o por cualquiera de las colaterales, o líneas imaginadas, que hacen los ángulos, o por cualquier parte de la línea infinita, que es la de Punto H a punto L, Euclides libro 1 proposición 12. y la llamo así, siguiendo a Euclides en su primer libro, proposición doce: y no os parezcan difíciles los movimientos, o compases que por esta línea se pueden hacer: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA128SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Compases por la línea infinita. porque aunque hemos dicho, que todos los compases que se dan hacia delante, son movimientos naturales, lo que por la línea infinita se dieren, no lo dejaran de ser: Esto es la demostración del compás doble. y es la razón, que para dar algún compás por esta línea, ora sea de punto A a punto L con el pie derecho, o de punto A a punto H con pie izquierdo, no se hace fuerza para hacerlos, ni se trabaja: porque el encaje del hueso del muslo es semejante al hueso del encaje del hombro, e iguales en sus movimientos: y así vemos, que podremos rectamente llevar el brazo desde estar afirmado con el contrario, hasta ponerlo tendido, lo más que se puede, que es cuando queremos medir una braza: pero si de allí lo quisiésemos pasar más atrás, sería imposible, porque ni el encaje que allí hace el hueso, ni los hilos que nacen el hueso del pecho, permitirían tal: y lo mismo es en los pies, que podrán hacer diversos movimientos recta, o curvamente, en todo el espacio que hay desde la línea infinita (el cual nombre le viene porque se puede extender en infinito) hasta volver a ella, sin que por una parte, ni otra se pueda obligar a más: porque la organización y compostura de los miembros del hombre, no reciben alteración, ni en ellos hay novedad, ni tampoco la puede haber en esto, mientras el movimiento fuere natural, sin forzar a que se haga alguna cosa con violencia, que habiéndola, luego el hombre recibe y siente una pesadumbre y molestia: la cual le inclina a procurar hacer aquella tal obra por otro camino, que sea libre de la tal pesadumbre. Pie derecho tiene más facultad que el izquierdo. También es bien, que advirtáis la facultad que tiene el pie derecho más que el izquierdo: porque el derecho tiene facultad para desde la línea infinita punto L dar compases rectos, o curvos, así por el lado de la circunferencia, como por las demás partes, hasta volver a la línea infinita punto H, como veréis cuando vengamos a la práctica: de tal suerte, que pueden ser tantos, cuantas líneas se pudieren tirar desde punto L de la línea recta infinita, así por la circunferencia, como por fuera de ella, hasta punto H de la propia línea, Pie izquierdo solo tiene tres movimientos. y el pie izquierdo solo tiene tres movimientos, el uno es para herir, pues ya hemos dicho, que cuando se mete el pie izquierdo no es para otra cosa: el otro es, para diferir algún movimiento contrario desde punto A a punto H, y el último, cuando el Diestro quiere desgraduar atrás. De estos tres movimientos, solo es el pie izquierdo el autor principal que los comienza, y si a más le obligasen, serían violentos y dañosos. Y con esto queda declarado lo que toca a los compases y sus diferencias, sin que sea menester volver a tratar de ello, ni hacer caso de las objeciones que en contrario de esto se pusieren. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ129DE LA VERDADERA DESTREZA. Note el Diestro que es importantísimo. Y según la larga experiencia me tiene amaestrado, siempre que se quisiere herir al contrario, o diferirle o matarle, los movimientos que hiciere, sin peligro ninguno digo que han de ser dando compases curvos, o rectos, sencillos, o doblados desde la línea del diámetro, hasta el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha: por ser aquella parte más propia para el poderlos impedir y estar más seguro, y poder alcanzar más, como queda dicho: y así mismo, porque, como también queda dicho, todo movimiento de cualquier animal tiene su principio en la diestra parte, y con más facilidad para la diestra parte: y siendo esto como es así, se tiene ya el tal compás, como por movimiento natural más que otro ninguno. Y porque todo lo dicho de los compases, así curvos como rectos, y la igualdad que tienen en la largura y distancia, mejor lo entendáis, determine ponerlo en demostración, donde procuraré declarar lo más que se pudiere, aplicando cada compás a aquel género de herida que más convenga. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA130SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Pasada. Paso sencillo, o Geométrico. Porque sigamos en todo el orden de los autores, a quien hemos citado, será justo comencemos lo primero por la pasada, que como os he avisado, es aquella que uno da, cuando se pasea: y juntamente declarar la pasada simple, que es el paso que se da cuando andamos ni aprisa, ni despacio, que como ya queda dicho, es a quien Carranza llama paso Geométrico. La pasada, que es la más pequeña, ha de tener de largura dos pies: la cantidad del uno, es la que ocupa el pie izquierdo, como parece donde dice: PIE, hasta número 1, y el otro, que está de vacío, hasta número 2, es el pie hueco que ha de haber del uno al otro, como se ven en la línea recta de punto A punto B, y así está dividida en dos partes iguales, la una maciza: porque la ocupa el pie, y la otra hueca: y lo mismo en la línea curva de punto A apunto I, y en la otra línea curva de punto A a punto R, y en las colaterales de punto A a punto T, y de punto A a punto N. Esta pasada, pocas veces nos sirve en la Destreza: porque siempre obramos en ella con vehemencia y aceleración la pasada, o paso sencillo: o según Carranza en la Destreza. Paso Geométrico ya dijimos, que ha de tener tres pies, uno de macizo, y los dos de hueco: y así está repartida en tres partes iguales, como lo señala de punto A a punto B, y en las demás líneas. Con este compás, a quien llamamos sencillo y Geométrico, se obliga y estrecha al contrario, eligiendo medio proporcionado, particularmente cuando se le ha de herir en el lado izquierdo, ora sea de tiempo circular, o de estocada: y la limitación de cuando el compás haya de ser sencillo, o doblado, no se puede poner, porque ha de ser conforme la disposición del contrario: digo, conforme a sus movimientos, porque si él diere compás sencillo, basta que el vuestro sea también: (después de haberle obligado, y elegido medio proporcionado) porque entonces le habréis ganado los grados del perfil: y si su compás fuere doblado, el vuestro lo mismo, ora sea por la línea colateral, o por otra cualquiera, haciendo aquella desigualdad que conviniere de cuerpo y líneas, para más seguridad vuestra, y peligro suyo. Y la declaración que falta, luego se dirá en la siguiente demostración. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ131DE LA VERDADERA DESTREZA. Paso Geométrico, o compás doblado. Esto es conforme a Cosmografía y Destreza. Dicho queda, que el compás doble, a quien en la Cosmografía llaman Geométrico, ha de tener cinco pies de largo, cuatro de hueco, y uno de macizo. Esto mismo parece por esta demostración, pues está repartida en cinco partes iguales, como lo señala la línea recta desde punto A a punto B, desde el primer número 1 hasta el 4, son los cuatro pies de distancia que ha de haber de uno al otro: y lo mismo en las demás líneas curvas, o rectas: y así a este se ha de llamar compás doble por tener al doble del paso sencillo, o hablando, según nuestro autor en Destreza Geométrico: Cuándo da el Diestro compases doblados. y más porque cuando el Diestro se vale de ellos, es en tiempo donde ha menester con presteza ganar los grados del perfil a su contrario, para estar seguro, y poderle herir sin peligro: y así mismo cuando le quiere ofender con algún tajo, o revés, entendiéndose esto, cuando se da el tal compás por cualquier lado de la circunferencia, ora sea para formar los de segunda intención, o de primera: porque cuando es por cerca de la línea del diámetro, es para formar algunas heridas de primera intención, que se corren por encima de la espada contraria: y así mismo para afligir al contrario, a cortándole las líneas, dejándole poco lugar para sus movimientos y defensa: que en este punto ningún movimiento, ni diligencia hace el contrario, que sea para ofender, sino solo para defenderse. Y que sea tan grande el compás que se da por la línea recta, como el que se da por cualquiera de los lados de la circunferencia, o por otra cualquier parte, como no sea hacia atrás, no hay que dudar, por la razón que dijimos de la disposición LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA132SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS del encaje del hueso del muslo, y poderse mover a diversas partes: y dando compás curvo por el lado de la circunferencia, no se le podrá alcanzar tanto al cuerpo contrario, como si fuese por la colateral, o por otra cualquiera entre estas dos: pero le alcanzará a herir aquello que fuere necesario, ora sea para tiempo circular, o para estocada: y el contrario no podrá alcanzar con su espada, aunque la tenga igual, y aún algo más larga, respecto del perfil. Y en la igualdad de los compases, les sucederá lo propio que con el compás: que si asentamos la una pierna de él en un punto, a cualquier parte que quisiéremos volverlo, haciendo puntos, todos serán iguales en largura, como no se levante la pierna que una vez se asentó: así habiéndose afirmado en punto A todos los compases que diere (siendo dobles, que es el mayor paso que se puede dar) serán iguales, como ya lo dejamos probado, por demostración, y parecer de Euclides, que si desde el centro de un círculo, se tirasen líneas a la circunferencia, que serían todas iguales: y de la propia manera serán iguales los compases. Y no es menester gastar más tiempo en esto, pues la duda que se pusiere, con lo dicho, y con tomar un compás, y medirle, o con experimentarlo en sus propios pasos se quitará, pues cuando no me quisieren creer, es cierto, que la experiencia quita y allana cualesquier dudas con bastante y cierto desengaño: pero vos fiaos de mí, pues la experiencia larga que de esto tengo me rige y amaestra. La línea recta de la demostración de los compases es la cuarta parte del pie Geométrico. Y por entender, que vuestra curiosidad será causa de desear saber la largura que tiene el pie Geométrico, puse en la línea recta desde punto A a punto B la medida de la cuarta parte suya: de manera, que toda la línea recta, es una de cuatro partes: y queriéndolo ver del todo, se podrán sacar cuatro tamaños, y juntos, se verá al justo el tamaño del pie Romano Geométrico: y se conocerá ser de a catorce puntos. Y así, el hombre que tuviere el pie tan largo, y proporcionado con los demás miembros: de suerte, que de esta proporción, sea al justo la sexta parte de su cuerpo, el compás que diere sencillo, tendrá los tres pies de largo que decimos que ha de tener: y siendo doble cinco cabales,y cuanto fuere menos la largura del pie, lo será también el compás: y aunque habrá algunos que tengan el pie de esta largura, no se si habrá (al menos yo no lo he visto) que calce más de los catorce. Conviene tener conocimiento de la línea infinita. La línea infinita, que es la de punto H a punto L (que no porque contiene en sí cantidad infinita, sino porque se puede tirar en infinito se le da este nombre) es muy necesario que sepáis: porque en la Destreza de mucha más consideración, y de mayor artificio es librarse de los movimientos impetuosos y soberbios del contrario, que herirle con peligro de ser herido: y también, porque en la Destreza común hay algunas heridas: las cuales se obran casi corriendo, porque arrojan todo el cuerpo LUIS PACHECO DE NARVÁEZ133DE LA VERDADERA DESTREZA. inconsideradamente por la línea del diámetro: el cual arrebatado movimiento, si fuese descaminando por cualquier línea, ora sea por la colateral, o por otra cualquiera hasta la circunferencia, no lo podréis resistir, ni defenderos de la herida de sus espada, o golpe de su cabeza, que por ser tan inconsiderado su movimiento, vendrá a encontrar con vuestro cuerpo: y así convendrá dar el compás por la línea infinita de punto A a punto L o a punto H, según fuere por la parte que quisiere herir: y dando el tal compás, os libraréis de su herida, y sin peligro le alcanzaréis a herir con solo afirmaros recto, enderezando vuestra espada a su pecho: y en las demostraciones del orden las heridas, veréis por los caminos que en ellas se señalan, cuándo ha de ser el compás sencillo, o doblado, y de lo que sirve cada uno de ellos: para que en todo procedáis con el verdadero conocimiento que conviene. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA134SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Tres movimientos circulares tiene el brazo en las tres coyunturas, hombro, codo y muñeca. La compostura y organización de los miembros del hombre es hecha con tan admirable artificio, y obrada con tan extraña consideración, que el que bien lo mirare, hallará una cierta y concertada razón en todos ellos, sin que ninguno esté demasiado, ni deje de servir en ministerio particular: pues es cierto (y todos los Filósofos que con más diligencia y consideración lo han especulado lo afirman) que Dios y la naturaleza no hacen cosa en vano, sino con grande artificio y prudencia: y porque las acciones de todos ellos no hacen ahora a nuestro propósito, no hay para qué referirlas, solo diremos del brazo, que es lo que en este punto tratamos de los movimientos que tiene, para que con su conocimiento, vayáis prevenido para cualquiera de ellos, y prevengáis su remedio: El brazo solo hace, y puede hacer tres círculos. y habéis de considerar, que el brazo de cualquier hombre (ora sea en postura recta, o curva, de quien en su lugar se dirá) solo hace, y puede hacer tres círculos. Estos particulares movimientos, ya conocidos, y sabido por larga experiencia, que no tiene otros: el primero, y mayor, es el que hace todo el brazo, como se ve, cuando lo traemos a la redonda, o como cuando queremos tirar una piedra, o queremos tirar con honda, que es el propio que hacen en la esgrima, es una treta, que dicen: Arrebatar: y este es el que señala punto A. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ135DE LA VERDADERA DESTREZA. Cómo se hace el medio tajo. Hace otro movimiento, teniendo el centro del brazo (que es el hombro) sin moverlo, solo doblando la segunda coyuntura del codo: y este es el que dicen medio tajo, y solo se dobla la mitad del brazo, y este es el que señala punto B, menos que el primero, por causa de no moverse más que la mitad del brazo. Cómo se forma el mandoble. Y hace otro menor que este, no moviendo, ni doblando la primera, ni segunda coyuntura, sino con solo la muñeca, teniendo todo el brazo recto, o quedo: como se ve, cuando solo queremos traer la mano alrededor, sin menear el brazo: este es el que se dice mandoble, y el que señala punto C. Y también la muñeca sola, hace medio movimiento circular, uno por una parte, y otro por otra (como así mismo hace el brazo con los suyos, que la propia libertad tiene por una parte, que por otra) como lo muestra el círculo menor, que parte la línea por medio, y por ser movimiento circular, le llamamos medio círculo: y estos tres movimientos, o círculos, lo propio se ha de entender que los forme el hombre por su lado siniestro, a manera de arrebatar, como está dicho, o que sean por el derecho, o que sean por encima de la cabeza. Finalmente, han de ser tres, y no más, por no tener más coyunturas, y estos son para tajos, o para reveses, o mandobles: y no se dice de aquellos tajos que hacen comúnmente cuando han jugado, y quieren dejar la espada, o sentar, según ellos, o los que se dicen llamar, que estos son movimientos impertinentes, y peligrosos, como se dirá en su lugar: Carranza, folio 154. ni tampoco se dirá de los músculos, que mueven el brazo a cada una de estas partes, ni de los que sirven para alzarlo para el tajo hendido, o volado, ni de los que hacen los reparos así uñas abajo, o arriba, o los desvíos, ni el que hace el movimiento violento, o natural, ni de los cuatro músculos que mueven la muñeca, ni tampoco de los murecillos, o tendones, como lo manifiesta nuestro autor: porque esto es más para Anatomistas y Médicos, que para Diestros, y sería meteros en una confusión grande: además de que si a uno le diesen una cuchillada, sería superfluidad inconsiderada andar inquiriendo, qué murecillo alzó el brazo para dar la tal herida, pues le bastará tenerla en la cabeza y entender que fue cuchillada alzado el brazo: Ejemplo para manifestar esta demostración. y pasemos al sentido particular de esta demostración y expliquémosla, para que sea más fácil. Y digamos, que cuatro hombres iguales en el andar, o correr, hiciesen una apuesta, que puestos, el uno en el círculo mayor, que señala punto A, y el otro en el que señala punto B, y el otro en el de punto C, y el otro en cualquiera de los medios, que cuál daría primero una vuelta, andando por la circunferencia o regulado LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA136SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS a camino derecho. Aquí no hay dificultad, pues se ve claro, que el primero de punto A le había de ganar al de punto B por tener dos partes de camino que andar menos: y a este le ganaría el de punto C pues tiene otras dos partes menos de camino: y a este le ganaría el que anduviese cualquiera de los medios círculos, por ser la mitad menos de aquel camino: de suerte, que si vuestro contrario quisiese, caminando por la línea del diámetro de la demostración pasada, entrar, haciendo con la espada aquel movimiento circular mayor, queriendo arrebatar vuestra espada: considerando, que aquel viaje que hace, es tan largo, que gozando del principio de aquel movimiento, y dando compás curvo, por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, con solo el movimiento de la muñeca, teniendo el brazo recto le venceréis, y llegaréis primero, y quedaréis sin peligro. Y sin ninguna duda este argumento es firme, para que entendáis, que todas aquellas proposiciones, o tretas que se compusieren de menos movimientos, y más breves, son las mejores, pues llegarán con más brevedad. Y porque, como hemos dicho, estas demostraciones aprovechan para dar conocimiento, y hacer disposición para adelante, cuando digamos, que al movimiento circular, que se forma con todo el brazo, ora sea por el lado izquierdo, o por el derecho, que con el medio círculo que hace la muñeca, gozando del principio del tal movimiento, y del lado de la circunferencia, o del ángulo que conviniere, y que sea contrario a aquel en que el contrario se pusiere: porque la propia desigualdad ha de haber en los movimientos de los brazos que en los de los pies, os libraréis de las heridas que contra vos formare, y le ofenderéis con las vuestras: y de esta vez lo entendáis, sin que de nuevo sea necesario repetirlo muchas veces: y por esto convendrá, que en estas demostraciones primeras, estudiéis muy de ordinario, hasta que sus términos, sentidos, aplicaciones, causas y efectos tengáis comprendidas, como fundamentos principales que son de vuestra defensa, y ofensa del contrario que ofenderos quisiere, sin los cuales os será imposible, tener conocimiento de lo que deseáis, ni seguridad en ningún punto que os hallareis de la Destreza, que tan justamente procuráis. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ137DE LA VERDADERA DESTREZA. Tres diferentes heridas, cuyos nombres son: Círculo entero, medio círculo, y cuarto círculo. La imposición de los nombres con que nombramos las cosas, no es otra sino una medida con que en breve se trata el significado de ellas, para entenderlas y conocerlas mejor. Y porque dice Marco Tulio, que las cosas nuevas, se han de tratar con vocablos nuevos, de lo uno y otro nos habremos de valer para la demostración presente: y porque los ejemplos hacen mayor probación, y convencen más nuestros créditos, mediante ellos, se entenderá con facilidad el sentido que en sí contiene: y el nombre que le daremos, será conforme a su hechura y forma: y como es un círculo redondo, junto el principio con el fin, le diremos círculo entero: y cualquier parte de las dos que divide la línea que señala punto A y P que es la mitad, le diremos, medio círculo. Y porque echada la otra línea de punto N a punto R cada medio lo divide en dos partes, que todas vienen a ser cuatro: a cada una de ellas le diremos, que es la cuarta parte del círculo. Y supuesto esto, hagamos la propia consideración que en la demostración pasada, que si dos hombres, uno puesto en punto A y otro en P partiesen a la par, para por la circunferencia volver al punto A, cuál llegará primero. La duda está absuelta, pues cualquiera juzgará, que el de punto P por ser la mitad de camino menos: y si el que está en punto A quisiese venir a punto P por la circunferencia de punto R, y a la par partiese el que estaba en P para llegar a punto N, cierto es, que llegará primero, pues anda la mitad de camino menos, y siempre llevará ventaja: porque el todo es más que su parte. Pues entended, que en la Destreza hay, y se forman tres heridas conforme esta demostración: de esta forma, que afirmados dos, rectos, o curvos, está la punta de la espada enfrente del pecho contrario, y desde allí andando por la circunferencia de mano izquierda, y la espada por debajo de la contraria, se da una herida en el pecho, que es donde comenzó el movimiento: y porque se acaba LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA138SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS donde comienza, le decimos círculo entero: y el remedio de esto es caminar por el lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda, dando herida debajo de su brazo derecho, que allí se forma el medio círculo. Y porque de cada una se ha de hacer demostración en particular, y se irá acotando con esta, por ahora baste con entender, que la herida que encaminareis por el más corto camino y menor movimiento, llegará primero, como ya lo demostramos en la demostración de los tres círculos antes de esta, pues el sentido de ambas es uno, y uno el intento de lo que se quiere dar a entender. Demostración del arco y la cuerda, en que se manifiesta la naturaleza del movimiento circular y recto. De los más importantes preceptos de la verdadera Destreza, el de más consideración, y en quien está la firmeza de la defensa del hombre, el que le promete seguridad, y el que en la mano le dará la victoria, lo que a un Diestro hace compuesto, y señor de los movimientos que para ofenderle se pueden hacer, es el entender, y guardar el sentido de esta demostración, a quien nuestro autor, en diversas partes (como tan importante) la encarece, en particular en el diálogo primero: donde hace un problema, diciendo, que si dos líneas, o espadas se moviesen en igual tiempo, la una por el arco, y la otra por la cuerda, que cuál de estas acabará primero su camino: y responde, que lo acabará, y llegará con más presteza al lugar determinado, o de la ejecución el movimiento que se hiciere por vía de ságita (que en las demostraciones de lo universal se declarará lo que es) o el que se hiciere por la cuerda, sin alguna contradicción: porque entre ellos no hay encuentro, que impida la acción, porque es cosa manifiesta en las armas, de cualquier especie que sean, ser el movimiento circular contrario a lo recto, y lo recto a lo circular. Y por esta causa las dos espadas igualmente distantes del centro: la una por el arco, que es el movimiento circular, y la otra por la cuerda, que es el movimiento recto, aunque se muevan en igual tiempo, describirán desiguales especies lineales, aunque el movimiento circular, sea obrado con mucha velocidad: porque es confirmado con la larga experiencia, y granjeada con algún trabajo y estudio venir a sacar en limpio LUIS PACHECO DE NARVÁEZ139DE LA VERDADERA DESTREZA. para la Destreza que la línea que tiene menos camino que andar, llega primero al punto que señala el movedor que la que tiene más, estando el medio capaz, como se dirá en algunas partes de este libro. Vengamos a la manifestación de la demostración: la cual figura es toda semejante al arco y cuerda de una ballesta: y como parece, la línea curva que hace el medio círculo, es a quien Carranza llama arco: y la línea recta, que se comunica con los dos extremos de él, es la cuerda: los cuales dos movimientos, considerados en las dos líneas que hemos dicho, andando cada una por su camino, se verá, que la línea que hiciere su camino por el arco, tiene un tercio más de camino, o de viaje, que andar: como se ve, que está dividido en tres partes iguales, la una desde punto P a punto B, la otra desde B a punto D, y la última desde la B hasta la T, y la que fuere por la cuerda, tendrá la tercia parte de camino menos que andar, por no tener más que andar de dos partes: como parece desde punto P a punto A, y desde este hasta T, en todo tan iguales como las primeras del arco. El movimiento que se hiciere por la cuerda, será más breve que el que se hiciere por el arco. De donde se viene a verificar ser la cuerda el camino más breve: y en esto no hay réplica que poner, ni nada que negar: porque el compás más curioso fuere, podrá tomar un compás, y lo hallará tan cierto como aquí se promete. Note el diestro. Y manifestándolo más a la clara, con su verdadera aplicación, habéis de entender, que siempre que vuestro contrario, ora sea habiendo tocamiento de líneas, o no: digo, que el que tiene vuestra espada, o vos tengáis sujeta la suya, quisiere herir con movimiento circular, ora sea formándolo con acometimiento al rostro, para herir en los pechos, o abajo, con movimiento natural: habiendo precedido antes el violento, que es mediante el cual se forma el acometimiento: ora sea, que desde el ángulo recto quisiere herir en los muslos, con solo el movimiento natural, aunque es más breve: o que la herida la va ya a ejecutar debajo del brazo de la espada: o al contrario, entendiéndose lo mismo, cuando se hace una treta vulgar, a quien se dice, llamar (como adelante diremos). Finalmente todo movimiento que se formare circularmente, que baje del ángulo recto, es propiamente lo que Carranza dice arco: y contra todos ellos el movimiento recto, a quien dice cuerda, los vencerá, sin ninguna duda, así por ser el camino más breve, como por alcanzar más: como en la siguiente demostración probaremos. El tajo y revés han de constar cada uno forzosamente de cuatro movimientos, y participación de dos ángulos. Y si en los medios movimientos circulares, el recto les tiene tanta ventaja, cuánta más será a los movimientos enteros circulares, como son los tajos y reveses, pues por fuerza han de contar de cuatro movimientos, sin los cuales le será imposible LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA140SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS formarse, y juntamente con participación de dos ángulos, el uno y primero el agudo, y el otro el obtuso. De los movimientos, el primero es el movimiento con que baja desde el ángulo recto al agudo, que es mediante el cual se forma el movimiento remiso, que es cuando se aparta la espada al lado izquierdo, que es como dice vulgarmente, tomar vuelo. Otro es el violento, que se engendra al punto que se acabó el remiso, subiendo desde allí con particular fuerza, que para ello se ha de aplicar, hasta poner la espada en alto, que es ángulo obtuso, y donde acaba el movimiento violento, y comienza el natural, que es cuando baja para la ejecución: todos los cuales declararemos en una preparación que se ha de hacer para entrar en lo universal: y no digo yo en todos estos juntos, que es fuerza que precedan antes del verdadero efecto de la herida, sino en cada uno de por sí. El movimiento recto andará su camino en tiempo tan breve, que con mucha velocidad, con que el otro se haga, no se podrá concluir antes que el primero esté ejecutado: porque además de nuestra cierta experiencia, dice Euclides, que la línea recta es el camino más breve, cuando se pasa de un punto a otro. Y con esto, entendido bien lo de la cuerda y arco: y que las promesas que en su nombre pusimos al principio, sean verdaderas, no hay que dudar, pues cualquier movimiento circular, ora sea que esté en potencia de hacerse, ora en acto, que sea tajo, o revés, o estocada, como se guarde siempre el medio de proporción: y de esta prevención jamás se olvide, los vencerá, unas veces al principio del movimiento violento, y otras al bajar del natural, y aún otras al principio del remiso, teniendo grandísimo cuidado de ir gozando de los lados de la circunferencia que más convenga, conforme a la diferencia de los compases contrarios procurando, que en todos haya desigualdad, como se avisó en la demostración, que se nombra llave y gobierno de la Destreza: porque habiendo desigualdad en los compases, también la habrá en las líneas, o espadas. Como por ejemplo: Mi contrario, teniéndole yo su espada sujeta, quiere formar un revés, que, como se sabe en la Destreza que tratamos, es llevando la espada pegada al lado derecho, a manera de los que espadan lino como en otra parte diremos: y la ejecución de este es en el lado derecho de la cabeza: y para esto el compás que diere, ha de ser por el lado de la circunferencia de su mano izquierda: o por la del diámetro, cuando con mayor cólera la quiera ejecutar. Bien podré, si quisiere, al punto que comenzare el movimiento remiso, que es al tiempo que se aparta, dejando como deja mi espada tan cerca de su cuerpo, y comenzando la suya camino tan largo, herirle en los pechos infaliblemente: y cuando esto no quisiere, conociendo la naturaleza de los compases, que será por la parte dicha, cuando el tiempo natural vaya bajando, dar compás curvo por el otro lado de la circunferencia de mi mano izquierdo, sin quitarme un punto del ángulo recto, enderezando mi espada a los pechos, mientras con más rigor quisiere ofenderme, con ese propio se herirá, sin poner de mi parte otra diligencia, que afirmarme recto, hiriendo por la cuerda: y lo propio se ha de entender con el tajo, pues sabiendo, que se forma al contrario, el compás forzosamente lo ha de ser: y pues los efectos de los tajos, o reveses, siendo tan rigurosos, no bastan ofender al que estuviere recto, y quisiere herir por la cuerda: se puede entender que los acometimientos que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ141DE LA VERDADERA DESTREZA. se hicieren, aunque sean muy perfectos, no serán de ningún valor, con solo tener consideración y cuidado (como es dicho) a la diferencia de los compases. La mucha importancia y valor del ángulo recto. Y finalmente digo, que no se puede considerar movimiento de herida, ora sean obrados con mucha velocidad, ora con grandísimo ímpetu y fuerza, con que al Diestro quieran ofender, que llegue a efecto: si con la desigualdad de los compases supiereis afirmaros recto, sin que un punto apartéis del ángulo recto. Si no hubiera universal, el ángulo recto lo fuera. Y para del todo acreditar esta demostración, y la virtud que en sí tiene el ángulo recto, digo que cuando no hubiera treta universal para todos los movimientos con tanta certeza y verdad tan sabida y experimentada, que esta lo fuera para todos ellos. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA142SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Línea del tocamiento donde van a parar las líneas. Demostración Matemática, en la cual se manifiesta cómo alcanza más el ángulo recto que otro alguno: es de mucha importancia. Euclides, libro 3, proposición 19. Porque hay, y ha habido en la manera de afirmarse los hombres, en nuestros tiempos tan varios pareceres, y tan inauditas opiniones, como en lo demás: Carranza, folio 166. queriendo cada uno sustentar, y acreditar la suya por mejor, habiendo en todas ellas poca, o ninguna certeza, nuestro Autor quiso mostrar el artificio de su admirable ingenio, diciendo, que dadas dos líneas, la una mayor que la otra, sin aumentar en la menor cantidad alguna, se alcanzará más que con la mayor, sin disminuirle de su largura un punto: encareciéndola (y con mucha razón) por demostración extraordinaria en Matemática, y de quien se puede tener grande espanto, y en particular los que con gran confianza traen espadas largas, entendiendo alcanzar más con ellas, siendo al contrario (como lo probaremos). Y considerando, que a solas las palabras no se les dará el crédito que merecen, respecto de creerse más lo que se ve, que lo que se oye (como lo demás) quise ponerlo por demostración, para que os sea más fácil: y también, porque dice Aristóteles, que de dos cosas contrarias, una misma es la verdad. Así, para LUIS PACHECO DE NARVÁEZ143DE LA VERDADERA DESTREZA. que vengáis a conocer la mejor postura, y en la que alcanzaréis más, y estaréis más seguro, será forzoso tratar de la que alcanza menos, que el mismo Aristóteles dice, que las cosas contrarias, juntas en sí, se declaran mejor. En cuatro demostraciones Matemáticas se funda esta. Y para salir libre de las objeciones que se pudieran poner, fundaremos esto en 4 demostraciones Matemáticas, las 3 de Euclides, y la otra de Teodosio filósofo y Matemático, cuyas proposiciones diremos a la letra. Dice pues Teodosio (como ya hemos dicho en otro lugar) que en medio de la esfera, o círculo, hay un punto, el cual se llama centro: y de este traídas líneas hasta la circunferencia todas son iguales. Euclides libro 3, proposición 19. Y dice Euclides, que si una línea recta toca al círculo, y del tocamiento tira otra línea recta perpendicular a la línea que toca en aquella, será el centro del círculo: y esta línea es la que señala la punto N y la punto C, y se nombra línea de la contingencia, o del tocamiento. Y en el propio libro, proposición 15 dice, que en el círculo, la mayor de todas las líneas, es la del diámetro, y de las otras siempre la más cercana a ella. Palabras, que acreditan y favorecen las nuestras, como se ve en la demostración presente. Tres ángulos según Euclides libro 1, proposición 11 y 12. Y para más conocimiento de esto, dice Euclides, libro primero, proposición once y 12, que hay tres ángulos, cuyos nombres: Obtuso, recto, y agudo, y que el obtuso es mayor que el recto, y el recto mayor que el agudo, y este menor que todos. Y conforme a esto, la línea que señala punto P es la que hace ángulo obtuso, cuya verdad se muestra en ser el mayor de los tres: y la que señala punto T es la que hace el ángulo recto, mostrando bien ser menor que el primero: y la que señala punto B, la que hace el ángulo agudo, en todo menor que los dos. Y de todas tres líneas (aunque iguales en largura, y salidas de un propio punto), la que está en el ángulo recto es la que alcanza más, como se ve y queda dicho por la autoridad de Euclides, preposición quince, que la línea del diámetro (que es la espada recta) alcanza más. Carranza, folio 177. De cuyas palabras nuestro autor vino a decir, que el ángulo que más alcanza, es el recto, además de estar dispuesto para acudir a cualquier movimiento contrario, de cualquier especie que sea (como en la declaración y demostración de la cuerda y arco probamos). Ahora habéis de considerar, que la línea punto N y punto C que hace tocamiento en el círculo, es el cuerpo del hombre, a quien se quiere alcanzar con la espada, y que si os afirmáis en el ángulo recto, le alcanzaréis al pecho, como se ve en la línea punto T, pero si quisiereis subir a punto P (que es el ángulo obtuso, porque LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA144SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS forzosamente en el tal movimiento se va describiendo un círculo redondo) apartaréis vuestra espada del cuerpo contrario, toda la distancia que hay desde punto N a punto P, y la suya os podría ofender, y si subieseis más hasta llegar a punto R le alcanzaréis mucho menos, como también se manifiesta en el apartamiento que hay hasta punto N, y si llegaseis a punto Q vendríais a tener la espada perpendicular y derecha a vuestra cabeza, y tan apartada, como lo van manifestando las líneas y letras: y por el contrario, si bajaseis la espada a punto B, que es donde se forma el ángulo agudo, dejaríais de alcanzar al cuerpo contrario, todo aquello que falta hasta punto C, y si bajaseis a punto D llegaría la espada, la punta al suelo, y estaría mucho más apartada: y si la quisieseis poner en punto E sería tenerla derechamente arrimada a vuestro cuerpo. Afirmado en ángulo obtuso, o agudo se alcanza la tercia parte menos que en el recto. De donde se viene a sacar en limpio, que afirmado en ángulo obtuso, o agudo, alcanzaréis menos la tercia parte que si estuvieseis en ángulo recto, como lo manifiesta la línea que baja desde punto P a punto B, la cual toca en las puntas de ambas espadas: y si la pusieseis más alta, que llegase a punto R o tan baja que llegase a punto D, alcanzaríais menos de cinco partes las tres, que en el ángulo recto como lo señala la línea que baja de punto R a punto D, que así mismo toca en los extremos de las líneas, como lo podrá ver el curioso con un compás. En qué ángulo se ha de afirmar el Diestro. Y pues tenemos probado con tanta certeza y demostración tan infalible, ser el ángulo recto, la mejor postura, dejado aparte lo que dice Jerónimo de Carranza, que no es de esencia de la Destreza afirmarse: siempre que os quisiereis afirmar sea recto, eligiendo la punta de la espada al pecho contrario, yéndola enderezando conforme a sus movimientos: porque afirmarse en este ángulo, es como el viento Norte, que por ser el eje, por el cual se mueve la máquina celeste, se navega a todas partes, como viento general. Así afirmado en este ángulo podréis acudir a cualquier movimiento, y de cualquier especie que sea. Prueba y concluye lo que dice Carranza. Y para conclusión de lo que nuestro autor dice, que la línea menor alcanza más, puede este ver en la que está recta, pues siendo igual en largura, que las demás que señalan los ángulos obtusos y agudo, alcanza de tres partes la una más, que cuando tuviese de largura algo menos, aún le quedaría disposición y largura para hacer el propio efecto de alcanzar más. Pero sabed que el alcanzar menos la mayor, sucede por tener los pies desproporcionadamente abiertos, y muy tendido el cuerpo, como se ve cuando se afirman, que les parece que con aquello han de alcanzar más sucediendo al contrario. Pues de estas demostraciones, haced un epílogo en vuestra memoria, diciendo: que los pies proporcionadamente juntos, es la mejor postura, más firme y LUIS PACHECO DE NARVÁEZ145DE LA VERDADERA DESTREZA. segura de todas las demás: y el cuerpo derecho, lo propio, y está más descansado y más pronto para acudir con la presteza que se requiere a cualquier movimiento del contrario, así para dilatarlo, como para formar reparo, desvío, o herida: y la espada y brazo derecho, que como Jerónimo de Carranza, dice, es como cuando alguno quiere mostrar que tiene gran fuerza en el brazo, y hace apuesta que no le fuerzan a que lo llegue al pecho: y entonces lo tiende con gran fuerza: porque si la coyuntura del codo no la tuviese recta, con facilidad le doblarían el brazo, haciendo llegar la mano al pecho. Cómo ha de estar el brazo afirmado. Y en conclusión, el brazo se ha de afirmar recto, sin forzarle a que esté uñas arriba, o abajo, o arriba: porque según nuestro autor son extremos: pero estando de filo, es postura descansada. Y finalmente, ninguna cosa se ha de hacer con violencia, ni tampoco doblar el brazo para dar la herida: que es lo que comúnmente hacen cuando tiran sus estocadas de puño, pareciéndoles que por doblar el brazo, y con gran fuerza volverlo a extender, han de alcanzar más, engañándose en ello, antes aquel movimiento es superfluo, y que de él se podrá seguir daño: pues en aquel punto que se encoge el brazo acortan la espada, todo aquello que el brazo se dobla y la espada contraria en aquel punto podrá llegar y ofender, como diremos en su lugar. Nota. De suerte que todo lo dicho os ha de servir de un aviso general, para en cualquier herida, y de cualquier especie que sea, que participare de ángulo obtuso, o agudo, entendáis que el recto (teniendo elegido medio de proporción) le será superior, y vencerá siempre: por ser un tercio mayor, aunque igual en la largura de las espadas: que con esta consideración y conocimiento, teniendo el cuidado que se requiere, será imposible ser herido, aunque vuestro contrario lo procure por muchas vías, estando, como estará, en vuestra mano el ofenderle cuando quisiereis, como quisiereis, y con la herida que más gustaseis. Tulio primero de oficio. Pero para llegar a esta perfección, conviene el cuidado que os encargo, y que os conforméis en esto con aquella sentencia de Tulio, en el primero de oficio, que con mucha diligencia se ha de pensar todas las cosas, antes de que se comiencen a hacer, para que tengan buen fin. Y si algún parecer hallareis al contrario de lo que probamos en esta demostración, sustentando su opinión por buena, y esta verdad, tan experimentada, por no cierta, no os altere ni disguste: pues, como dice Rabbi Moyfen, gran Médico, en su práctica, que lo que los simples piensan que es malo, cuanto a la verdad es bueno, y lo que entiende que es bueno, a la verdad es malo, por el poco saber que tiene: que con esto no habrá cosa que os altere ni inquiete, pues la verdad y experiencia allana todas estas dificultades. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA146SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Cuatro líneas, que particularmente sirven en la Destreza, así para las heridas, como para los compases. Al Rey don Alonso de Aragón le preguntó un cierto criado suyo, a cuál debía más, ¿a los libros, o a las armas? Respondió: por los libros aprendí las armas, y los derechos de ellas. Y hace esta respuesta tan a nuestro propósito, que no solo hemos de decir lo propio, pero nos conviene, que con las obras se confirmen las palabras. Y pues de los libros nos hemos de aprovechar, para entender las armas y su derecho, que es la demostración por causa: la cual es una manera de proceder el Entendimiento del conocimiento verdadero de la causa conocida, al conocimiento del efecto, no conocido, siendo como es cierto en Destreza, que la línea que tiene menos que andar y más corto camino, llega primero: y así mismo, cuando dos líneas parten de iguales puntos, y andan igual camino y con igual movimiento, sin que la una a la otra se encuentre, llegarán a un mismo tiempo y harán iguales efectos. En los libros, donde más hallaremos lo que hemos menester para ello, y que dar enterados de lo que tratamos, son los de Euclides: y porque nos importa tener mucho conocimiento de las cuatro líneas, que hemos señalado, para poder proceder científicamente, en la defensa y ofensa, sacadas sus definiciones del autor dicho: las referiremos: solamente porque la aplicación de cada una, se ha de ir, manifestando en su lugar propio: y porque tratamos de líneas, las unas son simples, y las otras son mixtas: las simples, son las rectas, y la circular, aunque las rectas son las más simples. De la línea recta, dice Euclides, ser aquella que más brevemente se puede tirar de un punto a otro, es una breve extensión de punto a punto, y es el camino más breve que se puede andar: y así el movimiento recto, es aquel que se hace de un lugar a otro rectamente por la línea recta, y será así en brevedad como en ejecución superior a las demás. De las líneas rectas salen las líneas paralelas, que son las segundas que demostramos: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ147DE LA VERDADERA DESTREZA. Euclides libro 1 y libro 3. de las cuales dice Euclides por su definición: Líneas paralelas, equidistantes, son aquellas, que procediendo en infinito jamás concurren: y en su tercer libro: Líneas paralelas, son las que en un mismo plano extendidas de ambas partes en ninguna concurren. Esto en la Destreza ordinaria, es, cuando dos contrarios, que están peleando, (o según ellos, esgrimiendo o jugando) se tiran dos estocadas de puño, por la línea recta del diámetro, comenzando a un tiempo, y acabando a un punto, ejecutándola cada uno en el lado izquierdo del contrario: porque como allí no concurren (que es lo mismo que no encontrarse la una con la otra) vienen a ser líneas paralelas: y en la Destreza verdadera es, según Jerónimo de Carranza, las que hacen ambas espadas para estocadas, por la circunferencia de los compases. Línea curva cuál es. La línea curva, es aquella que va tuerta, o por camino más largo, según lo dice Euclides, en el libro alegado: y así el movimiento curvo, es aquel que se hace de un lugar a otro curvamente, por la línea curva: será forzosamente más tardo que el recto, por aquella parte de camino que tiene más que él. Y porque de esta se hizo particular demostración (a quien dijimos cuerda y arco) no habrá para qué alargarnos aquí, pues en ella se avisó y probó lo que convino. Línea mixta es la que se compone de línea recta y curva. Línea mixta, es aquella que está compuesta, parte recta y parte curva, como se ve por su demostración: el compás que por esta se diere, y el movimiento que por ella se hiciere, será así mismo en parte recto, y en parte curvo: y por ahora no conviene declarar más: porque como hemos dicho, en su lugar se irá llamando a cada una de estas demostraciones, y refiriendo la definición suya: solo es menester estar advertido para cuando se dijere compás recto, y herida recta. Ha de ser el compás por la línea recta, y la herida por el ángulo recto, y cuando digamos que se ha de herir por líneas paralelas, se entienda, que han de quedar las espadas, equidistantes por virtud de los compases: y cuando conviniere ser el compás curvo, el movimiento y la herida curva, se conozca que ha de ser por la línea curva: y últimamente, cuando se avisare que conviene, que así el compás, como el movimiento, para la herida, sea mixto, esté sabido que ha de ser, según lo enseña la línea mixta, que ha de comenzar en recto, y acabar en circular. Con lo cual podréis acudir mejor y con más presteza a cualquier punto de la Destreza, así para entenderla, como para obrarla y enseñarla a otros. Los particulares son dudosos, y sin certeza. Aunque tenemos por cierto, por parecer confirmado de todos los Filósofos, que no hay ciencia que trate de particulares, por ser tantos que no se pueden considerar, y ellos en sí ser caducos y variables, cuyos efectos pueden ser y pueden faltar, conforme LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA148SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS a las distancias, al tiempo y a la calidad de ellos, y a los muchos impedimentos que a cado paso se les pueden poner (como se ponen) de donde vienen a ser conocidamente dudosos y sin ninguna certeza, y de quien se puede tener poca confianza: porque faltando la certeza de la causa, el efecto no será verdadero: pues es cierto que aquello que sobre falsos fundamentos se funda, tiene tal propiedad, que mientras más se mira, más defectos se hallan, y mayores imperfecciones se descubren, y en esta materia de las Armas, más peligro tiene consigo: y hay algunas cosas en ella, que aunque son malas en sí, es mucho más el daño que se sigue de ellas: Por qué es mala la Destreza ordinaria. pero porque la Destreza ordinaria está compuesta de ellos, y es fundada sobre aquello que no puede ser bueno, ni jamás se le podrá hallar estabilidad, firmeza, ni perpetuidad, para gozar del grandioso título de certeza y verdad, sus causas y efectos vendrán a ser casuales, faltando muchas veces: y si alguna se acierta, es acaso, y esta ni es por causa suya, ni por el que la hace, aunque es medio instrumental para ello, sino acaso, que es como ordinariamente se dice, cuando un arcabucero, u otro que tira a terrero, que le da al blanco una vez, y muchas no le acierta, y la primera vez que acertó, no fue por causa de ser buen arcabucero, si no que como había de dar en otra parte, dio en el blanco. Los vulgares dicen, que hay fortuna en las armas. De donde se vino a introducir el tener y venerar a la fortuna por señora universal de las Armas, y reverenciarla por tal, afirmando que necesariamente ha de suceder lo que ella quisiere: Por qué los Gentiles hicieron templo al hado. y esto tan general (que me parece) que ni nuestra santa Religión Cristiana, no lo defendiera, le hicieran templo donde la adoraran: como los Gentiles lo hicieron al hado, de quien tenían por cierto, y lo afirmaban, que todas las cosas, así estaban sujetas a él, que de necesidad habían de venir como por él estaba determinado. Y esto ha venido de gente en gente: de suerte, que hasta el rústico aldeano, en tratándole de armas, se ríe y mofa, diciendo, que todo es ventura: y que si la fortuna quiere, todo está hecho. Grande lástima y confusión grandísima, que no consideren cuán poco daño puede hacer la fortuna, el hado, o la ventura, a quien en la certeza de la ciencia pone más confianza que en el acontecimiento: Cómo se ha de comenzar la Destreza. Porque la Destreza se ha de comenzar fundada en ciencia, en larga experiencia, y obrarla con mucha prudencia, y gran consideración: pues sus efectos se mudan muchas veces conforme a la edad del contrario, y su complexión, al tiempo, y al lugar, y por otras muchas causas. Por lo cual conviene al que la hubiere de ejercitar, sea con verdadero LUIS PACHECO DE NARVÁEZ149DE LA VERDADERA DESTREZA. conocimiento de todo esto: porque no sería cuerdo, el hombre que se arrojase en el fuego, poniendo en ventura si se quemaría, o no, sabiendo que en su propio efecto es quemar: y que este no le viene por ventura, ni acaso, sino natural: de tal suerte, que o dejará de ser fuego (que es imposible) o hará su efecto, que es quemar. Así el que se arrojare en el peligro de la Destreza ordinaria, que verdaderamente no consta de ninguna certeza, encomendándose a la ventura, será imposible tener buen suceso: Vegecio De Re Militari, aconseja al hombre, que no comience la guerra acaso, sino por arte y ciencia. porque esto es lo que bien nos aconseja Vegecio, en el De Re Militari, que aquel que de la batalla quisiere alcanzar fin venturoso, que no la comience acaso, sino por arte y ciencia: porque no hay cosa tan segura como la que se funda en ella y en razón, ni al contrario tan desdichada como la que se guía por ventura y acaso: El descuido en la batalla consigo trae el peligro. porque el error y descuido que se hace en la batalla, no recibe enmienda, ni corrección, antes en el propio punto que se hace llega el daño y castigo, y se paga de contado, sin dar tiempo, ni aún para que se arrepienta. Y por el contrario, aquello que tiene orden, y se funda y gobierna por ella, tendrá dichosísimo suceso: porque no hay cosa en el mundo que con verdad se pueda llamar perpetua, sino aquella que sobre verdad y razón se funda. Y derivan entender, que el saber es una posesión, que ninguna fuerza la basta a quitar: pero que faltaba cuándo esto consideraran, que entonces ni hubiera que escribir: y aún esto y por decir, que no les faltara nada por saber: pero muchas veces aman los hombres lo que habían de aborrecer, y aborrecen lo que con grande afición habían de amar: y teniendo consideración a esto, os daré en demostración las más comunes tretas que usan los que tratan la Destreza ordinaria, y en quién ponen su confianza, y los remedios y defensa con que os habéis de librar: Por qué se ha de saber la Destreza falsa. y no os parezca que por esto quiero que la obréis, sino que sepáis lo malo, para huir de su peligro y daño, que a los ojos os muestra, que solo para esto es provechoso el saberla, y luego los particulares más esenciales de la Destreza verdadera (como se ha prometido) con esta limitación, que los primeros no son ciertos, sino dudosos y falsos, como hemos dicho, y los otros no infalibles: pero mejores que los primeros, así por quien los hace, como por las partes y causas, medios, y distancias con que se obran: Por qué no siendo los particulares ciertos se han de saber. y digo, que el saberlos, es muy necesario, para conocimiento de lo universal: y no porque lo universal sea por causa de ellos, pero para estar más ágil y dispuesto para ello: además, que el diestro no ha de andar cada momento, y con cualquier hombre, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA150SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS con lo universal, como si fuera cualquier particular ordinario, antes ha de seguir el estilo que tiene el que vende joyas, que a la gente ilustre y grave, da las excelentes piedras, rubíes, y topacios, y a los medianos, el oro, y plata, y a la gente plebeya y rústica, el alquimia, y plomo: quiero decir, que habrá hombres con quien hayáis menester la piedra finísima de lo universal, para defenderos, y otros, que con cualquier particular que hagáis, os sobre Destreza: y por esta causa se tratará todo, porque es bien saberlo todo: y en esto más vale sobrar en lo superfluo, que faltar en lo necesario. Las dos Destrezas juntas se conocen mejor. Y pues de esta vez se ha de hacer alarde general, sacando a plaza los secretos de ambas Destrezas, poniéndolas juntas, para que se vea quien es cada una, y por la noticia del un contrario, se venga en conocimiento del otro: y por la larga experiencia que tengo de la verdadera, de su valor, gravedad, fuerzas, y grandeza, oso afirmar, que ha de extirpar a la ordinaria y falsa. Lo que le está bien hacer a los que profesan la Destreza ordinaria. Y a los que hasta aquí la han profesado, les aconsejo, y aún con mil encarecimientos les ruego, determinen dejarla, como cosa tan dañosa, siguiendo el parecer de Antístenes Filósofo, que dice, que la doctrina más perfecta que puede aprender el hombre, es, olvidar la sabida, si no es cierta y verdadera. Y pues de esto les contará, con bastante desengaño, justo les será darle de mano, como a cosa de poco momento, y antes dañosa, que de provecho; y el que de aquí en adelante fuere tan inconsiderado, que quisiere reincidir en lo pasado, y de su voluntad ofrecerse al peligro, justo galardón será, que contra su voluntad sufra la pena, y perezca en él. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ151DE LA VERDADERA DESTREZA. LO QUE SE HA DE ADVERTIR PARA MEJOR ENTENDER ESTE LIBRO. Carranza, folios 178 y 179. Supuesto que nuestro autor en su libro, diálogo tercero, probó con razones muy fundadas, cómo la espada en su largura tiene más y menos fuerza, graduándola desde la punta hasta la guarnición, con números desde 1 hasta 10, con lo cual da a entender, que conforme al valor de cada número, así tiene la fuerza, o flaqueza (como se tratará en lo universal). Y en esto nadie ha puesto duda, ni entender, que la punta de la espada es la parte más flaca, y donde hay menos fuerza, y por esto la llama flaqueza: y la guarnición, que es donde está el mayor número, y más junto al centro, que es el brazo de donde le viene, y se le comunica la fuerza, le nombra así mismo fuerza. Basta ahora entender, que la punta de la espada es la parte más flaca de toda ella, y la guarnición y empuñadura la más fuerte: y quédese con estos dos, nombres, de flaqueza y fuerza, pues nacen del propio ser suyo, considerando que han de estar distintas y apartadas la una de la otra, pues como dice Aristóteles: Dos contrarios, no se compadecen juntos, así como fuego y hielo: y de la propia suerte, no podrá haber en un mismo punto, fuerza y flaqueza: pues si a la flaqueza de la espada contraria, llegase la fuerza de la vuestra, no hay duda en que venceríais, y lo propio si hiciese movimiento para alguna herida: Carranza folio 157. porque el tal, también tendrá flaqueza, como así mismo lo afirma en el mismo diálogo, con dos ejemplos que verifican esta verdad. El uno de la lucha, en que dice, que si cuando uno está luchando, y su contrario le da una vuelta, en la cual ha puesto toda su fuerza, y al punto que se acaba, antes que se reduzca o rehaga de partes, le volviese él a dar otra, juntando el principio de la una fuerza con el fin de la otra, sin falta le derribaría: y el segundo ejemplo, cuando quieren derribar un toro, para que se pueda hacer con facilidad, se aguarda a que levante parte de las manos y pies: porque de aquel movimiento, por causa de solo tenerse sobre dos pies, tiene flaqueza, y arrimándole la lanza, darán con él en el suelo. De suerte que diremos, que si el contrario hiciere movimiento para herir: porque forzosamente ha de levantar los pies para mover el cuerpo, brazo, y espada, que tendrá flaqueza, que arrimándole la fuerza, también vencerá. Y en este aviso, os importa tener mucha consideración, así para entenderlo, como para libraros. Qué significa el círculo pequeño que hay en cada demostración. Conocidamente se sabe, que el cuerpo del hombre es a donde se enderezan las proposiciones, o tretas: y por evitar prolijidad de hacer hombres para cada herida, supongamos, que el círculo pequeño, que ponemos en cada demostración, es el cuerpo LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA152SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS donde se han de encaminar las heridas, como se demuestra en cada una de ellas: y no es contra razón manifestarlo, o suponerlo en esta figura redonda, pues el hombre es circular y, según Aristóteles, y los demás Filósofos, tiene figura esférica, y por esto es bien, que en la propia figura esférica lo pongamos. Las líneas son los caminos por donde ha de caminar el Diestro. Las líneas así curvas como rectas, que se ponen, es el camino por donde se ha de ir para ejecutar las heridas, cuando por una parte, y cuando por otra, conforme lo fueren manifestando, unas veces largos, y otras breves, y en las ocasiones que conviniere valeros de pie izquierdo, también se advertirá. Para qué se ponen las letras en las demostraciones. Las letras que se van poniendo, que dicen pie derecho, pie izquierdo, es para significar dónde se ha de dar el compás: y llevad esta cuenta, que donde os habéis de afirmar primero, es donde señala punto A, que es el lugar donde habéis de elegir el medio de proporción, que es lo primero que habéis de hacer, y de habituaros a esto, vendréis a hacer tal hábito, que sin poner ninguna diligencia, sabréis la distancia que hubiere entre vuestro contrario y vos. Las demás letras, son los movimientos que van sucediendo, manifestando a qué parte se ha de dar el compás, y en qué forma se ha de dar la herida: porque cada una tiene su lugar determinado. El intento de hacer una demostración, y señalar en ella los movimientos más ordinarios que pueden suceder, es para que veáis, que habiendo formado alguna proposición, a qué parte se puede mover vuestro contrario, casi necesariamente, y haciendo alguno, cómo lo habéis de impedir y ofender. Y para que cada momento no sea menester importunaros con una cosa, advertid, que siempre que vuestro contrario se afirmare con la espada alta, que participare de ángulo obtuso, o baja, que sea en ángulo agudo, o a los lados en alguno de los extremos, que afirmándoos recto le alcanzaréis más, como ya está probado, eligiendo medio conveniente: Note el Diestro que le importa. con advertencia, que aunque vuestro contrario tenga la espada y brazo encogido, que el medio de proporción lo habéis de elegir como si estuviera recto, conociendo para esto la distancia, como cosa tan importante para saberlo obrar con certeza: porque si os cogiese desapercibido de esta prevención y medio, cuando viniese a extender el brazo, hallándoos cerca, no saldríais sin alguna ofensa: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ153DE LA VERDADERA DESTREZA. Los Franceses se afirman diferente de los Españoles. y al menos a los principios os será provechoso y aún importantísimo ir con este cuidado, hasta que tengáis entero conocimiento de los movimientos y sus partes, como diremos en el libro prometido, y modo de afirmarse los Franceses, que es en todo diferente de los Españoles, por afirmarse ellos al pie izquierdo, delante el brazo derecho y espada encogido, y el izquierdo y la daga tendido, viniendo a quedar la punta de la espada, y la de la daga juntas e iguales. Y porque en el segundo diálogo del libro de nuestro autor, que trata de la Destreza falsa, está encerrado, por vía de objeciones, lo más esencial para contra ella, para que veáis lo uno, y entendáis lo otro, la iré acotando donde fuere necesario. Demostración por causa, qué es. Carranza folio 35. Finalmente, quiero que entendáis, que el fin de poner la Destreza en demostraciones, es para que procedáis con más conocimiento: pues como dice Carranza, la demostración por causa, es una manera de proceder, el Entendimiento del verdadero conocimiento de la causa ya conocida, al conocimiento del efecto: porque el oficio primero del Diestro, es conocer, y luego fabricar en el Entendimiento lo que ha de hacer. Y todo esto haréis mediante la demostración, en que vuestro contrario se pusiere: con lo cual os avisará cómo se ha de conseguir el efecto: porque es imposible, de causa no conocida, dar efecto conocido, porque el efecto es mediante la causa, y no al contrario. Causa remota, el efecto lo mismo. No tratamos de la causa remota o apartada, porque forzosamente el efecto lo ha de estar, y no podrá venir a ser, si no es mediante otra causa primera, como por ejemplo: El aplicar a tal enfermedad, tal medicamento, será causa de sanarla: pero el medicamento está a una legua del enfermo: aquí ha de entrar la causa primera, que es ir por él, y luego la segunda, que es tomarlo, para que el efecto se consiga: y aplicándolo a la Destreza, digo, que puesto mi contrario en tal demostración, tengo tal herida señalada y conocida, que es el efecto de aquella causa, pero está apartado de mí, que no le puedo alcanzar: esta es la causa remota, y será forzoso preceder la causa primera, que es llegarme a él, para que el efecto se consiga. Y todo esto allana el medio proporcionado, que es la distancia determinada que tiene cada especie de herida en todas las armas, como lo iremos manifestando siempre, por ser la llave y gobierno de la Destreza, como nuestro autor lo dice. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA154SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Declaración importante, qué cosa sea herida, de qué se compone, y cuáles son las heridas antes de tiempo, en tiempo, y después de tiempo. Aquel excelentísimo Maestro de la Elocuencia Marco Tulio Cicerón, aconseja, y aún da por precepto importantísimo, que cuando se haya de tratar alguna cosa, se comience primero por su definición, para mejor entenderla. Y los Lógicos tienen esta regla infalible, no obstante confesar ser mejor: y conforme a naturaleza decir primero la misma cosa, que definirla, para evitar la equivocación: y a este precepto nos conviene obedecer, para acertar en la que tratamos. Y pues hemos de tratar de heridas, será razón declarar y definir, qué cosa sea herida, cuál sea su causa, de qué se compone, y cuántas diferencias hay de heridas: no en cuanto ellas mismas, sino en cuanto las causas, de que ellas son efectos, así para que con más evidencia sepamos la materia que tratamos, como para más quietud vuestra: porque es cierto, ser aquello que no se conoce (en cuanto a la imaginación) mayor de lo que verdaderamente es: De qué se compone la herida. y porque la herida se compone y forma de tres partes: las cuales son las siguientes. Tiempo en que se obran todas las cosas, por ser imposible lo contrario: movimiento, que se obra en este tiempo, y el efecto, que es la herida. No será forzoso tratar de cada cosa un solo punto, por acudir a nuestro principal fundamento. Qué cosa es tiempo. Y comenzando por el tiempo, como presidente de todas las cosas. Es, según dice Aristóteles, una medida del movimiento, y de la quietud: los términos del cual, son dos instantes, Qué cosa es instante. y este instante es aquello que no tiene partes: porque aquel punto en que se comienza a obrar, es tan breve como un punto delicadísimo, imposibilitado de tener partes: y el espacio en que se obra, es a quien llamamos tiempo: y el fin en que se acabó de obrar también es un punto. Finalmente, tiempo, es aquel en que obramos cualquier obra, y los instantes, los dos puntos en que se comienza y se acaba: El tiempo es medida del movimiento. y es tan cierta esta autoridad, de que el tiempo sea medida del movimiento, que no tenemos para qué cansarnos buscando otras, ni ejemplos para aprobarla, pues no hay quien ignore, que ninguna cosa no se puede obrar sin tiempo: pues esta nos basta, y LUIS PACHECO DE NARVÁEZ155DE LA VERDADERA DESTREZA. satisface, y juntamente nos enseña que el movimiento ha de ser obrado en un tiempo, y no de otra manera. Finalmente de un camino se han declarado ambas cosas. Movimiento qué es. Movimiento, en esta materia, es un concepto del Ánimo y deliberación de la Voluntad: porque los ímpetus del Ánimo son principios de los actos: es un acto de lo que está en potencia, es una transmutación de un lugar a otro, obrado en tiempo. La espada ella por sí no se mueve, ni las lanzas, ni superficies. Ahora se ha de advertir, que la espada, ni las demás armas, ellas por sí, no se mueven: porque como dicen los Matemáticos, las superficies y líneas, no se entienden, tuercen, ni mueven de sí mismas, porque son incorpóreas: pero se extienden, tuercen y mueven juntamente con los cuerpos, cuyos extremos y cabos ellas son. Así la línea, a quien llamamos, espada, ella por sí no se mueve, sino junto con el cuerpo y brazo del hombre, que es su motor. Por manera, que queda probado, que forzosamente es menester tiempo para el movimiento de la espada, y es menester cuerpo y brazo, para que este movimiento se obre, y no de otra manera. No hay herida sin movimiento. Ahora hemos de entender, que la herida se forma y compone de movimientos, sin los cuales será imposible ninguna se forme, ni se le pueda herir al contrario: porque, según los Filósofos naturales, de nada, no se engendra nada, y habiendo de ser la herida por causa del movimiento, y no el movimiento por causa de la herida, así como lo es el efecto por la causa, y no la causa por el efecto: se puede entender ser necesario que haya movimiento, para que haya herida, y no en otra manera. De contrarias causas, nacen contrarios efectos. Ahora para concluir nuestro propósito, conviene que entendáis, que la contrariedad y diferencia de los efectos, consiste, y es por la contrariedad y diferencia de las causas: y como los movimientos lo sean de las heridas, y estos sean diversos, también ellas lo habrán de ser. Y pues tratamos ciencia, la cual, según en el prólogo probamos (por su propia y verdadera definición) es un conocimiento de la cosa, por su causa, para conocer las heridas, nos conviene conocer los movimientos de que se componen, que son las causas: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA156SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS ¿Movimientos cardinales, cuáles son? estos, según Carranza, y la cierta y larga experiencia nos lo ha mostrado, son cuatro, a quien llamamos Movimientos cardinales, cuyos nombres son, Movimiento violento, Movimiento natural, Movimiento remiso, y Movimiento mixto: de los cuales nacen y se producen diferentes efectos, según la compañía que hace el uno con el otro, y así mismo, la vez que con todos ellos se forma la herida. Y porque adelante hemos de hacer declaración particular de todos ellos, se quedará aquí este punto: pero habéis de saber, que con estos movimientos, se forman heridas de primera intención: las cuales se obran, sin reparo ni acometimiento: y también se forman heridas de segunda intención, que son y se componen de los movimientos contrarios: y de estos movimientos, así mismo se forman las heridas circulares, que son las de tajo, y revés: contra los cuales géneros, hay otras tres diferencias de heridas, las cuales son las que pretendemos declarar, y por cuyo respecto se hizo este punto. Lo nombres de ellas son: Herida antes de tiempo, herida en tiempo, y herida después de tiempo. Herida antes de tiempo por qué se dice. La herida antes de tiempo, es aquella que dijimos de primera intención, y no se llama antes de tiempo, porque se pueda obrar antes del mismo tiempo, pues dejamos probado, que el tiempo es medida del movimiento, y el movimiento causa de la herida, sino porque se obra antes del tiempo en que el contrario comience a obrar proposición, o treta, que sea para ofender, o defenderse: y de esta es tanta su libertad, que es sin reparo ni acometimiento. Herida en tiempo cuál es. La herida en tiempo, es aquella que se obra al principio de alguna herida, que el contrario comience de su voluntad, o habiéndole obligado el Diestro: a quien llamamos de segunda intención: Por manera, que si habiéndole obligado a una proposición, estrechándole, y obligándole a ello, hiciere algún movimiento al principio de él, se le ha de herir: y porque esta herida se obra en el mismo tiempo que hace, y está obrando, el movimiento, se dice herida en tiempo, y por otro ejemplo. El contrario forma una herida circular de tajo, o revés, para cuyo efecto (como adelante sabréis) han de preceder cuatro movimientos, al principio que forma el violento, o remiso, se le hiere con estocada ságita, o con algún revés, al principio del tajo, o con algún tajo al principio del revés, o revés contra revés, y tajo contra tajo (como todo se demostrará por demostración): por cuanto esta herida, o heridas, se obran en el tiempo que él esta obrando la suya, adquiere y se le da este nombre, y le decimos, herida en tiempo. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ157DE LA VERDADERA DESTREZA. Herida después de tiempo por qué se dice. La herida después de tiempo (no porque ninguna se pueda obrar antes o después de él) es cuando el contrario forma una herida, la cual se le impide con el atajo (a quien llamamos universal) matándole aquel movimiento, de que se compone antes que llegue al efecto, y después de esto le herimos, es por causa, que aquel tiempo en que hizo los movimientos, para la herida, ha pasado de todo punto, pues con haber muerto el movimiento, se acaba el tiempo en que se formó, y por eso le decimos, herida después de tiempo. Y de todo lo dicho, habéis de entender y estar prevenido, que cuando en el discurso de este libro oyereis este término: Herida antes de tiempo, que conocidamente es cualquiera de primera intención, y cuando se os avise que la herida sea en tiempo, ha de ser en el que vuestro contrario hiciere algún movimiento, ora sea circular para tajo, o revés, o accidental recto, para estocada, antes que se acabe el tal movimiento, y cuando se manifestare convenir, hacer herida, después de tiempo, esté ya sabido por cosa conocida en Destreza, haber de ser, y ejecutarse, después de haber pasado todos los movimientos que el contrario hiciere para su herida, de cualquier género que sea. Y con esto queda advertido lo que conviene, así para el conocimiento de la Destreza, como para vuestra quietud, y de otro cualquiera: pues con esto dejamos cierta y verdadera noticia, que no hay, ni puede haber herida, sin movimiento, ni movimiento, sin tiempo, ni tiempo sin otro igual tiempo en que os podáis defender, y ofender, si conviniere: y con esto concluimos con esta segunda parte. Y porque la hemos de tener siempre por el tema de este tratado, de la cual hemos de valernos en caos diferentes de cada una de sus demostraciones, por ser los fundamentos de esta Destreza verdadera que tratamos, conviene que en ella particularmente estudiéis, hasta venir a hacer tal hábito en cualquier punto de ella, que con facilidad la entendáis y obréis. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ159 TERCERA PARTE EN LA CUAL SE MANIFIESTA EN DEMOSTRACIONES LAS MÁS COMUNES TRETAS DE LA COMÚN Y VULGAR DESTREZA, Y EL POCO FUNDAMENTO SUYO: Y LOS REMEDIOS PARA CONTRA ELLAS. CON PARTICULARES ALEGACIONES DEL COMENDADOR CARRANZA, Y MUCHOS E IMPORTANTES AVISOS DEL AUTOR, AMAESTRADOS DEL MUCHO ESTUDIO, Y CONFIRMADOS CON LARGA EXPERIENCIA. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ161Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Contra la común postura de los vulgares. Común y usada manera es, y ha sido entre los que tratan la Destreza ordinaria, afirmarse, el brazo curvo, todo hecho ángulos que es doblando la coyuntura del codo, y la guarnición de la espada casi arrimada al muslo derecho, y la punta alta, a quien ellos dicen puerta de hierro, y los pies desproporcionadamente abiertos, cargándose sobre el pie izquierdo no considerando, que todo aquello que está encogido, el brazo, y la espada en la tal postura, dejan de alcanzar a su contrario, además de estar en postura ultimada, que es lo propio que estar en extremo, teniendo rematada toda la fuerza, y que cuando la espada contraria fuese mucho menor en largura que las suyas, alcanzará mucho más, como se ve en esta demostración, que por dos causas alcanza menos que la recta. La una, por el extremo del brazo, que casi baja al ángulo agudo: y la otra, porque la punta de la espada, en cierta forma, se eleva al ángulo obtuso: y pues tenemos probado, que el ángulo recto alcanza más, teniendo elegido medio de proporción (como ante todas cosas habéis de elegir) que será en punto A dando compás recto, daréis herida en los pechos, llegando a punto B arrimando la fuerza de vuestra espada a la flaqueza de la suya, sin doblar jamás el brazo, sino tenerlo siempre recto: y ha de ser esta herida obrada en tal manera, que el movimiento de cuerpo, y ejecución de la herida, ha de llegar a un punto, haciendo consonancia de música. Esta herida es la que nuestro autor dice, por vía de objeción, en el diálogo segundo, que estando en tan casada postura, el contrario arrimándole la espada la pecho, le podrán hacer caer: pero si no se cargare sino sobre le derecho, se podrá hacer la herida mucho mejor, como también lo dice en el diálogo tercero, pues llegará más cerca su cuerpo a vuestra espada, no alcanzando por eso más la suya, y con menos movimiento le podréis herir: pues en la tal postura, la espada acorta, y el cuerpo acerca para más daño suyo, que no podrá remediar. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA162TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Cuando levantare la espada, herir recto debajo del brazo derecho. No hay hombre, por rústico que sea, ni aún animal irracional, que si ve que le van a herir, no procure alguna defensa, y remedio para conservar su vida, y tanto más la procura, cuanto más la conoce: y porque esta primera herida, para ejecutarla, se camina y da compás recto, y la ejecución es en los pechos, como están tan amedrentados de las heridas que se dan en el rostro, tienen gran cuidado de guardarlo: y aunque les hieran en otra cualquier parte, no ponen tanto cuidado en su remedio: y porque el Diestro jamás dejará de herir con la proposición que comenzare, formándola en el Entendimiento, según la demostración que el contrario le diere (que es la causa) porque saldrán tantos ramos y circunstancias, que por muchos impedimentos que el contrario ponga, no dejará de llegar a efecto alguna: que esta es la causa porque el Diestro ha de saber tantas tretas, para ir aplicando conforme los desvíos que el contrario hiciere: El remedio que ponen a esta herida. y el que en esta herida puede poner (y ordinariamente ponen) es levantar la espada en alto, procurando llevar con ella (con las guardas) la que le quiere herir: y haciendo esto, considerad, que se pondrá en ángulo obtuso, y aún si bien se mira en la Demostración de los tres ángulos, vendrá a quedar su espada en punto R, que es donde se alcanza menos de cinco partes las tres, que la recta, como en ella se probó: y al principio del movimiento violento, pasaréis de punto B a punto C dando compás curvo, y dando herida debajo de su brazo derecho, procurando librar vuestra espada que no la lleve con la suya, y podréis dar esta herida: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ163Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. No se pueden hacer dos movimientos primero que uno. porque primero que se acabe la acción de cualquier movimiento comenzado, que es violento, y quiera poner remedio en la segunda herida, será con tanta tardanza, que ni tendrá tiempo para remediarse, ni a vos os faltará para herirle, porque no se pueden hacer dos movimientos primero que uno: y advertid, que en hiriendo, habéis de salir luego a buscar medio de proporción, antes que baje el movimiento natural: que esta consideración habéis de tener siempre que hiriéreis con la estocada ságita, para acudir a sus movimientos. Si abate la espada, herirle de revés. Advertid, que en punto D se ha de meter pie izquierdo. Y si por ser el movimiento natural el en sí tan noble, que se obra sin ningún trabajo, por cuya causa, y bajar un cuerpo grave a su centro, es velocísimo, y casi incomprensible, y poder tener más velocidad, si alguna fuerza se le aplicare, quisiere vuestro contrario impedir la herida antes de estas, abatiendo vuestra espada: o, según dicen ellos, cargándola hacia el suelo: lo cual se obra, poniendo la guarnición de su espada en la flaqueza de la que le va a herir. Advertiréis, que apartará el punto de su espada, quitándola delante de vuestro cuerpo, y dejándola remota hacia su lado izquierdo: con lo cual podréis caminar sin ningún impedimento, pues la espada, que lo pudiera ser, está apartada, y tan remota, que primero que de aquel movimiento tan impertinente se pueda reducir al medio, le habréis ya herido, dando para ello compás de punto C (que fue donde impidió la herida) a punto D con pie izquierdo, hiriéndole de revés en la cabeza: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA164TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Cómo se forma el revés. que, como ya hemos dicho, se ha de formar de la manera que los espadadores espadan el lino, llevando la espada arrimada a vuestro muslo derecho, doblando la mano, llevándola uñas arriba, hasta que comience el movimiento natural, que entonces ha de ser de filo, que es en cierta forma, de la manera que ellos sacan los mandobles: y solo difieres, en que ellos doblan el medio brazo, que es la coyuntura de en medio, a quien se dice sangradera, y aún muchas veces sola la muñeca: y en este nuestro, se mueve todo el brazo con el círculo mayor que puede hacer, porque los pies suplen con su compás la cantidad y distancia que se requiere para el revés referido. Otra herida de círculo entero. También podríais, al punto que abatiere vuestra espada, desde el propio punto C, librarla por detrás de su guarnición, dando herida de círculo entero en los pechos, sin doblar el brazo, sino solo con la muñeca, como ya hemos dicho: y este nombre de círculo entero, es, porque vuelve la espada al punto donde comenzó, y mientras el contrario bajare al ángulo agudo, podréis subir al recto, hiriendo en los pechos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ165Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Si reparare el revés, herirle de estocada. Ningún movimiento hay, de los ya sabidos, de que se componen las heridas, que tan espantoso les sea a los que tratan la ordinaria Destreza, como son de los que se forman el tajo y el revés y ninguna herida hay que con más diligencia y cuidado procuren reparar, teniendo por defensa, a su parecer, bastante cruzar la espada encima de la cabeza: y la causa es, no tener verdadero conocimiento de la naturaleza del movimiento natural: y así mismo ignorar, cuándo, y a qué tiempo, y en qué sitio, y con qué ángulo se ha de hacer el reparo, o si es mejor herir sin reparar: ni tampoco advierten, que los tiempos circulares son unos diferentes de otros (no en cuanto círculos) sino en cuanto a la diferencia de sus principios: porque unas veces se sacan por de dentro, otras por de fuera, unas por abajo, y otras por arriba: Del fin de los tajos, se forman estocadas. ni menos advierten, que del fin del tajo y revés, se forman estocadas, con solo mudar el Diestro aquel intento particular, quitándole al movimiento violento algunas partes de la fuerza, y lo demás ganarlo con el compás: y no me engaño en decir, no conocen la naturaleza de los movimientos: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA166TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, ¿Reparo redondo qué es? Porque haciendo (como hacen) el reparo, poniendo la espada encima de la cabeza, a quien dicen reparo redondo, está el brazo violento, y sin ninguna fuerza: y el golpe del tajo, o revés, además de bajar la espada naturalmente, buscando su centro, es ayudada del ímpetu de la fuerza que se le comunica: y que hallando hecho el reparo, con tan pocas partes de fuerza, se llevará de encuentro espada, brazo, y cabeza, sin que el reparo sea poderoso a resistirse: Reparo cómo se ha de hacer. porque los reparos no han de aguardar a que baje el movimiento natural, sino salirle al encuentro, como se dirá en su lugar. Pues si queriendo herirle con el revés dicho, formare reparo redondo, no lo ejecutéis sobre su espada. Y considerad, que aunque tiene guardada la cabeza (a su parecer) que tiene descubierto todo el cuerpo. Y pasado a punto E haciendo un medio círculo, a manera de una C, por causa de no encoger vuestro brazo, ni encontrar con su espada, daréis herida debajo del brazo derecho: advirtiendo, que el pie izquierdo ha de comenzar este movimiento, y el derecho le ha de seguir, como hemos dicho. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ167Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Treta vulgar de cruzar la espada delante del pecho. Lección es muy usada entre los Diestros (que confiados en su Destreza, se atreven a mayores peligros de los que pueden remediar) cruzar la espada por delante de su cuerpo, la punta de ella junto al brazo izquierdo, pareciéndoles, que están dispuestos para herir, mediante los movimientos contrarios: y a la verdad se engañan, pues quitan el punto de la espada delante de su contrario, que es lo propio que abrirle puerta, para que pueda entrar a matarle: y la opinión en que se fundan es, que teniendo cruzada la espada, como está dicho, y señala esta demostración, el contrario le tirará alguna estocada al pecho, por encima de su espada, y entonces arrebatarla, hiriendo de tajo en la cabeza: y no consideran el peligro que tienen, y que su contrario irá por donde quisiere, y no por donde le aguarda, y le da ocasión, pues es libre señor de su voluntad: y pues vos lo sois de la vuestra, si vuestro contrario se afirmare en la tal demostración, hallándoos en punto A, que es donde habéis de elegir medio de proporción, un poco más adentro, y pasando a punto B con el compás curvo, con pie derecho, le heriréis con estocada debajo de su brazo derecho: con lo cual le saldrá su esperanza y pretensión muy al contrario de lo que pensaba: y se puede obrar esta herida, por razón, que como os afirmaréis recto, y el punto de vuestra espada tan cerca de su cuerpo, y la suya tan apartada del vuestro (que es lo que ellos ignoran) y ser el movimiento accidental de la estocada tan breve, que hace ventaja a todos los LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA168TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, movimientos (excepto al natural), por imposible tengo poderse defender, si no fuere desgraduando atrás, abatiendo la espada, que es el remedio de que se aprovechan todos en general, y entonces haréis lo que avisa la demostración siguiente: pero en esta os advierto, que no comencéis esta herida, si no fuere con el medio que os aviso, y que antes sea un poco más dentro: porque si de fuera comenzareis, tendría lugar de formar el arrebatar, que es la herida que pretende, y a su parecer tiene fundada. Si quitare la estocada, abatiendo, herir por encima de la suya. Gran turbación y alboroto, mucha confusión y del sosiego le causa al hombre, cuando le sucede alguna cosa, contraria de aquella a quien estaba aguardando, y hecha alguna prevención: esto es generalmente hablando. Y venido al particular de nuestro propósito, digo, que a nuestro Diestro de la común Destreza, no solo le sucederá lo referido, pero será causa de que se amedrente, si a la ocasión que dio cruzando la espada por delante del pecho, se le hiere por la parte que os avisé en la demostración antes de esta: pero como tenga obligación de procurar su defensa, acudirá a ella, ora sea conociendo el principio del movimiento, o con el dolor de la ejecución: y si en cualquiera de estas partes, quisiere poner algún remedio, conoceréis su principio, para de él formar otra herida. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ169Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Y si el que pusiere, fuere desgraduar atrás, y procurando abatir vuestra espada, que es el último remedio que tendrá, y de quien se aprovechan de ordinario, habéis de advertir dos cosas. La una, que aquel impedimento que pusiere para abatir la espada, es solo para defenderse, quitando aquella herida, pero no formar otra: con lo cual podréis más libre y confiadamente ofenderle, pues no lleváis peligro de ninguna ofensa, pues de su parte no la procura, sino solo defensa como decimos. La otra, que el tal impedimento es tal, que se queda el punto de su espada tan apartada como antes estaba, y que tenéis el paso libre para poder ir adelante, prosiguiendo vuestro intento, como vais previniendo, y con mucho cuidado, para impedir el movimiento que hiciere: porque podrá enderezar la espada, pues queda libre, y hecho ángulo superior sobre la vuestra (si acaso no conociereis el movimiento, y os lo sujetare). Pues si quisiere abatir, como está referido, conociendo aquel movimiento, pasaréis de punto B a punto C librando vuestra espada por detrás de su espada y brazo, sin doblar el vuestro, dando herida de círculo entero, en los pechos, por encima de su espada, como lo señala esta demostración. Si hiciere desvío a la estocada, herirle de tajo. Y si por ser la herida pasada, ejecutada en los pechos (que como queda dicho, les causa espanto en sumo grado, por ser la parte en que más daño reciben, y donde más procuran ofenderse: y este temor es tanto, que no le pueden disimular ni encubrir: y en tomando espadas, para ejercitar con cualquiera, lo primero que previenen, es, que les guarden el rostro, y los ojos) impidiere la herida, que os avisé, apartando LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA170TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, vuestra espada, habéis de considerar otras dos cosas: y son, que aquel desvío que hace, consta y se compone de dos movimientos, violento y natural, y que forma con la espada ángulo obtuso, entendiendo hallar la vuestra, no previniendo el daño que por otra parte le podrá venir, por causa de tan largos e inconsiderados movimientos: pues librando vuestra espada de la suya, aquella fuerza que le comunicare al movimiento violento del desvío, vendrá a ser tal que quede su espada remota hacia su lado derecho, y no será en su mano quitar las partes al movimiento natural, habiéndolas puesto al violento: y forzosamente acabara aquella acción, antes que venga a hacer conversión de un movimiento en otro, ni del desvío en herida: y gastando tanto tiempo, podréis al principio pasar desde punto C (que será donde quedaréis) a punto D formando un tajo, Advierta el Diestro cómo y por dónde se han de formar los tajos y los reveses. advirtiendo, que ha de ser al contrario del revés que dijimos: porque ha de ir la espada pegada al muslo izquierdo, doblando la mano uñas abajo: y la razón está llana, que los habéis de formar, conforme a la parte donde hubiereis de herir: porque si hubiese de ser en el lado izquierdo, habiendo de dar compás con el pie derecho por la circunferencia de vuestra mano derecha, forzoso será sacarlo arrimado al muslo izquierdo, porque no habrá lugar por otra parte: y si hubiese de ejecutarse en el derecho, que el compás habrá de ir por la circunferencia de vuestra mano izquierda y con pie izquierdo, se habrá de formar arrimado al muslo derecho. Por manera que el tajo se ejecuta en el lado izquierdo, y el revés en el derecho: con lo cual sabréis por dónde se han de formar, y en qué parte ejecutar, y así mismo las tretas dobles, de quien adelante se dirá. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ171Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Al principio del desvío, herirle de estocada recta. Caso se podrá ofrecer, en que la herida circular de tajo, que poco ha que os avisé, vuestro contrario la conozca, y de industria vuelva a ella, para de allí sacar herida, a quien ellos llaman, trastocar, que es lo mismo que sacar un mandoble, u otra cualquiera que le pareciere: y por esto os traje a la memoria la ley de Licurgo, en que mandaba a los Capitanes Lacedemonios, que no peleasen muchas veces con un enemigo, porque no aprendiese los ardides de guerra suyos, y con ellos fuesen vencidos: y ahora de nuevo os vuelvo a decir, que con vuestro contrario no hagáis muchas veces una misma treta por la propia razón de que no la aprenda, y prevenga algún remedio, sino diferenciar siempre, para que cuando tenga prevenido algún remedio a la que se le ejecutó, entendiendo, que se la de volver a herir con ella, hagáis otra diferente de la que él aguardare, para que su remedio y prevención no aproveche: y así podréis desde punto C al principio que comience el desvío (o al principio, si acaso no estuvieseis dispuesto a formar el tiempo circular, o no lo estuviese él para recibirlo: porque si estuviese desviado de vos, correríais mucho peligro, si formaseis el tajo), pasar a punto E, que del desvío que vuestro contrario hiciere, vendrán a quedar las espadas como lo manifiesta esta demostración y desde allí, sin doblar el brazo, sino solo para librar la espada, moveréis la muñeca, y daréis estocada en el pecho: y lo podréis, por causa de quedar su espada tan remota y apartada de vuestro cuerpo, y estar el punto de la vuestra tan propincuo y cercano al suyo. Y ejecutada la herida, con la brevedad que a tan corto movimiento se requiere, saldréis a medio de proporción, para acudir a los demás movimientos que hiciere. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA172TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, ¿Herida común, a quién dicen llamar? De los Maestros más famosos, que han profesado, y profesan la vulgar Destreza, ha sido, y es una de sus más principales invenciones una treta, cuyo nombre es Llamar al contrario, en todo tan fuera de razón como lo demás, cuyo testimonio de esta verdad ha dado la rigurosa experiencia que contra ella, y los que la han profesado, se ha hecho, como lo manifestarán estas tres demostraciones sucesivas, y se forma de esta suerte: que habiéndose afirmado con su contrario, tiran un medio tajillo de los que ellos hacen: el cual es quitar su espada de entre los dos centros, o cuerpos, llevándola hacia el lado izquierdo, y el brazo derecho atravesado a su pecho. Y pues que va a decir verdad, la digo, que es el camino más breve para entregarse en manos de la muerte, y el atajo por donde ahorrarán camino, para más presto venir a ella, y un engaño inventado por el mismo demonio, para solo su daño de ellos: y justamente le llamo engaño, pues no conocen el daño que allí les puede venir, pues quitan la espada (que es la que les ha de defender) de delante de su contrario, y abren la puerta por donde pueda entrar a ofenderles, y el intento principal de hacer esta treta es, que como descubren el pecho, convidan al contrario a que vaya a herir en él (no tratemos si querrá ir, o no: porque esto estará en su voluntad, como señor que es de ella, que es la causa porque esta treta falta, por constar de voluntad ajena, y esta no cualquiera la puede forzar): y si por ser cobarde su contrario, o por otra cualquier causa, no quiere ir, queda la treta sin efecto: y el remedio que tienen, es volver a llamar hasta que vaya: y cuando el contrario sale a su intento, le cogen su espada uñas arriba: y metiendo el pie izquierdo, dan una estocada en la barriga. Pues si vuestro contrario os llamare en la forma dicha, pasaréis desde punto A a punto B haciendo un acometimiento tan corto LUIS PACHECO DE NARVÁEZ173Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. como aparece en la demostración, que parezca de cierto que le queréis herir, porque un engaño con otro se ha de vencer: y dos heridas que de aquí podréis formar, en las demostraciones siguientes las avisaré. Cuando hiciere desvío al acometimiento, herirle de estocada. Dice nuestro autor en el diálogo segundo de la falsa Destreza, por vía de objeción, a una lección vulgar, que cualquier acometimiento que se hiciere, no ha de ser de mayor movimiento, que el que ha de tener la herida, sino mucho menor: y así el acometimiento que señala nuestra demostración, va fundado en este parecer, pues demuestra así en el compás de pies, ser tan corto, y la punta de la espada no llegar al cuerpo contrario, y si inconsideradamente quisiere coger vuestra espada, que es lo que estará aguardando, por ser su intento principal, y después de haberla cogido (de que os guardaréis con todo cuidado) quisiere meter el pie izquierdo, considerad, que en el tal movimiento, acercará su cuerpo, y acortará la espada, desviándola de vuestro cuerpo: y al principio de todo esto, de que tendréis grande conocimiento, pasará desde punto B, que será donde acabaréis el acometimiento, a punto C librando vuestra espada por debajo de su guarnición, sin encorvar el brazo, sino que los pies suplan toda la distancia y compás que conviniere para poder herir recto y libre, daréis herida en los pechos, que por causa de acercar su cuerpo (como se ha dicho) y quedar su espada tan remota, por causa de aquella fuerza que comunicará, subiendo el ángulo obtuso, y con el remanente de aquella fuerza, bajará natural hacia su lado derecho y ángulo LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA174TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, agudo, le podréis herir: que así por estas ventajas, como por tenerle ganados muchos grados del perfil, quedaréis sin ningún peligro: pero advertid a saliros luego a medio de proporción, como poco hace que os avisé y para el propio efecto. Al principio del desvío, herirle de tajo. Advertid que la letra C ha de ser D. En algunas partes hemos avisado la desigualdad que conviene haber, así de cuerpos, como de líneas, en todos los movimientos y heridas que se formaren, para que jamás haya impedimento en la ejecución de ellas: y en esta habéis de tener consideración particular, que si del acometimiento que hiciereis a vuestro contrario, quisiere hacer desvío hacia su lado diestro, que para ofenderle os habéis de pasar al siniestro, que quedará desocupado: y ya que le heristes de estocada, ahora para diferenciar, le podréis herir de un tajo, sacándolo por vuestro lado izquierdo, como atrás queda dicho: pasando de Punto B a punto D, ejecutándolo en la cabeza. Y si por no conocer las distancias, ni tener verdadero conocimiento de los medios (dos tan importantes fundamentos de la Destreza) comenzare su treta del llamar, desde tal medio, que pudiereis con el acometimiento y partes de aquel movimiento, herirle, lo procuraréis al principio del movimiento remiso, cuando la espada pasare a su lado izquierdo, de suerte, que cuando vuelva a hacer el desvío, el efecto de vuestra herida LUIS PACHECO DE NARVÁEZ175Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. esté ya pasado, que aquí, y en los casos semejantes es donde conviene conocer lo propincuo y remoto de la espada contraria y vuestra. Se dice propincuo lo cerca que estará vuestra espada de su cuerpo, y remoto, lo apartado que estará la suya del vuestro: aunque en esta demostración, poco cuidado será menester poner, pues cuando se obra la trata, sacan la espada fuera de los centros (que son los cuerpos) remisa, cuando a un lado, y cuando a otro: y cuando quisiere hacer el desvío, podréis ir haciendo las heridas que he avisado: con consideración de guardar siempre la rectitud del brazo que os he avisado: porque lo contrario, dañará. Treta ordinaria, que es acometimiento para cuchillada. Al movimiento violento, herirle de estocada. Uno de los preceptos más esenciales de la Destreza ordinaria, y una de sus más estimadas tretas, y aún de la que en ocasiones que se les ofrecen, más se valen sus profesores, es un acometimiento de cuchillada con mucho estruendo, con un furioso movimiento y espantoso visaje, levantan el brazo con mucha cólera: con el cual, el pobrecillo ignorante, contra quien lo hacen, se amedrenta, y teme, porque los reparos que le han dicho que haga, no le aprovechan, aunque se quiere valer de ellos, por las causas que atrás quedan dichas, que el movimiento natural, no fácilmente se resiste, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA176TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, con el temor de esta imaginación, no repara y huye: y ha llegado a tanto la fé que tienen con este disparate, que aunque estén tan apartados de su contrario, que con seis pasos no pueden llegar a él, en haciendo este acometimiento, la cuentan por herida, como si la hubiesen ejecutado. Y no acabo de admirarme del inconsiderado y necio temor del uno, y de la temeridad del otro, y del disparate de ambos: porque el uno teme donde no hay peligro, y si supiera valerse de aquel acometimiento, al subir la espada en alto, y se le quitase el miedo que tanto le sujeta: de donde le parece que hay peligro, sacaría victoria: y si el otro considerase lo que hace, y en qué peligro se pone, daría muchas gracias a Dios que le ha querido guardar las demás veces que lo ha hecho. Y la razón es, que el primer movimiento es violento y va subiendo al ángulo obtuso, y dejan la espada contraria en potencia y cerca de su cuerpo: Carranza, folio 42. y según nuestro autor (y razón) la línea que tiene menos camino que andar, llega primero al punto que le señala su movedor, que tuviere más: y por eso dejamos probado, que el ángulo recto alcanza más que otro alguno. Si vuestro contrario quisiere hacer aquel acometimiento, teniendo elegido vuestro medio, cuando fuere subiendo al ángulo obtuso, pasaréis de punto A (que será el medio) a punto B, dando compás curvo y herida en los pechos, y esto será siempre que el contrario hiciere el tal movimiento, y advertid que ha de ser llevando siempre el brazo recto. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ177Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Famosa treta vulgar, a quien dicen: Tentar. Treta es esta, de que ahora trataremos, que el Diestro que no la supiese, o el Maestro que no la enseñase, del uno no confiarían, y del otro se reirían, y no le admitirían en el catálogo de los Diestros: y es tan general y usada, que ninguna tratan más de ordinario, y aún es en la que mejor hacen sus contras, y recontras, si hallan contrario que les acuda a su intento: y su propio y celebrado nombre, es: Tentar, como lo manifiesta esta demostración, la cual se compone y obra de esta suerte: que con la punta de su espada tientan la contraria por el medio, y allí están aguardando que el contrario saque a herir al pecho, y de aquel movimiento, sacan ellos una herida, apartando la espada y metiendo pie izquierdo, y si el contrario no quiere, o no se atreve a salir a herirle, vuelven a tentar hasta que sale: porque esta treta, aunque tan celebrada, no se entiende a más su jurisdicción, que a si el contrario quiere o no. Otros que saben algo más, en tentando, vuelven el brazo uñas arriba, para dar herida en el rostro: y esto sin ninguna consideración, desde qué punto, en qué distancia, con qué medio, qué tan cerca o apartada está la espada contraria, si con pequeño o largo movimiento, le podrá herir al principio que fuere a tentar, o qué género de herida formará su contrario, en qué parte de la espada, o con qué parte de ella se ha de tentar, o si después de tentada, hará que sale a herir por una parte y herirá por otra, ni si tienen flaqueza en aquel movimiento que hacen, ni reparan en ver que hacen dos movimientos, y que con uno de su contrario, podrán ser heridos: ni tampoco advierten si el contrario les cogerá aquellas primeras partes del movimiento, y sujetará la espada, y les herirá por la misma parte de su treta, siendo, como es, obligado el LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA178TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Diestro a considerar todo esto, para que el peligro que se le ofreciere en un punto lo remedie. Y si vuestro contrario tentare vuestra espada en la forma dicha, tres heridas tenéis con que herirle. Las dos, con compases curvos: y la otra, con recto, que son las que se siguen. Al principio que fuere a tentar, herirle por encima de su espada. Bien me parece que bastarán las razones que poco ha dijimos, para que se entienda el poco fundamento de esta treta: y aún confío, que sus profesores oyéndolas, y entendiéndolas, se han de satisfacer de ellas, y han de ser causa para desestimar lo que hasta aquí han tenido por ídolo, quitándole el crédito, que tan sin razón le tienen dado: pues con esta verdad ha de quedar desnuda de sus mentiras, y desechada por tal: pero si quedare algún ignorante protervo (perverso), y encontrare con vos, y os quisiere tentar la espada, la primera herida con que podréis ofenderle, ha de ser mediante conocer el principio de su movimiento: advirtiendo que con tal modo de tentar, quita el punto de su espada de delante de vuestro cuerpo, haciendo movimiento remiso, y que el primer movimiento con que tienta, no es para herir, sino tan solamente para tentar: en el cual gasta tiempo, y que en el mismo se podrá hacer otro movimiento, como lo haréis en aquel principio, pasando desde punto A, que es el medio de proporción, a punto B dando compás curvo, librando vuestra espada por detrás de su guarnición y mano derecha: sin doblar el brazo, sino solo con la muñeca, daréis herida en los pechos, por encima de su espada con círculo entero: pero el librarla ha de ser sin que la contraria llegue a la vuestra, porque si la encuentra, será señal de que habrá acabado aquella acción del primer movimiento: y si entonces comenzaseis, podría él hacer lo mismo y haber peligro. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ179Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. También podríais al principio del movimiento del tentar, dar el mismo compás, o algo más largo, y herirle debajo del brazo de la espada: pero lo primero promete más seguridad: porque se hace la herida con ángulo superior en la espada, y en esto otra es inferior, y luego sucede el abatir, contra el cual es el revés, y se van llamando unas tretas a otras, y con la que hemos dicho se hiere en un punto. Cuando fuere a tentar, herirle recto de estocada en los pechos. Poco se sabría en destreza, cuando con una sola herida y por una sola parte se le hubiese de herir siempre al contrario, pero son tales sus maravillosos efectos y la variedad suya, que es menester remitirlos al ejercicio, por ser imposible tratar de todos: y con la herida que podréis herir ahora, que señala esta demostración, es de consideración, así por su valor, Carranza, folio 115 (146). como por lo que dice nuestro autor, por vía de objeción a esta misma treta de tentado, que aquel que fuere a tentar la espada por medio, no saldrá sin peligro, porque con pequeño movimiento que el Diestro haga, caerá fácilmente la espada que tentare en la fuerza de la contraria, quedando libre, e hiriendo a salvo, que es lo que esta demostración manifiesta: y la razón es, que como llega atentar con la flaqueza de la espada, poniéndola en mayor fuerza de la contraria, se le cogen aquellas partes de movimiento, y se le hiere, y queriendo vos hacer lo propio, advertiréis a lo dicho, y pasaréis desde punto A a punto C encaminando la herida al pecho con alguna fuerza: con la cual acabará de caer la punta de su espada en la guarnición de la vuestra, y las veces que esta herida se ha hecho, viendo que no se han podido defender, lo más que han procurado, ha sido desde aquel propio punto, querer herir en el rostro, y con solo levantar un poco la guarnición de la LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA180TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, espada, se ha impedido: y de este remedio os podréis valer, aunque mejor será herir, y al punto salir a buscar medio de proporción, aunque adelante sabréis un impedimento universal para todo género de herida o movimiento que se haga, sin que sea necesario desde que comenzareis a graduar adelante, volver atrás, si no fuere voluntariamente: de que en su lugar se ha de tratar muy en particular. Si después de haber tentado, quisiere herir de estocada, sujetarle la espada. Aunque ahora os sea esta demostración, y su efecto, doctrina nueva, y del todo no la entendáis, por ser necesario tener muchos principios para su verdadero conocimiento, y ser necesaria declaración particular (como adelante se hará, y muy copiosa) por ser en la que se funda esta ciencia: os baste ahora saber cómo impediréis la treta del tentar que vamos tratando, hasta que lleguemos a la quinta parte. Y para este impedimento, habéis de advertir, que el movimiento que se hace para tentar la espada, tiene flaqueza, como hemos probado: y así mismo que va a tentar con la flaqueza de su espada, y conociendo todo esto, y el principio de su movimiento, pasaréis de punto A a punto D con el compás curvo, sujetándole la espada, que venga a quedar debajo la vuestra, en la propia forma que parece por esta demostración: con lo cual le impediréis su determinación, que lo podréis por las razones dichas. Y conseguido esto, le podréis herir con dos heridas. La una, formando un tajo, desde encima de la propia espada, que por causa de quedar la punta de ella tan remota, lo podréis hacer (saliendo un poco más con un medio compás, si conviniere): y si hiciere otro movimiento para estocada, volver a sujetársela como está ahora. La otra herida, es de estocada, haciendo un poco de extremo con el brazo uñas arriba, para poder herir, sin apartar, ni levantar vuestra espada de la contraria: pero es de advertir, que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ181Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. si vuestro contrario hiciere el movimiento del tentar, que decimos, tan breve, que al principio no podáis poner el impedimento, no os habéis de turbar, sino aguardarle: y al punto que levantare la espada, para hacer acometimiento, o para dar herida, dando el mismo compás, le sujetaréis, matándole aquel movimiento que comenzare, y hacer las heridas que os he avisado. Treta ordinaria a quien dicen estocada de puño. Opinión es recibida, y establecida por ley entre los profesores de la ordinaria Destreza, que para dar una estocada, ora sea tentando la espada contraria, o sin llegar a ella, ha de ser de puño, que es. Encoger el brazo doblando la coyuntura del codo, o sangradera, y después volverlo a extender con mucha fuerza, pareciéndoles que por aquellos que encogen el brazo, ha de ser la estocada más fuerte y sin ningún remedio: y no quieren mirar que cuando la hacen, es después de haber tentado la espada contraria (como atrás queda dicho) y que vuelven a apartar la suya de aquel primer lugar donde la ponen, y que para darla, meten el pies izquierdo, y que en el tiempo que se hacen tantos movimientos y tan superfluos, les podrá venir daño, Carranza, folio 116. por la razón que Carranza por vía de objeción, que el tentar meter el pie izquierdo y brazo, y dar a un tiempo herida, no puede ser: porque cualquier cosa de las referidas, ha de ser obrada con movimiento particular, y en tiempo determinado, y si la herida fuere de puño, en aquel apartamiento, ¿dónde ha de estar la espada contraria que no ofenda? Y que esto sea cierto, pues sois curioso, miradlo con atención, y veréis, que cuando tienta la espada, fue movimiento sin consideración: porque si desde allí quisiese herir LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA182TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, sin otro movimiento de desvío, sino solo extendiendo el brazo, alcanzará a vuestro cuerpo, dando su herida (no tratemos ahora si se le puede poner impedimento o no) sino que pues de allí podrá alcanzar, para que encoge el brazo, pues en el punto que apartare su espada de la vuestra encogiendo el brazo, quedará su cuerpo más cerca, y le podréis herir con pequeño movimientos, y si mete el pie izquierdo acorta más la espada y llega más su cuerpo a la vuestra: donde con solo estaros recto, le ofenderéis, sin que la suya pueda llegar, si no fuere volviendo a sacar el pie izquierdo, y contra todo esto, os defenderéis y heriréis, si conviniere, con mucha facilidad por una sola parte y con un solo movimiento a tantos como hará. Cuando alargare el brazo para herir de puño, sujetarle la espada. Premisas vamos dando en esta demostración y la pasada, su semejante, de un impedimento universal para contra todos los movimientos que en todas las armas se pudieren considerar, cuya declaración dejamos para su lugar: porque ahora no estáis dispuesto para entenderlo: y le llamo impedimento, porque impide las determinaciones contrarias, ya puestas en acto, a quien llamamos, Movimientos, y aún muchas veces estando en potencia y con él, de cualquier causa que el contrario diere, podréis sacar maravillosos efectos en vuestro favor y defensa: y por cualquier vía o modo que el contrario quiere herir, este impedimento universal, como señor de todo, arrebata las partes de movimiento que tiene ya hechas, ora sea el movimiento violento o natural, remiso, o mixto, propio, o accidental, deprisa, o despacio, y lo convierte a favor del Diestro, sacando ofensa y defensa. A esto, llama nuestro autor, Matar el movimiento, descargar la espada contraria, después de haber dado el golpe en la mía: y en esta demostración, lo habéis de aplicar de esta manera: que habiendo acabado el contrario de tentar vuestra espada, y de allí quisiere ofenderos con la estocada de puño (o sin LUIS PACHECO DE NARVÁEZ183Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. tentar) al punto que alargare el brazo para ejecutarla, pasaréis de punto A a punto B sujetándole la espada, matándole aquel movimiento tan soberbio, una y cuantas veces lo formare: y si le quisiereis herir, podréis de tajo, o de estocada, como avisamos en la de tentar, pues esta y aquella llevan un mismo orden, así en compás, como en el impedimento, y lo mismo en las heridas. La más famosa treta de la común Destreza, cuyo nombre es: Arrebatar, y Tajo. Otros diestros, que de su Destreza han alcanzado más parte, tienen escogido por remedio particular, para desbaratar a su contrario, si le ven afirmado, arrebatarle la espada: metiendo el pie derecho, hiriendo de tajo: la cual es una treta, en quien ellos confían: y como dicen, es el remedio contra los que se les atreven a afirmar, y no sé con qué razones, ni encarecimientos ponderar la poca razón en que se fundan, por las causas que dijimos en la demostración que se hizo de los tres círculos que hace el brazo, y probado, que el menor vencerá, y llegará primero que el mayor: porque el que hace el contrario para arrebatar, es con todo el brazo, y tan largo, cuanto su largura, y la de su espada. Y además de esto consta (necesariamente) de cuatro movimientos, y participación de dos ángulos: de los movimientos, dos naturales, un remiso, y un violento, y los ángulos los más peligrosos: todo lo cual, para satisfacción y convención de sus aficionados, procuraré declarar. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA184TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Los movimientos que necesariamente se hacen para arrebatar, y de qué ángulos participan. El primer movimiento natural, es bajar el brazo y espada, para ponerla debajo de la contraria, para el arrebatar, donde todo aquello que baja, participa de ángulo agudo: y cuando pone su espada bajo la contraria, en aquel apartamiento que hace la punta de entre los dos cuerpos, teniéndola su dueño hacia su lado izquierdo, es el movimiento remiso: cuando levanta la espada para desbaratar la del contrario, es el movimiento violento, donde participa y llega el ángulo obtuso: y cuando baja, para dar el tajo, es el último movimiento natural: y que con todo esto no entiendan que en tanto tiempo, como gastarán en tantos movimientos, y tan largos, que con solo uno pequeño, que es el que hace la muñeca, se les podrá herir, ayudado de los compases, quedándose ellos con su espada por los aires, sin encontrar la del Diestro, y sin hacer efecto, y la contraria hiriéndoles a salvo, como se podrá ver en las demostraciones siguientes: las cuales son confirmadas con larga experiencia contra los arrebatadores. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ185Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Al principio del movimiento remiso, que fue arrebatar, herirle de estocada recta. Es tan acelerado el ímpetu de la fuerza que comunican al hacer este arrebatar, que aunque se compone de tantos movimientos: y participación de los dos dañosos ángulos, os conviene conocer su principio, para valeros de él: porque el Diestro, que conoce los principios enteramente, fácil le será remediar los fines: y llegado a esta perfección, y comenzando vuestro contrario arrebatar la espada, haciendo el movimiento remiso, llevando la espada hacia su lado izquierdo, sacándola de entre los dos centros, pasaréis con suma diligencia desde punto A a punto B, dando compás recto por la línea del ángulo rectilíneo, que en la circunferencia se imagina, como dijimos y declaramos en su demostración, librando la espada que no la encuentre la contraria, porque la desbaratará y llevará de encuentro y hará su herida, que aquí es donde ha de haber desigualdad, así de líneas como de cuerpos, y así habéis de librar la espada por encima de la guarnición y brazo contrario, advirtiendo que va con ella hacia su lado izquierdo, y librando la vuestra, como está dicho, le vendréis a herir debajo de su brazo derecho: pero ha de ser al fin del movimiento remiso y principio del violento, antes de que se acabe y comience el natural: porque entonces ni podréis dar el compás sin notable peligro, ni vuestra herida llegará a su efecto: y si comenzase a bajar, así por venir naturalmente la espada buscando su centro, como por la fuerza comunicada, no bastará resistir su furia vuestro brazo, ni si es en su ayuda: pero por eso se dice que a una fuerza fuerte, se ha de vencer con una ligera: y sobre todo advertid, que habéis de llevar el brazo recto sin encorvarlo un punto, sino que los pies suplan con el compás la distancia que se requiere para la herida. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA186TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Al principio del movimiento natural, herir de estocada. Es tan secreta la herida que esta demostración señala a estos arrebatadores, que ha sido bien menester la larga experiencia que de ella se tiene, para que algunos hayan venido (aunque a regañadientes) a conocer el peligro en que se ponen, cuando quieren hacer esta treta: pero la experiencia, como decimos, siendo como es desengaño de todas las cosas, les ha dado causas probables de su poca certeza: y por el contrario, la mucha que tiene esta herida, pero la afición tan antigua que tienen con su arrebatar, es causa, que aunque la confiesen por buena, reinciden en ella, y la hacen en cualquier ocasión: porque la larga costumbre no fácilmente se olvida: y para ella, habéis de considerar, que, como queda dicho, esta treta consta de muchos movimientos: Herida después de tiempo, contra el arrebatar para tajo. y en esta os habéis de aprovechar de todos, porque es herida después de tiempo, que es después de haber pasado todos los movimientos: y cuando vaya poniendo su espada debajo de la vuestra, para arrebatarla, y suba con el movimiento violento, con aquel círculo tan grande que hace con todo el brazo, la libraréis por encima de su guarnición, haciendo un movimiento con solo la muñeca, de esta manera C, y cuando la acción de su fuerza acabe el movimiento violento, y comience el natural, pasaréis de punto A a punto C, pasando vuestra espada por debajo de la suya, con desigualdad de cuerpos y líneas, dando herida en los pechos: y quedará su espada tan remota de vuestro cuerpo, y a su lado derecho, como lo manifiesta esta demostración, que le sea imposible, no solo heriros, pero ni aún defenderse. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ187Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Al principio del movimiento natural, herirle de tajo. El mayor artificio de la Destreza, y donde más a la clara se manifiesta su grandeza, poder y señorío, es en dar a sus profesores modo y orden para que puedan por aquella causa y lugar que su contrario quisiere herir (a cada uno) arrebatar los principios de los movimientos que hiciere, y hacer la propia herida en él, ejecutándola en la propia parte que él quería: y aunque yo para mí lo tengo por sin duda, y bien experimentado, para que le deis crédito, referiré la autoridad de Carranza: Carranza, folio 31. y dice, que por la misma causa y razón que se hace la treta, por ella misma se vuelve a deshacer: y en esto no hay duda, porque si lo miraseis con atención y lo estudiareis con cuidado, hallaréis la verdad de ello, y en el punto presente se verá. Y venido al orden con que se ha de hacer, habéis de advertir, cuando el contrario pusiere la espada debajo de la vuestra, para arrebatar y formar tajo, que por haberse de ejecutar en el lado izquierdo de vuestra cabeza, le convendrá pasarse al propio lado: porque los compases han de seguir siempre la especie de herida que se formare: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA188TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Esta es treta formada. y esto precisamente, pues en aquel punto que fuere formando el tajo, y pasando el cuerpo a vuestro lado izquierdo, al principio del movimiento violento, pasaréis de punto A a punto D sacando el propio tajo, que mediante la desigualdad de los cuerpos y de las líneas, lo podréis ejecutar en la cabeza, y en el propio lado que él quería: Carranza, folio 41. que esto es lo propio que dice nuestro autor, que las tretas formadas tienen su diferencia: porque unas veces se forman de los acometimientos perfectos, y otras de los propios movimientos que viene a herir, como cuando produce el primer movimiento el contrario, para sacar tajo, y le cogemos el principio del tajo, y formamos el mismo tajo que él comenzó, y le herimos con él: y este podréis hacer muy a vuestro salvo, así por la verdad que en sí misma tiene esta treta, como por el crédito que le dan la mucha experiencia, y la autoridad de nuestro autor. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ189Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Al principio del movimiento remiso y violento, sujetar la espada. Advertid que la espada punto D que está debajo, ha de estar encima. Ya queda dicho que las tretas formadas tienen su división, y términos en que se forman, valiéndose el Diestro, unas veces de los acometimientos perfectos, y otras de los propios movimientos: y así mismo se forman al principio del movimiento violento, y otras a principio del mixto, y otras al remiso: y para esta ocasión, os aprovecharéis del violento y remiso, y de ambos a su principio y en el que comenzare el arrebatar, al punto que cruzare su espada por debajo de la vuestra, con el movimiento remiso, pasaréis con presteza de punto A a punto E sujetándosela, que pues con inconsideración la pondrá debajo, no considerando el peligro, que lo padezca: y así mismo la herida que le podréis dar desde encima de su misma espada, que será en los pechos, y la causa porque el compás ha de ser curvo y no recto por la línea del diámetro, a quien lo consideraré le será fácil, con esta advertencia: que si el compás fuese recto, comenzaríais a hacer el impedimento o atajo con la flaqueza de la espada por el medio de la contraria: y en ninguna manera podríais sujetarla por la mayor fuerza que allí tiene, y por la que se le habrá comunicado de su motor, y sería con peligro, y haciéndolo como decimos, vendrá a quedar su espada remota, que es lo que se procura, y pondréis el impedimento con muchas partes de fuerza, y cuando la quiera levantar, por ser su movimiento violento y el vuestro natural, no lo podrá: como por ejemplo, si una piedra viniese bajando de alto naturalmente, y en este punto fuese otra subiendo violenta, y en el camino se encontrasen, no la que subiere hará que vuelva a subir la que bajaba, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA190TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, mudando el movimiento natural con que baja, sino al contrario, que la que bajare naturalmente, hará que la que subiere mude aquel movimiento violento en natural, volviéndose juntas, y la que viniere bajando, encima de la que fuere subiendo: como os sucederá en este caso, que vuestra espada hará que la suya mude aquella acción de fuerza que vuestro contrario le hubiere comunicado en movimiento natural, bajando juntas: pero la vuestra encima. Treta vulgar de dar golpe a la espada. Entre las opiniones que los Maestros han guardado, y con extraños encarecimientos han mandado guardar a sus discípulos, es una tarea tan estimada de ellos, cuanto aborrecida de los que la entienden y saben la poca certeza en que se dudará y ella está fundada: la cual es viendo a su contrario afirmado, dar con su espada un golpe en la contraria muy recio, con intento de derribársela de la mano: y la causa de tenerla por buena y haberle dado su crédito, es porque la han hecho con algunos, que por no saber tomar la espada, y por no saber conocer los principios de los movimientos (que es lo que más importa) se la han derribado: y pues ya hemos avisado de cómo se ha de tomar, y puesto en demostración, a ella os remito: solo quiero manifestar el poco fundamento que tiene, pues el golpe que quieren dar, se compone y consta de tres movimientos; uno violento, cuando levanta la espada, otro natural cuando descarga el golpe, y otro remiso, con apartar su espada de entre los dos centros: y que en tanto tiempo, como se ha de gastar en hacer los que la espada LUIS PACHECO DE NARVÁEZ191Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. contraria podrá defender, y no reparan ni advierten, si cuando quieren dar golpe en la espada, podrá el contrario darles algún revés formado, y quedar libre y su espada en el suelo, ni tampoco si podrá herir de estocada de grandísimo rigor, metiendo el pie izquierdo, ocupando aquel ángulo que hace en el movimiento remiso: porque les parece (y lo dicen) que no puede conocer nadie lo que ellos quieren hacer, y cuando el contrario estuviere descuidado, como que podrá ser uno Diestro si se descuida. Finalmente, cuando les dicen estas razones, y se sacan a plaza las pocas en que la treta se funda, concluyen con decir, que ha de ser muy aprisa, y una vez en la vida y otra en la muerte: y el remedio contra ella, en las demostraciones siguientes se verá. Al principio del movimiento natural, librar la espada, y herir de estocada. Encarecimiento quisiera hacer de una vez, que de tal suerte se os imprimiese en la Memoria, que jamás se borrase de ella, para manifestar la importancia grandísima que es en un Diestro (para serlo) el conocimiento de la naturaleza de los movimientos, en sus principios, la especie suya, y su tamaño, para con seguridad tratar la Destreza, entrar, y salir en cualquier caso que se ofrezca en ella, y no le hallo a medida de mi deseo: y solo diré, que así es imposible ser uno Diestro, sin el conocimiento que decirnos: y así será imposible defenderse de su contrario, ni ofenderle sin peligro, como al ciego de nacimiento ver, ni el mudo oír, si no se obra algún milagro con ellos: y el conocimiento que para este punto habéis de tener, ha de ser de tres movimientos, con que se da el golpe en la espada, que son el violento, natural y remiso: y al principio que se comenzare el natural, pasaréis desde punto A a punto B librando vuestra espada por debajo de la suya, que mediante el movimiento remiso, y aquel rincón, o ángulo que abrirá entre vuestro lado izquierdo y el suyo derecho, podréis librarla, y gozar de él, ocupándolo, e hiriéndole en los pechos de estocada: pero ha de ser con mucho cuidado, que no se encuentren las espadas: porque, así por el golpe recio que dará, como por ser movimiento natural, bajará al suelo. Y advertid, que la estocada que digo, se puede obrar en dos maneras: la una, metiendo el pie izquierdo, perfilando el cuerpo: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA192TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, la cual es rigurosísima, y quedará la espada contraria sujeta, y con la vuestra, hecho ángulo superior sobre ella. La otra, es como os he avisado, y aparece por demostración: pero esta requiere herir con mucha presteza, y salir a medio de proporción, afirmando o recto, para que cuando suba su espada, no os ofenda, ni alcance. Al principio del movimiento natural, herirle de revés. La variedad en la Destreza, y el herir por diversas maneras, es de tanto gusto, que sirve de golosina al Diestro, para cebarse en ella, y jamás hartarse de ejercitarla: y porque gocéis de este gusto, ya que sabéis cómo herir de estocada, según os he avisado, podréis diferenciar, y herirle de revés. Y para esto, habéis de tener el propio conocimiento de los movimientos violento, natural y remiso: y cuando baje la espada contraria, con movimiento natural, a dar el golpe en la vuestra, con el movimiento remiso, pasaréis de punto A a punto C con pie izquierdo, perfilando el cuerpo: y formaréis en revés, que, como muchas veces hemos dicho, ha de ser arrimado a vuestro muslo derecho: y este compás, ha de ser largo, o doblado, según la distancia que estuviere vuestro contrario, y el compás que él diere: y si por inconsideración suya, quisiere dar el golpe a la espada, estando tan apartado, que no le podáis alcanzar con un compás, habéis de advertir, que os sería dañoso formar el revés, y querer dar compás, porque llegaría más presta alguna estocada, si el contrario la formase: y por eso es menester tan cierto conocimiento de las distancias y de los medios para no formar los tiempos circulares, desde donde se han de formar las estocadas, ni por el contrario: y no siendo medio conveniente para el revés, formaréis la herida de estocada, que se avisará en la demostración siguiente: y si formareis el revés, acordaos que ha de ser acercándoos tanto al lado diestro contrario, que le podáis sujetar, y le sujetéis la espada, con vuestra mano izquierda, para más seguridad vuestra. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ193Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Al principio del movimiento natural, dar compás recto, y estocada. Es el movimiento remiso tan sin provecho, para poderse defender el que lo hace, si le sale incierta la treta comenzada, que si bien se mira, se conocerá la poca diligencia que es menester poner para herir al que lo hiciere, pues la espada, que había de ser guarda y amparo suyo, y en quien justamente podría tener y poner la confianza (si supiera verdadera Destreza) la pone en parte tan remota, que no le puede aprovechar, que es semejante al que hace una casa y puerta, para guardarla: y después de puesta en el quicio, la deja abierta: así el que tiene la espada en aquel movimiento remiso que hace, abre la puerta, para que su contrario pueda entrar a ofenderle: y para herirle con la estocada, que manifiesta esta demostración, es menester tener el conocimiento que hemos avisado: y cuando vaya bajando el movimiento natural, y haciendo el remiso, pasaréis desde punto A a punto D dando compás recto, por la línea que forma el ángulo rectilíneo, hiriéndole recto en los pechos, librando vuestra espada de la suya, como os he avisado: y ahora os aviso, que este compás lo ha de comenzar el pie izquierdo, por serle permitido, respecto de lo que os avisé en la demostración de los compases, pues se averiguó poder el izquierdo hacer tres movimientos: el uno, cuando formamos revés: otro, cuando desgraduamos: y el último, por la línea infinita: y por esta es por donde habéis de caminar, para dar esta herida, por causa, de que si fuese con el pie derecho, acercaríais vuestro cuerpo: y aunque la espada contraria haya quedado tan remota, podría ser por tardanza vuestra, o mucha ligereza suya ofenderos: y comenzando el compás con el pie izquierdo, no hay este peligro. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA194TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Espantosa treta vulgar de tajo rompido, al cual se le hiere, si hay distancia para ello, de punto A a punto B y si no con las demás. Cosa muy justa es, que con aquellos que no puede la razón, ni obedecen sus preceptos, que el miedo los tenga a raya, y reprima, y les haga (a su pesar) que en su corazón se encierre un congojoso temor del daño que ellos propios buscan y procuran, como en esta treta, de que hemos de tratar, se verá, que no queriendo seguir lo que está probado con larga experiencia, se apartan por mil inciertas veredas, de varias y confusas opiniones, que son causa de su perdición: pero no hay que espantar, pues dice Tulio, que entre los hombres hay más diferencias de Ánimos que de cuerpos: y sin más argüir, le podemos dar el crédito que su celebrada opinión merece, viendo por experiencia entre los que tratan armas, que cada uno se aficiona a aquella treta que mejor le está, que es la propia que su Ánimo le pide: unos se aficionan a tentar, porque sus Ánimos no les permite herir de otra suerte: otros, que tienen menos, llaman a su contrario: otros, tiran muchas estocadas de puño: otros, procuran derribar la espada de la mano: y otros, por no dejar llegar a sí a su contrario, porque el Ánimo no les ayuda, tiran muchos tajos y reveses rompidos, cada uno por estar más lejos de la espada y cuerpo contrario. Y de los tajos hemos de tratar, y declarar los movimientos de que se componen, que también son tres, con participación de los dos ángulos, como hemos dicho en otra parte. Y de esta manera, que de cualquier parte que se hallan, levantan el brazo, hasta encima LUIS PACHECO DE NARVÁEZ195Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. de la cabeza, con movimiento violento, y llega al ángulo obtuso: y desde allí, con mucha fuerza tiran un tajo, no a la cabeza, sino a los pies: con lo cual hacen movimiento natural, y bajan al ángulo agudo, y como le comunican tanta fuerza, pasa a su lado izquierdo, que es el remiso: y para haber de hacerlo, encorvan, o bajan el cuerpo, inclinando el rostro hacia el suelo: y el revés se forma desde donde acaba el tajo, volviendo hasta donde comenzó: y el remedio contra ellos, lo veréis adelante. Al principio del revés, librar la espada, y herir de estocada. De ignorar el medio de proporción, y medio proporcionado (de que adelante trataremos) y el tener poco conocimiento de las distancias, es causa, y lo será, que el tajo, que ellos hacen para apartar de sí a su contrario, lo sea de llegarse al peligro. La razón de esto, ni será muy difícil de entender, ni es cura para considerar: y aunque esta misma hemos dado otras veces, quiero seguir en esto el parecer de Quintiliano, que dice: que más vale sobrar en lo superfluo, que faltar en lo necesario: teniendo atención, que cada punto, es forzoso manifestar la causa de la ofensa, y el orden de la defensa: y, como ya dijimos, este tajo se compone de tres movimientos, violento, natural, y remiso: y para libraros de él, ofendiendo, habéis de tener atención, cuando acabare el movimiento natural, y comenzare el remiso, pasando su espada al lado izquierdo con presteza, pasaréis de punto A a punto B con movimiento de brazo y cuerpo recto: y si por estar vuestra espada cerca de su cuerpo (que es lo que decimos que no conocen) pudiereis con solo este movimiento tan corto alcanzar a herirle en los pechos, lo haréis, que en esto la distancia que hubiere, lo manifestará: pero si estuviere tan apartado, que LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA196TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, este movimiento no pueda tener efecto, haréis un acometimiento perfecto, como ya os avisé en la herida del llamar: y cuando vuelva a quitar vuestra espada con el revés, pasaréis de punto B, que es donde se acabó el acometimiento, a punto C librando vuestra espada por debajo de la suya, que no la encuentre, aunque muchas veces sucederá ser menester librarla por encima, por razón que el revés que hiciere será muy bajo: de suerte, que cuando él pase la espada del lado izquierdo, donde acabará el tajo, al lado derecho, formando revés, pasaréis a punto C como está dicho, dando estocada en los pechos, como lo señala esta demostración, sin encorvar en ninguna manera el brazo, solo con el movimiento de la muñeca, se ha de ir librando e hiriendo. Al principio del revés, formar tajo. Dice Tulio, que de ser las obras del Alma mayores que las del cuerpo, viene a ser más agradable lo que hacemos con el ingenio, que con las fuerzas: esto propio sucede en esta treta, en que pone toda su fuerza para tirar el tajo: y lo mismo en el revés, en tal forma, que la acción de la fuerza que le comunican, como es tan grande, es imposible dejar de proseguir su primer intento, a que determinadamente la aplican, sin que otra nueva determinación se aparte, para que se defraude aquella primera Voluntad. Me declaro, y digo, que cuando tiran el tajo con toda aquella fuerza, que en medio el camino no serán señores de mudar aquella especie de tajo en revés, o en estocada, por no dejar (como no dejan) fuerza reservada: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ197Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Nota. ni tampoco formando el revés, con la propia fuerza reducirlo a tajo, como muchas veces sucede al que corre cuesta abajo, que si en medio de ella quiere parar, no es en su mano, ni entonces es dueño de su propia Voluntad, ni cuerpo, para hacer que se sosiegue, antes a su pesar va corriendo, llevado de aquella fuerza que primero puso, hasta que llega a lo llano, que es el término y fin de la carrera. Lo propio sucede en esta treta, que habiendo comenzado el tajo, aplicándole la fuerza, ya no son señores de mudarlo en otra especie, sin que primero se acabe aquella acción primera, y lo propio se entiende con el revés. Pues si habiendo tirado vuestro contrario el tajo, y por no haber conveniente distancia para dar la herida recta, hiciereis acometimiento, y quisiere volver con el revés, pasaréis de punto B a punto D formando un tajo, que por la desigualdad que habrá de líneas y compases, esta herida es muy cierta, y confirmada con larga experiencia: y, como queda dicho, la fuerza que le comunicare al revés, a su pesar se habrá de acabar primero que pueda volver a formar otro movimiento en su defensa: y cuando vuelva, será tan tarde, que no tenga remedio, pues es cierto, que vale más un grado de maña, que diez de fuerza. Y en esto se mostrará la obra del ingenio, pues con facilidad vencerá a tan inconsiderados movimientos. Al principio de tajo y movimiento remiso, herir de estocada. Excelentes son, y dignos de estimar en mucho, los caminos tan varios y todos tan ciertos como esta ciencia nos enseña, para librarnos de cualesquiera heridas que el contrario formare: no solo por una parte, ni solo por un camino, sino por tan diversos, y todos con tal medida, y con tan extraño artificio, que podremos decir, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA198TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, que es al justo de todos los hombres altos, y bajos, coléricos, y flemáticos, cobardes, y animosos: y así mismo para cualquier herida, tajo, revés, estocada, o cuchillada, acometimiento, o desvío: y todas las demás, porque es sobre todas. Al fin, como señora universal, ella nos enseña y amaestra la defensa nuestra, y ofensa del contrario: y si como científico en ella, quisiereis diferenciar de herida contra el tajo que vamos tratando, no contentándoos con haberle herido, como hemos avisado, sabed que tenéis otros dos caminos, por donde herirle, si con diligencia os valiereis del principio del movimiento remiso, ya que se acabe el natural, y os pasareis desde punto A a punto E dando compás curvo, y desde allí le podréis herir con estocada en los pechos, que por causa del camino tan largo que hace la espada contraria: con el cual queda remota, le podréis herir sin peligro: porque si él quisiese volver a tirar su revés, vendrá a ser participando de ángulo agudo, y como vuestra herida ha de ser recta, y el brazo recto, aunque os estuvieses quedo, sería imposible alcanzaros a ofender, por lo que ya dejamos probado, que el ángulo recto alcanza más: pero si el revés fuese por la parte de arriba, será menester librar la espada por debajo, como os avisé en la treta del arrebatar, y herir de tajo, o estocada, siendo el compás diferente. Al principio del tajo rompido y movimiento remiso, formar revés. En esta última herida, nos podremos fundar en lo que dice Jerónimo de Carranza, folio 30, que cualquier movimiento, por fuerte que sea, se mide con otro movimiento más ligero que él: y esto servirá para que el tajo furioso y soberbio, que el contrario tirare, no os amedrante el Ánimo, ni os espante el verle formar con tan LUIS PACHECO DE NARVÁEZ199Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. arrebatado ímpetu, pues tenéis remedio para salir sin peligro: y la aplicación de este argumento, habéis de entender de esta manera (aunque hay otras muchas) cuando vuestro contrario hiciere aquel tajo, en que aplicare toda su fuerza, tan inconsideradamente, estando vos en distancia capaz de poderle alcanzar con solo un movimiento, tendréis mucha advertencia: y cuando haya bajado el movimiento natural, y pasado su espada de delante de vuestro cuerpo, haciendo movimiento remiso pasaréis de punto A a punto F con grandísima presteza, gozando de aquel principio del movimiento remiso: llevando y teniendo el brazo recto, formaréis un revés, ejecutándolo en la cabeza, sin entrar más que hasta alcanzarle con cuatro dedos de espada, que por la desigualdad que habrá de líneas, formando el tajo, formaréis vos revés, y le podréis herir, como otra vez avisamos: que cuando él forme revés, le forméis e hiráis con tajo, como también podréis en este punto, si queriéndole herir con el revés que os digo, por alguna causa acudiere a impedirlo, o formare reparo, o desvío, convertirlo en tajo, ejecutándolo en el lado izquierdo de su cabeza: aquí habrá de corresponder el compás de pies con la especie de herida: con esta prevención, que habiéndose de ejecutar en el lado derecho el revés primero, el compás que habéis de dar, ha de ser por el lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda: y cuando hubiereis de herir de tajo, habrá de ser el compás por el lado derecho, que bien claro está, que con la desigualdad, que iréis obrando, jamás su espada os encontrará: pues cuando estuviere apartada a su lado izquierdo, vos iréis al derecho, formando revés: y cuando la trajere al derecho, vuestro compás será a su lado izquierdo, huyendo de encontrar con ella. Y esto baste para este punto, que lo demás que hay que poder hacer, el ejercicio lo hará tan fácil, que no haga falta en lo que aquí faltó. Otras muchas tretas hacen, de que pudiera proseguir y hacer gran volumen, y no por cansaros y cansarme, en cosas de tan poco momento, las dejo y remito a vuestro entendimiento, pues con lo dicho y el ejercicio, considerando el orden que llevan las hasta aquí dichas, impediréis las demás, pues aún son las de menos importancia: Tres heridas afamadas del vulgo. Aunque quedan tres, que por maravilla veréis hombre, que trate armas, que se atreva a publicarse por Diestro, si no las sabe, y en solo Teórica las manifestare tan claro que no hagan falta las demostraciones. Primera treta. La primera es, estando afirmados, querer herir en el pie derecho de su contrario: digo herir: porque ellos sustentarán que es herida, o al menos tienen voluntad de que lo sea: y a lo que he visto, no es sino un golpecillo, que cuando el filo de la espada, con que lo dan, fuera una punta de alesna [instrumento usado por los zapateros, compuesto de un mango de madera y una punta fina de hierro], no romperá el zapato: y esto procuran con tanto cuidado, que los veréis dar mil vueltas, buscando tiempo y aguardando ocasión para hacer su celebrada treta. Estaba por dejar aquí este LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA200TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, punto, pues en otros se ha declarado el peligro que tiene: pero por cumplir con el estilo y orden comenzado, apuntaré algo. En la demostración de los tres ángulos, donde probamos el recto alcanzar, mas está absuelta esta dificultad, con solo entender, que cuando baja la espada para dar en el pie, la viene a poner en el suelo, que es en punto D de la demostración dicha, y que alcanza menos que la recta de tres partes las dos, como lo señala la línea que baja de punto B a punto D, y no obstante esta ventaja, hay otra mucho mayor, aunque no conocida, que para herir en el pie, inclinan el cuerpo y lo llegan a la espada contraria. Pues si vuestro contrario quisiere herir en el pie, os defenderéis con solo estaros recto, sin poner de vuestra parte diligencia alguna, que el propio se herirá con las que pusiere, pretendiendo herir: y si la verdad se debe creer, yo os la digo, que se ha experimentado más veces en veras: y en competencia, que tiene letras este capítulo: y como no podían prevalecer con ella, unas veces ponían la culpa a la tardanza con que la hacían, otras a la espada, y otras al brazo: sin querer persuadirse jamás en público, ni confesar la causa verdadera de ello: porque hay algunos de ánimos tan obstinados, que quieren más morir en la cárcel oscura y tenebrosa de la ignorancia, que vivir en la agradable libertad de la ciencia: pero anden ellos por donde quisieren, confiesen, o nieguen lo que se les antojare, que como dice el refrán castellano; Todo ha de ser dar coces contra el aguijón. Segunda treta de manotada. La otra estimada lección, y muy más usada que la primera, es estando afirmado con su contrario, irle asegurando hasta que a ellos les parece tiempo conveniente, y entonces alargan el brazo izquierdo, dando una manotada a la punta de la espada, y metiendo el pie izquierdo, tiran una fortísima estocada de puño, que si con ella alcanzasen a un hombre, aunque fuese con espada prieta le matarían: porque en ella, sin consideración alguna, aplican toda su fuerza: pero raras veces se ejecuta: porque es tanto el temor que los unos y otros le tienen, que en conociendo que su adversario la quiere hacer, ponen suma diligencia en desgraduar atrás. Y de aquí ha nacido la veneración que le tienen, y la confianza que en ella ponen, que le parece al que la lleva o la sabe que va (como dicen) hecho un reloj: Caso sucedido. y lo que más es de notar, que ha sucedido haber salido a campaña a pelear un Diestro (a su modo) con otro que no lo era tanto a quien tenían lástima de lo que le había de suceder, y llegado a la ocasión, en media hora, el que era menos Diestro, no hacer otra cosa que tirar estocadas de puño, y con ellas entretenerse hasta llegar los padrinos, Disculpa de un bravo y Diestro. y hallar al Diestro confuso de haberse aprovechado tan mal de su Destreza, y dar por disculpa, que qué podía él hacer si el otro había tirado muchas estocadas de puño: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ201Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Opinión vulgar. y lo peor de todo es, que esta disculpa se la admitieron por tal, concediendo que tenía razón, que contra estocadas de puño aprisa, no había reparo. Y aunque nuestro autor, en el diálogo de la falsa Destreza, después de haber abominado (como es razón) esta treta, da razones equivalentes, a satisfacer a los que sin pasión procedieren, daré mi parecer remitiéndome al suyo en todo, y lo hago por avisar de camino de su remedio. Esta manotada (o coz) se hace con movimiento particular del que se forma la herida: y esta herida consta y se compone de otro movimiento, y para cada uno de ellos, es menester forzosamente tiempo, y no serán tan pequeños, que se dejen de conocer a tiempo que se puedan remediar: Nota. como lo podréis hacer, si vuestro contrario os quisiere herir con la manotada, advirtiendo cuando fuere a darla, que acerca el cuerpo a vuestra espada, y acorta la suya: y que esta manotada, la dan desde junto el rostro hacia abajo, y conociendo este movimiento, libraréis la espada que no la encuentre la mano, dando estocada en los pechos por encima de su brazo izquierdo, teniendo el brazo recto, saliendo en vano la diligencia de la manotada, porque no la ha de hallar: y para dar la herida, ha de ser dando compás curvo, que corresponda de vuestro lado derecho al suyo izquierdo, por si acaso en aquel punto se arrojare con su estocada de puño: que por la inconsideración con que la hacen, vendrá a dar de ojos adonde antes estabais. Y si quisiereis variar, podréis dejar de dar la estocada, y cuando quiera dar la suya, dar un golpe en la espada, y desde allí formar una treta doble, o cuchillada a la cabeza, dando el propio compás: y otros muchos remedios que en la Destreza verdadera avisaremos, que podréis ir aplicando. Treta tercera de brazal. Aunque se ha dejado el brazal para la postre (al parecer olvidado) no es la treta que ellos estiman en menos, ni hacen menos, ni aún confían menos de salir con victoria, haciéndolo antes, me parece, que es una de las mejores y más celebradas, y de quien se valen en las mayores necesidades, y al que llega a hacerlo con alguna gallardía, le celebran y dicen, que es singular hombre en las tretas y sobre todo, extremado en el brazal, que es tanto, como decirle, que es un Platón en Filosofía, o Baldo en derecho: y tengo un cierto género de vergüenza, de hallar tan justa causa de decir todo mal, porque se entenderá que es pasión particular mía, ser detractor de obras ajenas: y quiero caer en vicio tan abominable, cuando las razones que diere, no sean verdadero testimonio, y que convenza a cualquier Entendimiento desapasionado, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA202TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Carranza folio 129. y me fundo en el parecer de nuestro autor que dice, que todas las tretas que están en voluntad del contrario, son falsas, y el fin de ellas dudoso, y no todas las veces se alcanza, porque depende el suceso de la voluntad ajena, y esta (el que no sabe) no fácilmente la sujetará: que esto queda reservado para el Diestro que lo fuere, de cierta y verdadera Destreza, que podrá irle obligando a que haga algún movimiento, para, mediante él, ofenderle. Y aunque parece que simbolizan estos dos términos, pues cada uno aguarda a que el contrario haga movimiento para herir, es con dos diferencias por parte del Diestro. Preeminencia del Diestro. La una, que cuando quiere herir de segunda intención, que es mediante el movimiento contrario, se dispone en tal forma y goza de tal medio, y tiene la distancia tan determinada, que lo que le falta de potencia para hacer a su contrario, que salga a su propósito, lo gana en herirle por otra parte, cuando no quisiere salir: lo cual falta al que trata la Destreza ordinaria, que si tienta la espada contraria para herir, mediante el movimiento que hiciere, si el que está tentado, no sale a su intento, es desbaratado el artificio de su treta. La otra que tiene el Diestro es, que si el movimiento, que aguarda, viene a suceder como él quiere, da su herida sin ningún peligro: y esto es al contrario en los demás: que cuando un hombre se determinase, y quisiere acudirles a su intento, la herida que dieren, y las que dan, como carecen de aquel cierto conocimiento que la ciencia enseña (y tratarles en distancia o medio de proporción, o proporcionado, será causa que le pregunten al que se lo dijere, si es del Preste Juan de las Indias, o si nació en las Antípodas, según les parecerá extraño), no tienen ni podrán tener certeza en ninguna cosa, como no la tienen en el brazal, que lo componen y hacen de dos o tres maneras. Cómo se compone el brazal. La una es: tentando la espada por medio, y cuando la libran, para herir en el rostro, meten su brazal, recogiendo en el brazo la espada contraria, metiendo el pie izquierdo, dando estocada de puño. Cómo se compone el brazal de otra manera. La otra se compone de diferente modo, poniendo la espada en cruz por de fuera de la contraria, y metiendo el pie izquierdo y brazo, sacando la espada por debajo del derecho contrario, y dan la estocada de puño en los pechos, teniendo la espada recogida en el brazo: y en alto, para poder pasar a hacer su treta. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ203Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Cómo se compone el brazal de otra manera. Y si cuando tientan la espada, el contrario forma algún mandoble, forman el reparo con el brazo, que para esto llevan prevenido, y armado con algún medio brazalete de cota, o acero en plancha: o al menos unos pedazos de tabla, y luego dan la estocada. Y aunque de otras diversas maneras se forma: al fin viene a parar en meter el brazal de una misma suerte. Objeción contra el brazal. En la primera se fundan mal: porque teniendo su espada tan cerca del cuerpo contrario, en qué razón cabe, que meta el brazo y pie izquierdo, pues que forzosamente ha de desviar el derecho; porque ambos juntos no pueden estar, y desviándolo acortan la espada: además de gastar mucho tiempo, así en el movimiento que hacen para el brazal, como para el desvío, y que en este tiempo, podrá el que lo hiciere ser ofendido por muchas partes, con esta consideración: Nota. Si con vos sucediere, que cuando os tentare la espada, aguardando a que salgáis a herirle, para hacer su brazal, en el punto que lo vaya poniendo por obra, libraréis la espada que el brazo no la encuentre, haciendo un medio círculo en esta forma Ɔ, dando herida debajo del propio brazo izquierdo, por tenerle tan cerca, mediante el compás que dio con el pie izquierdo, y la espada tan apartada, cuando el entienda que cogió, la vuestra podrá estar hiriendo en los pechos: y para esto será forzoso desgraduar atrás, hasta buscar medio: y podréis hacer esto con facilidad, porque su espada viene a quedar en ángulo agudo: y también le podréis herir cuando esté aguardando vuestro movimiento, que (según él quiere) ha de ser al rostro, hacer un acometimiento a él, y cuando quiera echar el brazal, formar un tajo a la cabeza y brazo, desgraduando un poco, buscando medio, y cuando traiga en el brazo los pedazos de tablas, el golpe, por ser natural, les lastimará de tal manera, que les pese, y más si se les da el golpe en la mano. Nota. Y esta es la causa, que muchos tienen estropeados el brazo izquierdo, y pasadas las manos, porque se han aficionado a este endemoniado brazal, y maldita manotada, y si el ímpetu y fuerza, con que se arrojare, fuere tanta, que con el compás que diereis atrás no pudiereis vencerle, habiendo formado el tajo, y quisiere dar su estocada, podréis dejar la ejecución de la cabeza, y acudir a impedir la herida, que lo podréis hacer con dar el golpe en la espada, que habíais de dar en la cabeza, y desde allí herir, y esto será cuando no haya tiempo para todo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA204TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, La otra, que se compone haciendo el acometimiento por de fuera, tiene las propias heridas, y no difiere en más que hacer el contrario su brazal, mediante vuestro movimiento, o hacerlo sin él, con solo hacer el acometimiento: Nota. aunque tenéis otra herida, sabiéndoos aprovechar del principio de él, y cuando haga el acometimiento por de fuera de vuestra espada, podréis, dando compás curvo por la circunferencia de vuestra mano izquierda, formar un revés a la cabeza, que por causa de sacar la espada de delante de vuestro cuerpo, podréis ofenderle con lo dicho. Y con esto queda acabado el tratar de la Destreza falsa, pues estando enterado en la verdadera, no habrá punto a que no podáis acudir como la sepáis aplicar. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ205Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. LA CAUSA PORQUE SE PONE ESTA TERCERA PARTE. Porque en todo voy imitando a nuestro autor Jerónimo de Carranza, y así mismo el estilo que lleva en su libro, quiero mostrar la causa porque al principio se puso la Destreza ordinaria, si llanamente confesamos que es falsa, y con razones y demostraciones probables, lo persuadimos: Aristóteles. y en suma, el intento de ambos es lo que Aristóteles dice en el décimo de la Prioral, que muchas veces se ponen los ejemplos: porque los que aprenden, o aquellos a quien se quiere persuadir, conozcan mejor aquello que se les dice. Aben Ruyz. Para qué se ponen los ejemplos. Y como dice Aben Ruyz, Médico famoso, en el segundo de ánima de los ejemplos, no se busca la verificación de la cosa, sino la manifestación de ella. Carranza folio 64. Que esto sea cierto, lo da a entender en lo que dice Carranza, donde pone por ejemplo, lo que los Lacedemonios hacían embriagando a sus siervos, para que sus hijos y mancebos nobles, viendo tan abominable y torpe vicio, lo aborreciesen y siguiesen el camino honesto: como lo refiere Plutarco: Y el mío ha sido, viendo que no han querido huir de una inconsiderada livianidad, de una torpe y baja opinión, inventada por hombres de torpes y bajos entendimientos (que habiéndolo probado con tanta certeza, así en demostraciones, como por ejemplos, me da libertad que yo le dé a mi pluma, a que públicamente diga lo que siente de ella y de ellos), que confusa y ciegamente se arrojen a sus más que falsas apariencias de verdad, y que amen con tantas veras las causas de su propio daño, como si de cierto lo fueran de su provecho. Tito Livio. Y por esto he procurado (considerando lo que dice Tito Livio, que lo pasado es más fácil de reprender, que de enmendar) publicar y dar al mundo en pintura y dibujo, a la clara y sin metáforas, hasta los pensamientos: Quién tenía licencia de pintar a Alejandro. y aunque con el cuidado que he podido, he significado el ídolo falso de su Destreza, quisiera que fuera hecho por el celebrado pincel de Apeles, y el singular Ingenio de Lisipo, aquellos que del Rey Alejandro, solo alcanzaron licencia por edictos públicos, de poderle el uno pintar, y el otro dibujar, porque consideraba convenir a esto la grandeza de tan gran Príncipe, para que se pintara tan al vivo, con colores y matices tan proporcionados, que durara para mientras hubiera hombres: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA206TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Lo que hacen los vulgares para hacer sus tretas. así las tretas que hacen (hijas engendradas por la propia confusión y el engaño) como los cocos, los meneos, visajes, gestos, aquel regañar de boca, rugir de dientes, abrir de ojos, los bufidos desalentados, los sudores, las inquietudes, las vueltas por una parte y revueltas por otra, aquel doblar y torcer el cuerpo, que en su tiempo no les llevaba ventaja Arlequín el Italiano, para que cada uno por sí viese su propia figura, sus acciones y meneos, para que se avergonzasen de andar hechos matachines, así en movimientos o compases de pies, como en jerigonzas de cuerpo, que no lo han visto: Notad esto. que aunque Carranza lo manifestó, poniéndoles un espejo en que se mirasen, les ha sucedido lo que fue ordinariamente con los espejos cristalinos, que cualquiera que se mira en alguno, le hace buen rostro: y es causa porque nos miramos muy mesurados y compuestos, que si nos miráramos riendo, hablando, comiendo, andando, riñendo, regañando, cada uno vería su defecto, y cuando parece bien o mal: así, que no se han de mirar mesurados: porque el espejo no representa, sino la figura perfecta del que se mira a él: Mírense con cada uno de los meneos referidos, y quedarán espantados de verse: que de aquí sucede que vivan tan engañados consigo, que no quieran desengañarse ni conocer en sí sus defectos, y lo propio que defienden por su parte, aborrecen y vituperan en los otros. Pues qué es esto, sino ver público el defecto que el otro hace, pero, como luego se llegan a mirar al espejo, tan compuestos y graves, cada uno por sí se imagina sin segundo, siendo esta presunción la que los daña: El que más presume, sabe menos. Aquello es falso que nos priva de lo verdadero. porque el que más presume, es el que menos sabe: y el que más sabe, es el que menos presume. Y con esto vendrá en conocimiento de la falsedad que profesan: y que sea falsa, lo pruebo y digo: que aquello es verdaderamente falso, que nos priva de certeza. La Destreza, está fundada en ciencia, y esta es cierta, la que ellos profesan, les priva de ella: se sigue de necesidad, que ha de ser falsa, y tanto lo será, cuanto prive de mayor certeza. La Destreza verdadera, enseña científicamente defenderse un hombre de otro: la que ellos siguen, no les defiende, antes es causa de que los maten (como cada día sucede). Se puede entender sin ninguna duda, que es falsa y sin ningún fundamento científico. Duda por parte de la Destreza falsa. Aunque aquí se ofrece una duda o cuestión, que podrán hacer por parte de la Destreza falsa, los que la profesan, diciendo cuál sea la causa (que sí es falta como decimos) algunas veces aciertan con sus tretas, y las ejecutan: pues verdaderamente dos contrarios tan graves, como son certeza y falsedad, no se compadecen juntos: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ207Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Solución de la duda. a la cual se responde con autoridad de Platón y de Aristóteles, que dicen, que todo aquello que se hace, o es por naturaleza, o es por arte, o es por acierto, y esto último es la solución de esta duda, y de donde procede que alguna vez alguna de sus tretas llegue a cierta y verdadera ejecución, no poniendo de su parte más que el brazo instrumental: porque lo demás, no saben cómo se hace ni por qué causa se hace, que el acontecimiento es el verdadero inventor de ello: también, porque lo que muchas veces se trata, alguna vez sucede bien contra los que en lo uno ni en lo otro, jamás se han industriado: Carranza folio 144. y también por lo que dice Jerónimo de Carranza, que si alguna vez aciertan, es por yerro, y la más principal causa es el descuido del contrario: Pero la Destreza verdadera, es tanta su excelencia, tanto su artificio y tanta su certeza, que me tendría por ingrato, si en cualquier ocasión que suceda (que serán muchas) no pregonase sus grandiosas obras, aunque bien conozco, que por mucho que diga en alabanza suya, aunque fuera (que no puede ser) con tanta elegancia, como merece ya la ordinaria, como zahorí, publicase hasta los íntimos secretos de sus dañadas entrañas, no conseguiría mi intento: porque hay hombres, que para creer la verdad, tienen callos en el corazón: pero con esto doy un pregón general, de parte de la propia certeza que he manifestado, que si con tiempo no dejaren los confusos y oscuros caminos de la vulgar y falsa Destreza, que en tiempos, cuando no tengan remedio, a su pesar han de sufrir la pena que mereciere su maliciosa culpa: que si consideradamente lo mirasen, bastaba las recibidas por otros que las han padecido, y que ellos escarmentasen: porque no hay cosa tan eficaz para apartarnos de la culpa, como tener en la memoria la pena de ella: aunque bien considero que los hombres, para quien particularmente es hecho este nuestro libro, que son los nobles, discretos y de ánimos honrados, no solo dejarán la Destreza falsa, pero serán azote riguroso suyo, para ahuyentarla de sí: que con esto por dichoso y bien empleado daré mi trabajo, y mucho más que hubiera padecido. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA208TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, AVISO PARTICULAR, EN QUE SE DECLARA DE QUÉ ARMA SE PODRÁ UNO DEFENDER CON MÁS FACILIDAD. Quien de voluntad se guiare por la diversidad de los pareceres, que con tan poco acuerdo, y menos consideración, han dado y dan los que se quieren hacer nuevos inventores de la Destreza, ni su entendimiento tendrá quietud, ni su ánimo alcanzará aquel sosiego interior que tienen y gozan los que se guían por principios científicos: y mediante ellos, alcanzan la verdadera solución de aquello que tratan. El ejemplo en la mano lo tenemos, pues por maravilla encontraremos dos Maestros (aunque sean examinados) que llegados a tratar de la Destreza, no haya entre ellos mil competencias, queriendo cada uno favorecer sus tretas, y manifestarlas por mejores: de donde se puede inferir, que en ninguna hay certeza, pues el uno no conoce las del uno, ni el otro las del otro, ni todas constan de unos principios; y si por alguna de ellas quisiésemos dar sentencia en favor, preguntémosle a cada uno, cuál es la mejor, que ellos lo dirán. Y me admira una sinrazón tan grande, que siendo la Filosofía una misma en España que en Flandes, y la Matemática certísima, la que en todas partes se practica, y la Aritmética tan cierta en una provincia como en otra, y verdaderamente todas las demás cosas que tienen fundamentos científicos, sean todas unas en un Reino que en otro, y ya que difieran en las lenguas, el sentido no se muda: y que esta desdichada Destreza, la quieran hacer adúltera, como si ella no gozase de la propia certeza que las demás, como queda dicho: y no digo que esta diferencia haya de una nación a otra, de un Reino a otro, ni de una ciudad a otra pero de una calle a otra y de una casa a otra, y aun de un Diestro a otro: y estando rostro a rostro practicando una misma cosa, que es Destreza, que ninguno de ellos sepa lo que trata (al parecer del otro con quien lo trata) y que no disputen sobre quién sabe más estudio, y alcanzó mayores secretos de ella, sino cada uno dice, que lo que el otro sabe es falso, y sus tretas baladíes: porque a una de las estocadas defendidas, no le supo dar tres contras: oh pobre y desdichada Destreza; Nombre debido a la Destreza falsa. pero mal digo, que no es suyo este nombre, ni tal le llamemos, sino digámosle Babel, que es lo propio que confusión, pues tantos y tan diversos hombres, han querido fabricar en ella. Y porque ya esto cansa, y por mucho que se diga, aún hay más que decir, dejémoslo y trátese lo que más hace a nuestro propósito. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ209Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Cuestión y opinión de los Diestros, sobre qué arma es mejor. Es cuestión muy reñida, cuál género de arma es la mejor, así como herir, como para defender: y como jamás se haya determinado, hay varias opiniones, sustentando cada uno la que mejor le parece. Unos han dicho que la rodela, porque es arma de cobertura, y para los reparos de la cabeza y cubrir el pecho es importante: sale otro contradiciendo al primero, y dice, que el broquel es el mejor, y se halla fundado como mejor le parece: otro contradice a estos dos, diciendo, que la espada y capa es sobre todo, porque esta sirve para cubrirse, rodearla al brazo y encapar al enemigo, como si fuera toro: otros dicen que la espada y daga, lleva mil ventajas: porque también puestas en cruz hacen los reparos a la cabeza: Finalmente, cada uno da su parecer, y no es porque clara y distintamente conozcan por qué la una es buena y la otra no tal, sino porque ellos se hallan bien con cada una de las que favorecen. Y porque oyendo estas opiniones, no os divirtáis, ni estéis neutral, sin saber determinaros, qué opinión seguir las iré declarando lo mejor que pudiere. Y comenzado por la espada y capa, a quien la opinión ordinaria ha introducido por muy buena para la defensa del hombre: persuadiendo con encarecimientos, que para los reparos es de mucha importancia, manifestando esto con apariencias más dignas de burla y risa, que de ningún crédito. Carranza, folio 120. Y no me atreviera a pedir que se le diese a mis razones, cuando no tuviera de mi parte, una que da Jerónimo de Carranza, por vía de objeción, que el que hace reparo con la capa, que se pone a gran pone a gran peligro en cualquier tiempo que lo formare, y en particular si se hace cuando el adversario lo puede alcanzar con la punta de la espada: de lo cual le sucederá muy al contrario de su pretensión, que en lugar de reparo, saldrá con ofensa, sin que su contrario la tenga, ni aun peligro de ella. Carranza, folio 27. Y si desapasionadamente quisieran escudriñar la causa, a pocas vueltas la conocieran, y vendrían a entender, que en aquellos movimientos circulares que hacen con el brazo para rodear la capa en él, que allí aplican la mayor parte de la atención, que es uno de los fundamentos de esta ciencia: y que la espada queda desacompañada de ella, para aplicar herida, y que no podrá darla y revolver la capa al brazo en un mismo tiempo: porque necesariamente para cada uno de estos movimientos, se requiere tiempo particular: además, que aquellos movimientos y vueltas que dan con la capa para rodearla al brazo: son circulares, y muchas veces vienen a cubrir la vista en aquel tiempo, que pasan dando la vuelta por delante del rostro, y no podrán salir bien de esto: si entonces su contrario tuviese medio para poderles herir, y lo podría, con solo dar un compás por la circunferencia de mano derecha, ejecutando la herida debajo del brazo en que tiene la capa, sin que sea parte para impedirlo, pues la vista (mediante la cual había de venir a tener verdadera noticia y conocimiento de la herida que se va formando contra él) la tiene impedida por aquella interposición que hace la capa entre los dos cuerpos. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA210TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Pasemos adelante, y vengamos al rigor de todo, y digamos que el que tiene la capa, antes de que llegue a su contrario, la trae rodeada al brazo: por lo cual cesa el peligro dicho, y se quiere valer de los reparos, que es su intento particular, hallarán que padecen el propio peligro, por dos causas, de quien viene a producir un propio efecto. Y pongámoslo en cuestión: el que se halla con la espada, mueve circularmente, formando un tajo, que ya sabemos que va encaminado a la cabeza, y el de la capa, guiado de una no justa esperanza dice, que quiere recibir un golpe en la capa, que cuando mucho será a costa de tres o cuatro dobleces de esta, y quedará una estocada, que es lo más general que hoy se practica: digo que en solo esta confianza está su daño: y es la causa, que como el Diestro jamás forma tajos, reveses, ni estocadas, en los cuales aplique toda su fuerza, sin que con mucha consideración deje reservada alguna, para de ella (en la necesidad que se ofrezca) ir aplicando, conforme a lo que de la primera resultare, y la ocasión lo dispusiere, podrá mudar intento, Carranza, folio 163. valiéndose de lo que dice Jerónimo de Carranza: que del fin de los tajos, se forman las estocadas, con muy poca diligencia de la parte del Diestro, y viendo que su primer intento, ha de ser impedido, mediante el reparo, y este viene a cubrir la vista, como hemos dicho, poniendo la capa delante de los ojos, en aquel tiempo, aprovechándose de aquella fuerza que dejó guardada para mayor necesidad, formará la estocada dicha: además de quedarle su universal remedio, de que adelante se tratará. Oficio de la capa y espada. Y concluyamos con decir, que cuando al Diestro le fuese forzoso por alguna causa, valerse de la capa, dando con ella ayuda a la espada, le dé a cada una el oficio que buenamente pudiere hacer, sin forzar a ninguna que haga el ajeno, Carranza, folio 158. dando a la capa solo el desvío, como lo dice nuestro autor, quedándose la espada en los reparos, acometimientos y heridas, que para capa, le basta lo que decimos: y haciendo lo contrario será mandarle a la capa que hiera, y a la espada que desvíe rodeándose al brazo. Espada y rodela. De la espada y rodela se habrá de tratar, pues tan celebrada es en el mundo: y aunque lo que se dijere en el hecho de la verdad lo sea, no ha de dar mucho gusto, por la gran fé que con ella tienen: y esta no contradigo yo, porque cualquier arma es buena, si se sabe usar bien de ella, dándole su medio conveniente, no forzándole a más que aquello que lícitamente pudiere hacer. Y bien entiendo, que aunque esta materia la tratarán hombres de excelentísimos Entendimientos, no había de aprovechar para LUIS PACHECO DE NARVÁEZ211Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. persuadirles a lo cierto, como no aprovechó, siendo dicho por nuestro autor: y la causa, a mi parecer es, lo que dice Plinio el mozo, que con mucha dificultad se desarraiga la opinión recibida: pero valga lo que valiere, yo tengo que decir lo que la experiencia con mucha certeza me dicta, si lo creyeren, bien, y si no ella tendrá cuidado de, a pesar de los incrédulos, hacer que lo crean. El intento particular de los que usan la rodela, es cubrir el pecho, y favorecer la cabeza con los reparos: y a las estocadas procurar, que la espada se hinque en ella, para con seguridad ofender: y a esta causa han acostumbrado traer broqueles de corcho: porque tirando sus temerarias estocadas de puño, les dan broquel, y como no pueden mudar aquella fuerza que comunicaron (como queda dicho), clavan la espada en el broquel, o rodela: y las más veces es causa de su muerte, o a lo más barato perder la espada. Qué hará el Diestro contra la rodela. Pues con el Diestro, les sucederá al contrario, que formará sus heridas por la parte y lugar desembarazada: y cuando a alguna estocada suya, quieran darle rodela, para salir con su intento, le saldrá al contrario: pues llevando la acción de la fuerza, medida conforme la disposición y distancia que hubiere de cuerpo a cuerpo, mudará intento, y formará en aquel instante un tajo: Carranza, folio 163. Del fin de los tajos se forman las estocadas. pues como dice nuestro autor, del fin de las estocadas se forman los tajos y los reveses: y por el contrario formará un tajo, y cuando muy confiado vaya a hacer el reparo con su rodela, la convertirá en estocada, con solo hacer que el movimiento violento pierda algo de la fuerza que se le había comunicado, o con dilatar el movimiento contrario, dando compás curvo por la circunferencia de mano derecha, dando la herida debajo del brazo de la rodela (dejando aparte su principal remedio, de quien de por sí se ha de tratar, haciendo un epílogo de todas las tretas). Nota. Y que todo lo dicho pueda hacer el de la espada: la duda no es muy intrincada, ni la solución muy difícil. Lo primero, porque la rodela es tan grande, y los movimientos que con ella se hacen, son tan largos y tardos, que tendrá lugar para herir y prevenirse de remedio: No hay movimiento en instante. y cuando los movimientos fueran breves, como forzosamente cualquier movimiento ha de tener movedor: y este ha de ser cuerpo y brazo, y en este movimiento se ha de gastar tiempo: porque no hay ninguno en instante: el Diestro lo conocerá e irá haciendo conversión de unas heridas en otras, como convenga, y la rodela andará en continuo movimiento, respecto, que cuando comenzare a formar algún reparo, ya la LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA212TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, espada saldrá con herida muy contraria, y herirá de estocada recta, pudiendo hacer esto con más velocidad, que la rodela: y cuando solo quiera esto, y no herirle, le cansará y desalentará, en tal forma, que sin haber hecho efecto, le será forzoso retirarse, y cuando le quiera herir, podrá hacerlo sin ser visto, ni remediado por el de la rodela, pues con ella, en los reparos que hiciere, cubriendo la cabeza, por ser tan grande, no dejará la vista tan libre, ni el pecho tan cubierto, que por la ligereza que tiene el movimiento natural, antes de que la rodela baje, no le haya herido, como está dicho. Y lo propio se ha de entender con el broquel, aunque no con tanto rigor, por ser menor y más ligero: pero al fin no le quitará nadie al Diestro, que habiendo formado un tajo, si viere el reparo hecho con el broquel, que deje de dar en él, y dé en el brazo con que lo tienen: que por ser más pequeño que la rodela no lo cubre tanto. Y porque en el libro que está prometido, se ha de tratar todo esto copiosamente, avisando de cómo se ha de haber el que trajere cualquier género de armas: (como sea más que la espada) y así mismo el oficio de cada una, para que ninguno se engañe, por el peligro que se le podrá ofrecer: allí os remito. Espada y daga, armas ordinarias. La espada, y daga, que casi son armas ordinarias, que un hombre trae, llana y conocidamente se ve ser importantes para su defensa, más que las otras referidas, por algunas razones muy fundadas en ella: Carranza, folio 158. Muchas veces truecan los oficios la espada y daga. porque la daga (según nuestro autor) sirve para hacer desvíos, y tomar a su cargo algunos reparos menores, y aun muchas veces le ayuda a herir, trocando los oficios, hiriendo la daga, y reparando, o desviando la espada: finalmente ellas son armas ofensivas, y defensivas, y los círculos, que con la mano se hacen, son menores, y con más presteza, que con la capa, rodela, o broquel, y no hace aquel impedimento a la vista, que las demás, para poder conocer las determinaciones contrarias. De cualquier arma se defenderá uno con menos trabajo. De donde se viene a inferir, que con más facilidad se defenderá un hombre del que trajere espada y capa, que del que trajere espada, o broquel, por ser más breves los movimientos, así de desvíos, como de reparos, y menos impedimento a la vista, y con menos trabajo se defenderá del que trajere rodela, que del broquel pequeño, o grande, por causa de los tardos movimientos, y las demás cosas referidas, y con más facilidad se defenderá del broquel, que de espada y daga, por causa de poder ambas herir, conforme en el lugar que se hallare el que las trajere, y con menos cuidado andará del que trajere espada larga, que del de la espada corta, por la mucha flaqueza que va teniendo, conforme a la largura que se va acrecentando, y con menos cuidado LUIS PACHECO DE NARVÁEZ213Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. podrá el Diestro defenderse, y ofender del hombre alto de cuerpo que la pequeño: y la razón de ello queda declarada en el punto particular de conocer las complexiones, no porque cada cosa de estas deje de gozar de su medio particular. Y lo que tocaba tratar de cada diferencia de estas, en el segundo libro se dirá, que siendo nuestro señor servido saldrá a luz, si a este le quitaren el temor, con hacerle el acogimiento que la voluntad con que lo ofrezco merece: Carranza, folio 158. y en este trataremos de la espada sola, a quien Jerónimo de Carranza honra tanto, que le dice fiel compañera del hombre, porque sin favor ni ayuda de nadie hace sus acometimientos, reparos y heridas contra todas las otras armas, y le defiende, sin que ninguna de ellas haga falta. Y fue muy justo, que la espada gozase de este particular privilegio, porque no todas veces se halla un hombre con daga, rodela, o broquel, y aún muchas se halla sin capa: en particular los que profesan milicia, que habiendo perdido el arcabuz, o la pica, si es seca, solo se hallan con la espada, y con ella sola se podrán obrar maravillosos efectos en Destreza, como en este libro, y en el prometido se verán: solo querría que los hombres se desaficionasen de su propio parecer, y se dejasen guiar por la razón, y no por pasión: porque la Voluntad, que por ella se guiare, no puede tener buen fin: que con esto verían a la clara quién es lo que ellos aman tan de veras: que las cosas que sobre falsos fundamentos están fundadas, tienen tal propiedad, que mientras más se miran, más defectos se hallan en ellas: pero lo que es cierto y verdadero, lo que consta de principios y fundamentos científicos, siempre permanece de un ser estable y firme, sin jamás hacer mudanza en su firmeza, en las veras, ni en las burlas, aprisa, o despacio: y porque lo que de suyo es bueno, no hay necesidad de muchas palabras para loarlo, pues la verdad ella misma se encomienda: esto baste, y cuando con todas estas persuasiones no quisieren rendir su crédito, consideren, que de hombres prudentes es, no mirar tanto a lo que saben, como a lo que les falta por saber, y no sean semejantes a aquellos que se querían casar con la casta Penélope, que no pudiendo alcanzarla, se casaban con alguna de sus criadas: y con esto se contentaban. Trabajen por alcanzar la casta y hermosa Destreza verdadera, y no se contenten con la sucia cocinera de la falsa: y consideren, que los Entendimientos que se ocupan en artes inútiles, y sin fundamento, son mal empleados: y acuérdense de aquel celebrado dicho de Quintiliano, que dice, que fuera perdido el continuo trabajo, si alguna cosa mejor que lo pasado, no se pudiera hallar. Carranza, folios 162, 168 y 37. Antes de que entremos en los particulares de la verdadera Destreza, os quiero advertir de lo que Jerónimo de Carranza tanto encarga en todo el discurso de su libro, para que las heridas lleguen a verdadero efecto: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA214TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Folio 2. este es un medio proporcionado, que como dice en su declaración, es la distancia determinada que tiene cada especie de herida en todas las armas: y así como hay cuatro especies, o diferencias de heridas, tajo, revés, estocada, y cuchillada: y de estas se derivan muchos ramos: así para cada una requiere su medio proporcionado, para conseguir el intento principal, que es herir, sin ser herido. Este es con que el Diestro se librará de peligro, este es el que mide los movimientos largos, o breves, de cualquier especie que sean: y así como el medio de proporción es un cierto conocimiento de la arma del contrario, ora sea larga, ora sea corta, y sin que él lo diga, el Diestro la mide, con tanta certeza, que no puede faltar: y de este conocimiento nace luego pedir al Entendimiento, qué herida se le ha de aplicar, según la largura del arma, o del cuerpo: así el medio proporcionado es una disposición, con la cual se alcanza, y consigue el efecto de su determinación, sin impedimento: digo sin impedimento, si el cuerpo contrario, que es el objeto de la herida, está dispuesto para ello, y no hace tantos movimientos atrás, y con tanta prisa, que casi le demos nombre de huir: que en tal caso, ya no faltará por parte del Diestro, ni de la ciencia, sino por la falta de la disposición del objeto. Carranza, folio 37. Y como dice Carranza, el oficio del Físico, es sanar, siendo la virtud del cuerpo capaz: así el Diestro, herirá estando el contrario dispuesto, aunque no todas veces podrá el contrario (después de que el Diestro haya elegido su medio proporcionado) retraerse atrás con tanta presteza, que aprovechándose del principio del movimiento, no lo comprenda, alcance y hiera: porque el medio proporcionado, es una distancia tan determinada y medida, es un lugar y sitio en que el Diestro se pone para ofender a su contrario: es una medida al justo de su movimiento, no obrada acaso, sino con mucha certeza: es un lugar y paraje en que el Diestro tiene cogidas todas las veredas y caminos por donde el contrario pueda salir a herir, para que no se vaya sin herida: y aunque sea el movimiento que hiciere muy aprisa (como no sea volviendo el rostro) le alcanzará, como queda dicho: porque el compás que diere atrás, será violento, y sin ninguna certeza, y el que se da para herirle, es natural. Que todo lo dicho se funde en razón, lo probaré con algunos ejemplos manuales, aplicándolos al medio proporcionado. Si afirmados dos con espadas iguales, estuviesen tan apartados, que solo las puntas de ellas se llegasen, y el uno quisiere herir con un tajo, o una cuchillada, claro está que no tendría efecto, por no haber elegido medio, y quedaría la espada contraria tan libre, que con pequeño movimiento pudiese herir: y lo mismo sería, si quisiese herir de estocada, o revés, y así mismo si determinase dar una herida a su contrario en el lado derecho, no lo acertaría, si el compás que diese fuese por la circunferencia de mano izquierda, y al contrario: de suerte, que ha de ser con tal proporción, que si quisieseis herir en el lado izquierdo, el compás ha de ser por la circunferencia de vuestra mano derecha: y si en el derecho de la izquierda: y con tal disposición, que cuando queráis LUIS PACHECO DE NARVÁEZ215Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. herir, no sea con movimiento tan largo, que el contrario lo pueda conocer, impedir y dar herida: y con tal consideración, que habiendo elegido medio de proporción para reconocer el arma, y luego medio proporcionado para la herida, ha de ser con tal disposición, que cuando se haya de ejecutar, no sea forzoso dar nuevo compás: excepto cuando quisiereis meter el pie izquierdo, o desgraduando, saliendo hiriendo: y lo propio habéis de entender, queriendo herir de tajo, o revés, que no ha de ser tan desviado, que al levantar la espada, haciendo movimiento violento, os pueda dar una estocada, ni tan cerca, que con alguna manotada, o brazal os lo impida: que por esto se dice muy propiamente medio: porque carece de todos los extremos proporcionado: porque con el movimiento que el Diestro hiciere, no ha de sobrar en lo superfluo, ni faltar en lo necesario, que lo uno y otro dañará: y como dice Carranza, las propias heridas van dando una señal y aviso tácito de lo que cada una ha menester: que esto conoceréis, si en el obrar cualquiera de ellas, es con libertad y sin peligro. Y pues el ejercicio podrá manifestar el bien, o mal de cada una, hasta venir a su perfección, lo que aquí no se pudiere declarar, él lo hará fácil, y en las demostraciones se procurará declarar lo que se pudiere: porque no se puede todo. Nota: cuál es el medio de proporción, y cuál el proporcionado. Y habéis de advertir, que en cualquier demostración, donde señala punto A es el medio de proporción, y el punto B es el proporcionado para aquella herida que se ha de hacer, que tomando un compás, en todas ellas hallaréis una medida cierta para poder herir sin otro movimiento de pies: de suerte, que el de proporción perece y acaba, y permanece el proporcionado, hasta tener efecto la herida: y en cada una de ellas se irá declarando lo que más se pudiere. Advierta el Diestro, que importa. Solo resta advertiros, que todas las veces que ejercitaréis armas, que no aguardéis que vuestro contrario comience alguna treta, sino ganadle por la mano: y la razón es, que si vos le obligáis a una herida de segunda intención, eligiendo medio proporcionado para ella, ningún movimiento hará que de él no ejecutéis la herida: porque, como le llevaréis aquel movimiento de ventaja, cuando él haga uno, serán dos los vuestros, así de espada, como de cuerpo: y, sin ninguna duda, aunque sea en mucho tiempo, y muchos movimientos, llevaréis el primero de ventaja, para de él formar herida. Como por ejemplo: Dos hombres van caminando un propio camino, pero el uno lleva una legua de ventaja al otro: si a un propio punto comenzasen a caminar, cada uno desde donde se halla, cuando el que se quedó atrás hubiere andado la legua que el de delante tenían andada, ya este habrá andado otra: y andando igualmente, aunque la jornada fuese muy larga, siempre llevaría este ventaja, y jamás se alcanzarían: así el Diestro, si eligió su medio, ningún otro movimiento hará el contrario que al principio de él no le pueda herir, por la ventaja dicha: pues como dice Carranza, las tretas son formadas de los movimientos contrarios. Y con esto daremos principio a las demostraciones. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ217 CUARTA PARTE, EN LA CUAL SE PONEN LAS HERIDAS PARTICULARES DE LA VERDADERA DESTREZA, ASÍ DE PRIMERA, COMO DE SEGUNDA INTENCIÓN. ASÍ MISMO LOS TIEMPOS CIRCULARES, TAJOS, Y REVESES: Y DESPUÉS LOS REPAROS PARA TODOS ELLOS. Y ÚLTIMAMENTE LA MANERA COMO SE AFIRMAN LOS TURCOS CON SU ALFANJE: Y CÓMO SE LES HA DE HERIR, Y DEFENDER. ES PUNTO MUY CURIOSO, Y PROVECHOSÍSIMO PARA TODOS. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ219DE LA VERDADERA DESTREZA. Herida de segunda intención, cuyo nombre es, Estrechar, desviar, o necesitar al contrario. Carranza, folio 2. En la declaración del libro de nuestro autor, se ve a la clara el argumento de esta demostración, pues dice, que necesitar al contrario, es sacarlo de la buena postura que tiene, y hacer que se ponga en algún extremo. Folio 3. Y que estrechar al contrario en Destreza, es lo mismo que necesitar al contrario: este hacerle poner en extremo, quitándole de la buena postura, y necesitarle, es una de las libertades que la Destreza concede al Diestro, que pueda hacer, que su contrario se disponga en demostración, cual convenga para el efecto de la herida que lleva determinada, forzándole, a que haga algún movimiento, mediante el cual consiga su intento, que es herir. Y por ser el ángulo recto, según hemos comprobado, la mejor postura, y la que alcanza más, así para ofender, como para defenderse, así en el uno, como en el otro: porque un igual con otro igual no tiene poder (digo en cuanto estar ambos rectos, que en esto serán iguales) le será forzoso al Diestro (para esta herida que es de segunda intención) desviar la espada, quitándola de aquella buena postura en que estuviere, apartándola, y forzándole a que haga algún extremo con el brazo, o cuerpo, obligándole, a que haga algún movimiento, ora sea para herir, o para solo defenderse, en el cual tendrá flaqueza: y de esto le resultará herida: porque todas las heridas, como ya hemos dicho en otra parte, son por causa de los movimientos contrarios (esto en cuanto a las de segunda intención). LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA220CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Esto es lo que Jerónimo de Carranza manifiesta en su libro, debajo del ejemplo: porque causa, si quieren derribar un toro, aguardan, a que tenga parte de los pies y manos levantadas: y entonces, arrimándole la lanza, con facilidad dan con él en el suelo, y dificulta el poderse hacer, si el toro está fijamente sobre sus pies y manos, sin moverse. De esta misma suerte, al que estuviere afirmado recto, no se le podrá con tanta facilidad herir, sino es forzándole a que haga algún movimiento con el brazo, o con el compás de pies, para del principio de él, formar herida. Y esta fuerza se le ha de hacer, estrechándole, y desviándole la espada, quitando, y apartándola hacia su lado izquierdo, que venga a quedar casi atravesada a su cuerpo, como si hubiera hecho movimiento remiso en esta forma. Habiendo elegido medio de proporción, desde un punto más afuera, por encima de su propia espada, pasaréis la vuestra, poniéndola debajo de la suya, y todo a un punto, dando compás curvo por la circunferencia de vuestra mano derecha, como lo señala esta demostración, desde punto A a punto B no entrando, ni llegando más el cuerpo a vuestro contrario: porque el movimiento que hiciere os sea notorio, y os halle en distancia conveniente, para el impedimento que se le hubiere de hacer, y con mucha advertencia, y gran consideración: en que la línea contraria (supuesto que ha de estar encima de la vuestra) no sobrepuje en mayor fuerza a la mayor flaqueza de vuestra espada, sino al contrario, con tal cuidado, que en el punto 4 de vuestra espada, esté el punto dos de la contraria, para que le seáis superior en fuerza, como podréis ver en esta demostración, y con un compás la podréis considerar, o examinar mejor: que esta es una demostración muy razonable, para alguna determinación que el contrario podrá tener, para impedírsela, y herirle. Esta demostración sirve para contra ambas Destrezas. Esta proposición podrá servir y aprovechar, así para el que profesare la Destreza ordinaria, como para el profesor de la verdadera, ora sea afirmándose curvo, o recto. Para el de la ordinaria, es como una manera de engaño, saliéndoles al camino a una treta suya, y de las más estimadas, y que de ordinario usan, a quien llaman: Tentar, pues con esta manera de obligar, vendría a quedar su espada tentando la vuestra, por la propia parte que ellos desean, y con tanta instancia procuran. Para el de verdadera Destreza, servirá de quitarle, como está dicho, de aquella buena postura que tuviere, estando recto, obligándole a que haga movimiento, poniendo el cuerpo (mediante el compás de pies que está dicho de punto A a punto B) en tal paraje y distancia, en tal medio y con tal discreta medida, que le podréis alcanzar a herir con vuestra espada, quedando él imposibilitado (desde aquel propio puesto) poderos alcanzar a herir con la suya, como lo podréis ver vos o el que fuere curioso, y medir con un compás, que en ella se hallará como se dice, que ha sido demostración que ha causado mucha admiración en los que profesan armas, ver que teniendo espadas iguales, cuerpos iguales, y brazos iguales, la libertad del Diestro llegue a tanto que se pueda poner en parte, que alcanzando a herir a su contrario, quede libre de este peligro: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ221DE LA VERDADERA DESTREZA. Duda puesta contra esta demostración. Y es argumento puesto por parte de los que han estado incrédulos de la verdadera Destreza, y con lo que han procurado prevalecer contra ella, diciendo, cómo pueda ser, que teniendo dos hombres espadas iguales y los brazos de una propia largura, pueda el uno alcanzar a herir, sin que el otro (pues su arma goza de la propia largura) pueda hacer lo propio, aunque ambos se afirmen recto, pies, cuerpo, y brazo, pues según su parecer, si habían de ser en esto iguales pues en lo demás lo son: y la solución de la duda han visto muchas veces con experiencia, no a su gusto, y los movimientos que el contrario podrá hacer para herir, teniéndole obligado, se irán manifestando lo mejor que pudiere. Si quisiere herir en el pecho, aplicar fuerza en flaqueza, hiriendo en el pecho. Si habiéndole estrechado, quisiere herir en el pecho, o rostro, herirle recto. Encarecimiento es muy usado de los maestros ordinarios, que a todos sus discípulos hacen, y con muchas veras encargan, que en ninguna manera se dejen tentar su espada del contrario: y en particular por medio: porque les parece a ellos, que poniendo el contrario la punta de su espada encima de los tercios de la suya, que allí está su peligro y muerte: y cuando no hubiere (como las hay) otras muchas razones para probar lo contrario, era evidente y bastante prueba, de ser mala, ver, que ellos la tienen por buena: digo buena, porque aconsejan, que en afirmándose, tienten la espada de su contrario: porque tienen por cierto, que en consintiendo, que tienten, le tienen sin ningún remedio herido: y por otra parte, que en ninguna manera dejen tentar la suya de él: y no consideran, que tentando la espada por medio, la que está tentada, está más LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA222CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS cerca del cuerpo, del que tienta, que la suya del contrario, a quien ha tentado: y que estando más cerca, llegará más presto a herir: y quererles persuadir esto, lo tendrán a burla y rifa: pero la satisfacción de ello, remito a la demostración presente, donde se verá con certeza. Y considerando esto, tomad vos por bueno lo que ellos dejan por malo, y obligad a vuestro contrario, en la forma que hemos dicho, y vendrá a quedar su espada tentando la vuestra por medio: y si desde allí (como les es ordinario) cuando han tentado la espada del contrario, y ven, que no salen a herir (que es la ocasión que ellos dicen) hiciere un acometimiento, dando una gran patada en el suelo, a fin y con pretensión de que recibáis alguna turbación, o forméis algún reparo a la aparente herida, para cualquiera de estos casos tener lugar de ofenderos, sin haber hasta este punto dado compás de pies ninguno, sino solo levantar el brazo, y espada, con el acometimiento al pecho, o al rostro. Advertid, que los dos puntos de fuerza que le lleváis de ventaja, por tener 2 grados de fuerza de su espada en el 4 de la vuestra, además de estar más cerca de su cuerpo, que la suya del vuestro, como está dicho, os aprovecharéis del movimiento que hiciere cuando levantare la espada para hacer el acometimiento. Y pasando desde punto B donde le obligasteis, a punto C recogiendo la flaqueza de su espada en la fuerza de la vuestra, le heriréis recto en los pechos, apartando las espadas un poco hacia vuestro lado izquierdo, solo con el brazo: porque se desvíe del rostro la contraria, donde podríais recibir algún daño: y considerad, que ha de ser al principio de su movimiento. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ223DE LA VERDADERA DESTREZA. Si quisiere, dando compás, herir en el pecho. Aunque esta demostración, y la pasada, es toda una, y se compone de una propia suerte: y se ejecuta en la misma parte, que es el pecho, todavía difiere en un punto, de no poca importancia: porque unas veces os convendrá herir con presto movimiento de pies, por falta del que el contrario no diere, por no hacer más que un acometimiento: y otras convendrán, sin mover el pie, solo con enderezar el brazo al ángulo recto, herirle: porque el compás que él diere para herir, lo llegará a proporción y distancia determinada, para poder ejecutar en él la herida: que esto es lo que enseña la ciencia (según Carranza), a qué movimientos de la herida se ha de tener parado el cuerpo, y qué movimientos de la espada han de seguir los extremos del cuerpo, o los compases de los pies: y si en este punto dieseis compás, graduando adelante para herirle, os sería dañoso: porque dos fuerzas, de dos movimientos naturales, como es cada uno, andar hacia adelante: y en especial con el ímpetu que cada uno lo dará, os vendréis a encontrar con él, y él con vos, no solo las espadas, sino con los cuerpos y rostros: del cual encuentro, resultará desbaratar cualquier proposición formada, y caeréis en vicio de no guardar la proporción, cuya importancia es importantísima. Carranza, folio 27. Y para esto es necesario conocer el tamaño del movimiento, que es uno de los fundamentos de esta ciencia, y cuándo es para herir, y cuándo para librar, o acometer solamente, teniendo en esto verdadera noticia, que estas diferencias hallaréis, conforme el ánimo y complexión del contrario: porque con el que fuere flemático, os sucederá las más veces ser necesario herir, dando compás adelante: con el colérico, será menester estaros quedo, aguardando, y valiéndoos de su movimiento, que es lo propio que manifiesta esta demostración, pues si habiéndole estrechado, y viere su espada puesta a su modo (que es tentando), y conociendo su treta, arremetiere a herir, sin que vuestro pie se mueva, pues el tamaño de su movimiento que diere, os quitará la necesidad de dar compás, gozando del principio de su movimiento, aplicaréis la fuerza de vuestra espada a la flaqueza de la suya, como en la demostración pasada, dando la propia herida, y en la propia parte, sin ninguna diferencia. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA224CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Sujetar la espada, y herir en el pecho, haciendo extremo con el brazo. No hay duda, ni la puede haber, que así como a graves negocios, se requieren graves consejos: que a grandes peligros, se requiera grande y solícita diligencia para su remedio, y aquel reserve del daño que nos pueda venir: porque sería mal gobierno en el hombre, por quebrar un ojo a su enemigo, quebrarse otro a sí mismo, como os podría suceder en este caso: que habiendo estrechado a vuestro contrario, y queriendo él herir, por culpa y negligencia vuestra, o porque su movimiento sea más acelerado de lo que se pueda prevenir con la vista, recibieseis algún daño al tiempo que le fueseis a herir. Y porque en todas las cosas hay malo, y más malo, bueno, y mejor (cada cosa en su género): así en esta materia que tratamos lo hay (en cuanto a los particulares) bueno y muy bueno es para el que con veloz presteza, y grande conocimiento gozare del principio del movimiento, y supiere aplicar la fuerza en la flaqueza, y herir recto: y mejor será (supuesto que no llegue a esta perfección) sujetar la espada, impidiendo cualquier determinación del contrario: con esta prevención, que cuando quiera levantar la espada de encima de la vuestra, para herir, ora sea dando compás adelante, o estándose quedo, haciendo solo acometimiento, en aquel propio punto, sin permitir que la acabe de levantar, aplicaréis la vuestra, poniéndola encima, que la sujete y detenga, dando compás curvo, por la circunferencia de vuestra mano derecha, desde punto B que es donde hicisteis el primer movimiento, a punto D, por causa que la punta de la espada contraria esté desviada a vuestro lado izquierdo, teniendo perfilado el cuerpo: y desde allí, sin desampararla, volviéndola uñas arriba, encogiendo el brazo que el molledo (que es lo que comúnmente hay, desde el hombro, hasta la coyuntura del codo) esté pegado al cuerpo: Carranza, folio 28. que aquí es donde los extremos sirven, como lo dice Carranza, y desde allí enderezar la herida al pecho, con tal cuidado, que siempre quede la espada sujeta, hasta que volváis a reduciros a proporción. Y la causa de ser necesario este extremo, es, que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ225DE LA VERDADERA DESTREZA. como las heridas se han de hacer desde proporción, excepto las que se ejecutan con pie izquierdo, y en esta no lo puede haber, porque la espada contraria no ofenda, se le ha de tener siempre sujeta: y esto se podrá, mediante el tal extremo, y no de otra manera. Sujetando la espada, herir recto en los pechos. Estilo y lenguaje ordinario es, general, y muy usado en los que profesan Destreza: digo, en aquellos que proceden casualmente, y sin fundamentos científicos, cuando se les ejecuta una herida, como al principio suyo (que es cuando tiene remedio) no lo ponen, porque no la sabe impedir, ni entender el orden, ni modo como se compone, ni la causa suya les es notoria, sino solo el efecto (que es el herirles) les da notica de ello, después de ejecutada, piden a toda prisa que se vuelva a hacer: porque allá en sus Entendimientos, tienen maquinado un cierto remedio nunca visto ni oído, como si estuviese el Diestro obligado a más que a ejecutarla una vez, con tanta libertad y presteza, que el propio, en quien se ejecuta, ande mendigando el método de ella, para darle contra y recontra. Pues si habiendo ejecutado la herida dicha, vuestro contrario, tácita o expresamente os dijere la volváis a hacer, le volveréis a estrechar en la propia manera que antes, y cuando salga con acometimiento o herida al pecho o rostro, sin permitir que vuestra espada se despegue ni aparte un punto de la suya, antes con grandísimo cuidado ande unida con ella, así para que sepáis a qué parte hace movimiento, como para sujetarle, impedirle y desbaratarle los que hiciere, y desde punto B daréis compás curvo a punto E, poniendo vuestra espada encima de la suya, como lo manifiesta esta demostración, que considerada bien, además de tenerla sujeta, estaréis en tal proporción, que vuestra espada le alcance a herir, sin que la suya os pueda ofender, ni el remedio o contra que previniere, le pueda aprovechar, y desde allí le podréis herir recto en los pechos: pues la distancia que con el tal compás tendréis, será tal, que antes de que se pueda remediar, le tendréis herido y elegido medio de proporción, cuando no queráis ir prosiguiendo con otras heridas conforme a los movimientos que hiciere el contrario. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA226CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Sujetando la espada, salir cortando de revés al rostro. De excelentes Capitanes, peritos, de mucho gobierno y agudísimo ingenio en el arte Militar, es práctica muy usada, estando en campaña con su enemigo, buscar mil invenciones y ardides, con que desbaratarlo, inquietarlo, y divertirlo, unas veces retirando el campo: otras, poniéndose a vista suya, acometiéndole por una parte, y por la otra darle Santiago con el poder mayor del ejército, cuando por una parte, y que cuando por otra, y por cualquiera, haciéndole daño: con lo cual está neutral, sin saber determinarse a dónde acuda. Y lo propio es en el Diestro, pues con mil varias invenciones de heridas divierte a su contrario, a fin de que jamás sepa dónde poner la fuerza de su defensa, y siempre ande con inquietud y desasosiego, como le sucederá con vos, habiéndole estrechado, y herido con tanta variedad de heridas. Y porque prosigáis el estilo comenzado, podréis, al punto que quisiere herir en el pecho, sujetarle la espada, pasando desde punto B a punto F. Y sin volver la mano, sino así como se hallare, que será uñas abajo, formar un medio revés, desde encima de la propia espada, saliendo cortando, ejecutándolo en el rostro, como lo señala la demostración, comunicándole la fuerza que se pudiere, que mediante ser el compás de pies, por la circunferencia, vendrá a quedar su espada tan remota y apartada de vuestro cuerpo, cuando fuere la largura de la vuestra: y con esto, cuando él la quiera ir a buscar, para algún fin, determinado en su Entendimiento, como la ejecución de esta herida, es mediante estar el brazo recto, y buscar el medio de proporción, le será imposible hallarla, ni impedir la herida, haciéndose con la presteza que se requiere: porque esto solo está reservado al que fuere Diestro de cierta y verdadera Destreza. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ227DE LA VERDADERA DESTREZA. Si el contrario quisiere estrechar, estrecharle al principio del movimiento. Franqueza grande, y dádiva excelente, merecedora de tenerse en grandísima estima, es la que da la ciencia, de que tratamos, a sus profesores, para que en ningún tiempo dejen de gozar de aquella seguridad que les promete, sin que un punto les falte: pues no contentándose con darles tan varios caminos para defenderse, y ofender a su contrario considerando con su singular prudencia, que comenzando un Diestro una treta, tendrá certeza, y su efecto será sin duda por lo cual, el otro, que también lo fuere, quedaría imposibilitado de poder remediarse, quiso, que como igual en la promesa, lo fuese también en la dádiva: y que pueda, por la propia parte que el uno fuere fabricando, el otro hacer lo propio, y que ninguno de ellos pueda recibir ofensa. Y si vuestro contrario, siendo Diestro, quisiere estrecharos, a que hagáis algún extremo, o movimiento, como vos hicisteis a él, conoceréis el principio del suyo que hiciere para quitaros de la buena postura en que estuviereis: y en aquel punto, recogiendo su espada encima de la vuestra, sin permitir que él la regane, daréis compás curvo por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, como el propio quería, haciendo en él lo que él quería hacer en vos, estrechándole en la propia forma que he avisado, y tendréis los propios caminos que él podría tener, que si él fuere Diestro, considerando, que el movimiento que de allí hiciere, ha de ser para su daño, si quisiere volver a deshacer la proposición dicha, le será forzoso desgraduar medio compás, para reconocer la flaqueza de vuestra espada, y luego vos podréis hacer lo propio, con que jamás os heriréis: pues lo que fuere haciendo el uno, irá deshaciendo el otro: y, así como por mucho tiempo, que se ande dentro de un círculo, no se hallará fin, así dos Diestros no lo hallarán en la Destreza. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA228CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Sujetar la espada cuando fuere a estrechar el contrario. Y para más seguridad vuestra, os concede otro don más particular, con el cual vuestra persona quedará sin peligro, y la contraria no sin mucho daño, si os supiereis valer y aprovechar del principio de su movimiento: con este cuidado, que cuando vaya a estrecharos, y desviar vuestra espada, que forzosamente ha de pasar la suya por debajo de ella: y para apartarla a vuestro lado izquierdo ha de dar compás curvo por el lado de la circunferencia de su mano derecha: en este propio punto, desde donde os hallaréis afirmado, daréis así mismo compás, no muy largo, que ni sea curvo por la circunferencia, ni tampoco recto por la línea del diámetro, sino enderezándolo aquel lugar donde fuere a parar la espada contraria, sujetándola, como lo señala esta demostración: con lo cual quedará imposibilitado de poder herir como quería, pudiendo vos, desde el punto que quedare vuestra espada, formar tajo a la cabeza, y medio tajo al rostro, estocada al pecho: que todas estas heridas se habrán de ejecutar, saliéndoos a buscar proporción: y, como está dicho, no tendrá remedio, sino fuese que con grandísima diligencia gozase del principio de vuestro movimiento: y, mediante aquel punto que quitare del medio de proporción (como al principio de esta proposición avisamos) cuando quisiere estrechar: con el cual, queriéndole vos ponerle el impedimento, y sujetarle la espada, diese otro compás por el propio lado de la circunferencia, que va caminando, y antes que se acabase la acción de vuestro movimiento, reforzarse vuestra espada, sujetándola en la propia forma que queríais en él hacer: pero en esto lo propio podréis que él puede, aunque para llegar a este conocimiento, mucho trabajo ha de costar, y mucho ejercicio ha de haber, y mucho conocimiento ha de tener. Y, con el que hubiere llegado a esta perfección, harto será defenderos, sin ofensa, pues la defensa será igual. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ229DE LA VERDADERA DESTREZA. Obligar al contrario, haciendo línea en cruz, que es lo mismo que estrechar. Aunque esta demostración, y la pasada, del estrechar, parezcan diferentes (y en cierta manera lo sean), el sentido es todo uno, pues la intención del Diestro, en esta, y en la referida, es desviar la espada contraria, para de aquel desvío, o movimiento, que el contrario hiciere, formar herida: y solo difieren en formarse la una por debajo, que es la del estrechar, y esta ser por la de arriba, pero esta, de que tratamos, tiene en sí cierta ventaja de no poca importancia y consideración, y la razón es, que la del estrechar, se viene a formar haciendo ángulo agudo con la espada, a quien propiamente llama Movimiento natural: pues desde el ángulo recto baja sin ninguna pesadumbre, y después para dar la herida, se ha de subir con violencia, gravedad y trabajo, que es el tiempo en que al Diestro le conviene hacer la ejecución de la herida con el menos que le sea posible, y en este lo hay, como es subir una cosa pesada a lo alto, apartándola de su centro natural, y con violencia y fuerza, hacer que esté en otro contrario, como lo está la espada al punto que hiere: y para esto ha de ser con mucha fuerza, y si el Diestro no tuviere cierto conocimiento de las distancias y del medio que conviene para poder levantar el brazo, sin que el contrario pueda llegar, ofender, al fin como hombre científico, no saldría sin peligro, y esto se ha de entender tan solamente, para en este solo punto: que la libertad del Diestro, ¿quién se la podrá quitar de poder entrar de cualquier punto, o particular, por fácil que sea, desde cualquier camino y medio que se hallare, al seguro de lo universal?, ¿y de dónde habría alguna dificultad, sacar victoria con daño del contrario que le procurase ofender? El cual peligro, o dificultad, es muy contrario en esta: porque el movimiento violento (que es donde hallamos la dificultad) LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA230CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS se hace al principio, y mediante la distancia y buen medio que se ha de guardar en el obrarla, aunque el movimiento contrario sea muy veloz, no le será posible por mucho que lo procure poder herir al principio, ora sea con estocada ságita, que es la herida que allí se puede aplicar, ni con el ángulo recto por la cuerda: porque a la una y la otra previene el Diestro su remedio, cuando forma esta proposición: y cuando todavía lo procurase, como no podrá herir por encima de la espada del que fuere obrando esta treta, respecto de ir subiendo, y haber comenzado o comenzar con la fuerza de su espada, por la flaqueza contraria, habrá de aguardar a que se forme el movimiento remiso: y entonces procurará herir en los pechos: pero este intento se le defraudará, porque la dificultad mayor, que es el movimiento violento, se habrá pasado: y con la fuerza, que siempre deja el Diestro reservada, cuando viere el peligro de herida que se formare contra él, acudirá a impedirla, que no le será dificultoso, respecto de la mucha velocidad del movimiento natural, y el poder bajar tan presto a valerse del impedimento universal. Por manera, que aquí competirán dos movimientos los más breves que hay en la Destreza: los cuales son, el Movimiento accidental, que es el que hará el contrario para la estocada ságita, cuya brevedad está conocida, y el movimiento natural, que hará el Diestro, en todo y sobre todos superior, y sin esto se le dará poco al Diestro que se haga este movimiento: pues todas las proposiciones que se comienzan en la Destreza verdadera, llevan ese señorío, que si se hacen algunos movimientos al principio, ni más ni menos se obra que si fuesen obrados después de haber estrechado, o desviado, obligando a ellos. Y pues la objeciones que se pudieran y podrán poner, están ya prevenidas, advertidas y absueltas: cuyo conocimiento os es importante, tener para el tiempo que sucedan. Vengamos al método del obrarla, dando aviso de cómo se compone: el cual es de esta manera, habiendo llegado con vuestro contrario a medio de proporción, le cogeréis su espada, desde punto A, y la apartaréis como lo señala la demostración, llegando a punto B con la prevención que avisamos en la del estrechar, que excede vuestra espada a la contraria en mayor número de fuerza, para que la podáis llevar, desviándola con el movimiento mixto, y tendréis el cuerpo perfilado, para poder mejor acudir a los movimientos contrarios: y los movimientos que podrá hacer, según la disposición, son los que van manifestando las líneas y letras, y las particularizaremos como las demás. Y advertid, que si al punto que fuereis a comenzar esta proposición, quisiere el contrario librar su espada, y que no la encontréis, y pretendiere herir, como está dicho, que sin alteraros en nada, desde el punto B os afirmaréis recto: con lo cual le heriréis en los pechos, sin que él os pueda alcanzar, como diremos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ231DE LA VERDADERA DESTREZA. Si quiso herir en el pecho, herir recto. La Destreza verdadera de las armas, se constituye y forma de dos partes. La una consiste en la ciencia: y la otra en el ejercicio. La primera nos enseña las causas naturales de ella y sus efectos, y la otra nos facilita para el obrarla, como digamos por la razón que nos da la Filosofía natural, sabemos que fuerza y flaqueza no pueden estar juntas, sino distantes, y que en la punta de la espada contraria, está la flaqueza, como parte más remota y apartada del origen de la fuerza, en la guarnición de la mía, a quien se llama centro menos principal, a diferencia del centro del brazo, que es el hombro, a quien nuestro autor llama Generalísimo de la espada, está la fuerza, y que la herida de estocada, que es la que comúnmente se da desde la demostración presente, ha de ser y está en la punta de la espada: porque con ella se ha de herir: y por ser parte flaca, y el movimiento que también será flaco, como ya hemos dicho, será necesario aplicar la fuerza de mi espada, a la flaqueza de la contraria, para vencerla. Aquí entra el ejercicio que lo ha de facilitar y poner por obra, ya que el Entendimiento lo tiene comprendido, pero esta segunda parte no se puede alcanzar sin mucho trabajo y continuación: pero porque el Entendimiento, que es el que percibe, y donde se dispone el método y orden de cualquier cosa, que se haya de hacer habéis de advertir, que si teniéndole obligado, como hemos dicho, quisiere bajar a herir el pecho, que es lo más ordinario, que se hará así como se aparta su línea de la vuestra, bajando naturalmente con grandísima presteza, tras ella, saliéndole al encuentro: pues llanamente se ve, que por estar ambas espadas en ángulo obtuso, la punta de cualquiera de ellas, que es la que ha de bajar a herir, está en alto, y la fuerza o guarnición más baja: con lo cual habrá poco trabajo en aguardarle al bajar, recogiéndola en la fuerza, y aplicando la herida al pecho, pasando de punto B a punto C si el movimiento fuere solo con el brazo: que si diere algún compás de pies, desde punto B se ha de herir sin otra diligencia, mas que aplicar la fuerza en la flaqueza: porque si dieseis compás, no podríais herir recto en proporción, y os podría dañar mucho. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA232CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Cuando saliere, herir recto. Cordura es muy grande, y consideración justa, no solo en la materia que tratamos, pero en todas las demás, para el obrarla, escoger el mejor orden que se pudiera, para que con la continuación de ejercicio, se haga hábito en obrarla con facilidad, y se convierta, como dicen en naturaleza: y en esta de las armas, es de mucha más importancia, por el peligro que puede suceder: y aunque la demostración pasada, el Diestro la puede obrar con mucha libertad, viveza, y gallardía (sabiendo los contrarios dichos de fuerza y flaqueza) y con ella ofender al contrario, y defenderse a así, habrá alguno que no se aficione a ella, ora sea por algún efecto de imaginación, o por no haber llegado al punto de perfección que se requiere, será justo, no ponerlo a más peligro que aquel que con confianza pueda salir de él: y para ello se ha de advertir, que dejamos ya probado, que el ángulo recto alcanza más que otro alguno, y que para haber de bajar desde el obtuso, que es donde está obligado a herir, ha de ser participando del ángulo agudo: y a este punto le podrá herir con solo bajar del obtuso, hasta el recto, enderezando la punta de la espada a lo más alto del pecho, pasando desde punto B a punto D haciendo un poco de ángulo con el cuerpo, que es tener un poco inclinado el rostro al suelo (sin que los pies se quiten de la proporción dicha) que con esto se alarga más el brazo, y el cuerpo se aparta. Y si el contrario, conociendo lo dicho, quisiere, cuando bajare a dar la herida, quedarse en ángulo recto, por saber que es el que alcanza más, no hay dificultad, ni peligro, pues mediante el medio que se elige, el Diestro se pone en paraje, y está en distancia tan determinada, y tiene tales grados de perfil, ganados, que alcanzando a herir, no puede ser herido, si no es con otro movimiento, como ya hemos dicho, que se mida en la demostración, para conocimiento de esta certeza y ventaja. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ233DE LA VERDADERA DESTREZA. Cuando saliere a herir, sin despegarse de la espada, herir de tajo. Dice Tulio, que los efectos de dos contrarios, son contrarios: y en el tener esto por cierto, no hay dificultad, pues se sabe que el fuego y el hielo son contrarios, y el efecto de uno es abrasar, y el otro de helar: así en la Destreza son contrarios, y proceden de diferentes causas el movimiento circular (que es el tajo, o revés) y el de la estocada: porque el uno se forma de largo y circular movimiento: el cual, como ya hemos dicho, acaba su viaje, mediante cuatro movimientos, que son, natural al principio, que baja del ángulo recto y el remiso, el violento y el último natural, y la estocada de uno solo, que es el movimiento accidental: Carranza, declaración, folios 2 y 42. y aunque es uno solo, y tan breve, mediante el medio y perfil de cuerpo que el Diestro tiene en esta demostración, viene a suceder lo que nuestro autor dice, que muchas veces llega primero lo circular que lo recto: y en este movimiento se verá al punto con esta consideración: que teniéndole obligado en la forma referida, al punto que quisiere apartar su espada, para formar herida de estocada, se ha de poner mucho cuidado en bajar con ella, y todo a un punto, pasaréis desde punto B a punto E haciendo desvío en la espada contraria, hacia vuestro lado izquierdo, que es a manera del arrebatar ordinario, y formar tajo, ejecutándolo en la cabeza, saliéndoos cortando, hasta llegar a medio de proporción: pero habéis de advertir, que ha de ser antes de que el contrario acabe la acción de su movimiento, con que bajare a dar la estocada: porque si lo acabase, quisieseis formar el tajo, no sería sin algún peligro, o al menos con impedimento, y hecho al principio, y desde el medio que señala esta demostración: aunque es verdad, que el camino que tiene que andar el tajo, es más largo que la estocada, y se forma más tarde, acabará su viaje, y llegará a su efecto primero que la estocada: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA234CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Carranza, folio 34. como lo dice nuestro autor, solo por tener el Diestro verdadero conocimiento de la media, y de la diferencia de las proposiciones, que es una parte que en la Destreza enseña el fin que ha de tener cada herida, o treta. Sujetar la espada, y herir de tajo, o medio. De un dicho común de algunos autores Griegos, podremos tomar el tema para esta demostración: porque es tan celebrado de ellos, cuanto cierto en todos. Dicen pues, que siempre fue mejor lo más seguro. Y si en los negocios ordinarios y fáciles aún se ha de usar de este consejo, con cuanta más razón es justo poner diligencia en los difíciles y graves: y en particular en las armas, donde no hay más seguridad que el obrar científicamente, y con gran cuidado y presteza, que es una de las partes más importantes de la Destreza, Carranza, folio 26. como Carranza lo encarece, diciendo: que la presteza es una fuerza, que pasa, y acaba muchas cosas en breve tiempo, así acerca del cuerpo de la espada, y sus movimientos, como de los compases: y supuesto el peligro que de cualquier descuido nace, y que jamás en el Diestro lo ha de haber, podréis al principio del movimiento, cuando bajare vuestro contrario a herir, sujetarle la espada, conforme en otras partes hemos avisado, y todo a un punto, sin hacer asistencia, pasando desde punto B a punto F, que es lugar y distancia conveniente para vuestra seguridad, formaréis un tajo a la cabeza, yendo saliendo, y cortando, hasta hallar medio de proporción. Y también podréis desde encima de la propia espada, cuando vais dando el compás, formar el medio revés al rostro, pues no es menester más que salir cortando: y por esta está esta demostración en la forma que parece, y tiene una excelencia esta herida de medio revés, que además de ser grandísimo rigor, porque el efecto es en el lugar más delicado del hombre que es el rostro, una vez que se ofenda con ella, no será posible LUIS PACHECO DE NARVÁEZ235DE LA VERDADERA DESTREZA. hacerles aguardar a elegir con ellos medio de proporción: porque todos los que tratan armas, ponen sumo cuidado en guardar el rostro, y no solo con herida, pero con un acometimiento se alteran y espantan: y es muy ordinario, en habiendo de ejercitarse en las armas, sacar por partido, que se guarden los rostros: lo uno, porque no saben remediarse: y lo otro, porque el cuerpo se viste de una fuerte cota, y cuando menos un coleto de ante, brazaletes de malla, casco en la cabeza: de donde se ve tener más confianza en esto, que en la destreza, que saben que es grave argumento de la poca certeza que tiene, pues en la necesidad se forran de hierro, y se arrojan a la ventura: y este movimiento es tan breve y tan incomprensible, que es menester llegar al conocimiento de los principios de los movimientos, para poder impedir, y conocerlo. Si no quisiere herir, herir recto en los pechos. Posible será os suceda alguna vez (y aún muchas) teniendo obligado a vuestro contrario a esta proposición, aguardando su movimiento, para, mediante el formar herida, que, ora sea con temor del peligro que verá delante, ora sea por otra causa, se esté quedo, sin hacer movimiento ninguno: con lo cual si no gozaseis de la preeminencia de Diestro, perderíais las diligencias puestas hasta este punto, así de medio de proporción, como proporcionado: y vergonzosamente os volveríais a retirar, como es costumbre en los ordinarios, que si habiendo comenzado alguna de sus tretas, para que su contrario salga, que es su ocasión para herir, y el contrario no quiere salir, se vuelven a retirar: porque del puesto que eligieron, no pueden, ni saben formar la herida: y de esta confusión preserva la Destreza verdadera, a sus profesores: porque el Diestro primero ha de conocer la disposición, y después fabricar en el Entendimiento, lo que ha de hacer en el adversario, que es el fin de la Destreza: y después buscar los medios que más convengan, para conseguir su intento: eligiendo tal medio y tan proporcionada distancia, que cuando el contrario no se atreva, o no quiera hacer movimiento sin otro alguno, que haya de preceder de vuestra parte (no queriendo) podáis ofenderle: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA236CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Carranza, folio 35. porque, como dice Carranza: lo que es primero en la intención, es lo último en la ejecución: y lo primero de la intención del Diestro, es herir: pero primero han de preceder los medios, mediante los cuales, venga a conseguir su intento: pues si en caso semejante os viereis, advertid, que ambas espadas están en ángulo obtuso, que es el más alto de los tres ángulos, y que, mediante le medio que la demostración avisa, podréis con vuestra espada alcanzar a su cuerpo, y la suya no al vuestro, y desde el propio punto B sin otra diligencia (pero con presteza) bajaréis al ángulo recto, dando herida en los pechos quedándoos recto, que como vuestro contrario no diere compás de pies, será imposible poder herir, y si loquisiere dar, conociendo su principio, podréis hacer lo propio, quedándoos en proporción, siempre hiriéndole. Si no hiciere movimiento, herirle recto. No quitándole a la demostración pasada, el honor que le hemos dado, podremos decir de esta, que es de no menos importancia que ella, y solo difieren en ser el movimiento de esta, más conocido: por ser obrado con todo el cuerpo, dando compás, y el de la primera, ser de solo el brazo, que forzosamente ha de ser más breve: pero también tenemos en favor de esta, el quedar la espada contraria tan apartada a un lado: que primero que vuelva a ponerse en ángulo recto, podrá ser herido, mediante el compás que señala por el lado de la circunferencia de mano siniestra: porque el desvío que se hace, obligándole, es al lado diestro, y es de mucha seguridad y de no poca importancia, ir dando las heridas, mediante algunos compases al contrario: de donde quedare la espada: con esta consideración: que si estuviere a vuestro lado derecho, el compás que diereis, para que sea con seguridad, ha de ser por el lado de la circunferencia siniestro, como se ve en esta demostración, y por el contrario: en la cual habéis de advertir, que si le tuviereis obligado, y no quisiere hacer movimiento, comunicaréis un poco de fuerza con vuestra espada en la contraria, que sirva de detenerla o apartarla: mas mientras que desde punto B pasaréis a punto G y todo a un punto, daréis herida en los pechos con grandísima presteza, y al punto salir buscando medio de proporción para más seguridad: y para poder acudir de nuevo a los movimientos contrarios: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ237DE LA VERDADERA DESTREZA. Nota. y el más libre que puede hacer, es formar un tajo, y para libraros de él, habrá de ser formando otro, o acudir con el atajo, para que de todo punto tengáis seguridad: y esta consiste en el verdadero conocimiento de los principios de los movimientos. Sujetar la espada, y dar revés, o estocada. No se puede negar, que el herir recto desde proporción, sea de mucho gusto, por la libertad de que el Diestro goza para ir acudiendo a los movimientos contrarios: unas veces hiriendo de tajo, otras de revés o estocada, conforme a la diferencia del movimiento, de que se fuere aprovechando: pero esto será (como es muchas veces) causa de que el contrario se anime a defenderse, y aún se atreva a querer ofender: porque la seguridad (al parecer de ellos) es estar apartados de su contrario: y no les parece que tienen peligro, si no es cuando están junto a él, y al Diestro, ninguna cosa le causa novedad ni alteración: porque si quiere herir apartándose de su adversario, hace heridas rectas, no llegándose más que lo necesario para alcanzarle, y si quiere entrar con la propia libertad procede, pues va obrando conforme a las distancias. Y pues no daña el saberlo todo, si le quisiereis amedrentar, turbándole, para que no sepa acudir a su remedio, entrad con él, dándole la herida desde cerca, de esta suerte: Que sino quisiere hacer movimiento, teniéndole obligado, le sujetaréis su espada, con solo ir bajando la vuestra, comunicándole alguna fuerza, para que estéis seguro, y todo a un punto: daréis compás desde punto B a punto H, y desde encima de la propia espada formaréis un revés a la cabeza, llegando tan cerca, que podáis asirle con la mano izquierda la guarnición de su espada, habiendo para esto metido el pie izquierdo: pero ha de ser con gran presteza: y desde este propio punto, podréis darle estocada en los pechos: pues quien pudo lo más, que fue llegar a donde señala la demostración, podrá lo menos, que es herirle: con esto, y el poco lugar que le dejaréis para su defensa, se atemorizará de tal manera, que aun en lo muy seguro le parezca que hay peligro, viendo que se le ha ofendido con tanta seguridad, y por parte que no hallará tan fácilmente remedio. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA238CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Sujetar la espada metiendo pie izquierdo. Advertid, que punto I ha de ser metiendo pie izquierdo. Entiendo que os acordaréis, que hemos dicho, que cuando el Diestro mete el pie izquierdo, es más para ofender de hecho, que para defenderse, porque en quebrando la ley de la proporción, pervirtiendo el orden de los compases, es resolución de voluntad querer acabar, y concluir en un punto lo que en muchos pudiera diferir: y el intento del Diestro en tal caso, es acortar a su contrario los caminos que pudiera tener para su defensa, sin que le quede tiempo para aplicar ninguno de sus remedios. Y por ser con tan presto movimiento, el que lo hubiere de conocer, y remediar, ha de tener mucha parte de verdadera Destreza, y mucho tiempo de continuo ejercicio: porque como el cuerpo del Diestro, cuando quiere herir con movimiento de pie izquierdo mediante el compás, que es por el lado de la circunferencia de su mano izquierda, viene a ponerse en tal perfil, que la espada contraria no pueda, aunque haga mucha diligencia, darle herida de estocada: aunque quiera, como suelen muchos, hincar la rodilla: o, como ellos dicen, embebiendo el brazo y espada (treta entre ellos muy estimada), porque como está el cuerpo detrás del brazo y espada contraria, está imposibilitado: y herir de tajo, o revés, también es imposible, porque como ha de hacer primero movimiento violento, al principio de él, se le podrá herir, o impedir, pues estará tan cerca, que sin trabajo lo pueda hacer. Y esta demostración habéis de entender de esta manera: que si teniéndole obligado, no quisiere hacer movimiento, sujetándole la espada en la forma de la demostración pasada, daréis compás con el pie izquierdo, desde punto B a punto J viniéndolo a poner junto al suyo derecho, sujetándole la espada, como lo señala esta demostración: y de allí hacer la herida que quisiereis, pues lo más difícil, es llegar a parte donde se pueda herir, que el dar la herida, es mucha facilidad. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ239DE LA VERDADERA DESTREZA. Si el contrario hiciere línea en cruz, herirle de tajo. Muy justamente y con razón se dijo, que no es secreto aquello que se fía de cartas: y lo propio es, y con más razón lo que se fía de libros, pues cualquiera podrá ver y escudriñar lo más oculto que en él estuviere (teniendo Entendimiento capaz para ello). Lo digo, porque este modo de obligar, al fin como cosa común a todos, lo podrá saber vuestro contrario, y querrá hacerlo, viendo tantos efectos como de aquí proceden, pues de cada movimiento resulta herida casi infalible, por la fuerza que tiene haber elegido medio proporcionado, para la tal herida, aunque esto se ha de entender conforme al ingenio del autor: y porque es bien estar prevenido de todo lo que puede suceder, pues el peligro que se espera, se remedia mejor, estaréis (como es justo) con mucho cuidado, y cuando vuestro contrario os quisiere obligar a línea en cruz, conoceréis el movimiento que hiciere desde el ángulo recto al ángulo obtuso, levantando el brazo para apartar vuestra espada, apartándola a su lado derecho, dando el compás por el lado de la circunferencia de su mano derecha: y en aquel punto, sin que consiga su intento, que es hallar la espada con gran presteza: y a un propio punto, gozando del principio de su movimiento, daréis compás curvo, por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, todo lo que pudiereis, formando un tajo a la cabeza, saliéndoos cortando hasta llegar a proporción, que por la desigualdad que habrá de los compases, y de las líneas, como lo señala esta demostración, se podrá hacer libremente. Y digo, que el compás ha de ser por la circunferencia, desde donde dice: Pie, hasta donde está la espada y cuerpo: porque si fuere más apartado, no se podrá alcanzar al contrario, ni la herida tendrá efecto. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA240CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Al principio de su movimiento, herirle recto. Todas las veces no se debe hacer aquello que una se hizo bien, por las muchas razones que en diversas partes hemos dado: y porque no se puede escoger bien en cantidad pequeña, os aviso tantas cosas, para que a vuestro gusto, vayáis obrando con tanta variedad de certísimos puntos, que jamás se os acabe el caudal de ellos, ni vuestro contrario os pueda coger los pasos con intento de impedir alguno: y así, si el quisiere obligaros, haciendo la propia línea en cruz, pasando desde punto A a punto B considerando, que el hacerla, en vuestra mano era tan cierta y los efectos que de ella procederán con la misma certeza: vuestro remedio está en tener cierto conocimiento del principio del movimiento que hiciere, así de brazo y espada, como de los pies: y cuando comience a hacer el movimiento violento, levantando el brazo y espada con intento de coger la vuestra, daréis compás curvo por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, como lo señala desde donde dice: Pie, hasta donde está la espada y cuerpo: y sin encoger el brazo ni doblarlo, sino recto, libraréis vuestra espada, pasándola por debajo de la fuerza contraria, haciendo el movimiento con solo la muñeca, como lo avisamos en la demostración de los tres círculos que hace el brazo: y cuando él acabe de subir al ángulo obtuso, estaréis vos en el ángulo recto hiriéndole en los pechos, quedando su espada tan apartada de vuestro cuerpo, que le sea imposible poder llegar a herir ni remediarse de la herida: excepto si no tuviere mucho gobierno en conservar la fuerza, dejando reservada alguna parte de ella para esta necesidad: Nota. y cuando se le fuese a dar la herida, conocer el movimiento de ella: y que el violento que él hizo, pierda algo de su derecho, y dando otro compás por la propia circunferencia que fuere caminando y aplicando mucha fuerza a la espada, para que el movimiento natural que ha de hacer, sea con grandísima presteza, y poner atajo en vuestra espada, cuando le fuere a herir con la estocada, impidiendo y desbaratándola: aunque el hacer esto, solo está reservado al que perfectamente tuviere conocimiento de los principios de los movimientos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ241DE LA VERDADERA DESTREZA. Sujetar la espada, y formar revés, o medio tajo. Dice Quintiliano, que el fin del que aconseja, debe ser el provecho de aquel a quien aconseja: y porque mi principal intento ha sido y es este, además de lo avisado hasta aquí: en esta demostración hemos de acudir a lo más seguro, pues, como se ha dicho, siempre fue lo mejor: muy bueno es, y no se puede negar al principio del movimiento contrario, queriendo hacer línea en cruz, herirle de tajo, y ofenderle de estocada, y haciéndose en el punto que se requiere, no hay más que pedir: pero podréis decir que la espada contraria queda libre para hacer algún movimiento de que resulte ofensa: y al parecer es cierto: pero en el hecho de la verdad no tiene peligro por dos razones muy fundadas: La primera por la virtud que tiene el hacerse la herida al principio del movimiento, antes de que se acabe la acción de la fuerza que se pusiere en él: la otra y más fuerte es el quedar la espada del contrario tan remota, mediante la desigualdad que se hace de ambos movimientos vuestro y suyo, que es imposible de toda imposibilidad poderos ofender, si no fuere haciendo otro muy largo movimiento: en el cual podréis hacer otro y herirle: pero con toda esta verdad, la fuerza que tiene la imaginación es tan grande, que podrá impedir este conocimiento, y resultar daño: el cual remediarán con esto: que al principio que el contrario quiera hacer línea en cruz: el cual ha de ir caminando por el lado de la circunferencia de su mano derecha, para venir a vuestro lado izquierdo, teniendo conocimiento de él, y al punto que alce la espada al ángulo obtuso, llegando a punto B para coger la vuestra, daréis compás curvo por el lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda, desde donde dice, Pie, hasta donde está el círculo que señala el cuerpo, sujetándole la espada, como lo señala esta demostración: y es lugar tan dispuesto para herir, que desde allí le podrán dar una estocada en los pecho sin levantar la espada de la suya, y se le podrá ofender con un revés en la cabeza, teniéndole asida la guarnición de la espada, metiendo pie izquierdo: y también se le podrá herir con un medio tajo en el rostro con solo saliros cortando, hasta proporción, y otras muchas heridas, que el ejercicio os manifestará. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA242CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Herida que se nombra de círculo entero, por qué se forma así. No se puede llamar superfluidad, tener o saber el hombre aquello que en algún tiempo podrá haber menester, y le podrá aprovechar: Lo digo, porque aunque esta proposición no sea de mucha importancia, porque alguna vez os hará al caso, y os podrá ser de provecho, la pongo, además de que no puede dañar el saberse todo: y supuesto lo dicho, afirmado con vuestro contrario, habiendo elegido medio de proporción, en punto A daréis otro medio compás, hasta llegar a punto B, que es el medio proporcionado para la herida que de ella ha de proceder, y dando compás curvo por la circunferencia de vuestra mano izquierda, hasta llegar a punto C sin encorvar, ni doblar el brazo, daréis una herida en el pecho, haciendo solo el movimiento de la muñeca: Por qué se llama esta herida de círculo entero. y se llama círculo entero, porque teniendo la punta de la espada cuando eligiereis los medios de proporción, y proporcionado, junto al brazo derecho y pecho contrario, ha de pasar por debajo la guarnición contraria, para ejecutar la herida, y la ha de volver a dar en el propio lugar donde antes estaba, haciendo en todo el movimiento una forma de O, como probamos en la demostración de la circunferencia por autoridad LUIS PACHECO DE NARVÁEZ243DE LA VERDADERA DESTREZA. de Aristóteles y los demás Filósofos, que la circunferencia, o círculo, es aquel que se junta el principio con el fin: y porque comienza donde acaba, y acaba donde comienza: y así se verá en esta herida, que viene a acabar su viaje al propio punto donde lo comenzó, como así mismo lo manifestamos en la demostración del círculo partido en cuatro partes: Esta demostración depende de la de los tres círculos que hace el brazo. y también depende esta demostración de los tres círculos que hace el brazo: y aunque estos son enteros, y este también lo sea, se ha de advertir, que para esta herida no se ha de hacer el mayor que señala punto A, ni el segundo, que señala punto B, porque el primero es el que hace todo el brazo, y el segundo el que se hace, doblando la coyuntura del codo, sino el menor, que es el que señala punto C, que hace solo la muñeca, pues también ella sola se mueve circularmente: así que para que sea más breve el movimiento, habéis de advertir, que lo ha de hacer solo la mano, como está dicho: y que sea el menor que se pudiere hacer, arrimando la punta de vuestra espada a la guarnición contraria: porque el movimiento sea más breve, y si lo fuese, y el compás de pies a un propio punto, sería casi irremediable, y es la razón: que como la punta de la espada vuestra, que el contrario tiene delante de los ojos se la quitaréis, de donde con la vista la pueda comprender, y se pasa por debajo de su espada y brazo, donde las líneas visuales son impedidas algún tano con el brazo, cuando la vuelve a ver, como la espada va tan pegada a su brazo, no la comprende hasta que de súbito entra la espada por entre la suya y cuerpo, queriéndola remediar, no podrá: muy al contrario que si fuera acometimiento al rostro: en el cual no hay impedimento en la vista, antes en el propio punto que se comenzase el movimiento lo comprendería y procuraría remediarse: y para que esta herida le sea imposible, la habéis de hacer con muchísima brevedad y presteza, llevando la espada (al hacer el círculo) muy pegada al brazo y espada contraria para que el contrario con la comprenda, ni tenga noticia de ella, si no fuere por el efecto y ejecución. Y para cualquier movimiento que hiciere, con intento de quitarla, y los que más comúnmente puede hacer, esta demostración, lo irá manifestando: y la escritura los declara, advirtiendo lo que fuere necesario para entenderlos, como en los demás se ha hecho: pero habéis de advertir en un punto particular, porque con esto quedará reservada de ponerlo en demostración: y es que si cuando fuereis a dar la herida, pasando a punto C por pasar la flaqueza de vuestra espada por encima de la fuerza de la contraria, hiciere algún desvío (que es muy ordinaria) que será llevar su espada hacia su lado derecho con pretensión de llevar la vuestra también, y aún pretenderá dar una estocada por encima de vuestra espada que tengáis conocimiento del principio suyo: y cuando lo pusiere en acto, volveréis con presteza, desandando lo andado, hasta volver a punto B que es de donde partisteis, sin doblar el brazo, sino que la muñeca sola ande alrededor, acabaréis vuestro intento con darle herida en los pechos, que mediante el desvío suyo y el compás vuestro, quedará su espada tan remota, que LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA244CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS podáis herirle y saliros a proporción: y aún será posible que sea tal la disposición del contrario, que os sea necesario usar del primer movimiento que decimos, para que sirva de acometimiento, Lo que espanta a los vulgares. pues es una de las causas de la herida, que el proceder al principio con esta prevención, lo remito a vuestro buen gobierno, considerando que hay hombres, que heridas muy rigurosas no les espanta, y un pequeño acometimiento los altera y turba, Con qué se contentan los vulgares y se tienen por seguros. y con tener la espada del contrario donde la vean, y estarla tentando con la suya, están contentos, y les parece que están seguros: y en desapareciéndole delante, se descomponen e inquietan, y desatinadamente hacen mil inconsiderados movimientos: en los cuales sucediéndole a vuestro adversario, le iréis hiriendo conforme a sus diferencias, que con el ejercicio, se os hará fácil, pues de él resultará el cierto conocimiento de los principios de los movimientos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ245DE LA VERDADERA DESTREZA. Si quitó la primera, alzando su espada, herir recto. A pequeña defensa, pequeño remedio basta contra ella: y para la que hace el contrario, que es la que señala esta demostración: y lo más ordinario que se hace, no es menester mucho cuidado para remediarla y herirle: y la causa porque este remedio es tan usado, y más que otros, es esta: que con la espada que les va a herir, hace ausencia y se quita de delante de su vista (como atrás hemos dicho) aquel tiempo que gasta en pasar por debajo del brazo: y luego de súbito, y en un punto vuelve a salir junto a su hombro derecho, le causa alteración y espanto: y el remedio que más a mano hallan, es levantar la espada en alto, pretendiendo juntamente llevar la que les quiere ofender. Y es una inconsideración notable, pues no quieren advertir, que levantar la espada, es quitar la punta de ella de delante del pecho de su contrario, que es el muro y defensa que puede tener: y de esta se enajenan con quitarla, y subirla al ángulo obtuso, que sin el peligro referido de abrir la puerta a su propio daño, alcanza la espada un tercio menos, como lo probamos en la demostración donde definimos alcanzar más el ángulo recto, que otro cualquiera, además de que aquel movimiento que hace para levantar la espada, es violento, como también tenemos probado: y que el natural, ha de ser más breve, y con él se le podrá herir: como le heriréis, si habiéndole querido ejecutar la herida primera, la quitare alzando la espada: que para ello pasaréis desde punto C a punto D dejando caer vuestra espada, con movimiento natural, hiriéndole de estocada debajo del brazo derecho: que por razón de ser el compás por la circunferencia, y en el punto que él fuere a levantar el brazo, se le podrá ejecutar antes que tenga lugar de volver a prevenirse de remedio: pues es cierto, que con más brevedad habéis de hacer un movimiento natural, que él un violento y un natural. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA246CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si desviare, meter el pie izquierdo, y sujetar su espada con la mano. Aquel que pelea, en la propia obra toma el consejo conforme a la variedad de los casos que se le ofrecen, y ellos propios le van dictando, y aconsejando lo que ha de hacer, para salir sin peligro: y aunque el movimiento, o defensa que podrá hacer el contrario, o la que comúnmente se hace, es fácil y de poco artificio, y menos consideración, y que al principio suyo lo conoceríais, y pudiera excusarme de ponerla aquí, porque no quede nada en confuso, ni que sea menester poner trabajo en estudiarle advertiré su remedio, a la herida de estocada, que señala la demostración antes de esta, es usado y común remedio querer coger la punta de la espada que les va a herir en la guarnición de la suya, levantándola hacia arriba, solo con determinación de quitar la herida, pero no de ofender, con otra que ellos lleven prevenida, ni hay que tratar de tal: porque este es oficio de la Destreza verdadera, dar herida y defender la contraria: por lo cual da más lugar y hay más seguridad para ofenderles: porque como ellos no procuran ofender, sino defenderse dan lugar a que se les vaya ejecutando muchas heridas, hasta que de alguna llegue el efecto y su daño todo junto. Pues si vuestro contrario hiciere tal desvío, conociendo el principio del movimiento, y considerando que es primero llevar vuestra espada al ángulo obtuso, quitará la punta de la suya de delante de vuestro cuerpo, con grandísima presteza daréis compás curvo, de punto C a punto E metiendo pie izquierdo, perfilando el cuerpo, sujetando la guarnición con la mano izquierda, que lo podréis hacer por estar cerca, y formaréis un revés, que ha de ser como ya en otras partes hemos dicho, pegado por el muslo derecho, como los que espadan lino, ejecutándolo en la cabeza en el lado derecho, y también podréis herir de estocada: pues lo uno y lo otro estará tan en vuestra mano, como en vuestra voluntad, y lo podréis hacer si el medio que eligiereis fuere tal, que el contrario no pueda retirarse con tanta prisa, que antes que salga con su intento hayáis conseguido el vuestro. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ247DE LA VERDADERA DESTREZA. Cuando desviare, herir recto de estocada. No guardar oportunidad en cualquier obra que se comienza, causa notable daño, cuyo remedio muchas veces es imposible alcanzar: y comenzarla el hombre con prudencia, además de salir con lo que pretende, queda con gran gusto de haber conseguido su intento con seguridad. Lo uno, y lo otro se hallará en esta demostración, y la pasada, pues una depende de otra, en que será muy provechoso comenzarlas con prudencia, y proseguirlas con cordura, para que el suceso sea bueno: digo pues, que si vuestro contrario, al tiempo que le formareis el revés, quisiere desviarlo, o abatir vuestra espada (que también es usado remedio), que conociendo el principio de su movimiento (llevando siempre, como hemos encarecido fuerza reservada, para la necesidad que se ofreciere), cuando quisiere hacer su desvío, que para él pondrá su espada en ángulo obtuso: por lo cual, la distancia que habrá de vuestro cuerpo al suyo, por la línea del diámetro, estará desocupada, y libre, por tener la punta de la espada alta, dejaréis de ofender con el revés que formareis, pues veréis el reparo hecho: porque si dieseis encima de su propia espada, además de no ofenderle con tanta libertad, os podría venir algún daño irremediable: y para excusarlo pasaréis desde punto C a punto F por debajo de su propia espada, que por tenerla tan alta, podréis sin peligro, llegando con el paso que diereis por la circunferencia de vuestra mano derecha, al propio paraje del medio proporcionado que elegisteis para el círculo entero, sin encorvar, ni doblar el brazo, sino siempre recto le heriréis de estocada, haciendo con la muñeca un medio círculo de esta forma (C), y cuando él quisiere volver desde donde quedare su espada a enderezarla para heriros en el pecho, habréis tenido lugar de herirle, y saliros a proporción: y si no, podréis ir continuando otras heridas, conforme a sus movimientos, que la experiencia y tiempo os irán manifestando. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA248CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Cuando desviare, formar tajo a la cabeza. Algunas veces es más fácil al Diestro hacer más de lo que hizo, que lo propio que hizo, como se verá en esta herida, pues ella, y la pasada se forman mediante un mismo movimiento, así de parte del contrario, como vuestra, pues ambas vienen a ser por causa del desvío que él hiciere a vuestra primera herida de círculo entero: y porque la vez pasada le heristeis de estocada: a la cual pudo advertir, y prevenir algún remedio, a su parecer, que baste, podréis a la segunda formar la propia herida de círculo entero, y en el punto que la forma, desviar con tanta velocidad como es un pensamiento: sin que sentéis los pies en este primer lugar, que señala punto C, daréis compás curvo a punto G formando un tajo, y ejecutándolo en la cabeza, saliendo cortando hasta proporción: porque si no se obviase con estas diligencias, tendríais peligro, así por pasar por camino más cerca de vuestro contrario, como el movimiento de la herida ser circular, y su viaje largo: que por esto se dice, que es hacer más en este punto que en el pasado: pero mediante hacerse al principio del movimiento contrario: y la desigualdad que hay de los compases, y la diferencia de líneas, como se ve en esta demostración, se podrá obrar con mucha gallardía, con mucho rigor, y sin ningún peligro, pues el Diestro jamás hará, ni ha de hacer cosa que de ella resulte. Pero, si por ser el movimiento tan largo, quisiere vuestro contrario ofenderos con estocada, en otras partes os he dicho, y aquí os aviso, que dejéis de dar en la cabeza, y sujetéis la espada, que desde allí podréis volver a formar el tajo, o estocada al pecho, con extremo de brazo, o con medio revés al rostro: pues habiéndole sujetado la espada, todo lo podréis. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ249DE LA VERDADERA DESTREZA. Si quisiere desviar, sujetar la espada y herir. Porque en una hora se puede perder, lo que en muchas con trabajo se gana, será bien, ni encomendarlo todo a la confianza de las muchas heridas que al contrario se le podrán hacer mediante sus movimientos, ni tampoco será justo darle libertad y señorío a que las haga por algún inconveniente y daño que podrán resultar, particularmente al que no estuviere tan instruido en los preceptos que convienen para el presto conocimiento de los movimientos que contra él se hicieren. Todo lo cual se podrá remediar haciendo lo que manifiesta esta demostración, que así mismo se deriva de la herida de círculo entero, llevando para ello voluntad determinada, e intento particular, precediendo este conocimiento, que la herida de círculo entero, que vais a formar, solo se puede impedir y desviar, apartando el contrario la espada a su lado derecho, por razón de ser por el lugar por donde ha de ser herido, y no por otra parte: y sabiendo esto, iréis con determinación, que si quisiere hacer el tal desvío, que para ello ha de a ver movimiento, y se ha de hacer en tiempo cuando el vuestro que hiciereis para la herida haya acabado: por lo cual os quedará lugar para hacer otro, antes de que acabe el suyo, y con una presteza extraña, pasaréis de punto C a punto H sujetándole su espada con movimiento natural, que vaya a parar al suelo, no dejándole salir con su intento, que es hacer el desvío. Y llegando a este punto, podréis herirle de revés, metiendo pie izquierdo: sujetándole la guarnición con la mano izquierda, podréis así mismo herirle de estocada, y de medio tajo, y de lo demás que quisiereis, pues la dificultad no está más que en llegar a sujetarle la espada, como se requiere para que sea sin peligro. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA250CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Cómo se deshace el círculo entero. Preguntándole a Aristipo, insigne Filósofo, qué era la ganancia que había ganado de cuanto había aprendido. Respondió: Que poder hablar fácil y libremente con todos los hombres: lo propio podrá responder el Diestro, pues la propia ganancia tiene de haber estudiado con diligencia y cuidado la Filosofía y Destreza verdadera de las armas, que es hablar con libertad, poder tomar la espada con todos los hombres, y hacer cualesquiera proposiciones, o tretas, y ejecutarlas en el contrario: y si contra él se hicieren las propias, tener libertad de defenderse con ofensa del que quisiere herirle, como se ve en la demostración presente, y las pasadas, en cuyos puntos y heridas se ha manifestado cómo podréis ofender a vuestro contrario, mediante los movimientos contrarios que hubiere, y en esta cómo le impediréis las mismas tretas, queriéndolas él formar contra vos: aunque para esto es menester particular conocimiento de los principios de los movimientos y de su naturaleza: y gozando de esto, cuando el contrario quisiere formar su herida, pasando desde punto B a punto C en el propio instante, daréis compás curvo por el lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda, desde donde dice: Pie, hasta donde está el círculo redondo que señala el cuerpo: de suerte, que cuando él llegue al lugar determinado para su herida, que es el propio en que está la espada, vos hayáis llegado adonde está dicho, hiriéndole en el propio lugar, sin ser menester hacer otro movimiento con el brazo, mas que tenerlo recto y andar, y así le heriréis en el propio lugar y con la propia herida que él quería heriros: que por la desigualdad que hay, así de compases como de línea (por ser contraria la recta a la circular) se podrá hacer, Carranza declaración, folio 2. que esto es lo propio que dice Jerónimo de Carranza: líneas paralelas son las que hacen ambas espadas para estocadas, por la circunferencia de los compases, Euclides, libro tercero. y las que Euclides dice, líneas rectas: paralelas son las que en un mismo llano y extendidas de ambas partes, en ninguna concurren: llamo concurrir, encontrarse LUIS PACHECO DE NARVÁEZ251DE LA VERDADERA DESTREZA. una línea con otra: y así esta herida es compuesta de paralelas, pues mediante la desigualdad, jamás concurrirán las líneas, ni los cuerpos: y procurando siempre esta, habrá la seguridad y certeza que hemos avisado. Si el contrario hiciere círculo entero, sujetar la espada y herir. No se debe tener duda, cuando con lo cierto conforma la experiencia: y pues hemos probado (y en esto no ha quedado duda) que toda herida se forma de movimientos, y estos y cada uno de ellos tiene flaqueza, hasta que de todo punto se acaba, podréis conservar esto en la memoria, y teniendo certeza de esta verdad, al punto que vuestro contrario quisiere hacer la herida de círculo entero, aprovechándoos de su principio de movimiento, y todo a un punto cuando él pase de punto B a punto C para herir, pasaréis desde donde dice, Pie, hasta donde está el círculo que señala el cuerpo, atajando la espada, y matando aquel movimiento que hiciere: que aquí será donde concurrirán las líneas, como dijimos en la declaración antes de esta, y la ofensa en el contrario será muy notable, pudiéndole ofender de revés, metiendo el pie izquierdo, cautivándole la guarnición, o hiriéndole de estocada, sin quitar vuestra espada de encima de la suya, antes siempre tenerla sujeta: y con solo volver la mano uñas abajo, se ejecutará, podréis así mismo herirle con medio tajo al rostro, sin la grandeza, de que gozaréis de tenerle su espada sujeta, y no ser señor de ella, y los movimientos que hiciere podérselos impedir y desbaratar, con tanta facilidad, y tan poca costa vuestra, y a tanta ofensa suya, si se hiciere con la ligereza que conviene. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA252CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si quisiere herir al principio, formar tajo. No hay cosa de mayor industria, ni más ingeniosa que el peligro, o necesidad, pues la una hace al cobarde atrevido y animoso, y la otra al ignorante parlero y elocuente: y no solo en los hombres se hallará esto, sino aun en los pájaros, pues es cierto, que la necesidad les hace muchas veces que imiten nuestra lengua: y esto con muchas más ventajas es en el hombre discreto, pues muchas veces se ve, que del propio peligro, con su ingenio, saber, e industria, saca nueva vida, a pesar del propio peligro: y pasando por sus umbrales, le hace guerra, y le vence, y sale a salvamento, como sucede en esta herida, aunque para haberse de formar, es menester estar muchas veces ejercitado en ella, así en el orden de hacerla, como en el conocer el principio del movimiento y la pasión (que es la fuerza y determinación con que se hace la herida) y la distancia que hubiere de un cuerpo a otro: y sabido todo junto, se haga con la prevención que conviene: y en este punto más que en otros es menester tantas diligencias, respecto que no ha de haber desigualdad de compases como en las demás, antes ha de ser saliéndole al encuentro, caminando por el propio lado de la circunferencia que él viniere caminando a herir: de esta suerte, que cuando comenzare a formar la herida de círculo entero, viniendo caminando desde punto B a punto C, y encaminare la espada a vuestro pecho por el lado derecho, pasaréis con gran presteza, desde donde dice: Pie, hasta donde está el círculo, o el cuerpo, recogiendo su espada encima de la vuestra, perfilando el cuerpo: y antes de que se acabe la acción de su movimiento, formaréis un tajo a la cabeza, saliéndoos cortando hasta proporción: y solo está el salir con buen suceso, hacerla con tanta presteza, que cuando el contrario quiera remediarse con hacer otro movimiento, ya el vuestro haya pasado con la ejecución y efecto. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ253DE LA VERDADERA DESTREZA. Si el contrario hiciere círculo entero, formar medio círculo. Cada uno conforme a su oficio (que es una inclinación que naturalmente nace en el hombre) a una cosa se inclina más que otra, y aquella hace mejor, con más gracia, viveza y artificio que las demás. Y porque en las demostraciones del círculo entero, dividido en cuatro partes, se manifestó con ejemplos fáciles y ciertos: y en otras partes se ha referido, que toda aquella herida que se formare de menor movimiento, llegará más presto, y su efecto se conseguirá más fácil, y también dijimos, que el medio círculo (que es la mitad del entero) es remedio ya conocido contra el que quisiere hacer la herida de círculo entero: y así mismo es natural en el hombre, desear su conservación, y buscarla a menos trabajo: por lo cual, me parece, que ora sea por lo uno, ora por lo otro, gustaréis de saberla, pues no solo para este propósito, pero para otras muchas ocasiones, os será de provecho, se pone en esta demostración, que es de no poca consideración: y para el hacerla, ha de ser con esta: que conocida la distancia que hay de un cuerpo a otro, para saber, si con pequeño, o largo movimiento podrá llegar el contrario, y de este movimiento conocer su principio: y cuando quisiere dar la herida, que como está dicho, ha de ser por encima del brazo derecho, habiendo de pasar primero por debajo de la espada y del brazo con el compás, desde punto B a punto C pasaréis desde donde dice: Pie, hasta donde está la espada y cuerpo: y sin encorvar el brazo, haréis un medio círculo, solo con la muñeca, de la propia forma de una C al revés (Ɔ), hiriéndole debajo del brazo derecho, dejando su espada tan remota y apartada, como lo señala esta demostración: y cuanto más largo fuere el compás que diereis por la circunferencia, quedará más apartada, y vos con más seguridad: y haciéndose con presteza, si entonces el contrario no acudiere a sujetar la espada, perfilando el cuerpo, y dando otro compás, como el que dio a punto C, sin ningún remedio será herido. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA254CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Herida compuesta de tres movimientos. Cuando el hombre está usado a comer buenos manjares, variar en otros más bajos le agrada algunas veces: lo mismo es en la Destreza, cuando el Diestro está acostumbrado a obrar cosas importantes, en las cuales se ha de poner más cuidado: variar, y bajarse a tratar algunas ordinarias y manuales, pues es cierto, que de cualquiera suerte que hiciere, le sucederá bien: y particularmente cuando tuviere la espada con hombre no científico, con quien se haya menester lo universal para su defensa. Carranza, folio 172. Y porque dice Jerónimo de Carranza, que las tretas compuestas con artificio, y confirmadas con larga experiencia, tienen admirables efectos, podríais, para divertir a vuestro contrario, obligarle a que hiciese algunos movimientos, de los cuales le resultase herida, haciendo esta composición, ora sea voluntariamente, con fin determinado de herirle por esta parte, o porque la disposición que en él viereis convenga: porque habrá hombre tan accidentalmente colérico, que para haber de salir sin peligro, sea menester diferirle algunos movimientos, hasta que el cuerpo esté dispuesto a recibir la herida: y esta se compone de tres movimientos, dos que se difieren, y el tercero con que llega el efecto. El primero es, violento mixto, cogiendo la espada, y apartándola por la parte de arriba. El segundo es, remiso y mixto, apartando la espada a un lado. Y el tercero es, accidental de estocada. Para el primero, elegiréis medio de proporción, punto A y dando un compás, no largo, por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, llegando a punto B cogiendo la espada, apartándola, según parece por esta demostración, que es la propia que obligar a línea en cruz, que solo difiere ser el compás menos que el otro, por causa de haber de preceder antes del efecto de la herida: otros dos movimientos, mediante los cuales iréis aumentando cantidad en vuestra espada, y ganando grados de perfil. Y los otros movimientos son los de adelante. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ255DE LA VERDADERA DESTREZA. Cuando saliere a herir, estrecharle. Es la presunción de los hombres de tan extrañas diferencias, que con dificultad se podrá saber, y en particular en las armas: porque unos presumen de dar bien una manotada: otros se precian de meter bien un brazal, sin que haya quien les llegue, otros en tirar tajos: y los que más adelante se hallan, dicen que en librar la espada que no la sujete el contrario, tienen particular gracia, y como el Diestro tienen tanto señorío, que lo que él quisiere se ha de hacer, no hay de qué inquietaros, porque cuando la quisiere librar, o herir, solo tiene tres partes por donde poder salir: y estas son tan conocidas, que no pueden faltar: la una es tajo, pero no tendrá efecto de herida, porque la distancia que habrá de su cuerpo al vuestro, será larga y no podrá alcanzar, y si diere compás, será para su daño: la otra es formando revés, a quien sucederá lo propio: la última es, tirar estocada, pues de cualquier movimiento que hiciere de estos dos, tajo o revés, aguardaréis al natural, y sujetándole la espada, y pasando a punto C la llevaréis estrechándole, como así mismo hemos avisado, y si no quisiere formar tiempo circular, sino estocada, conociendo el principio del movimiento, bajaréis naturalmente desde el ángulo obtuso donde le obligaréis naturalmente, conociendo su espada y apartándola, como lo señala esta demostración, con la prevención que muestra, de que exceda la vuestra en mayor fuerza que la contraria, así porque no lo sujete, como porque el cuerpo esté donde no alcance a ofenderos. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA256CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Aplicad fuerza en flaqueza recto. De ninguna parte que se les puede poner a los hombres la espada, les nace tanta codicia de herir, como en viéndola encima de la contraria: porque como con tantas versas procuran tentar, y en esta demostración hallan, sin pensar, aquello que con tantas diligencias buscan, como que han encontrado con alguna cosa de importancia, se regocijan y forman su estocada: y a los demás, aunque no traten de tentado, en viendo la espada en tal paraje, viendo que el cuerpo del que industriosamente lo puso así está descubierto, levantan la espada para herir en el rostro, o pecho, sin procurar medio conveniente para la tal herida, y a cualquiera de ellos, que habiéndoles estrechado (con la prevención que está encarecida) levantare la espada para heriros, conociendo su movimiento y tamaño de él, si fuere no más que levantar la espada, sin hacer movimiento de cuerpo y compás de pies, habréis de pasar de punto C a punto D hiriendo en los pechos, recogiendo la flaqueza de su espada en la fuerza de la vuestra: pero si fuere dando compás sin darlo vos, con solo estaros en punto C recogiendo su flaqueza en la fuerza de vuestra espada, le podréis herir: y no os obligo que con solo esta herida le ofendáis, pues hay tantas cuantas avisamos en la demostración del estrechar, que todas las que en ella se ejecutan, caminando por el lado de la circunferencia de mano derecha, las podéis aplicar, pues vienen a ser todas unas, y de cualquier pequeño punto de la Destreza, se puede venir y entrar en lo esencial de ella: pues según nuestro autor, la Destreza, considera qué tretas se han de seguir a otras: porque sabiendo el orden el Diestro, sale a la luz siempre con su pretensión, y así en el obrarlas como en el componerlas, se manifiesta el Ingenio del autor, y en hacerlas con buen modo, gran viveza y gallardía: de lo propio gozaréis haciéndolas en el punto que señalan las demostraciones. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ257DE LA VERDADERA DESTREZA. Acometimiento perfecto al rostro, para herir con medio círculo. Carranza, folio 16. Entre los movimientos que consiguen la herida en la Destreza, según Carranza, uno es el acometimiento: porque de él se convierte en tajo, en revés y en estocada: y aunque él por sí no es herida, ni jamás hiere, como dice muy bien nuestro autor, es como el cero en la Aritmética, que no siendo él por sí nada ni valiendo nada, da valor al número que se le llega: Carranza, folio 182. y porque el más perfecto acometimiento es al rostro: el cual todo hombre con sumo cuidado guarda más que otra parte alguna, como cada día se ve por experiencia, podréis, habiendo elegido medio de proporción, en punto A por la línea del diámetro, hacer acometimiento al rostro, apretando fuerza en flaqueza con medio compás, a punto B, el cual ha de ser perfecto: porque herida perfecta, nace de acometimiento perfecto: porque si fuese tibio y con poco brío, ni él pondría cuidado en ampararse, ni os pondríais en parte que le pudieseis herir, ni dejaríais de ser ofendido: de suerte, que este acometimiento ha de ser del propio tamaño que si hubiera de ser herida, en cuanto a la determinación y el ánimo de arremeter; pero no en cuanto al compás, porque este no ha de exceder de lo que significa esta demostración: que por eso se dice, Acometimiento. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA258CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Y aunque aquí podrían reargüir, diciendo: que este acometimiento y el que ellos hacen, ¿que en qué se difieren, pues parece todo uno? A lo cual se les podría responder, que en el todo de la defensa: porque el acometimiento que ellos hacen de ordinario, es hecho sin consideración, sin entender las distancias, y si al fin del acometimiento que ellos hacen de ordinario, es hecho sin consideración, sin entender las distancias, y si al fin del acometimiento están cerco o lejos de la espada contraria: pero el nuestro va guiado, mediante el contacto de las espadas, para tener certeza del movimiento que hiciere el contrario, pues no está en nuestra mano el quitarle la potencia de hacerlos: pero está el impedir y desbaratar los que hiciere: y estos no pueden venir a noticia del Diestro: si el tacto, como sentido certísimo, no estuviere de por medio: porque como el acometimiento consta de movimiento accidental, y aún casi de violento, y el movimiento natural, es mucho más noble, más breve y menos conocido, es muy necesario que haya tacto, porque no habiéndolo, podría, mientras se formare el acometimiento al rostro, dejando libre la espada, herir con movimiento natural en el pecho, o barriga, por las ventajas que lleva el movimiento natural al violento o accidental, como en su lugar se pone: y según los movimientos que hiciere los iréis aplicando. En haciendo desvío en alto, herir con medio círculo. No hay cosa por chica que sea, en quien no que parte y razón, ni hay cosa por grande que se pueda imaginar, que no sea guiada por estas dos, que tengan buen fin, y por eso es justo proceder científicamente, y con mucha consideración: y para este punto la tendréis en esto: que si habiendo hecho el acometimiento perfecto al rostro, con temor de la ofensa en él, desatinadamente levantare su espada en alto, que es el más común remedio de que usan, sin procurar más en aquel instante, que defender la herida, sin advertir lo que dice nuestro autor: Carranza, declaración, folio 3. que el reparo perfecto, ha de nacer de la propia herida, y ha de ser de la misma especie (como así mismo se dirá en su lugar) y la mayor grandeza, que a su parecer hacen, es quitar la herida: y como lo hacen con quien no sabe el lugar donde queda la espada después de haber errado su herida, ni entiende cuales movimientos son los que sacan a la espada del lugar peligroso que tuviere para entrar en orden, ni tiene noticia de qué tretas se han de seguir a otras, ni si del movimiento accidental, o violento se engendra LUIS PACHECO DE NARVÁEZ259DE LA VERDADERA DESTREZA. el natural, ni si del movimiento natural del contrario, se puede formar el circular con que ofenderle, sino solo su intento es dar aquella herida, y quitada, o impedida, se vuelve a salir a fuera confuso, diciendo que no la acertó: que vota a tal que si lo encuentra, le lleva los dientes, y el otro ufano de haber hecho el reparo: pero con vos al contrario le ha de suceder, porque cuando quiera hacer el desvío, alcanzo la espada, considerando, que queda remota, y él con aquella turbación, en el propio principio, pasaréis desde punto B a punto C y daréis una herida de medio círculo, haciendo el movimiento solo con la muñeca, sin encorvar el brazo: de la propia forma que una C al revés (Ɔ), como lo manifiesta la que está pegada al círculo que señala el cuerpo, y la herida se ha de dar debajo del brazo, saliéndose luego a proporción: que lo podréis hacer antes de que él pueda herir, por haber quedado su espada muy remota. Si quitó la primera, metiendo el pie izquierdo, herir con un revés, cautivando la guarnición contraria. Lo que es necesario saberse siempre, no es demasía hablarlo siempre: y aunque en otras partes hemos avisado el orden que lleva el revés: supuesto que todos los reveses son unos, y todos los tajos unos, y todas las estocadas unas, se van difiriendo y diferenciando, no en cuanto ser revés, o tajo, sino en cuanto los movimientos del contrario, y las proposiciones que contra él se van obrando: porque estos cuatro movimientos que hemos dicho que consiguen la herida, son en la Destreza, como las cinco letras vocales en el hablar y escribir, que no se puede hacer sílaba, ni componer parte, ni hacer oración sin que alguna de ellas asista: y así en la Destreza no se puede hacer herida, sin que alguno de los cuatro movimientos, haga la pronunciación del efecto: y así será necesario irlos siempre manifestando, sin que se dé nombre de prolijidad, y en este punto, si vuestro contrario impidiere la herida de medio círculo que formareis, abatiendo vuestra espada, que es lo que naturalmente hacen todos los hombres, y aún hasta los niños: porque la naturaleza les enseña este remedio para su conservación y defensa, advierto lo que en otras partes os he dicho, que al abatir la espada del contrario, hace con la suya movimiento remiso, y la quita de delante de vuestro cuerpo, con que os dará lugar a que podáis entrar sin peligro, llevándola y apartándola hacia su lado izquierdo, dejando todo el derecho sin la defensa que antes tenía, cuando estaba en ángulo recto, con que os da lugar a que podáis entrar sin peligro, y pasando desde LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA260CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS punto C hasta punto D metiendo el pie izquierdo, perfilando el cuerpo, formaréis un revés a la cabeza, cautivando la guarnición de su espada con vuestra mano izquierda, así para vuestra seguridad, como para que por causa del reparo que pudiera hacer, no se impida la ejecución: y esto ha de obrar todo junto y con mucha brevedad. Si quitó el medio círculo, acabar con entero. Así como del fin del revés se forma el tajo, y del fin del tajo el revés, y del fin de la estocada, revés y tajo: así del medio círculo se forma círculo entero, y de este se forma el medio círculo, y del principio de este, se forma el cuarto círculo, y luego del cuarto círculo a su principio, se vuelve a formar medio círculo y círculo entero: porque es semejante al que anda en un círculo redondo, que anda y desanda por él lo que quiere, sin que jamás le falte que andar: porque cuando llega al fin está en el principio, y está también junto con el fin porque (como en otra parte se ha dicho) el círculo junta el principio con el fin, pues si vuestro contrario os impidiere la herida de medio círculo, abatiendo vuestra espada, teniendo conocimiento del principio del tal movimiento: y considerad que estos movimientos son semejantes a los cangilones de la noria con que saca el agua: que cuando uno viene subiendo, otro va bajando, y cuando este que baja comienza a subir, el que subía comienza a bajar: pues al principio que subió su espada en alto, bajó la vuestra, hiriéndole en el propio punto que bajare a defenderse, impidiendo la herida: vuestro movimiento sea al contrario, subiendo arriba a ofender, pasando desde punto C a punto E dando la herida por círculo entero, sin permitir que su espada encuentre la vuestra: porque además de impedir la herida que hemos referido, no saldréis sin algún daño: y así, mientras con más velocidad, la buscare, con más diligencia habéis de hacer los movimientos: y si esta herida quisiere quitar, en la demostración de círculo entero avisamos lo que se ha de hacer, y para esta basta. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ261DE LA VERDADERA DESTREZA. Si al principio del acometimiento quisiere herir con movimiento natural, sujetarle la espada. Mejor es hacer una cosa notable, que muchas menores: y porque del acometimiento que hiciereis, podrá vuestro contrario al principio del movimiento violento vuestro, querer herir con movimiento natural en los pechos, o barriga, que forzosamente le ha de ser superior, aunque en tal caso no quedaría libre de vuestra espada, sino con mucha ofensa, por lo que queda probado del alcanzar más el que se pusiere en ángulo recto, que en otro cualquiera, pero no será ventaja herir y salir herido: y aunque hay otros muchos modos para ofenderle, ninguno será remedio más eficaz para herirle sin peligro, como el que manifiesta esta demostración: pero no se podría hacer, sino contacto de líneas, como atrás queda referido, ni sabríais cuándo se comienza el movimiento natural, por ser tan breve, y hecho por parte que los rayos visuales, son impedidos por el brazo y espada: por lo cual la vista no goza de su libertad: y aunque, como dice nuestro autor, es el sentido más importante, es así: cuando libremente le dejan determinar: pero si hay alguna interposición, el tacto es el que suple la falta que de ella resulta, cuya importancia avisaremos en su lugar, cuando tratemos solo de lo universal. Y en lo que toca a este punto, digo: que si haciendo el acometimiento en la manera que se ha referido, el contrario quisiere, dejando caer la espada, herir de estocada, o encorvar el brazo para darla de puño, por virtud del tacto lo conoceréis, y conocido, antes (si pudiere ser) que asentéis el pie en punto B, pasaréis a punto F poniendo vuestra espada sobre la suya, impidiendo la herida, quedando con libertad de herirle con el género de herida que quisiereis. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA262CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Cómo se deshace el medio círculo. Verdaderamente más merece en la guerra el que a más peligro se pone, y la victoria es más estimada: porque el que vence sin peligro, vence sin honra: no quiero decir, que salga con daño pero que donde hallare más resistencia, salga triunfando, porque la gloria del vencimiento, y la que se le da al vencedor, nace del valor que tiene el vencido: y así defenderos vos de un contrario, que tenga cólera, Ánimo y brío, u ofender al que le faltare esto: lo uno es felicidad, y lo otro infamia y poquedad, y ejecutar en uno un tajo, revés, o estocada, que por su parte no tiene defensa, no es de consideración, ni en ello se manifestarán las obras de la Destreza, pero si el que fuere Diestro, cogiéndole los principios de sus movimientos, de ellos formaréis heridas, sin que él consiga su intento, ni hay más que pedir ni más que desear, ni aún más que saber: y para que esto os suceda en este punto de medio círculo, habéis de advertir, que en la demostración que pusimos al principio de este libro, cuyo título es: llave y gobierno de la Destreza, avisamos la prevención que se ha de tener en el dar los compases por la circunferencia al principio de que el contrario quisiere darlo, para que la desigualdad de cuerpos y líneas, produzcan herida, y el Diestro la ejecute sin peligro, de esta manera: que si vuestro contrario desde donde eligió medio para dar la herida, que fue en punto B, quisiere con compás curvo, hasta punto C, al propio punto pasaréis desde donde dice: Pie, hasta donde está el círculo y espada, ofendiéndole con estocada debajo del brazo derecho: y esto ha de ser a un propio punto, y que los movimientos de pies, vuestro y suyo, se vengan a acabar a la par: que por virtud de ser por la circunferencia, vendrá a quedar tan remota su espada, que no os podrá ofender: y esto se ha de hacer sin encorvar el brazo, no hacer movimiento con él, sino solo llevarlo recto, y encaminar la espada donde está dicho, con sola la muñeca y suplimiento de compás. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ263DE LA VERDADERA DESTREZA. Cuando fuere a herir con medio círculo, que es el arco, herir recto, que es la cuerda. Bien me pudiera reservar del trabajo que pondré en declarar esta demostración, pues en la que se hizo al principio del arco, y la cuerda quedó bien declarada, con manifestación del tamaño de un movimiento y del otro, y el más largo camino que se anda, haciendo movimiento circular, que haciendo el recto, y cuál llegará primero al efecto de la ejecución, estando en conveniente medio para la herida: pero por la diferencia que hay en ser la primera en teórica, y esta en práctica, convendrá avisaros el orden de la ejecución, la cual ha de ser en esta forma: que cuando vuestro contrario os quiera herir con medio círculo, habiendo precedido el acometimiento, o sin él, sabiendo ya la importancia que es conocer el principio del movimiento, lo procuraréis con mucha diligencia: y cuando desde punto B diere compás curvo a punto C, hiriendo con medio círculo, a quien llamamos arco, que se ha de ejecutar, según su intento, debajo del brazo derecho: con lo cual baja desde el ángulo recto, y participa del ángulo agudo, que conocidamente alcanza menos que el recto, pasaréis con presteza desde donde dice: Pie, hasta donde está el círculo, sin hacer movimiento con el brazo, ni espada, sino solo enderezarla a lo más alto del pecho, Carranza, folio 43. que esta es de las heridas que dice Jerónimo de Carranza, que en las heridas rectas se ayuda la espada de los movimientos del cuerpo: los cuales suplen los que deja de hacer el brazo, y con ellos sin tomar a cargo más que herir, todo lo demás que se requiere para ser la herida sin peligro encomienda al cuerpo, para que con su movimiento se ponga en parte que ella pueda herir, y él quedar sin herida, ni peligro de ella: y para que esta llegue a efecto, sin que tenga algún impedimento, habéis de encaminar la espada por entre el hombro derecho, y el cuello: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA264CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Nota. porque si fuese por encima de la espada contraria hay que impedirla, no se iría sin herida: porque cuando esta quitase, levantando la espada con el propio medio círculo se le podría herir: pero por donde advertimos, es lo mejor y más seguro, y mientras más pegada al cuello, más: pero para hacerla, es menester que sea el compás todo lo largo que se pudiere. Si el contrario hiciere acometimiento, formar revés, metiendo pie izquierdo. Es cosa probada por larga experiencia, que manteniéndose de un propio nutrimento y flores la araña y la abeja, la una lo convierte en amarguísima y pestilencial ponzoña: y la otra, en suavísima y dulce miel. El símil de lo propuesto es muy al natural a nuestro intento: porque la ponzoñosa araña, es el que trata de la Destreza falsa, sin ningún fundamento científico, que por no obrarla con Entendimiento, ingenio y prudencia, el fruto que viene a sacar, es amarguísimo: y al que le gusta, le cuesta la vida, que aunque es verdad que le nombran Destreza, Plinio. es semejante a lo que dice Plinio, que hay una provincia donde la miel mata, porque se hace de flores ponzoñosas: así la destreza falsa, aunque se nombra Destreza, mata: porque es compuesta de partes y fundamentos falsos. La abeja, que en dulce y medicinal miel convierte lo que saca de la flor, es el Diestro de verdadera destreza, pues ninguno cosa hace en ella que no sea provecho y defensa de su persona, y de los demás que lo imitaren: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ265DE LA VERDADERA DESTREZA. Aristóteles. porque, según dice Aristóteles, toda obra es mejor que por mejor modo se hace: y ser cierto lo que hemos dicho, con bastante prueba se verá en esta demostración, donde demos por hecho un epílogo de todos los puntos que se han manifestado sobre el acometimiento: y veremos, como a cualquier movimiento que el contrario pueda hacer, se tiene prevenido, y dado remedio para hacerle, sin que en ninguna parte consiga su intento: y de todos ellos sale victoriosa la Destreza verdadera. Vengamos ahora, a que el contrario quiera hacer el propio acometimiento, y hallaremos, que lo convierte en ponzoñoso licor del peligro: y donde el uno saca defensa, él sacará daño y muerte, como se verá obrándolo de esta manera, cuando el contrario hiciere el acometimiento, pasando desde punto A a punto B gozaréis del principio de su movimiento: y pasando con presteza, en aquel tiempo que la espada contraria sube del ángulo recto al casi obtuso, haciendo el acometimiento desde donde dice: Pie, hasta donde está la espada y cuerpo, metiendo el pie izquierdo, perfilando el cuerpo, y sujetándole la guarnición, con la mano izquierda formaréis un revés a la cabeza, teniendo así mismo libertad de darle estocada, pues hasta llegar allí es alguna dificultad, que el dar la herida, o heridas, es cosa fácil. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA266CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si al revés hiciere reparo o desvío, herirle de tajo. Advertid, que esta demostración sigue a punto D, folio 173. Solo se puede decir, que sabe mucho aquel que sabe lo que basta para vencer, y esto no se puede conseguir, ni tal nombre se le podría dar, si le faltase el conocimiento de los movimientos y heridas que van sucediendo unas a otras, haciendo un encadenamiento de todas ellas, para que si tuviere de cualquiera que formare fin imperfecto, Carranza, folio 163. que, según Carranza, es cuando la espada del contrario se pone delante, para impedir y estorbar que la herida no llegue al fin perfecto, que es el efecto, sepa en aquel propio punto formar nueva treta, conforme al ángulo y perfil en que se hallare: que en esto es donde hay la mayor dificultad, si no la llevase el Diestro prevenida, según la especie de herida que hubiere acabado y la proporción en que estuviere: porque la ligadura de las heridas, ha de ser como la de las letras en el escribir o hablar, pues se ve cunado se va escribiendo, no hacerse cada una de por sí, sino muchas juntas: y en el hablar uno que es buen retórico, con elegancia y sin pasarse un punto hace una larga oración: lo propio ha menester hacer el Diestro en las tretas, que sin cesar ha de ir entrando de una en otra hasta que consiga su intento, y si al formar el revés, vuestro contrario lo impidiere, sabed que dice Carranza: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ267DE LA VERDADERA DESTREZA. Carranza, folio 2 Declaración. que las tretas que se convierten, son aquellas que acaban en tajo, habiendo comenzado en revés, o comenzando en tajo, acaban en revés: y que son universales: y pues lo son, aprovechaos de ellas, y de esta en este punto: que si habiéndole querido herir de revés, llegando a punto D (que es su lugar, cuando se mete pie izquierdo) hiciere algún reparo o desvío, impidiéndolo en aquel tiempo que quitare su espada entre los dos cuerpos, pasaréis por debajo de ella desde punto D a punto G hiriéndole con un tajo, poniendo el cuerpo de tal suerte, que estando en proporción quede tan perfilado, que venga a quedar vuestro lado derecho enfrente del suyo izquierdo: con lo cual quedará su espada tan remota, que aunque haga un muy largo movimiento, ni podrá remediar la herida ni alcanzar a ofenderos: y si alguna dificultad os pareciere que hay en pasar por debajo de la línea del contrario, advertid: que cuando hiciere el reparo o desvío, ha de subir al ángulo obtuso, y aquel movimiento no es para herir; sino para reparar o desviar: y como haya de ser el pasar en un punto, no puede subir violenta la espada en alto, hacer el reparo o desvío, y bajar a herir antes de que vos hayáis conseguido vuestro intento. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA268CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si el contrario hiciere acometimiento, aplicar fuerza en flaqueza. Todo aquello que muchas veces se hace, pierde su gracia por ser la inclinación del hombre inclinada a cosas nuevas, y es cierto: porque lo que vemos y oímos de ordinario, nunca de nuevo nos regocijamos: y ora sea por esto, o que vuestro contrario, industriosamente quiera hacer el acometimiento, entendiendo que le habéis de formar el propio revés pasado, para heriros por alguna parte que tendrá imaginada, será bien diferenciar en el género de la herida, para que nunca tenga en lo que hiciere acierto: y sus pensamientos y prevenidos remedios sean sin provecho, aunque para salir con este remedio, verdaderamente conviene grandísima prontitud en el conocimiento del principio del movimiento más que en otras, aunque se haya encarecido como aquí: porque como no ha de haber desigualdad de líneas ni de cuerpos, sino del propio movimiento, antes de que se acabe, ha de nacer la herida, conviene que se conozca el principio suyo: y cuando hiciere el acometimiento, que como está dicho y lo manifiesta esta demostración, ha de ser por la línea del diámetro, hasta llegar a punto B pasaréis desde donde dice: Pie, hasta donde está la espada, aplicando la fuerza de vuestra espada en la flaqueza de la contraria: pero ha de ser antes de que el movimiento se acabe, porque en este tiempo tendrá flaqueza, y si una vez acabada la acción de la fuerza que él pusiere en el acometimiento, hicieseis movimiento para herirle, se podría aprovechar del principio de él, y haría en vos lo que querías hacer en él: y si al hacer el acometimiento, el compás de pies fuese más largo del que señala, como cosa que está en su voluntad, será menester que conozcáis el tamaño del tal movimiento, y entonces no haréis vos ninguno con los pies, sino solamente aprovechándoos de su principio, aplicando la fuerza en la flaqueza, hiriendo en los pechos, apartando un poco las dos espadas a vuestro lado izquierdo, para que la vista quede libre para lo demás que el contrario determinare, y sepáis qué a qué parte os habéis de poner para libraros. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ269DE LA VERDADERA DESTREZA. Si el contrario hiciere acometimiento, sujetarle la espada. No va mucha, ni es de mucha consideración saber uno muchas tretas: pero va mucho, y será de mucho provecho que sean buenas, y sobre todo usar de ellas bien en tiempo y sazón conveniente, pues resultará ofensa al enemigo, y defensa del Diestro y vuestra, que es lo que con cuidado voy procurando: y estas dos cosas juntas, hallaréis en esta demostración: lo cual podréis hacer al principio, o al medio de sus movimientos, como remedio tan eficaz para salir sin peligro de la batalla: porque de esta grandeza, preeminencia y señorío goza el Diestro y no otro: y así mismo, estar en su mano y voluntad herir a su contrario con poco trabajo, impidiendo cualquier herida, así por la disposición del contrario, de ser colérico arremetedor, o por lo que en muchas partes hemos dicho, que es no dar lugar al contrario, a que ningún remedio que prevenga, lo sea para su defensa: y para esto, advertiréis al principio del acometimiento, y aunque sea herida por los filos, que se dice vulgarmente, que así mismo se compone por un propio orden que el acometimiento: y conociendo así mismo el tamaño de movimiento, si fuere con compás largo o breve, para conforme a él dar vos el vuestro, y pasando desde donde dice: Pie, hasta donde está la espada y cuerpo, pondréis vuestra espada sobre la suya: de suerte que en fuerza sea superior: con lo cual su acometimiento quedará desbaratado, vos si peligro, y él con ofensa: porque aunque él quiera salirse retirando, no podrá tan libremente sin llevar de camino una estocada en los pechos, o un tajo en la cabeza, o un medio revés en el rostro, saliendo cortando hasta proporción para quedar sin peligro, y haciendo el impedimento dicho, al principio del movimiento, con la presteza que se requiere antes de que se acabe la acción de la fuerza que aplicare en él, estará desbaratado y herido. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA270CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Herida por la cuarta parte del círculo. Del argumento de las declaraciones pasadas, queda pendiente esta proposición: así por ser la cuarta parte del círculo ya declarado, como por ser la que al medio círculo (con la mitad de camino menos) lo vence, y le es superior: pero habéis de entender, que todo aquello que por arte se aprende, no es firme si no se fortifica con grande ejercicio y suma diligencia, y todo esto para este punto es de grande importancia: porque mientras más delicadeza tiene una obra, más artificio requiere para obrarla: y como esta tenga tanta y tantas calidades, es necesario todo lo dicho para obrarla con perfección: porque todas las demás heridas que el Diestro obra, va poniendo el cuerpo (mediante los compases) en el perfil, que conviene, gozando del lado de la circunferencia, que más conviene al género de herida que va obrando: pero en esta, ni el cuerpo goza de la libertad de los compases, ni sale casi nada de la línea del diámetro: pero aunque no salga, es tanta la libertad del diestro, cuando va acompañado de uso, Memoria, y Ánimo (que es lo que acrecienta osadía) que jamás deja salir sin peligro, aun de los casos que tienen muchísimo: y, como en otras partes hemos dicho, por la línea del diámetro, no hay ningunas proposiciones, porque habéis de advertir, que las que por cerca de ella se obran, son con grandísimo rigor, y esta más que ninguna y más libre que todas las demás: porque en el que se ejecuta no la ve: así por tener la vista impedida con el brazo, como por ser el efecto debajo de él, y parte por donde jamás se entendió que pudiera haber herida, obrase con libertad, por estar en aquel tiempo la espada del contrario sujeta: se hace con libertad y brevedad, por ir la espada pegada al brazo: y finalmente ella es una herida obrada en secreto y sentida en público: Digo secreto, porque todas las demás, cuando son tajos y reveses, sus movimientos sin dificultad son percibidos: las estocadas al pecho y rostro lo propio: pero esta, que con solo un movimiento pequeño de pies, sin levantar el brazo ni despegar una espada de otra: cuando un hombre está más descuidado la ejecución le avisa del daño que ha recibido: y el medio para obrarla, y el movimiento que se ha de hacer, es el que señala la demostración: solo habéis de advertir, que la fuerza de vuestra espada sujeta la suya, y la punta está hiriendo por debajo de su guarnición y brazo. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ271DE LA VERDADERA DESTREZA. Si el contrario quisiere herir por cuarto círculo, sujetarle la espada. Todo se le hace fácil al que, con orden, razón, arte, o ciencia obra: y del tal solamente se puede esperar buen suceso y victoria de cualquier batalla, pues no serán bastantes todos los ardides ni estratagemas de guerra que considerarse puedan para vencerle: y cuando le quisieren imitar con ánimo de ofenderle por el propio modo que él ha tenido, menos podrán prevalecer contra él, ni salir con su intento, pues del seno abundantísimo de la ciencia, sacará remedios eficacísimos para salir sin peligro, dejando en las manos de él a su contrario: esto propio podéis entender (y yo de mi parte entiendo de vos), pues con lo trabajado hasta este punto estaréis dispuesto para vencer a vuestro contrario, aunque quiera ofenderos con la herida, o heridas con que antes le hubiereis herido: y esta de la cuarta parte del círculo, muy justamente la hemos loado por herida rigurosa, libre y secreta, así por las partes de que se compone, como por la que se hiciere en el contrario, y si el vuestro, viendo su brevedad y artificio, trabajare por entender el método y razón de que se compone, y entendido (porque con afición se puede y es justo trabajar por saber) quisiere ejecutarla en vos, habéis de procurar conocer el principio del movimiento (como siempre avisamos): y cuando lleve su espada por encima de la flaqueza de la vuestra, y quiera herir por debajo de vuestro brazo y guarnición de espada, considerad que le ha de ser dificultoso el pasar a dar la herida, por ser la una fuerza, y la otra flaqueza, y cuando vaya con determinación de ejecutarla, pasaréis desde donde dice: Pie, hasta donde está el cuerpo y espada, dando el compás no muy largo por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, sujetando su espada, como lo manifiesta la demostración: pero ha de ser con grandísima presteza: y para esto no habrá mucha dificultad, pues con solo pasar el cuerpo, de donde avisamos, siendo al principio del movimiento, hallaréis vuestra espada sobre la suya: y de allí tendréis libertad, antes de que acabe la acción del movimiento, y la fuerza que aplicare a él, en el punto que saliere la espada de entre los dos cuerpos, y tengáis perfilado el vuestro, por la propia línea del diámetro, correrle una herida de estocada a los pechos, sin levantar vuestra espada de encima de la suya, y con el brazo hacer un poco de extremo uñas arriba, por causa de no poder herir desde proporción, y ser esta herida que se corre por encima de los filos, apretando fuerza en flaqueza: y también podréis después de tenerle sujeta la espada, herirle con el propio cuarto círculo que él quería. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA272CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Obligar al contrario, poniendo la flaqueza de la espada debajo de la fuerza de la suya. No se hallará nada de nuevo, si con lo hallado nos contentáramos, ni hubiera que agradecer a nuestro estudio y trabajo (que son los que en todas las obras pueden mucho), si solo siguiéramos el estilo y lenguaje ordinario: y pues nuestro autor nos da licencia, que, en lo que toca a particulares, pueda cada uno inventar conforme tuviere el Ingenio y Entendimiento, bien nos podremos valer de ella con una prudente limitación, que nos la da por precepto, que no se haga cosa en Destreza, sin entender la causa, y que se pueda dar bastante prueba de esto, para que en la necesidad y peligro no falte: Carranza, folio 42. y para darla en esta demostración, buen argumento será en lo que así mismo nos dice, que en la Destreza la línea que tiene menos camino de movimiento que andar, llegará primero al punto determinado por el movedor que la que tiene más. Y si el Diestro está obligado en las proposiciones que formare a poner su espada en lugar tan cómodo, que desde allí al cuerpo haya poco camino que andar, para que la ejecución sea tan cierta, que casi no se pueda remediar, y tan breve, que no se pueda comprender: lo propio se hallará en esta demostración. Y si también nos avisa, que no se haga ninguna cosa que de ella, y su certeza no se tenga larga experiencia, tampoco este requisito nos falta: porque diciendo verdad, se tiene tanta y tan cierta de su libertad y efecto, que los que la han visto muchas veces, y recibido su efecto riguroso, no lo han podido remediar, aunque con mucho cuidado y gran diligencia lo ha procurado: Por tres causas es casi irremediable esta herida. Por tres causas. La primera, por ser el medio proporcionado, que para la tal herida se elige, tan puntual y tan libre, que desde el punto, o punta de la espada hasta el cuerpo contrario, hay tan breve camino, que si quisiese salir a fuera, dando algún LUIS PACHECO DE NARVÁEZ273DE LA VERDADERA DESTREZA. compás, atrás, con el pie izquierdo, o derecho (como muchas veces usan) no tendría libertad para ello, sin llevar la ejecución del efecto consigo: y si quisiereis entrar a herir, ora fuese con el pie izquierdo, o derecho, hallaría luego la espada en los pechos que lo detenga. Si formase tajo, o revés, está tan cerca la espada de sucuerpo, que antes de que acabe el movimiento remiso y comience el violento, estará herido, por la poca distanciaque hay hasta el pecho. La segunda. Por tener el cuerpo tan perfilado y entero, y en lugar tan puntual, que sin serle forzoso al Diestro hacer otro movimiento de pies, sino solo con la mano un medio círculo (cuya brevedad avisamos en la demostración de los tres círculos que hace el brazo) podrá ofender a su contrario: que esto es lo que muchas veces ha puesto admiración, viendo ejecutarla con tanta presteza, y sin mover el cuerpo, que cuando quieren impedirla, es ya la ejecución pasada. La última, es, estar la espada contraria tan remota, mediante el movimiento y compás que para formarla se da, que pudiendo la del Diestro ofenderle con mucho rigor, como está dicho, a ella le sea imposible llegar, si no fuere con un muy largo movimiento, y haciendo este, su peligro está cierto. Finalmente, si el Diestro (con la disposición del cuerpo contrario) formare esta proposición tan puntual como parece, sin ninguna duda le herirá: porque poner la flaqueza de la espada debajo de la fuerza de la contraria, es un modo de engañar discreto, es el cebo y secreto anzuelo que suele el astuto pescador arrojar al agua, cuya golosina cuesta la vida al primer pez que la degusta: y en cierta forma parece desatino, que teniendo uno su espada libre, la lleve (al parecer de los que sin saberla quisieren juzgar esta treta) a poner en parte donde la tengan sujeta y cautiva, dando el señorío de ella a su contrario: y bien me parece, que los que tratan la Destreza ordinaria, no harán tal, porque de lo que ellos más se guardan, y con mayor cuidado procuran, es no dejar ganar su espada, sino siempre gozar de libertad, pero no hemos de vivir conforme al vulgo: y para acertar en todo, hemos de hacer lo contrario de lo que ellos hacen, y tener aquello por bueno que ellos reprueban por malo. En esta proposición tenéis dos géneros de heridas con que herir a vuestro contrario al principio del movimiento, y una si no hiciere ninguno: y el contrario tiene pocos caminos por donde ir a ofender, por tenérselos impedidos: porque si no es estocada de puño por encima de la espada, que comúnmente se llama, por los filos, no tiene otro más libre: y este es tan peligroso, como en su lugar se manifestará, pero de uno en otro movimiento se va enredando, hasta entrar en lo universal: y el orden con que se compone es este. Habiendo elegido medio de proporción en punto A, daréis un compás curvo por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, hasta punto B y el brazo recto, sin doblarlo, sino con solo la muñeca, todo a un tiempo cuerpo y brazo, haciendo con la muñeca un medio círculo, o una C al revés (Ɔ), y pondréis la punta de vuestra espada debajo de la guarnición contraria, solamente dos dedos, como lo señala la demostración: pero habéis de advertir, que el compás que diereis, ha de ser tan medido, tan puntual, y en tal distancia, que sin ser forzoso hacer otro movimiento de nuevo (porque tendréis peligro) le podáis herir, y él a vos sea imposible, mediante el perfil del cuerpo que tuviereis: y conforme los movimientos que hiciere, así iréis obrando, como lo manifestaremos adelante. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA274CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si no hiciere movimiento, herirle recto. Es ordinario en el hombre tener admiración, o espanto de aquello que pocas veces oye o ve, porque lo muy usado a nadie la da: y aplicando esto a nuestro propósito, se verá, que estar dos ejercitando las armas, o peleando, y tirar tajos y reveses y estocadas, es tan común, que aún en los niños, que no tienen capacidad para saber lo que hacen, es lo mismo: y procurar cada uno librar su espada, y que el contrario no se la sujete, no hay ninguno que no lo procure, pero que llegue uno, y voluntariamente ponga la suya debajo de la contraria, y no por ahí donde quiera, sino la mayor flaqueza en la mayor fuerza: a quien no admirará, y hará titubear, y estar neutral e indeterminable, porque parte arremeterá a ofender, como lo han estado muchos, Lo que le sucedió a un Diestro, habiéndosele obligado a esta proposición. y en particular un diestro, no de los de por ahí luego, que teniéndole obligado, como aparece en esta demostración, se estuvo quedo por un gran rato, mirando a una parte y a otra, y al cabo de él se retiró a fuera: diciendo, que no conocía tal lenguaje: y siendo persuadido por los presentes, que hiriese por alguna parte, al cabo de haber intentado hacer algunas tretas, y al principio de ellas se le hiriese, echando un arrogante y soberbio voto a tal se retiró a fuera, diciendo, que le hablasen en lenguaje Castellano, y que le hiciesen lo que él sabía: porque no entendía aquello, ni sabía si entrar, o salir, o estarse quedo: porque en todo hallaba peligro, como le sucederá con vos a vuestro contrario, si teniéndole obligado en el propio punto, no hiciere movimiento, pues sin hacer vos ninguno, porque no lo habréis menester, pues sede punto B que le obligaréis, le podréis alcanzar a herir, sin que pueda ofenderos, con solo librar vuestra espada, sin encorvar el brazo, encaminando la espada al pecho, que por el breve camino que tiene que andar, y por la presteza con que se ha de hacer, no solo no se podrá remediar, pero aun comprender el movimiento, hasta que el efecto de la herida le manifieste su daño. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ275DE LA VERDADERA DESTREZA. Si quiere herir de estocada en el pecho, por encima de la espada, librarla, y herirle recto. T o d a aquella obra que al hombre es más fácil, es de mucha más importancia, cuando se obra con presteza: porque esta, según Carranza, es una fuerza que pasa, y acaba muchas cosas en breve tiempo, así acerca del cuerpo de la espada, y sus movimientos, como de los compases, y todo lo demás que conviene para la verdadera ejecución: pero, para que esta presteza sea provechosa, conviene que vaya guiada con un cierto conocimiento, a dónde puede el contrario mover los pies, cuándo será a la parte izquierda, o derecha, cuándo atrás, o adelante, y la especie de movimiento conforme del lugar que se moviere, y para donde se moviere, y mover juntamente la espada cuando moviere la suya: todo lo cual es tan fácil en esta demostración, cuanto provechoso: porque tenerle obligado, como se ha como se ha referido, según el perfil vuestro, y los ángulos que hacen las líneas, y los grados que le tendréis ganados, llanamente se verá, que el compás que hubiere de dar, ha de ser por la parte izquierda, que es donde está el cuerpo, a quien ha de procurar ofender: y así mismo, que por la larga distancia que habrá de cuerpo a cuerpo, la herida que formare será estocada: porque tiempo circular de tajo, o revés, ni tendrá medio para él, ni se atreverá a formarlo: y la estocada, ha de ser por encima de vuestra espada, así por tenerla por segura, como por estar imposibilitado de poder ir por otro camino: porque, mediante obligarle, en tal forma se le impide los demás, y solo este se le deja para su daño, pues caminando por él, viene a dar en el propio peligro: y si no quisiere caminar, ha de ser para su ofensa: y si quisiere retirarse, no conseguirá su intento, sin ir herido, como adelante se dirá: y con este conocimiento tan puntual, advertiréis al punto en que vuestro contrario moviere a herir rectamente hacia vuestro cuerpo: y en el principio pasaréis desde punto B a punto H poniéndole la punta de la espada delante, que lo reciba: y sucederá, que cuanto más largo, y con más fuerza diere el compás, tanto será mayor el rigor de la herida: y para librar vuestra espada con presteza, procurad no poner debajo de la espada más cantidad que la que está dicha. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA276CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si el contrario quisiere herir de estocada, formar un tajo. Peligrosa cosa será para en la Destreza, ignorar el Diestro lo que para defenderse ha menester saber: porque aunque es verdad que sabemos los caminos por donde cualquier hombre puede venir a herir, y con qué genero de herida, sin que en esto haya falta: algunas veces en una batalla suceden casos, que aunque tenemos verdadera noticia de que pueden suceder, por la memoria de otros semejantes tenemos, cuando las vemos en alguna manera (no estando aguardándolos) nos causan alguna súbita alteración: y porque esta os podría dañar con su extraña fuerza y efecto, habéis de ir siempre con una prevención, mirando que proposición tenéis formada, a qué genero de herida le tenéis obligado a vuestro contrario, y conforme a ella por qué parte puede salir a herir: porque entre tres, que son las más que puede tener, no habrá mucha dificultad en prevenir de remedio: y en esta presente, el camino fácil y más libre que tendrá, es, por encima de vuestra espada: herida, que en la Destreza ordinaria ha sido muy celebrada: porque en hallando semejante ocasión, se arrojan con gran ímpetu a herir en los pechos uñas abajo, metiendo el pie izquierdo: y ha sucedido muchas veces, aquel a quien querían herir, apartarse a un lado al punto que se arrojan: y ser tanto el ímpetu de fuerza, que no hallando el cuerpo que iban a herir, sin poderse tener, dar con la espada y cabeza en el suelo, y quedar su contrario señor para poderle matar. Pues si vuestro contrario quisiere heriros de esta suerte, advertid al principio de su movimiento, aunque no sea tan largo como hemos referido, y pasando desde punto B a punto C haciendo un poco de desvío, con vuestra espada en la suya, formaréis un tajo a la cabeza, perfilando el cuerpo, y desviándolo de donde primero estabais, que es donde el contrario enderezará su herida, para que sin hallaros, le podáis herir más libremente. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ277DE LA VERDADERA DESTREZA. Si teniéndole obligado, arremetiere a herir de estocada, herirle en los pechos, metiendo pie izquierdo, cautivando la guarnición. Con más libertad y Ánimo se acomete al enemigo la segunda o tercera vez, y las demás, que la primera: por dos efectos, que de haberse herido resultan muy contrarios, pero en favor del vencedor. El uno es, el temor que el vencido concibe en su ánimo de aquel que se le hirió, y la imaginación, de que llegando otra vez a las manos, le ha de suceder lo mismo: y de aquí le resulta una desconfianza, de que jamás vencerá. Y en el contrario, es al contrario, pues de haber salido victorioso: otras veces, le nace una confianza, que siempre le ha de suceder lo propio, y le tiene en poco, y el propio a sí mismo se promete la victoria, y va obrando con más libertad, y se pone a mayores dificultades que otras veces. Estos propios efectos han de suceder con vos, y vuestro contrario, pues de haberle herido una, dos, y tres veces, cuando de estocada, cuando de tajo, unas veces estando parado, otras arremetiendo, que cuando no tuvierais tan grandioso Ánimo como tenéis, se aumentaría en tiempo, cuando de todo punto vuestro contrario esté turbado y confuso: y si en este punto le tuviereis obligado, y como desesperado, arremetiere a herir de estocada en el pecho, conoced el principio del movimiento: y en el punto que lo formare, le saldréis al encuentro con un compás no muy largo, desde punto B a punto D con el pie izquierdo, y todo a un punto, con la mano izquierda le sujetaréis la guarnición de su espada, sacando la vuestra por entre su cuerpo y el vuestro, y por debajo de su línea, poniéndola en los pechos: y por causa de no haber distancia conveniente para poder estar recto, habréis de hacer un extremo con el brazo, pegándolo al cuerpo, tanto, que la punta de la espada esté al pecho contrario: y si habiendo llegado a este punto, le quisiereis herir de revés, o esto cada, estará en vuestra nano, pues también lo estará su espada, para mayor seguridad vuestra. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA278CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si quisiere herir de estocada, formar tajo, metiendo pie izquierdo, cautivando la guarnición. Cosas hay que para saberlas, y obrarlas, no basta haberlas aprendido solamente, si no quiere que haya mucho ejercicio, mucha diligencia, gran presteza, y mucho Ánimo, para que venga al ser perfecto que se requiere y en particular aquellas que traen consigo alguna dificultad y peligro: porque en estas con más cuidado se ha de proceder, porque el daño que suele resultar, es tan peligroso, cuanto sin remedio: y así como el discreto y prudente Piloto, que cuando navega por el espacioso y ancho mar, no pone cuidado en más que aprovecharse del tiempo favorable, y huir del adverso: pero en llegando a alguna barra, o bajío, pone diligencia, no solo en esto, pero en ir sondeando con temor del peligro. Finalmente en todas las cosas, en llegando a la que tiene dificultad, con vigilante cuidado se solicita, y busca el mejor orden para salir sin peligro: y entre las heridas que tienen alguna dificultad en la Destreza, es esta una: porque meter el pie izquierdo, formar tiempo circular, y sujetar la espada, habiéndose valido del principio del movimiento, y todo en un punto, sin que llegue lo uno primero que lo otro, sino que todo junto haga cierta consonancia, no solo es dificultad, pero muy grande: aunque ninguna lo podrá ser tanto, que no lo facilite y allane el prudente Diestro, Animoso y ejercitado. Y si para este punto lo estuviereis tanto como conviene, saldréis victorioso, advirtiendo esto, que si teniéndole obligado, arremetiere a heriros en el pecho de estocada, os valdréis del principio de su movimiento: y al punto que lo comenzare, pasaréis desde punto B a punto I con pie izquierdo, y antes de que acabe la acción de la fuerza que comunicare, así al movimiento de pies, como de brazo, formaréis tajo a la cabeza: y en el propio punto que vuestra espada se despegare de la suya, para hacer movimiento violento, subiendo en alto, llegará vuestra mano izquierda sujetando la guarnición de su espada, sin que en esto pase tiempo: porque dañará, y estará en vuestra mano herirle de tajo, o de estocada, o de lo uno y lo otro junto, pues todo lo podréis hacer. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ279DE LA VERDADERA DESTREZA. Si quisiere herir de estocada, herirle recto en los pechos. Toda cosa que consiste en arte y razón, se adquiere, y goza con gran trabajo, y aquella estimamos y tenemos en más, que más trabajo nos cuesta, y haberle herido a vuestro contrario con estocada y tajo, yendo caminando por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, es fácil, y sin ninguna dificultad: porque, mediante el perfil del cuerpo, y grados de los compases, se granjea con el primero movimiento estar en parte que se pueda herir sin dificultad, y solo falta la ejecución: pero volver el Diestro a desandar parte del camino andado, y pasar por delante de su contrario, dificultad trae consigo, e incredulidad, cuando no tuviéramos probado dos cosas importantísimas, que es el fundamento del orden con que se ha de hacer esta herida, y lo que al Entendimiento la hace fácil. La una es, saber ya por cierto, que el ángulo recto alcanza más que otro ninguno, y que todo el tiempo desde que se comienza, hasta que se acaba tiene flaqueza: y en este tiempo la espada se podrá llevar a la parte que quisiere, sin dificultad, como lo podréis hacer, si teniendo obligado a vuestro contrario, quisiere heriros en el pecho, dando compás, valiéndoos de su movimiento: y en el principio de él, pasando desde punto B a punto G reganaréis su espada, y con la fuerza de la vuestra, la llevaréis al propio lugar que estabais de punto B y en teniéndola allí, enderezaréis la herida al pecho, sin encorvar el brazo: porque el obrarla sea más fácil y seguro, supliendo los pies lo que fuere necesario para ejecución de la herida: y que se haga en tal punto, que quede su espada apartada de vuestro cuerpo, así por la fuerza que haréis con ella, como por el movimiento que hiciereis: pero es de advertir, que llevar la espada adonde está dicho, pasar el cuerpo a punto G y ejecutar la herida en el pecho por encima de la espada contraria, ha de ser en un punto: porque si gastaseis tiempo en cada cosa de por sí, el contrario quedaría sin peligro, y vos con mucho daño. Y finalmente, para que sea como conviene, es menester, que la ejercitéis muy despacio, y al tiempo del obrarla, sea con muchísima presteza. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA280CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si quisiere herir, sujetarle al principio la espada, y herirle de revés. Parecer es de Aristóteles, que se debe tomar consejo de una propia cosa, cuando se puede hacer de otra manera: y aunque esta demostración, y la pasada sea una misma, en cuanto sujetar la espada contraria, todavía difieren, así en el género de la herida, como en la distancia y perfil del cuerpo, y compás de pies: que todo esto en la Destreza es de mucha consideración e importancia: Carranza, folios 32 y 33. y, como dice Carranza, le conviene al Diestro, no comenzar especie de herida circular con ángulo de especie recta: porque conviene que vayan todas según la diferencia de los movimientos: y así mismo dice, que por ignorar las medidas de los círculos, emprenden algunos las estocadas contra los tajos: y por esto conviene a cada herida darle su medio: porque si desde cerca de vuestro contrario formaseis tajo, o revés, siendo como es menester estar proporcionadamente apartado, llegará la estocada primero, por ser tan corto el camino que tienen que andar, y por el contrario: de suerte, que cada herida tiene su medio, ángulo distancia, y perfil: y el que esta herida ha de tener, por ser circular, es la que señala la demostración, y conociendo el principio del movimiento, cuando fuere a herir al pecho, sin despegar vuestra espada de la suya, la sujetaréis, llevándola al punto donde partiereis, que será punto B, pasando a punto E y quedando la espada tan remota de vuestro cuerpo, desde encima de ella propia formaréis un revés, ejecutándolo en el lado derecho de la cabeza: y si por no estar la espada contraria tan apartada como convenga, os pareciere, que tenéis peligro, podréis, cuando fuereis ejecutando la herida de revés, salir cortando, hasta poneros en proporción: en la cual quedaréis seguro, porque si quisiere herir de estocada, cuando le parezca a él que la va ejecutando, llegará el tiempo natural de vuestro revés, y llevará de encuentro cuanto hallare delante, sin poderlo resistir. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ281DE LA VERDADERA DESTREZA. Cuando quisiere herir al principio, sujetarle la espada, metiendo pie izquierdo. Al hombre animoso en la guerra, tanto más le crece el ánimo y esfuerzo, cuanto más considera la grandeza de aquello que comienza, y donde hay más dificultad, pone más diligencia: porque el pundonor honroso le espolea, o la necesidad le obliga: lo propio es en el Diestro, que en las cosas fáciles (aunque todas lo son para él) las va obrando con un moderado cuidado: pero en llegando a alguna de importancia, y que trae alguna dificultad consigo, o en la prosecución de ella se puede ofrecer, previniese con mucha diligencia, y aplica a ella toda la fuerza de su saber, y la obra con mucha consideración, que esto es lo que aconseja Vegecio en el De Re Militari, que primero se prevenga de mucho tiempo la guerra que se comience, para que se consiga la victoria: y para que en este punto la tengáis, os conviene hacer las propias diligencias, no por el peligro que tiene esta herida, sino por el que podrá tener, no obrándola como conviene: y para ello, habéis de advertir en lo que queda dicho en la declaración antes de esta: que todo movimiento tiene flaqueza: y cuando vuestro contrario os quisiere herir en el pecho, así mismo sujetadle la espada con un poco de fuerza, y así sujeta y llevada al lugar donde partiereis, que será punto B, meteréis el pie izquierdo, dando compás curvo desde punto B a punto F más o menos, conforme a la pasión que trajere el movimiento contrario, conociendo con certeza el tamaño suyo: y hallándoos tan cerca, que le podáis alcanzar con la mano izquierda a la guarnición de su espada (como forzosamente os habéis de hallar por causa del perfil del cuerpo), la sujetaréis y le podréis herir como quisiereis, de revés, o medio revés, o estocada, pues habiendo llegado a tal punto, todo estará a disposición de solo vuestra voluntad. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA282CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si el contrario obligare, arremeter a herirle, y de sus movimientos formar heridas. Muchas veces procuran los hombres imitar y contrahacer, lo que señaladamente ven hacer a otros: y esto por dos causas particulares. La primera, por satisfacer al Entendimiento, cuya codicia es saber, y siendo lo que vio obra de entendimiento, con mayor fuerza lo desea: lo otro por el bien y provecho que le ha de venir de la tal obra que quiere imitar. Estas dos, en este punto, son contra vos y procuran vuestro daño, pues de haber ofendido a vuestro contrario, por tan diversas partes, sucediendo todo de haberle obligado en la forma dicha: y esto con tanta libertad, y tan sin peligro, que todas sus diligencias no pudieran alcanzar a satisfacer su intento, podrá ser que procure obligaros a vos por la propia orden, y que haga una consideración (al parecer justa) diciendo: Mi contrario me obligó de esta manera, ningún movimiento hice de que no me resultase daño: yo soy hombre como él, y sé el camino por donde me ha ofendido, quiero obligarle, que de razón lo mismo le ha de suceder a él conmigo, que me sucedió a mí con él: pero con todas estas bachillerías, tan al contrario le ha de suceder, como lo primero, pues al fin ha de llevar siempre lo mejor el que más supiere, y más científicamente obrare: y supuesto esto, si quisiere poner en obra su intento, y obligaros: ya sabéis que el señorío del Diestro, es tanto y goza de tal libertad, que de cualquier punto en que se hallare, ha de ser con maravillosos efectos y pues tenemos avisado que no hay herida sin movimiento, y que ninguno hay en instante por breve que sea, sino que forzosamente ha de gastar tiempo: y que en este ha de tener flaqueza: esto os basta para quietud, y que habiéndoos obligado desde aquel punto (no precediendo otro movimiento de vuestra parte) tiene un solo camino para poder herir, que es al pecho: y esta herida se puede impedir con mucha facilidad: y para si quisiereis acometer y que él no os pueda ofender: en la siete demostraciones siguientes se avisará lo que habéis de hacer para salir sin peligro, y vuestro contrario quede ofendido. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ283DE LA VERDADERA DESTREZA. Si por no hacer movimiento, quisiere herir el contrario, sujetarle la espada, y herirle recto. Dice Quinto Curcio, que de una victoria nace otra guerra entre el vencedor y vencido: pero por la mayor parte es autor de ella el vencido, que por satisfacerse, aventura todo el resto de su poder. Y la victoria que un hombre alcanza de otro, solo con su persona, ola que se alcanza con grande ejército, toda es una: solo es la diferencia en el número, y este uno ha de procurar con las fuerzas de su saber ofender a quien le ha ofendido: y si vuestro contrario viéndose por tantas partes ofendido, y que obligándole, como se ha dicho, erais señor de sus movimientos, para de ellos formar heridas: y otras veces, sin que hiciese ninguno, era lo mismo, os obligaré a vos, sin alteración ninguna, os estaréis quedo muy prevenido, haciendo un poco de ángulo con el cuerpo: que, según Carranza, es donde está la fuerza: pero ha de ser sin que en ninguna manera se muevan los pies: porque en tal caso se habrá de usar de otro medio. Y el ángulo se ha de hacer con inclinar un poco el cuerpo, para que el movimiento contrario tenga más largo camino que andar. Con lo cual será más comprensible y con más facilidad remediado: y si viendo que no hacéis movimiento, quisiere aprovecharse de uno de los documentos pasados y desde punto B (que será el lugar en que habrá quedado al punto que obligare) quisiere herir de estocada, sin que perdáis un punto de movimiento, sino al principio suyo, en que quisiere librar la punta de su espada de la parte donde primero la pusiere, que será debajo de la guarnición, o fuerza de la vuestra, para encaminarla al pecho, pasaréis a punto L sujetándole la espada, y podréis obrarlo con tanta velocidad, que aún antes de que se acabe la acción de la fuerza que comunicare al movimiento, le podréis ofender con un tajo, y si esto no alcanzareis, por la presteza suya, desde encima de su propia espada, que es el lugar donde estará la vuestra, habiéndole sujetado, le daréis una estocada en los pechos. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA284CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si al principio del acometimiento a punto L quisiere herir de estocada, poner atajo. Naturalmente nace con el hombre una cierta opinión o presunción que no sufre superior, antes con mucha diligencia procura, y cuando no puede alcanzarlo, desea tener señorío y dominio en los demás: y cuál sea la causa y origen de esto, ni de todo punto hace a nuestro propósito, ni conviene alargarnos a más de lo ordinario. Y volviendo a nuestro intento, digo, que si vuestro contrario os obligare, y por ser hombre que participa de esta inclinación en particular, siendo como es vuestra complexión de colérico sanguíneo, ora sea por lo uno, o por lo otro, será posible no poder absteneros sin acometerle, por no darle lugar a que os tenga como atajado, o impedido el paso, que es injuria y afrenta para un ánimo noble (podréis poner por obra vuestra voluntad: aunque para ello requiere mucho gobierno y grandísimo conocimiento del principio del movimiento contrario, y gozando de él, podréis, cuando os obligare, arremeter a herirle hasta punto L que será medio compás, con determinación prevenida de no quedaros allí: porque este movimiento es acometimiento, para que el contrario salga a ofender. Y si cuando arremetiereis, se quiere aprovechar y valerse de lo que vos hicisteis cuando le obligasteis, pasando al punto H para herir en los pechos de estocada, al principio de su movimiento, que hiciere para la tal herida, pasaréis con gran presteza a punto M poniendo vuestra espada encima de la suya, sujetándola, y le podréis herir de tajo, o medio revés o estocada. Pero de cualquiera de estas heridas, el fin de la ejecución ha de ser, saliéndoos a medio de proporción: porque cuando él quiera hacer otro movimiento para ofenderos, os hallaréis en tal distancia, que le sea tan imposible dar herida como defenderse de cualquiera de las que hemos dicho que quisiereis ejecutar en él. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ285DE LA VERDADERA DESTREZA. Si acometiéndole a herir, quisiere meter el pie izquierdo, para sujetar la espada, formar tajo. Tanto se hace una cosa más fácilmente, cuanto se hace con mayor diligencia: y hacerse una herida con facilidad, y salir con diligencia del peligro, obra es que a pocos se les concede, y muy pocos gozan de ella. Y como sea tan importante para muchos casos que se os podrán ofrecer, os conviene advertir con mucho cuidado a esta demostración y declaración suya: porque para libraros de la herida de mayor rigor o de más peligro que hay en este punto, y aun la que muy de ordinario usan los que profesan Destreza: esta es la que ya os avisé, de meter el pie izquierdo, sujetando la guarnición de la espada con la mano, cuando el contrario arremetiere a herir, como se ve en la demostración de obligar por debajo de la fuerza contraria en el punto I, para que cuando os tuviere obligado a vos, podáis salir sin peligro de donde él no pudo salir sin mucho daño: pero es necesario advertir primero, a la definición de la línea mixta, pues como al principio de este libro declaramos, es la que se compone de línea recta y línea curva, como ya por demostración os lo he manifestado. Y esto advertido como conviene, cuando vuestro contrario os tuviere obligado, poniendo la flaqueza de su espada debajo de la fuerza de la vuestra, le acometeréis a herir hasta llegar a punto L con advertencia, que no ha de ser allí el fin del movimiento, sino prevenido, al punto que él quiera meter el pie izquierdo (que siendo Diestro, habrá de hacerlo al principio del acometimiento) para sujetar la espada y formar tajo, sin acabar de asentar el pie en el punto L pasaréis a punto N con movimiento curvo, formando otro tajo, el cual, si quisiereis ejecutarlo, será menester aguardar a que baje el movimiento natural del tajo que él formare: porque no se encuentren las espadas. Y si quisiereis solo impedirlo: matando aquel movimiento, lo podréis, con solo dejar de dar en la cabeza, y sujetar la espada. Y se llama este Movimiento mixto, por la razón dicha, de que comenzando recto, acaba curvo, así como la propia línea: como todo parece por esta demostración. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA286CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si el contrario quisiere obligar, herirle al principio del movimiento con estocada recta. El oficial que poco sabe de su oficio, procura disimularlo, con ser corto en el obrar: porque la falta no se descubra, y el que poco confía de su Ingenio, pone cuidado en ser breve en su decir: porque conoce de sí que no goza de aquel caudal y facundia que se requiere para poder satisfacer en la facultad que profesa: Y el Diestro que no sabe lo que ha menester, ni tiene confianza en lo que sabe: se contenta con obrar poco y poco tiempo, por no salir vergonzosamente vencido: pero cuando cada uno de estos goza de las partes que se requiere a su profesión, al uno no le falta qué inventar, y al otro siempre le sobra qué decir, y al Diestro le sobrarán proposiciones o tretas que obrar para ofender a su contrario: y si al vuestro, queriendo obligaros, le quisiereis herir sin que os ofenda, lo podréis hacer con solo conocer el principio de su movimiento y saber gozar de él: y al punto que comenzare a pasar desde punto A a punto B, antes de que acabe el movimiento, y quede el cuerpo parado, pasaréis a punto O llevando el brazo recto, y por encima del suyo derecho hallaréis herida en los pechos: pero procurad que sea lo más pegado al brazo que pudiereis, así por alcanzar más, como por vuestra seguridad: de la cual gozaréis en este punto: por esta causa: que como vuestro contrario pasa desde punto A a punto B por el lado de la circunferencia de su mano derecha: y junto con esto, lleva la espada a ponerla tan remota, y vos camináis al contrario de donde él pone la espada, y quererla poner debajo de la fuerza o guarnición, y subir vos a lo más alto del pecho, habéis de llegar primero a alcanzar más con vuestra espada y herirle primero; pero no por eso, cuando vos le quisiereis obligar, os podrá herir por la propia parte, pues al punto que quisiere pasar a punto O le sujetaréis su espada con la vuestra, apartándola hacia vuestro lado derecho, y dando compás por la circunferencia del izquierdo, y le heriréis por el mismo orden, y donde quería heriros: porque el Diestro en todo y por todo ha de salir victorioso. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ287DE LA VERDADERA DESTREZA. Si al acometimiento formare tajo, herirle con otro tajo. Muchas cosas se hacen en la Destreza verdadera, que antes nos parecían dificultosas de obrar, e imposibles de saber, ni aún nos pasaba por la imaginación que tal hubiese: y para prueba de esto, preguntémosle a los profesores de la antigua y ordinaria destreza: ¿Cuándo o en qué tiempo, en qué memoria de hombres, o en qué antigua escritura se halló guardado, que contra un riguroso y terrible tajo, en el cual el que lo forma, comunica toda la fuerza, que tiene, para que la ejecución sea más fuerte, que no se forme reparo, y no reparando, quede libre sin recibir ningún daño, aquel a quien se quiere ofender con él?, que la respuesta me parece será reírse, diciendo: que ¿cómo pueda ser, que no haciendo reparo a la cabeza (que es donde se endereza la ejecución) deje de darle en ella, pues por falta del tal reparo, la dejará descubierta, y se fundará en su antigua y larga costumbre que tienen en el reparar con suma diligencia, en viendo que su contrario comienza a levantar el brazo en alto, para formar el tajo o solo acometimiento, y por aquí querrá granjear antigüedad? Pero en contra de esto, tienen dos graves autores, cuyos dichos son ciertos. El uno es Tito Livio: que dice, que cuando el uso claramente contradice, se debe dejar lo antiguo: Carranza, folio 129. y el otro de Jerónimo de Carranza: donde por vía de objeción, dice: que si cuando forma el tajo referido, si le puede herir antes de que acabe el movimiento violento, y comience el natural, que para qué se ha de reparar la herida, no siendo menester, y en particular: que puede dar en el tiempo que se perdiere algún movimiento: y aunque por su certeza se le podría dar crédito, podréis afinar con él de la experiencia; y cuando vuestro contrario os obligare en la manera dicha, arremeted a él desee donde dice: Pie, hasta punto L con determinación de no quedar allí: y cuando él formare tajo, valiéndose del compás que vos os aprovechasteis, cuando lo ejecutasteis en él, vendrá a quedar vuestra espada encima de la suya, y desde allí al propio punto que él comience a formar el tajo, pasaréis desde punto L a punto A y formaréis otro tajo, que por la desigualdad de cuerpos y de líneas acabará y llegará primero el vuestro con la ejecución en la cabeza, teniendo cuidado de saliros a proporción, que sin ninguna duda hallaréis esto por cierto. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA288CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si el contrario quisiere obligar, deshacerla, y volver a obligarle. No es cosa propia de un hombre, ni ella puede tener dominación particular, la que a otros es común, ni gozará ni podrá usar de señorío alguno que los demás no gocen de él: al fin como cosa que de todos es poseída, y lo propio se puede entender en la Destreza, y en sus proposiciones, pues por ser común a todos, cada uno las sabrá: y en las ocasiones que se le ofreciere, las obrará y valdrá de ellas, aunque no será sin una importantísima distinción entre los hombres y sus entendimientos: porque unos la obrará con mucho Ingenio y gran consideración, de tal suerte, que de ellas les proceda científica defensa: y habrá otros que así mismo las obran y sea con tan mal uso, que de donde los primeros salieren sin peligro (de donde lo hubiere mucho) los otros lo busquen con sus propias manos: finalmente, así en esto como en las demás artes el que más supiere y más trabajare, confiadamente puede entender que ha de sacar lo mejor. Y si por ser esta manera de obligar tan común como hemos referido, vuestro contrario la quisiere hacer con vos, eligiendo medio de proporción y medio proporcionado, llegando para ello a punto B, dejadle conseguir su intento, y en el punto que lo hubiere puesto por obra, desde donde dice, Pie, que será la parte y lugar donde os hallaréis, pasad a punto P, por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha: y sin encorvar el brazo, le volveréis a obligar en la misma forma que él os hubiere obligado: pero ha de ser con presteza y todo a un tiempo, sin que llegue la espada primero que el cuerpo, sino todo junto: y así mismo la herida en los pechos, que por la desigualdad del compás, y por el breve camino que hay desde donde tendréis obligado al pecho, se podrá obrar todo con facilidad, habiendo precedido el ejercicio que conviene, según hemos avisado. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ289DE LA VERDADERA DESTREZA. Si habiendo obligado al contrario, quisiere deshacerla, herirle de estocada, sujetando la espada. Muchas más dudas se ofrecen siempre a aquel que más sabe, pero allana y las facilita el no perder esperanza en el estudio, pues este es mediante el cual el Entendimiento alcanza lo que codicia (conforme a su capacidad) y porque el vuestro deseará el saber cómo se ha de valer de vuestro contrario, si habiéndole vos obligado, él quisiere hacer lo mismo, que es el último punto hasta ahora descubierto, se pone en esta demostración, en que se manifiesta muy a la clara, aunque para el obrarla, requiere mucho conocimiento, grande prontitud, y grandísima presteza: y declarando estas tres partes, digo, que es menester mucho conocimiento, de cuándo, y a qué parte mueve el cuerpo y brazo: grande prontitud en el conocer el principio de aquel movimiento, y grandísima diligencia en impedirlo, antes de que se acabe la acción de la fuerza, de que se compusiere: porque habiéndola acabado, si quisieseis intentarlo, ni saldríais con vuestro intento, ni sin mucho peligro: y gozando de estas tres tan provechosas parte, confiadamente podréis obligar a vuestro contrario, pasando desde punto A a punto B. y si él pasare desde donde dice: Pie, hasta donde está el círculo y espada, a deshacerla con la diligencia que hemos avisado, pasaréis desde punto B, que es donde le habéis obligado, a punto Q sujetando la espada, e hiriéndole por encima de ella en los pechos: y desde este punto se vuelve a desandar la rueda de los movimientos que hasta aquí se han manifestado: porque si vuestro contrario fuere Diestro, al tiempo que le quisiereis ofender, formará un tajo, dando otro compás, y si los conociereis, al principio de su movimiento formaréis otro, y luego llegará el atajo, que es lo universal, y metido en él, será proceder en infinito, y nunca acabar. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA290CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Obligar al contrario, poniendo la flaqueza de la espada encima de la fuerza de la suya. Ocasión hay para hacer muchas cosas en la Destreza verdadera, y para obrarlas por muy diferentes modos: las cuales, por falta de Maestros, cesan, y se quedan encubiertas, sin que los hombres alcancen noticia de ellas: porque en el espacioso, y ameno prado de la Destreza, jardín hermosísimo, y de hermosas y medicinales flores, cuyo jardinero es el Entendimiento, puede de aromáticas hierbas y flores diversas, a la vista bellísimas, y en virtud preservativas, con poner un curioso ramillete, cuyo suavísimo olor, y natural virtud, sirva para la defensa del hombre, aunque la manera de componerlo es oficio particular, y propio del Ingenio: el cual, junto con el ejercicio y uso, descubre e inventa cada día de nuevo: aunque esta invención no ha de ser guiada solo por la experiencia, sino amaestrada por principios, medios, y fines científicos: Carranza, folio 205. y, como dice nuestro autor, conviene, que el Diestro tome consejo en las propias tretas: porque aprovecha poco el gran número de ellas, si les faltase la ciencia en que se funden, y la razón con que se ejecuten: el cual yerro es ordinario en los que están confiados en solo la experiencia: pero el científico sabe la causa de lo que va obrando, y ninguna cosa de las que su adversario puede hacer, le impedirá la treta que comenzare, habiendo elegido puntual medio: y que esta proposición presente, goce de todo esto, lo hemos de probar con razones que lo sean. En otras muchas partes hemos dicho, que la línea que tiene menos espacio de camino que andar, conseguirá con más presteza el efecto de la ejecución que la que tuviere más. Y en esto no hay duda, pues a la clara manifiesta esta demostración en la espada que está encima de la contraria, el breve camino que tiene que andar hasta alcanzar a herir: y ella propia declara de camino, a qué parte del cuerpo contrario, se han de poner los ojos: para que conforme a la diferencia de los movimientos de la espada, le sea fácil el llegar: y juntamente da LUIS PACHECO DE NARVÁEZ291DE LA VERDADERA DESTREZA. noticia de qué movimientos han de hacer los pies, y a qué parte, para ganar los que el contrario podrá hacer: y una vez formada, no fácilmente podrá el contrario hacer movimiento, sin que el Diestro le ofenda, por tenerle ya ganados muchos grados al perfil del cuerpo: y habiendo dejado la espada del contrario tan remota y apartada de su cuerpo, pone la suya tan cerca del contrario, que con facilidad le podrá alcanzar, y desde tal paraje tiene en su mano el principio del movimiento que hiciere, ora sea con pie derecho, por el lado de la circunferencia de su mano izquierda, ora con el izquierdo, por el lado derecho: y si de industria, o por otra causa se estuviese quedo, tendría el propio peligro, sin tener el Diestro ninguno. Finalmente, ella es proposición, que si en el adversario hubiere disposición para formarla sin peligro y daño, lo tiene seguro, por ser el movimiento tan breve, tan libre, tan presto, y casi incomprensible: y aunque es verdad, que se ha de huir siempre la flaqueza de la fuerza, como un contrario de otro, pues contra ella es imposible poder prevalecer: y en este punto, quebrantamos esta regla, se puede muy bien, porque la intención del Diestro, no es (como dicen) luchar a brazo partido con la flaqueza de su espada en la fuerza de la contraria, sino formar una estratagema y género de engaño, obrado con industria y arte, delante de los ojos de aquel que ha de recibir el daño, y que el propio con sus manos tome el rigor de él, y se puede afirmar, y con la propia verdad, que en la proposición pasada, cuando pusimos la flaqueza debajo de la fuerza (pues ella y esta es toda una, y de ambas proceden unos propios efectos), que las veces que se ha hecho, ha causado una novedad y admiración extraña: porque teniéndola formada en su punto, goza de tal libertad, y tiene tal señorío oculto y encubierto, que tiene cogidos los pasos y caminos por donde el adversario pueda salir a herir, para en aquel propio punto ofenderle: porque si quisiere formar algún revés, además de no tener medio conveniente para él, aparta su espada, y la contraria deja junto a su cuerpo: y si quiere herir con tajo, quita el punto (que es la punta de la espada) de delante del contrario, y la baja al ángulo agudo, y luego hace movimiento remiso, y la espada del Diestro se queda en ángulo recto: y si quiere herir de estocada, la distancia que hay de un cuerpo a otro, es tan larga, que al entrar el cuerpo por cualquier parte, es tan corto el movimientoque ha de hacer la espada del Diestro, para ponérsele delante, que al punto que vaya entrando, encuentre con ella, y cuanto más accidentalmente entrare, recibirá mayor golpe: y si quisiere estarse quedo, sin hacer movimiento, aguardando el que hiciere el Diestro, será tan breve, que cuando quiera remediarlo, sea sin remedio: y si quisiere mudar postura, creyendo, que se reduce a más seguridad, será la tal mudanza que hiciere más provechosa, para ejecución de la treta que está formada. Y pues, como hemos dicho, la proposición pasada, y esta es toda una, y son unos propios movimientos, no hay para qué especificarlos por demostración, pues en las primeras podréis aleccionaros para ambas, guardando tan puntual medio para la una, como para la otra, sólo se pondrá el cómo se deshace, y qué remedio se tendrá, si el contrario quisiere deshacerla, por tener alguna diferencia de consideración, y ser diferentes los ángulos de las espadas, y el perfil del cuerpo y compás de pies. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA292CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si el contrario obligare, deshacerla, y volver a obligarle a la misma. Conocido el principio de cualquier obra que se quiere hacer, con facilidad se llegará a la perfección de saberla, y conseguir los fines, pues es dicho tan antiguo, como verdadero, que en los principios está la dificultad de toda ella: y gozar el Diestro de este conocimiento, es de tanta importancia, que él a sí mismo se puede prometer dichoso suceso en la que comenzare: y este mismo os prometo a vos, en cualquier punto de la Destreza que comenzareis con él: y gozando en este del mismo, si vuestro contario os quisiere obligar, como hace poco le obligasteis a él, poniendo la flaqueza de su espada encima de la fuerza de la vuestra, pretendiendo salir con el propio buen suceso, y para ello pasare desde punto A a punto B, que es el propio camino por donde se forma, y vos la formasteis, con el conocimiento dicho: el cual ha de ser del principio del movimiento, pues el que hiciere, así de pies, como de brazo, será fácil de conocerlo: y al punto que lo comenzare, pasaréis desde donde dice: Pie, hasta donde está la espada y cuerpo, que señala punto C, reganándole aquel movimiento que hiciere, desbaratándole la treta que fuere formando, y volverle a obligar a la propia, que con el compás que diereis, como enderecéis el brazo a la parte donde estuviere su espada, conseguiréis lo que digo. Y si el movimiento que hiciere para obligar, fuere tan breve, que no le podáis al principio desbaratar, y consiguiese su intento, que fue obligar, podréis, dando el compás referido, reganar su espada con solo volver la mano, como está dicho, que con facilidad lo podréis hacer, porque aunque es verdad, que estará su espada sobre la vuestra, tendrá la flaqueza sobre la fuerza, y él no tendrá mucha: y así vuelto a obligar, podréis aguardar a sus movimientos. Y porque no le quede tiempo para poder hacer lo propio, sería bien, que de camino, cuando la fuereis deshaciendo, pues pasaréis la espada por delante de su pecho, al medio del camino, desde donde comenzareis el movimiento, hasta donde se acabare, que será donde está la espada y cuerpo, comunicaréis una poca más de fuerza, y le heriréis en el pecho: pero ha de ser desde el medio del camino: porque si fuese al principio y dejase caer su espada, naturalmente podría, por algún descuido, sucederos daño, aunque lo universal os librará. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ293DE LA VERDADERA DESTREZA. Si habiendo obligado al contrario, quisiere deshacerla, y volver a obligar, sujetarle la espada. No hay cosa que no tenga remedio, cuando el hombre lo busca por medios científicos: y estos facilitados con el mucho ejercicio: porque estas dos cosas juntas prometen seguridad y buen suceso en cualquier peligro, y de cualquier treta que por los tales medios fuere comenzada, proseguida y acabada. Y supuesto esto, no os debe dar cuidado, que sepa deshacer la herida a que vos le obligareis: porque aunque es verdad, que quite la disposición que había para herirle por aquella parte, no quita la potencia de poderle herir por otras muchas: y lo que en esta ocasión habéis de hacer, es de tanta importancia como en otras partes hemos dicho, y diremos. Pues, si habiendo obligado al contrario, poniendo vuestra flaqueza de la espada encima de la fuerza de la suya, pasando desde punto A a punto B y él quisiere, para deshacerla, pasar desde donde dice: Pie, hasta donde están la espada y cuerpo, advertiréis al principio de su movimiento, y con gran presteza pasaréis desde punto B (que fue donde acabasteis de obligarle) a punto C sujetándole la espada, no permitiendo, que en ninguna manera acabe el movimiento con que pretende deshacerla, porque haya más seguridad: y puesta vuestra espada donde señala esta demostración, le podréis herir como quisiereis, pues estará en vuestra mano: y para que todo junto se le impida y hiera a un punto, lo podréis hacer, en comenzándole a sujetar la espada, enderezando la herida al pecho, de tal suerte, que cuando se acabe de dar el compás, para llegar al punto C la herida esté dada, y la espada vuelta a sujetar la contraria, que todo lo podréis hacer con mucha facilidad. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA294CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Si el contrario, habiendo precedido los demás movimientos, quisiere sujetar la espada, herirle con medio círculo. Todo aquello que es bueno, lo arrebata el hombre, con obra, o con deseo, con grandísima codicia: porque esta es una de las grandezas del bien, para mostrar, que verdaderamente lo es, que todos lo deseen y codicien: y por esta causa, viendo ser tan bueno el impedimento que le hicisteis, no solo en este punto, sino en todos los demás, querrá él hacer lo propio, cuando le fuereis a deshacer la proposición que hemos dicho, advertid, que si habiéndoos obligado, pasando desde punto A a punto B, y vos para deshacerla pasaréis desde donde dice: Pie, hasta donde está la espada que en el pomo tiene una D y él quisiere, pasando desde punto B que es donde acabó de obligaros a punto C para sujetar vuestra espada, como vos hicisteis a él, conoced el principio de su movimiento, y considerad, que muchas veces puede un chico contra un mayor, en algunos casos, como os sucederá en este: que aunque es verdad conocida, que el sujetar la espada, es un impedimento a todos los movimientos: y a esto, no hay que contradecir, pero en el obrarlo, puede haber más, o menos perfección, podríais, cuando el contrario quisiere impedir y sujetar vuestra espada: para lo cual dará compás desde punto B a punto C desde el lugar donde os pasasteis para deshacer la proposición primera, le daréis una estocada debajo del brazo derecho, antes de que su movimiento se acabe, y os sujete la espada: porque no siendo en este punto, no tendréis remedio, y peligro mucho. Nota. Y para más seguridad, y que no le quede por esta parte por donde ofenderos, por le movimiento de la cuerda, respecto de ser la vuestra por el arco, al principio que fuere pasando, para sujetar vuestra espada, la libraréis, y heriréis por encima de la suya en el pecho, en el lado derecho: y si fuere necesario, para apartaros de su espada, dar algún compás, o medio, por el lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda, lo daréis conforme la disposición del contrario: pues si el que hiciere, fuere corto, será forzoso darlo vos: y si fuere largo, estaros quedo, que esto queda a vuestra disposición. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ295DE LA VERDADERA DESTREZA. Si queriendo sujetar la espada al contrario, quisiere herir con medio círculo, mudar la naturaleza del movimiento, y volverla a sujetar. Por el daño y peligro que el hombre discreto ve padecer a otro hombre, con prudencia y solicitud trabaja para remediar y librarse de otro semejante, escarmentando, como dicen, en cabeza ajena, y de ordinario anda tomando consejo en los casos que suceden: esto propio os conviene a vos hacer, y con no menos cuidado, pues el peligro (en las armas) es uno de los mayores, y perdido un punto de ocasión, tiene difícil remedio: y si vos le heristeis a vuestro contrario, al principio que él os quiso sujetar la espada, ora por el arco, ora por la cuerda, como hace poco os avisé, entended, que lo propio podrá hacer cuando vos le quisiereis sujetar: y si con prudencia, y mucha presteza no previnieseis remedio, por ser el movimiento natural (con el que se forma la herida de medio círculo) tan breve, y no muy comprensible, respecto de ir, y obrarse por parte donde los rayos visuales (que es la vista) no quedan muy libres, os podría resultar algún daño: y para salir libre, habéis de ir guiado de este conocimiento, que si le obligareis, pasando desde punto A a punto B y él quisiere deshacerla, para volveros a obligar: y vos en aquel principio le quisiereis herir con la herida de medio círculo, o por círculo entero, por encima de la propia espada vuestra, conociendo su determinación, no proseguiréis aquel movimiento comenzado, porque iréis a parar a la punta de su propia espada, porque es donde se acaba el medio círculo, sino desde el medio del movimiento, que será punto G, sin llegar a punto C acabaréis el compás con movimiento recto, como lo señala desde G a punto D, que es una de las líneas que hacen el ángulo rectilíneo, que al principio de este libro pusimos en demostración: con lo cual vendréis a hacer movimiento mixto, por componerse de movimiento curvo y recto, como también lo avisamos: y llegando a punto D sujetaréis la espada contraria, que os iba a herir, como lo manifiesta esta demostración, y le podréis vos herir como quisiereis. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA296CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Queriendo el contrario herir con medio círculo, al medio del movimiento, herirle recto. La fuerza e importancia de esta doctrina, no solo consiste en aprenderla, ni tampoco en acordarse de ella, sino en obrar aquello que se enseña, poniéndolo por obra, con la perfección que se requiere: porque en cualquier facultad, un hombre tanto sabe, cuanto se le acuerda: pero en esta tanto sabe, cuanto obra: y entonces obra, cuando obra con perfección. Y pues por demostración infalible hemos probado, que el movimiento recto, por ángulo recto, alcanza más la espada, y su viaje acaba con mayor presteza, como cosa tan importante, y que os librará de mil peligros, que sin ello tendríais, no lo habéis de olvidar: porque el trabajo sería mío, el provecho ajeno, y el peligro vuestro, antes con mucho cuidado encomendadlo a la memoria, y con mucho ejercicio procuradlo perpetuar en ella, para que de tal manera quede hecho hábito, que el brazo solo, cuando la Voluntad no lo gobierne, busque su defensa por esta parte: y si por constar la demostración pasada de dos movimientos, curvo y recto, a quien dijimos movimiento mixto, hasta llegar a punto D para sujetar la espada, por alguna causa de vuestra parte, o suya, no pudiereis llegar, o no quisiereis, por tener voluntad de herirle, y defenderos con movimiento más presto: podréis, conforme a la doctrina dada, cuando llegareis a punto G y él quisiere heriros con la herida de medio círculo, no pasaréis de punto G (que es la mitad del movimiento que habíais de hacer) y desde allí con gran presteza, pues no hay que hacer movimiento de pies, enderezaréis la espada al pecho contrario, poniéndoos en ángulo recto, como lo señala esta demostración, que no haciendo de su parte otro movimiento, le será imposible alcanzaros con su espada, como se probó por la demostración de la cuerda y arco, pudiéndole vos herir a vuestro salvo con estocada en el pecho. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ297DE LA VERDADERA DESTREZA. HERIDAS DE PRIMERA INTENCIÓN. Me parece que en las demostraciones, que hasta aquí se han puesto, todas de segunda intención, bastará para ejercitaros: de tal suerte, que vengáis a tener verdadero conocimiento de los movimientos contrarios y de sus principios, y no solo de los que pusiere en acto, pero de los que estuvieren en potencia, pues, mediante el obligarle a cualquier proposición de las dichas, o comenzando él alguna de las suyas, es cierto que se pueden conocer, pues, conforme a la parte que se supiere y al perfil de cuerpo que tuviere, así será el movimiento que comenzare: pues ya hemos dicho, que cual es la potencia de obrar, tal es el acto que se obra, y no de otra manera. Tretas de primera intención son las que comienzan por el cuerpo o por la espada, sin detenerse hasta que se ejecute el golpe. Razón será avisaros de algunas de primera intención, que como bien os acordaréis, muchas veces hemos dicho, que se obran sin reparo ni acometimiento, y sin que el Diestro tenga necesidad (como jamás la tiene) de aguardar a que el contrario haga movimiento, para de él sacar herida, sino solo elegir su medio proporcionado para el género de herida que determinare obrar, y en el punto que lo tenga elegido, ponerla en ejecución. Carranza, declaración folio 2. Y se obran las tales heridas de primera intención, con tan acelerado movimiento, que es causa de que diga nuestro autor: que ni hay reparo de la parte contraria, ni el que la obra hace acometimiento, sino en el mismo punto que la determina, la pone en ejecución, con tanta presteza, que más tarda en determinarla que en obrarla: y cuando el contrario viene a conocer la herida, no es por la causa del motor, que es el cuerpo, ni de lo movido, que es el brazo y espada por su mucha velocidad, sino por el efecto de la herida que ha recibido: y por esto no le queda lugar para prevenir defensa: porque este modo de herir, no puede ser conocido del contrario: porque el ser tan cortos los movimientos, le priva de este conocimiento: Y porque de solo la voluntad no se puede tener ciencia: y como en el propio punto, que está en la voluntad, se obra, sin poner otros medios, como se ponen en las de segunda intención, no se pueden conocer. Y respecto de ser su rigor tan grande, os aconsejo, que con vuestros amigos, no las obréis, por el mucho rigor que tiene, si no fuere cuando tuviereis de tal manera habituado el brazo a herir, o no, cuando quisiereis, y este adquirido con el mucho ejercicio, que con él os será muy fácil llegar a esta perfección, pues quien puede lo más, que es llegar a aquel punto de poder herir con las partes que se requieren, podrá lo menos, que es ejecutar la herida: y aunque son pocas en número, son muchas en valor, y bastantes para con presteza acabar la batalla: pero advertid, que para LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA298CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS obrarlas, se requiere mucho ejercicio antes de comenzarlas: y conocimiento de los requisitos necesarios, que para ellas se requiere Ánimo a su principio, y Prudencia en la prosecución de cada una de ellas. Herida de primera intención por encima de la espada. El negocio de más importancia que hay en la guerra, es el conocer el sitio y lugar por donde se ha de dar la batalla al enemigo, para que con este conocimiento, se obre conforme a la disposición, así del sitio y lugar, como del tiempo: porque de lo contrario sucederán efectos contrarios al deseo del que lo obrare. Lo mismo es en el Diestro, al cual le conviene tener entero conocimiento, no solo de las cosas referidas sino del mismo contrario, y del arma que trajere, particularmente en heridas de primera intención, donde se puede decir que llega a las manos con él, por la vehemencia con que se obran, y en un punto el Diestro se llega, hiere, repara, y se desvía, todo en un punto: Carranza, folio 240. y, como dice nuestro autor, hay dos maneras de hacer las proposiciones: la una por el perfil del cuerpo, que son las de segunda intención, que siempre en ellas se procura ganar los grados del perfil al contrario, eligiendo tal medio, que sin que su espada puedan alcanzar, sea herido de la contraria: y la otra por la postura de la espada, que es de las que ahora tratamos: las cuales tienen tanto valor consigo (como lo dice muy bien Carranza en el lugar citado) que ni el contrario se podrá defender, ni su espada la podrá librar, ni tampoco se podrá valor de ningún movimiento para su defensa: pues conociendo el sitio, elegiréis medio de proporción en punto A y con tanta presteza, que le sea imposible al contrario conocerla, pondréis vuestra espada sobre la suya, y corriendo por encima de ella, pasaréis hasta punto B no apartándoos más de lo que señala esta demostración, y hallaréis herida en los pechos, que, mediante tenerle sujeta su espada, como se la tendréis, no tendrá defensa, aunque haga mucha diligencia, ni aun libertad de retraerse atrás: y al punto volveréis a proporción, para impedir algunos movimientos que hiciere, aunque desde allí los podréis impedir: pero en una parte y otra tendréis lugar para entrar, herir, reparar, y desviaros, gozando del valor de la herida de primera intención. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ299DE LA VERDADERA DESTREZA. Herida de primera intención por los filos de la espada. Todo aquello que sucede acaso, y sin que el hombre tenga cierta ciencia de ello, ni para ello tenga medios convenientes, de donde resulten fines perfectos, se atribuye a fortuna: y a lo que por arte se hace fundado en principios y medios científicos, se le atribuye muy justamente loor. En esta demostración y herida, hay lo uno y lo otro, conforme el que la obrare: porque en la Destreza ordinaria, hay una celebrada treta, cuyo nombre es: Por los filos: la cual es obrada son aquellas partes de movimiento, que le son debidas para que tenga fin perfecto: y cuando se llega al efecto, hacen las dos espadas líneas diagonales, que es quedarse ambos igualmente afirmados: hiriéndose el uno al otro, y la contra que usan, es esta: Lección vulgar. Si el contrario quisiere herir por los filos, dejaos ir por ellos, y le heriréis, y si alguna vez sucede bien, es acaso: y por esto se le atribuye a fortuna, pero al Diestro le sucederá al contrario: porque va guiado y amaestrado con fundamentos firmes que el arte enseña para conseguir su pretensión, y salir del peligro sin él, como os sucederá en esta, teniendo esta prevención: que habiendo determinado herir con herida de primera intención, eligiereis medio de proporción en punto A, y con la presteza que en tal caso se requiere, llegaréis a punto B arrimando vuestra espada a la contraria, yendo corriendo con la fuerza de la vuestra, por la flaqueza de la suya, hasta herir en los pechos, que, mediante tenerle sujeta la espada, como se la tendréis, no tendrá mucha defensa, aunque la procure con mucha diligencia, ni aun retirándose atrás, si una vez hubiereis elegido medio, por ser el compás tan breve, y el haberse de herir por la postura de la espada y no por el perfil del cuerpo. A lo cual es necesario que advirtáis, que no sea mayor que cuanto alcanzareis a herir, que con una pasada habrá harto, que tiene de largo dos pies: cuya declaración reservo para cuando entremos en lo universal. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA300CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Herida de primera intención por encima de la espada. Toda continuación en una cosa, causa facilidad en el obrarla, y por difícil que sea, la facilita y hace tratable, quitándole aquella austeridad que a los principios tiene, que casi la hace imposible, al parecer. Y entre las obras dificultosas de la Destreza, es esta una de que tratamos: porque así como el buen Piloto, cuando va navegando por el ancho mar, respecto de su largura, se descuida, por las muchas leguas que está de tierra: procurando llega a alguna barra, o canal, con mucho cuidado va mirando por dónde encaminar su navío, que no toque, y con la fonda en la mano, va midiendo si hay la hondura que su navío demanda, todo con temor del peligro que ve cercano: así al Diestro, cuando va navegando por el espacioso mar de la Destreza y anchura de las heridas de segunda intención, algún tanto se puede descuidar, conforme a la disposición del contrario, respecto de poderle impedir muchas heridas, o diferirlas con los desvíos: Porque hay espacio para todo: pero en llegando al canal o barra, por las de primera intención: por la cual se ha de ajustar tanto, que un punto no salga a una parte ni a otra, sopena de recibir el daño, es menester proceder con la consideración que para tales casos conviene: porque el contrario por una, o por otra parte podría ofender: pero todo este peligro se facilitará y quitará con esta prevención: Si a vuestro contrario le quisiereis herir de estocada en los pechos, o cuchillada en la cabeza, elegiréis medio de proporción en punto A y sujetando la espada, caminaréis, poniendo el pie derecho donde lo dice, no parando allí, sino solo asentando el pie derecho, y vendréis a concluir el compás con el izquierdo en punto B estando tan cerca del contrario, que con vuestra mano izquierda, le sujetéis su espada, y sujeta, le podréis herir de estocada: y si quisiereis de cuchillada, ha de ser con tanta presteza, que al punto que levantéis la espada de la suya llegue la mano izquierda para tenerla, y de esta suerte hallaréis certeza sin peligro alguno. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ301DE LA VERDADERA DESTREZA. Cómo se deshace la herida de atrás y se hiere con la misma. Todo se le hace fácil a aquel que científicamente obra en la Destreza, y de las mayores dificultades saca defensa para su persona, como la hallaréis vos en esta demostración, contra la determinación de vuestro contrario, si fuere de heriros con la misma herida que ahora os avise, que por ser de tal preeminencia, que no solo se hiere con ella, pero juntamente se impide el poder herir el contrario con tenerle sujeta la espada, mediante el compás de pie izquierdo: Carranza, folio 31. pero para esto es menester advertir a lo que dice nuestro autor, que le conviene al Diestro saber cuán fácilmente se puede impedir el principio de cualquier movimiento por vehemente que sea, pues, como hemos dejado resuelto, no hay movimiento que no tenga flaqueza: y con este cierto e infalible supuesto, advertiréis al que hiciere vuestro contrario para esta herida, que forzosamente, después de tener su espada en ángulo recto, ha de hacer un poco de movimiento remiso, hasta llegar a ponerla encima de la vuestra, con movimiento de brazo y cuerpo. Para lo cual es menester grande conocimiento, por ser tan breve y tan corto: y gozando de este conocimiento, al punto que lo comenzare, pondréis vuestra espada encima de la suya, ganándole aquellas partes de movimiento que comenzare, desbaratándole su intento intencional: y desde donde dice: Pie, punto E, con gran presteza pondréis el pie derecho, donde lo dice, y acabaréis el compás en punto D con pie izquierdo, sujetándole la espada, e hiriéndole con la herida que quisiereis, de estocada, o tato, con la prevención que avisé, de que al punto que levantéis la mano con la espada, llegue la izquierda a sujetar la suya. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA302CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS HERIDAS CIRCULARES DE REVÉS Y TAJO. Habiéndoos avisado de las heridas de primera intención, rectas: las cuales se obran por la postura de la espada, para que vayamos concluyendo, os quiero avisar de los tiempos circulares: El tajo y revés se forman por la postura de la espada: y se ejecutan por el perfil del cuerpo. tajo y revés, los cuales se forman por la postura de la espada, y se ejecutan por el perfil del cuerpo, por no ser permitido en Destreza lo contrario, por esta razón: Que si por la postura de la espada, se formase un tajo o revés, y sin ganar los grados del perfil del cuerpo contrario, se quisiese levantar la espada para ejecutarlo, entonces quedaría la espada contraria dispuesta para poder herir por la cercanía que tendrá con el cuerpo: y porque entonces la que formase el tajo, dejaría el ángulo recto, subiría al ángulo obtuso con movimiento violento: contra el cual el movimiento accidental de la estocada ságita, le vencerá por su brevedad, y el daño sería irremediable: y para huir este peligro, conviene que se comiencen por la postura de la espada, y se ejecuten por el perfil del cuerpo: lo cual forzosamente ha de ser con dos movimientos: uno recto, y el otro curvo: así el que hiciere la espada, como el que hiciere los pies, a quien en Destreza llamamos Movimiento mixto, que, como os avisé en la demostración de la línea mixta, es por ser contenida de dos líneas contrarias (no en cuanto a líneas, sino en cuanto a ser una curva y otra recta). Y habéis de advertir que estos tiempos circulares, se hacen con el centro principal, que es moviendo todo el brazo, como os avisé en la demostración de los tres círculos que hace el brazo, y asimismo se obran con el centro menos principal, que es con la mitad del brazo, y que el movimiento que se requiere para uno es contrario para el otro: porque el revés, por causa, que para él se ha de meter pie izquierdo, gozando del perfil del cuerpo, solo se forma doblando la mitad del brazo, y para el tajo, forzosamente ha de ser con movimiento mayor, por aquella distancia que se va apartando, así de la línea del diámetro, como del contrario, y los que hacen en la Destreza ordinaria, así tajo como revés, con solo doblar la coyuntura del codo, a quien llaman Mandoble, son movimientos impertinentes, y dañosos al que los obra: porque como los forman por la postura de la espada, caminando siempre por la línea del diámetro, sin gozar del perfil del cuerpo: aunque verdaderamente son más breves que los que se hacen con todo el brazo, como forzosamente han de hacer movimientos remiso y violento, al levantar la espada, dejan aquella parte del cuerpo descubierta y desamparada de defensa, y con pequeño movimiento se les puede ofender. Y en estos que ahora tratamos, aunque es verdad, que el movimiento es más largo, y para ejecutarlo, ha de haber movimiento remiso, mucho más que en los que ellos obran, y el movimiento violento, mucho mayor, no tiene peligro el que lo obra, pues, mediante el perfil del cuerpo, que se gana con el movimiento curvo, se aventaja todo esto, y se hiere: como lo iréis viendo en las demostraciones siguientes: las cuales advertiréis con mucho cuidado. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ303DE LA VERDADERA DESTREZA. Herida de tiempo circular, revés de primera intención. Advertid que en punto C se ha de meter pie izquierdo. Al hombre que milita en la guerra y desea vencer, aconseja Séneca, y Vegecio en el De Re Militari, que aperciba la guerra de mucho tiempo antes que la comience: porque pocas veces de las cosas que acaso se obran, sucede bien. Y con deseo de que en todas vuestras obras, tengáis dichosísimo suceso, os aconsejo toméis este consejo: porque es muy provechoso, y antes de que comencéis proposición o treta alguna, ejercitadla mucho tiempo: que esta es la prevención que conviene, y estas de tajo y revés, mucho más, respecto de sus largos movimientos, que, como en otras partes os he avisado, no hay ningún movimiento circular, que para que llegue a su efecto, no conste de cuatro movimientos, con participación de dos ángulos: y quien ha de andar camino tan largo en tiempo tan breve, menester habrá de saber obrarlo, poniéndose en aquella distancia que convenga para salir sin peligro: Pues si determinareis ofender a vuestro contrario con un revés de primera intención, en menester que consideréis, que por causa de haber de hacer aquel movimiento circular, contra el cual se contrapone el recto por su mucha brevedad, que para obrarlo sin peligro, habéis de poner el cuerpo en tal perfil, que siendo señor de sus movimientos, él no pueda impedir los vuestros: y todo esto os enseña esta demostración, pues avisa de que elijáis vuestro medio de proporción en punto A y arriméis vuestra espada a la contraria: de tal suerte que caiga su flaqueza sobre la fuerza de la vuestra, dando compás recto, hasta donde dice: Pie derecho, punto B, apartándoos de la línea del diámetro un pie, y desde allí, sin parar un punto, llegaréis a punto C con pie izquierdo, sujetándole la guarnición de su espada con la mano, formando un revés, que, como os he avisado, se forma arrimado al muslo derecho: y habéis de advertir que ha de ser todo a un tiempo: porque si levantaseis la espada antes de mover el cuerpo, os sería de mucho daño, y así ha de ser movimiento de cuerpo y brazo tan igual, que no sea uno un punto antes que el otro, y con esto hallaréis la ejecución cierta y sin peligro ninguno. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA304CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Aquí se acaba el revés que se comenzó en la demostración pasada. Advertid que en punto C se ha de meter el pie izquierdo. Así como las letras pequeñas, más que las grandes, atraen y extienden la vista, y la hacen más atenta: así las cosas de artificio, hacen que más se alerte el Entendimiento, que no las cosas ordinarias: y es esta de que tratamos, de mucho artificio, y de gran importancia, sin que se le pueda negar, ella misma lo publica: porque herir al contrario, perfilar el cuerpo, y sujetarle la espada, obras son solo de Destreza Verdadera, y de Diestro muy ejercitado en ella se puede esperar; Ningún tajo o revés, se forma sin perfil de cuerpo o sujeción de espada. y porque cualquier tajo, o revés no se puede formar sin perfil de cuerpo, o sujeción de espada, y el tal perfil por haberse de buscar por cualquier lado de la circunferencia, hasta llegar a estar hombro con hombro con el contrario, que conviene que sea con mucha diligencia: porque habiendo de ser la herida de revés, ha de estar el hombre izquierdo junto al derecho del contrario, y si fuere tajo, ha de estar el hombro derecho en línea recta con el izquierdo contrario: y esto no se puede conseguir de un solo movimiento. Y porque esta herida consta de dos movimientos de brazo, y dos compases de pies, quise, porque mejor lo entendáis, poner estas dos demostraciones: una en que se comienza la proposición de punto A a punto B, y esta, en que tiene fin perfecto la treta llegando a punto C, y el ser el primer movimiento recto y este curvo, conviene así: porque si quisieseis caminar siempre por la línea recta, ni habría buen perfil del cuerpo, ni al entrar con el pie izquierdo dejaría de ofender el contrario: y por ser el movimiento curvo, se goza de buen perfil, y si algún movimiento hace el contrario, es conocido y se le puede impedir, aunque en punto B hace aquel asiento el pie derecho, no ha de ser para estarse allí, que por eso se pone solo: porque entendáis la brevedad con que lo habéis de dar, y que solo habéis de poner el derecho allí, para que sirva de descanso, y que el izquierdo pueda mudarse desde allí a donde se forma el revés. De manera, que desde punto A habéis de pasar el pie derecho a punto B, y al punto el izquierdo al punto C, formando el revés que os he dicho. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ305DE LA VERDADERA DESTREZA. Revés contra revés al principio del movimiento recto. Advertid que para el revés punto E se ha de meter pie izquierdo. Doctrina es de mucha importancia aquella que enseña cuántas diferencias hay de heridas, o por mejor decir, en qué tiempos se pueden obrar: porque como el tiempos sea tan fugitivo, y de él no se puede entender que tenga estabilidad, se puede entender en buena Filosofía, que aquello que en él se obrare, juntamente con él se acabará: y así el movimiento que entiempo se hace, con el propio tiempo con velocidad camina, y como no se goce de su principio, si un poco coge la delantera, así como es difícil alcanzar el mismo tiempo, lo será alcanzar el movimiento que en él se obró: y, como en otra parte os avisé, hay tres modos de herir, diferentes cuanto en el tiempo: las cuales son heridas antes de tiempo, en tiempo, y después de tiempo, cuyas conclusiones, avisé en el principio de este libro, y de las primeras, que son las de antes de tiempo, os voy avisando en estas demostraciones de primera intención, y de las de en tiempo os avisaré en la de segunda intención, y de las de después de tiempo, avisaremos adelante. Carranza, folio 41. Ahora conviene que advirtáis a lo que dice nuestro autor, que en las diferencias que hay de tretas formadas, unas se forman del primer movimiento del adversario, y estas tienen su división, que las unas se forman de los acometimientos perfectos, y otras se forman de los propios movimientos que nos vienen a herir: porque esta herida se forma del acometimiento perfecto, que es herida formada en tiempo, que es en el que el contrario hace el movimiento, pues al principio del revés, le cogemos aquel movimiento, y le herimos con el revés que él quería herir: en esta manera. Si vuestro contrario quisiere formar el revés que vos formasteis, y para ello pasare desde punto A a punto B con el compás recto, podréis, valiéndoos de aquel principio de movimiento, pasar desde donde os hallareis, que será en punto D, hasta punto E metiendo el pie izquierdo, sujetando la línea contraria, y formarle el propio revés que él comenzó: porque hasta llegar a punto B con el movimiento recto, cualquiera que lo comience, lo propio que fuere para uno, será para el otro: y llegado allí, cada uno podrá formar revés: porque es como cuando con espadas iguales, uno elige medio de proporción, que aunque lo elige para sí, también lo elige para su contrario. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA306CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Tajo contra revés, al principio del movimiento recto. El más principal precepto para saber con certeza la Destreza, es, acordarse siempre de ejercitar aquello que se aprende, para que en el Ánimo se establezca un hábito, el cual sea tan firme, que jamás se altere, ni en cosa halle novedad: y porque esta demostración y proposición que señala, es, con desigual y contrario movimiento que el contrario forma para su pretensión, requiere particular cuidado, y grande conocimiento: porque la herida que se ha de ejecutar, ha de nacer de su primer movimiento que forma para acometer, y con él llega a punto B y la Filosofía suya es esta. Si vuestro contrario, habiendo elegido medio de proporción en punto A quisiere formar el revés, que hemos dicho, pasando con el acometimiento a punto B tendréis conocimiento: y al principio de él, pasaréis desde donde dice: Pie (que es donde os hallareis), a punto F formando un tajo, con tal velocidad, que cuando vuestro contrario acabe de sentar su pie derecho, donde lo señala punto B, llegue vuestro tajo a la cabeza: porque si acabase aquel movimiento, requiere para herirle, y defenderos otro medio particular (que en la siguiente demostración avisaré). Esta herida ha de ser con movimiento de pie derecho, perfilando el cuerpo, y lo podréis obrar con facilidad, respecto de a ver de pasar su espada, para formar el revés por debajo de la vuestra: a la cual, mientras que pasáis a punto F la tendréis sujeta, para que tengáis más lugar de poder perfilar el cuerpo: y si os parece, que lo propio podrá suceder en vos, cuando quisiereis formar el revés, su puesto, que es verdad, no os dé cuidado, pues así para este, como para todos los demás, os quede vuestro remedio universal con que defenderos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ307DE LA VERDADERA DESTREZA. Tajo contra revés, al principio del movimiento curvo. El camino de la virtud, siempre se anda con sudor y trabajo, y el de la ciencia no con menos: porque, según Eurípides y Hermeonio [probablemente, Hermógenes], por la puerta del mucho trabajo y experiencia, se viene a tener conocimiento de la ciencia: pero cuando se goza de su fruto, que es el fin que se desea, se da por bien empleado, y mucho más que hubiera sido: así cualquier trabajo que padezcáis en el estudiar, y ejercitar esta doctrina, lo daréis por bien empleado, si en las ocasiones de peligro gozáis de la seguridad que os promete: lo cual, de su parte, os aseguro, si el obrarla fuere con aquellas partes que se requiere: y para que esta la podáis ejercitar, la habéis de entender de esta manera. Carranza, folio 41. Dice Carranza, que entre las diferencias de heridas que hay, es una, cuando del preludio que hace el contrario para formar revés, formamos tajo, y le herimos con él, sin que nos ofenda. Por manera, que si vuestro contrario quisiere formar el revés que vamos tratando: y habiendo acabado el cometimiento de punto A a punto B y quisiere meter el pie izquierdo, para formar el revés, conviene, que tengáis conocimiento de aquel principio de movimiento: y en comenzando, desgraduaréis desde punto D a punto T formando un tajo, de tal suerte, que le alcancéis a herir con la punta de la espada, sin estar más dentro, porque dañará: y ha de ser con tanta velocidad, que cuando el contrario vaya metiendo el pie izquierdo, antes de que llegue a punto P, que es la mitad del camino que ha de andar, ya vuestra herida esté ejecutada: y cuando el contrario acabase la acción de su movimiento, y llegase a punto C, como esta herida se ha de obrar al principio del movimiento remiso, antes de que se principie el violento, y se engendre el natural, se le habrá herido: y por respecto de estar mal perfilado su cuerpo, será imposible poderos alcanzar su espada, si no fuere con nuevo movimiento: el cual podréis desbaratar fácilmente. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA308CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Estocada contra revés, al principio del movimiento curvo. Decía, y muy bien Agamenón, Capitán Greciano, que en la guerra más quería buen consejo, que mucha fuerza: porque la fuerza muchas veces yerra: pero el buen consejo, al fin como obra del Entendimiento, y Prudencia, siempre nos guía a lo bueno y provechoso. Este célebre dicho viene muy a propósito del sentido que en sí encierra esta demostración: pues contra un movimiento tan feroz, en el cual se comunica la mayor parte de la fuerza de un hombre enojado, o al menos deseoso de ofender, se le impide y desbarata con tanta facilidad, que es uno de los movimientos más fáciles que puede hacer un hombre el que demostramos: con el cual se le ofende, y juntamente se le defrauda su intento, con solo el buen consejo de la Destreza verdadera. Y para que su valor entendáis, advertid, que cuando vuestro contrario quisiere formar el revés, y hubiere acabado el acometimiento de punto A a punto B, y de allí quisiere pasar a punto C (que vos pasasteis cuando le heristeis con el propio revés), y comenzare a meter el pie izquierdo, en aquel principio desgraduaréis desde punto D donde estaréis afirmado, hasta punto R solo afirmándoos recto, buscando proporción: y cuando vuestro contrario llegare a punto P, que es la mitad del camino que ha de andar, y comenzare con la espada el movimiento remiso, entonces llegará la punta de vuestra espada a su pecho: lo cual podréis hacer con mucha facilidad, pues al principio que formare el revés, dejará vuestra espada tan cerca de su cuerpo, que sea menester desgraduar atrás para herirle, como lo señala esta demostración. Y de esta suerte, hallando la espada delante, y su cuerpo tan mal perfilado, y puesto en uno de los extremos, aunque sea el mayor bárbaro del mundo, no proseguirá: pero si quisiere hacer otras heridas, conoceréis sus movimientos, e impediréis con facilidad. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ309DE LA VERDADERA DESTREZA. Estocada, o tajo al principio del movimiento recto, sujetando la espada. A Agis Rey de los Lacedemonios preguntaron, cómo podría uno ser libre. Respondió animosa y valerosamente: Si menospreciare la muerte, porque el temor de ella, aparta a muchos de emprender grandes cosas: y que esto sea cierto en la materia que tratamos, de nunca jamás llegar a las manos, sino desde afuera andar tirando tajos furiosos, es tan público, que por tal lo dejo: pero si menospreciaran el peligro, y la imaginación de la muerte, hicieran en Destreza grandiosas obras: y esta, de que tratamos, no es de las menos, pues participa de impedimento universal, y es herida, que se ejecuta con mucho rigor, y se requiere obrarla con mucha prevención: porque en cualquier ocasión que se hubiere de estar rostro a rostro con el contrario, yendo caminando por junto a la línea del diámetro, es menester grande cuidado, y mucho conocimiento, así del movimiento que hiciere, como de los que pudiere hacer: y gozando vos de esto, le podréis herir al principio del acometimiento que hiciere para el revés: en esta manera. Al punto que comenzare el acometimiento desde punto A a punto B que, como ya os dije, pasa su espada por debajo de la vuestra, conociendo el principio del movimiento desde punto D, que es donde estaréis afirmado, llegaréis a punto H con el pie izquierdo, sujetando la espada con vuestra mano izquierda: y conseguido esto, podréis formar un tajo, o herir de estocada: porque entonces todo estará en vuestra mano; pero ha de ser con tal presteza, que cuando vuestro contrario llegue a asentar su pie derecho en punto B, en aquel propio punto llegue el vuestro izquierdo a punto H, porque de otra suerte, por poca que fuese la tardanza, no solo no conseguiríais vuestro intento, pero dañaría. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA310CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Herida de tajo de primera intención. Las Artes, ciertamente no tienen, necesidad del favorable suceso de fortuna para obrar su propio efecto, y conseguir su perfecto fin, pues siempre se van obrando con unas partes de Prudencia y razón: las cuales están repartidas por todas ellas: y a la proposición que esta demostración señala, no poca parte le alcanza de esto, pues su efecto se viene a conseguir con un fundamento científico, tal, que vuestro entendimiento quedará satisfecho con su declaración. Al principio de la declaración de estos tiempos circulares quedó propuesto (conforme lo dice nuestro autor) que las proposiciones, unas se comienzan por la postura de la espada, y otras por el perfil del cuerpo. Y también os avisé de cómo estos tiempos se forman por la postura de la espada, y se ejecutan por el perfil del cuerpo: y aunque el tiempo circular revés, que ya queda avisado, goza de esta preeminencia, a lo menos no goza de las demás importancias, pues no participa, como este, del impedimento universal: mediante el cual podréis disponer el cuerpo en tal medio, que cuando levantéis la espada, no recibáis daño de la contraria, pues, como lo manifiesta esta demostración, afirmándoos en punto A pasaréis a punto B sujetando la espada contraria, apartándoos de la línea del diámetro dos pies, por ser medio conveniente para conseguir lo que se pretende: y llegando adonde he dicho, daréis un compás curvo hasta punto C y todo a un punto, formaréis la herida de tajo que manifiesta la demostración siguiente. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ311DE LA VERDADERA DESTREZA. Aquí se acaba el tajo, que se comenzó en la demostración pasada. Prohibido está en Destreza verdadera comenzar treta de tajo, por el camino, o con el medio que pide y requiere treta de revés, ni por el contrario: y así visteis, que en las demostraciones pasadas del tiempo circular revés, según la línea que guía el compás, parece que se va apartando de la línea del diámetro hacia la parte izquierda, por convenir así, respecto de haberse de ejecutar en el lado derecho contrario: y ahora para el tajo se ve que se va apartando por la parte derecha, porque la ejecución ha de ser en el lado izquierdo. Y pues en la declaración antes de esta os dejamos en punto B habiendo hecho el primer movimiento, para pasar a punto C a ejecutar el tajo, habéis de advertir, que habiendo llegado a punto B teniéndole sujeta la espada, como lo manifiesta la demostración, daréis un compás curvo a punto C y todo a un tiempo, formaréis el tajo: de tal suerte, que cuando lleguéis a sentar los pies, llegue la ejecución a la cabeza: y si al punto que levantareis la espada, vuestro contrario os quisiere herir de estocada en los pechos, además de ser el movimiento tan conocido, respecto de la mucha distancia que habrá entre los dos cuerpos, por ser el compás tan apartado, tendréis lugar de conocerlo: y así mismo tendrá lugar el movimiento natural de haberse engendrado, y de bajar naturalmente, para matar aquel movimiento que os fuere a herir, volviendo a sujetar su línea, e hiriendo conforme os pareciere. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA312CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Tajo contra tajo, al principio del movimiento curvo. Es tan recta en sí la naturaleza, que ella de sí misma nos guía a lo bueno y provechoso, y nos inclina y fuerza a procurar nuestra conservación: y por esta causa, ninguno ha de desfallecer un punto por muy fuerte que tenga el contrario, pues tiene tan buena maestra que le gobierne: y al que fuere Diestro, se le podrá animar, y avivar más la confianza, trayendo a la memoria lo que dice nuestro autor, Carranza, folio 31. que por la misma causa y lugar que se hace la treta, por ese mismo se vuelve a deshacer: Carranza, folio 41. y así mismo, en lo que dice más adelante, en las diferencias de las heridas, que dice, que cuando el contrario produce el primer movimiento, para de él sacar tajo, que se le coge aquel principio de tajo, y se forma otro tajo con que se le hiere. Tretas de tajo formadas, son cuando el contrario hace treta de tajo, y del mismo tajo se forma tajo, con que se hiere. Y dando la declaración, con su aplicación, advertid, que si vuestro contrario, afirmado en punto A, quisiere pasar a punto B y desde allí a punto C formando el tajo, conociendo el principio de su movimiento: y gozando de él, pasaréis desde punto T, que es donde estaréis afirmado, a punto L, formando otro tajo, de tal suerte, que al mismo punto que llegue a punto C lleguéis a punto L y el poderse formar el tajo, no hay duda, Carranza, declaración folio 2. porque cuando él levantare su espada para formar el suyo, quedará la vuestra libre, para desde el paraje que la dejare, formar el propio tajo, que aunque se comience más tarde, respecto de valeros de su movimiento: y mediante el compás y perfil del cuerpo, le ofenderéis, sin que él en nada consiga su intento: porque, mediante la desigualdad de cuerpos y líneas, será imposible alcanzaros, ni hallaros, como os avisé en la demostración llave y gobierno de la Destreza, pues por ser los movimientos curvos, por los lados de la circunferencia, se procederá en infinito, sin que jamás concurran los cuerpos por más que lo procuren. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ313DE LA VERDADERA DESTREZA. Revés contra tajo al principio del compás recto y movimiento remiso. Para asegurar nuestra vida, y librarla de aquel que nos la quiere quitar, necesidad tenemos de saber mucho, y obrar mucho: y no solo obrar mucho, pero que sea bueno aquello que obraremos: porque sin fruto trabajará en la Destreza verdadera, el que hasta acabar la guerra, no perseverare, respecto de que en una hora, y aún en un punto de descuido, se pierde cuanto se ha trabajado toda la vida. Y porque vamos imitando a nuestro autor, pues la invención de su Ingenio es tan excelente, puse esta demostración: la cual no solo es de artificio, pero de mucho provecho para ofender al contrario, que quisiere formar tajo: Carranza, folio 41. pero es menester que nos acordemos de lo que dice, que cuando el contrario hace el preludio o primer movimiento para formar tajo, le formamos revés, o estocada: y el revés, que es el que manifiesta esta demostración, así para entenderlo como para obrarlo, lo habéis de entender: así, si vuestro contrario quisiere formar el tajo, con que hace poco le heristeis, y quisiereis herirle de revés, tendréis conocimiento del principio de su movimiento, y al punto que pasare desde punto A a punto B para sujetar vuestra espada, respecto de sacarla de entre los dos cuerpos, y ponerla remosta en aquel lado, pasaréis desde punto D hasta punto E metiendo pie izquierdo, sujetando la espada, y formando un revés, con prevención y advertimiento grandísimo, que al punto que llegue a sentar el pie derecho en punto B habéis de llegar vos a punto E, porque si llegase primero, cuando vos comenzaseis vuestro movimiento, formaría él el suyo: y cuando le vinieseis a acabar, bajaría su espada naturalmente, y os encontraría: Pero si quisieseis herirle de estocada, también habéis de advertir al principio del movimiento, y cuando sacare su espada para sujetar la vuestra, daréis compás curvo con pie derecho por el lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda, dando la herida debajo del brazo de su espada: y para mejor, por encima de la propia espada, ejecutándola en los pechos, y al punto saliros a proporción, para que sus movimientos los conozcáis. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA314CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS REPAROS CÓMO SE HAN DE FORMAR. Así por ser este lugar conveniente para tratar de los reparos pues hemos dicho de los tajos y reveses, como por tenerlo prometido en dos partes, determiné avisaros el orden que habéis de tener, en el reparar: y los tales reparos, con qué ángulos se han de hacer, así en el cuerpo como en el brazo, y a qué tiempo, y en qué distancia, no porque os sea preciso en Destreza el reparar, pues quien hubiere considerado bien el libro de nuestro autor, no habrá hallado ni visto en él parte alguna, que diga que al Diestro le sea forzoso reparar: Carranza, declaración folio 3. pero en su declaración, dice, que el reparo perfecto ha de nacer de la misma herida, y ha de ser de su misma especie, Carranza, folio 31. y esto con lo que dice así mismo en su primer diálogo, que por la causa y lugar que se hace la treta, por esa misma se ha de deshacer, manifiesta muy claramente, que al Diestro no le es forzoso el reparo, y dice maravillosamente: porque no es menester reparar, sino que la herida misma sirva de reparo, y sea de su misma especie: de tal suerte, que si el contrario formare un tajo, que al principio de él le formemos otro, y le hiramos y quedemos reparados, mediante la desigualdad de cuerpos y líneas: y si formare revés, herirle con el mismo, y a cada uno con su contrario, al principio que formare el revés, herirle con tajo: y al principio del tajo, herirle con revés, y a la estocada de cualquier suerte que sea herirle con la misma, formando juntamente reparo, como habréis visto en la demostraciones que hasta aquí se han puesto, pues las heridas se hacen con tal medio, y con tal proporción, que siempre queda con reparo: Carranza, folio 180. y si en la demostración del cuadrado del tercer diálogo, trata de reparo e impedimento al principio del movimiento natural, es cuanto a la daga contra la espada, con la cual conviene reparar, respecto de su poca largura, y de haber de herir desde cerca, por defecto de su cantidad: y siendo al contrario, sería imposible, como se dirá en un cuadernillo particular (que, siendo Dios servido, saldrá a la luz) de la daga contra espada: Estos reparos más los pone el autor por satisfacer al vulgo, que de voluntad. pero en la espada, no hay esta obligación, respecto de tener cantidad y largura, para poder desviar y atajar el movimiento ya puesto en acto y herir desde distancia tan LUIS PACHECO DE NARVÁEZ315DE LA VERDADERA DESTREZA. determinada, que lo pueda sin peligro, como se verá en lo universal: pero porque les parecerá a algunos que tratar de Destreza, y no tratar de reparos, que es una cosa muy desigual: y porque la necesidad os podría compeler en alguna ocasión, a no poder andar en proporción, o no poder llegar a algún lado de la circunferencia, o ángulo rectilíneo, sin que la espada contraria os ofendiese, respecto de haber ya formado el movimiento violento, y comenzar el natural, os avisaré, cómo lo habréis de formar: pero no serán de los que ordinariamente usan los que tratan la Destreza ordinaria: Objeciones contra el reparo de la común Destreza. porque si ellos mismos bien lo consideran, su modo de reparar, hallarán que es dañosísimo, por dos causas: la primera, es que quieren reparar el rigor grande del movimiento natural, con el brazo o la capa: y que esto sea inconsideración, lo podrían decir aquellos, que han quedado mancos, por solo hacer el reparo: porque si en una cuesta que fuese algo encumbrada, echásemos a rodar una piedra, y después de haber tomado vuelo, quisiese uno ponérsele delante, a detenerla, no le sería posible, antes lo llevará de encuentro: así será en la espada que después de haber acabado el movimiento violento, y haberse comenzado el natural, con la fuerza que se comunicare, además del amor natural que traerá la espada para bajar a su centro, cuanto hallare delante, lo llevará al suelo con grande ofensa: Tartalla, proposición I. porque, como dice Nicolao Tartalla, todo cuerpo igualmente grave, en el movimiento natural, cuanto más se fuere alejando de su principio, o acercando a su fin, tanto irá más veloz. En consideración de hacer el reparo. La otra muestra más a la clara, su inconsideración, pues no se contentan con hacer el tal reparo, sino que se ponen debajo de la misma espada y brazo contrario pudiendo apartarse un poco de la línea del diámetro, a cualquiera de los lados: para que cuando bajase con el movimiento natural, no les hiciese tanta ofensa: Pero para qué es el reparo que hacen, pues de él no sacan herida, sino solo reparar la que el contrario hace para ofenderles, y en esto gastan el tiempo, con que el contrario se anima, viendo que no tiene peligro. Lo otro que se ha de considerar, es, que supuesto que quieran hacer los reparos, no todas las veces podrán formarlos: El tajo y revés tienen lugar propio por donde se forman, pero no punto cierto donde se ejecuten. porque habéis de entender infaliblemente, que los tiempos circulares, tajos y reveses tienen su lugar propio por donde se forman: pero no punto cierto, donde se ejecutan: y que esto sea cierto, vemos que el tajo se forma, llevando la espada por el lado LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA316CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS izquierdo, y el revés arrimada al muslo derecho, como ya se ha dicho: y que esto en ningún tiempo se puede alterar ni trocar: pero la ejecución, respecto de no hacerse el reparo al principio del movimiento natural, sino antes querer aguardarlo, como el brazo se puede mover a diversas partes, por virtud de los tendones y cuerdas que tiran y aflojan, halla la voluntad, disposición en él para encaminarlo a donde bien le parece: y así vemos, que unas veces hiere en los muslos, estando aguardando el que repara, que le han de dar encima la espada, y otras en las piernas, saliendo vano el intento del que reparó. Objeción contra los reparos por el mismo autor. Y sin lo dicho, primero que tratemos de los reparos, generalmente hablando, tengo que poner algunas objeciones contra ellos, que me parece que no serán mal fundadas: la primera, es decir, que si yo puedo herir a mi contrario, sin reparar y quedar libre de que me pueda herir en proporción y distancia conveniente, que para qué tengo yo que afligirme por reparar, y si el reparo es solo para defenderme de la herida, y yo puedo impedirla con mi espada, sin que la del contrario me pueda ofender, estando en mi mano el ofenderle cuando quisiere, que por qué me tengo que sujetar a repararle: Nota contra el reparo. pues muchas veces se ha visto al punto que se repara, cómo las dos espadas las quitan de entre los dos cuerpos, y ninguna hiere, venir a los brazos y echar mano al sombrero para tapar los ojos, echar mano a la barba, y darse golpes en los rostros: Todo lo cual es feo y dañoso, y cuando esto cesase, bien se sabe en Destreza, que las heridas de segunda intención, constan y se componen de los movimientos contrarios, como hemos dicho: y siendo así, se verá, que cuando se hace el tal reparo: y después de hecho, quiere formar herida el que repara, cómo forzosamente ha de hacer movimiento: porque sin él, no se puede herir: y para hacer este movimiento y herida, ha de dejar libre la espada, que hasta allí tuvo impedida: el contrario se aprovechará de él para herirle con revés, si formare revés, y con tajo si lo formare. Y aunque a estas objeciones, hay poco que contradecir, no obstante lo dicho, os manifestaré por demostración, cómo se hayan de hacer los reparos, y obviar algunos inconvenientes de los que se han puesto, advirtiendo, que solo hay dos reparos diferentes en sí, por ser diferentes los ángulos que el brazo y el cuerpo hacen cuando se forman, y los compases que se dan: y la disposición del cuerpo, el uno es para el tajo, y el otro para el revés: porque así como cada uno de estos tiempos circulares, se forma por su lado: así el reparo se ha de hacer por el que se formare: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ317DE LA VERDADERA DESTREZA. Note el Diestro, y óbrelo así. pero os advierto, que siempre que pudiereis herir a vuestro contrario, o impedirle la herida con el género de herida que dice Jerónimo de Carranza, que ya referimos, que nazca de su misma herida, y sea de su misma especie, lo obréis para más ofensa de vuestro contrario y defensa vuestra. Y que esto sea mejor, lo dice muy bien nuestro autor, en el diálogo segundo de la falsa Destreza, donde por vía de objeción a una herida y reparo ordinario; dice, que si él puede herir sin reparar, ¿Qué para qué se ha de cansar en formar reparos? Y para en esto y con las objeciones que hemos puesto, y este modo de hablar, y las razones que se han dado, basta para entender, que no nos es preciso el reparar, antes en alguna ocasión podría ser dañoso: y con este supuesto, podremos pasar a las demostraciones. Nota: Y primero habéis de advertir, que los números 3 y 6 que están en las espadas, es de tanta consideración tener conocimiento de su importancia, que si os faltase, sería imposible conseguir el intento que vamos tratando, que es reparar: y digo imposible: porque de cierto lo será: Carranza, folio 18. y habéis de entender, que en ellos imito a Jerónimo de Carranza, porque en el diálogo tercero, en la demostración del cuadrado, donde pone el reparo que hace la daga a la espada, lo manifiesta por ellos: lo cual habéis de entender de esta manera: que el número 3 es donde (cuando se forma tajo, o revés) se acaba el movimiento violento, y desde allí ha de tener principio el movimiento natural: y esto viene a ser, cuando llega la espada al ángulo obtuso, después de haber dado toda aquella vuelta circular, mediante el movimiento remiso y violento: y que si en aquel punto se forma el reparo, antes de que el movimiento natural se rehaga de partes, con cualquier pequeña fuerza se podrá detener, impidiendo que no baje, aunque su autor lo procure y quiera: pero si la espada llegare a número 6, que es donde el movimiento natural viene bajando con tanta velocidad, compelida así del amor natural que la trae a su centro, como de la fuerza que entonces se le ha comunicado, ninguna resistencia lo será ni reparo puede haber que le impida el efecto, y así habiéndose de reparar, para que el efecto sea conforme el nombre, os conviene tener entero conocimiento de todo lo dicho: y en particular del movimiento violento y natural: de los cuales adelante os avisaré particularmente. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA318CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Reparo contra revés, y herir con el propio. Así como en las demás cosas, hay en la Destreza ciertos términos y fines determinados, que no conviene traspasarlos, sopena del daño que de ello viniere: porque aquel orden y método de obrar cualquier cosa, no se puede alterar sin que se dañe, o no se aproveche: y en los reparos (supuesto que haya de hacer) es lo mismo, que se han de componer con aquellas partes convenientes: y así advertiréis, que una vez se forman los tiempos circulares de solo la voluntad del que los obra, y otras veces compelido y apremiado del Diestro que tiene poder para ello, para de allí sacar su herida y defensa. Pues si con vuestro contrario os sucediere, habiéndole sujetado su espada, o de su voluntad formare un revés, y os hallareis en lugar y proporción conveniente, para llegar con un compás geométrico, en el tiempo que gastare en formar el movimiento remiso y violento, daréis compás recto desde punto A a punto B, y en el punto que se acabare el movimiento violento, y que comience el natural, que será donde está el número 3, formaréis el reparo, en esta forma: Pondréis recto el brazo en el ángulo recto, y la mano uñas arriba, y la guarnición de la espada, que venga derechamente a estar en derecho del rostro, como lo señala esta demostración: y que los recazos sean los que formen el reparo: porque, según Carranza, tienen virtud para resistir: así por estar más junto al brazo, como por los ángulos que hace el brazo y la muñeca con la espada: pues, como así mismo dice en el primer diálogo, donde hay ángulo, hay fuerza. Y en esta especie de reparo, por cuanto consta de tres ángulos: el uno el que hace el brazo con el cuerpo, y el otro el que Hace la espada, y el otro que hace la muñeca, hay fuerza para resistir. Y con esto quedará formado el reparo: de tal suerte que no se pueda engendrar el movimiento natural, pues será semejante, cuando una piedra se comienza a mover para rodar, si a este principio llegásemos a detenerla, con facilidad podríamos: por si cobrase vuelo, como dijimos, a ninguno le será posible, sin que le ofenda: y por eso, así en la piedra como en la espada, ha de ser al principio del movimiento. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ319DE LA VERDADERA DESTREZA. Herida de tiempo circular, revés habiendo reparado el del contrario. Una de las objeciones, que contra el reparo se puso, fue que del principio del movimiento, que se hiciese después de haberlo formado, podría el contrario, valiéndose de él, formar la herida de segunda intención, supuesto que se deja libre la espada: lo cual se ha de prevenir, avisando cómo se ha de obrar sin este riesgo, y es así, que habiendo dado el compás recto de punto A a punto B, y formando el reparo en la manera referida, pondréis la mano izquierda que detenga la espada contraria en el propio lugar que quedó, mediante el reparo, que podréis hacerlo con facilidad, respecto de haber de ser el compás con pie izquierdo, y por el lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda, con que iréis a parar a su lado derecho: y teniéndola sujeta e impedida que no baje en el tiempo que pasareis desde punto B a punto C formando un revés, y cuando lleguéis a donde os aviso, entonces, dejaréis que la espada contraria haga el movimiento natural, para que tengáis lugar de ejecutar el vuestro en su cabeza: y cuando él de su voluntad no bajare, le podréis forzar a ello, pues le tendréis sujeta la espada: y cuando quisiere levantarla más en alto, no podrá sin vuestro consentimiento, por la virtud que tiene el movimiento natural contra el violento (como adelante se dirá): y si quisiese presumir de tener el brazo en aquel estado, procurando resistir el bajarlo, no le será posible, por tenerlo violento, por causa de que los hilos que entonces aflojan para que el brazo pueda subir, no le favorecen, y aunque quisiese ayudarse con el otro para resistir, no lo podrá, como tampoco podrá la espada levantarse aunque seis brazos lo procuren, con solo ponerle un dedo encima de la punta: y con esto le ejecutaréis el revés, teniendo perfilado el cuerpo, como en otras partes os he avisado, pudiendo también herirle de estocada en los pechos, sin ejecutar el revés, o después de él. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA320CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Reparo contra tajo, o revés, y herir con el propio tajo. Todas aquellas cosas, que se hacen sin arte, doctrina, ni razón, sino solo por la opinión, ímpetu o apetito, ciertamente son viles y apocadas, y después de hechas, no dejan otra cosa de sí, que un confuso e irremediable arrepentimiento. Esto se halla en los reparos, que en la Destreza ordinaria hacen a los tajos: los cuales son hechos con poca consideración, pues no solo no los hacen al principio del movimiento natural, sino que cruzan las espadas encima de la cabeza, y allí quieren aguardar el rigor del movimiento natural, y es por ignorar, que los recazos tienen virtud de resistir: y para ser libre de esto, y poder hacer el reparo contra el tiempo circular tajo, habéis de advertir, que ha de ser diferente del que formasteis contra el revés, por formarse por diferente parte. Y así han de ser diferentes los ángulos, de brazo, espada, y cuerpo: y si vuestro contrario, ora sea de su voluntad, o habiéndole vos obligado, os quisiere formar un tajo: el cual, como ya os he dicho, se forma llevando la espada por el lado izquierdo, y se ejecuta en el izquierdo contrario, dando compás por el lado de la circunferencia de la mano derecha: y para esto daréis un compás recto desde punto A a punto B poniendo vuestra espada delante de la contraria, en punto 3. Y para esto habéis de afirmar el brazo recto en ángulo obtuso: pero la espada ha de estar al contrario del revés (no porque el mismo reparo no se podría hacer también para el revés, si el Diestro determinase herir de tajo), y para este han de estar las uñas abajo: Carranza, folio 154. Porque, como dice Carranza, para el tal ángulo y reparo, obran los hilos que salen de la punta del hombro, y de la axila que está allí trabada: los cuales alzan el brazo derechamente al lugar donde lo ponemos las veces que reparamos uñas abajo, que es este que os voy avisando. Y habiendo formado el reparo en punto B, supuesto que no os habéis de quedar allí, sino herir con el propio tajo que él formó: en la siguiente demostración lo veréis, que es punto C. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ321DE LA VERDADERA DESTREZA. Herida de tajo, habiendo reparado el tajo, o revés contrario. En cuanto a los rayos visuales, que salen de nuestros ojos, más se alargan en moderada proporción y distancia, aquella cosa que vemos, mayor nos parece: Debajo de este supuesto, muy propiamente podremos entender los reparos, con la aplicación de decir, que cuanto la espada, que ha de hacer el reparo, más se apartare de la que viene hiriendo al principio del movimiento natural, que tanto menos la podrá impedir: Carranza, folio 180. y esto lo muestra bien nuestro autor en el tercer diálogo: pero porque ya está hecho el reparo y lo que ahora falta es herir, será menester declararlo: lo cual es de esta manera: que habiendo hecho el reparo en punto B como hemos avisado, sin deteneros allí más tiempo que el que gastaréis en impedir el movimiento natural, pasaréis a punto C con movimiento curvo, formando el propio tajo que vuestro contrario formare, advirtiendo: que cuanto más largo pudiere ser el compás, será mejor, pues os apartaréis más del contrario, y más le podréis alcanzar a herir, y con más libertad, Nota. aunque es menester prevenir, que al punto que formareis el reparo, os conviene tener conocimiento de los movimientos contrarios, y remediar uno, que en aquel punto vuestro contrario podrá obrar por la disposición que habrá: y es, que al punto que reparareis, podrá meter el pie izquierdo y mano izquierda para sujetar vuestra espada y atreverse a ello, respecto de ver que vais a poner el cuerpo junto al suyo: pero lo remediaréis con solo conocer el principio del movimiento, pues es imposible poder formar herida sin él: y conocido, como si le tuvieseis obligado a línea en cruz, y quisiese meter el pie izquierdo, le formaréis un tajo a la cabeza, que, siendo al principio, llegará al punto que meta la mano, y en ella y la cabeza recibirá la ejecución y rigor del tajo, pero habéis de advertir, que si lo tal sucediese, el compás no ha de ser por el lado de la circunferencia, sino antes saliendo a buscar proporción, y con esto él quedará ofendido, vos con defensa, y yo habré cumplido con la obligación de avisar de los reparos: Pues con esto basta. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ323DE LA VERDADERA DESTREZA. TRATADO PARTICULAR EN QUE SE MANIFIESTA CÓMO SE AFIRMAN LOS TURCOS: Y SE AVISA DE CÓMO SE DEFENDERÁ EL QUE TRAJERE ESPADA, DE UN TURCO Y DE SU ALFANJE. ES PUNTO MUY IMPORTANTE, Y CURIOSO. El intento que particularmente hemos llevado en este primer libro, ha sido, avisaros de sola la espada, y sus proposiciones, contra otra espada sola: y queriendo concluir con lo universal, me pareció hacer este tratadillo, de no poca importancia: y esto movido de una justa consideración, de ver, que nuestros antiguos, y mortales enemigos los Moros, y Turcos, por momentos vienen con nosotros a las manos: y es caso, que me ha puesto admiración, que con ser esto cierto, y hallarse en este peligro muchas veces, ni ha habido discípulo que pida, ni Maestro que enseñe el remedio que se podrá tener contra los tales. Contra el alfanje, arma ordinaria del Turco, no valen las tretas de la vulgar Destreza. Pero no hay que culpar, porque como contra el alfanje no aprovechan las ganancias, ni posturas altas, ni las tretas del tentar por fuera, ni por dentro: porque su postura es desigual, ni tampoco aprovecha el llamar, o arrebatar, puerta de hierro, o descubrir el pecho, ni dar la ocasión al contrario, ni tomar, o aprovecharse de la que el contrario diere, ni la manotada y brazal, ni el descubrir el pecho, para que hiera de estocada: porque ellos jamás hieren con ella, ni el pedirlo será de importancia, ni lo que se diere (si fuere alguna de estas tretas) servirá de remedio: y no menos es de admirar, que con solo un alfanje (que es su arma ordinaria, sin que otra le acompañe) presuman llevar la victoria, y muchas veces la hayan conseguido: pero más ha sido por la inconsideración, y poco saber de los nuestros, que por lo que ellos son, ni con sus alfanjes pueden: y he de procurar fundarlo con razones: La espada lleva ventaja en largura al alfanje, en tener más heridas. Y digo, que si las armas son las que ofenden, y defiende, se podría considerar particularmente la ventaja que la espada lleva en largura al alfanje, y no solo en la largura, pero en el modo de herir, conocerían a cuánto más están obligados: pues de ser la espada, en su cantidad, casi la cuarta parte más que el alfanje, tienen más heridas y partes por donde herir: porque tiene las tres heridas principales, de tajo, revés, y estocada: y después de estas, las que se convierten de tajo en revés, de revés en tajo: y de cualquiera de estos en estocada, y de la estocada en tajo y revés, cuando por un lado de la circunferencia, cuando por el otro: y por cualquiera de las líneas que forman los ángulos rectilíneos, de que ya avisamos, y por otras partes que se avisará, cuando acercando el cuerpo, y cuando apartándolo, según qué conviene. Y estas heridas, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA324CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS ejecutadas por tan varios modos, que causan gusto en el fabricarlas, unas veces antes de tiempo, otras en tiempo, y otras después de tiempo: El alfanje solo hiere con tajos. y el alfanje solo tiene una herida, y no ninguna de las tres que dijimos, ni las que se convierten: ni tampoco tiene estocada, porque como carece de largura, y punta derecha, jamás se obra con ella, y la herida que tiene es solo un tajo hendido, que, como en otra parte dijimos, consta de solo un movimiento violento y natural, sin que para formarse haya ninguno remiso, sino solo alzando derechamente el brazo en alto, y volverlo a bajar con gran fuerza: Por qué se afirma el Moro en ángulo obtuso. y para esto se fundan en esta confianza (las veces que pelean con Cristianos), que habiendo levantado el alfanje en alto, hasta ponerse en ángulo obtuso, descubren el cuerpo, para que el de la espada, viendo aquella disposición de herir, se aficione a ello: y que esta herida sea de estocada, por no haber lugar para otra herida, y cuando esta la vaya a poner en ejecución, como el alfanje es tan ancho, de fuerte temple, y agudo corte, bajarlo con gran furia, para cortar la espada: y viendo al contrario, sin ella, matarle, o rendirle. Y esta confianza (aunque falsa) la han ido fortaleciendo, por haber visto, que algunas veces les ha sucedido como pretendieron, por la inconsideración y poco saber de aquel en quien sucedió: porque si él tuviera conocimiento de los medios y distancias, y juntamente conociera la desigualdad de las armas, y la ventaja de la suya, y no careciera de la cierta noticia de los movimientos, y naturaleza de cada uno, e hiriera con la consideración conveniente, y supiera valerse de los movimientos que no son para herir, sino de disposición para poder herir, y el tamaño que han de tener estos movimientos: y así mismo cómo se ha de distribuir la fuerza, y cómo siempre ha de quedar alguna reservada para su defensa. Permitido es vencer un engaño con otro engaño. Y últimamente, saber, cómo es permitido vencer un engaño con otro engaño: pues, como decía Lisandro Lacedemonio, donde no alcanzare la piel del León, se ha de añadir la piel de la raposa: dando a entender, que aquello que no se pudiere hacer con industria y engaño, que es muy propio de la raposa, no se hubieran visto en tantas confusiones, peligros, muertes, y privaciones de libertad como han padecido, pues la experiencia, industria y arte tienen ya fabricados medios convenientes, y de bastante potencia para resistir las vejaciones referidas, y ofender: porque si al movimiento natural, respecto de su eficaz potencia, para ofender al resistente, que delante se le pusiere, viniendo ya fortalecido con partes del propio movimiento y fuerza, no se le puede resistir: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ325DE LA VERDADERA DESTREZA. Tartalla, común sentencia primera. pues, como dice Nicolao Tartalla, cuanto más un cuerpo grave viniere de mayor altura, con movimiento natural, tanto mayor efecto hará en el resistente, no por eso se le quita la potencia, y saber al hombre, para que deje pasar aquel movimiento tan irreparable, y pueda herir después de acabado aquel ímpetu y aceleración que trae: así por la fuerza comunicada, como por el amor natural que el alfanje trae para llegar a su centro, que es lo que propiamente decimos: Herida después de tiempo. Lo que se puede hacer contra el alfanje. Y así mismo, si tuviese distancia y medio tan conveniente, que así por la largura de la espada, y virtud del ángulo recto, como por afirmarse el Turco en ángulo obtuso, podría herir, con la presteza que se requiere, de estocada, y puntualmente salirse a medio de proporción: para que cuando bajase con su terrible tajo hendido, pretendiendo coger el brazo y espada, fuese muy al contrario, y estuviese ya libre, y aun ofendiéndole con otra estocada en los pechos, o con un tajo en la cabeza. Lo que se podrá hacer contra el alfanje. Y no menos podría valerse de los acometimientos, y de ellos sacar heridas como quisiese de estocada, o tajo, sin poner la imaginación en el alfanje, que le está amenazando, sirviéndole como de coco al niño, que le amenazan con aquello que lo le ha de ofender: ni ellos tendrían tanta arrogancia como tienen, ni se atreverían tantas veces como se atreven, ni los nuestros tendrían tan poca confianza de su defensa, ni yo trabajo en procurar declararlo: pero con que sea para aprovechamiento vuestro, y de los de nuestra nación, y de los demás profesores de nuestra Fé Católica, lo daré por bien empleado, y mucho más que sea: y para más declaración, y más fácil entenderse, me pareció poner esta demostración, y efigie de Turco, afirmado como ellos se afirman, que así por la experiencia que tengo de algunas veces que con ellos me he visto en campaña, así en su misma tierra, como en la nuestra, como por el estudio y especulación, lo podré testificar, y en las demás demostraciones se pondrá el orden de cómo os habréis con él, ofreciéndose ocasión con que vuestro contrario quede vencido, y vos ufano con la gloria del vencimiento. El medio de proporción que se ha de elegir contra el alfanje. Pero antes de que entremos en las demostraciones, conviene avisar del medio de proporción que se ha de elegir contra el alfanje, para prevalecer contra él: contra el cual, así por su cortedad, como por afirmarse en ángulo obtuso, tan desigual e inferior al recto, podréis elegir el medio de proporción, conforme os avisé en el de espada larga contra la corta, que es poner la guarnición de la espada junto a la punta y remate del alfanje: pero porque esto no se puede, por estar apartado del ángulo recto, es menester conocer la distancia, y ponerla en aquella en la que el alfanje podría llegar si bajase: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA326CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS porque desde allí, no será posible alcanzaros a herir, si no fuere con movimiento de cuerpo, y este muy conocido: y es la razón, que como el brazo tiene de largura cuatro rostros (según los estatuarios), midiéndolo por la parte de adentro, y por la de afuera, por lo que sube el hombro dos tercios más: y además de esto, desde el principio del brazo, por la parte de dentro, hasta el pecho otro tercio más: y de estos se vienen a hacer dos pies y medio geométricos de largo: y así el compás que hubiere de dar para poder alcanzar a herir, ha de ser de cantidad de los dos pies y medio, a quien los Geométricos llaman pasada simple (como adelante declararemos), y el movimiento vuestro será tan breve, que le sea tan imposible conocerlo como remediarlo. Objeción contra la espada, a favor del alfanje. De este medio de proporción tomaron algunos motivo para poner una objeción, pretendiendo cogerme (como dicen) con la mentira en las manos: y fue decir, que en el medio de proporción de la espada corta contra la espada larga, dijimos, que la corta llevaba muchas ventajas a la larga: y que con ella iba más seguro el que la llevase, manifestándolo con ejemplos: y que el alfanje ha de gozar de esta preeminencia, si es cierta, pues es menor que la espada, casi la cuarta parte: y por satisfacer a esta, y cerrar la puerta a otras semejantes: Digo, que cuando el alfanje fuera en todo semejante a la espada, y tuviera las mismas proposiciones, y se afirmara en el ángulo recto, y tratara de atajos, que es el impedimento universal contra todas las heridas, y con el que se matan todos los movimientos que tenían razón, en que el alfanje había de ser superior a la espada (cuando el de la espada no supiese elegir su medio de proporción, y proporcionado, para las heridas contra él), pero siendo las armas tan desiguales, los ángulos y posturas tan desiguales, los movimientos y heridas asimismo desiguales, forzosamente le ha de quedar a la espada ventaja desigual, así por las razones que ya dimos, de no tener más que una herida, como por las demás que se mostrarán en las demás demostraciones. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ327DE LA VERDADERA DESTREZA. El Turco, cómo se afirma, y cómo se le ha de herir. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA328CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS El de la espada hace acometimiento de punto A a punto D. Muchas cosas tienen reputación, y son estimadas, y algunas veces causan admiración, no tanto por su valor o mérito, cuanto por la flaqueza e inconsideración de los hombres. Y que esto sea cierto con las razones que hemos dado de la espada y alfanje, la potencia y disposición de la una, y las pocas partes del otro, queda verificado, pues con solo verlo los hombres afirmado en alto, se atemorizan y espantan, pareciéndoles, que un rayo del Cielo que los amenaza: pero este asombro, de aquí en adelante se podrá quitar, pues quedarán manifiestas las partes por donde al Turco se le podrá herir, y quedar con defensa: no obstante, que el movimiento que ha de hacer para la herida, después de haberse afirmado en el ángulo recto, haya de ser natural, cuya brevedad casi es incomprensible: porque es cierto, que a una fuerza fuerte se puede vencer con arte e industria. Y porque se vayan particularizando todos los movimientos que manifiesta la demostración, nos será forzoso comenzar por el primer punto, D, el cual lugar y movimiento, no es para herir, sino para de él sacar herida: disponiendo el cuerpo en tal medio y distancia, que venga a conseguir el fin intencional, a quien se llama fin perfecto. Y aunque desde punto A podríais hacer movimiento, que bastase a llegar, y herir al cuerpo contrario, no conviene: porque, como el movimiento natural es tan breve, bajaría el alfanje al punto que llegase vuestra espada, y la llevaría de encuentro. Y esto ha sido el daño de los que han padecido las desgracias que quedan referidas: y así conviene, para ofensa suya, y defensa vuestra: que habiéndoos afirmado en punto A, que es el medio de proporción que dijimos, y viendo a vuestro contrario afirmado, haréis un acometimiento perfecto de herirle, solo llegando a punto D dando un compás, que tenga solo un pie de largo, y cuando mucho sea la mitad de la distancia que hay, que como dijimos, es de los dos pies y medio: y la ejecución de la herida, y heridas en las demostraciones siguientes se manifestará en particular. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ329DE LA VERDADERA DESTREZA. Cuando bajare el alfanje a cortar la espada, librarla y herirle recto. Aquel que en sus obras procede sin consejo, por demás trabaja deprisa, con vehemente deseo de conseguir lo que pretende, porque le será imposible el conseguirlo: Y que esto sea cierto, presto lo veremos en un inconsiderado movimiento que hace el Turco, con ánimo y deseo de coger la espada que le va a herir, y cortarla: pero le saldrá incierta su pretensión, si el de la espada obrare con alguna consideración: supuesto, que el Moro, o Turco jamás forma herida de primera intención, particularmente cuando pelea con Cristiano, sino solo le está aguardando con el alfanje en alto, a que le vaya a herir, para el intento de cortar la espada, como está dicho: y así, habiéndoseos ofrecido tal ocasión, y elegido el medio de proporción: y habiendo hecho el acometimiento en punto D, si en aquel mismo punto bajare el alfanje a cortar la espada, tendréis mucho conocimiento de aquel movimiento: y al punto que bajare, que forzosamente irá a parar detrás de su espalda, por la mucha fuerza que para el tal movimiento se aplica, y libraréis vuestra espada por encima de su mismo brazo derecho: de tal suerte, que el golpe sea en vano: y al punto que el alfanje pasare de entre los dos cuerpos, pasaréis desde punto D que es donde se acaba el acometimiento, a punto E con solo un pie de compás, hiriendo en los pechos con estocada, en aquel tiempo que el alfanje estuviere remoto: pero es de advertir, que este librar la espada, no ha de ser con movimiento de todo el brazo, sino de solo la muñeca, así porque así conviene, como porque podría dañar la tardanza del movimiento más largo. Y habiéndole herido, estaréis con mucho más cuidado, para conocer los demás movimientos que puede hacer: de los cuales iremos manifestando el peligro, y avisando el remedio. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA330CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Esta es como la pasada, solo difiere en ser el compás un poco mayor. Los negocios y casos del mundo, que muchas veces vemos, y las cosas que muchas veces experimentamos, nos avisan y enseñan, cómo hemos de usar de ellas: porque el tiempo presente es discípulo del que pasó, y maestro del venidero: y porque si en la herida de punto E hallareis alguna dificultad en el obrarla (no porque ella en sí la tenga), sino por respecto de estar el lugar donde queda el cuerpo algo cerca del contrario, y entendiereis que allí no hay bastante seguridad (que sí, hay, respecto de la distancia que es convenible, y por el largo movimiento que ha de hacer para volver a herir). Porque esta confusión no os aflija, y el trabajo y cuidado de andar haciendo experiencia, dónde será el lugar cómodo para herir, no os canse, determiné poner esta demostración: a la cual advertiréis, porque es lugar tan libre para poder herir, que no solo no tendrá peligro, pero ni aun sospecha de tenerlo, así por el perfil del cuerpo, que en tal distancia se gana, como por quedar el alfanje tan remoto, y ser el movimiento muy largo: y en cuanto el obrarlo, lleva el mismo orden que la primera, que habiendo hecho el acometimiento hasta punto D, si bajare el alfanje con el movimiento natural, dejarlo pasar, librando la espada por encima de su brazo, y alfanje: y pasando a punto F le heriréis de estocada en los pechos, recto el brazo. No porque no baje el alfanje se ha de quedar sin herida. Pero es de advertir, que si habiendo hecho el acometimiento, no bajare a cortar la espada, no por ello habéis de quedar sin herirle: porque entonces podíamos decir, que era treta vulgar, que se obra mediante la voluntad ajena: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ331DE LA VERDADERA DESTREZA. Nota. porque considerada la poca distancia que habrá desde la punta de vuestra espada, hasta su cuerpo, y el brevísimo movimiento con que le podréis herir con estocada ságita, y casi sin mover los pies, sino solo inclinar un poco el cuerpo, le heriréis: pero es necesario tener mucho cuidado de librar la espada, cuando bajare a cortarla, y herirle de las estocadas que os he avisado, y también con los siguientes. Cuando bajare el alfanje, herirle de tajo. Este es universal, Carranza, declaración folio I. Cuantas más veces una cosa se mira, tantas se toman de ella nuevo juicio y consejo: porque siempre se va descubriendo y conociendo la misma cosa, y sus partes: esto se ve muy y más particularmente en las armas: porque, aunque son las heridas generales tan pocas, como son tajo, revés, y estocada, cómo se afirman los hombres en diferentes posturas, y con diferentes ángulos y extremos, así para su aplicación es menester diferentes medios, y se va haciendo conversión de unas heridas en otras, conforme a las ocasiones, y se van aplicando conforme al ingenio del Diestro: Carranza, folio 33. Pues, como dice nuestro autor, este se manifiesta, en que cuando la espada ha acertado, o errado su herida, saber cuáles movimientos son los que sacan a la espada del lugar peligroso que tuviere para entrar en orden: y en saber qué tretas han de seguir unas a otras, para que el adversario se confunda con la variedad de ellas, y se amedrente, viendo la poca coyuntura que tiene para defenderse: pues sabiendo bien el orden, saldrá siempre el Diestro con su pretensión, como así mismo os sucederá a vos, teniendo el mismo conocimiento, en que cuando hayáis hecho el acometimiento de estocada en punto D, conozcáis el movimiento contrario cuando bajare a cortar vuestra espada: y que el que vos hiciereis para librarla, como os he avisado, es el que la saca del lugar peligroso. Y habiéndola librado, pasaréis desde punto D hasta punto H, formando un tajo en el punto que su alfanje quedare remoto. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA332CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Esta herida es universal. Y porque no se estima aquello que no se conoce, ni se sabe su valor, os advierto, que este atajo es universal, según doctrina de Jerónimo de Carranza en su declaración: pues dice, que tretas que se convierten son aquellas que acaban de tajo, comenzando en estocada, o comenzando de revés, acaban en tajo, y son universales. Y esto os aviso, para que en mayor estima lo tengáis, y más confiado lo obréis. Si por no hallar con el primer movimiento, la espada, quisiere arrebatar, herirle de estocada. Muchas cosas hay, que aun sin doctrina, nos enseña la naturaleza a obrarlas, y en particular, aquellas que son para nuestra conservación y defensa. Y aunque me quise excusar de poner esta demostración: así por la consideración dicha, como porque, hallado el principio, es fácil proseguir adelante, al fin quise más que hubiese algo que desechar, que no que quedase un punto que desear: aunque esta herida no es de las de menos consideración e importancia: pues para ella ha de preceder un cierto conocimiento de un furioso movimiento, a quien en la común Destreza, dicen: Arrebatar, de que también usa el Moro: y esto es cuando del tajo hendido no acertó a la espada, y la espada le quiere herir en el pecho, que, como no la halló con el primer movimiento, vuelve con gran furia, a arrebatarla de revés así, con intento de cortarla, como de sacarla de la mano: Y para librarse de este movimiento, y ofenderle, es menester mucha consideración y conocimiento de los movimientos, así del primero como del segundo: y os importa advertir: que si al acometimiento que hiciereis, bajare el alfanje para dar a vuestra espada, y habiéndola librado y herido en el pecho, llegando a punto E volviere de revés, para arrebatar y cortar vuestra espada, conociendo aquel movimiento, volveréis a librarla por encima de su brazo derecho: y cuando el alfanje LUIS PACHECO DE NARVÁEZ333DE LA VERDADERA DESTREZA. pase de entre los dos cuerpos, y lo tenga remiso en su lado izquierdo, pasaréis a punto L dando estocada en el pecho, recto el brazo: y si quisiere volver a cortar la espada, como primero, le podréis volver a herir a punto E F H, y esto tantas veces, cuantas hiciere al tal movimiento, guardando siempre los medios y distancias que he avisado. Al principio que fuere a arrebatar, herirle de revés. La honra y presunción del soberbio, muy presto se vuelve en deshonra, por tener (como tiene) los fundamentos de este maldito edificio en el aire de su arrogancia y abominables indignaciones. Digo esto por el Moro, que con arrogancia se pone contra un Cristiano, confiado en su fanfarrona arrogancia y desatinada presunción: pero de aquí en adelante, si con el Cristiano se atreviere venir a las manos, presto se le volverá todo al contrario, y dará en tierra con su cuerpo, y aún en el infierno con su alma, si para vuestra defensa ejecutareis bien las heridas que os he avisado: y así mismo, esta que no es de menos importancia, por ser ejecutada con la punta de la espada, que es la herida de mayor rigor, como por la libertad con que se obra. Esta herida es revés, y se obra por la misma causa y con la misma razón que la estocada antecedente, que es después de haberle herido en punto E, si quisiere arrebatar la espada, pasar desde el dicho punto E a punto P formando un revés a la cabeza, teniendo consideración, que cuantas veces hiciere estos dos movimientos, y cualquiera de ellos, le podréis herir con cualquiera de estas heridas, haciendo la conversión de unas a otras, como conviniere. Y con esto quedará concluida esta cuarta parte, y podremos dar principio a la quinta, de lo universal para contra todos los particulares que hemos tratado, y contra todos los hombres y todos los movimientos y heridas que se pudieren obrar y considerar: porque a todo esto se extiende su virtud, valor y calidad. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ335PARA TODAS LAS HERIDAS. QUINTA Y ÚLTIMA PARTE, EN QUE SE CONCLUYE CON LO UNIVERSAL, PARA CONTRA TODOS LOS MOVIMIENTOS Y HERIDAS. SE PONEN PRIMERO OCHO PUNTOS PARTICULARES PARA ENTRAR EN LO UNIVERSAL: SIN LOS CUALES NO SALDRÁ PERFECTO EL DIESTRO. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ337PARA TODAS LAS HERIDAS. PRIMER PUNTO DEL EJERCICIO QUE EL DIESTRO HA DE TENER PARA MÁS PERFECCIÓN SUYA. En cada una de las partes que al principio referimos, que ha detener el Diestro, veréis cuán importantes os serán para mayor perfección vuestra, pues con ellas se dispondrá en vos un sujeto cual convenga esta ciencia: pero advertid: que el Entendimiento, Ingenio, Memoria, Prudencia y Ánimo de que tratamos: lo uno se pierde, lo otro se entorpece, y lo otro se olvida, si le falta el ejercicio de que al presente tratamos. Y pues cualquiera de ellas fundamos en razones probables, no será justo que en esta hablemos de gracia, pues tantos y tan graves autores tratan de ella, en particular Plinio el mozo: que dice que no se conserva aquel lo que se sabe, si no se ejercita. Y Aristóteles: la ciencia que ejercitamos (en cuanto a nos) se perfecciona: y también Tulio, que en cualquier doctrina aprovecha pocos preceptos, si no hay continuación de ejercicio: y el mismo Tulio en su retórica, dice: que el Ingenio es como el hierro, que cuando no se ejercita, se cubre de orín o moho. Y que todo esto sea verdad, además de ser los autores tan graves, muchos ejemplos tenemos en todas las demás ciencias: pues vemos que el Teólogo, no se contenta con haber gastado veinte años en Salamanca, sino después en su casa, siempre está estudiando, y el letrado con haber gastado lo mejor de su vida en el estudio de las leyes, la demás que le queda la gasta con los libros. El Médico, no contento con su largo estudio y mucha experiencia, de día y noche está estudiando y ejercitando aquello que primero supo, y otros muchos que se pudieran referir: porque el Ingenio que no se ejercita, se entorpece, el ánimo y esfuerzo se pierde y acobarda, las fuerzas se enflaquecen y destruyen, y el ejercicio hace hábil y dispuesto al hombre, para acudir a su defensa: Galeno tiene por imposible vivir un hombre sano sin ejercicio. además de hacerle vivir sano, como dice Galeno, y tiene por imposible que el hombre tenga salud sin ejercicio: porque este es el que conserva la vida humana, vivificando el color natural: porque, según parecer de Médicos, echa fuera toda la superfluidad del cuerpo, vaporizándola por las secretas vías que la naturaleza le dio: de lo cual toda la virtud del cuerpo se alegra: y concluyen todos a una voz, que el hombre que debidamente usare el ejercicio, no tendrá jamás necesidad de otra evacuación para corregir los humores, y tener sanidad. Y por esto es justo (si quiera para vivir sanos los hombres) que se ejercitasen desde mozos, en cosas virtuosas, y que de ellas saquen o esperen sacar algún provecho, tomándolas por entretenimiento: con las cuales se excusarían algunas que ofenden al alma y cuerpo: porque estando ocupados en obras de virtud, hará hábito para adelante, que de lo contrario el hombre se aniquila, y casi se infama: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA338QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Licurgo mandó quitar los olores y baños a sus repúblicas. además de entorpecerse las fuerzas corporales, como está dicho, que es lo que quiso remediar Licurgo Legislador de los Lacedemonios, pues por ley expresa, mandó quitar a los hombres los olores y ungüentos que traían, y los baños en que se bañaban: y la razón que daba, era, que los baños enflaquecían las fuerzas corporales, y los ungüentos eran despertadores de vicios. El Rey don Alfonso VI destruyó los baños por parecer de médicos. Y el Rey don Alfonso VI, mandó destruir en todos sus Reinos, los baños: porque halló por parecer de doctos y experimentados Médicos, que disminuyan las fuerzas de los que habían de pelear. Sean pues vuestros ejercicios los que en otra parte hemos referido, que son correr, saltar, tirar la barra, jugar a la pelota, tañer y danzar, que son ejercicios tan virtuosos (siendo moderados) que sanan el cuerpo, ocupan el tiempo y ennoblecen al hombre. Plutarco avisa que nos ejercitemos. Este es uno de los preceptos que dio Plutarco, para la crianza de los hijos, viendo cuán importante será el ejercicio: pues dice, que los mozos se deben ejercitar en los ejercicios militares, como en tirar el dardo, y arco: debajo de lo cual se incluyen las demás armas: y los preceptos y reglas de sanidad, dificultan poderla alcanzar, si no hay ejercicio moderado: Con el ejercicio se alcanza buena disposición de cuerpo y fuerza. porque con él se cobra buena disposición de cuerpo y fuerza en los miembros. Y por esta causa aún en los viejos aconseja que no estén ociosos, sino que usen de ejercicios moderados y livianos, para que sus ánimos no se aflojen: Los viejos también se han de ejercitar. y que no porque la edad larga, impida el jugar a la pelota, o tirar la barra, han de dejar de ejercitarse en pasear y hacerse llevar de una parte a otra. Efectos del ejercicio. Así, que el ejercicio os hará más hábil, y aún, según Aristóteles, poderoso, pues dice, que la naturaleza hace al hombre hábil, y el arte le hace fácil, y el uso y ejercicio poderosísimo: que es lo que se puede desear para las armas y sus proposiciones: en las cuales, después de que sepáis algo de ellas, lo habéis de ejercitar muy de ordinario, imitando en esto al cuidado que ponían los Romanos, como verdaderos profesores de milicia: los cuales hacían a sus solados, que se ejercitasen en lo arriba dicho, para que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ339PARA TODAS LAS HERIDAS. si se ofreciese el haberlo menester, estuviesen dispuestos a ello: y en particular, que se ejercitasen en aquella arma con que hubiesen de pelear. Lo que habían de hacer los capitanes con sus solados. Y en esto nuestros Capitanes habían de poner sumo cuidado, en ejercitar a sus soldados en las armas ordinarias que traen: porque si es costumbre sacarlos al campo, y hacer a los arcabuceros, tirar a puntería, dando algún premio al que mejor tiró y más cercano al blanco (hace esto para aficionar a los demás), lo propia habían de hacer con las dagas y espadas, y con las demás armas: pues en cualquier batalla (muchas veces) más se hace con ellos que con los arcabuces, y se ha visto en muchas ocasiones, dar la arcabucería, solo una rociada de una parte y de otra, y luego venir a las manos, y las espadas alcanzar el fin de la victoria. Así conviene que os ejercitéis muchos días en la Destreza, y en particular en aquella parte de ella de que os hubiereis de valer siempre en la ocasión de las veras: Séneca. pues es sentencia y amonestación de Séneca, que se ejercite antes de la obra el que en ella se quisiere hallar desenvuelto y fácil: Vegecio De Re Militari. y lo propio dice Vegecio en el De Re Militari, que de mucha más importancia le es al hombre, para en la batalla, el uso y ejercicio que mucha fuerza, ni malla fuerte: porque la fuerza muchas veces yerra: y la malla, más impide que aprovecha. Caso lastimoso por no ejercitarse bien en las armas. Y de no ejercitar con cuidado las armas, han sucedido a los profesores de ellas, grandes desgracias que pudiéramos referir: pero con la que le sucedió a don Juan Pimentel Conde de Mayorga, e hijo del de Benavente, caballero noble y esforzado, bastará, pues habiendo aprendido esta que llaman Esgrima, de un criado suyo que se tenía por maestro de ella, estando un día jugando con él, le mandó el Conde que fuese con rigor, y a matar, porque entendió que estaba tan bien ejercitado, como le prometía su maestro, para poder conocer e impedir todos los movimientos que se pudiesen hacer para herirle sin tener peligro: engañándose, como de cierto se engaña, pues estando jugando el hacha, con el rigor que el Conde había pedido, como sea muy diferente el jugar del pelear, vino a alterársele el ánimo con la imaginación de que iba de versas: en tal manera, que no comprendiendo un movimiento (porque el temor causa súbito miedo) le hirió el maestro al Conde en el rostro; del cual a los pocos días murió. Y de esta desgracia (cuando la Destreza fuera muy buena) fue la causa el no estar bien ejercitado. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA340QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL No se ha de decir jugar ni esgrimir sino ejercitar las armas. Y pues el peligro es manifiesto, ejercitaos muchas veces en cualquier herida, primero que la hayáis de hacer en las veras, y advertid, que si ejercitareis las armas (que así se ha de decir y no jugar o esgrimir, como vulgarmente se dice), Para ejercitar las armas no se ha de dejar la capa, ni espada ni daga. que no sea quitándoos la capa, espada, ni daga: porque os habituaréis a ello: de tal suerte, que cuando se os ofrezca alguna ocasión de veras, os hará embarazo, y querréis dejarla como antes: porque la costumbre de una cosa, tiene gran fuerza consigo. Nota. Y esto nos da bien a entender el ejemplo de los Romanos, pues a sus soldados hacían que cada mes se armasen de todas sus armas, más el peso que pudiese pesar la comida para tres días o cuatro, y de esta suerte caminasen un largo trecho, solo por ejercitarlos: y que cuando fuese necesario hacer lo propio forzadamente, que la carga y peso no les causase novedad. Y así mismo el contento que el Rey Antigo recibió viendo un día a sus soldados, que armados jugaban a la pelota, no haciéndoles impedimento el peso y embarazo de las armas, para acudir con los prestos movimientos que conviniere a tal ejercicio: y por esto puse junto a la demostración de los pies, la figura de un hombre con la espada en la mano, y su capa, como se la ha de poner: y además de ser provechoso, es sinrazón, que un hombre noble (supuesto que no ha de salir a plaza) en cualquier otra parte que tomare la espada, deje la suya: porque si ejercita armas, y entre hombres que tratan armas, no es justo que deje las suyas, porque queda un hombre hecho muñeco en cuerpo: Por qué en la Destreza ordinaria se acostumbra a quitar la capa, espada y daga. y el haberse acostumbrado en la Destreza ordinaria, ha sido la causa, que como trataban de ella gente ordinaria, en cuyas entrañas está escondida la malicia y la envidia, era necesario quitarse las armas, por las desgracias que siempre sucedía. Y pues los que han de tratar de esta ciencia, han de ser nobles y principales en quien está toda cortesía y crianza, no se puede considerar, imitaran estos, ni les será posible, aunque a ellos les estaría bien imitar a los nobles: y parecería bien, que cuando en público se ejercitasen, fuese como hemos dicho, con capa y espada, mudando la costumbre que hasta aquí han tenido, así en esto, como en las juntas que hacen para matar al que sabe algo más que ellos, que es lo que muchas veces he trabajado en mi Entendimiento, y con hombres de muy mejor que el mío: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ341PARA TODAS LAS HERIDAS. Duda extrañísima. he comunicado, cuál sea la causa de que en todas las demás ciencias, o artes, al que es más docto, más eminente, famoso Predicador, excelente Letrado, grandísimo Médico, insigne Filósofo, extremado Cosmógrafo, curioso Geométrico, elegante Retórico, admirable Músico, y celebrado Poeta, y en su arte más perito y curioso: a cada uno en su facultad le estiman en más, le quieran más, todos procuran su amistad. Y solo en el de las armas, al que más sabe, y más ha trabajado, quieren mal, le persiguen, y no descansan hasta quitarle la vida, debiendo ser lo mismo que en las demás ciencias: pues sin duda esta es obra del Entendimiento, como ellas. Y aunque a esto han dado muchos pareceres, todos me parecen son de poca o ninguna importancia (en cuanto a ellos), pero para disculpa de una sinrazón tan grande, por dos cosas en que me fundo: O el saber un hombre ejercitar las armas, y entender sus demostraciones, es natural, o es adquirido con trabajo y estudio: Si es natural, y que el Divino repartidor de los dones celestiales, quiso aventajar a uno más que a otro: por esta cusa le habían de querer más, estimar en más, y su amistad procurar con más instancia, como a hombre en quien la naturaleza se quiso extremar, por alguna causa reservada a solo el que la hizo, queriéndola dar a Juan y no a Pedro, como señor que es de todo: Si es adquirido con trabajo y estudio, por el mismo caso le habían de estimar y querer, teniéndole por hombre virtuoso, advirtiendo que lo propio podrían ellos saber, si trabajasen: Nota. porque no sería razón que un Castellano viejo, o Andaluz, que no supiese escribir (porque no lo quiso aprender), que a un Vizcaíno (cuya perseverancia en el escribir es increíble, y se deja entender, por excelentes escribanos que entre ellos hay), que lo desafiase para matarse con él, solo porque sabe mejor escribir: porque le podría responder, y con mucha razón. Que trabajase él otro tanto, y lo sabría. De suerte, que lo que ellos no quieren alcanzar con trabajo, lo quieren consumir con maliciosa envidia: Envidia honrosa de Temístocles. Aunque si esta fuese la que tenía Temístocles a su enemigo Milícades, por victoria que había alcanzado de los bárbaros en los campos Maratonios: la cual decía que no le dejaba reposar, sería provechosa, porque los haría codiciosos de saber lo que el más aventajado sabe: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA342QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Envidia maldita de Dionisio el viejo. pero no es esta, sino la que tuvo Dionisio el viejo: el cual no contentándose con ser el más principal tirano de aquel tiempo: porque no era mejor poeta que Filoxeno: y porque no igualaba a Platón en elocuencia, y en el disputar, pesándole y enojándose de ello, al uno desterró y echó en las Tomias y canterías, y al otro vendió por esclavo. De este mal uso deben nuestros Españoles huir, porque mancha y afea su mucho valor: y cuando se ejercitasen, y sus contrarios, ora por saber algo más, o por el descuido de ellos, los alcanzasen con un tajo, o les ofendiesen con un revés, o les ejecutasen alguna estocada, procurar saber la cusa y razón de por dónde de se formó y sucedió así, y remediarlo, previniendo el peligro para en adelante, acudiendo a sus maestros, manifestándoles lo sucedido, para que adviertan lo que convenga: Al enemigo conviene tomar por maestro. porque es cordura y prudencia grandísima, tomar a un enemigo por maestro, pues se no da de balde, para que nos aprovechemos y aprendamos lo que antes no sabíamos; y no juntarse luego a matar a aquel a quien le habían de agradecer el aviso, y tenerlo por amigo particular, pues avisa de por dónde está el peligro, y por dónde se han de remediar, y no poner el pundonor en que le llegaron al rostro, o les trocaron con la espada en el pecho: porque a deseo y dinero habían de comprar el hallar hombres, con quien fuese menester poner mucho cuidado para defenderse, tomando ejemplo en la república Romana, en no querer que de todo punto dejasen la guerra y contienda contra las demás provincias: Por qué la república romana no quiso dejar la guerra del todo. porque decían que los ciudadanos quedarían tan ociosos, que de todo punto se entregarían a los vicios: porque la seguridad, es madre de la negligencia: Así, que si no hubiese contiendas y presunciones y diligencias, de cada uno ser vencedor, ninguno habría mejor que otro: y la virtud y trabajo del estudio, no tendría premio: pero es cosa de admiración, que diciéndoles esto, a cada uno de por sí, dicen que es sinrazón grandísima, y que no es justo, sino querer y amar, y procurar la amistad de aquel que sabe más, por el beneficio que se sigue de ello: pero después, todos juntos, se vuelven a su abominable costumbre, olvidados de aquello que primero afirmaban, dejándose llevar de su más que maldito vicio. Y bien entiendo que de esta vez se ha de acabar este mal uso: porque confío en que cada uno ha de trabajar por saber, no queriendo quedar atrás: que es lo que a uno le hace aventajado. Imperfección de las espadas con que se aleccionan. También ha habido imperfección de las espadas, que hacen, así para aleccionarse, como para ejercitarse, haciéndolas tan delgadas y cortas, que traerlas en la mano, casi no se sienten: de donde sucede que cuando vienen a tomar las de la LUIS PACHECO DE NARVÁEZ343PARA TODAS LAS HERIDAS. cinta, como están habituados a las pequeñas, no las pueden mandar: lo cual habéis de advertir, que con las espadas que os ejercitareis, sean de la marca, y tan pesadas, o algo más que la de la cinta: porque además de criar fuerza en el brazo, acudiendo con ellas a los movimientos contrarios cuando sea con la otra, lo extrañaréis, ni os causará novedad: y soy de parecer (y muchos lo aprueban) que os ejercitaseis con espadas blancas, los filos botos y la punta con un botoncito pequeño, y sin zapatillas: Y la razón es, en lo primero la que da Séneca: que menos admiración tenemos de aquello que más continuamente tratamos. Y de ejercitaros con espadas blancas, cuando se os ofrecieren las veras, estando tan habituado con ellas, no hallaréis novedad ninguna, ni os causará alteración, que es la que muchas veces desbarata y amedrenta el ánimo, como lo probamos en lo sucedido al Conde con su maestro: y sin zapatillas, por razón, de que como son tan grandes, las que ordinariamente se ponen, los movimientos son muy conocidos: pero cuando la blanca llega, como su punta es tan delicada, muchas veces sus movimientos son incomprensibles: y finalmente en el enseñaros, ha de ser con el arma de la largura del color del peso, que la con que hubiereis de pelear, o defenderos, que con esto, si con una hiciereis bien, con la otra será lo propio, pues no hallaréis ninguna diferencia. Punto segundo de la razón que ha de tener el Diestro para pelear. Considero y tengo por cierto, que todas las partes, así exteriores como interiores, que ha detener el profesor de esta ciencia, que el Cielo con mano franca, os comunicó lo que basta para no envidiar a ninguno, ni dejar de ser envidiado de muchos: y aunque habrá algunos que alcancen algo de este caudal pues el tesoro de donde sale, es infinito, habrá pocos que sepan gastarlo con la cordura y prudencia que se requiere particularmente en este ejercicio, donde los hombres se van tan poco a la mano en muchos casos que podrían obviar, me pareció que cumplía con mi conciencia amonestar el gobierno, que se ha de tener, y el sufrimiento con que se ha de gobernar: porque alguno, viéndose con algún poco de caudal, así de las partes dichas, como de la Destreza, no se ensoberbezca, y ande cada día buscando pendencias, y dando ocasión a que las haya, como el día de hoy sucede a muchos, que por ser tan público y usado en el mundo no lo refiero: y solo guiados de una presunción vana, por dar a entender que saben, que son animosos, esforzados, atrevidos: y aun por mejor decir temerarios, lenguaje muy extraño del que habéis de usar, y los demás que profesaren esta destreza: porque el Diestro, mientras más lo fuere, más humilde, pacífico, quieto, y comedido ha de ser, guardando y cubriendo lo que supiere para su tiempo: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA344QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Sentencia de Aristóteles. que esto es lo que Aristóteles traía escrito en un anillo: Más sabio es el que encubre lo que sabe, que el que descubre lo que no sabe. Y a este propósito dice Quintiliano, que mostrarse un hombre ignorante en las partes y lugares que conviene, que es gran prudencia: Cuándo se ha de dar batalla. pero cuando se hubiere de poner mano a la espada, sea con tanta razón (que es la que en el hombre ha de mandar) y tan justificadamente, que iguale con aquel dicho de Quinto Curcio, que dice, que no se ha de dar batalla sino cuando razón y necesidad se ofreciere: que entonces de loar será la Destreza, cuando el Diestro usare de ella en ocasiones tan forzosas, que se pueda decir defensa natural: la cual es permitida en ley natural. De la cual dice Tulio, que el hombre que vive conforme a ella, no puede dañar, ni hacer mal a otro: Fin de la Destreza, en qué está. porque mal preciará su poder, esfuerzo, y valentía, el que en ofender a otro lo empleare, ni tampoco está el fin de la Destreza, en buscar pendencias peligrosas, sino en vencer con Ánimo las que se le ofreciere forzosas, y que no las pueda excusar, que con esto cumplirá con Dios y con el mundo: pues es cierto, que la defensa es permitida. Y así dice Erasmo, que más cierto tiene el perdón el que se defiende, que el que acomete: y así al que guardare, y prosiguiere con esta consideración, se podrá tener por Animoso, considerado que esto dijo bien. Cuál se llamará valiente. Y Sócrates Filósofo, en los preceptos de la gobernación del Reino: Tendréis por magnánimos y valientes, no aquellos que emprenden hazañas mayores que las fuerzas que requieren, sino a los que apetecen moderado, y salen con lo que intentan, que es el pundonor del hombre noble: y lo que se ha de considerar en cual ocasión que se ofrezca, con la justificación dicha, entender, que ha de ser la postrera, para que con Ánimo se venza: y cuando la venciere, entender, que es la primera, y tendrá segura la victoria: esto es, si llevare la razón de su parte: Lo que no va gobernado por la razón, no tiene buenos fines. Porque dice Severino Boecio, que todo aquello que no fuere regido por la razón, no tendrá buenos fines, procurando deliberadamente obviar las ocasiones que pudieren ser para pendencias: procurando medios lícitos, para que no se lleve todo a punta de lanza: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ345PARA TODAS LAS HERIDAS. Nota, que es admirable y digno de tener siempre en la memoria. pues dice el Filósofo Séneca, que es mucha cordura y gran prudencia, a veces vencer sufriendo aquel que se puede vencer con armas: y que es mucha más honra: cuyo ejemplo tenemos muy al vivo, en lo que le sucedió a dos caballeros, que desafiados salieron a campaña, el uno viejo, y el otro mozo, que andando batallando, como en la mucha edad, no hay aquel calor de sangre que en un mancebo, que es la que aumenta las fuerzas, y acrecienta el Ánimo: el caballero viejo iba desfalleciendo: lo cual, visto por el mozo, y que estuvo en extremo de poder levantar la espada, le dijo: Señor fulano, ríndase Vuesa Merced pues ved, que le puedo matar. Y como un caballero no puede hacer tal cosa, respondió, que su honor no le permitía tal. Y volviendo a importunar, que se rindiese: porque si no lo mataría. Respondió: Morir a hierro, bien podré, pues que mis fuerzas no bastan para defenderme, pero vivir rendido, y con infamia, no lo haré, ni me es permitido. Y considerado por el caballero mozo, que aquel Ánimo nacía de valor y nobleza, y cuán poco ganaba en matarlo, tomó su propia espada por la punta, y arrojándola a los pies del caballero viejo, le dijo: Pues que Vuesa Merced no se quiere rendir, supuesto que lo podía matar, quiero gozar de más gloriosa victoria, y rendirme yo. Excelente victoria: y aun si el dicho de Séneca vale, dos victorias honrosísimas, pues de estas goza el que se vence a sí mismo: y caso en que todos podrían tomar ejemplo, que siendo hombre mozo, en quien siempre está la sangre y cólera espoleando, que con la razón y Prudencia se viniese a refrenar tanto, que por tan extraordinario modo se venciese a sí, y a su contrario. Clemencia de César en perdonar. Y no menos Ejemplo nos dejó aquel insigne y famoso Capitán Julio César, que con haber vencido tantas batallas, cuantas las historias publican, se tiene por cierto haber perdonado a más enemigos que muerto: y era tanta su clemencia, que no le habían acabado de ofender, cuando tenía perdonada la injuria: y de tal suerte la olvidaba, que jamás la volvía la Memoria: Sentencia de César. y así repetía muchas veces esta sentencia: Tú, que aprendes a matar, aprende también a morir. Y ya que todos no puedan llegar a esta perfección, al menos procurar proceder de tal forma, que cuando se haya de sacar la espada, sea con gran razón, y que no se pueda hacer otra cosa, Cuándo hemos de reñir con nuestro enemigo a las manos. que es justamente lo que decía Escipión el mayor, valeroso Capitán de los Romanos, que con el enemigo no se ha de venir a las manos, si no fuere habiendo gran ocasión, y cuando la necesidad constriña y fuerce a ello: que en tal punto, sería cobardía e infamia grande, no poner buen ánimo: pero hasta entonces guardar la espada como que estuviese con fortísima llave: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA346QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Ejemplo admirable del Águila y el León. que para esto ejemplo nos dan el León, príncipe de los animales irracionales: y el Águila, princesa de las aves, de quien dicen los naturales, que cuando se andan paseando por los campos, retornan las uñas adentro y las guardan, y con instinto natural procuran no gastar los filos y agudeza de ellas para que en el tiempo de la necesidad, no les falte con qué defenderse, y ofender. Lo propia han de hacer los hombres, guardar, y retornar los filos fuertes del Ánimo, y la agudeza de la punta de la espada, para el tiempo de la forzosa necesidad: y entonces amolarla en la piedra finísima de la razón, que ella sacará tales aceros, que no haya quien los resista, y no de otra suerte: El Emperador Trajano no fue vencido en batalla. porque, llevándola de su parte, en todo tendrán dichosísimo suceso, como lo tuvo siempre el Emperador Trajano, de quien se tiene por cierto, no ser jamás vencido en batalla: y la causa de esto fue, que ninguna comenzó, en la cual no tuviese muy justificada su causa: y lo propio se puede entender de Julio César, en cincuenta y una batallas que venció. Y de Enrique IV, que peleó en campaña 62 veces, y las más de ellas venció, que en alguna razón fundaba la justificación de su causa: porque la razón hace al hombre verdaderamente varonil y perfecto: y así dice Tito Livio, que más puede ella sola, que cualquier valentía. Y de todo lo dicho habéis de inferir y entender, que habéis de procurar la defensa de palabra que convenga: porque no menos es de estimar al hombre que tiene fortaleza en sufrir, que el que la tiene para vencer: y la que es empleada en actos feos: yendo contra el dictamen de la razón, indigna es de loa, ni estima: pero no pudiendo ser otra cosa, ni teniendo otra defensa que la que vuestra espada hiciere, podréis usar de ella con mucha prudencia, y mucha paciencia, llevando siempre firme presupuesto solo defenderos, sin ofender, ni matar, ni tampoco ser ofendido, como adelante diremos, dando doctrina para ello: pero advertid ahora esto, y estampadlo en vuestro corazón, que su importancia lo merece. Esto se debe advertir y guardar siempre. Que si pusiereis mano a la espada con vuestro contrario, no le vituperéis, ni ultrajéis de palabras injuriosas, antes tratadle con mucha cortesía: de la cual sacaréis dos provechos. El uno, no dar causa, de que tenga rencor contra vos: pues es cierto, que las heridas se sanan, aunque sean muy penetrantes: y las palabras afrentosas duran para siempre, y no diciéndolas, procurará venir en amistad vuestra. El otro es, que hablando quedo, y con palabras comedidas, no os airearéis demasiadamente, sino solo aquello que fuere necesario para vencer: y sin estos, será sin razón grandísima, que lo que ha de averiguar el brazo y la espada, lo descomponga la lengua con sus libertades: las cuales ofenden y lastiman más que ningún arma. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ347PARA TODAS LAS HERIDAS. Qué tal es la lengua. Y por esto, preguntándole a Pítaco, que le parecía de la lengua, dijo, que tenía hechura de hierro de lanza: pero que daba más rigurosa herida con sus palabras: y que el decirlas sea feo, ejemplo nos dio Memnón Capitán del Rey Darío: el cual, estando en campaña, peleando contra Alejandro, oyó a un soldado, que decía muchas cosas feas contra Alejandro: por lo cual le hirió con la lanza, diciendo: Yo te pago y mantengo, para que pelees contra Alejandro, y no para que digas mal de él. Al contrario se le ha de herir con la espada, y honrar con la lengua. Así, que al contrario, supuesto que se ofrezca ocasión, se le ha de herir con la espada, y honrar con la lengua: porque lo contrario, son propias armas de mujeres muy bajas: y lo mejor de todo, y lo que más conviene a un hombre noble y Cristiano es usar del consejo del Filósofo Sócrates, que preguntándole, ¿qué haría un hombre para vivir quieto y seguro? Respondió, que conservar al amigo, y del enemigo hacer amigo. Y, según Antístenes Filósofo, los hombres virtuosos, pacíficos y comedidos, no tienen necesidad de otro defensor, salvo de su bondad y virtud: que esta es arma que ninguna es bastante a quitarla, ni vencerla: y pues la razón amansa las afecciones y pasiones del Ánimo: dejadle gobernar en todas vuestras obras: porque si a la Voluntad le dais rienda larga, como caballo desbocado correrá, sin ningún gobierno, llevando tras de sí al Entendimiento y razón arrastrando, hasta despeñaros, además de que no es menester tener ira, ni enojo al que es fuerte para poder vencer, y defenderse: pues la ciencia no solo hace mansos a sus profesores: pero les da poder para defenderse de todos. Y concluyamos con lo que dice Quinto Curcio, que el orden, la razón y templanza causa facilidad en las cosas, y acarrea buenos fines. Y que de esto resultará servicio a Dios, y al Rey provecho, a vos, y al prójimo, y alegre quietud a las Repúblicas. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA348QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Regla importantísima, para conocer las complexiones: así por la fisonomía del rostro, como por la composición de los miembros. Pues hemos dicho el ejercicio que habéis de tener para más perfección vuestra, y con ejemplos bastantes avisado con cuánta razón y justificación habéis de poner mano a la espada, para conseguir la deseada victoria, y alcanzar dichoso y felicísimo suceso, y gozar del título honroso de verdadero Diestro: Supongamos habérseos ofrecido ocasión forzosa, en que sea menester valeros de lo que hubiereis aprendido, que es donde el Ánimo se altera, la Memoria se turba, y la imaginación no reposa, y las cosas pequeñas parecen mayores de lo que son, y causa mayor espanto que el daño que puede resultar de ellas: Aristóteles en el 2 de Celo. y, como dice el Filósofo, como el cuerpo no padece por las cosas que muchas veces le ocurren: así, el Ánimo no se mueve ni altera, sino por las cosas que de nuevo se le presentan: porque es muy ordinario en las cosas acostumbradas, no poner admiración, y acarrear negligencia en los Ánimos, y lo que es fuera de costumbre causarla, y cualquier peligro lo es mayor, que le viene al hombre, estando descuidado de él: y menos daño le hace, a quien tiene hecha prevención de remedio y lo aguarda. Al hombre sabio, jamás se le ofrece cosa nueva. De todo lo cual habéis de carecer, pues tanta perfección gozaréis de la quietud y sosiego de Ánimo, cual se requiere: porque según Aristóteles, al hombre sabio, jamás se le ofrece cosa nueva ni peregrina: Carranza, folio 30. pero os resta saber cómo habéis de distribuir el caudal que tuviereis adquirido de esta ciencia, cómo os habéis de haber con vuestro contrario, qué heridas le formaréis que sirvan de defensa vuestra y ofensa suya, para que en caso tan importante no os engañéis: porque dice, y muy bien, Jerónimo de Carranza, que después de sabidas muchas tretas y tener mucho uso de ellas, se ha de tener conocimiento del adversario por su color y fisonomía, de cuál de las complexiones participa más, y aplicar conforme a ello: pero para este conocimiento es menester muchos fundamentos de estudio: sin los cuales será imposible alcanzarlo: a lo cual procuraré satisfacer lo que pudiere, y vaya supuesto, que en la Memoria tenéis gran número de tretas, y estas representadas al Entendimiento, cómo os determinaréis a elegir una y dejar otra, hasta acertar con la que convenga, que es donde por la mayor parte se engañan los hombres en el coger lo más provechoso, y en particular si fuese hombre a quien no hubieseis visto ni tratado, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ349PARA TODAS LAS HERIDAS. siendo como es de mucha consideración e importancia saber, que así como conviene aplicar a cada enfermo el medicamento que más convenga a la enfermedad que padece y accidente: de donde procede, que así conviene a cada hombre (en la ocasión que se ofrezca) aplicar la herida que más convenga, según la disposición de ánimo, y complexión de que más participare: porque así como no son todas las enfermedades unas, ni proceden de una propia causa, así todos los hombres no son unos, ni los ánimos y complexiones iguales: y, como dice Galeno, el principio de la cura, es reconocer la enfermedad, y entre otras cosas que dice, ha de conocer el Médico para curarla, la edad, la complexión y la disposición, Lo que le conviene conocer al Diestro. y si este conocimiento faltase en el Diestro, aunque tuviese todas las demás partes referidas, iría a tiento y sin certeza alguna, como sucedería por el mayor Médico del mundo, que quisiese curar, sin que al principio conociese la enfermedad que el paciente padece, y lo que hiciese sería acaso, como será en el Diestro, si creyese que todas las heridas se pueden ejecutar en cualquier hombre: antes debe entender, que así como es necesario darle a cada uno, que quisiere profesar las armas, las lecciones que más se igualen con su Ánimo: Carranza, folio 176. como dice Carranza, que cada Ánimo quiere su treta, esta en particular de la que se ha de valer: así lo es, que con el que hubiereis de pelear, sea con tal consideración, que la treta que hiciereis, sea contraria a su Ánimo y complexión: Note el Diestro. porque si no fuese con este cuidado y conocimiento verdadero, por maravilla sucederá bien: porque si vuestro contrario fuese colérico, no será bien que hagáis heridas coléricas: porque si vos arremetiereis a herirle, su Ánimo le inclinará a lo propio, por ser colérico: y dos movimientos y fuerzas tan aceleradas, se encontrarán y desbaratarán cualquier prevención que llevareis hecha, y aún estaríais con peligro de recibir algún daño. Y por esto dice Ovidio, que no es cordura ser muy osado con los osados y atrevidos: y a este tal convendrá hacerle heridas flemáticas, que son las de segunda intención, que constan y se componen de sus propios movimientos, gozando del principio de cualquiera de ellos, como está dicho en otras partes: y si fuese sanguíneo, no será cordura acometerle airadamente: Aristóteles 3 de las Éticas. porque la sangre también incita a ira, como lo dice el Filósofo, que con el enojo se enciende la sangre, y esta da fuerzas al airado. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA350QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Qué causa en el hombre movimiento acelerado. Y también Erasístrato dice, que pasando, y colándose la sangre a las arterias, o venos de los espíritus, causa inflamación: y esta causa el movimiento acelerado: y es cierto, que la sangre es causa de ello, por el excesivo calor que tiene: pues, según opinión de Galeno, todo miembro sin sangre, es frío. Y hace bastante prueba, que la ira sea por causa de la sangre el decir Aristóteles, que se mitiga con el frío esparcido: y esta será causa, de que él también os acometa, y os encontréis, y os impida la ejecución de la herida: contra el cual convendrá proceder con la propia reportación que con el colérico, usando así mismo de heridas de segunda intención. Contra el flemático, se han de hacer heridas coléricas. Pero si fuese flemático, sería sin fundamento aguardarle a que viviese a herir, para de sus movimientos hacer heridas de segunda intención: porque si os estuvieseis quedo, aguardando sus movimientos, su ánimo no será de arremeter, sino de aguardar: cuando mucho tenga, sería quedar ambos parados, y no conseguiríais fin ninguno: y cuando él fuese el mayor rústico del mundo, saldría por tan bueno como vos. Y con este habéis de usar, de heridas coléricas, que como están dichas, son las de primera intención, que se hacen sin reparo, ni acometimiento: que en este punto goza el Diestro de su libre Voluntad, sin tener atención a más que a su determinación, pues el objeto de la herida (que es el cuerpo) estará dispuesto para recibirla, y la ejecución será con facilidad. Mas si fuere melancólico, podréis con movimientos prestos formar herida de primera intención: y con cualquier acometimiento se alterará, y turbará, y le podréis herir, porque su Ánimo será poco y nada determinado para acometer, ni aun esperar. Lo que ha de considerar el Diestro con su contrario para acertar. De suerte, que habéis de hacer una máxima en vuestro entendimiento, diciendo: El contrario con quien tengo que pelear, conozco que es colérico, y que su natural inclinación, por lo que domina en él el elemento del fuego, cuya naturaleza es liviana, y cuya propiedad es subir hacia arriba, con movimiento tan veloz, que no puede ser percibido por nuestra vista, le ha de forzar a que me acometa, por causa de recibir en sí sus operaciones: quiero, aunque yo sea colérico, estarme quedo, y aguardarle, pues sé llanamente, que ha de venir: porque su propia complexión le ha de forzar: y entonces, aprovechándome de cualquier movimiento suyo, formaré herida, como por ejemplo. Yo voy por una calle abajo, a buscar a Juan: veo que viene la calle arriba, y que por fuerza ha de llegar a donde yo estoy: no tengo para qué pasar adelante, sino aguardarle: pues le veo venir. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ351PARA TODAS LAS HERIDAS. La sangre es por el elemento del aire. Y si fuere sanguíneo, sé, que la sangre es por el elemento del aire, y que este es de naturaleza caliente: aunque también es húmedo, por la cercanía y vecindad que tiene con los dos elementos, fuego y agua: por lo cual tendrá sus aceleraciones: y que será inclinado a arremeter, quiero aguardarle, usando con él como con el hombre colérico. La flema es por el elemento del agua. Y siendo flemático, en un punto diré, que la flema es mediante el elemento del agua, cuya naturaleza es más pesada que el fuego y el aire, por ser fría y húmeda: y así como ataca al fuego material, lo mata, consume, y acaba, así al elemental (supuesto de no poder hacer lo mismo) al menos a sus operaciones, por su gran humedad las mitiga y tiempla: por cuya causa será pesado, y no inclinado a acometer. Cómo se le ha de herir al flemático. Quiero, aunque yo sea flemático, pues conozco que ha de aguardar, acometerle y herirle, que por todo lo dicho, lo podré hacer con mucha seguridad: pero no se podrá tener de que él aguarde: Cómo se le ha de herir al melancólico. y si fuere melancólico, con más facilidad le podré ofender, y más seguramente acometerle pues tengo conocido, que la melancolía es por parte del elemento de la tierra: y que esta es más pesada que otro cualquier elemento, y que así lo será en acometer, y en particular teniendo conocido su poco Ánimo: El Melancólico es cobarde. por ser muy ordinario, y aun general, en siendo uno melancólico, no tenerlo: y en tal ocasión, aunque mi Ánimo sea poco, viendo la seguridad que hay, se aumentará en tiempo que el suyo del todo desfallezca: y así le podré herir, o al menos hacer retirar: porque para lo uno y lo otro no será menester mucho trabajo, ni habrá mucha dificultad. Carranza, folio 148. Ahora conviene que sepáis cómo habéis de conocer al cualquiera de estos, y sus complexiones, con solo mirarles al rostro en tiempo tan breve, que no tengáis peligro: que aquí es donde sirve la Fisonomía en la Destreza, según Carranza. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA352QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Cuántas diferencias hay de hombres. Y para esto habéis de advertir, que es común opinión de Matemáticos, que solo hay siete diferencias de hombres; y la razón en que se fundan es, que como todos están sujetos a las influencias de los Planetas, y estos son siete, que son, la Luna, Mercurio, Venus, Febo, Marte, Júpiter, y Saturno, no puede haber, más que estas diferencias: en los cuales son infusas sus operaciones: Las cuatro complexiones son por los cuatro elementos. pero, según Galeno, estas se vienen a reducir a las cuatro complexiones, que son sangre, cólera, flama y melancolía: siendo por causa de los cuatro elementos, de que el hombre está compuesto: siendo la sangre, por lo que tiene el elemento del aire: la cólera, por lo que tiene del fuego: la flema, por lo que tiene del agua: y la melancolía, por lo que tiene de la tierra: porque la sangre es caliente y húmeda, como el aire: la cólera caliente y seca, como el fuego: la flema fría y húmeda, como el agua: y la melancolía fría y seca, como la tierra. Los efectos que hacen el hombre cada uno de estos humores: y las propiedades que tienen, según Galeno, Hipócrates, y otros autores que sobre ello escriben: y las señales con que se podrá conocer son naturales, y confirmadas con larga experiencia, y pocas veces se engañará el que con algún cuidado lo considere. Qué tal es el hombre sanguíneo, y cómo se conocerá. Porque el hombre de complexión sanguínea, es carnoso y bermejo, abundante en sudor, el color del rostro blanco, lo más ordinario es tener los ojos humildes, y mucho blanco en ellos, y no en el rostro tanta viveza como el colérico, es airado: porque como dice Aristóteles, ira no es otra cosa, que un encendimiento de la sangre, y una alteración del corazón. Cuando se enojan los sanguíneos, se les mancha el rostro de blanco y colorado: en todo diferente del colérico, que cuando se enoja, se le para el rostro feroz, y muy cetrino: los sanguíneos son sujetos al Planeta Júpiter, cuya naturaleza es caliente y húmeda: el enojo no les dura mucho, antes son benignos y misericordiosos: y aunque se enojan con facilidad, con la propia se desenojan: porque aquello que es accidental en el hombre tan ligeramente va como viene. Cómo se conocerá el hombre colérico. Y el hombre de complexión colérica, por lo que participa y más domina en el elemento del fuego, que es de naturaleza liviana, así lo es en el enojarse: y así como este elemento no puede ser percibido por su velocidad, así los movimientos del colérico muchas veces son incomprensibles, aunque el enojo le dura poco: porque es semejante al lino, o estopa que llegan al fuego, que en un instante se enciende, quema, y acaba. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ353PARA TODAS LAS HERIDAS. Adagio contra el colérico. Y de aquí nació aquel adagio que dice del primer ímpetu del colérico: Libera nos Domine. Su color es cetrino de color de cidra [fruto parecido al limón], el rostro largo, y con mucha viveza: la cabeza yerta, los ojos vivos, los labios colorados: es impedido en la lengua, y se le traba al hablar, si está enojado. La pasión priva el habla, Séneca. Porque, como dice Séneca, muchas veces la pasión nos priva el habla. Y en el colérico muchas veces, sin enojo, es lo propio: es de pocas carnes, bien compuesto en sus miembros, y muchas veces es calvo: es inclinado a soberbia, se aira de presto, es esforzado, y osado, es sujeto al Planeta Marte: el cual tiene dominio sobre el fuego, enciende la cólera, y mueve a ira. Cómo se conocerá al hombre flemático. El flemático es de color blanco, el rostro redondo, ancho, abobado y humilde, sin ningún brío, ni viveza, los ojos humildes, los labios blancos, abundante en saliva, y por la mayor parte la boca grande, y los labios delgados, por maravilla es calvo, antes muy cerrado de cabello: porque el ser calvo procede de la abundancia de sequedad, y defecto de humedad: el flemático es frío y húmedo como el agua, según dijimos, y por esta causa no será calvo: pero si lo viniere a ser, será a la vejez, que es el tiempo en que más falta humedad, que en las otras edades: es muy risueño, pesado en el movimiento, en el andar espacioso, con poca gracia y brío: suelen ser los flemáticos altos de cuerpo y fornidos, comienzan a engordar desde mozos: y el de esta complexión no será brioso, y aunque tenga bastante ocasión de enojarse, estará perplejo: porque como el humor que domina en él, es la flema, que como hemos dicho, es por parte del elemento del agua: esta le enfría y humedece, y no le deja prevalecer, antes le tiene oprimido y sujeto: y esta es la causa de estar siempre tímido, y no atreverse a acometer. Cómo se conocerá al hombre melancólico. El melancólico es de color hozco, que tira a moreno requemado, o verdinegro aplomado: el rostro triste, que espanta, los ojos muy tristes, y el blanco de ellos de color de plomo: los párpados grandes, que casi los cubre todos, siempre los trae por el suelo: los labios secos y cárdenos [amoratados], la cabeza siempre inclinada, el cuerpo encorvado y mal compuesto: es de pocas carnes, su andar es despacio, con poco brío, y el paso largo. Los melancólicos son sujetos al Planeta Saturno, cuya naturaleza es fría y seca como la melancolía: y así como la propiedad de este Planeta, es acabar y consumir todas las cosas a él sujetas, así sus operaciones influyen en los melancólicos, que aun a sí mismos no perdonan, son pusilánimes, y temen muchas veces donde no hay que temer, y en el peligro desfallecen y afrentosamente huyen. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA354QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Diferentes complexiones. Otras diferencias hay de complexiones mixtas que se componen de cualquiera de los humores: cólera y sangre, o cólera y flema, o cólera y melancolía, flema y sangre, o flema y melancolía. La complexión del colérico sanguíneo. Los coléricos sanguíneos, se conocerán en tener las dos señales juntas del colérico, y del sanguíneo. El que fuere de esta complexión, será airado, atrevido, presto, y determinado: porque los humores que de ordinario dominan en él, cuando el uno, y cuando el otro, como son de naturaleza caliente, le inclinan a esto porque jamás le falta calor, que es la que aumenta el Ánimo, del cual se producen los efectos dichos. Otra cólera más subida de punto. Aunque hay otra cólera, que subida más de punto, hace tal alteración, que al hombre lo desbarata, y hace soberbio, sin ninguna consideración ni gobierno, y le inclina a cosas temerarias, sin reportarse, ni corregirse en nada: Señal para conocer al hombre soberbio. y aunque las señales dichas bastaban para conocerle. Próspero, Doctor antiguo, da una muy cierta: y dice, que el traer el hombre la cabeza yerta, los ojos airados, y muy encendidos, las palabras ásperas, y no muy comedidas, que es clara demostración de soberbia: porque el hombre que tuviere los ojos encendidos como brasas, significa ser muy colérico, y de grandísimo calor: de la cual naturaleza proceden malísimas costumbres, y obstinación: En qué se conoce el hombre, Platón Libro De Legibus. y que esto sea cierto, el divino Platón lo confirma, diciendo, que no hay cosa en que más se conozca al hombre que en las palabras que dice: porque en ellas manifiesta sus intenciones ser malas, o buenas: y por ellas conocemos lo interior que no alcanzamos a ver. Y san Bernardo dice, que nuestra boca es puerta y servicio de nuestro corazón, pues por ella manifestamos lo oculto y secreto que está en él. En cuatro cosas descubre el hombre quién es. Y don Antonio de Guevara, a quien en esto muy propiamente se puede seguir, dice que en cuatro cosas particulares descubre un hombre quién es, y manifiesta sus secretas inclinaciones: en los tratos que trae, en las obras que hace, en los amigos que tiene, y en las palabras que dice. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ355PARA TODAS LAS HERIDAS. Los hombres bajos y viles hablan sucia y desvergonzadamente. Y esto viene muy al justo de lo que decía Arcesilao, que los hijos de siervos o viles, acostumbran a hablar sucia y desvergonzadamente, y que el parlero nunca fue bien criado: y con esto no os engañaréis en conocer al soberbio, aunque hay muchas que procuran parecerlo, fingiéndolo por sus pretensiones particulares. San Crisóstomo, que no hay soberbia que no sea cobarde. Y de los tales no hay que temer ni espantarse de ellos (que es lo que pretenden), pues aun de los que naturalmente lo son, nos avisa san Crisóstomo, que no hay soberbio que no sea cobarde: porque la soberbia es hermana de la envidia. El envidioso, que es el melancólico, es cobarde, pues siendo el soberbio hermano suyo de padre y madre, y los efectos de ambas, soberbia y envidia, son iguales, que es quebrantar las leyes de la razón, y cegar los ojos del Entendimiento: definición verdadera es, que también será cobarde: Condición de los soberbios y a quién son cobardes. pero tienen tan perversa condición, que para sus contrarios se muestran humildes y mansos, y para sus amigos, y aquellos que pueden poco, bravos, arrogantes, airados, soberbios, y mal sufridos, en todo semejantes a un animalejo llamado: cocodrilo, de quien dicen los naturales, que tiene tal propiedad, que si un León (con ser príncipe de los animales) hace demostración de huir de él, le acomete y sigue: y si una liebre (que es el más cobarde animal del mundo) le acomete, desatinadamente huye: y con el tal, conocida su complexión, podréis acometerle, que el efecto dicho sucederá sin duda. Colérico flemático cómo se conocerá. El colérico flemático, también se conocerá en tener las dos señales juntas: las cuales hacen el rostro alegre y agradable, en el hablar modesto muy comedido, y bien criado, en el andar compuesto, despacio y con gravedad: porque la cólera y la flema, hacen una mezcla, que ni le hace acelerado en demasía, ni tan despacioso que afee: Cómo se ha de proceder con el colérico flemático, es aviso importante y nuevo. pero con el que fuere de esta complexión, hasta hoy no se ha tratado ni sabido cómo se ha de haber con él: solo se ha tenido un oscuro conocimiento, diciendo de alguno, que es como decimos: Fulano, hasta enojarse, pasa y sufre mucho: pero después de enojado, no hay quien se pueda averiguar con él. Y es la razón, que como la flema es fría y húmeda, como el agua, y la cólera caliente y seca como el fuego, según queda dicho, todo el tiempo que gasta la flema en calentarse con el calor de la cólera, sufre con reportación: pero en acabando de gastarse la humedad de la flema, y que solo el LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA356QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL humor colérico, es el que señorea, sin tener la templanza de la flema que le mitigue, dejará de ser flemático por estar ya consumida (por entonces) su humildad, y mudada en calor, como por ejemplo se ve en el agua, que se pone al fuego, que al principio está fría: pero en poco tiempo se muda, recibiendo en sí accidentalmente el calor del fuego: en tal manera, que con ser agua, cuya naturaleza es fría, tanto tememos poner la mano en ella, como en el propio fuego: El colérico flemático es como el hierro, que quieren calentar. Así, que el que estaba flemático, se verá tan colérico que espante: porque es semejante al hierro, que tarda mucho en recibir el calor del fuego, y después lo conserva y detiene mucho tiempo. Con el cual os convendrá tener esta prevención: que al punto que se os ofreciere la ocasión, le acometáis y acabéis vuestro intento en aquel tiempo que la flema tardare en gastar su humedad: porque si la dilación fuese tanta que ya se hubiese gastado, estuviese colérico. Para salir del peligro, será necesario mudar intento, y usar con él como con hombre colérico, aguardando sus movimientos: pero mejor será en aquel tiempo que estuviere flemático, o al menos intermedio, en acabándose lo uno, y antes de que comience lo otro, que será buena ocasión. El colérico melancólico en qué se conocerá. El colérico melancólico, tendrá las dos señales dichas: será indeterminable, y nunca la cólera pondrá en efecto ninguna determinación, por tener la melancolía por contrapeso: y si lo procuraré, será con peligro, por la controversia que causan estos dos humores, cada uno conforme a su calidad: el uno para acometer, y el otro para retirarse: y no con facilidad se acabará de determinar. Y con este iréis con reportación, acometiéndoles, y juntamente, impidiendo algunos movimientos, que hará, mediante la cólera. Este tal será vengativo, y si alcanzase victoria, la proseguiría con muerte de su contrario, aunque le pidiese por merced la vida, Plinio Naturalis Historia. muy al contrario del colérico sanguíneo, o colérico flemático, que con facilidad perdonarían al que se le rindiese, siendo semejantes al León, de quien dicen los naturales, que al que se le arrodilla delante, no ofende por mucha hambre que tenga. El flemático melancólico, en qué se conocerá. El flemático melancólico, así mismo tendrá las dos señales que hemos avisado, y será de todo punto cobarde, por la calidad de estos dos humores: solo será hombre para mucho trabajo, y no habrá mucho con él, en el acometer y vencerle, aunque él no se pondrá en ese peligro, que antes de él volverá las espaldas. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ357PARA TODAS LAS HERIDAS. El colérico sanguíneo es bueno para las armas. Y de todas estas calidades y complexiones, los que son mejores y más aptos para nuestro propósito, son los coléricos sanguíneos, por constar esta complexión de humores benignos, siendo en igual que no domine ni haga fuerza el uno más que el otro. Porque si es muy colérico: será accidental, poco reportado y sin consideración, y su mucho Ánimo le podrá dañar, y la humildad de la sangre, mitigará, por lo que tiene de humildad su excesivo calor, como freno que es suyo. El flemático sanguíneo. El flemático sanguíneo, consta de dos calidades, que mixtas hacen buena templanza: y este también será muy propio para las armas: porque con la flema se abstendrá y esperará con reportación, a que haga movimiento el contrario, para de allí formar herida, y se fundará en razón, que es la que tiene más fuerza en todas las obras, cuando la voluntad no quebranta sus leyes: y por la parte y viveza del calor de la sangre, avivará y pondrá en efecto cualquier determinación: Carranza, folio 196. que esto es (alegóricamente) lo que dice Jerónimo de Carranza, de los dos caballos desbocados, el uno que no había freno que lo sujetase ni detuviese: y el otro boquimuelle, que el rigor de la espuela, no era bastante a hacerle proseguir una carrera, sin pararse al medio de ella, y el remedio que se le aplicó, con que ambos quedaron libres de aquel vicio, fue mudarles los frenos, el del uno al otro: y con esto quedaron tan compuestos, que de allí en adelante, el uno paraba a su tiempo, y el otro llegaba al fin de la carrera. Así, que sabidas tretas de primera intención, y de segunda, cuando fuere necesario, parar aguardando al contrario la rienda de la flema, tirará y detendrá el ímpetu acelerado, sin pasar los límites del sufrimiento: y cuando fuere forzoso acometer, el calor y ardimiento de la sangre, espoleará y hará llegar con ánimo al fin de la carrera del efecto. Cómo se le ha de herir al flemático y sanguíneo. Y para herir al que fuere de esta complexión, os convendrá usar de la prevención que avisamos para el colérico flemático, hiriéndole en el tiempo de la flema, sin aguardar que el calor de la cólera o la sangre esté en su fuerza: porque entonces acometerá a herir. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA358QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL El flemático melancólico no es bueno para las armas, sino para gastadores, de quien los capitanes tienen necesidad. El flemático melancólico, es del todo imperfecto para la milicia, por de suyo tan tímido y pesado, que solo será hombre de fuerza y para mucho trabajo más que otro ninguno, por la calidad terrestre que tiene: y de estos particularmente habían de buscar y llevar los Capitanes para gastadores: pues siendo los que hacen las trincheras y reparos, cavas, minas y contraminas, explanadas, allanar los malos pasos y caminos para pasar la artillería y lo demás del ejército, para cortar fagina [leña de pequeño calibre, volumen de madera, ramas y/o follaje usado para acondicionar caminos, trincheras, u otras estructuras con propósito civil o militar, Miguel Castro, Glosario General de la Esgrima Láser] y árboles para fortificar, cortar y romper muros, peinar cerros donde se quieren fortalecer, derribar torres y casas fuertes, hacer fosos, cavas y pozos, así para agua como para echar la orrura [desperdicios, basura] del ejército, porque del mal olor no se cause peste, es menester que sean para mucho trabajo y de muchas fuerzas, así para llevar a cuestas las herramientas, como para los barriles de pólvora y vinagre, y lo demás que se ofrezca: que a estos de complexión flemática y melancólica, parece que la naturaleza los crió con cuidado particular, para remedio de esta necesidad, dándoles mayores fuerzas que a los demás de las otras complexiones. Cómo se conocerá al mulato o al negro que fuere colérico o sanguíneo. Aquí se ofrece una dificultad, que se podría poner, y me parece que será mejor ganar por la mano: así para que con la solución de ella quedéis quieto, como para que no quede punto indeterminado ni confuso, al menos cuanto a mí fuere posible: y para que en el proceder ninguna cosa os cause novedad: y es, que hemos dicho, que por el color del rostro, se ha de conocer a cualquier hombre su complexión, y por ella venir en conocimiento de su Ánimo, se podrá dudar, de que al que fuere en el color negro, o mulato, cuyo color encubre la blancura del sanguíneo. La amarillez de cidra del colérico, la blancura del flemático, y el color hozco del melancólico: porque debajo de un velo negro, o pardo, lo esconden y encubren, sin que por él se pueda tener noticia de su complexión: que cómo se habrá de haber con los tales, para no engañarse en el juicio de ello, y aún ellos se ufanarían, diciendo, estar libres de conocerlos: y la declaración de ello os es importante, así por mucho número que hay de ellos, como porque hay algunos que gozan de la virtud del Ánimo y valentía mucha parte, y muchos, que su término lo pudieran codiciar muchos blancos, y ellos no tener que envidiarles más que el color: y pues que la naturaleza puso este obstáculo e impedimento, por fuerza os habréis de valer de las otras partes referidas, considerándoles la compostura de los miembros: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ359PARA TODAS LAS HERIDAS. Negro o mulato colérico. Porque el que fuere colérico (de quien particularmente trataremos, porque con los demás no hay que gastar tiempo) es bien proporcionado en sus miembros, el andar con brío y gravedad: tiene el rostro particularmente largo, y con viveza, los ojos vivos y graves, es de pocas palabras, y comedidas, es inclinado a tratar con gente principal, es amigo de acaudalar voluntades, es pulido, amigo de galas y traer bien adornada su persona, no se precia de tratar con gente de su igual, si es nacido en España se precia de hablar bien, tiene buena expresiva, o pronunciación, y conforme a su capacidad es abundante de términos, y si lo traen de su tierra, en breve tiempo sabe hablar nuestra lengua: y con el tal ya sabéis como os habéis de defender, y ofenderle. Negro o mulato sanguíneo. El sanguíneo también tiene algunas de estas partes, mas no con tanta viveza, es risueño, amigo de bailes y chacota, no va por término tan altivo como el colérico, los demás pocas veces tienen buena compostura de miembros, y de ordinario ellos van dando muestras de ello, y pues solo el colérico y Animoso es el que tendrá brío, a este en particular os convendrá conocer por las señales dichas: el cual gozará más, o menos conforme a la perfección de ellas. En qué tiempo del año reina cada humor, y cuándo el hombre está más valiente. Ahora os resta saber, que no en todo tiempo está un hombre del todo colérico, ni sanguíneo, ni flemático, ni tampoco melancólico: porque, como son cuatro los humores, de que está compuesto, y cada uno de ellos en su centro tiene fuerza y dominación, y sus efectos así mismo tienen fuerza, quieren gozar de su preeminencia y señorío, más, o menos, conforme a su calidad: y como sean cuatro, hacen una división y partición de cuatro partes iguales, en que cada uno señorea, y sus operaciones tienen mayor fuerza: y esta división no es solamente en el discurso largo de un año, pero en un día natural se divide y parte en otras cuatro partes iguales, tomando cada uno el gobierno y señorío de su parte: y para que en todo estéis prevenido, valiéndome (como en lo demás) de autores graves, os advertiréis la partición que hacen del año en las cuatro partes, y qué humor reina en cada una de ellas, para que sepáis cómo os habéis de haber con vuestro contrario, con tanta certeza, que ninguna cosa os perturbe el Entendimiento, ni os altere el Ánimo. El año se divide en cuatro partes y en cada una reina un humor. Se divide pues el año en cuatro partes, que cada una de ellas contiene en sí tres meses, que es conforme el viaje y curso que hace el Sol, cuyos nombres son, Verano, Estío, Otoño e Invierno: y estas diferencias, es por razón del movimiento del Sol, como hemos dicho, cuyo curso, viaje, puntos y grados, y la contemplación de esto es LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA360QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL más para Astrólogos y Cosmógrafos, que para Diestros: y solo es mi intento, supuesto que ha de ser diferente el orden que se ha de tener con el colérico, que con el flemático, y con el sanguíneo, que con el melancólico, que sepáis cuándo el colérico está más colérico, y el flemático más: y los demás humores en el punto de mayor fuerza, para que conforme a la doctrina que hasta aquí se ha dado, haciendo la aplicación que convenga, en todo tiempo tengáis certeza, y vayáis con la consideración que se requiere para negocio de tanta importancia porque es razón, consideremos mucho tiempo, y con mucho cuidado lo que hubiéramos de obrar en poco, pues de solo aquello se ha de esperar buen suceso, al cual haya precedido largo y maduro consejo: Adagio bueno. que no sin mucha razón se dice aquel adagio de los viejos antiguos: Toma buen consejo, y te sucederá bien: porque comenzar sin él alguna cosa, o emprender alguna cosa dificultosa, y con peligro, es propio de ignorantes temerarios: Tulio primero De officio. y en particular, estándonos amonestando Tulio, que con mucha diligencia pensemos todas las cosas, antes de que las comencemos: porque el consejo y prevención es para las cosas ocultas, o las que no están del todo halladas. Primera parte del año, en la cual reina, la sangre. La primera parte que se hace del año, a quien se llama Verano, contiene en sí tres meses, que son Marzo, Abril y Mayo, en los cuales abunda el calor natural y la humedad: y esta se atribuye al elemento del aire, y al humor de la sangre, más que a otro humor ninguno: y si el que fuere sanguíneo en estos tres meses, estará más aptos para sus aceleraciones y acometimientos: y en este tiempo más que otro se podrá usar con él heridas de segunda intención, por reinar el elemento que en él más domina, y el humor que más fuerza le hace. Segunda parte en que reina la cólera. El Estío, que es la segunda parte, es Junio, Julio y Agosto, con el cual tiempo el calor del Sol tiene más fuerza, y en el Julio mucha más, así por entrar en el signo de León, en el cual tiene gran pujanza, y alcanza por este signo la gran virtud de calentar estando en su casa: como porque el Sol ha calentado más tiempo el aire, y domina el humor colérico, que es calor y sequedad, y el elemento del fuego, para querer abrasar y consumirlo todo: y así el que fuere colérico, por estar el humor que en él hace más fuerza, tan fuerte en estos tres meses estará más accidental, arrebatado, determinado, y Animoso: y en sí mismo hallará una extraña diferencia, más que en otro tiempo, que casi le inclinara a buscar, o desear pendencias, facilitando la victoria, por aquel brío y Ánimo que accidentalmente siente: y con este, y en este tiempo convendrá usar de LUIS PACHECO DE NARVÁEZ361PARA TODAS LAS HERIDAS. atajos, impidiendo sus movimientos, que será muy veloces, y de sus principios formar heridas desde proporción, sin quebrantarla un punto, porque dañará. Tercera parte en que reina la melancolía. El Otoño dura los tres meses de Septiembre, Octubre, y Noviembre: el cual tiempo es frío y seco, en todo semejante a la tierra, de quien procede la melancolía, y así reina este humor más que otro: y al que fuere melancólico, en estos tres meses estará más perdido, y se le podrá ofender con más facilidad que en otro alguno: porque como la tierra es pesada, fría, y seca: así los melancólicos lo estarán en este tiempo excesivamente, El cobarde, de desesperado, osa. aunque algunas veces dan en temerarios, constreñidos y apremiados de aquella endemoniada tristeza, pues es cierto que muchas veces el cobarde, de desesperado, osa. Condiciones del melancólico. En este tiempo, son los melancólicos crueles, vengativos contra los que poco pueden, y si pueden vencer, o matar a traición, lo hacen con mucho rigor: porque la crueldad nace de la cobardía y del vil temor, y contra los mayores son malintencionados y envidiosos, y secretamente los aborrecen, temen más que en otro tiempo, traen el corazón de continuo sobresaltado, cualquier pequeño ruido les parece terremoto, que se hunde el mundo, la imaginación los aflige, y en ellos hace más efecto que en otro alguno, Fuerza de la imaginación. así por su flaqueza, como por la mucha fuerza que la imaginación tiene, de quien dice Avicena, que es tanta, que puede alterar los elementos, y engendrar lluvias en la región del aire: y así, aún de las cosas seguras temen, dan voces, si están a oscuras, y no se atreven a dormir solos de continuo, imaginan con fantasmas y demonios, dicen, que los ven, y muchas veces es su propia sombra, o el criado que les trae la cena: y así, mientras durare este humor, se le podrá acometer con mucha seguridad, porque será posible, no poder con él a que ponga mano a la espada: y si la pusiere, será de ningún efecto, porque siempre estará deseando que llegue alguno a poner paz, o tener lugar para retirarse, o hallar alguna casa abierta donde favorecerse: porque según Ovidio, a los afligidos, y en los que señorea el temor, ordinariamente les falta el primer grado de Prudencia, y huye el sentido junto con el consejo y el Ánimo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA362QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Cuarta parte del año, en la cual reina el humor de la flema. El de Invierno tiene los otros tres meses de Diciembre, Enero, y Febrero, que por su humedad y tan ordinarias lluvias, se compara al elemento del agua: en el cual tiempo domina la flema, y los que fueren flemáticos, lo estarán más que en otro alguno: y si en el transcurso del año son tímidos, pesados, y poco briosos, en estos tres meses lo serán por extremo, por causa de la frialdad no se atreverán a poner mano a la espada, aunque tengan ocasión forzosa, antes procuran dar satisfacción a su contrario, con intento de aplacarle, desdiciéndose, o negando haber dicho palabras de ofensa contra él: porque como están tan imposibilitados de poderse encolerizar, tienen prontitud para decir palabras sabrosas y blandas: pero si pudiesen vencer con engaño, riéndose atormentarían al vencido sin ningún género de clemencia: y supuesto lo dicho, en este tiempo se podrá acometer haciendo heridas de primera intención, que viendo determinación tan acelerada, le será forzoso volver las espaldas, compelido del temor: y si para las veras aprovecha esta doctrina, lo mismo será, y así se podrá entender para cuando os ejercitareis, para que en ningún tiempo tengáis peligro, ni dejéis de obrar con mucha certeza. El día natural se divide en cuatro partes, y en cada una reina un humor. Así mismo el día natural se divide y parte en otras cuatro partes iguales, y en cada una de ellas particularmente reina y domina cada humor: y el saber esto, es de no menos consideración que lo que se ha dicho del año. Primera parte, reina la sangre. Y la primera parte comienza desde las tres, después de medianoche, a quien comúnmente llamamos madrugada, y dura hasta las nueve del día, que son seis horas, en las cuales, dicen los Médicos, que es caliente y húmeda, y que por ser la sangre de esta naturaleza, se mueven en los cuerpos humanos, reinando este humor más que otro: Cuándo el sanguíneo tiene más Ánimo. y así, si en los tres meses de Marzo, Abril, y Mayo, y desde las tres de la madrugada, hasta las nueve del día hubiereis de pelear con hombre sanguíneo, entended, que es el tiempo en que está con más ánimo que en todo el transcurso del año, por la fuerza que tiene el humor que en él señorea: y prevenid la batalla con mucha consideración, guardando los documentos que hemos dado, de que se le hagan heridas de alguna intención, aguardándole. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ363PARA TODAS LAS HERIDAS. Segunda parte del día, en que reina la cólera, y el colérico tiene más Ánimo. La segunda parte comienza a las nueve del día, y dura hasta las tres de la tarde, que es después de mediodía: en la cual dicen, que es parte caliente y seca, semejante al humor colérico: porque en este tiempo se mueve la cólera y es en el que el sol tiene más fuerza, y ha calentado algún tiempo el aire, desde que salió hasta entonces: y al que fuere colérico, si en los tres meses que reina la cólera, y en esta cuarta parte del día hubieseis de acometer, convendrá, que sea muy reportado, y con heridas flemáticas: porque es el tiempo y hora en que tiene más Ánimo, y sus movimientos serán casi incomprensibles: y si no se tuviese por cierto (y esto sin ninguna duda) que no puede haber herida sin particular movimiento, se podría dificultar si se le pudieran impedir los que hiciese, ni aun conocerlos, por su mucha velocidad, y esta nacida de la mucha que le influye el humor que reina. La tercera parte en que reina la melancolía. La tercera parte dura desde las tres de la tarde, hasta las nueve de la noche, que es cuando ya el Sol se nos va, y ha huido de nuestro hemisferio, es fría y seca, comparada al humor melancólico: porque en este tiempo se mueve la melancolía, y al que fuere de este humor, las propiedades que tienen en este tiempo, estarán con mayor fuerza, y le tendrán de todo punto oprimido, sin libertad para ningún acometimiento: siempre estará temblando: y si fuere acometido de uno, le parecerá, que son cincuenta: porque aun los que están libres de la fuerza de este endemoniado humor, lo que se les representa de noche, les parece mayor que lo verdadero: porque es ordinario ser una cosa más temida en las tinieblas, que en lo claro. Y, como hemos dicho no solo no acometerá, pero no aguardará, por estar señoreando de él el temor: y si aguardare, ya hemos dicho como habéis de proceder, haciéndole heridas de primera intención con mucha presteza. La última parte del día en que reina la flema. La última parte dura desde las nueve de la noche, hasta las tres de la madrugada, es fría y húmeda como el humor flemático, y en ella se mueve y reina la flema: y el que fuere de este humor, en los meses que hemos dicho, y en esta cuarta parte del día, del todo será imperfecto, para cosas de guerra, y con poca diligencia de vuestra parte se le podrá ofender. La edad del hombre se divide en cuatro partes. Ahora habéis de advertir al conocimiento que dijimos al principio de este punto, que es de la edad, de la complexión y la disposición, para que de todo vayáis prevenido y ninguna cosa os altere, ni turbe: porque en buena razón, aunque uno sea sanguíneo, o colérico, se puede entender: que así como lo está más en un tiempo del LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA364QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL año que en otro, y en una hora del día más que en otra, que así mismo lo será más cuando fuere mancebo, que cuando ya hombre, y en este tiempo más que cuando comienza a declinar la edad, y entonces más que cuando ha llegado ya a la senectud: porque cada humor conforme a la disposición del sujeto del hombre hace el efecto de su operación. Y para mayor declaración de esto, seguiremos el propio orden que en lo demás, haciendo otras cuatro partes de la edad, las dos en que va subiendo con mayor fuerza, y las otras dos en que va declinando a mayor flaqueza: porque así la vida del hombre, como las demás cosas mentadas, se dividen en cuatro partes, que son, Principio, aumento, estado y disminución. La primera parte de la edad del hombre en la cual reina el humor de la sangre. La primera parte de la edad, haremos desde los dieciocho años, hasta los veinticinco, que es la edad florida de los mozos: y cuando con más vigor mandan sus miembros, así en correr, saltar, tirar y los demás ejercicios juveniles: porque en este tiempo más que en otro, abunda el calor natural, de quien nace la vehemencia en el obrar: y cualquier cosa que desean, la quieren poner luego en efecto, por la abundancia y calor de la sangre: de la cual procede un ardiente deseo de exceder, y aventajarse a los demás, y los incita y convida a procurar dominio sobre todos: de donde les nace ser muy prontos en la ira, y por la fuerza y ardor que le viene del calor de la sangre, son muy dispuestos a vengarse. Y por esta causa, los tres meses del Verano se comparan a la niñez y edad florida de los mozos, y se atribuye al aire y sangre, por tener las mismas calidades: y así en esta edad, que por el aspecto del rostro os engañaréis en poco, al que fuere sanguíneo, le acometeréis con la reportación que hemos avisado. Segunda parte de la edad del hombre en la que reina el humor colérico. La segunda parte, será desde los veinticinco años hasta los treinta y cinco, que es la edad en que los hombres están perfectos y enteros, por haber llegado a la juventud: y a esta es comparado el Estío, que es donde con más fuerza hierve el calor y la cólera, porque reina el humor colérico. Y en esta edad, al que lo fuere, os avendréis con él con la reportación que conviene. Tercera edad o parte en la cual reina el humor de la melancolía. La tercera parte, tendrá otros diez años, que será desde los treinta y cinco hasta los cuarenta y cinco: en la cual edad, aunque el hombre manda sus miembros, bien, no es con aquella agilidad que en las dos primeras: porque ya ha llegado a la edad madura, y las influencias y operaciones de los elementos, hallan el sujeto más flaco: y así sus efectos no son de tanta fuerza: porque siendo la mocedad muy verde y nueva, y al contrario, la vejez muy madura y marchita, esta participa como medianera de una y otra: De suerte, que aunque no es tan veloz como el mancebo, no es tan pesado como LUIS PACHECO DE NARVÁEZ365PARA TODAS LAS HERIDAS. el viejo: y así mismo no será tan accidental como los mozos, ni tan tímido como los viejos. A esta edad se compara el Otoño, y de los humores a la melancolía: porque ya va la Memoria haciendo alarde y representación de las obras, de las otras dos primeras: y a este tal, se le podrá acometer con más libertad que en las dos primeras. La cuarta parte de la edad en que reina la flema. A la última parte, así mismo le daremos otros diez años con lo que llegaremos a los cincuenta y cinco, que es a la que se compara el Invierno, en quien domina la flema. Y en esta edad (según la mayor que hoy alcanzan los hombres) habrá pocos que tengan vigor para mandar armas: y supuesto que pongan mano a la espada con algún estímulo de honra, sin hacer mucho efecto desfallecerán: porque las fuerzas no les ayudarán, como le sucedió a aquel caballero, que salió a pelear con el mancebo, cuyo ejemplo pusimos en el punto antes de este de la razón con que se ha de pelear. Por qué se enojan los viejos fácilmente. Y aunque los de esta edad, son fáciles y prestos de airarse y enojarse, por el requemamiento de la sangre, son débiles por la poquedad de ella: y con los tales, a ningún noble le será permitido tener contienda, sino respetarles como a padres, pues los viejos por su edad son constituidos en esta dignidad, y dignos de toda reverencia. Y si pasado de esta edad, alguno trajere espada, no tanto por el bien parecer y adorno de sí mismo, como con presunción de ofender, digo, que aunque quieran encubrir, o disfrazar las canas, las pocas fuerzas del cuerpo pesado, que ya le faltarán, descubrirán su mucha edad: y a los tales solo les quedará la prontitud del Ánimo, mucha viveza en el Entendimiento, mas poca fuerza en los miembros: y esto se ha de entender, que no es mi intento decirlo, por un particular, que se hallará con fuerzas para poder ofender, y defenderse: que ya se ha visto de setenta, y aún noventa años, poderla traer: y haber pocos mozos que le aventajasen: pero este es uno, y no habrá muchos unos. Y con lo dicho se conocerá la disposición de cada uno: y conforme a ella, iréis obrando con mucha prudencia, considerando, que en esta edad, los flemáticos y melancólicos, están del todo perdidos. Y no os parezca que es de poca importancia, sino de más que se puede considerar, poder prevenir el peligro, y saber si conviene arremeter a vuestro contrario, o aguardarle a que acometa, conocer si es animoso o cobarde, cuándo está de un humor y cuándo está de otro: y no lo tengáis por trabajo intolerable, andar procurando el curso del año, la mudanza del tiempo, el repartimiento de las horas con tanto cuidado: porque si el mercader con el mayor que puede procura saber, cuándo es la feria de los Molares, y otras de otras partes, para allí hacer su empleo y ganancia: y el cursado y experimentado marinero tiene estudiado, y recopilado en la uña por qué tiempo vientan los vendavales, y cuándo la fuerza de las brisas, y en qué meses el rigor de los huracanes, y procura hacer su viaje con tiempo tan contado y medido, que pueda llegar a las Indias sin peligro: porque al Diestro le ha de ser carga hacer diligencia LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA366QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL en procurar el curso del tiempo, y sus mudanzas: porque si el mercader, movido con intereses de diez ducados de ganancia, mucho antes de que llegue el tiempo lo previene y sabe: ¿por qué, siendo ganancia de la vida, ha de haber negligencia? Porque de los casos, que después de sucedidos no se pueden remediar, gran consejo y prevención se requiere: además, de que este cuidado no durará mucho. La frecuencia en una cosa hace hábito, Aristóteles. Pues dice Aristóteles, que la frecuencia en una cosa hace hábito, y este presupone firmeza y perpetuidad: y en particular, habiendo de estar en el seno de la Memoria: y como tenemos en ella los nombres de todos los meses del año, y de los días de la semana, le podremos encomendar esta cuenta, que no será de mucho trabajo: El año se comienza a contar desde el mes de Marzo. y solo es la dificultad y diferencia comenzar a contar desde el mes de Marzo, y de una vez que se prevenga al principio de los tres meses, diciendo: Marzo, Abril y Mayo, es cuando reina el humor de la sangre, bastará para que no se olvide: y lo mismo en los demás meses del año, y horas del día. Duda, con cuál de los hombres se podrá defender con más facilidad. Prometido tenemos de declarar en este punto una duda puesta por muchos que tratan de esta facultad: la cual es, que con cuál de los hombres habrá más dificultad en el defenderse y ofender, con el muy alto, o con el bajo, o con el mediano. Y antes de que se responda a ella, se ha de entender, que esta dificultad solo se puede poner limitadamente en los particulares, y no más: porque la universal, no está sujeta a padecerlas (como se dirá cuando tratemos de ella). Y respondiendo a lo primero, digo, que con más facilidad os defenderéis de un hombre alto o muy alto, que de uno mediano o pequeño: solo con que tengáis consideración de elegir el medio de proporción, como es tengo avisado, y medio proporcionado, conforme a la largura de su cuerpo: porque los movimientos del hombre, van correspondiendo a la largura de su cuerpo y miembros: y así será forzoso elegirlo: Note el Diestro que le importa. de tal modo, que con un compás geométrico de Destreza, suyo, que será más largo que el de un hombre mediano, no pueda alcanzar a heriros. Y aunque es verdad que será más largo, forzosamente sus movimientos serán tardos y pesados: y es la causa, que como la sangre tiene tanto espacio donde hacer movimientos muy despacio, se viene a sentir el calor suyo en todas las partes, y principalmente en el cerebro, donde es el principio del sentido: y así cualquier cosa que haya de hacer, está claro que ha de ser obrada despacio. Y aunque podamos decir con verdad que la naturaleza LUIS PACHECO DE NARVÁEZ367PARA TODAS LAS HERIDAS. tiene concertadísimo gobierno, dándole al alto aquel calor que baste para mandar sus miembros, conforme a la estatura: y a cada uno lo que más conviene: vemos que muchos hombres tienen defectos muy particulares: pero estos no los atribuyen a la naturaleza, pues, según determinado parecer de los hombres científicos que de esto tratan, es por causa de la materia de que el hombre se engendra: Los hombres muy altos son de movimientos espaciosos. porque la natura dispuesta está a obrar con más perfección, y siempre lo procura; y vemos que lo más general en los hombres altos, es ser de movimientos espaciosos y desgraciados: y de esto es causa, que como el movimiento apresurado, o vigoroso se hace mediante el calor de la sangre, y esta está tan extendida por las arterias y venas tan espaciosas, como en el cuerpo grande ha de haber, se mueve en tiempo largo: y así los movimientos han de ser espaciosos. Y por el contrario en un cuerpo pequeño, como tiene tan poco que andar, en breve tiempo se mueve y calienta: y así sus movimientos son veloces. Y aunque con la misma razón que decimos que la naturaleza sigue en esto concertadísimo gobierno, y lo obra más perfecto, se podría argüir, diciendo haberle dado al hombre alto, respectivamente, lo que al pequeño: para que los movimientos sean iguales: digo, que serán semejantes al horno pequeño y grande, que con el calor con el que el chico estará abrasando, el grande estará tibio: Y así se habrán en los movimientos como una rueda pequeña con otra grande, que aunque se muevan en igual tiempo, y con igual movimiento, e igual presteza, acabará más presto su curso y vuelta la pequeña. Así, que si el uno y el otro formasen a un mismo tiempo un tajo, o revés, respecto de aquel mayor círculo que hará el muy alto, supuesto de haberlo de formar moviendo todo el brazo, será más tardo: al fin como quien anda más largo camino, y el pequeño más breve, veloz e incomprensible. Y por lo dicho me atrevo a decir, que es más fácil defenderse, y ofender al que fuere alto, que al que fuere en estatura mediano, así por las razones que se han dado, como por lo que otra vez hemos dicho, que afirma el Derecho, que pocas veces hay ciencia en cuerpos grandes: porque el peso tan grande que tienen de huesos, donde abundó la materia, los hace (generalmente hablando) de grosero entendimiento, y de movimientos espaciosos, tardos, y de poca gracia: Los hombres antiguos eran altísimos de cuerpo, san Agustín libro 15 de La Ciudad de Dios. Y además de esto, ya no vemos hombres tan altos, que nos cause admiración, como antiguamente los hubo: como lo afirma san Agustín, que los hombres antiguos eran altísimos de cuerpo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA368QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Estrabón, libro 7. Y Estrabón afirma, que en la sepultura de Anteo fue hallado su cuerpo, y medido, tenía sesenta codos. Turpino Obispo. Y de Carlomagno cuenta Turpino Obispo de Reims, que tenía ocho pies de estatura, y el rostro de palmo y medio de largo. Y aunque en estos tiempos hay hombres muy altos, estos no los vemos: Plinio libro 7, capítulo 2. Porque Plinio, dice, que se hallan en la Escitia de cincuenta codos. Y san Isidoro afirma, que los Macrobios Indianos, son de grandes doce pies: pero en estos tiempos, no hemos visto hombre que llegue en altura a ninguno de estos: porque el mayor que yo he visto, ha sido de siete pies geométricos, y muy escasos: pero contra todos, lo universal es el remedio. Y con esto queda resuelto este punto, con lo cual podremos pasar a la prevención que tenemos prometida hacer, para entrar en lo universal. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ369PARA TODAS LAS HERIDAS. PREVENCIÓN PARA EN LO UNIVERSAL, EN QUE SE DECLARA LA NATURALEZA DE CUATRO MOVIMIENTOS: CUYO CONOCIMIENTO ES IMPORTANTE. Gran cuidado se debe poner, y gran consejo se debe tomar, y con gran prevención y prudencia se debe prevenir, cuando alguna obra de importancia se quiere comenzar: y que esta para quien nos vamos previniendo, lo sea de mucha y muchísima importancia, ella propia lo manifestará. Y el último encarecimiento que se podrá poner, será decir, que así como le será imposible al ciego de nacimiento ver, si con él no se obra algún milagro, así lo será ser uno Diestro sin el verdadero conocimiento de los cuatro movimientos cardinales, cuyos nombres son: Movimiento violento: Movimiento natural; movimiento remiso, y movimiento mixto, por ser ellos infaliblemente de los que se componen todas las heridas en todas sus especies y diferencias, conforme a la compañía que hacen unos con los otros (no porque puedan estar juntos el violento y natural, pues la corrupción del uno, es causa de que el otro se engendre), pero porque hay heridas que constan de todos los cuatro: como son el tajo y revés, como ya hemos dicho, y otras de solo violento y natural, como es el altibajo antiguo, y otras con solo los tres, remiso, violento, y natural. Carranza, folio 31. Y que este conocimiento sea necesario, nuestro autor lo manifiesta, diciendo, que el que ignorare la naturaleza de los movimientos, se engañará fácilmente, y sujetará a mucho peligro, cuya razón es infalible: porque si la ciencia de la Destreza es para quitar las heridas, y el conocimiento que se ha de tener, ha de ser de la cosa por su causa, siendo las heridas por causa de los movimientos, pues se engendran de ellos, forzoso será tener de todos cierta y verdadera noticia, para que mejor se puedan matar, diferir o desviar, herir o defender según determinareis y conviniere. Y para que con más facilidad los conozcáis, diremos algo de cada uno de ellos. Qué cosa es movimiento violento. Este término violento, o violencia, a todos es muy notorio y sabido, que es forzarle a uno a que contra su voluntad, o naturaleza haga alguna obra: y para entenderlo mejor, acudamos a los ejemplos, porque ellos allanarán si alguna dificultad hubiere, y nos darán la noticia que convenga: y para esto consideremos una piedra que se tira con la honda, o mano, que tirándola hacia arriba, o derecha, hace aquel camino contra su voluntad y naturaleza, mediante aquella fuerza e impulso que se le comunica: y por causa de quitarla de su centro, que es la tierra, se llama movimiento violento, pues compelida de aquella fuerza, o violencia con que se arroja, se mueve y levanta: y lo propio es en el virote, o flecha que sale de la ballesta, o arco, que va con LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA370QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL tanta presteza, que la vista no lo puede percibir: y la causa de este viaje tan veloz, es el ímpetu de la fuerza comunicada: con la cual es forzada a ir derecha aquella distancia que la fuerza dura sin gastarse: pero luego de que acaba, declina y cae en el suelo, como en centro suyo, sin que para esto sea menester ninguna fuerza de nuevo: y así el primer viaje es violento, por ser compelido con el rigor de la fuerza: lo propio es en la espada, en cuanto al formar tajo, o revés, que forzosamente se ha de levantar en alto con fuerza particular, que para ello se ha de aplicar: a lo cual se llama movimiento violento: y al bajar, para acabar el intento comenzado, que es ejecutar el tajo, forzosamente ha de bajar desde aquel lugar en que quedó cuando se acabó el violento: a lo cual se llama natural: porque cuando no se comunicase fuerza ninguna, sino solo dejarla bajar, por el amor natural que tiene a su centro, irá bajando hasta del todo reposar en él. Los animales irracionales conocen el movimiento violento. Y conocer el movimiento violento le es fácil al hombre que con un poco de cuidado lo quisiere procurar, pues los animales irracionales, en quien solo puso la naturaleza un instinto natural, lo conocen, de tal suerte, que los podríamos tener por maestros, pues apneas se ha comenzado a formar cuando ya lo tienen conocido, como se ve muchas veces en un perro cuando le tiran una piedra, o dan con un palo, que al levantar el brazo en alto (que es el movimiento violento) lo conoce, se recela y huye, y antes de que baje el natural, se queja, porque entiende, que es para ofenderle. Y si miramos a una paloma, o otra cualquier ave, a quien así mismo le queremos tirar, veremos, que en comenzando a levantar el brazo, haciendo el movimiento violento, lo conoce al punto, y levanta el vuelo con gran presteza, antes de que se acabe el violento, y comience el natural. Y pues si los animales tienen este conocimiento, no os será a vos difícil el conocerlo, pues gozáis de tantas, y tan principales partes más que ellos. Movimiento natural qué tal es, y de qué se engendra. Aristóteles, Historia Natural. El movimiento natural también es fácil de conocer, pues es cierto, que la generación suya, no puede ser, ni comenzar, sin que primero haya fenecido el movimiento violento, como lo afirma el Filósofo: pues dice, que la corrupción del movimiento violento es la causa de que se engendre el natural, y no de otra manera: Tartalla, Libro de la Nueva Ciencia. ni pueden estar ambos juntos, como también lo dice Nicolao Tartalla, en cinco libros que hizo, sobre la naturaleza de cuerpos igualmente graves, que ningún cuerpo igualmente grave, puede ir por algún espacio de tiempo, o de lugar de movimiento violento y natural juntamente mixtos: y así no comienza a bajar la espada, o bala, o piedra hasta que el movimiento violento y fuerza, con que se engendra, se acabe: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ371PARA TODAS LAS HERIDAS. Este conocimiento conviene para los reparos. y teniendo bastante conocimiento de un movimiento, y del otro, sin que en ninguna cosa os engañéis os habéis de prevenir en aquel tiempo que el contrario gastare en formar el movimiento violento para conocer e impedir el natural: porque si os descuidaseis, es tanta su velocidad que si antes de que se comience a formar, no os pusiereis en el lugar donde hubiereis de hacer vuestra defensa, ora por un lado de la circunferencia, ora por el otro con compases curvos o rectos, y la espada contraria comenzare a bajar, será imposible de toda imposibilidad dejar de ofenderos, aunque entonces con mucha diligencia procuréis formar un reparo: porque de cualquier suerte que sea, se lo llevará de encuentro, por la gran fuerza que tiene el movimiento natural, y más cuando se aplica fuerza, como os avisé cuando tratamos de los reparos. Y supuesto lo dicho, no será justo perder tiempo en el que gastare el contrario en formar el violento, que por haber de ser con tanto trabajo: y que para ello es necesario aplicar la atención, y toda la fuerza para el subir, y levantar la espada en alto: Todo lo que se engendra tiene cuatro partes. Porque, según Aristóteles, todo lo que se engendra tiene cuatro partes, que son, Principio, aumento, estado y disminución (como en otra parte hemos dicho): El principio de lo que vamos tratando es el primer movimiento natural, que se hace desde el ángulo recto hasta el ángulo agudo, donde comienza el movimiento remiso: el aumento es el violento, y el estado es aquel breve tiempo que está la espada acabando el movimiento violento hasta comenzar el natural: el cual es como el tiempo presente, que es menos que un punto tan inconstante y fugitivo, que aun apenas con el pensamiento se puede alcanzar: y una vez perdido, el remedio será difícil, pero el peligro cierto. Ejemplo para el movimiento violento y natural. Y que lo dicho lo sea, lo consideramos en un edificio, donde con una grúa, o torno suben piedra a lo alto, y veremos cuán poco a poco y con cuánto trabajo va subiendo, que parece, que con él manifiesta el descontento que lleva, por ir fuera de su centro y natural asiento con el movimiento violento, de que va compelida: y por el contrario si vuelve a bajar, con cuánta presteza llega al suelo, que la velocidad con que viene parece que es lengua que publica el contento que trae de volver a su centro: y así será imposible (no siendo el edificio excesivamente alto) poder un hombre librarse, si antes de que comenzase a caer, no se quitase de donde derechamente había de venir a dar la piedra, pasándose a uno de los lados, aunque con extraña presteza lo procurase: pues lo propio es en la espada, que al formar el movimiento violento es con gran trabajo: pero al bajar el natural, en un punto (que casi no se puede percibir con la vista) desanda aquel movimiento en que gastó mucho rato en subir: y lo propio habéis de entender precisa y generalmente para vuestra defensa. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA372QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Y la conclusión de este punto es, que si quisiereis a cualquier tiempo circular formar reparo, supuesto que ha de ser en el punto en que se acabe y fenezca el movimiento violento, y antes de que el natural comience, o al menos al principio, como queda dicho, que el medio proporcionado que eligiereis, sea tan puntual y medido, que en el tiempo que gastare en subir la espada arriba, pongáis el cuerpo en tal perfil, que lo podáis impedir: porque no siendo con esta prevención, y en este tiempo, y con tal puntualidad, sin provecho serán todas las diligencias que pusiereis. Movimiento remiso qué cosa es. El movimiento remiso ya hemos dicho que es aquel que hace la espada a cualquiera de los lados, como se ve cuando se quiere formar un tajo, estando en ángulo recto, o agudo, que primero se aparta la espada hacia el lado izquierdo, para desde allí formar el violento: y lo propio es cuando se forma el revés, que se desvía primero al lado derecho. Cuál movimiento precede a cuál. El conocer este movimiento, y su naturaleza, es importantísimo: porque así como el movimiento natural nace y se engendra mediante haber precedido el violento, y no en otra manera, así para que el violento llegue a efecto, de necesidad, ha de preceder el remiso: esto particularmente se ha de entender en los tajos y reveses, que se forman con movimiento circular, siendo solo exento de esta obligación un movimiento, Carranza, folio 154. a quien nuestro autor llama tajo hendido, tomando este nombre de los antiguos: Tajo que para formarse no tiene movimiento remiso. el cual se forma de esta manera: que desde el ángulo recto, o agudo suben la espada derechamente al ángulo obtuso, y por el propio camino la vuelven a bajar, aplicando mucha fuerza para la ejecución. Y como este solo consta de movimiento violento, con mucha más atención habéis de procurar conocerlo, por formarse con más brevedad que el tajo, ni el revés: porque cualquiera de estos es movimiento circular: y este contiene en sí, junto el principio con el fin, una figura perfectamente redonda, ora se comience por lo alto, o por otra cualquier parte, no se puede derechamente subir hacia arriba la espada, como en el tajo hendido, sino que forzosamente ha de haber movimiento remiso, a quien comúnmente se dice tomar vuelo la espada, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ373PARA TODAS LAS HERIDAS. Carranza, folio 154. por cuya causa Carranza, tomando así mismo este nombre de los antiguos, le dice tajo volado, que es el propio, y por la propia parte que el arrebatar común: y conocido este movimiento, tendréis más lugar para preveniros, pues según lo dicho, han de preceder tres movimientos antes de que el natural se forme: y cuando con mayor ímpetu se formare el remiso, será más largo, por la mucha fuerza que se le comunicará: pero el violento será con más presteza, y el natural más vehemente: pero ni la fuerza del uno, ni la brevedad y ligereza del otro, bastarán para ofenderos, pues es cierto, que no hay movimiento que sea en un instante, sino que forzosamente se ha de gastar alguna parte de tiempo en él: que es lo propio que obrarse en tiempo. Pues si en un solo movimiento se ha de gastar tiempo determinado, habiendo de hacer tres movimientos, más dilación habrá de tiempo: en el cual, su tuviereis elegido el medio proporcionado, con la consideración que se requiere, cuando el contrario comience sus movimientos, hallándoos en distancia determinada, podréis con tal brevedad formar el reparo, o hacer el desvío que estéis aguardando a que el movimiento natural se engendre. Movimiento mixto, cuál es, y por qué se llama así. El movimiento mixto es aquel que se hace a cualquiera de los lados, y se llama mixto, porque se hace llevando juntamente la espada contraria como cuando a desviamos, cuando le estrechamos, o desviamosa aquella parte que conviene: y como ambas se mueven en un propio punto, y consta de ambos movimientos, se llama mixto. Como por ejemplo: cuando la espada contraria está en ángulo recto, y se la cogemos con línea en cruz, y se la apartamos, llevándola a donde forzosamente ha de hacer movimiento, para de él formar nuestra herida: o cuando el contrario tira una estocada de puño, o recta, que le matamos aquel movimiento, desviándole la espada a uno de los lados, según por la parte que viene impidiendo y atajando su determinación, como ya habréis considerado en las demostraciones que hasta aquí se han puesto, pues ellas propias lo avisan, y publican con sus diferencias: y así mismo lo podrís advertir en las que adelante pondremos: aunque bastaba lo dicho, para no ser menester andar especulando, ni buscando la averiguación de ello, pues de esto ya otro ha tomado el trabajo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA374QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL PUNTO QUINTO DEL TACTO, Y DE SU MUCHA IMPORTANCIA. Este Quinto punto, de que ahora tratamos, es de tanta importancia, que con razón podremos decir, que está en él totalmente la defensa y seguridad de la vida del hombre: y aunque en otras partes hemos hecho este propio encarecimiento, no por esto pierde este su dignidad, ni las demás la honra que se les ha dado: porque así como es necesario y conveniente al virtuoso, para serlo perfectamente, tener en sí juntas todas las virtudes: pues, según Aristóteles, y los demás Filósofos, están encadenadas unas con otras, y el que tuviere una, las ha de tener todas: así el Diestro, para que con perfección lo sea, ha de guardar con sumo cuidado los preceptos de la Destreza, todos sin faltar ninguno: porque si alguno faltase, además de no gozar de la Destreza con perfección, el daño que le resultaría, sería irremediable: El tacto es uno de los más principales fundamentos de la Destreza. y aunque es verdad que hay unos más importantes que otros, de los que más lo son, el principal es el tacto, uno de los más principales sentidos del hombre, cuyos efectos en la Destreza son milagrosos: porque con él conoceréis la fuerza y flaqueza de la espada contraria, teniéndola sujeta, para que sin vuestra Voluntad no se mueva: y si hiciere movimiento, sepáis cuándo se engendra el principio del remiso, el punto en que se comenzare el violento: y podréis matar el natural, cuando bajare, impediréis los accidentales: y cualquier movimiento mixto, sujetaréis, sabréis con certeza a qué parte camina la espada contraria, y cualquier determinación de su motor: no se pondrá en alto, sin que a su principio lo entendáis con distinción, cuándo es para tajo, cuándo para revés, o estocada, o acometimiento, sabréis: y juntamente podréis impedir la fuerza que trajere cada uno de estos movimientos: así como por él se conoce lo blando, y lo áspero, lo frío, y caliente, lo pesado, o liviano: Carranza, folio 50. y nuestro autor, como quien tan bien supo su importancia, en diversas partes de su libro lo encarece y exagera con mil fuerzas de razones, con tanta elegancia y curiosidad como lo demás: y afirma, por parecer de Aristóteles, que cualquier animal, privado del tacto, morirá necesariamente: y así mismo, que el hombre tiene más cierto el tacto que los otros sentidos, y esta certeza en las manos más que en otra parte del cuerpo: y fue necesario así, porque como la defensa del hombre está en ellas, convino, que en ellas, más que en otra parte alguna, estuviese. Y le da (con mucha razón) mil epítetos honrosos, y particularmente le pone y levanta a tal dignidad, que lo hace heredero de la vista: porque faltando este sentido, el tacto conoce muchas cosas que estaban a su cargo: Y para mí no hay dificultad en creer esta verdad, considerando algunos ciegos que conocen la moneda con el tacto, sin errar, y no digo la plata: porque esta, conforme al peso y tamaño, tiene el valor ya conocido, sino a los cuartos de cobre, saben si son LUIS PACHECO DE NARVÁEZ375PARA TODAS LAS HERIDAS. buenos, o malos: y entendiendo, que este acertar fuese acaso, hice la experiencia de ello, y siempre los hallé como si gozaran del sentido de la vista libremente. Y por esto dice nuestro autor, que los cortos de vista, se pueden aprovechar de la Destreza, por virtud del tacto: el cual sirve de noche más que los otros sentidos, porque no pudiendo ayudarle la vista con libertad, él se vale de por sí, tentando la espada: y conforme al lugar donde la halla, luego manifiesta a qué parte está el cuerpo. Y con la noticia que tendréis conservada en la Memoria, que el pecho está más cerca que otra cualquier parte del cuerpo, de allí abajo: enderezaréis la herida a él: si vuestra determinación fuere herir recto de estocada, no habiendo diferencia en ninguno de los lados en que os hallareis. Y si hubiere de ser la herida de tiempo circular, que la ejecución suya, lo ordinario es en la cabeza, y estuviereis en el lado derecho de la circunferencia, sabréis que ha de ser tajo la herida que formareis: porque se ha de ejecutar en el lado izquierdo del contrario: y si os hallareis en el izquierdo, sabréis, que forzosamente ha de ser de revés: porque se ha de encaminar al lado derecho: Y conocer cualquier parte de estas, que no os parezca difícil, considerando, que si un ciego llega a una esquina de una calle, que ya algún tiempo supo, sabe distinguir la casa de Juan y Pedro: y si tiene a un hombre por la mano, en un punto dice, si es la derecha, o la izquierda. Y si de noche puede servir el tacto, con más ventaja será de día, donde la certeza de la vista le guía. Y poniendo atajo con espada en la contraria, mediante el tacto, conoceréis, según su extremo y disposición, el ser y ángulo en que estuviere: Todas las heridas que se hacen mediante el tacto son universales. advirtiendo, que todas las heridas que se formaren, mediante el tacto, son universales: y lo pruebo con esto. Jerónimo de Carranza dice, que la treta universal es la que se hace contra tajo, contra revés, y contra estocada, para arremeter, y para esperar. Y luego dice, que treta de atajo es la universal. Nota. El atajo es un impedimento universal, que se hace a cualquiera de estas heridas, a quien así mismo dice matar el movimiento: y este forzosamente se hace mediante el tajo, y no de otra manera. Carranza, folio 3 de su declaración. Se sigue, que para que haya universal ha de haber tacto, y las heridas que se hicieren mediante él, serán universales: y todas las demás que sin él se formaren, carecerán de esta grandeza, y no se podrá tener en ellas seguridad, ni confianza, por no ir guiadas por un sentido de tanta certeza como este: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA376QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Conviene que se sepa hacer el tacto. pero es de entender, que este tacto se ha de saber qué medio ha de tener, y en qué parte de la espada se ha de hacer, y la disposición que ha de tener el cuerpo: porque si no hubiese de ser con cuenta y razón, se podría decir, que el tentar la espada que vulgarmente usan en la Destreza ordinaria, que pues hay tacto, es universal: Nota. y no es así, porque si lo fuera, sirviera de defensa, y ofensa: y es al contrario, como se vio en las demostraciones de la tercera parte de este libro. Y para la importancia del tacto, muchos ejemplos pudiéramos traer, que confirmaran lo que de él se ha dicho, y quitaran alguna duda, si acaso la pudiere haber, y con mejor acuerdo se difieren para las demostraciones de adelante, donde diciéndose, y obrándose, hará bastante prueba de su importancia y valor. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ377PARA TODAS LAS HERIDAS. PUNTO SEXTO DE LA CONSERVACIÓN DEL ALIENTO, Y LO QUE IMPORTA. Cuanto más nos vamos acercando a lo universal, que es la conclusión, y resolución de todo lo que hemos tratado, y se puede tratar en Destreza, cosas de más importancia vamos tratando: y que este sexto punto lo sea, el mismo publicará lo que él vale en Destreza, y lo que importa, así en ella, como para vivir, pues sin él, ningún animal racional, o irracional podrá vivir: este es la conservación del aliento, a quien comúnmente llamamos resuello: y aunque esta materia sea ajena de mi facultad y profesión: por lo cual, entiendo, que tratándola, no dará gasto, ni satisfará a todos: por tenerlo prometido, diré algo de ella, con esta limitación, que para los discretos, y los que supieren esta materia mejor que yo (que habrá muchos) no es mi intento escribirlo: pero los que no lo supieren se avisará en ella. Muchas veces fallece el ingenio del oyente por la oscuridad de los términos con que se le habla o enseña. Y aunque imitando, y valiéndome de autores gravísimos de esta facultad, pudiera escribir esto con términos más propios, y lenguaje más levantado, pues lo tienen escrito con tanta elegancia, que se sigue el parecer de Cicerón, que dice, que muchas veces fallece el Ingenio del oyente, por la oscuridad de los términos exquisitos, y que es mucha discreción aquello que han de leer los hombres, no estudiantes, enseñarlo, o escribirlo con comunes y usados términos, El discreto entiende lo difícil y lo fácil. y como nuestro intento particular, sea el aprovechamiento común de común lenguaje, habremos de usar, que aunque vaya en lenguaje ordinario, bien lo entenderéis, pues esta es una de las excelencias de que el Diestro goza, que es entender lo difícil y lo fácil, al contrario de los demás, que solo entienden lo que es claro. Y volviendo a nuestro propósito: digo, que como el corazón es el que más siente el sobresalto y la quietud, y en él está el ánimo y temor, y sus cavidades son tan excesivamente calientes, que es comparado a un horno encendido: la naturaleza, en todo perfectísima, ordenó con soberano acuerdo, que para que el calor natural no fuese menos del que es: Por qué se le dio respiración al hombre. pues, según Avicena, él y el húmedo radical, es el principio de nuestra vida, y el corazón y espíritu vital con su rigor no fuese ahogado: que de continuo por la boca y narices le entrase aire fresco para que le refrigerase. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA378QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL El movimiento del resollar por qué se hace sin cuidado ni trabajo. Y que esto fuese en todo tiempo sin faltar un punto: y como esta obra fuese tan menesterosa, para que jamás hubiese descuido: porque habría peligro, la hizo obra natural, para que naturalmente, aun el niño que no tiene entendimiento capaz para buscar su conservación, por esta parte no le faltase: y de una propia manera, estando durmiendo, o velando con cuidado, o sin él, sin ser menester para ello parte de voluntad: porque este movimiento es como el del Cielo, que se mueve sin ningún trabajo ni cansancio: y así se ve cuando respiramos para dentro, que entra el aire fresco, y este entra en el pulmón, el cual sopla en el corazón como unos fuelles, y el corazón se ensancha y recibe el aire fresco que le envía: pero como llega a parte tan caliente, luego al punto se calienta, y vuelve el corazón a reprimirse y apretarse, y echa fuera de sí el aire que cogió, por estar ya caliente, como muchas veces se ve, cuando el aire pasa por alguna parte caliente, que así mismo viene caliente, y lo propio se ve en la respiración que hacemos hacia fuerza, que si la recibimos en la mano (en particular en tiempo de frío) sentimos calor de que saca de allá dentro, y luego vuelve el corazón a ensancharse, para volver a recoger de nuevo el aire fresco, durando este continuo ejercicio, desde el punto en que el hombre nace, hasta en el que muere, con tanta presteza y tan a menudo, cuando tarda el aire en entrar y salir. Y se tiene tan entendido y la experiencia lo tiene tan manifiesto, saber que el hombre no puede vivir sin la respiración (porque si el aire no entrase a refrescar el corazón, se ahogaría, y repentinamente moriría), que cuando hay duda de si alguno está muerto, luego acuden, poniéndole la mano en la boca y narices, y según le falta así juzgan de él. Carranza, folio 189. Y que la conservación del aliento sea importante para la defensa del hombre, a Jerónimo de Carranza pongo por autor, y a la experiencia por desengaño. Dice pues que el conservar el aliento, es la cosa más importante, y lo que más conviene guardar para en la Destreza, así para formar las proposiciones con perfección, como para salir sin peligro de ellas: y la aplicación de esto lo manifestarán algunos ejemplos, así para disponer vuestro crédito, como la afición. Ejemplos que manifiestan la importancia del aliento. Sin Diestro con la espada en la mano quisiese tirar muchas cuchilladas y muy aprisa, no contentándose con hacer los movimientos con solo el brazo, sino también con el cuerpo, saltando unas veces a un lado y otras veces a otros con resuello apresurado, no le sería posible salir bien de ello, ni tener aliento para conseguir su defensa: porque todo movimiento es causa de calor, y como el corazón y los pulsos no dejan jamás de moverse, por fuerza se ha de calentar el espíritu vital que tiene dentro de sí, así por su mucha delicadeza y ser muy aparejado para calentarse, como por estar en parte tan estrecha. De manera, que si con los alientos no cogiese aire fresco, para que el calor no pasase adelante, en muy breve espacio se ahogaría: y esto, no lo podrá hacer si el resuello fuere muy deprisa: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ379PARA TODAS LAS HERIDAS. El daño que causa la respiración apresurada. porque la respiración apresurada, es causa de que el corazón se aflija: por esta razón, que como el aire fresco que va a refrigerarle, casi no llega a él por la prisa que da luego la respiración de hacia afuera, se queda ahogando y abrasando con el calor natural, y cuantos más movimientos hiciere y más apresurados, el calor se avivará, y el corazón se abrasará y el espíritu vital se encenderá, y la fuerza ha de desfallecer. Y para no caer en peligro tan notable, conviene ser muy limitado en el resollar, y con mucho concierto iréis conservando la respiración, conforme a los movimientos, contentándoos, si los movimientos fueren despacio, en cada uno de ellos resollar una vez: y aun si fuere necesario hacer movimientos acelerados, por convenir así a la presteza de los contrarios, será mucha prudencia ir deteniendo el resuello para andar más alentado, por dos causas particulares. La primera, porque con los apresurados movimientos, y el resollar muy aprisa os causará cansancio, y este os disminuirá las fuerzas: y la falta de ellas os acarrearán turbación, como muchas veces se ve cuando uno sube aprisa una cuesta arriba, que en llegando a la cumbre, y aun antes, se halla tan desalentado, que le es forzoso sentarse: y si en aquel punto le pusiesen (como dicen) la mano en la boca, se ahogaría, además de llegar tan cortado, y cansado, que no hay miembro que particularmente no le duela: porque como el miembro más principal del cuerpo (que es el corazón) padece, padecen en él todos los demás: y el contrario, viéndoos tan afligido y desalentado, cobrará nuevo Ánimo, considerando la causa por donde os inquieta y turba. Opinión introducida en el vulgo. Y de aquí nació lo que muchos dicen (y aún hacen), que si se les ofreciere ocasión de pelear, que dejarán a su contrario tirar muchos tajos y reveses, hasta que se canse, y que luego acometerán, y muchas veces se ha visto salir con su intento. La otra, porque resollando muy aprisa, los miembros no gozan de aquella agilidad y presteza que conviene para la defensa y ofensa. El Diestro ha de imitar al que corre y salta en la respiración. Y para esto os importará mucho imitar a los que corren, y saltan, en quien se ve, que antes de que comiencen a saltar, o correr, se previenen de resuello: porque la experiencia les tiene mostrado, que con esta prevención corren y saltan más, y con más agilidad. Y la razón de esto es, que como el aire es el elemento más liviano, apetece y procura ir a lo alto, como a lugar y centro que es suyo: y así como detienen el resuello, impidiendo que no salga el aire, los hace más livianos y saltan con más ligereza, como lo vemos más propiamente en un odre, que si está si aire, está algo pesado: pero si lo llenan de él, está tan liviano, que con el propio viento se mueve: y sin esto lo veremos en los que se enseñan a nadar, que se ponen unas vejigas de vaca llenas de aire: con las cuales se detienen encima del agua, sin dejarles ir al fondo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA380QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Carranza, folio 200. Y por lo dicho dice nuestro autor, en nombre de la experiencia, que cuanto más espesas fueran las cuchilladas, tanto mayor será la necesidad de la conservación del aliento, y el gobierno en la respiración: Por lo cual conviene, que con los pies, cuerpo y brazo, hagáis solo aquellos movimientos que sean necesarios a la herida y defensa, y no más: Advierta el Diestro que le importa. con esta consideración, que todas aquellas veces que conviniere matar el movimiento natural, o impedirlo antes de que baje, respecto que ha de ser con movimiento de cuerpo: unas veces a un lado y otras a otro, cuando graduando adelante, cuando dilatando el movimiento atrás, os prevengáis con respiración sosegada, aunque los movimientos sean apresurados (como se ve en el que corre, que si hubiese de resollar tan a menudo como hace los movimientos, ni le sería posible llegar al fin de la carrera, ni dejaría de llegar al fin de la vida: por las razones que se han dado: y así va resollando con mucho gobierno y limitación), porque cuando acabéis de poner el impedimento, o dar la herida, salga el aire caliente que se recogiere en la prevención que hiciereis, y entrará otro de nuevo fresco: y de esta suerte conservaréis la respiración, y andaréis tan alentado, que no os falte en tiempo cuando más lo hubiereis menester: Dos grandísimos provechos que resultan de la conservación del aliento. y además de esto, sacaréis otros dos nuevos provechos dignos de mucha consideración y estima: el primero tener libre el oído, para que por él tengáis noticia si viene algún otro contrario por detrás (como cada día sucede), y deteniendo el aliento, el órgano de oído quedará libre y se allegará más a las partes de fuera: donde la voz y el oído pueden más libremente allegarse. Y respecto de esto, dice Aristóteles, que los ciervos, oyen cuando tienen las orejas altas, pero que bajándolas, no sienten ruido: porque la atención no está tan pronta, como cuando las tienen levantadas. Y en el hombre el resollar, o alentar muy aprisa, causa ruido, impide el oír: como se ve cuando uno estornuda, que aquel ruido es causa de que no oiga nada: Al aire que está en los oídos, mediante el que oímos, le llama Aristóteles inmóvil. porque con él se impide el sonido que llega al aire que está dentro de los oídos, que mediante el que oímos, a quien Aristóteles, llama inmóvil: porque, como dice Teofrasto, el sentido del oír, particularmente es más pasible que los otros sentidos: pues ni la vista, ni el gusto ni el del tacto no perturban tanto el Ánimo, ni le hacen tan atónito, ni le sacan fuera de sí, cuando se perturba en el oír, cuando siente algún ruido o sonido penetrante. El otro es, que andando tan sosegado y quieto, no daréis LUIS PACHECO DE NARVÁEZ381PARA TODAS LAS HERIDAS. lugar a que la ira prevalezca en vos: porque, como en otra parte hemos dicho, todo movimiento es causa de calor: y con este se enciende la sangre, y esta caliente, mueve a ira: y si ella prevalece, pasará los límites de la razón: y no es menester que esta señoree, antes si alguna ira tuviereis (que no hay motivo para que el Diestro la tenga), viendo cuán señor sois de sus movimientos, y cuán poco trabajo ponéis en impedirlos y desbaratarlos, y cómo con ninguno de ellos recibís ofensa, se mitigará, y se os quietará el Ánimo, se disminuirá el enojo, y no daréis lugar a que se encienda la cólera, que es la que muchas veces turba el Entendimiento, alborota la sangre, y enciende el deseo de venganza. Más diligencia se ha de poner en mitigar una ira, que en apagar un fuego. Y por esto dice bien Heráclito, que más diligencia se ha de poner en mitigar una ira, que en apagar un fuego, pues ella es la que quebranta las leyes de la razón, y jamás le guarda derechos, y la que impide el uso de la Prudencia: y poniendo la ira en ejecución, dando lugar a sus endemoniados efectos, además de pasar el placer de la venganza en un momento, y el de la misericordia durar para siempre jamás, os acabaréis de arrepentir: y el arrepentimiento será en tiempo, que solo os sirva la Memoria de ello de grandísimo tormento, careciendo de todo remedio. Y pues tantos provechos resultan de la conservación del aliento, procurad guardarlo, pues en ello nos os va menos que la quietud de vuestra conciencia, y la defensa natural, que es la conservación de la vida. Los admirables efectos de la universal. Muy conveniente a la razón será, pues que hemos de tratar de la universal, que tantas veces hemos prometido, y con tantos encarecimientos ponderado, y hecho tantas prevenciones, que se manifieste quién es esta universal, de qué sirve, y qué efectos tiene, para que por ellos, o del todo se ame, y procure, o se le dé de mano y deseche. Próspero Doctor. Y me obliga a esto, considerar lo que dice Próspero, Doctor antiguo, que en cuantas determinaciones tiene un hombre, en tantas partes está dividido: y hasta que con cierta determinación, se conforma en aquello que escoge, es como el que está en uno, dos, tres, o más caminos, que no sabe por cuál de ellos se determine a caminar, estando neutral y perplejo: porque será posible que os suceda lo propio con los particulares, de quien hemos dichos ser caducos, variables, y sus efectos suceder acaso, y no sabréis determinaros en elegir uno y dejar otro, para confiadamente esperar victoria, hasta que determinéis no tratar de ellos, eligiendo lo universal para vuestra defensa: que por su infalible certeza, carece de todas dudas: porque es cierto, que de determinadas causas, y movimientos, términos, medios, y distancias, han de proceder LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA382QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL de términos e infalibles efectos, y los particulares se aprenden con cuidado del sentido: el cual aprendiendo los accidentes del movimiento, su naturaleza, calidad y tamaño, y ofreciéndolos al Entendimiento, hace que conozca la causa de donde proceden: y para este verdadero conocimiento, es necesario que primero se haga experiencia de los efectos, que muchas veces se ofrezcan, para que de esta experiencia, nazca una verdadera y cierta noticia de todos, y haciendo memoria de ello, se vendrá a perpetuar en verdad (en cuanto a vos) como lo ha sido para los que diligentemente lo han considerado: de donde vendrá a quedar un cierto, verdadero e infalible impedimento de los tales efectos ya conocidos: La más principal parte de la Destreza consiste en el entendimiento. porque según Carranza, y la razón, la más principal parte de la Destreza consiste en el Entendimiento, y dando ejemplo: digo, que conociendo que mi espada y la contraria, cada una en su largura, tiene fuerza y flaqueza, más o menos, conforme a la cercanía que tiene con el centro del brazo (que es el cuerpo), fuente y origen principal, de la fuerza. El tajo, o el revés, han de constar de cuatro movimientos. Y que el movimiento que se hace para estocada, es accidental, y de poca fuerza, y que el de tajo, o revés, ha de constar de necesidad, de cuatro movimientos particulares (como en otras partes hemos dicho), que son: Movimiento natural, cuando baja del ángulo recto al ángulo agudo, el remiso, el violento, y el mixto: y sabiendo manifiestamente, que tales son los movimientos, y entendiendo el fin de cada uno, sabré con certeza, la naturaleza de cada línea, y entenderé dónde ha de ser el efecto en el contrario: Aquí es necesario el conocimiento de las distancias. y sabiendo, qué tan lejos está el cuerpo de mi espada, y cuán lejos la suya del mío, por el cierto conocimiento del medio proporcionado, que es el que considera, y mide las distancias, según los perfiles, y ángulos de las dos posturas, suya y mía, en un punto conoceré lo propincuo, y remoto de su espada. Y conforme a la diferencia de los compases que diere, si fueren curvos, o rectos, sencillos, o doblados, deprisa o despacio, aplicaré enderezando mi espada, haciendo acordada armonía, unas veces llegando al cuerpo, otras desviándolo, conforme a la determinación con que el contrario viniere, particularmente, conociendo por verdad, que en cualquier perfil o postura, que mi contrario se afirmare, que el rostro está menos grados, y más cerca que el pecho, y el pecho más cerca que el vientre, y este más que los muslos, y los muslos más que las piernas, y los pies más lejos que las demás partes del cuerpo, como por demostración lo tenemos probado, en un punto sino otro, nuevo acuerdo, encaminaré mi espada a aquel lugar que más cercano estuviere, porque el movimiento sea más breve, y el efecto más cierto: y no me turbará, ni alterará, aunque el contrario LUIS PACHECO DE NARVÁEZ383PARA TODAS LAS HERIDAS. comience una herida, con intento particular, y determinación de herir con otra, a quien comúnmente se llama Engaño: ni que venga por la parte que primero comenzare, con el acometimiento o principio de herida: ni tampoco me inquietará que se quite de la primera postura en que estuviere al tiempo que yo comenzare, y vaya formando la herida: porque ninguna de estas dificultades, ni todas juntas, serán bastantes para impedir el efecto, teniendo clara noticia del medio de proporción, que es la cierta y provechosa distancia para la defensa. Y así mismo constándome, cuán importantes me sean los perfiles y los compases curvos, por cualquiera de los lados de la circunferencia: y que teniendo hecha nuestro autor una cierta y curiosísima división de la flaqueza y fuerza que tiene la espada en su cantidad y largura, como adelante se pondrá, de donde resulta una infalible resolución, que cuatro puntos de fuerza de mi espada, prevalecerán contra tres de la contraria, como si en unas balanzas de peso igual pusiésemos en la una pesa de una libra, y en la otra una de dos, que sin ninguna duda la vencerá en mayor peso: y así mismo, que todo movimiento tiene flaqueza, como ya está probado con el ejemplo de cuando se quiere derribar un toro y de los que luchan, que aguardan que tenga parte de los pies levantados, para derribarlo. Note el Diestro, y los que son amigos de tentar. Y que poniendo mi espada encima de la suya, con la prevención dicha, de que exceda la mía en mayor número a la contraria que estuviere debajo, que su movimiento, de cualquier especie que sea, se lo impediré, defraudando su intento y deliberada voluntad de herir una y cuantas veces lo hiciere: Concluye en universal. y haciendo una y otra vez experiencia de esto, y hallando el mismo efecto, y conservando tales especies en la memoria, con aprehensión del Entendimiento concluiré en universal, que todo movimiento lo podré impedir, sin ser menester hacer más experiencia, como no o será hacerla del fuego, pues de una vez que nos queme el dedo, la conservamos en la Memoria para decir, sin llegar otra vez a él, que el fuego quema. Así, que de una vez que sepamos, que la universal es contra todos los movimientos de cualquier especie que sean, no es menester andar cada día haciendo nueva experiencia: porque es cierto, que ella conoce las causas, y alcanza los efectos, considera los movimientos, y los mide, conoce la calidad de ellos, la velocidad, la tardanza, el sitio, la hechura, la cercanía, la pasión de su movedor, la conversión de un movimiento en otro, de tajo en revés, y de revés en tajo: y de cualquiera de estos en estocada, y de esta a cualquiera de ellos, a todos los sujeta e impide la disposición a su gusto: unas veces al principio del movimiento remiso, otras al formar el violento, y otras al bajar el natural, y otras intermedio, antes de que acabe uno, ni comience el otro: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA384QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Carranza, folios 29 y 35. no hace excepción de cuerpos altos, ni bajos, ni de ningún género de armas, como lo dice nuestro autor: no respeta a colérico, ni a flemático, sanguíneo, ni melancólico, a mozo, ni a viejo: ni toma trabajo en considerar el curso de tiempo, ni cuando es Verano, Estío, Otoño, o Invierno, para saber qué humor predomina: ni pone cuidado en considerar las horas del día, para conocer en qué disposición de humor está el hombre, ni tiene respeto a que sean las heridas obradas con mucha fuerza, o poca, muy aprisa, o muy despacio: a todo lo iguala y empareja, de todo es señora poderosa: Señorío, y preeminencia de la universal. Carranza hojas 8 de su declaración. y contra su poder no solo no hay quien ofenda, pero no hay quien resista: y por esto nuestro autor muy justamente le da y concluye la superioridad en todo y por todo, diciendo treta universal, es que se hace contra tajo, contra revés, contra estocada, para arremeter, y esperar: Dice arremeter, porque estará en mano y voluntad del Diestro, entrando en treta universal, herir cuando quisiere, donde quisiere, y con el género de herida que quisiere: pues quien puede lo más (que es impedir las aceleradas determinaciones de un hombre colérico y enojado, sustentándole la espada, y desbaratándole cualquier movimiento que hiciere, haciendo que en ninguna parte consiga su intento): y aunque es libre señor de su voluntad, en este punto goza el Diestro de este señorío, no en cuanto a privarle de la potencia, de tirar muchas cuchilladas, y tajos, o estocadas, sino en que el efecto sea al contrario (y la ejecución en sí mismo, a pesar de su gusto), fácil le será herir, o matar si quisiere: Carranza hojas 142. pero, como dice Carranza, la ciencia de las armas no enseña a matar, sino a poder matar: por la cual calidad, y por tener en sí un conocimiento de las cosas por su causa, como en el prólogo probamos, consta por verdad ser ciencia. Dice esperar absolutamente confiado en su certeza, y en que queriendo el Diestro valerse de ella le librará de cualquier herida que contra él se hiciere: Todas las heridas están sujetas a la universal. porque todas cuantas se pueden considerar, así a su principio, como al medio y al fin, están sujetas a la universal, sin que ninguna de ella sea exenta ni libre de esta sujeción, todas le son inferiores, todas la respetan, y en su presencia se rinden: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ385PARA TODAS LAS HERIDAS. Señorío grande de la universal sobre los movimientos. la gravedad del movimiento violento ella lo impide, y sin su voluntad no se forma la velocidad del natural, lo destruye y desbarata, y cuando se le antoja con su poder absoluto, no permite que se engendre, ni que la espada baje aunque el amor natural que tiene a su centro le inclina a bajar a él. Del movimiento remiso, no hace cuenta, y el mixto, si ella quiere, se engendra, y si no, no: el movimiento accidental sin ninguna dificultad lo descompone, y cuando quiere hacer que baje con mayor velocidad que la determinación con que viene a buscar su centro, aunque su movedor procure sustentar la espada con ambos brazos, no siendo esto parte para que su Voluntad se defraude un punto, quiere lo que quiere: y cuando no quiere, no hay quien le contradiga, ni fuerce: todas las diligencias que se hicieren, con determinación de serle impedimento a sus efectos, serán de poco momento: Señorío de la universal sobre todas las armas. porque a la cobertura de la rodela desprecia, al broquel grande y pequeño tiene en poco, de la espada y daga, desdeña: la espada y capa no estima, solo a la espada (de quien vamos tratando) le da su potestad y poder, y quiere que ella sola, sin ayuda de nadie pueda hacer la ofensa, y defensa contra las demás armas: Carranza, folio 158. y por esta justa causa le dice nuestro autor, fiel compañera del hombre, y como a tal le damos el primer lugar, con ella nos acompañamos de día y de noche: Preeminencia grande de la espada sola. ella sola nos defiende, y con su poder hace, que el rigor del tajo, ora sea volado, o hendido, ora a la cabeza, o al muslo, no ofenda, el temerario revés no dañe, el ordinario mandoble no tenga efecto, antes sea causa de notable ofensa al que lo hiciere, la soberbia estocada de puño, se impida, la hendiente cuchillada, no alcance, la antigua manotada, no aproveche, el usado brazal valga poco, el reparo de uñas arriba, no lo resista, y el de uñas abajo sea de poca importancia, y al fuerte arrebatar, que por cuatro partes se impide el efecto, y aun el formarse: el llamar tan estimado, sea cosa de burla: el celebrado tentar, ora sea por la flaqueza de la Espada, ora por medio, ora por dentro, ora por fuera, con facilidad se desbaraten; los acometimientos al rostro sean frívolos: las posturas altas, y las bajas, de ninguna consideración: el andar con pie derecho, sea para daño del que lo intentare: meter el pie izquierdo para su muerte; el retirarse atrás para su ofensa (siendo el medio capaz, mediante el proporcionado), las estocadas defendidas sin certeza, las contras y recontras impertinencia (como todo lo hemos probado por demostración): y las ganancias por de dentro, o por de fuera para el que las hiciere de mucha pérdida, así por hacerlas por la línea del diámetro, como por no ir fortalecidas con la importancia del tacto: no porque las demás armas dejen LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA386QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL de obrar conforme a la compañía que dan a la espada para ayudarle, relevándole de algunas cosas que ella sin dificultad y trabajo puede hacer (como se dirá en el libro prometido): y así gozando el Diestro de tan gran preeminencia, en su mano estará herir, o matar cuando quisiere: de lo cual ha de huir, como verdadero Cristiano, temiendo la cuenta tan estrecha que se le pedirá, por haber quitado la vida a su prójimo, haciéndole transgresor de la Ley divina, cuyo precepto es: No matarás. Y la Ley natural, que es una igualdad en todos: de manera, que lo que uno no quiere para sí, no ha de quererlo para su prójimo. Aristóteles 5 de Ética. Y, como dice Aristóteles: La ley natural manda a cada uno lo que ha de hacer, y de lo que ha de huir. Y fue acuerdo soberano, que cualquier Ley, así natural, como positiva, fuese común a todos, y que comúnmente los obligase a la observancia de ellas. La ley natural obliga más al Diestro. Y mucho más obliga al Diestro, pues podrá hacer su defensa a ninguna costa, sin ofender, ni ser ofendido: porque de quebrantarla, será más grave su delito delante de nuestro Señor, salvo siendo en ocasión tan forzosa, y con tanta justificación, que así mismo se pueda decir defensa natural, que para usar de ella, y serlo verdaderamente ha de ser, que sabiendo de cierto, y sin ningún género de duda, que habiéndole acometido su contrario con ímpetu colérico, y Ánimo deliberado de matarle, y que en el transcurso de la batalla el contrario le ha de matar, y que para la defensa de su vida no tiene otro remedio sino matarle, puede, y le es lícito matarlo primero, como no sea por más que por defender su vida, que es lo que piden todos los Detractores que sea: Cum moderamine inculpatae tutelae, para que justamente se pueda decir defensa natural. Y aunque en este punto se han ofrecido muchas contradicciones, sobre si se puede, o no, matar: o si puede uno, por algunos respectos dejarse matar, y si hay caso que obligue a ello en conciencia. Y hombres doctos con sumo cuidado lo estudiaron, decidieron, y determinaron, siguiendo el parecer de los más graves autores que hasta hoy han escrito. Al fin pareció, no poder aquí las resoluciones de las dudas, por no abrir la puerta a decir, que se puede matar. Pero, si vuestro deseo fuere tan codicioso, que apeteciere saberlo, ved el libro de Jerónimo de Carranza, en el diálogo cuarto, donde las dudas, así fáciles, como dificultosas, que sobre este caso puede haber, las declara muy docta y curiosamente, con doctrina de mucha importancia y erudición. El Diestro se podrá defender de uno sin matarlo. Aunque mi parecer es, que si no fuese más que uno el contrario: supuesto el señorío y la grandeza de lo universal, podrá el Diestro defenderse de él, defendiendo cualquier género de herida con que le quisiese ofender, o matar yendo con una LUIS PACHECO DE NARVÁEZ387PARA TODAS LAS HERIDAS. prevención asentada en el Ánimo de no enojarse, pues el que sabe, ni ha menester ir tan colérico que se ciegue, y quebrante las leyes de la razón, ni tan flemático, que deje de obrar lo que convenga para su defensa, que lo uno y lo otro dañará: A los enojados y afligidos, falta la Prudencia. porque, como dice Ovidio, a los enojados y afligidos les falta el primer grado de prudencia, y con el enojo huye el sentido junto con el consejo: y pues la universal enseña lo que ha de hacer el Diestro, y el camino que ha de seguir para no errar en el peligro, y salir de él con victoria, no habrá mucha dificultad en defenderse, sin ofender, ni ser ofendido: Propiedad que ha de tener el Diestro, Cristiano y noble. porque el hombre Cristiano, noble, y Diestro, en todo ha de tener la propiedad que tiene el aguafuerte, o de dorar, que usan los plateros, que a la dureza del hierro rinde, y al más fino acero ablanda, y al más fuerte bronce hace tratable, y que reciba en sí cualquier figura que el curioso artífice quiere imprimirle, y solo el estimado oro, y la humilde cera son libres y exentos de su poder: el hierro, acero y bronce (para con el Diestro) son los hombres bajos, envidiosos y mal intencionados que le quisieren quitar la vida, que los tales es menester que entiendan el poder que tiene el hombre noble. El oro es el noble, bien nacido y virtuoso: a quien en ninguna manera se le ha de ofender. Y la cera es el pobrecito, a quien tiene particular obligación de defenderlo de otros, y no ofenderlo: porque si el hombre nació para provecho del hombre, cuanta más necesidad tuviere de su favor y ayuda, más obligación tiene de ayudarle y defenderle. Duda, con cuántos hombres puede uno pelear. Aunque aquí se ofrece, como caso forzoso, una duda puesta por algunos, de quien se puede decir con verdad, que como no saben el peligro, no le temen, o como su vida es de poca importancia, no la estiman, pues con temeridad se ofrecen a mil conocidos peligros en que muchas veces confusamente perecen. Y es decir, que un hombre que sea Diestro, puede con facilidad pelear con cuatro o cinco hombres: y aún algunos doblan este número, y lo afirman con juramento: a los cuales quiero decir lo que a mí me parece, y para esto primero confesar, y creer lo que dicen que podrán pelear con cuatro: pero si uno de estos se encontrase con dos hombres que gozasen de la propia gracia de Ánimo y Valentía, y cada uno de estos dos pudiese así mismo pelear con seis u ocho, y le fuese forzoso poner mano a la espada, ¿cómo se avendrá con ellos? Pues si sumásemos los contrarios, son dieciocho, los dieciséis son aquellos con los que dos pueden pelear, cómo saldrían de este conflicto, cuánto más si se juntasen los ocho hombres que ellos dicen. Esta es una confusión de la que no me atrevo a ser juez: pero con un ejemplo lo satisfaré lo que pudiere, dejando aparte los muchos y buenos que nuestro autor da. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA388QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Nótese este ejemplo. Estando el excelentísimo don Juan de Austria en el Reino de Nápoles, dando muestras de su grandioso e invencible Ánimo, tenía en su servicio a un hombre que por su virtud y esfuerzo merecía servir a un tan valeroso Príncipe, como le sirvió en la batalla Naval de Lepanto con muchas ventajas, extremándose con gran valor: por lo cual era justamente estimado por todos, y del Príncipe recibía muchas mercedes. El mayor tormento del envidioso. Y como la envidia no reposa, y no hay tormento para el envidioso como la fama y loa de aquel a quien envidia, y se tiene por afrentado que al bueno se le da la honra que merece: porque el efecto de la envidia es una tristeza y pesar del bien agente. Un mancebo forzado de estos abominables efectos, llegó a ofrecerse al Príncipe para servirle, diciendo que él merecía estar en su servicio tan bien como otro, porque tenía tanto Ánimo y esfuerzo, que se atrevía a pelear con diez hombres, y aún con más. Oída por su Excelencia la arrogante e inconsiderada promesa, e indiscreto ofrecimiento, mandó llamar a Torres (que así se llamaba el que tenía en su servicio), como a hombre que jamás en su corazón en dichos, ni en hechos se le sintió falta de Ánimo: y llegando a su presencia le preguntó, que con cuántos hombres se atrevía a pelear: a lo cual respondió, con mucha modestia (porque era hombre prudente y muy reportado), Excelentísimo señor, si fuese posible no querría pelear con ninguno: pero supuesto que hubiese de ser, y mi contrario fuese hombre honrado, uno basta. Le dijo, pues este mozo se ofrece a pelear con más de diez. Solución de con cuántos hombres puede pelear uno. Y mirándole Torres, y conociendo que aquel ofrecimiento era hecho por hombre que tenía más arrogancia que entendimiento, y que le faltaba la verdadera noticia del peligro, dijo: Pues señor Excelentísimo, yo quiero pelear con él, con una condición, que V. Excelencia mande, que a un lado de nosotros (que esté en triángulo) hinquen un palo, y que este hombre esté obligado a tirarle una estocada, y otra a mí, y una cuchillada a mí y otra al palo, y con brevedad verá V. Excelencia cuán presto se arrepiente de la promesa que ha hecho. Agradó tanto al prudente Príncipe esta razón, considerando, que no siendo más que un palo el que quería Torres por compañero, que el por sí no podía ofender, sino solo causar dilación de tiempo en los movimientos y heridas que a él se le tirasen, en el cual podría ser ofendido, que quedó satisfecho, Torres tenido por hombre prudente, y el otro vergonzosamente se fue: El hombre noble no ha de prometer jamás lo que no pudiere cumplir. porque si él tomara el consejo que dio el Emperador Trajano: Que los hombres que tienen los corazones generosos, y en los rostros vergüenza, no han de prometer en LUIS PACHECO DE NARVÁEZ389PARA TODAS LAS HERIDAS. ningún tiempo lo que no estará en su mano acabar: porque en tal caso dejarán con vergüenza lo que prometieren con inconsideración; no le sucediera caso de tanta confusión y vergüenza delante de tan excelente Príncipe. Pues si a un palo, que jamás puede ofender por sí mismo, no puede un hombre divertirse en tirarle una estocada, revés, o tajo, sin que en aquel punto pueda ser ofendido por su contrario (pues como ya se ha dicho, no hay movimiento en instante, sino que se ha de obrar en tiempo determinado), qué sería si tuviese delante cuatro o seis, y a cada uno le hubiese de impedir el género de herida que hiciese: porque si yo tengo una espada, y mi contario me tira una estocada, a la cual me es forzoso acudir con el atajo, impidiendo la ejecución de ella, y al principio de esto el otro formase un tajo, y otro un revés, y otro me tira por un lado, y otro por otro, y todos a un tiempo, ¿cómo será posible, ni aun defenderme, pues forzosamente cada una de las heridas que hemos referido, ha menester de defensa e impedimento particular? Desengaño de una opinión vulgar. Nota. Y el haberse defendido alguno (de estos que prometen) de seis y ocho hombres, y aun ochenta, no es ninguna dificultad, por las razones en que me fundaré, que ellos propios no me podrán negar, si es que sus ánimos y entendimientos son capaces para que la verdad, y la razón los convenza. Ya hemos dicho, que el cuerpo es el objeto de la herida, donde se ha de ejecutar, y para que esta ejecución tenga efecto, ha de estar dispuesto en distancia tan determinada, que la espada con su largura lo pueda alcanzar: y para que esto se consiga, es necesario elegir medio de proporción, y medio proporcionado: porque sin él, de toda imposibilidad es imposible ser herido: pues si cuando se les ofrece una ocasión y ponen mano a la espada, andan en continuo movimiento, tirando muchas cuchilladas, tajos, y reveses, faltando a una parte y a otra, sin jamás aguardar a que haya aquella distancia que conviene para formar la herida, y que la espada alcance, no digo yo seis, sino con seiscientos hombres puede uno solo hacer esto: pues ni él a ellos, ni ellos a él se podrán llegar, y así no tendrá efecto ninguna herida, como si al mejor tirador del mundo, ora fuese arcabucero o ballestero, le mandasen que tirase a puntería a un blanco: el cual de continuo se estuviese meneando muy aprisa, cuando a una parte, cuando a otra, que no sería posible hacer tiro ni punto cierto, ni sería la culpa del que tirase, por ser necesario que el cuerpo que ha de recibir esté dispuesto para ello: y tampoco le podrían llamar mal arcabucero o ballestero, porque alcanzando a puntería su ballesta o arcabuz quinientos pasos, y no más, no alcanzase al blanco que estuviese a dos mil: porque entonces no estará la culpa en él, sino en estar el blanco desproporcionadamente distante: como tampoco la tendrá el Diestro si no alcanza con la herida al contrario, que está a diez pasos apartado de él, tirando mucho tajos y reveses: y cumplirá conformar sus tretas en su punto, y ejecutarlas, si el contrario aguardare: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA390QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Sinrazón del vulgo. y es contra toda razón, que porque, cualquier hombre de por ahí ponga mano a la espada, y desde media legua haga aspavientos y apariencias de pelear con otro hombre, que cuando estuviera cerca, tuviera compasión y lástima de ofenderle, porque no hallará ninguna resistencia de su parte: salte el vulgo y le diga, Víctor, y le quiera laurear, y a voces publique, que fulano peleó con fulano: y que con ser tan desatentados [sin tino, sin concierto], fuertes, y rigurosos los tajos que tiraba: con los cuales sacaba centellas de las paredes, y piedras del suelo, no salió herido, habiendo sido de pura cobardía: porque si él se llegara a su contrario, entonces se viera quien sabía más, y aplicaba mejor. Carranza, folio 189. Y por esta causa, dice nuestro autor, que es menester, que esté dispuesto el cuerpo para recibir la herida, como para recibir el medicamento: porque para los que se retraen aprisa, no hay Destreza. A un hombre le basta por contrario otro. Sea pues la conclusión de esto, que a un hombre noble y Diestro, le basta por contrario a otro hombre honrado, y no ganará poco honor cuando de él haya conseguido la victoria, que si son ruines, sin pundonor de honra, que es la cría y aumenta el Ánimo. Antístenes Filósofo nos dice, y la razón lo manifiesta, que mejor es pelear con pocos buenos que contra muchos malos, que al contrario: pues estos serán aún menos que el palo que Torres pedía: porque aquel aguardará hasta que lo hicieran pedazos, y los que fueren ruines sin presunción de honra, no se podrán en tal confusión. Y que esto sea cierto, bien se confirma con saber aquella victoria tan famosa que Gedeón alcanzó de los Madianitas (como en otra parte hemos referido), con solo trescientos soldados buenos, siendo escogidos, y los contrarios en grandísimo número: y otras muchas de que las historias, están llenas. Y yo me ofrezco a decir verdad, que si a cualquier hombre le preguntasen: Si basta él solo para ser contrario de otro hombre, que no tardase en decir, que si viene solo, que bien pueden doblar por él. Pues siendo esto así, conténtese un hombre con un contrario, sin que quiera, ni pida más: porque el prometer, será fácil a cualquiera, el cumplir no muy fácil, antes imposible: el daño seguro, el arrepentimiento cierto, y la vergüenza pública. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ391PARA TODAS LAS HERIDAS. LOS CAMINOS QUE HAY EN LA DESTREZA VERDADERA, PARA ENTRAR A OBRAR LAS PROPOSICIONES, ASÍ LAS PARTICULARES, COMO LO UNIVERSAL DE PRIMERA Y SEGUNDA INTENCIÓN. El octavo y último punto de los prometidos, es, no solo la piedra fundamental de este edificio, sino también el fin y remato de todo, y se ha en la Destreza, como el principio del círculo, que aunque lo es, juntamente es fin: y como el camino que hemos de andar para cualquier parte, que el propio camino es principio, y el propio es fin de la jornada. De manera, que sin el camino, no se puede comenzar: y sin el propio camino, no se puede acabar: y a esto me ha obligado considerar, que siempre que un hombre camina por camino que no sabe, ni otra vez ha usado, le parece más largo, prolijo, y enfadoso, de lo que verdaderamente es, y por muy seguro que sea, lo tiene por peligroso, y parándose a cada paso, mira si ve alguna cosa que le impida el tal camino: y cualquier rama que a lo lejos se menea, entiende, que es quien le ha de ofender; y de continuo lleva el deseo puesto en llegar al fin y remate de él, y es la causa, que cuando se sabe el tal camino, se tiene ya en la memoria la distancia y medida determinada de él: y en cualquier parte que se halla, sabe con certeza dónde está: porque considerando lo que ha andado, y la parte en que aquel punto se halla, sabe lo que le falta por andar: y sin errar dice: En tal parte estoy, así como el buen marinero piloto, que en medio del ancho piélago, del tempestuoso e inquieto mar, toma su ballestilla y astrolabio, y tomando la altura en que se halla, y considerando los rumbos, con otras consideraciones bien sabidas, dice, con certeza: En tal altura estoy, y en tal parte, y a tantas leguas me hallo: con lo cual queda quieto, y prosigue su viaje: porque, como dice Aulo Gelio, gran parte del camino tiene andado aquel que bien lo sabe: pero no sabiéndolo, va confuso e incierto: porque la cosa no determinada, es (en cuanto a la imaginación) continuamente mayor: y también porque no sabiendo la cantidad cierta del camino, continuamente se va pensando en su fin, y siempre se imagina en llegar a él: y cualquier cuesta, por pequeña que sea, le parece, que llegando a la cumbre de ella, allí es el fin de su viaje, o al menos, que le verá: pero no llegando, o no viéndolo, como desea, le sigue como una desesperación, pareciéndole, que no ha de tener fin: pero sabiéndolo (como hemos dicho) no se pone fantasía, ni imaginación continua de llegar: porque la que entonces se tiene, es del último fin que se sabe. Esta confusión, esta incerteza, y este vehemente deseo; esta imaginación, y esta desconfianza, o desesperación, tienen de continuo los que profesan Destreza ordinaria. Noten los profesores de la destreza ordinaria. Y que me quieran negar esto, oídas las razones que diere, confío en que quedará satisfechos, y yo contentísimo, por entender que será la puerta para entrar al desengaño que les deseo, y principio de su aprovechamiento, que es el que con LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA392QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL entrañable deseo y voluntad les voy buscando: y pasemos adelante con el ejemplo del camino, por ser que más hace a nuestro propósito, respecto de haber de tratar de caminos, y veremos ser ordinario al que camina por camino no sabido, como en encontrando al otro caminante (para informarse de aquello que no sabe) le pregunta, y dice: De aquí a tal parte (que es el fin de su camino) ¿cuántas leguas hay?, ¿será bastante tiempo el que queda de aquí a la noche, para llegar?, ¿hay alguna venta en el camino donde pueda hacer jornada?, o ¿hay alguna vereda, o camino por donde pueda perder el que llevo? Y no se contenta con preguntarlo a este solo, sino a los demás que encuentra hace lo propio: porque el deseo que tiene de llegar, le fuerza a ello. Pero el que lo sabe, no pone más diligencia que en aligerar los pies, y andar con presteza hasta conseguir su intento, que es llegar al fin de la jornada, que él bien sabe. Aplicación a la Destreza ordinaria. Y aplicando esto a las tretas más ordinarias, y que de continuo se usan en la Destreza ordinaria, que son llamar, tentar, y descubrir el pecho, dando la ocasión que ellos dicen, y otras de su género: ¿qué es, sino una tácita pregunta, nacida de la poca noticia que tienen del camino que han de llevar hasta llegar al fin de la jornada? (que es el efecto de la herida). Y es tanto como decirle: Enséñame el camino (con acudir a aquello que yo quiero) por donde os pueda llegar a herir: decidme las leguas que hay, y a qué hora podré llegar: porque si vos no me lo decís, acudiendo a mi intento, yo no lo sabré, ni llegaré al fin que deseo: y será posible que me encuentre con algún camino, que sea causa de apartarme del que llevo, y vaya a parar a algunos barrancos de peligro, de que me sea imposible salir, ni aun escapar con vida: pero si supieran el camino, y caminos que hay en Destreza por donde se puede caminar sin peligro, no me podrían negar, que se quitarían de esta confusión, y de estar aguardando, que otros les avisen el camino, y caminarían por donde quisiesen, cuando quisiesen, y de la manera que quisiesen. Y para que en todo procedáis con certeza, sin veros en confusión, y peligro, considerad esta demostración particularmente, porque en ella se avisa lo que conviene para vuestra defensa, y ofensa del contrario. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ393PARA TODAS LAS HERIDAS. Pasos que se han de apartar de la línea del Diámetro, así para las heridas de primera como de segunda intención. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA394QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Línea infinita, según la proposición doce de Euclides (Euclides, libro 8, proposición 12). Carranza, hojas 31. Amonestación es muy ordinaria de Jerónimo de Carranza, y precepto que con muchos encarecimientos encarga al Diestro: en lo que hace más fuerza, y no acaba de encarecerlo, es el conocimiento y cuidado que se ha de tener en elegir medio proporcionado, conveniente a la herida que quisiere formar: y al que no lo guardare en todo, con justa causa y título, dificultad y duda de su defensa: pues por ignorar los medios y las medidas sucede, que queriendo formar tajos, llegan primero las estocadas comenzándose más tarde, por el poco espacio que tienen que andar, y hallar a su contrario, que comienza el tajo tan cerca de sí, y es muy disforme a razón, entender, que si uno tienta la espada a su contrario por la flaqueza, que estando tan apartado, como lo estará, que sin hacer otro movimiento de cuerpo, podrá llegar a herir: pues esto será imposible, porque estará desproporcionadamente distante: y también se haría mal en entender, que estando muy cerca de su contrario, podrá con libertad formar tajo, o revés, no teniendo sujeta la espada contraria, sin que sea ofendido: porque es necesario (como ya se ha dicho) para cada treta, su medio particular. Y porque lo que hasta aquí se ha tratado han sido particulares, y lo que ahora se ha de tratar ha de ser universal remedio para contra todos los movimientos, y contra todas las heridas (como se ha prometido) al fin como cosa más importante, se requiere en considerarla con más particular cuidado. Al Diestro le conviene huir de la línea del Diámetro. En muchas partes os he avisado, que el daño que reciben los que profesan la ordinaria Destreza, es, porque siempre camina por la línea del Diámetro: de la cual os he advertido muchas veces, que huyáis como de camino tan peligroso: y confiado en que no trataréis de ella, sabed que en la Destreza verdadera hay cinco caminos: por los cuales se camina, y entra a las tretas, ora sean particulares para obrarlas con perfección, y sin peligro (en cuanto al valor de particulares), ora sea para la universal, contra todos los particulares. Y por cada uno de estos cinco caminos, que la demostración señalan se obran tretas diferentes, por ser diferentes medios: y si en algo se alterase esto, yendo por un camino a hacer treta, que tiene su medio en otro, ni se obrará con perfección, ni dejará de haber peligro. Y para que lo entendáis mejor, los dividí por letras, y números, y particularizándolos en cada uno de ellos, avisaré el género de herida que por él se obra: Nota: cuántas diferencias hay de compases, así simples como compuestos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ395PARA TODAS LAS HERIDAS. Pero antes de que comencemos, es menester que advirtáis las diferencias que hay de compases, así simples como puestos: y aunque dejamos hecha demostración de ellos, y avisado la cantidad de cada uno: y decimos, que el compás doble ha de tener cinco pies, y que este es el mayor que se puede dar, es opinión del curioso y estudioso Juan Bautista Labaña, Matemático y Cosmógrafo mayor de su Majestad en el Reino de Portugal, que hay tres diferencias de compases (que son las que ya dijimos), y de cada una, dos, un simple, y un compuesto: El paso de la primera diferencia simple, tiene dos pies (que es a quien dijimos, pasada), y el compuesto de esta tiene cuatro: El de la segunda diferencia simple, tiene dos pies y medio, que es a quien llamamos paso simple, y el compuesto de este tiene cinco, que es a quien en la Cosmografía generalmente se llama Geométrico: El de la tercera diferencia simple, tiene tres pies (que es el tamaño que tendrá siempre el compás sencillo en la Destreza por las razones que dimos), y el compuesto de este quiere que tenga seis. Yo no he visto autor antiguo, ni moderno que trate de esto: pero es de creer, y lo tengo por cierto, que los habrá visto, pues lo dice, si no es que quiere, que baste su opinión por tenerlo verificado con experiencia: pero en la Destreza se obran con certeza: porque si el compás sencillo, respecto de siempre comenzar, tiene tres pies de largo: uno de macizo, y dos de hueco: el doble, que así mismo se comienza, siempre podrá tener seis, sin perder él un pie que se pierde en la Cosmografía, por ser pasos continuados, comenzarse solo una vez: y así nos iremos valiendo de estos compases simples y compuestos: porque en cuanto a mí la experiencia de muchos días y meses, o por mejor decir años, me ha desengañado y facilitado, y lo que al principio se me hacía difícil, y no solo lo ha desengañado, pero lo ha perpetuado en hábito, y lo propio será en vos, pero con menos trabajo, por estar ya averiguado, y quitada alguna escabrosidad, que pudiera tener su novedad: pues el desengaño de la experiencia allana semejantes casos. El primer camino, es, por donde se obran heridas de primera intención. El primer camino de los cinco a quien señalamos de punto P (que es de donde salen todos) a punto A que, según los números y calidad suya, tiene dos pies (que es la pasada), es camino para ahorrar caminos: porque cuando el Diestro camina por él, es para ofender con mucho rigor y presteza, sin dar lugar a que su contrario haga ningún movimiento para ofender, o defenderse, porque le va acortando las líneas sin que le quede remedio, ni aun para huir, porque el movimiento que hiciere hacia atrás, no será parte para impedir la ejecución de la herida, si una vez dejare que el Diestro elija el tal medio: porque llegando a punto A y aplicando la fuerza de su espada a la flaqueza contraria, oponiendo atajo en ella, tendrá difícil remedio. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA396QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Carranza, hojas 33. Pero habéis de advertir, que cuando el Diestro entra por el tal camino, es con mucho conocimiento y consideración, tal cual nuestro autor avisa que se ha de tener, y conoce qué Ángulo sigue a cada una de las especies de las tretas, para aplicarla con tiempo al contrario, y a la parte de su cuerpo que más cerca estuviere: y de este conocimiento le nace no comenzar las especies de treta de tajo, o revés, por camino que no sea medio conveniente para ellos. Por este camino se hiere recto, ora sea aplicando la fuerza en la flaqueza, o mediante el tacto, por él se forma el revés de primera intención: y si alguna vez se forma tajo, es mediante tenerle sujeta su espada con la mano izquierda, y metido el pie izquierdo, como en algunas partes os he avisado, y se avisará en el segundo camino: Carranza, folio 240. porque, como dice Carranza, en la Destreza se procede en dos maneras: la una, por los efectos, como adelante diremos en el camino cuarto: y la otra, por las causas que mueven y producen las heridas: y por este camino se procede por esta última, pues con sujetarle la espada, será lo que dice el Filósofo, que cesando la causa, cesa el efecto, pues con tener sujeta la espada y el brazo, que son el motor, y lo que se ha de mover para herir, cesará la moción, y cesando, no habrá herida, pues es cierto que no la puede haber sin movimiento. Todas estas heridas son de primera intención, y así mismo se obra la de cuarto círculo, y no más: pero son hartas para ahorrar movimientos, no aguardando ninguno del contrario, y sin los dos pies que tiene de largo se aparta de la línea del Diámetro medio pie, como lo señala la demostración. Segundo camino, punto B es para heridas de primera intención. El segundo camino, punto B que es en largo de tres pies, a quien en Destreza llamamos compás Geométrico, difiere poco del primero, al menos en las proposiciones: porque también se hiere teniendo sujeta la espada, y metiendo el pie izquierdo: también se hiere con el cuarto círculo, y con extremo de brazo, dando estocada por encima de la espada, todo de primera intención: y si el contrario hiciere algún movimiento, ora sea para estocada, o para revés, la estocada se lo impide, y con el revés se le forma, y hiere con otro: y así mismo se forma de primera intención, mediante algún acometimiento, metiendo el pie izquierdo y mano izquierda para sujetar la espada. Por este camino se obran heridas de segunda intención. El tercer camino, punto C, que por ser el primero compuesto que dijimos de dos pies, tiene cuatro de distancia, es camino más apartado que el primero y segundo: porque apartándose el segundo camino un pie, este se aparta dos de la línea del Diámetro: por el cual el Diestro obra con menos aceleración: porque las heridas que por él se hacen, son de segunda intención (aunque también teniendo atajo en la espada LUIS PACHECO DE NARVÁEZ397PARA TODAS LAS HERIDAS. contraria se hiere por encima de ella, haciendo extremo con el brazo: porque al Diestro toda cosa en Destreza se le hace fácil). Nota: cuáles heridas de segunda intención se obran por este camino. Por él se forman las proposiciones de estrechar y línea en cruz: desde él se forma revés contra revés, tajo contra tajo, y contra cualquiera de estos es estocada, ora sea ságita al principio del movimiento violento, o al bajar el natural, pudiendo el diestro herir, o no, si quisiere, porque estará en su mano, no habiendo movimiento del que no sea señor para diferirlo, o herir al principio de él: y por este camino no se obran las heridas, que por los otros dos, ni por ellos las que por este: y pretender lo contrario será con notable peligro, pues se le quitará a cada herida su medio conveniente, mediante el cual tendrá fin perfecto con seguridad: Carranza, folio 31. porque aunque son unas todas las heridas, dice muy bien nuestro autor, que la materia de las tretas en todas las especies de las armas es una, sino que difieren según la cantidad, y calidad, y según el lugar de donde se mueve la línea recta, o la circunferencia: y por esto le conviene al Diestro tener conocimiento del medio proporcionado, y saber el que se ha de elegir, conforme las especies de tretas que hubiere de formar: porque diferente medio se elige para las tretas de primera intención, como se ha visto, y diferente medio para las de segunda: porque es muy diferente el estado de donde comienzan los movimientos. Por este camino se forma el tajo de primera intención, como ya avisamos, y pusimos en demostración. Este cuarto camino es para poner atajo a quien llamamos universal. El cuarto camino que señalamos con punto D, que se da con compás doble, no del simple de tres pies, sino a quien en la Cosmografía se llama Geométrico: el cual es contenido de cinco pies, es mucho más importante que los otros tres, pues por él va el Diestro con mucho seguro, y tiene cierta su defensa, según lo prometimos en la demostración llave, y gobierno de la Destreza: porque caminando por él, será señor absoluto de los movimientos contrarios, de cualquier especie que sean, para diferirlos, o matarlos, ora sean tajos, o reveses, estocadas, o acometimientos deprisa, o despacio, poniendo atajo en todos ellos: al movimiento de estocada a su principio, y a los tiempos circulares al principio del movimiento natural: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA398QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Carranza, hojas 240. y todo por este camino, pues, como ya os avisé en el primer camino por parecer de nuestro autor, que hay dos maneras de defensa: una, por la causa de que allí tratamos: y otra, por los efectos, que es por la que este camino se obra, pues mediante los reparos, desvíos, y compases que por este camino se obran, se apartan cualesquier heridas que el contrario formare: finalmente andando por él, y guardando siempre aquel medio sin perder un punto, en él de toda imposibilidad será imposible ser herido, sopena de no ser ciencia la que tratamos: Qué proposiciones se forman por este cuarto camino. que así como esto es imposible, lo que prometemos no puede faltar, por las razones y ejemplos tan ciertos que pusimos en la demostración llave y gobierno de la Destreza: pues si desde este camino se quisiere herir al contrario, también hay proposiciones que quieren el tal medio, y no otro: como son obligar al contrario, poniendo la flaqueza de la espada debajo de la fuerza de la suya. Y así mismo poniéndola encima, y por él se forman tajos, con solo la Voluntad del Diestro: y tajo contra revés, si el contrario lo formare, y tajo contra tajo. Y sin estos, también se forma desde encima de la propia espada contraria un medio revés al rostro, sin que esta libertad se tenga desde el primero, o segundo camino: y el que la tomare, será para su daño. El último camino es por donde enteramente se obra la universal sin herir. El quinto, y último camino que señala punto E, es el de la tercera diferencia compuesta, que dijimos que ha de tener seis pies, es el mayor que se puede dar, y el más apartado camino por donde el Diestro puede andar: es el que más señorío tiene, y en el que se goza de más libertad. Y aunque en el cuarto camino se andará con tanta seguridad, como dijimos, por este lo será mucho más: porque el día que quisiere el Diestro andar por él, será proceder en infinito, pretender ofenderle, y de ningún género habrá movimiento que contra él se obre, que con mucha reportación y sosiego, no lo impida de cualquier especie que sea: poniéndole atajo, a quien llamamos universal, cuyos efectos y grandezas habéis oído, y presto veréis, y esto ha de ser guardando el tal medio, que lo podréis con facilidad: porque teniendo conocimiento de los principios de los movimientos, y al principio del que hiciere, si fuere arremetiendo a vos, podréis dar otro compás por el mismo lado de la circunferencia, sencillo o doblado, conforme él lo diere: que para esto es el conocimiento que se ha de tener del tamaño de los movimientos: pues si queremos saber si por él se puede herir, no hay duda en ello, pues teniéndole en el tal camino ganados los grados del perfil, le alcanzaréis a herir de estocada en el pecho, y con algún tajo cuando quisiereis, sin que él os pueda ofender, pues cuando lo procure, os quedará vuestro universal remedio para ello: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ399PARA TODAS LAS HERIDAS. Carranza, folio 176. y las heridas que por aquí se obran son de mucha consideración, por lo que dice Jerónimo de Carranza, que cuando uno ha enojado a otro, ha menester usar de diferentes tretas, que usará cuando lo hubieran enojado a él: y es muy cierto, porque si a uno hubiesen ofendido, y se quisiere satisfacer, ofendiendo a su contrario, compelido de la cólera y deseo de venganza, iría por el primer camino con heridas de primera intención, o cuando el contrario fuese colérico, iría por el segundo, o tercero, haciendo tretas de primera, o segunda intención: pero para librarse de aquel a quien hubiere ofendido sin querer herirle, ni que le hiera por este camino conseguirá, y conseguiréis lo que aquí os prometo: Carranza, folio 240. porque, como dice nuestro autor, hay dos maneras de hacer las proporciones. La una, por la postura de la espada, que son las que os he aviado en los demás caminos. Y la otra, por el perfil del cuerpo, que es como se hiere desde este camino, que por ser el compás tan largo, y por el lado de la circunferencia, se goza de esta libertad. Finalmente os encargo mucho, que cada camino de estos los ejercitéis muchas veces, y las tretas que por cada uno se obran, como medio conveniente para ellas, sin alterar ninguna, porque dañará: que teniendo este cuidado, os sucederá (en cuanto a vuestra defensa) lo que vos deseáis, y yo os deseo. Qué cantidad se han de ir apartando de la línea del diámetro. Ahora resta avisaros, qué cantidad y largura os habéis de ir apartando para cada camino, de la línea del diámetro: porque bien se podría dar el segundo, o tercer camino tan largo en cuanto al compás, como lo señalamos, y ser por el lugar del primero, y de gran inconveniente: porque entonces estaríais muy cerca de vuestro contrario, y el peligro muy junto a vos: y así conviene, que cuanto más largo fuere el compás, más se vaya apartando de la línea del diámetro, para más seguridad. Y para que en todo la tengáis, advertid, que el primer camino que señala punto A se ha de apartar de la línea del diámetro, medio pie de los vuestros, si fuere de más de once puntos, y desde allí serán las tretas y proposiciones ciertas. El segundo camino se aparta un pie. El segundo camino, punto B, se ha de apartar un pie, y no más, porque será quitarle el punto y medio, que conviene para las tretas que os he avisado que por él se obran. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA400QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL El tercer camino se ha de apartar dos pies. El tercero, punto C, se ha de apartar dos pies, porque así conviene para estar dispuesto el cuerpo para pasar al lado izquierdo del contrario, cuando se le hubiere de herir de revés contra revés, o contra el revés estocada. El cuarto camino se ha de apartar tres pies. El cuarto camino, punto D, así para las tretas, y heridas que quedan avisadas, que por él se obran, como por la libertad y señorío que se prometió contra los movimientos contrarios, además de haber de ser paso Geométrico de cinco pies de largo, se ha de apartar de la línea del diámetro tres pies: en la cual distancia y apartamiento, habrá certeza, así para lo uno, como para lo otro, como ninguna cosa se altere en aquello que justamente se le debe, teniéndolo por cierto y provechoso remedio para todo lo dicho. El quinto camino se ha de apartar cuatro pies. El quinto, y último camino, punto E, es a quien del todo le atribuimos muy justamente la preeminencia y superioridad contra todos los movimientos, y la universal defensa del Diestro, además de ser contenido de seis pies, se ha de apartar de la línea del diámetro cuatro: y desde tal punto hallaréis certeza de lo que se ha prometido, como de vuestra parte no se exceda contra él un punto. De manera, que si quisiereis hacer alguna treta de primera intención, queda resuelto, que habéis de ir por el primer y segundo camino: y si de segunda intención, por el tercero y cuarto: y para la seguridad y defensa, por el último. Y los pies que se ha de ir apartando cada camino de la línea del diámetro, lo van manifestando los números que están puestos encima, con las líneas que perpendicularmente caen en ellos. Y con esto queda avisado lo que basta para entrar en la universal, de que ya es justo tratemos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ401PARA TODAS LAS HERIDAS. La graduación de la espada, en que se manifiesta por números la mayor fuerza, y mayor flaqueza. Quedó el hombre tan enriquecido, con el caudal que Dios le dio de su tesoro celestial (que son las Potencias del Alma), y entre ellas con el Entendimiento, como más principal que las demás: Las ventajas que lleva el hombre a los demás animales. que, dejando aparte la contemplación y conocimiento de las cosas divinas, para que se le dio, y fue criado, considerado acá bajo el señorío y majestad que por esta parte alcanza y goza, se verán las ventajas que a los demás animales lleva, pues aunque él en sí no es tan fuerte, para pelear, como el León, o el toro: ni gran luchador para luchar, ni muy ligero de pies para correr: antes en todo esto inferior a ellos, que con el Entendimiento y prudencia, fundado en ciencia y arte, según Anaxágoras, se apropia de todas estas partes que ellos poseen naturalmente, y los vence y sujeta, y no solo a los animales: El hombre no se contenta ya con vencer a los animales, sino al mismo hombre. porque ya esta victoria no la estima, como cosa de tan poca importancia, ni con ella se honra mucho: pero contra el propio hombre presume salir vencedor, cuando se le ofrece ocasión de llegar a las manos: y para salir con este intento ha hecho tantas invenciones, inventando tantas máquinas, que el mismo Entendimiento de sí se admira y espanta: Qué inventó el hombre para conocer las cosas materiales. y para el conocimiento verdadero de las cosas materiales, y no engañarse en ello, para mejor discernir y determinar una cosa mayor que otra, usó de medida, que la manifieste: y para diferenciar una cosa liviana de otra pesada, usó de balanza cierta: y para discernir lo más de lo menos, usó de números, con los que del todo tuviese cierta noticia: y como todo fuese tan conveniente, así para su trato, como para su conservación y defensa, las puso en arte, para más perpetuidad. Carranza, folio 149. Y conocido este gran provecho por nuestro autor, fundó su nueva ciencia (sin otras que le favorecen) en mesuración, y Aritmética, como él lo dice en el diálogo tercero: y considerando su gran importancia, para que en la destreza verdadera se proceda con el conocimiento y certeza que para la defensa del hombre conviene, hizo en la espada un curiosísimo y cierto tanteo de la espada, manifestando cuál parte de LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA402QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL ella tiene más, o menos fuerza, para que con esta noticia consiga científicamente su deseo: y porque en esta no hay dificultad, que allí no satisfaga, no tendremos para qué detenernos mucho en ello, sino tomar aquello que más haga al propósito de lo que tratamos: Carranza, folio 178. porque como en este libro procedemos en práctica demostrativa, manifestando no solo las proposiciones, sino el Método de obrarlas, no se permite el alargar a más, solo se pondrá la espada graduada, que Carranza puso en su libro, numerada, para que en las proposiciones universales (que vamos tratando) se vaya manifestando la desigualdad que han de tener unos números con otros, como lo avisaremos. Y la espada que decimos, es la que aquí veréis. No le fuera posible al hombre (por más que lo procurara) conseguir el fin de su defensa, sin tener mucho peligro, faltándole el conocimiento verdadero de esta demostración: Carranza, folio 19. porque, como dice Jerónimo de Carranza, la causa porque yerran las tretas, es, porque el que las quiere obrar, comienza con la flaqueza de la espada en la fuerza de la contraria: y por no saber la distancia de una parte de la espada a otra del cuerpo contrario: y también, porque ignora cuál es la desigualdad de los números, y cómo se respetan los unos a los otros, conociendo la ventaja que el mayor lleva al menor: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ403PARA TODAS LAS HERIDAS. Los números menores son parte, o partes de los mayores. porque los números, los menores siempre son parte, o partes de los mayores, y no al contrario, como por ejemplo el uno es parte del dos, y el cuatro es parte del 6, y el 2 no es parte del uno, ni el 6 del 4, sino cada uno es todo de aquellas partes: y jamás se verá, que pueda la parte más que el todo. Y si en el número 3 de una espada se pusiere el número 6 de la otra, siendo como es el tres parte del seis, jamás podrá prevalecer contra ella, por la razón dicha: y sin esta se verá, que la espada que estuviere encima, estará más cerca del cuerpo contrario, que la que estuviere sujeta del cuerpo del otro: y pues la espada va manifestando (según los números) la mayor fuerza, y la mayor flaqueza os servirá de aviso, de que jamás pequéis contra esta cuenta y razón, porque dañará. Advierta el Diestro esto, porque faltando, no habrá Destreza. Y habéis de advertir, que cuando hubiereis de poner atajo en la espada contraria, ha de ser con la prevención puntual que hemos dicho, que la vuestra exceda en mayor número a la contraria: pero no tanto, que perdáis el perfil del cuerpo, y estéis tan junto a él, que os pueda ofender sino que su movimiento, si lo hiciere, sea de vos conocido, y remediado: pues de los particulares, que hasta aquí se han puesto, habréis tenido bastante noticia: Carranza, folio 20. Pues, como dice nuestro autor, de la experiencia de los particulares, viene el universal conocimiento de las cosas. Cuáles son dos cuerpos, o espadas iguales. Y esto es, si la espada del contrario fuese igual a la que trajereis: que, como dice Nicolao Tartalla, dos cuerpos igualmente graves, símiles iguales, son aquellos, que en sí son semejantes, sin que en ninguno haya sustancial, ni accidental diferencia: porque habiéndola, ya no serán iguales. Y para que procedáis con certeza, se pusieron las dos líneas iguales en su cantidad y números, que es la suposición que hacemos: porque si fuese más larga, no por eso será más ventaja, pues tendrá mayor flaqueza, y aunque se haya de graduar con los mismos números, vendrán a estar los unos de los otros más apartados. Y siendo esto así, se habrá de proceder con alguna diferencia, cuya manifestación conviene: y es, que después de haber elegido medio de proporción, para reconocer su largura, si hubiereis de herir con herida de primera intención, por el primer camino: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA404QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Nota que es importante. del cual queda dicho, que ha de tener dos pies, será necesario, que sea el compás de tres, si la largura de la espada contraria lo pidiere: porque el cuerpo estará más apartado, y no podrá haber aquella distancia y cuenta que dimos, sino más: y lo mismo habrá de ser en los demás caminos, no tratando del último, porque este no puede ser mayor, ni será menester que lo sea: porque caminando por él, el Diestro solo procurar obrar un impedimento universal a todos los movimientos, sin ofender, ni ser ofendido, que cuando quisiere ofender, podría volver al cuarto, o tercer camino. Pero si vuestra espada fuese más larga que la contraria, habéis de obrar al contrario: porque habiendo elegido medio de proporción, alcanzará más, y estará más cerca de su cuerpo. Y así, si el primer camino, con espadas iguales, ha de tener dos pies, siendo mayor ha de tener de menos aquello que ella tuviere de mayor largura: porque cuando el Diestro camina por él, es para herir rectamente: y no se podrá con espada larga, y con paso largo: y así, habéis de tener consideración, que con espada larga, han de ser cortos los compases, pues con ellos bastará a herir, que es lo que se pretende: y con espada corta, el compás largo, así para alcanzarlo, como para que el contrario no pueda herir. Finalmente, requiere tener mucho cuidado, sin ir en ninguna cosa en contra de esta doctrina, que no solo no se conseguirá fin perfecto: pero no conseguiréis vuestra defensa. Y porque esto bastará para hacer memoria de ello, y obrarlo, cuando conviniere, solo se tratará de espadas iguales, que es el medio entre larga y corta, y a cuyo género ambas contrarias se reducen. Y me parece, que no será necesario tratar del primer, ni segundo camino, pues las heridas de primera intención, que por ellos se obran, os he avisado, y puesto en demostración: solo se tratará del tercer, cuarto, y quinto, por ser los que se obran de segunda intención (no obstante, que por el tercero se forma el tajo de primera intención), y por los que se difieren, quitando e impidiendo todas las que el contrario obrare. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ405PARA TODAS LAS HERIDAS. ¿Cómo se pone atajo por el tercer camino? Se ofrecen tantas cosas que poder decir en este punto, que la lengua no solamente no las puede manifestar por pluma, pero ni con invención se pueden poner en práctica demostrativa: y así si del todo no consiguiereis vuestro deseo, ni yo el mío: de que todo lo entendáis, acudid al ejercicio, que él descubrirá, mediante lo que hasta aquí se ha demostrado, lo que aquí dejare de ir, por ser imposible, por las razones dichas. En el punto particular que pusimos del tacto, manifestando su gran importancia, quedó probado, que faltando el tacto, no puede haber universal: y que mediante él, se tenga sujeta la espada contraria: en tal manera, que su propio motor no sea señor de sus movimientos, y le sea imposible hacerlos, si no fuere por donde diere lugar el Diestro, Carranza, folio 51. se verifica con lo que dice Carranza, que hay un pescado marino, cuyo nombre es Torpedo o Tremielga, que es de potencia tan vehemente, que penetra con ella por la caña y sedal del pescador, difundiéndola hasta la mano: Nota: la virtud y potencia del tacto. y por el tacto que tiene con la caña, le entorpece los nervios tan fuertemente, que todo cuanto toca, lo percibe con oscuro y torpe tiento. Y encareciendo esta verdad y potencia, dice, por parecer de Aristóteles, que se esconde debajo de la lama, y a todos los peces que por cerca de él pasan, los entorpece con tal fuerza, que no los deja nadar. Y por último encarecimiento, y el mayor que se puede hacer, pone la potencia que tiene un pescado no muy grande, llamado Echineys: el cual, si se pega al costado de una nave, la tiene en medio de toda su furia: cuando, con todas sus velas, y viento LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA406QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL largo navega. Y es de advertir, que ninguno de estos obra, ni ejercita esta potencia a las cosas apartadas de sí, sino aquellas que se le llegan, o a quien ellos llegan: Un cuerpo no puede mover ni detener a otro si no es tocándole. porque verdaderamente un cuerpo no puede mover o detener a otro, si no es tocándole. Todo esto hace a nuestro propósito, y favor del tacto, e importancia de lo que vamos tratando. De manera, que si en la espada contraria no hubiere tacto, con la nuestra jamás estará impedida, ni tendrá sujeción alguna, antes quedará libre para poner en obra las determinaciones de su motor. Y así, conviene, que para que estas se impidan, y la universal tenga el ser y calidad que justamente le atribuimos haya tacto, y este que no sea tan flojamente, y sin consideración, puesto que la virtud suya no obre: antes ha de ser aplicando alguna fuerza, y no en demasía: porque aunque sea poca, respecto de estar la espada encima de la contraria, por la calidad del movimiento natural, y la superioridad que tiene sobre el violento, Carranza, folio 33. sucederá lo que dice Carranza, que puesta una espada sobre la otra (con la prevención dicha), apretando poco con la que está encima, baja mucho la que está debajo. Tartalla, Libro de la Nueva Ciencia. Y Nicolao Tartalla, en la cuarta y común sentencia de su nueva ciencia, dice, que si un cuerpo igualmente grave en el movimiento violento hallare algún resistente, cuando más el resistente se le acercare, al principio del tal movimiento, mayor efecto hará el dicho resistente. Y para entenderlo mejor, digo, que si una espada comienza a subir de lo bajo a lo alto: lo cual ha de ser con movimiento violento, y en aquel punto llega otra a ponérsele delante, para impedirla, que por ser movimiento natural, no solo la impedirá, pero cuanto más fuere al principio, y más se le acercare, con mayor furia volverá abajo. Y así, por ser el movimiento natural de más noble calidad que el violento, le es superior todas las veces que hay contacto de espadas: y aunque cualquier parte de la espada haga este propio efecto, y sea cierto que la tendrá impedida, es necesario en destreza, que sea con mucha consideración, puesto el atajo con advertencia particular, que se ha de entender precisamente, que la línea que tuviere menos camino que andar, llegará primero: porque el Diestro siempre que forma alguna proposición, aunque no lleve determinado herir, se pone en distancia tan determinada y puntual, que lo pueda cuando lo quisiere, o conviniere para su defensa: y para esto ha de haber desigualdad de cuerpo, líneas, y números: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ407PARA TODAS LAS HERIDAS. En Destreza no hay mayor desigualdad que la igualdad. porque en la Destreza no hay mayor desigualdad que la igualdad de los cuerpos y líneas: porque estando iguales, y acatando y respetándose, así en las cantidades, como en los números. En los compases y perfiles ya hemos dicho otras veces, y es cierto, que un igual con otro igual no tiene poder. Y por esta causa queda resuelto, que el atajo, a quien llamamos, universal, se ha de hacer con esta consideración: por cualquiera de los caminos que en el número cuatro de la espada contraria se ha de poner el cinco, y en el cinco el seis: y porque en el siete es donde, según nuestro autor, viene a ser la proporcionalidad desde donde bajando hacia la punta de la espada, va declinando a mayor flaqueza, y subiendo a la guarnición mayor fuerza, no habrá para qué poner allí el atajo: porque si se ha de vencer con mayor número, habrá de ser con el ocho. Y siendo así, estaréis muy cerca de vuestro contrario, más de lo que convenga para este camino: pero para el primero, o el segundo, se puede permitir, por ser desde donde se obran heridas de primera intención, metiendo el pie izquierdo, cautivando la guarnición, o hiriendo con extremo desde encima de la espada: pero no se ha de entender, que si en el tercer, cuarto y quinto camino pusieseis el cinco de vuestra espada en el cinco de la contraria: por esto es mucho exceso, porque la virtud del movimiento natural, y el no poder subir un cuerpo grave, si otro cuerpo igualmente grave (que son las espadas) se le pone delante, la detendrá, si al principio se le comunicare alguna fuerza por vuestra parte, aunque de la suya la procure levantar con ambos brazos. Y volviendo a la declaración de la demostración que se ha puesto, es de saber, que por demás se dice, o hace por muchos medios lo que por pocos se puede hacer, o decir. Y porque la universal, según otras veces hemos dicho, es contra tajo, contra revés, y contra estocada, para arremeter y esperar: de lo cual no tratan los particulares, y también porque la Destreza verdadera no obliga necesariamente a matar: Carranza, folio 269. pero enseña a poder matar, cuando convenga, como lo dice nuestro autor, en el cuarto diálogo: y lo prueba en el primero, porque solamente enseña a defenderse el hombre, y como a su salvo podrá herir al enemigo, defendiéndose, si le acomete, pero no a matar absolutamente: porque si así fuera, la ciencia de las armas, no podía tener certeza: así, que no obliga a matar, sino que enseña a poder matar cuando convenga: y por esto no se ponen más que dos caminos, el uno para defender, impidiendo todos los movimientos: y el otro para ofender, siendo necesario: y de cada uno se hará particular demostración y declaración. Pero antes de esto, es necesario, que advirtáis, que está puesto atajo por el tercer camino, y que en el punto cinco de la espada contraria, está el seis de la del Diestro, como lo demuestra: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA408QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Por solo dos partes puede salir a herir, después de haber puesto atajo. y que puesto el tal atajo, solo tiene dos partes por donde poder salir a herir. La una es de revés, llevando la espada arrimada al muslo derecho: y para la estocada, o tajo ha de sacar por junto al izquierdo, y no por otra parte alguna: porque, como es cierto, cual es la potencia de obrar, tal es lo que se obra: y no se habrá de otra manera que de aquello que enseña la demostración. Y lo mismo será, que el tal atajo se haya puesto en hombre Diestro, o en el que no lo sea: porque el Diestro obra por donde sabe que puede obrar, que es por estas dos partes que decimos: y el rústico, aunque no las sabe, obra por la misma parte: porque por otra no puede obrar. De manera, que el Diestro, científico, obra por donde sabe que puede obrar, y el que no lo es, por donde le dejan obrar: pero el privilegio del Diestro es grande, pues aunque no tiene otras partes por donde salir, cuando quiere valerse para contra la universal, con la misma universal lo hace, y se defiende: y, cuando su contrario no vaherido, al menos no hiere: porque los efectos de la universal en ambos son iguales, e igualmente gozan de ellos, como se avisará adelante. Y supuesto lo que hemos dicho, así en esta demostración que se ha puesto, como en las demás que se pondrán, por ser universales, solo se dirá cómo se ha de defender de todos los movimientos que el contrario hiciere, con mucha facilidad: porque, como no serán, ni pueden ser más de dos partes, por la que los puede formar, se conocerán con facilidad, y se remediarán con la misma, con la defensa que se ha prometido: y también para ofender, cuando conviniere, y que no haya otro remedio para la defensa de vuestra persona. Y debajo de este presupuesto voluntario, y no forzoso, pasaremos a las declaraciones. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ409PARA TODAS LAS HERIDAS. Si habiéndole puesto atajo, formare revés, volverle a sujetar la espada. Poco artificio tiene la treta que solo a los ojos agrada, y parece bien, sin tener en sí razón bastante, y fundamento científico, porque cuanto es de más calidad e importancia la potencia que el sentido, tanto será mejor lo que agradare y satisfaciere al entendimiento, que lo que agradare a la vista: pero en esta demostración todo se halla junto, porque ella agrada y recrea a la vista al obrarla, y satisface al entendimiento obrándola, por constar de tan firmes fundamentos, como son en los que se funda el impedimento universal: y habiendo puesto el atajo con la prevención dicha, y en el punto que señala la demostración, y sabiendo que teniéndole impedida la espada con el atajo, no hay más que las dos partes que dijimos, por donde pueda salir a herir, habéis de advertir, Carranza, folio 34. que, como dice nuestro autor, el movimiento que se hace por necesidad, no es natural, sino violento: y considerándolo bien, se hallará cierto, pues para haber de comenzar alguna treta, por cualquier pate que quiera sacar la espada, ha de ser con movimiento violento, pues ha de subir de abajo a arriba: y así mismo, que ha de ser uno de dos, o será movimiento circular, entero, como serán el tajo, o el revés, o habrá de ser medio movimiento circular para estocada, a quien llamamos Arco: y que aunque para ello no se mueva todo el brazo, sino solo la muñeca, siendo, como es, el movimiento que se hace por la cuerda, tan breve, que en brevedad le lleva un tercio de ventaja, según probamos en la demostración de la cuerda, y el arco, que será superior, ora sea para herir, ora sea para atajar. Y con esta prevención, si habiendo puesto el atajo, y habiendo pasado para ello de punto A a punto B, vuestro contrario quisiere formar un revés, que es la mayor disposición que tendrá, respecto del brazo, y sus movimientos, y no quisiereis LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA410QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL ofenderlo, ni matarlo, ya os he avisado, que el tiempo circular, revés o tajo, consta de cuatro movimientos y participación de dos ángulos, y ambos dañosos: y podréis en aquel punto que lo formare, en el tiempo que gastare la espada en ir haciendo movimiento remiso, y subir el violento, y comenzar, a abajar el natural, pasar de punto B a punto D poniendo el propio tajo: y con la propia prevención que exceda en el número, que al principio llevareis de ventaja: y así mismo habéis de estar en el propio medio, apartado de la línea del Diámetro, que se pudiere considerar de punto B (que es donde pusisteis el atajo) derechamente a donde se pusiere el contrario, los dos pies que hemos avisado: y si, como señor de su voluntad, habiéndole impedido el revés, porque entonces tendrá disposición de formar tajo, lo pusiere (por obra, y para ello volviere a donde estaba afirmado, por ser el lugar propio por donde se forma), teniendo la misma consideración y conocimiento de los tres movimientos, antes de comenzar el natural con que se hiere, volveréis a pasar desde punto D que atajasteis el revés, a punto B atajando la herida de tajo, sin perder de esta distancia un punto, ni de los números, medio: Note el Diestro, que es importante. y tantas cuantas veces hiciere estos movimientos, tantas los podréis impedir, como os he avisado, con otra particular consideración, que si el movimiento del contrario, para formar la herida de revés, o tajo, no fuere con compás curvo, por cualquier lado de la circunferencia, sino derechamente, hacia donde vos estuviereis, que con vuestro compás habéis de suplir aquella falta, haciéndolo más apartado, hasta que vengáis a estar en el medio que señala esta demostración: y si a pie quedo quisiere formar el revés (al que comúnmente se llama mandoble), o el tajo, el compás que diereis, después de haber puesto el atajo, habrá de ser mayor, para que os apartéis del Diámetro los dos pasos que hemos avisado. Contra una opinión vulgar antigua. Y si al principio que fuereis a poner el atajo, quisiere librar su espada (que es lo que comúnmente se dice, no dejaré yo que me llegue a mi espada, sino que tiraré muchas cuchilladas), que no os perturbe, porque cualquiera de las heridas o movimientos que hiciere, ha de ser forzosamente por una de las dos partes que hemos dicho, y con una de tres heridas, revés, estocada, o tajo, os ha de procurar herir, y podréis, si librare la espada, y formare un revés, que este forzosamente ha de constar de los movimientos referidos, supuesto que con el natural último ha de herir, en el tiempo que gastare en los otros tres, podéis pasar a punto D, y cuando comenzare el tal movimiento natural a bajar, sujetarle la espada como si hubierais puesto atajo al principio: y después de puesto, formará el tal revés, pues se compone de un propio orden, sin que tenga más o menos partes en su formación. Y si de allí, antes de que le sujetéis la espada al movimiento natural del revés, formare tajo, volviéndoos a pasar a punto B mientras que se formaren los tres movimientos, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ411PARA TODAS LAS HERIDAS. antes del natural con que se hiere, y poniendo atajo, lo impediréis con mucha facilidad. De manera, que tantas cuantas veces formare los tales movimientos, podréis ir pasando de una parte a otra, impidiéndoselos todos, guardando la proporción dicha. Pero será posible, que cuando le vayáis a poner el atajo (ora sea con cuidado, o sin él), baje la espada al suelo, o la aparte a alguno de los lados, con intento, de que allí no alcance la vuestra. Ni tampoco os ha de inquietar, porque obrando con la consideración que avisamos, no será defensa ninguna, antes le sucederá lo propio que al principio, aunque él no quiera, o será herido. Y para que consigáis esto, acordaos, que el ángulo recto alcanza más que ningún otro: y al punto que bajare la espada, o la apartare a cualquiera de los lados, arremeteréis rectamente, haciendo un acometimiento perfecto de herirle, que al punto pondrá la espada delante, para acudir a su defensa: y puesta, la podréis sujetar: Carranza, hojas 184. porque si la daga, cuando sola pelea contra la espada, y la espada se aparta fuera de entre los dos cuerpos, quitándose del punto recto, mediante el movimiento arrojadizo de la daga, hace poner la espada delante en el lugar que la pueda atajar, como lo dice nuestro autor (y siendo Dios servido saldrá a la luz un cuadernillo de la daga contra la espada, donde se manifestará), con la espada, que tiene mayor largura, se podrá hacer con más facilidad: y cuando no quisiere poner la espada, recibirá el rigor de la herida, que le será no tan barato. El otro movimiento que podrá hacer, es para estocada: en la cual puede haber dos diferencias en su principio. La una es llevar la espada desde el lugar donde la tuviereis impedida con medio movimiento circular al pecho, como queda dicho. Otra es, la que comúnmente obran en la Destreza ordinaria, que después de tener atajada la espada, encogen el brazo, hasta tanto que la libran, y sale debajo de la contraria, que la tiene impedida: y después tiran una estocada de puño: y a cada una de estas se puede impedir con facilidad. La primera, cuando saque la espada con el medio movimiento circular, pasaréis de punto B a punto D impidiéndole aquel movimiento con atajo. A la otra diferencia se puede impedir por tres partes. La primera, cuando ya haya librado la espada, y quiera herir, podréis así mismo pasar de punto B a punto D matando aquel movimiento, y atajando la espada. La otra es, cuando hubiere sacado la espada, y quiera herir con estocada de puño, desde punto B (si él no entrare más) o salir afuera, desgraduando lo que él diere de compás, por el lado de la circunferencia derecha, y volverle a poner atajo por la propia parte que al principio. Pero si este movimiento no quisiereis que se forme, estará en vuestra mano, pues al principio de que encogiere el brazo podréis, dando un compás simple, que es de dos pies, ir sujetando su espada en aquel principio del movimiento, que ha de tener flaqueza: y si quisiere salir afuera prosiguiendo su intento, proseguiréis vos con vuestros movimientos: y cuantas veces él comenzare, tantas comenzaréis: y así no será parte para librar su espada: y sobre todo conviene que tengáis firme conocimiento, y LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA412QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL prevención bastante en lo que os he avisado: que si el contrario (al formar la herida) diere largo compás, habéis de salir buscando aquella distancia, y medio conveniente que señala esta demostración, sin que perdáis nada, si solo pretendéis defenderos: que si a vuestra defensa conviniere herir al contrario, en la siguiente demostración avisaremos de lo que habéis de hacer para conseguir vuestro intento. Si habiendo puesto atajo, formare revés, ponerle atajo, y herirle de estocada. Advertid que en punto C se ha de meter pie izquierdo. Así como el enfermo que padece, no busca, ni quiere Médico que solo sea elocuente, sino que con razón fundada en saber, lo sane: Así el Diestro, no busque mucha elocuencia en el practicar de la treta, sino la razón de ella misma, y proceder científico para que le aproveche y defienda. Carranza, declaración hojas 1. Y en la que nos podemos fundar, para la declaración de esta, es en lo que dice Carranza, que atajo en la Destreza, es cuando una de las armas se pone sobre la otra, que la que está sujeta tiene menos partes por donde salir, y en esto no hay duda, como os avisé en la declaración antes de esta: solo tiene dos partes por donde poder salir, que son para revés, y estocada, aunque uno es movimiento circular entero, y el otro medio, ambas van a parar al pecho y lado derecho, y el tajo al izquierdo. Y contra estas tres heridas que podrá obrar, teniendo sujeta la espada, mediante la disposición, ya dejamos dicho cómo se han de impedir tantas veces, cuantas se hicieren los tales movimientos de una parte a otra, y de otra a otra, procediendo en infinito, procurando guardar el medio conveniente, sin que en ello haya duda, que faltará: porque en LUIS PACHECO DE NARVÁEZ413PARA TODAS LAS HERIDAS. esto se obra universalmente, una de las partes de lo universal, que es, el ser contra tajo, contra revés, contra estocada, para esperar: y de la otra que es para arremeter vamos ahora tratando, con una prevención (que jamás que se ofrezca ocasión dejaré de referirla, como cosa tan importante), y es, que la ciencia de las armas, no obliga necesariamente a herir, ni a matar, sino que manifiesta y enseña a poderlo hacer, si conviniere, y cuando se llegare a las manos con el enemigo de nuestra santa Fé, o con aquel que quisiere maliciosa y airadamente, quitar la vida a su prójimo: y ofrecida ocasión necesarísima, y habiéndole puesto atajo a vuestro contrario, e impidiéndole algunas heridas, y rogándole, que se detenga, y manifestándole, que se vaya, porque le podréis matar: y volviéndole a avisar, que se detenga, porque si no, le mataréis: si al fin conviniere proseguir con rigor de herir, o matarle, y que no pueda ser menos, por causa de convenir así para vuestra defensa, advertiréis, que en cualquiera de los movimientos que hiciere, que son los tres referidos, le podréis herir en esta manera: Si habiéndole puesto atajo, vuestro contrario, viéndose atajado, quisiere formar el revés que hemos dicho, y pasare desde donde dice, PIE, hasta donde está la espada (o no pasare, sino que desde donde se hallare, lo quisiere formar), en el tiempo que gastare en formar el movimiento remiso, y violento, pasaréis a punto C metiendo el pie izquierdo: y cuando la espada baje naturalmente, pondréis la vuestra sobre ella, atajándola, y sujetándola con vuestra mano izquierda, le heriréis de estocada en los pechos: y si os pareciese convenir no herirle, sino solo quitarle la espada, lo podréis por este orden, pues viendo sujeta su espada, y la punta de la contraria en los pechos, le será forzoso dejarla, e irse, si ya no quisieseis hacer lo que un caballero amigo mío hizo con un hombre que le había enojado: el cual, poniendo mano a la espada, y poniéndola encima de la contraria, el contrario sacó el revés que hemos dicho: el caballero hizo lo que os he avisado, y al punto que metió el pie izquierdo y le sujetó la espada: formó otro revés: y dándole una cuchillada en la cabeza, le dijo: Esta os doy por el enojo que me disteis; y la espada os quito, por el atrevimiento que tomasteis: y obligándole a que la dejase, con ponerle la punta de la suya en el pescuezo, se la dio a un paje: porque todo esto puede el Diestro. De manera, que hay orden para vencer sin herir, y heridas para contra el enojo leve. Así mismo contra el revés, o tajo, si lo hiciere, hay también la estocada ságita, que, como ya os avisé, se obra al punto que el contrario comienza el movimiento remiso, y antes de que se acabe el violento, para esta no se da compás, antes acabando de dar la herida, se desgradúa hasta volver a proporción. El otro movimiento es para estocada: y si fuere obrada con el medio movimiento circular, que dijimos, podréis así mismo, pasando desde punto B a punto C, sujetarle la espada: así con la mano izquierda, como poner atajo, y sucederá lo que os he avisado. Y si fuere la estocada de puño, podréis, desgraduando atrás, cuando el contrario graduare adelante, le volveréis a sujetar la espada por donde primero (como ya os he dicho), y pasando al primer, o segundo camino, podréis herirle y sujetarle la espada, o por el tercer camino con estocada, o tajo: y no sucederá al contrario en lo uno, ni en lo LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA414QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL otro, aunque se difieran uno, o dos movimientos: así para ir ganando algunos grados de fuerza, como para ganar los del perfil, y disposición del cuerpo, para poder herir: pero no por esto será falsa la treta, o tretas que no hirieren. Cómo se pone atajo por el cuarto camino. Si aún en las cosas pequeñas, y no de mucha importancia, según Séneca, se debe escoger y procurar lo mejor, en la que es de tanta importancia como la defensa de la vida, con más cuidado se debe escoger: y aunque el Diestro desde cualquier camino obra bien, y le sucede bien, porque sabe lo que por él se ha de obrar, no le podemos negar a este, que es el cuarto camino, lo que en la declaración suya avisamos, pues no menos calidad le atribuimos, que decir, que el que caminare por él, será señor absoluto de todos los movimientos contrarios, que en buena razón es tanto como decir: Señor del propio contrario. Y porque allí dijimos, por parecer de nuestro autor, que por este camino se obra, y procede por los efectos (a diferencia de otro que se obra por la causa), procederemos con este intento, por ser camino dispuesto para ello: porque, como ya tenemos prometido, y aquí se promete, andando un hombre por él, será imposible ser herido por ningún género de herida, como guarde siempre la proporción, medio y distancia, que señala esta demostración: y aunque este lleva la misma razón que el camino tercero, por lo que difiere en el herir, no convendrá dejar de declararlo. El intento más principal, y que siempre lleva un hombre asentado en su Ánimo y voluntad, siempre que se le ofrece ocasión, es, procurar primeramente la defensa de su persona, como obra natural. Y en esto no hay hombre tan bruto, que por muy enojado que vaya, tanto cuanto se pueda encarecer, y con el enojo y cólera le tire a su contrario una herida con deseo y Ánimo de ofenderle, si ve que con la que su contrario forma, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ415PARA TODAS LAS HERIDAS. puede ser ofendido, no acuda a defenderla, y luego procure satisfacer su voluntad: y esto no solo una vez, sino cuantas le sucede: y el conseguir la defensa, o no, es conforme los medios que pone, y la Destreza que sabe: y cuando no sea de la verdadera, al menos hace lo que es de su parte, que es, a lo que está obligado. Lo mismo obra el Diestro por este camino, con la consideración y certeza que conviene, que él muy bien sabe. Y por ser esta la que habéis de procurar siempre, y ser este camino por donde se hallará, consideradlo bien, pues como parece es de cantidad de cinco pies de largo, a quien en la Cosmografía se llama, paso Geométrico: y en la Destreza, compás doble, y que va apartado de la línea del Diámetro tres pies, por convenir así: y ejercitadlo bien, y entendido como conviene, si se ofreciere ocasión de obrarlo, ha de ser con mucha consideración, y con ella llegaréis a punto D, que es donde estaréis afirmado en medio de proporción: y poniendo atajo en la espada contraria, llegaréis a punto E teniéndole ganado un grado de fuerza, como lo manifiesta esta demostración, pues se ve que está el número 5 en el 4. Y puesto donde decimos, y estando la espada sujeta, tendréis las mismas partes, y las mismas heridas, y por las mismas causas que avisamos en el tercer camino: y no otras ningunas: y no solo con este contrario, pero aunque tuvieseis a todos los hombres del mundo por contrarios (uno a uno), no sucedería de otra manera, pues la organización y compostura en los miembros en uno, es general en todos: y con esta cierta consideración y confianza, si quisiere formar el revés podréis pasar a punto F matando el movimiento natural, guardando la misma distancia que señala, así en el compás, como en el número, que exceda en mayor fuerza, como aparece: y lo mismo si quisiere herir con estocada, que de una misma suerte se obra en este camino, que en el tercero y quinto: y solo difiere, ser en este los compases más largos que en el tercero, por causa de ir más apartado de la línea del Diámetro, para tener más seguridad. Y si estando en punto F habiéndole impedido el revés, o estocada, quisiere volver a formar estocada, o tajo, volveréis a pasar a punto E matándole aquel movimiento todas cuantas veces lo obrare: y en esto, pues ya está declarado y entendido, no hay que detenernos más, porque todo cuanto más dijéremos, vendrá a ser lo mismo que se ha dicho: y así no trataremos más de punto F, ni lo pondremos en demostración, sino que vengamos ahora a cómo se ha de herir por este camino, si conviniere: y entended, que una de las más bastantes señales que el Diestro puede dar de serlo, es en cualquier proposición que comience, o en cualquier herida que impida, ponerse en tal medida, que conviniendo herir desde allí, lo pueda hacer sin serle forzoso dar nuevo compás: y aunque hay de segunda intención, y estas se obran con dos compases, uno cuando se obliga al contrario a que haga algún movimiento: y otro, cuando lo comienza, no porque el contrario deje de hacer el movimiento al que se le obligó, dejará de alcanzarle desde la distancia en que se pusiere: y si en los particulares goza el Diestro de esto, aquí, que procedemos universalmente, mucho mejor será: y en la demostración que hemos puesto hallaréis esto puntual. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA416QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Y si habiéndole puesto atajo a vuestro contrario, conviniere por algunas causas, que lícitamente lo permitan, y forzosamente requieran para vuestra defensa herirle, no aguardando a su movimiento, tenéis tres partes por donde herirle, sin aguardar a que obre, y dos para herir, mediante sus movimientos, sin los que os he avisado: de los cuales se hará demostración, y declaración particular para mejor entenderlo. Si después de haberle puesto atajo, no hiciere movimiento, herirle con estocada recta. Tanta mayor esperanza se puede tener en un Diestro, cuantas más experiencia tuviere de la Destreza: y porque cuando aquí lleguéis, habréis ejercitado las veces que conviniere, así los particulares que hasta aquí se han puesto, como lo que tocare a lo universal: para tener bastante experiencia, no tengo para qué gastar tiempo en encomendarlo, sino solo avisaros, que si habiendo puesto atajo a vuestro contrario, habiendo llegado a punto E y no hiciere movimiento, o después de haberle impedido algunos, le quisiereis herir, que podréis con presteza encaminar vuestra espada, enderezándola al pecho, dándole estocada, con esta advertencia: que por cuanto estando en punto E será mayor vuestra espada, que la distancia que habrá de vuestro cuerpo al del contrario: y la herida que se ha de dar, ha de ser desde ángulo recto, sin encorvar el brazo, que aquello que hubiere más que la distancia, lo habéis de suplir, mediante desgraduar hacia vuestro lado derecho, aquello que conviniere: de tal suerte, que la herida que diereis, sea recta, y junto al hombro izquierdo contrario: porque allí le tendréis ganados los grados del perfil, que basten a poderle herir, sin que él os alcance con su espada: y no sea parte ni causa para inquietaros, entender, que al punto que levantareis la espada de encima de la suya para herirle, podrá él enderezar la espada a vuestro pecho, y heriros: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ417PARA TODAS LAS HERIDAS. Nota. porque para esto habéis de considerar, que por haber estado apremiada, y sujeta, y el brazo cansado, y violentados los nervios, tendones, y murecillos, y el vuestro tan descansado, que podrá hacer movimiento tan presto que impida vuestra herida, si no es que fuese tan Diestro, que al principio del movimiento, con que le pusiereis atajo, se dispone con tal medio, que fuese diferente del que tenía al principio con prevención determinada, cuando le fuereis a herir de no despegar su espada de la vuestra: y cuando a este punto llegase, sería proceder en infinito: porque, bien considerado, obrará con mucha certeza, respecto de ser universal, pues el atajo (que es lo que hará) lo es: y así, ni él a vos, ni vos a él, os podréis herir: pues, como ya hemos dicho, a la universal no puede impedir sino otra universal: y cuando él acudiese con tanta presteza como vos, y vos con tanta como él, ninguno tendría culpa en no ejecutar su herida, pues cada uno procurará ganar más grados de perfil, y comenzar primero, y desde mejor medio: que en este punto es donde dos Diestros trabajan más, en procurar quitar cada uno el medio que tiene su contrario, dando el que conviene a la herida que quiere hacer. Pero si entendiese, que podría herir en el pecho, y lo procurase, sería inconsideración: porque si en el tiempo que le tuvisteis sujeta la espada no pudo hacer movimiento ninguno, cuando fuese a herir al pecho, sería volver a llevarla a la parte donde se la podéis volver a sujetar al principio del movimiento que hiciere: pero no ha de haber lugar para tantos movimientos, porque el vuestro, respecto de ser más breve, y comenzar de mejor parte, y la buena disposición de cuerpo ha de ser incomprensible, e irremediable. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA418QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Si habiéndole puesto atajo, no hiciere movimiento, herirle de un tajo. Bien será posible, que tomando ejemplo en lo que os dije de lo sucedido a aquel caballero que no quiso matar a aquel que le había enojado, sino darle una cuchillada por castigo de su atrevimiento, queráis, ofrecida tal ocasión, hacer lo mismo, y no por cualquier niñería matar a un hombre: porque si uno supiese sin duda, que para su defensa bastase darle a su contrario una cuchillada, lo debe hacer, y no darle estocada, de la que es más común morir, respecto de ser herida interior, y curarse con mayor dificultad que la que es exterior: y que, según vemos, las heridas, así en el rostro, como en la cabeza, son fáciles de sanar, respecto de las del cuerpo: pues, si quisiereis herirle de tajo, podréis, por ser este el camino por donde se forman, según dijimos en la declaración de los caminos, con esta prevención: que habéis de pasar de punto E (que es donde habréis puesto atajo), a punto H con un compás sencillo, como lo manifiesta la demostración: y formar el tajo, que, mediante el perfil de cuerpo que en punto E le tendréis ganado, y el que le ganaréis a punto H, no os podrá herir con la estocada ságita, ni impedir vuestra herida: porque si lo procurase, con ella, o con algún tajo, al principio que formareis el vuestro. Al fin, cualquiera de estos dos movimientos, los podréis impedir con el atajo, ora sea después de haber dado vuestra herida, o antes, si conviniere, por la presteza del movimiento contrario. Y después de matado aquel movimiento, podréis volver a formar el tajo: pero este segundo ha de ser con más presteza, antes de que se acabe aquella acción del movimiento natural que la espada contraria hará, compelida de la fuerza que le comunicareis: y en particular, si dejareis de dar el golpe en la cabeza, y le dieseis en su espada: para que en el tiempo que hiciere el movimiento remiso y natural, mediante LUIS PACHECO DE NARVÁEZ419PARA TODAS LAS HERIDAS. el golpe quede más tiempo para poder formar el tajo dicho: y aun os aviso, de que las veces que se ha hecho (que han sido muchas) ha sucedido, no solo quitar la herida al contrario, pero la espada de la mano, lo cual ha causado admiración: Carranza, declaración folio 3. pero no hay que tenerla, que al fin es treta doble: que, según Carranza, tiene dos golpes: el uno en la espada, quitando la herida contraria: y el otro en la cabeza, y el tocamiento de las dos líneas, será causa, de que la que recibiere el golpe, baje, compelida de aquel rigor: y la que le diere, con la resistencia que hallará, volverá a subir arriba, como muchas veces se ve en una piedra, que dando con ella en otra, es causa de que salte hacia arriba, como si hubiese habido fuerza que la compeliese a ello, y es la que halla en el resistente. Y si habiéndole puesto atajo en punto E, o habiéndole impedido el movimiento de revés, o estocada, formare un tajo, podréis así mismo, pasando a punto H, formar otro tajo, que, mediante la desigualdad de los números, y la de los compases, cuerpos, y perfiles, llegará primero el vuestro, habiéndose comenzado primero el suyo, como ya otras veces os he avisado. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA420QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Si habiéndole puesto atajo, formare revés, herirle al principio con un tajo. Gustan tanto los hombres en hacer sus obras, y aun los movimientos con el menor trabajo que les es posible que con solicitud buscan medios para ello, y huyen de obrarlas por donde les ha de costar trabajo, o hallan alguna dificultad: y esto en la Destreza aún se procura con mayor cuidado: pero aunque no se procure, la misma disposición y lugar que queda después de que el Diestro ha obligado a su contrario, aquella misma le obliga a obrar por aquella parte, y no por otra: porque el Diestro, cuando lo tal hace, bien sabe lo que hace, y lo que de ello le puede suceder (que no va, como dicen, a beneficio de natura). Digo esto, porque en el punto en que se le pone atajo en la espada del contrario, la mayor disposición que le queda, y por donde más libremente puede formar algún movimiento, es para revés, por las causas y razones, que cuando lo ejercitéis, ello mismo os manifestará: y si vuestro contrario, habiéndole puesto atajo, quisiere formar el revés, en los efectos de lo universal dijimos (como bien os acordaréis) que se forma tajo contra revés, a diferencia de tajo contra tajo, y revés contra revés: Y os he de decir, que formándose al principio del movimiento que tiene difícil remedio, y que no hay género de herida con que más fácilmente se le pueda ofender, obrándose bien: del cual habéis de advertir, que si habiendo puesto atajo en punto E formare revés, pasando desde donde dice: PIE, hasta donde está la espada, al principio del movimiento remiso: y antes de que se acabe el violento, formaréis un tajo, desgraduando hasta punto L, de tal suerte, que al punto que vaya metiendo el pie izquierdo, o cuerpo, llegue el tajo antes de que el movimiento natural de su revés, se comience: y sobre todo, requiere mucho conocimiento, y mucha presteza, que de otra suerte será imposible. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ421PARA TODAS LAS HERIDAS. Y valiéndome de un adagio ordinario, que dice, Del mal, el menos, os quiero aconsejar, y aconsejo, que del mal que pudiereis hacer, hagáis el menos: porque tengáis menos de que arrepentiros. Y porque el tajo, para que tenga mayor velocidad, y la ejecución sea más cierta, ha de ser obrado con comunicación de mucha fuerza: y esta mayor fuerza, lo será que dé mayor golpe: y particularmente con la punta de la espada, que es la que lo da mayor, como ya hemos dicho: y de este podría resultar matarle (no queriéndolo), de lo que os quedaría pesar y arrepentimiento para siempre. Para no venir a este peligro, podríais, habiendo puesto el atajo en punto E si solo quisieseis castigar su atrevimiento, por ser hombre bajo el que os enojare: el cual (en cuanto a ley de mundo) ganaría mucho en poder decir, que peleó con un hombre noble (si acaso no llevase certificación de que pagó, y se le castigó su desvergonzado atrevimiento), podríais formar un medio revés al rostro (como lugar más alto, y cercano a poder ser herido), comenzándolo desde encima de su misma espada, que la tendréis atajada y sujeta, con solo saliros cortando hasta punto L, sin hacer fuerza a la mano a que se vuelva a una parte, ni a otra, sino de la manera que estuviere puesto el atajo, que será de filos salir cortando uñas abajo, hasta donde os he avisado, que será medio de proporción: pero ha de ser con tanta presteza, que no digo yo remediar este medio revés: pero conocerlo le sea imposible. Y en esto no os obligó a mucho, porque el movimiento que para el medio revés se hace, como no tiene movimiento accidental, ni remiso, ni violento, ni tampoco el natural: que todos estos, son movimientos, así de la estocada, como de los tiempos circulares, y como para ejecutarlo, no se da compás recto, ni curvo adelante, el cual, por ser movimiento de cuerpo, es muy conocido: antes para haber de obrarlo en su punto, es necesario desgraduar atrás, y en el mismo punto que se determina, viene la obra tan junto a la determinación, que casi se podría dudar de cuál sea primero. Cualquiera que esté un poco ejercitado, lo hará con mucha facilidad: que con esta herida, y ejecutada en tal parte, le bastará por castigo, y aun le durará por memoria para adelante, y aviso a los demás. Y con esto queda concluso el herir, tratando el universal: porque el último camino, solo ha de tratar de matar todos los movimientos que vuestro contrario hiciere, atajándole su espada por una sola parte, sin obligaros a que paséis de una parte a otra, sino por término más fácil, y provechoso: con lo cual le quede al contrario menos disposición de poder obrar que hasta aquí ha tenido. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA422QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Cómo se pone atajo por el quinto y último camino. Poco se satisface, ni contenta el hombre que desea alcanzar una cosa perfecta y acabada, cuando sabe que hay otra de más calidad y valor que aquella que posee: y con la que antes estaba contento y gozoso, por entender ser la que buscaba, ya la desestima y tiene en poco: porque de nuevo desea, y con diligencia procura aquello que es de más perfección, grandeza, y virtud: Esto propio me parece que os ha de suceder cuando hayáis llegado al poner atajo, por el cuarto camino, a quien en su declaración loamos tanto, que parecía que ni había que pedir más en Destreza, ni más que poder dar en ella, viendo que a este quinto camino, de que ahora tratamos, se le da en todo y por todo la superioridad y señorío, y en él se promete el seguro y defensa universal de todos los movimientos, y contra todos las heridas, por ser muy ordinario y natural en el hombre, dos cosas, que en cuanto al hombre sumamente desea. La primera es, investigar la verdad de cualquier cosa que trata. Y la otra, procurar su propia conservación: y por rústico que sea (¿qué digo?), aunque sea animal irracional, procura, con suma diligencia aquello que es, o puede ser para conservación y seguridad de su vida, más que lo que puede ser ofensa de su contrario: porque es mejor aquello, cuyo fin es mejor, y como lo sea procurar antes la defensa propia, que el ofender, se acude a ello, aun naturalmente. Y como por este camino se alcance lo uno, y se sepa lo otro, merece ser amado, procurado, y sabido: porque el Diestro, ha de procurar su defensa con trabajo de su persona: pero no con peligro de su vida. Y considerando, que por él se consigue esta defensa sin ningún peligro ni trabajo, gozando de las preeminencias referidas, entiendo, que lo apeteceréis con nuevo deseo: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ423PARA TODAS LAS HERIDAS. y acudiendo a él, lo procuraré declarar lo mejor que me sea posible, haciendo epílogo de los movimiento y heridas que se pudieren, y sea necesario de aquellas que ya hemos puesto en demostración, así en la ordinaria Destreza, como en los particulares de la verdadera. Y es de advertir, que, como dijimos en la declaración que de este quinto camino se hizo, por él se procede, y obra por el perfil del cuerpo. Y por esta razón, es este el compás más largo que otro ninguno, y el mayor que se puede dar en Destreza: pues, como por él parece, es de cantidad de seis pies, por el compuesto del simple de tres pies, que ya dijimos. Y sin hacer otros encarecimientos, que justamente se pudieran, digo, que afirmado con vuestro contrario en punto A, que será donde eligiereis medio de proporción, pasaréis a punto B poniendo tajo en su espada, como lo señala la demostración: de tal suerte, que el número cuatro de vuestra espada esté en el número cuatro de la contraria: que aunque no haya aquella desigualdad y ventaja de número que hay en las demás, no se os haga novedad dificultosa: porque si se hubiese de poner el número cuatro en el número trescontrario, para que hubiese alguna ventaja, estaría vuestra espada muy apartada de su cuerpo, y el movimiento, si desde allí le quisieseis herir, sería mayor y más conocido: y si pusieseis el número cinco en el cuatro contrario, no gozaríais de tan buen perfil, por causa de que el compás habría de ser más corto: y si quisieseis que fuese tan largo, como señala esta demostración (que se podrá), no os aparataríais de la línea del diámetro los cuatro pies que hemos avisado. De todo lo cual, y de cada cosa de estas, se seguiría dañoso y grande inconveniente: y así conviene que sea como avisamos, que sin ninguna duda la tendréis sujeta, por la virtud del movimiento natural: porque si quisiese, con resistencia, levantar su espada (no obstante no poderos ofender con el movimiento que de allí procediere), no lo podrá, por ser el movimiento violento tan sujeto e inferior al movimiento natural, que con cualquier pequeño resistente que delante se le ponga, se le impedirá, sin que pueda prevalecer: porque si al movimiento natural, con ser el más fuerte y más noble de todos los movimientos, dejamos probado, que si a su principio se le pusiere delante cualquier pequeño resistente, no le será posible bajar, aunque la fuerza que se le comunique sea mucha: cuánto más, y con más facilidad se podrá impedir el violento, si al principio de que se comenzare, se le aplicare el natural. Pues si quisiere desgraduar para poder librar su espada, si tuviereis conocimiento del principio de este movimiento, tampoco conseguirá su intento, respecto de tenerle ganados tantos grados: y si el compás que diere fuere sencillo, con solo una pasada que deis, alcanzaréis a estar en la propia distancia que primero: pero si el que diere fuere doble, con un sencillo vuestro le alcanzaréis por aquella ventaja que al principio habréis llevado: y así le tendréis siempre sujeta la espada: como el compás, o compases que diereis, sean gozando del principio de los suyos, y que a un mismo punto se comiencen y acaben. Pero si los compases que diere, fueren continuados muy aprisa, que casi se le pueda dar nombre de correr, no es razón que sea causa de inquietaros: porque si se fuere sin querer herir, vaya en buena hora: y si (por respecto de ver libre su espada) quisiere LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA424QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL volver a formar alguna herida, que no os cause turbación, pues con entender que ha de ser una de las tres, estocada, tajo, o revés, lo podréis aguardar: y cuando la espada llegue a estar en aquella distancia que se requiere al medio de proporción, y para poner el atajo, lo pondréis. Y si fuere tiempo circular de tajo, o revés, aguardaréis al movimiento natural: y entonces la sujetaréis, gozando siempre de la proporción y distancia que os he avisado. Y lo que por esto quiero avisaros, es, que si teniéndole a vuestro contrario sujeta la espada quisiere, reforzando hacia arriba, levantarla, que si en aquel principio aplicareis alguna fuerza, cargando hacia abajo, que por mucha que tenga, y por mucha que comunique, no saldrá con su intento. Pues si quisiere formar algunas heridas, con Ánimo de ofenderos, será sin fundamento su pretensión, así por no tener disposición (mediante la cual se obra en Destreza, y no sin ella), como por ser la distancia tan larga, y tener tan mal perfil de cuerpo, y haber de ser el movimiento tan largo, y serle imposible sin nuevo movimiento de cuerpo, y brazo y compás de pies, poder alcanzar a heriros: porque si lo tal pretendiese, con solo alargar el brazo (supuesto que librarse la espada, que no podrá), mientras más lo alargare hacia la parte donde tendréis vuestro cuerpo, cruzándolo en su pecho, menos alcanzará, por causa de tenerle ganados tantos grados de perfil, como hemos dicho. Pues si hiciere movimiento, y diere compás, con intento de ofender, en las demostraciones siguientes os avisaré de los que podrá hacer, y cómo se los impediréis, con menos trabajo que hasta aquí: porque no ha de ser necesario pasar del lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, al lado izquierdo: porque como por este camino no se pretenda herir (al menos metiendo pie izquierdo), sino que solo impedir y diferir movimientos, no hay para qué pasar al lado izquierdo: no porque no lo podréis cuando quisiereis, pues con solo pasar desde este quinto camino al primero, o segundo, atravesando la circunferencia, y formar la herida que conviniere a vuestra defensa, que esto se puede hacer tan fácilmente, como pasar del primero, segundo, o tercero, al cuarto, o quinto camino, con solo irse apartando con mayor compás: y así mismo entrando con él: que todo esto es muy fácil, y lo será mucho al que estuviere algo ejercitado en el andar, y dar los compases cuando rectos, y curvos, a un lado y a otro: y además de la facilidad, se puede con seguridad, porque como jamás se levanta el pie, ni se ha levantar sin que la espada contraria esté sujeta con el atajo, se sabe con certeza cuándo se mueve por la virtud del tacto, y se acude al remedio con certeza y conocimiento. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ425PARA TODAS LAS HERIDAS. Si habiéndole puesto atajo, quisiere herir de estocada, sujetarle la espada. De aquel insigne Filósofo Diógenes, quiso saber un discípulo suyo, qué fuese necesario hacer antes de que se comenzase alguna obra, para que de ella se alcanzase favorable y dichoso suceso: al cual respondió el docto y prudente varón, una palabra tan breve en las sílabas, cuando copiosa en sentencias: y fue decir: Mirar, y considerar con prudencia el fin de la obra que se quisiere comenzar, y lo que de ella podrá suceder al cabo: palabras de cuya importancia nos conviene aprovechar, por ser la que se comienza obra tan subida de punto, de tanto valor, y de tan subidos quilates, que su importancia no es menos que la defensa de vuestra vida. Y a este conocimiento que aquí se ha de tener, ha de ser de los movimientos que pueden suceder, y el contrario obrar, después de habérsele puesto atajo: porque como de ellos se formen las heridas, y con ellas hayamos de ser heridos, y de otra suerte sea imposible: es menester, y conviene que de ellos tengáis cierto y verdadero conocimiento, que gozando de este, es lo mismo que tener conocimiento de la cosa por su causa. El poner el atajo, es causa de los movimientos que por esta parte se obran, y teniendo conocimiento de la causa, como ella misma manifiesta la potencia del obrar, se sabrá con certeza los efectos que puede producir, según la disposición de ella, teniendo entendido no poder suceder de otra manera. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA426QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Por este camino se le impide al contrario poder formar tajo y revés. Y viniendo a la declaración, digo, que si con algún cuidado considerareis este modo de poner atajo, hallaréis, que se obra con tanta consideración, que con él está impedido el contrario para obrar muchas heridas de las que hasta ahora hemos manifestado: porque habiendo comenzado esta proposición, no le queda disposición de poder formar tajo, ni revés, el tajo por haberos apartado tanto de la línea del diámetro, y por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha, y haberse de formar llevando la espada arrimada a su lado y muslo izquierdo: con lo cual quedaría vuestra espada tan cerca de su cuerpo, que al principio del movimiento remiso podría ser herido, que es de lo que naturalmente huye el hombre, y aun cualquier animal irracional. El revés tampoco, por tenerle ganados muchos grados de perfil de cuerpo, hacia su mano izquierda, y haberse de formar llevando la espada por el lado derecho: y aunque sea un bárbaro verá, que al punto que comenzare el tal movimiento, podrá ser mala mente herido con la estocada ságita. Finalmente, como el movimiento haya de ser circular, de los que hemos dicho, o mandoble de los de la común Destreza, por rustico que sea verá, que no tiene disposición, y no se atreverá a ello, no porque con certeza sepa el peligro, sino porque le temerá: y cuando posponiéndolo todo, o ignorándolo todo, formare alguno de ellos, no será bastante a ofender: pero está bien saber, si se pueden formar, o no, y por dónde forzosamente, y que se pueden remediar fácilmente, como adelante se dirá: solo para la estocada le quedará alguna disposición, no para más, que para comenzar el movimiento: pero no herir con él. Y pues, como muchas veces hemos dicho, cuál es la potencia, tal es el acto, y no de otra manera, se puede entender ser este el conocimiento de la cosa, por su causa: pues de la comenzada consta con certeza, lo que el contrario puede, o no: y por dónde lo puede, y por dónde no. Pues si pasamos adelante especulando, para más verdadero conocimiento, si se pueden hacer otros movimientos: así para herir, como para tener disposición de poder herir, hallaremos, que de los que se compone cada herida, son movimiento de cuerpo, y compás de pies, y movimiento de brazo y espada. El movimiento de cuerpo, con el cual se ha de disponer a poder herir, ya os he avisado, y ahora os aviso, de que será imposible comenzar movimiento, que no sea para su ofensa: porque si quisiere meter el pie izquierdo, según la disposición que tendréis de cuerpo: y en el paraje que estará vuestra espada, vendrá a encontrar con la punta de ella, con solo hacer un poco de extremo con la muñeca, enderezándola a su pecho, sin el peligro que tendrá del medio revés que se le podrá ejecutar la principio de que vaya entrando: Pues si quisiere andar con el derecho por virtud del medio proporcionado, que en tal punto tendréis elegido, no podrá alcanzar a heriros si el compás fuere curvo, por el lado de la circunferencia: Y si dando compás recto quisiere atravesar la circunferencia, y herir por debajo de vuestra propia espada, esto le será imposible: así por tenérsela atajada, y hecho sobre ella ángulo superior, como por ser cierto, que jamás podrá prevalecer la flaqueza contra la fuerza, y por otras causas ya alegadas en LUIS PACHECO DE NARVÁEZ427PARA TODAS LAS HERIDAS. la declaración del movimiento natural, del que tendréis bastante conocimiento: Y el estar impedido para formar muchas heridas, como ya dijimos, se ve claro: Carranza, hojas 119. Porque la común y ordinaria manotada (treta harto estimada), aquí sus aficionados no la pueden obrar, por estar la espada en parte donde la mano no la puede alcanzar, que es lo que dice Carranza, por objeción, contra esta herida: pero cuando temerariamente quisiere hacerla, será con peligro de recibir en aquel principio del movimiento, de meter la mano, un tajo rigurosísimo, que es la herida que con más disposición se puede formar, como lo dice nuestro autor en el lugar citado: y se puede también no ofenderle, sino que el movimiento natural con que se le había de herir, convertirlo en sujetarle la espada, sin que en ello se ponga trabajo. El brazal será de ninguna consideración: porque no le será posible alcanzar, pues ya se sabe, que para obrarlo, ha de ser metiendo pie izquierdo: y queda ya averiguado, que estando en tal demostración, no se puede, sopena del daño que de allí procediere. Pues arrojarse con acometimiento, también es imposible: porque si el acometimiento no se puede hacer respecto de estar sujeta la espada, tampoco en lo demás habrá lugar. El arrebatar, aquí está imposibilitado, por causa de que la espada que hubiere de hacer esta treta, ha de estar libre para haber de dar el golpe, y hacer el desvío: y aquí no lo está, sino cautiva, y sujeta. El llamar, superfluidad será intentarlo: porque además de no poder, habréis ido más de lo que él quisiera, y verá que al principio del movimiento remiso, le podréis herir de estocada: Pues abrirse, descubriendo el pecho, ya será tarde: y al punto que lo comenzase, quedaría vuestra espada junto a su pecho más de lo que querría. La estocada al codo, no le pasará por su pensamiento obrarla: y cuando lo intentase de toda imposibilidad será imposible conseguir su intento, por estar su espada sujeta, y quebradas las alas para la tal determinación: Pues si quisiese darla en el pie, tampoco lo podría: porque vuestra espada se bajaría pegada con la contraria, además de no poderos alcanzar sin nuevo movimiento de cuerpo y compás de pies: y cuando sin él lo procurase, no saldría sin herida en los pechos, o rostro, por causa de haberlo de inclinar, y acercarlo cuando se bajare a herir. La estocada de puño, que tiran a la mano para derribar la espada, vuestro contrario tampoco la podrá formar, porque la suya estará tan aherrojada [aprisionada, poner a algo o a alguien prisiones de hierro], que le sea imposible poder prevalecer, pues el tajo volado, y el altibajo, de todo punto estará impedido para poderlos obrar: y no solo los referidos, pero todos los demás movimientos, tretas, o proposiciones, según lo que dijimos en los efectos de lo universal: Pero no obstante todas estas concluyentes, y ciertas razones, si, como dueño y señor de su voluntad, quisiere obrar cualquiera de las tres heridas tajo, revés, o estocada, o cada una de por sí, en las tres demostraciones siguientes os avisaré del orden que habéis de tener para impedirlas, desbaratando su intención, matándole todos los movimientos que hiciere. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA428QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Naturaleza del movimiento violento. Y viniendo a la declaración de la herida de punto C que enseña esta demostración, habéis de advertir, que entre las definiciones que de la naturaleza de los movimientos dan los autores que de ello tratan, y en particular Nicolao Tartalla, la del movimiento violento es esta: Movimiento violento de un cuerpo grave, es aquel que hace forzadamente de abajo para arriba, que es de lugar inferior, a lugar superior, por causa de alguna fuerza que le mueve, y fuerza a ello. Esto es tan cierto y sabido, que no hay ninguna duda, así por su misma verdad, como por la declaración que hicimos en la prevención, para entrar en lo universal, donde se declaró la naturaleza de los cuatro movimientos. Y con este verdadero supuesto, de que el movimiento violento en la espada, se obra y engendra compelida de alguna fuerza: y más cuanto en parte más inferior estuviere, no será razón que os cause inquietud, si vuestro contrario, habiéndole puesto atajo, y teniendo hecho sobre su espada ángulo superior, quisiere heriros con estocada al pecho, pues el movimiento que hiciere ha de ser violento de abajo para arriba: y además de esto, con movimiento medio circular, o medio círculo: porque su gravedad y tardanza será tanta (respecto de vuestro movimiento) que con mucha facilidad podréis matar aquel movimiento que hiciere, defendiendo vuestra persona: particularmente si considerareis, que desde allí no os podrá herir sin particular movimiento de brazo, y compás de pies: que, supuesto no ser menester muy largo, al fin será de tres pies, respecto de poder herir, si lo pretendiere: lo cual le será imposible: porque teniendo conocimiento del principio del movimiento que hiciere, y el compás que diere, y la cantidad y tamaño suyo, valiéndoos de todo esto, pasaréis de punto B a punto C (más o menos según el compás), y cuando su espada haya salido de debajo de la vuestra, para encaminarla a vuestro pecho, en aquel tiempo que le fuereis difiriendo el movimiento, mediante vuestro compás, subiréis con presteza la espada del lugar donde quedare, cuando la contraria se haya ido, a que participe un poco de ángulo obtuso, no en demasía, sino un poco más arriba del ángulo recto, para que cuando la espada contraria haya acabado el movimiento circular, y comience el recto para dar la estocada, se la sujetéis, poniéndole atajo en la misma forma que primero le pusisteis: y sabed, que este efecto sucederá, ora sea que la estocada sea de puño, o que sea recta: porque estas dos no difieren en su género cosa alguna, antes se forman por una misma parte: solo es la diferencia, que cuando la estocada recta se obra no se da compás tan grande, como cuando es de puño: porque entonces no solo quieren herir con la espada, sino también con la cabeza: y así el compás no solo es largo, pero es desatinado, y sin ninguna consideración: y así también habréis de diferenciar, no en cuanto poner el atajo, porque es todo uno, y se pone por una misma parte, sino en cuanto el compás, que habréis de desgraduar conforme la pasión que trajere el movimiento contrario, procurando siempre quedar en la distancia que comenzareis, y eligiereis, al poner el atajo: y no solo esta vez, sino cuantas veces quisiere formar la tal estocada: y en ambos de estos movimientos de estocadas, hallaréis el efecto prometido, tan cierto, que no os falte, como de vuestra parte se obre con aquella perfección, y con tal proporción, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ429PARA TODAS LAS HERIDAS. que si decir se puede, le dé perfección y nuevo ser a esta treta universal: porque de lo contrario sucederá lo contrario, se perderá el trabajo, y en ese peligro estará la vida. Esta espada forma revés, y la de arriba está aguardando a que comience el movimiento natural para poner atajo. No le basta, ni se debe contentar el Diestro, con solo hacer bien una treta, reparo o desvío: sino que tiene necesidad, y obligación precisa de hacerlo por buen modo, y por aquella parte que mejor sea, así para su defensa, como para que el contrario tenga menos disposición de herir, ni lo pueda al menos una vez, que es lo mismo, que herir de solo un movimiento: y esta obligación le es mayor, mientras trata de cosa más esencial en Destreza: y como en toda ella no la haya de más valor que la que vamos tratando de este impedimento universal, es mayor su obligación: porque siendo, como es, tan cierto, no falte por causa del artífice, y esto, particularmente cuando el contrario quiere herir temeraria, e inconsideradamente, y sin mirar, si por aquella parte que quiere herir, se puede, o no, teniendo en poco el peligro que de ello le podrá suceder: y es muy ordinario (al menos entre los que saben poco), cuando se ven alcanzados de cuenta, y con ningún caudal de Destreza, determinarse a recibir una herida, a trueco [a cambio] de dar otra a su contrario: y si el vuestro, habiéndole puesto atajo, como queda dicho, por este camino quisiere formar un revés, por causa de hallar desocupado su lado derecho, que, como hemos dicho, es por donde se forma, ya os he avisado, que forzosamente ha de constar de cuatro movimientos, y participación de dos ángulos. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA430QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Y así mismo os aviso, de que aunque lo forme con todas las partes que él quisiere, no podrá alcanzar con él, sin dar un compás curvo, o recto, de cantidad de cuatro pies de largo, como se declaró en la declaración de los compases, a quien dijimos, pasada compuesta, por causa de tener la simple dos: y esto no podrá ser menos si hubiere de llegar a la distancia y lugar que conviene, y propio para la ejecución, por causa de que estaréis apartado de la línea del Diámetro los mismos cuatro pies, como se manifestó en la demostración de los caminos, y en esta presente aparece. Y si, viendo aquel ángulo que hacen las espadas, quisiere ocuparlo con su cuerpo, formando el tal revés, ora sea metiendo el pie izquierdo, o derecho, supuesto que vuestro principal intento será solo defenderos sin ofenderle, matándole aquel movimiento con el atajo, tendréis puntual conocimiento del principio del tal movimiento: y en el tiempo que gastare en formar los tres antecedentes al natural de la ejecución, desgraduaréis desde punto B hasta punto D, comenzando este compás con pie izquierdo, y el derecho que lo siga: y ha de ser este compás de cantidad de cuatro pies, que será la misma que tendrá el suyo, y la que se requiere para quedar en la propia distancia que antes: y cuando bajare el movimiento natural, le sujetaréis la espada, como primero, sin tener necesidad de pasar al otro lado de la circunferencia, sino de solo aguardarle, Carranza, declaración hojas 1. teniendo la consideración, de que cuando formare el revés dicho, dejará vuestra espada en potencia, que es lo mismo, que estar parada y libre, según Carranza: y cuando la suya se aparte a hacer el movimiento remiso y violento, quedará la vuestra en ángulo recto dispuesta para cuando el natural, bajare, la atajéis con la misma consideración que primero: y esto, no solo esta vez, sino cuantas formare el tal revés, sin tener recelo de que falte, si guardareis siempre la distancia dicha: y pretender heriros, será proceder en infinito por las causas y razones alegadas en la declaración que hicimos de la demostración llave, y gobierno de la Destreza. Finalmente, no es menester más, que desgraduar la cantidad del compás que diere, y aguardar con vuestra espada, que la contraria vaya bajando, y entonces ponerla encima con el cuidado y gobierno que se requiere para tal obra. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ431PARA TODAS LAS HERIDAS. Si habiendo puesto atajo, formare tajo, cuando bajare el movimiento natural, volverle a atajar. Esto es lo último, y más esencial que se puede dar en Destreza. Así como no tiene más que subir aquel que a lo más alto ha llegado: de la propia manera, no tendréis que pedir, ni en Destreza se os podrá dar más de los que hasta aquí se os ha dado, pues con este quinto y último camino habréis llegado a lo alto de toda perfección, de lo que en ella se puede prometer, que es la ofensa y defensa de vuestro contrario, y vuestra, obrándola con la perfección que tal caso requiere: pues por sus maravillosos efectos vendréis a quedar libre de las causas que vuestro adversario comenzare para ofenderos. Y pues os he avisado de cómo le mataréis los dos movimientos de estocada y revés, quiero concluir con daros aviso, de cómo hagáis lo mismo al tajo, si lo formare, con el supuesto de que lo podrá obrar con tanta facilidad como los dos primeros movimientos: pero podremos entender, que habrá hombre tan desatinado, que quiera formarlo, ora con ánimo de ofender con él, o solo para librar su espada de la sujeción que tendrá con el atajo: y también, porque del todo queden declaradas las tres heridas generales, estocada, revés, y tajo. Pues si habiéndole sujetado su espada, con el atajo, quisiere formar el tajo dicho, habéis de considerar lo que otras muchas veces os he avisado. Que para formarlo, ha de llevar arrimada su espada al muslo izquierdo, por ser su lugar propio, como hemos dicho: con lo cual quedará vuestra espada en potencia, y libre para poderle herir (si conviniese) con la estocada ságita, en el tiempo que hiciere el movimiento remiso, y el violento: pero no tratamos ahora de ofender, sino de impedir todos los movimientos: de manera, que cuando pasare desde donde dice, PIE, hasta donde está la espada, con el movimiento y compás curvo, por el lado de la circunferencia de su mano derecha (por ser este el mismo lugar por donde se ha de pasar para gormar el tajo), pasaréis en aquel principio desde punto B a punto E con un compás sencillo de tres pies, como lo manifiesta la demostración, y por el lado de la circunferencia de vuestra mano derecha: y cuando baje el movimiento natural, le sujetaréis la espada con la prevención (que LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA432QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL por ser tan necesarísima repito), de que en el tiempo que formare el tajo, y gastare en hacer los tres movimientos, natural, primero, remiso y violento: y antes de que baje el natural para la ofensa, en aquel tiempo que vuestra espada quedare libre, juntamente con el compás de pies, a un mismo punto la subiréis a que participe un poco del ángulo obtuso, y no en extremo, apartándola del lugar donde derechamente hubiere de venir la espada contraria, para que cuando baje, la estéis aguardando y no sea menester (como no lo será) sino bajar tras ella, sujetándola, poniendo la vuestra encima, en la misma proporción que antes. Con lo cual queda declarado, no poder haber movimiento, de cualquier género que sea, y obrado por cualquier hombre, que no se ataje e impida con lo universal, una y cuantas veces se obrare, para vuestra defensa y conservación, que es lo que sumamente deseo. Llegado he con esto, amado señor, y amigo, a dar fin a este primer libro: pero no al obedeceros, ni deseo de serviros, porque primero llegará el fin de mi vida, que tal sea: y si mereciere ser de vos recibido con la voluntad y amor que lo ofrezco (que es la misma con que a ti te lo ofrezco y presento, benigno y desapasionado Lector, y con el propio deseo y voluntad de agradarte, y que tengas por él seguridad y defensa para tu vida, y quietud para tu conciencia), quedaré animado para trabajar otro, de que ya están hechos algunos borradores, donde particularmente se avisará (además de avisar el oficio que cada arma tiene) el remedio que habéis de tener contra el que trajere dos espadas, de que los hombres tanto asombro han hecho, defendiéndoos, y ofendiéndole con solo la vuestra. Y si a este en alguna cosa hallareis falto, os suplico encarecidamente, en virtud de la amistad nuestra, que fue la que me dio atrevimiento, que no lo atribuyáis a falta de voluntad, sino a que es imposible poder enseñar, escribir, ni demostrar todo aquello que se puede obrar en destreza: porque hay muchos particulares confirmados con larga experiencia, y aun algunas heridas universales, en particular medios movimientos, circulares contra enteros, que no se pueden demostrar: pues, como dice Quintiliano, es imposible enseñar todo lo que por arte se hace, y se puede hacer: y aunque algunas de ellas vayan aquí demostradas, será posible, que no os dé aquel gusto, ni os deje tan satisfecho, como si juntos vos, y yo, las ejercitáramos, platicáramos, argumentáramos, infiriéramos, experimentáramos, y determináramos: porque, según Plinio el mozo, mayor fuerza tiene aquello que se obra en presencia, que lo que se escribe, o dice en ausencia: porque las cosas de artificio, mucho va de oírlas vocalmente, y verlas obrar demostrativamente, a oírlas, o leerlas: porque cuando se obran, el Entendimiento se desengaña, el deseo se satisface, la voluntad las desea, y la codicia las procura. Y por el contrario, es imposible amarse perfectamente aquello que no se conoce ni ve: aunque confío, que os ha de suceder (no solo a vos, sino a los demás que leyeren este libro sin pasión) lo que dice Aristóteles, que hallado el principio de cualquier cosa, es fácil de proseguir adelante: Y si cualquiera que con buen celo viere este mi borroncillo mal limado (según que perfectamente había menester: pero todo aquello que mi Entendimiento pudo alcanzar) hallare alguna cosa, no con aquella perfección que se requiere, así para demostrarla, como para declararla, con su aplicación, le pido LUIS PACHECO DE NARVÁEZ433PARA TODAS LAS HERIDAS. y suplico, que lo atribuya a mi poco ingenio, y a no haber entendido bien lo esencial de la verdadera destreza, y ciencia en que ella se funda, y no a ella ni a su autor: porque en el hecho de la verdad, es solo mía la culpa, pues (como mal estudiante) no habré sabido entenderla, ni explicar lo que convenía para hablar de ella: Y así mismo le suplico, que me advierta de ello, para que la enmiende, confiando de mi ánimo, que además de estimarlo en lo que es razón, le quedaré obligado para siempre, y con perpetuo agradecimiento, pues es cierto, que aquel que se enseña a otro, y le advierte de algún descuido, digno es de grande agradecimiento, tal cual de mi parte prometo a quien esta merced me hiciere. LAUS DEO. Fin del primer libro de las grandezas de la Espada, por don Luis Pacheco de Narváez, natural de la ciudad de Baeza, vecino en la Isla de Gran Canaria, y Sargento mayor de la de Lanzarote. Año de 1600. 434TABLA ALFABÉTICA. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA TABLA ALFABÉTICA DE ESTE LIBRO. A. Adagio contra el colérico, folio 255. Adagio bueno. 260. Advierta el Diestro, que le importa. 37. Advierta el Diestro, que le importa. 83. Advierta el Diestro, y guarde siempre. 249. Advierta el Diestro, que le importa. 275. Advierta esto el Diestro, porque faltando no habrá Destreza. 392. Al aire que está en los oídos como lo llamó Aristóteles. 275. Al Diestro le conviene huir de la línea del Diámetro. 286. Al contrario herir con la espada, y honrar con la lengua. 251. Al enemigo conviene tomar por maestro. 247. Alfanje de Moro no hiere, sino de tajo, y revés. 233. A los enojados y afligidos les falta la prudencia. 280. Aplicación a la Destreza ordinaria. 284. Andar el Diestro, cómo ha de ser. 11. Andar y correr consta de descanso y trabajo. 36. Ángulo recto alcanza más que el obtuso y agudo la tercia parte. 260. Año se divide en cuatro partes, y nota. Apio Claudio tuvo gran memoria. Aquello es falso, que nos aparta de lo verdadero. Atajo, por dónde se pone. Atributos de la prudencia. A un hombre, le basta por contrario otro. Autores que tratan de la memoria. B Batalla, cuándo se ha de dar. 249. Voz [Boz] del hombre, qué tal ha de ser. 8. Brazos del hombre, qué tales. 9. Brazo, solo puede hacer tres movimientos circulares. 69. Brazo, cómo ha de estar afirmado. 77. Buen dicho, y verdadero. 8. C Capitanes, habían de tener cuidado, que hubiese buenos maestros, folio 28. Capitanes, qué han de hacer con sus solados. 245. Zapatos [Çapatos] que ha de usar el Diestro. 30. Carlos V tuvo grande ingenio. 30. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ435TABLA ALFABÉTICA. Carta de Alejandro a Aristóteles. 27. Cabeza del hombre, qué tal ha de ser. 6. Cabello del hombre, qué tal ha de ser. 7. Causa porque se pusieron pintados los dos hombres.50. Causa remota, el efecto lo mismo.84. Causas contrarias, producen efectos contrarios. 85. Caso sucedido sobre la estocada de puño. 122. Caso lastimoso en armas por falta de ejercicio. 245. Cejas del hombre, qué tales. 7. Clemencia grande del César. 250. Colérico flemático, cómo se conoce. 257. Colérico melancólico, en qué se conocerá. 258. Colérico sanguíneo, es bueno para las armas. 258. Colérico flemático, es como el hierro. 257. Cólera subida de punto. 254. Cómo se le ha de herir al flemático. 254. Cómo se ha de herir al colérico. 264. Cómo se ha de proceder con el sanguíneo flemático. Nota, folio 257. Cómo se ha de herir al flemático sanguíneo. 254. Compases por la línea infinita, son provechosos. 64. Compases, cómo se han de entender. 62. Compás doble, cuántos pies ha de tener. 63. Compás simple de Cosmografía, es compás sencillo en Destreza, y el Geométrico paso doble. 63. Complexiones, por qué causa son. 255. Complexión del colérico sanguíneo. 256. Complexiones diferentes. 256. Condición del Melancólico. 261. Condición del soberbio, y a quién es semejante. 257. Condición altiva del hombre. 291. Condición del hombre bajo y ruin. 5. Conclusión de lo universal. Nota. 278. Con qué se contentan los vulgares. 158. Contra una opinión vulgar. 298. Conviene al Diestro conocer cuatro movimientos. 176. Conviene para los reparos conocer el movimiento violento. 268. Conviene saber cómo se ha de hacer el atajo. 282. Conviene tener conocimiento de la línea infinita. 68. Contra el flemático se han de hacer heridas coléricas. 253. Corazón del hombre, más se mueve con obras, que con palabras. 24. Consejo, es cosa sagrada. 13. Consejo de Vegecio al Diestro. 81. Cosas calientes, nacen en tierras calientes. 11. Costumbre de Lacedemonia con los soldados. 5. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA436TABLA ALFABÉTICA. Cinas Embajador tuvo gran memoria. 18. Cicerón, qué dijo de la memoria. 18. Círculo, no tiene principio ni fin. 57. D Daga, por qué causa tiene gran fuerza. 53. Daño que viene de los movimientos acelerados. 49. Dedos del hombre, qué tales han de ser. 9. Defensa de animales, es por naturaleza. 32. Defensa de la común Destreza es acaso. 32. Defensa por arte, cuál es. 33. Del fin de los tajos se forman las estocadas. 92, 129. Demostración para saber en qué postura se alcanza más, folio 44, 45, 86. Demostración por causa, qué es. 84. Demostración que sirve para ambas Destrezas. 136. Descuido en la batalla, consigo trae el peligro. 81. Destreza ordinaria, no era tan mala como ahora es. 26. Destreza, cómo se ha de comenzar. 80. Destreza ordinaria, por qué es mala. 80. Destreza ordinaria, por qué se ha de saber. 81. Destreza verdadera y falsa juntas, mejor se conocen. 81. Desengaño de una opinión vulgar. 282. De qué arma se defenderá uno mejor. 130. Diestro ordinario, lo que le estará bien hacer. 82. Diferencia entre Filósofo y Orador. 17. Diferencia entre opinión y razón. 33. Diferencia de compases. Nota. 62. Discípulo, está obligado a creer a su maestro. 23. Discípulos, cómo se aprovecharán. 29. Disculpa de un bravo y Diestro. 122. Disparate de un maestro de esgrima. 23. Dónde es necesario conocer las distancias. 277. Dos provechos de la conservación del aliento. 275. Duda a favor del medio proporcionado. 64. Duda por parte de la Destreza ordinaria. 126. Duda extrañísima. 246. Duda, de cuál hombre se defenderá uno mejor. 265. Duda, con cuántos hombres puede uno pelear. 281. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ437TABLA ALFABÉTICA. E Edad del hombre se divide en cuatro partes, y en cada una reina un humor. 263. Efectos de la Destreza. 2. Efectos del ejercicio. 245. El año se comienza a contar del mes de Marzo. 265. El día se divide en cuatro partes, y en cada una reina un humor. 262. El Diestro se podrá defender uno sin matarle.280. El Diestro a quién ha de imitar en la respiración. 274. El discreto entiende lo difícil y fácil. 273. El mayor tormento del envidioso. 281. El mayor gusto del maestro, cuál es. 29. El movimiento de la respiración, por qué se hace sin cuidado. 273. El cuarto camino, qué se ha de apartar de la línea del Diámetro. 290. El quinto camino, qué tanto se ha de apartar de la línea del Diámetro. 290. El segundo camino, cuánto se ha de apartar. 290. El tercer camino, cuánto se ha de apartar. 290. El último camino es, por donde enteramente se entra en lo universal, folio 289. El que más presume, menos sabe. 125. Emperador que no fue vencido. 250. En Destreza no hay mayor igualdad, que la desigualdad, folio 295. En qué tiempo del año reina cada humor, y cuándo el hombre está más valiente. 260. En qué ángulo se ha de afirmar el Diestro. 77. Entendimiento es discursivo, y juzga cada cosa de por sí. 8. Entendimiento es más veloz que otro ningún sentido. 14. Entre los Lacedemonios ningún soldado podía ser oficial, folio 4. Entre los Araucanos, el soldado no podía ser oficial. 4. Envidia honrada de Temístocles. 247. Envidia maldita de Dionisio. 247. Esgrimidor, y esgrima, qué quiere decir. 24. Esgrimidor es diferente que maestro de armas. 24. Esgrimidores desterrados, por quién. 25. Espada, cómo se ha de tomar. 48. Espada, por qué se ha de apretar en la mano. 49. Espadas largas, por qué las traen. 21, 53. Espada larga, por qué no se ha de traer. 54. Espada y daga, armas ordinarias. 130. Espada y daga, suelen trocar los oficios. 130. Espada lleva ventaja al alfanje. 233. Espadas para aleccionar, cómo han de ser. 248. Especie en Destreza, qué es: y nota. 52. Estado del discípulo más seguro que el del maestro. 28. Esfera, qué cosa es. 57. Estatura del hombre ha de ser mediana. 10. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA438TABLA ALFABÉTICA. Extremos dañosos en que se ponen en la común Destreza. 41. Ejemplos, por qué se ponen. 124. Ejemplo que da el Águila a sus hijos. 23. Ejemplo que da el conejo a sus hijos. 24. Ejemplo para los círculos que puede hacer el brazo. 70. Ejemplo para los que se afirman con los pies abiertos. 38. Ejemplo admirable del León y del Águila. 250. Ejemplo para el movimiento violento y natural. 274. Ejemplos que manifiestan la importancia del tacto. 274. Ejemplo contra la espada larga. 53, 54. Ejercicio, da buena disposición. 245. F Faltando memoria, en balde se aprende. 17. Figura circular, es perfecta. 57. Fin de la Destreza, en qué está. 249. Flema, es por el elemento del agua. 254. Flemático melancólico en qué se conocerá. 258. Flemático sanguíneo, qué tal es. 258. Flemático melancólico, no es bueno para las armas. 259. Franceses, cómo se afirman. 83. Frente del hombre, qué tal ha de ser. 7. Frecuencia en una cosa, hace hábito. 265. Fuerza, disminuye el miedo. 9. Fuerza de la mimaginación. 261. H Herida del llamar, en qué parte se forma. 46. Herida en el codo por qué se da, y su remedio. 48. Herida, no se ejecuta, o quita, sin compás de pies. 73. Herida, de qué se compone. 84. Herida sin movimiento, no la hay. 85. Herida antes de tiempo, por qué se dice. 86. Herida en tiempo, cuál es. 86. Herida después de tiempo, cuál es. 86. Herida de círculo entero, cuál es. 159. Herida universal contra el alfanje. 240. Heridas de segunda intención por dónde se obran. 288. Hombres antiguamente eran altísimos. 266. Hombre de ojos tristes, no es valiente. 8. Hombre de Provincia templada, es bueno para la guerra, folio 11. Hombre, cómo se conocerá. 256. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ439TABLA ALFABÉTICA. Hombre colérico, cómo se conocerá. 255. Hombre sanguíneo, cómo se conocerá. 256. Hombre flemático, cómo se conocerá. 255. Hombre melancólico, cómo se conocerá. 256. Hombre soberbio, cómo se conocerá. 256. Hombre, en cuatro cosas descubre quién es. 256. Hombres bajos hablan desvergonzadamente. 257. Hombre muy alto, es de movimiento espacioso. 265. Hombres antiguos, qué tan altos eran. 265. Hombre noble, promete lo que ha de cumplir. 282. Hombre sabio, jamás ve cosa nueva. 252. Hombre, por qué anda derecho, y no otro animal. 41. Hombre, cuándo es viejo. 30. I Imaginativa buena le conviene tener al Diestro. 15. Indios, qué hacían con sus agoreros cuando mentían. 24. Ingenio, aun en el mozo se conoce. 15. Ingenio conviene que sea inclinado a bien. 15. Ingenio bueno, ha de tener tres partes. 15. Ingenio en el Diestro ha de ser fácil. 16. Ingenio se descubre por las obras. 16. Imperfección del discípulo, al maestro se atribuye. 28. Imperfección de las espadas con que se aleccionan. 248. Instante, qué cosa sea. 85. Invención del hombre para conocer las cosas naturales. 291. Juego [Iuego] ni esgrima, no se ha de decir. 246. Juego [Iuego] de pelota, consta de movimientos semejantes a la Destreza. 30. L La principal parte de la Destreza en qué consiste. 276. Lengua, qué tal es. 251. Letras en las demostraciones, por qué se ponen. 83. Ley de Licurgo que ha de guardar el Diestro. 15. Ley natural cuánto obliga al Diestro. 279. Licencia de pintar a Alejandro, quién la tuvo. 125. Línea del Diámetro, es peligrosa. 60. Línea curva cuál es. 79. Línea mixta, cuál es. 79. Líneas en las demostraciones son los caminos del Diestro, folio 83. Líneas ni superficies no se mueven por sí mismas. 85. Lo más importante que ha de conocer el maestro. 31. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA440TABLA ALFABÉTICA. Lo primero que ha de conocer el maestro en el discípulo. 28. Lo que más obliga al hombre en la guerra. 29. Lo que sucede acaso, es espantoso. 33. Lo que espanta a los vulgares. 158. Lo que ha de considerar el Diestro para acertar. 254. Lo que le importa conocer al Diestro. 253. Lo que se puede hacer contra el alfanje. 234. Lo que no va gobernado por la razón, tiene mal fin. 249. Lo que sucedió a un Diestro teniéndole obligado. 186. Los animales irracionales, conocen el movimiento violento. 267. Lo segundo que ha de conocer el maestro. 29. Lo tercero que ha de conocer el maestro. 29. Lo último y más esencial que se puede dar en destreza, folio 317. M Mandoble, cómo se forma, folio 69. Maestros célebres, y discípulos Ilustres. 27. Maestro de armas, es diferente que esgrimidor. 24. Maestro de armas, ha de ser sabio. 23. Maestro de armas, ha de ser cuerdo. 23. Maestro de armas, ha de ser animoso. 23. Maestro, en qué ha de ejercitar a sus discípulos. 30. Maestro malo, qué hace. 26. Más diligencia se ha de poner en aplacar una ira, que en matar un fuego. 276. Medio de proporción, y proporcionado, cuál es. 132. Medio proporcionado, cómo se ha de elegir. 64. Medio de proporción contra el alfanje. 235. Medio tajo, cómo se hace. 69. Melancólico, es cobarde. 254. Memoria es arca de las ciencias. 16. Memoria se acrecienta con el ejercicio. 17. Memoria, cuándo está más dispuesta. 31. Mentiroso, no puede ser aceptado. 24. Moro, por qué se afirma en ángulo obtuso. 234. Movimiento, qué cosa sea. 85. Movimiento en instante, no lo hay. 129. Movimientos necesarios para arrebatar. 107. Movimientos cardinales, cuáles son. 85. Movimiento remiso, cuál es. 269. Movimiento mixto, cuál es. 269. Movimiento violento, cuál es. 277. Movimiento natural, qué tal, y de qué se engendra. 277. Movimiento por la cuerda, es más breve que por el arco. 73. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ441TABLA ALFABÉTICA. Movimiento de cualquier animal comienza de la diestra parte. 38. Movimiento acelerado, quién lo causa. 253. Muchas veces se oscurece el ingenio del discípulo por falta del maestro que enseña. Mucho debemos a los que nos avisan en qué erramos. 22. Mulato, o negro colérico, en qué se conocerá. 259. Mulato, o negro sanguíneo, en qué se conocerá. 259. Muslos del hombre, qué tales han de ser. 10. N Nación Italiana, se precia de mucho ingenio. 14. Naturaleza del movimiento violento. 314. Negro, o mulato sanguíneo, cómo se conocerá. 260. Niños tienen gran memoria. 17. Ninguna cosa corporal se mueve en cuanto a las potencias del alma. 9. No habiendo universal, el ángulo recto lo fuera. 75. No hay soberbio, que no sea cobarde. 257. No es fuerte al que le falta ánimo en el peligro. 61. Nombre debido a la Destreza ordinaria. 127. No se pueden hacer dos movimientos primero que uno. 90. Nota contra el reparo. 227. Nota: la potencia y virtud del tacto. 294. Nota: cuántas diferencias hay de compases. 286. Nota, que es importante. 293. Noten los Capitanes. 4. Note, y haga el maestro. 31. Note el Diestro, que le importa. Folios 25, 52, 62, 73, 83, 153, 228, 239, 265, 298. Note el Diestro, y los que son amigos de tentar. 279. Nótese este ejemplo. 249. Noten los profesores de la Destreza ordinaria. 284. Números menores, son parte o partes de los mayores, folio 292. O Obras del ingenio, son más agradables que las de las fuerzas. 16. Objeción contra el entendimiento del Diestro. 14. Objeción de algunos Diestros. 21. Objeción contra el medio de proporción. 52. Objeción temerosa de los vulgares. 61. Objeción contra el brazal. 123. Objeciones contra los reparos de la común Destreza. 226. Objeción contra todos los reparos. 227. Objeción contra la espada a favor del alfanje. 235. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA442TABLA ALFABÉTICA. Ocasión entre los vulgares, qué es. 46. Oficios del Entendimiento, Prudencia y Memoria. 13. Opinión en las armas, qué es. 33. Opinión a favor de la espada larga. 54. Opinión vulgar a favor de la estocada de puño. 122. Opinión introducida en el vulgo. 274. Oficio de la capa y espada. 128. Hora en que se ha de aleccionar al discípulo. 31. Ojos del hombre, qué tales han de ser. 7. P Para enseñar el arte de la guerra, qué conviene. 25. Para batallar, no se ha de quitar capa ni espada. Nota, folio 246. Paso, qué cosa sea. 62. Paso simple o sencillo, qué es. 62. Pasión priva el habla. 255. Pecho del hombre, qué tal. 9. Permitido es vencer un engaño con otro. 234. Perfil bueno cuál es. 43. Felipe II [Philipo II] tuvo gran ingenio. 15. Felipe II [Philipo II] tuvo gran memoria. 15. Pie Geométrico, qué largura tiene. 63, 68. Pie derecho tiene más facultad que el izquierdo. 65. Pie izquierdo solo tiene tres movimientos. Nota. 65. Piernas del hombre, qué tales han de ser. 10. Pies del hombre, qué tales. 10. Pies en la Destreza, por qué no se ponen derechos. 63. Pirro tuvo gran ingenio. 14. Pocas veces hay ciencia en cuerpos grandes. 10. Por qué en la Destreza ordinaria se quitan las armas para batallar. 246. Por qué la República Romana no quiso dejar del todo la guerra. 248. Por qué se enojan los viejos fácilmente. 264. Por qué camino se impide al contrario poder formar tajo y revés. 312. Por solo dos partes puede salir a herir el contrario después de haberle puesto atajo. 296. Preeminencia grande del Diestro. 123. Preeminencia de la espada sola. 279. Primer camino por donde se obran heridas de primera intención. 287. Primer fundamento de la Destreza. 1. Provechos de tener el brazo recto. 42, 48. Provechos de apretar la espada en la mano. 49. Provechos de tener el cuerpo derecho. 49. Propiedad del Diestro Cristiano y noble. 280. Proposiciones que se forman por el cuarto camino. 289. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ443TABLA ALFABÉTICA. Primera parte del año, y qué humor reina. 260. Primera parte del día, y qué humor reina. 262. Primera parte de la edad del hombre, y qué humor reina. 263. Prueba y concluye lo que dice Carranza, que la menor línea alcanzará más. 77. Q Cuándo [QUando] se ha de pelear con el enemigo. 249. Cuándo [Quando] el sanguíneo tiene más ánimo. 262. Cuándo [Quando], y por qué da el Diestro compás doble. 67. Qué cantidad se ha de apartar el Diestro de la línea del Diámetro. 290. Qué hará el Diestro contra la rodela. 129. Qué significa el círculo pequeño de las demostraciones, folio 83. Cuáles [Quales] son dos cuerpos y espadas iguales. 292. Cuál [Qual] de los movimientos precede a cual. 269. Cuántas [Quantas] diferencias hay de hombres. 254. Cuestión [Quistion] sobre cuál arma es mejor. 127. Cuarta [Quarta] parte del año, y qué humor reina. 262. Cuarta [Quarta]parte de la edad del hombre, y qué humor reina. 264. Cuarta [Quarta] parte del pie Geométrico. 68. Cuatro [Quatro] demostraciones en que se prueba alcanzar más el ángulo recto. 76. R Remedio contra la herida del codo, 48. Reparo redondo, cuál es. 92. Reparo, cómo se ha de hacer. 92. Reparo inconsiderado. 277. Reparos, por qué los pone el autor. 226. Repúblicas, qué han de hacer con los maestros de armas. 25. Respiración, por qué se le dio al hombre. 273. Respiración apresurada, causa daño. 274. Revés, cómo se forma. 91, 95. Revés y tajo han de constar de cuatro movimientos, y participación de dos ángulos. 74. S Sangre, es por el elemento del aire. 254. Señal cierta para conocer al hombre bueno para esta Destreza. 11. Señales en Sócrates diferentes de sus costumbres. 12. Señorío que tiene la Destreza. 2. Señoría y preeminencia de la universal. 278. Segunda parte del año, y qué humor reina. 261. Segunda parte del día, y qué humor reina. 262. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA444TABLA ALFABÉTICA. Segunda parte de la edad del hombre, y qué humor reina. 263. Segunda parte sobre la que se funda esta Destreza. 2. Segundo camino para heridas de primera intención. 287. Sentencia de Aristóteles. 249. Sentencia de César. 250. Soberbia, es enemiga del Ingenio. 29. Solución de un enigma de Carranza. 43. Solución infalible del medio de proporción. 52. Solución a una duda por parte de la Destreza ordinaria, folio 126. Solución, de con cuánto hombres puede pelear uno. 281. Símil contra los que se afirman con los pies juntos. 37. Sin ejercicio no puede vivir uno sano. 244. Suceso de Aristóteles y un Médico. 24. T Tacto, principal fundamento de la Destreza. 271. Tajo rompido cómo se forma. 46, 47. Tajo y revés, por dónde se forman. 95. Tajo y revés han de constar de cuatro movimientos, y participación de dos ángulos. 74. Tajo, o revés, no se forman sin perfil de cuerpo, o sujeción de espada. 216. Tajo, o revés, ha de constar de cuatro movimientos, 277. Tajo que no tiene movimiento remiso. 269. Tajos y reveses tienen lugar propio, y no punto cierto donde se ejecutan. 227. Tamaño en Destreza, qué cosa sea. 52. Tarde se olvida, lo que bien se aprende. 31. Temor y pereza, de qué procede. 8. Templo al Hado, quién lo hizo. 80. Tercera parte del año, y qué humor reina. 261. Tercera parte del día, y qué humor reina. 262. Tercera parte de la edad del hombre, y qué humor reina, folio 264. Tiempo, qué cosa sea. 85. Tiempo es medida del movimiento, 85. Todas las heridas que se hacen, mediante el tacto, son universales. Nota. 272. Todas las heridas están sujetas al universal. 278. Todo lo que se engendra, tiene cuatro partes. 268. Todo lo que se hace, es por una de tres maneras. 32. Treta del llamar, qué es, y dónde se forma. 46. Treta de manotada, cuál es. 121. Treta de brazal, cómo se hace, y cómo se ha de remediar, folio 122, 123. Treta de convidar al contrario, dónde se forma, y cuál es, folio 46, 47. Treta formada, cuál es. 110. Tretas de Tajo formadas, cuáles son. 224. Tulio sobre la prudencia. 18. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ445TABLA ALFABÉTICA. V Bañarse [VAñarse] los hombres, por quién fue prohibido. 245. Valor y preeminencia del ángulo recto. 85. Valiente, a quién se ha de llamar. 249. Ventaja que lleva el hombre a los demás animales. 291. Verdad, en todas sus partes lo es. 33. Victoria, cómo se conseguirá. 42. Viejos, por qué se han de ejercitar. 245. Vientre del hombre, qué tal ha de ser. 9. Visages y meneos que hacen los vulgares cuando esgrimen, folio 125. Última [Vltima] parte del día, y qué humor reina. 263. Un [Vn] cuerpo no puede detener a otro sin tocarle. 294. Universal [Vniversal], no es por causa de los particulares. 17. Universal [Vniversal], es obra del Entendimiento. 15. Universal [Vniversal], no ha menester imaginativa. 15. Vulgo, y su condición. 26. Vulgares dicen, que hay fortuna. 80. Fin de la Tabla. EN MADRID, En la Imprenta del Licenciado Varez de Castro. Año de M. DC. BIBLIOGRAFÍA PACHECO DE NARVÁEZ, Luis (1600). Libro de las Grandezas de la Espada, en que se declaran muchos secretos que compuso el comendador Jerónimo de Carranza, en el cual cada uno se podrá aleccionar y aprender a solas sin tener necesidad de maestro que le enseñe. Madrid, herederos de Iván Íñiguez de Lequerica. Imprenta del Licenciado Varez de Castro. Edición de 1605, ejemplar que se ha utilizado como base para realizar la transcripción (Biblioteca Virtual de Andalucía, Biblioteca Nacional de España): https:// www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/es/catalogo_imagenes/grupo. do?path=162208 Edición de 1600, ejemplar que se ha utilizado como respaldo, es decir, para completar aquellas partes faltantes en el ejemplar usado como la base de la transcripción (Google Books): https://play.google.com/books/ reader?id=EkbrOCdUtW0C&pg=GBS. PP1&hl=es MIGUEL CASTRO, Marcelino Jesús. Glosario general de la Esgrima Láser. Recopilación de términos y voces con particular significado y uso en el contexto esgrimístico. Linares: Academia de Esgrima Láser. Número de Registro Académico: AELMM20230301001. MIGUEL CASTRO, Marcelino Jesús (2022). Tratado General de la Esgrima Láser. Comprensión, práctica y aplicación de sus destrezas universales y específicas. Tomo I Premisas técnicas y expresiones fundamentales de la Esgrima Láser, que usa el daito como causa instrumental ponderada y generalista. Linares: Academia de Esgrima Láser. Número de Registro Académico: AELMM20220909001. ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER